Francis Naranjo

Francis Naranjo

 No ver y ser visto. Esa dualidad expresa el núcleo de la inquietante paradoja que atraviesa toda la trayectoria creativa de Francis Naranjo (Sta. María de Guía, Gran Canaria, 1961). La visión nos hace humanos, a través de ella llegamos al conocimiento y entramos en relación con los otros y con el mundo. Pero no siempre vemos.

Francis Naranjo

 No
ver y ser visto. Esa dualidad expresa el núcleo de la inquietante
paradoja que atraviesa toda la trayectoria creativa de Francis Naranjo
(Sta. María de Guía, Gran Canaria, 1961). La visión nos hace humanos, a
través de ella llegamos al conocimiento y entramos en relación con los
otros y con el mundo. Pero no siempre vemos.

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Edición 13 enero 2007

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13 de enero de 2007

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Pedro Gordillo y Ramos

Pedro Gordillo y Ramos (CANÓNIGO GORDILLO)

ImageNacido en Guía de Gran Canaria el 6 de mayo de 1773, fue
hijo de una familia numerosa cuyo padre se dedicaba a la fabricación de
sombreros. Tras una primera infancia en su villa natal, sería acogido
bajo la protección del historiador José Viera y Clavijo pasando a
residir en Las Palmas. Personaje político de gran trascendencia en la
historia de Canarias al ser diputado en las Cortes de Cádiz, donde se
aprobó la primera constitución española, en 1812.
Pedro Gordillo y Ramos (CANÓNIGO GORDILLO)

ImageNacido en Guía de Gran Canaria el 6 de mayo de 1773, fue
hijo de una familia numerosa cuyo padre se dedicaba a la fabricación de
sombreros. Tras una primera infancia en su villa natal, sería acogido
bajo la protección del historiador José Viera y Clavijo pasando a
residir en Las Palmas. Personaje político de gran trascendencia en la
historia de Canarias al ser diputado en las Cortes de Cádiz, donde se
aprobó la primera constitución española, en 1812.

Llegó a ser presidente de las mismas en el mes de abril de 1813.No poseía solamente unas dotes considerables para la acción política, sino que tenía una formación intelectual y política acorde con la vanguardia del debate doctrinal de su tiempo.

Participó en la habilitación de los puertos canarios, en la abolición del régimen señorial en las islas menores, la reforma de las órdenes religiosas y logró por decreto de 11 de julio de 1811 el permiso para la apertura de pozos en el sur de Gran Canaria, primeros que perforan la superficie insular y archipielágica.

Fue canónigo y Arcediano de la catedral de la Habana, ciudad donde murió en 1844, no sin antes regalar la campana de la torre del reloj a su ciudad natal.

Por Sergio Aguiar.




El Canónigo Gordillo en Cuba

El Canónigo Gordillo en Cuba

Por Sergio Aguiar

Conferencia impartida por Sergio Aguiar Castellano en el Salón del Plenos del Ayuntamiento de Guía, en las Fiestas de la Virgen de 1994, con motivo del 150 aniversario de la muerte de Pedro Gordillo y Ramos, Canónigo Gordillo.

El Canónigo Gordillo en Cuba

Por Sergio Aguiar

Conferencia
impartida por Sergio Aguiar Castellano en el Salón del Plenos del
Ayuntamiento de Guía, en las Fiestas de la Virgen de 1994, con motivo
del 150 aniversario de la muerte de Pedro Gordillo y Ramos, Canónigo
Gordillo.

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Sergio Aguiar Castellano

Licenciado en Filología Hispánica. Universidad de La Laguna.

Especialista Universitario en Archivística. UNED.




Un guiense en Las Cortes de Cádiz-1812

Un guiense en Las Cortes de Cádiz-1812

ImagePor primera vez en España, las Cortes de Cádiz de 1812 debatieron acerca de la posible abolición de la esclavitud.

El guiense Pedro Gordillo y Ramos presidía las Cortes Constituyentes.

