"Geografías"


Música de Papagüevos

Por Santiago Gil

A veces uno quiere escribir sobre el amor y acaba escribiendo
sobre la muerte. Otras nos planteamos un argumento hilarante y divertido y
terminamos penando por las esquinas con un personaje patético que no da una a
derechas.
 

Música de Papagüevos

GEOGRAFÍAS

Santiago Gil
            

A veces uno quiere escribir sobre el amor y acaba escribiendo sobre la muerte. Otras nos planteamos un argumento hilarante y divertido y terminamos penando por las esquinas con un personaje patético que no da una a derechas. Pero también de vez en cuando sentimos cómo tiembla una historia antes de que la escribamos. Es como si nos llamara a gritos, o como si nosotros sólo fuéramos el médium del que se vale para contarse a sí misma tal como ella quiere ser contada. Resulta complicado y misterioso todo este proceso de la creación, y sin duda es siempre sorprendente. Por eso no dejamos de escribir, o de recordar, que también es una forma de hilvanar historias más o menos inventadas. Pasaba lo mismo con la geografía que nos trataban de inculcar en nuestra infancia. Los profesores se empeñaban en enseñarnos el globo terráqueo para demostrarnos que la tierra era redonda, pero luego nosotros veíamos o imaginábamos lo que nos daba la gana. Yo de niño nunca concebí que la tierra fuera realmente redonda. Teníamos miedo a caernos por cualquier parte de la esfera a medida que iba girando. O bien te quedabas pensando cómo diablos nos podíamos quedar bocabajo y no darnos un tortazo o acabar descalabrados contra el suelo. Como no lo veíamos claro no lo creíamos. Decíamos que sí, que lo entendíamos, y cuando había que ponerlo en los exámenes se ponía y santas pascuas. Pero para nosotros la realidad geográfica era sólo la que íbamos experimentando a medida que descubríamos el mundo más cercano. Yo recuerdo, por ejemplo, que a mí no había quien me convenciera de que la montaña de El Gallego era Galicia. Y me daba igual que me llevaran hasta allí o me colocaran al lado de la ermita de San Juan señalándome la cercanía. Cuando yo veía los mapas no estaba viendo los límite de Lugo, Orense, La Coruña y Pontevedra. En mi mente, fuera de la abstracción del mapamundi, lo que aparecía era El Gallego. No concebía las distancias, y al fin y al cabo si ellos decían que era todo redondo yo también me creía con derecho a poner los lugares donde yo los tuviera controlados. Eso sí, más allá de la montaña de El Gallego me imaginaba el Cantábrico, y mucho más arriba Inglaterra, Escocia y el Polo Norte, que en mis elucubraciones venía a quedar a la altura de Moya o de Fontanales. Cada nueva calle que íbamos descubriendo era un país o una región nueva en nuestra geografía mental. Lo otro ya digo que nos lo aprendíamos de carrerilla para aprobar los exámenes, todos aquellos coñazos del mapa físico con ríos, regiones montañosas y mil nombres rarísimos que olvidábamos segundos después de escribirlos en los exámenes o de repetirlos como una letanía en medio de la clase. Ya de entrada nos costaba dios y ayuda entender lo era un río y lo que era una península. Y nos fastidiaba que nunca aparecieran en los mapas el barranco de Las Garzas o el Pico de La Atalaya. Entonces sí que no se daba nada de geografía de Canarias, por eso no nos quedaba más remedio que inventárnosla o que recolocarla en los mapas que nos enseñaban. De lo contrario nos podíamos volver locos estudiando una realidad que ignoraba por completo nuestro mundo, no digo el más cercano y casero, sino incluso el insular y el regional. Las Islas Canarias aparecían entonces a la derecha de Valencia, y ahí las tuve yo situadas hasta que me las cambiaron de la noche a la mañana y las colocaron en otro recuadro, esta vez debajo de Cádiz. Cómo querían que creyéramos en la geografía si lo que nos habían enseñado de primero a quinto de egebé nos lo cambiaban de golpe en sexto y nos movían del mapa el lugar donde vivíamos. Así es normal que los canarios de mi generación no hayamos confiado mucho en la geografía, y que por supuesto nos negáramos a admitir que el planeta era redondo, o que giraba alrededor del sol. Siempre estaba quieto, y el único sol en el que creíamos era el que aparecía por el Albercón de la Virgen y se escondía por la tarde en las montañas de Tenerife.