Ante la invasión napoleónica, en cada provincia se creó una Junta, que desoyó toda conminación de otras autoridades españolas, a disolverse o a ponerse bajo sus ordenes. Soberanamente decidieron la elección y el envío de diputados a las Cortes de Cádiz.

Un guiense en Las Cortes de Cádiz-1812

ImagePor primera vez en España, las Cortes de Cádiz de 1812 debatieron acerca de la posible abolición de la esclavitud.

El guiense Pedro Gordillo y Ramos presidía las Cortes Constituyentes.

Ante
la invasión napoleónica, en cada provincia se creó una Junta, que
desoyó toda conminación de otras autoridades españolas, a disolverse o
a ponerse bajo sus ordenes. Soberanamente decidieron la elección y el
envío de diputados a las Cortes de Cádiz.

Estas asumieron el gobierno de España, la lucha contra Napoleón y la elaboración de la Constitución de 1812. Estuvieron presididas por el guiense José Gordillo Ramos, conocido como el canónigo Gordillo. Fueron disueltas por Fernando VII.

La creación de Juntas ciudadanas y provinciales, y su disolución por el poder central, fue un ejemplo que se repitió durante el siglo XIX en cuatro ocasiones, lo que explica que finalmente, quienes de forma más radical creían que la soberanía estaba en el pueblo, representado por estas Juntas, culminasen sus ideas durante la Primera República intentando poner en pie una constitución que consideraba que la nación española y su gobierno nacían del derecho de autodeterminación de los llamados estados (o según otros, cantones) en que estaba dividida la República Federal Española.

La Constitución de 1812 dice:

Artículo. 5.- Son españoles.

rimero.- Todos los hombres libres nacidos y avecinados en los dominios de las Españas; y los hijos de éstos

........

uarto.- Los libertos desde que adquieran la libertad en las Españas.

Pero en lo que atañe a estos últimos en el Capítulo IV, al definir quienes además de ser españoles son "ciudadanos españoles" (es decir, españoles con plenitud de derechos), se exigen varios requisitos, si se es de origen africano, entre ellos no ser liberto, es decir, ser hijo de padres libres ("ingenuos").

Artículo 22: A los españoles que por cualquiera línea son habidos y reputados por originarios del Africa, les queda abierta la puerta de la virtud y del merecimiento para ser ciudadanos: en su consecuencia las Cortes concederán carta de ciudadano a los que hicieren servicios calificados a la Patria, o a los que se distingan por su talento, aplicación y conducta, con la condición de que sean hijos de legítimo matrimonio de padres ingenuos; de que estén casados con mujer ingenua, y avecindados en los dominios de las Españas, y de que ejerzan alguna profesión, oficio o industria útil con un capital propio.

Merece la pena señalar también que según el Artículo. 25.3 el ejercicio de los derechos de ciudadano español se suspenden "Por el estado de sirviente doméstico", sin que intervenga el origen racial en este hecho.

A pesar de estos "resultados", en estas Cortes hubieron diputados abolicionistas como Isidoro de Antillón, José Miguel Guridi Alcocer y Agustín Argüelles.

El 2 de abril de 1811 hubo un gran debate en las Cortes sobre la esclavitud. Pocos días antes, el 26 de marzo de 1811, el diputado de Tlaxcala (Méjico) Jose Miguel Guridi Alcocer presentó una propuesta que incluía la abolición inmediata de la trata y un plan gradual de abolición de la esclavitud que preveía que los hijos de los esclavos fuesen libres y que suavizaba la condición del esclavo mediante el cobro de un salario con el que podían comprar su libertad. El proyecto fue envíado a la Comisión de la Constitución, sin ser tratado por el pleno.

En cambio si fue admitida a discusión, produciéndose un gran debate, las propuestas de abolición de la tortura y del tráfico de esclavos que presentó el 2 de abril el diputado Agustín Argüelles. A José Miguel Guridi Alcocer se le quiso aclarar porque no había sido tratada su proposición en el pleno, con las siguientes palabras del diputado Sr. Mejía: "Las proposiciones del Sr. Alcocer han pasado à esta comisión, porque encierran un caso distinto, cual es el abolir la esclavitud, negocio que requiere mucha meditación, pulso y tino".

La propuesta de Argüelles en cambio tuvo una mejor acogida, pues por un lado, en aquellos momentos el gran aliado de España, la Gran Bretaña, estaba proponiendo a todos los países que suscribiesen un acuerdo de prohibición de la trata de esclavos y por otro lado, se trataba de una prohibición que al no liberar a los actuales esclavos, no iba en contra del respeto a la propiedad privada. Esta importante matización volvió a quedar en evidencia durante el debate, cuando en respuesta al diputado García Herreros que pedía "que se declare que no sean esclavos los hijos de esclavos, porque de lo contrario se perpetúa la esclavitud aunque se prohiba este comercio". Le replicó de inmediato, el diputado Sr. Gallego diciendo: "Esto trae otros inconvenientes, porque al cabo es una propiedad agena, que está autorizada por las leyes".

Contra estas voces abolicionistas, el Ayuntamiento de la Habana hizo llegar el 10 de julio de 1811 un memorándum en el que se oponía a la abolición diciendo que los esclavos estaban en Cuba "no por nuestra culpa", sino por la del padre Bartolomé de las Casas que dos siglos antes, para proteger a los indios, había propuesto importar esclavos negros. Ahora, según el escrito, debía de aceptarse que la economía de Cuba se basaba en el trabajo esclavo.

El diputado de las Cortes Isidoro de Antillón ya había demostrado su abolicionismo unos años antes, cuando el 2 de abril de 1802, pronunció una conferencia en la Academia Matritense de Derecho Español y Público, en favor de la prohibición de la trata de esclavos y de la abolición gradual de la esclavitud. En 1811 le dió forma de publicación, con el título "Disertación sobre el origen de la esclavitud de los negros, motivos que la han perpetuado, ventajas que se le atribuyen y medios que podrían adoptarse para hacer prosperar sin ellos nuestras colonias". Además le añadió al final unas "Notas de 1811" en las que se reproduce y se da apoyo a la propuesta de abolición del comercio de esclavos presentada a las Cortes por el diputado Agustín de Argüelles, así como a la propuesta presentada en el mismo debate por el diputado García Herreros pidiendo la libertad para los hijos que tuviesen las esclavas.

Como señala Antillón, las ideas de prohibición de la trata y de abolición gradual de la esclavitud, cuando las expuso en 1802, eran una arriesgada novedad, pues como dice en el preámbulo de la transcripción de la citada conferencia: "en una corte donde reinaba el más absoluto y más incensado despotismo, en donde se premiaba el espionage y la delación como las acciones heroicas se premian en una república, en donde todas las corporaciones de más autoridad, todos los agentes del gobierno tenían declarada la guerra à la razón y proscrito al filósofo que osase invocarla, hubo ¿quien lo creyera? un congreso de jóvenes honrados, que arrostrando las cárceles, los destierros y toda la indignación del favorito y de los ministros discutían libremente cuestiones muy delicadas de moral y de política, raciocinaban sobre la libertad del ciudadano y sobre la constitución de las sociedades...". Prosigue Antillón: "No creía yo, ni esperaba cuando en el año 1802 leí en la Academia de Santa Bárbara mi discurso sobre la esclavitud de los negros, que en España nueve años después llegaría á reconocerse y proclamarse la soberanía del pueblo, origen fecundo de todos los derechos del hombre en sociedad...¿Que contraste entre los sublimes y patrióticos discursos pronunciados en las córtes..... y las hediondas arengas de prostitución y servilidad que formaban toda la elocuencia de los cortesanos de Cárlos IV!

El mes de agosto de 1813 fue muy dramático para Isidoro de Antillón. La expulsión de España de los ejércitos de Napoleón ya había empezado a dar esperanzas a los nostálgicos del absolutismo.