    La nueva ubicación de nuestro territorio fue otro de los muchos cambios que se produjo en ese paso del franquismo a la democracia que nos tocó vivir a los niños de los setenta. No todo el mundo tiene la suerte de pasar por la vida y de haber vivido en dos sitios diferentes del planeta sin haberse movido de su casa. Nosotros sí, nosotros hasta los once años tenemos nuestros recuerdos en la cuenca mediterránea, y se supone que fue allí donde hicimos la primera comunión y metimos nuestros primos goles por la escuadra. Luego, a partir de los doce años, todo lo que fuimos viviendo ya se desarrolló en la costa norte de África, más o menos frente a Cádiz. Y un poco más tarde, cuando teníamos dieciséis o diecisiete años, ya nos bajaron un poco más abajo y nos colocaron donde estamos ahora. No sé el tiempo que duraremos aquí, por eso hay que vivir intensamente cada minuto que nos están regalando en este punto de encuentro entre tres continentes en el que se supone que estamos. Uno teme que cualquier día de éstos nos rueden más abajo y nos dejen a la deriva, o bien que nos suban y se empeñen en colocarnos al lado de Estocolmo haciéndonos más fríos y silenciosos. Así es normal que creamos en San Borondón. Al fin y al cabo es una isla que nunca ha engañado a nadie ni se ha dejado colocar en un mapa para que acabaran jugando con sus contornos como si fuera un Monopoly o un parchís. Ella aparece y desaparece, como para que sepamos que está ahí, pero no se deja trazar nunca por los geógrafos. Nosotros desde que éramos pequeños teníamos claro que lo más creíble de nuestra geografía era San Borondón. La queríamos atisbar detrás de todos los horizontes, o en las costas de Sardina, el Puerto de Las Nieves o Roque Prieto. Después de lo que hemos vivido sabemos que la geografía no es más que un engañabobos que utilizan para movernos a su antojo por todo el planeta. Por eso nadie logra que reneguemos de la magia, la felicidad y la apuesta por la paz y la armonía de San Borondón. San Borondón sigue siendo nuestra única esperanza. Nos da lo mismo que sigan sin colocarla en los mapas.

Mayo de 2007.

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"Los Tigres" apoyan La Bodega

¡Salvar
la bodega!

LOS TIGRES, ese grupo de
amigos que se reúne desde hace más de cincuenta años, clientes habituales de la
Bodega de Chago, también quiere
salvarla.
Por Carmelo Martín.

SALVAR LA BODEGA
Por Carmelo Martín.

 

¡Salvar
la bodega! LOS TIGRES, ese grupo de
amigos que se reúne desde hace más de cincuenta años, clientes habituales de la
Bodega de Chago, también quiere
salvarla.

Al
llegar al pueblo de Guía, en la puerta del mismo, te encuentras con un edificio
que, como la enorme proa de un trasatlántico te señala la encrucijada donde has
de elegir los tres diferentes caminos para acceder a todos sus rincones: el que
te lleva hacia Gáldar, el que va a la plaza de la Iglesia y, por último, el del
barrio de San Roque.

Esa
casa, de arquitectura muy poco frecuente, ha albergado hasta hace poco tiempo
la Bodega de Santiaguito y más tarde de Chago. El local, de techos altísimos
y pintados de azul “cielo barruntando tormenta”, estanterías interminables en
color canelo llenas de estampas de santos -sobre todo de la Virgen de Guía-
fotografías de visitantes conocidos de la tienda, que no vamos a enumerar para
no pecar de exhaustivos, entre ellas la de Tomasín y carteles, muchos carteles,
advirtiendo al público de la filosofía financiera del establecimiento: “Piña
asada, piña mamada”, con el fin de disuadir a los posibles morosos.

La mesa
central repleta de quesos de Guia de diferentes tipos, que Chago conoce al
dedillo y de los que hacía un maravilloso canto ante cada cliente.