El 9 de Agosto, Antillón intervino eficazmente oponiéndose con un largo discurso a las propuestas en favor de un rápido traslado de las Cortes a Madrid o Sevilla, y el abandono de Cádiz en donde los partidarios de la Constitución eran fuertes. El día 13 aprovechó el debate de la petición de los procuradores y ciudadanos de Trujillo (Perú) en favor de "abolir por ley fundamental la que ordena la infamante pena de azotes y cárcel al indio que no asiste en su parroquia á la doctrina" para formalizar una proposición de sentido más amplio, en la que se pedía: "Que en el plan de instrucción pública que aprueben las Córtes, se tenga presente la necesidad de abolir el castigo de azotes en las enseñanzas públicas como indigno de los ciudadanos españoles, y por la misma razón la pena de azotes quede abolida en el Código criminal de la Monarquía". Una vez aprobada esta proposición por las Cortes, prosiguió el debate y Antillón se opuso a quienes proponían una anticipada disolución de las Cortes, dejando en su lugar a la Diputación General con el encargo de preparar una nueva elección de diputados.

A los pocos días Antillón fue agredido por tres asesinos en la calle, al salir de las Cortes, y dejado por muerto. A consecuencia de las heridas murió al año siguiente en su población natal (Santa Eulalia), cuando era conducido a Zaragoza para ser ejecutado, víctima de la represión que en 1814 desencadenó Fernando VII contra quienes se habían distinguido como liberales en las Juntas ciudadanas de defensa contra los invasores franceses y en las Cortes de Cádiz, cuya Constitución fue abolida el 4 de mayo de 1814.

Personalidades abolicionistas como Argüelles o el escritor José María Blanco White solo se salvaron exiliándose.

En 1820 el general Riego sublevó a las fuerzas que debían zarpar para reprimir a los independentistas americanos y dio un golpe de estado, que con el apoyo de las Juntas que se crearon en muchos puntos del país, restableció la Constitución de 1812.

Una de las iniciativas que aquellas restablecidas Cortes querían impulsar, era penalizar el incumplimiento del tratado de 1817 de prohibición de la trata de esclavos que Fernando VII firmó con Inglaterra, sin gran voluntad de cumplirlo, a cambio de 400.000 libras. Los tres diputados cubanos tenían instrucciones de oponerse a ello, pero uno de ellos, el diputado de Cuba Félix Varela, no respetó esta directriz y presentó un plan de prohibición inmediata de la trata y, con el persuasivo argumento de que con la esclavitud siempre existiría el peligro de que los esclavos se rebelasen, propuso un plan gradual de abolición de la esclavitud en un máximo de quince años. Felix Varela era un sacerdote y el historiador Hugh Tomas explica en su obra "La Trata de esclavos" que los esclavistas cubanos le quisieron oponer otro diputado y sacerdote cubano, fray Juan Bernardo O'Gaban, el cual escribió un opúsculo contra Varela titulado "Observaciones sobre la suerte de los negros", en el que se insistía que la trata suponía un medio de civilizar a los africanos, y que si entendían realmente el humanitarismo, los sabios legisladores obligarían a los africanos a trabajar y apoyarían su traslado hacia América, en lugar de oponerse a ello.

El debate de las propuestas de Varela no prosperó pues en 1823 España fue invadida por los Cien mil hijos de San Luis, enviados por la Santa Alianza para restablecer el absolutismo y dar inicio a la llamada "década ominosa" de sangrienta represión contra los liberales. Incluso en 1823 fuerzas realistas desenterraron y quemaron el cadáver de Isidoro de Antillón, aventando sus cenizas.

La represión no se atenuó hasta que el rey tuvo que combatir a un sector absolutista "ultra" alzado en armas: los llamados "descontentos", conglomerado que unía por un lado a quienes temían por sus privilegios o por una desamortización de sus tierras y bienes, como en el caso de la Iglesia, y que veían en cualquier medida modernizadora -como la de que España tuviese un Presupuesto- una amenaza al atentar o limitar en cierta forma el poder o capricho real. Por otro lado, se les sumaban campesinos empobrecidos en regiones como el interior de Cataluña, a quienes la propaganda de los primeros había convencido que el culpable de sus males era el gobierno absolutista moderado al que acusaban de liberal y de alejado de la Iglesia.

Esta amalgama "ultra" al morir Fernando VII, fue el origen del "Carlismo", partido defensor de las pretensiones de Don Carlos, hermano de Fernando VII. A lo largo del siglo XIX estuvo en la raíz de tres guerras civiles en España. El carácter secundario del problema dinástico lo corrobora el que este tipo de defensa del absolutismo "ultra" no fue exclusivo de España. También en Portugal tuvieron una guerra civil contra los Miguelistas, partidarios del pretendiente Miguel de Braganza que aglutinaba fuerzas parecidas.

FUENTE: http://www.cedt.org/perabol1.htm




El pescao de Antonio Meína


Ahora EN VÍDEO

            

ANÉCDOTA


Vídeo de Pedro Forteza contando una anécdota de Antonio Meína cuando fue a pescar y se encontró con pescao singular.





Escuchar el audio del pescao de Meína
(Audio de Pedro Forteza)

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El "comistraje" de Juan García

De cuando el Alcalde Juan García organizó un  "comistraje"


ANÉCDOTA



Audio MP3 
             


Pedro Forteza contando una anécdota del Alcalde Juan
García Mateos, cuando en los años cincuenta invitó a un "comistraje" a lo mejor
de cada casa.

Pedro Forteza ofrece una parte de su repertorio de anécdotas en las que él mismo representa a los personajes. Para mondarse de la risa +.

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Oficios tradicionales de Guía

LOS OFICIOS TRADICIONALES DE GUÍA



Alejandro C. Moreno y Marrero hace. en colaboración, un estudio exahustivo sobre los oficios tradicionales de nuestro municipio, trayendo a nuestra memoria las
singularidades de aquellos profesionales, en su mayoría hechos a sí mismos, que
ejercían labores ya casi extinguidas.

 
1. Los cueteros      2. Los barberos
 
3. Los marchantes     4. Los cuchilleros
 
5. Los herreros   6. Los zapateros
     
7. Los maestros albañiles   8. Los molineros
     
9. Los carpinteros   10. Los tenderos
     
11. Los sastres   12. Los latoneros
     
13. Los panaderos   14. Los mecánicos
     
15. Los relojeros    16. Los albarderos
     
 17. Los tejeros

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Los sellos luminosos


Música de Papagüevos

Por Santiago Gil

El buzón de correos era parte del paisaje de nuestra infancia.
Nos encantaba echar las cartas en aquellas moles cilíndricas y metálicas que
nosotros soñábamos casi mágicas. Cuando veías caer la carta no pensabas nunca
que se quedaría dentro hasta que llegara el cartero con la llave a retirarla.

 
Había algo esotérico que te hacía pensar que la postal o la carta ya caminaba en busca de su destinatario por caminos subterráneos o por invisibles conductos que nosotros no éramos capaces de ver. Todo eso me imagino que vendría por las cartas a los Reyes Magos que depositábamos cuidadosamente en los buzones amarillos de nuestra infancia. No parábamos de preguntar si era seguro que a través del buzón llegaría sin problemas a Baltasar, Gaspar o Melchor. No las teníamos todas con nosotros, y de una forma tácita todos los niños nos poníamos de acuerdo para utilizar el mismo buzón. No sé si fue por ser el primero que había a la entrada al pueblo o por ser uno de los más llamativos, pero lo cierto es que casi todos coincidíamos metiendo nuestras cartas peticionarias en el que estaba en la esquina de Médico Estévez con la calle Real, justo enfrente del comercio de mi padre. Cuando echabas la carta encomendabas tu suerte a la magia del buzón elegido. Antes habíamos ido a comprar la referida carta a la librería de Doña Mercedes y don Pepito Pons en la calle Marqués del Muni. Siempre me he preguntado qué diablos harán los carteros con las miles de cartas de niños que reciben en navidad. Si yo fuera cartero tendría una colección interminable de cartas de reyes. No sé que daría yo ahora mismo por volver a encontrarme con uno de aquellos textos que escribía cuidadosamente y con la mejor de mis letras pidiendo la bicicleta, el robot o la cartuchera con la pistola de mixtos. Igual los carteros se desternillaban de risa cuando leían nuestras ingenuidades, sobre todo cuando nos poníamos a justificar nuestras conductas anuales y nuestros pequeños pecadillos de infancia. Esas cartas casi nunca necesitaban sellos. Venían con un diseño y con el sobre y el papel configurado para llegar directamente a los magos de Oriente sin necesidad de pegarle el cabezolo de Franco. Así y todo muchas veces no nos convencían y terminábamos estampando el sello de marras al lado de las efigies de Melchor, Gaspar y Baltasar. Supongo que todas esas cartas hace tiempo que forman parte de la historia de los vertederos guienses, pero uno siempre tiene la duda y a veces llega a pensar si no estarán aún por el subsuelo de aquel buzón en el que depositábamos todos nuestros sueños.