Había
sido una tienda de “aceite y vinagre” –por desgracia, quedan muy pocas en la
isla- con una mampara que separaba ambas clientelas, pero últimamente, con la
llegada de las grandes superficies perdió “el aceite” de su denominación y su
actividad y desapareció tal separación.

Este
local entrañable, cuyo embrujo atraía sin quererlo a sus clientes, fue testigo
durante muchos domingos en que se celebraba el día de la Virgen de Guía -tercero
del mes de septiembre- de la parada del trono de la Señora a su puerta para
recibir la ofrenda de Chago y algunos clientes, entre los que cabe destacar a
Francisco Ortega (en nombre de su familia, cuya madre había donado el manto de
color verde que la Patrona suele llevar en algunas ocasiones)

Desde la
puerta de la bodega sonaban las isas y folías de las diferentes parrandas que
con sus voces y sones querían rendir homenaje a la Virgen. Desde esa misma
puerta, el 19 de septiembre de 1993, inundó la calle, llenándola de ternura, la
maravillosa voz de María Mérida cantando a su Madre, Santa María de Guía. ¡Maravillosos
momentos irrepetibles en la historia del pueblo!

Los
Tigres, que desde hace años acuden a la fiesta, ante la imposibilidad de contar
con un vehículo arrastrado por animales, se refugian en un rincón de la bodega,
disfrutando todo el día de lo que ellos llaman “la carreta varada”, recibiendo
y agasajando a los numerosos viandantes y amigos que se acercan hasta allí.

En
nuestras excursiones gastronómicas por el norte de la isla, la Bodega es parada
obligatoria para tomar como aperitivo una “tabla” de quesos de Guía
seleccionados por la mano experta de nuestro amigo.

Desde
nuestro rincón hemos sido testigos de cómo los turistas, nacionales y
extranjeros, llegaban hasta aquí para degustar sus magníficos quesos. ¿Qué podremos
decirles ahora, cuando, volviendo de nuevo a nuestra isla, quieran repetir la
grata aventura de sorprender a su paladar con la degustación del “queso de
flor” o “media flor” que les proporcionaba Chago?

¿Debemos
aceptar la triste realidad diciendo que “La Bodega” está “CERRADA” porque no ha
habido alguien, personas o instituciones locales, insulares o autonómicas, que
tengan suficiente sensibilidad para dejarse embrujar por ella y hacer lo
imposible por mantener erguido este “Monumento al queso de Guía”?

 
 

¡Salvemos
nuestra pequeña historia! ¡Salvemos la Bodega!

 
 

 LOS TIGRES


"Una bodega casi centenaria"

La noticia del cierre de la emblemática, histórica y archiconocida “Bodega de Chago”en Guía, era como “una crónica de una muerte
anunciada”, parafraseando a García Márquez. No obstante el acertado artículo de
Antonio Aguiar “Una pérdida reparable” (ver en
www.guiadegrancanaria.org y La Provincia, domingo 13 de
mayo de 2007), y la adhesión por parte de muchas personas a su iniciativa, que
propone recuperar este centro cultural y etnográfico, hace que uno sea más
optimista.Con este breve estudio no sólo pretendo apoyar esa iniciativa, sino dar a conocer algún
que otro dato, de tipo histórico sobre el edificio que alberga la bodega, sobre
la bodega en sí y sobre aquellas personas que estuvieron frente al mostrador de
la misma. Por Sergio Aguiar Castellano.

UNA BODEGA casi CENTENARIA

por Sergio Aguiar Castellano

 
       La noticia del cierre de la emblemática, histórica y
archiconocida “Bodega de Chago”en Guía, era como “una crónica de una muerte
anunciada”, parafraseando a García Márquez. No obstante el acertado artículo de
Antonio Aguiar “Una pérdida reparable”(ver en
www.guiadegrancanaria.org y La Provincia, domingo 13 de
mayo de 2007), y la adhesión por parte de muchas personas a su iniciativa, que
propone recuperar este centro cultural y etnográfico, hace que uno sea más
optimista.