En aquellos años crédulos y fantasiosos de nuestra infancia las postales tenían un brillo especial que las volvía un poco kitsch, casi siempre retocadas por alguien a quien se le iba la mano con los brillos y los colores. Las de Guía me acuerdo que aparecían siempre con unas plataneras de un verde tan intenso que casi parecía una ciénaga o parte del Amazonas más profundo. Aquellas postales que recibíamos junto a los sellos entonces también más luminosos y brillantes eran como invitaciones a los sueños y a los viajes más soñados. Siempre que llegaba una postal de la Península, de otras islas, y no digamos del extranjero, nos poníamos a volar sobre la marcha imaginando lo que habría detrás de cada una de aquellas fotos. Era parte de un juego necesario para ensanchar el mundo en una generación que sólo tenía un canal televisivo y que aún no disponía del Google Earth para recorrer el planeta.

Yo fui coleccionador de sellos de correo, usados o recién salidos en colecciones que nos guardaban en las oficinas y que llegaban a nuestras manos cargadas de historia y referencias conmemorativas. Cada sello era un billete con el que poder recorrer el mundo. Nos guardaban los sobres y nosotros los poníamos en remojo para desprender los sellos matasellados en Caracas, en Río de Janeiro o en Sevilla. Tocando y mirando los sellos tocábamos y mirábamos las ciudades de donde procedían y también todo el camino que habían recorrido hasta caer en nuestras manos. La lupa servía entonces para engrandecer nuestra capacidad soñadora. Cada sello era una aventura.

Hoy andamos con comunicaciones más asépticas e inmediatas. En un segundo hacemos llegar un mensaje al otro lado del planeta a través del correo electrónico. Pero no es lo mismo, nunca tendrán el encanto ni la luminosidad del sello que anticipa las emociones. Las cartas de amor sin sellos están como huérfanas, y no digamos las declaraciones virtuales o a través de unas webcams que nos robotizan y nos convierten en una especie de autómatas o de hermanos clónicos de Blade Runner. No creo que los niños de ahora estén enviando sus cartas a los Reyes Magos a través del correo electrónico, pero no me extrañaría, y si no lo hacen ya lo harán en el futuro. Vale que se ahorra papel y que gana el medio ambiente, pero no creo que haya papeles mejor gastados que los de las cartas y los sobres de toda la vida. Si acabamos con ellos acabaremos también con nuestra propia historia. Y luego está cartero, esa figura referencial y emblemática que iba por todo el pueblo llevando una saca cargada de cartas que más de una hacían cambiar la vida o el ánimo de quien las recibía. A lo mejor me estoy poniendo pesado y poco amigo de los avances tecnológicos. No reniego del correo electrónico, y de hecho me parece uno de los grandes milagros en la evolución de la raza humana, pero los avances no tienen por qué arramblar nuestras pequeñas referencias cotidianas. Las cartas, los buzones o los carteros deben seguir formando parte de nuestra vida. Si suprimiéramos los sellos estaríamos suprimiendo también nuestros instintos más aventureros e imaginativos, la huella que queda de nuestro paso por el mundo, el matasellos que certifica nuestras querencias y nuestras amistades más lejanas. Cuando alguna vez abro mi colección de sellos de la infancia regreso inmediatamente a casa.