 Con este
breve estudio no sólo pretendo apoyar esa iniciativa, sino dar a conocer algún
que otro dato, de tipo histórico sobre el edificio que alberga la bodega, sobre
la bodega en sí y sobre aquellas personas que estuvieron frente al mostrador de
la misma.

Origen del
edificio

 El edificio
que ahora historiamos fue cimentado en un solar que ocupan tres casas en la
antigua calle de la Carrera, luego denominada Luján Pérez y en la actualidad
Médico Estévez. Concretamente eran las casas números 37, 39 y 41 de dicha
calle, y por la parte de la actual de la calle Marqués del Muni, antiguamente
de la Cruz, ocupaba dos edificios los números 26 y 28.

 El
propietario de estas casas era Ramón Rodríguez Ojeda, residente en Las Palmas
de Gran Canaria, que por medio del comerciante de Guía Juan Alemán Rodríguez,
solicita el día 13 de septiembre de 1904 el preceptivo permiso para “reedificar
desde cimientos, conforme al plano que acompaño, las casas propiedad del mismo
enclavadas en la calle de Luján Pérez (antes Carrera)…”

 Siguiendo
con los pasos administrativos para el caso, el Ayuntamiento al tratarse de una
construcción en una travesía de carretera, concretamente en el Km 37 de la
carretera de Las Palmas a Agaete por Arucas , lo remite a Obras Públicas, cuyo
ingeniero jefe informa en octubre de 1904 favorablemente.

 No sabemos
si las obras comenzaron de inmediato, suponemos que si, de ser así posiblemente
esta casa se terminaría de construir en un par de años como mucho, por tanto en
torno a 1906-1907 estaría concluida.

 Estamos
seguros que ya en el año 1911 estaba en
pie, pues existe una postal de la época que así lo confirma.

 Lo curioso
de esta casa es que en el solar que ocupa, y en el que como decíamos existían
tres casas nº 37, 39 y 41 de la hoy
Médico Estévez, ya en las mismas muchos años antes había comercios, pues en el
padrón de industrias del año 1893, se refleja que en la calle de la Carrera nº
39 María del Pino Canino regenta una tienda
de abacería, esta misma mujer tendría en 1909 un bodegón, pero en la calle
Marqués del Muni.

 Hay que
decir que hasta el año 1901 en el nº 41 de la calle La Carrera vivía el
comerciante Isidoro Rodríguez Molina, que en el padrón industrial de 1895 está
inscrito como propietario de una venta al por menor de vinos, aguardientes y
licores del país. En el padrón de habitantes de 1905, coincidiendo con la
construcción de la Bodega ya no reside en esa dirección.

 Desde que concluyó la construcción de este
edificio, ha sido imposible localizar en los padrones de habitantes quien vivía
en el mismo, no hemos podido localizar a nadie hasta 1917.

 Todo apunta
a que fue alquilado para comercio. En el año 1907 existe domiciliada en la
calle Luján Pérez la empresa “Yeoward Brothers”  empresa de Liverpool con el epígrafe de venta al por mayor de cereales y harinas
de todas clases y en el año 1915 en la calle Marqués del Muni la empresa
“Frutera Hespérides” con el epígrafe de tratantes de granos, empresa que en 1917
se declara en periodo de liquidación y disolución. Pero en ninguno de los dos
casos se especifica el número donde radica el negocio. Quizás alguna haya
estado en este edificio dada sus características, al ser ambos negocios de
ventas al por mayor y necesitar un amplio espacio. No obstante no hemos
encontrado datos que así lo aclaren. Sólo es una hipótesis.

Nuevo dueño 

 Según consta
en el Registro de la Propiedad de Guía (Tomo 84 de Guía, Folio 155),  esta casa era propiedad de María Dolores
Rodríguez Molina vecina de La Habana y residente en Las Palmas, aclarando que
era dueña por compra y herencia. Es su marido Ramón Rodríguez Ojeda, quien
había solicitado en 1904 la construcción del edificio, el que por medio de
poder de su mujer de fecha 2 de noviembre de 1915 en Guía ante el notario Luis
Calero Luanco, vende a Juan Bolaños Hernández, casado y comerciante por el
precio de 5000 pesetas.