 

Marzo de 2007.




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Los trenes


Música de Papagüevos

Por Santiago Gil

No sé si condiciona o no crecer sin tener cerca una estación de trenes por la que escaparse. Las aventuras son más aventuras cuando se mueven en tren, lo mismo que la marcha en busca de la gloria, o el mismísimo regreso cuando volver es un sinónimo de fracaso.

aSasa
La vida pasa de otra manera en los trenes, sobre todo en aquellos lejanos de vapor que ya no vimos, pero también en los destartalados, lentos y oscuros que recorrían los años sesenta y setenta de la Península. Nosotros no teníamos trenes a los que subirnos en busca de la gloria o el fracaso. Para escapar teníamos que acudir al barco o al avión. La tierra no es nunca lugar de huida para los canarios. Sólo podemos escapar por mar o por aire, de ahí nuestra inevitable melancolía y la tendencia que tenemos a escondernos en todas las orillas o en la lejana presencia del cielo y las estrellas. La huida era un sueño que recreábamos siempre mirando las olas de la playa. En otros lados bastaba una mochila y un poco de determinación para saltar a los vagones de un tren, o para subir a una guagua que ayudara a cambiar de destino, de lengua y de mundo. Nuestras guaguas siempre acababan encontrando las playas o los acantilados de la costa, y el avión era caro, caro y poco romántico para marchar llevando sueños volanderos metidos en la cabeza. Los canarios hubiéramos sido distintos de haber tenido tierra para huir. Pero nos tuvimos que quedar, o regresamos con los mismos turistas que vienen aquí como quienes van a Disneylandia. Ahora tampoco los trenes tienen ese halo aventurero, y de hecho son casi iguales a los aviones. Nuestro romanticismo viajero lo encontrábamos en el barco, pero la huida en barco es lenta, pesarosa y dada a la meditación y al arrepentimiento por las muchas horas muertas que tenemos para pensar. El tren, en cambio, va rápido y aleja igual de raudo los paisajes. Casi no nos deja tiempo para la nostalgia.
aSasa
Nosotros sólo teníamos trenes eléctricos para soñar. Nos encantaba estar durante horas siguiendo la agilidad casi felina de la máquina que iba arrastrando sus hierros por los raíles. Éramos capaces de estar durante horas dejándonos hipnotizar por la velocidad soñadora de los trenes eléctricos. No recuerdo quedarme quieto de niño muchas veces, me aburrían los juegos lentos o los que requerían pensar más de la cuenta. Tampoco aguantábamos los entretenimientos pasivos. Sin embargo los trenes tenían algo que nos paraba y nos hipnotizaba, tardes enteras escuchando el runrún mecánico de una maquinaria coordinada y perfecta, casi mítica para nosotros. Los trenes salían en las películas, y como tales se confundían con el divismo de las estrellas, con los campos de batalla del Lejano Oeste y con todo ese otro mundo que tantas veces supimos confundir benditamente con la realidad.
aSasa
No estábamos sobrados de máquinas en los setenta. Recuerdo que de niños sólo había ascensor en el edificio del Banco Hispano Americano. Para nosotros ir a casa de algunos de los amigos que vivían en ese edificio era como entrar en algunas de esas películas de las que les vengo hablando. Nos tirábamos todo el día subiendo y bajando pisos en el ascensor hasta que el bueno de Dominguito el portero era avisado por alguna vecina apurada por no poder subir las escaleras en un medio que era la envidia de todas sus vecinas guienses. Y lo mismo que digo de los ascensores lo podría decir de los coches teledirigidos: entonces los coches que funcionaban con pilas iban a donde ellos les daba la gana. Tú le dabas a una especie de palanca y ellos se desbocaban chocando con las sillas o partiéndose en cuatro trozos al caer por una escalera. La llegada del Mercedes o el Pegaso de Rico fue una gran novedad, casi equiparable a lo que hoy puede ser una videoconsola: esos modelos, y otros semejantes que empezaron a aparecer, venían con un cable incorporado y un mando con el que podías dirigir los movimientos y la dirección del vehículo. Acababas rendido después de estar durante horas siguiendo a menos de medio metro las evoluciones del Mercedes o del Pegaso, pero por lo menos lo hacías tuyo y de alguna manera lo controlabas para que no se estrellara contra las paredes y las patas de todas las sillas de la casa. La aparición de los primeros coches teledirigidos ya nos cogió un poco mayores a los de mi generación, pero no por ello dejamos de alucinar con las inmensas posibilidades de los veloces coches que tú dirigías tranquilamente desde cualquier banco de la plaza. Eso sólo lo podíamos hacer nosotros con los bólidos del escalextrix, pero no era lo mismo, entre otras cosas porque el escalextrix era un coñazo cada vez que te ponías a armarlo y porque tampoco lo podías llevar a la plaza. Los coches teledirigidos llegaron más o menos en los mismos años que las teles en color, y la verdad es que nosotros vimos todo aquello como una consecuencia de la muerte de Franco: atribuíamos la llegada de las máquinas y los colores a la desaparición de un régimen que sí percibíamos opresor, mojigato, sombrío y sacristanesco sin saber siquiera qué significaban todas esas palabras o la falta de libertad.
aSasa
Yo los trenes los descubrí en Inglaterra con doce o trece años, y además pude viajar en una de las réplicas de los primeros modelos que inventaron los ingleses, con aquella famosa máquina de un tal Watt (me suena eso de la máquina de vapor del inglés Watt como una retahíla de las muchas que nos metieron en la sesera en los años de colegio). Como siempre ocurre en la vida, la experiencia fue muy gratificante pero no se asemejó en nada a lo que yo había soñado durante años. Estaba el traqueteo y el paisaje verde que siempre iba quedando atrás. Y también la sensación de que tú te movías más rápido que la tierra. Estaba bien, pero no era lo que yo había recreado cuando seguía los movimientos de los trenes eléctricos de mi infancia. Claro que eran reales, y que había raíles, y que las estaciones, aún hoy, siguen teniendo ese encanto que nunca encontraremos en los aeropuertos o las paradas de guaguas. Tal vez lo que me ocurría es que los trenes no recorrían los paisajes de nuestra isla, que es lo que soñábamos nosotros todo el rato. Incluso me acuerdo de unos raíles que estaban por la Avenida Marítima y la carretera del Sur por los que supuestamente tenía que circular un tren que yo nunca vi. Siempre preguntábamos y nos quedábamos mirando aquellos raíles surrealistas que cortaban el horizonte capitalino, pero nos contestaban con evasivas o no tenían respuestas. Nunca vi el famoso tren, aunque creo recordar que contemplé algunas fotos en los archivos del periódico con el susodicho recorriendo la Avenida Marítima por aquellas aberrantes y antiestéticas vías.
aSasa
Seguimos sin poder huir en tren; y a lo mejor por eso nos quedamos y nos vamos quedando. Hace años también nos bastaban cuatro latas amarradas con una soga para soñar con la escapada y la aventura. La imaginación era el raíl por el que discurría el traqueteo de la máquina de nuestros sueños más volanderos. No había estaciones ni factores, pero parte de nuestra infancia quedó varada entre zigzagueantes trenes eléctricos que todavía hoy somos capaces de escuchar entrecortadamente cuando necesitamos aventuras para poder seguir sobreviviendo.
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Marzo de 2007.


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Santa María de Guía

Dedicados a la preservación, estudios y divulgación del rico patrimonio histórico y cultural del municipio de Santa María de Guía de Gran Canaria. El Archivo Vivo de Historia y Tradición


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