 Juan Bolaños
Hernández nació el 29 de marzo de 1870, procedía de Llano de Parras, de donde
eran sus padres, Juan Bolaños González y Manuela Hernández, quienes
tuvieron doce hijos. Hijos que emigraron
a Cuba, y donde hicieron fortuna, entre ellos el propio Juan Bolaños Hernández,
que al regresar de la isla caribeña, compró esta casa. Esta familia era dueña
de la finca denominada “La Cruz” junto al Albercón de la Virgen.

 En 1917 Juan
Bolaños ya está inscrito en el padrón de habitantes junto a su mujer Maximina
Pérez Silva en la calle Marqués del Muni, y así mismo en el padrón industrial
de venta de bebidas espirituosas, espumosas y alcoholes.

 En
el censo de población de 1924 este matrimonio está censado en la calle Luján
Pérez nº 37. El negocio que Juan Bolaños establece está dedicado principalmente
a la venta de comestibles y bebidas, de los denominados ultramarinos. Aún
el año 1931, y en el Anuario Industrial
y Artístico de España, en la relación de comercios de Guía consta como venta de
comestibles. A pesar de tipo de tienda, y según me comentan algunas de sus
sobrinas, era conocido por “Juanito el Bodeguero”.

 De
Juan Bolaños Hernández podemos añadir que fue un hombre que participó durante
una etapa de su vida en la política local, ocupando durante varios años el
cargo de concejal del Ayuntamiento de Guía, muriendo en agosto de 1935, a la edad de 65 años cuando
desempeñaba las labores de edil municipal. Miembro del Partido Republicano
Radical de Guía, fue uno de sus fundadores el 4 de febrero de 1932, junto a
otros conocidos ciudadanos de la época, prácticamente todos los miembros de la
primera Juan Directiva de este partido ocuparon bien el cargo de concejal o de
alcalde: Presidente Emiliano Ayala Jiménez; vicepresidente Fernando Máximo
Guerra; tesorero Augusto Hernández Suárez; secretario Tomás Estévez Galván; vocales
Juan P. Guerra Galván, Blas Saavedra Medina, Federico Martín Molina. La sede
del Partido Republicano Radical estuvo en sus inicios en las calle Luján Pérez,
7; y en marzo de 1933 en la planta baja
de la casa nº 13 de la Calle Marqués del Muni.

 Al fallecer
Juan Bolaños Hernández, su viuda Maximina Pérez Silva, decide arrendarlo. Será
a partir del 18 de julio de 1936 cuando el negocio pase a ser explotado por Santiago
Gil Cabrera, natural de San Lorenzo, pero establecido en Guía como comerciante
desde 1930, junto a su esposa Cristina Romero Betancort que era natural de
Arucas.

 Santiaguito
el Bodeguero como cariñosa y familiarmente se le conocía en Guía fue un hombre
tan apreciado en la ciudad que ocupó en más de una ocasión el cargo de concejal
del Ayuntamiento de Guía, en la década de los años cuarenta del siglo XX, junto
al alcalde Juan García Mateo. La tienda-bodega desde la época de su anterior
dueño Juan Bolaños Hernández era todo un referente en la comarca, pues en ella
se podían encontrar artículos de primera calidad, y especialmente el queso de
flor de Guía, de cuya venta ha sido todo
un referente en la historia del noroeste de la isla.

 La tienda con el paso de los años
apenas sufrió en su interior modificaciones, lo único que con el tiempo se quitó fueron las barricas de vino por que
las costumbres de consumo fueron cambiando.

 Santiago Gil Romero que nació en Guía en el 17 de
abril de 1939, con apenas seis años ya comenzó a realizar sus primeros trabajos
en la bodega de su padre, trabajos que compartía con sus estudios en el Colegio
Santa María. Por tanto ha estado prácticamente toda su vida, desde su más
tierna infancia, detrás de un mostrador, hasta su jubilación el pasado 2005.

 Por tanto el
comercio que todos nosotros conocemos como “Bodega de Chago” es un comercio casi
centenario (1917-2007).

 Ahora una
vez cerrado, queda la posibilidad de reabrirlo si se implican las instituciones
públicas con rapidez; si en un corto
periodo de tiempo no se lleva a efecto la reapertura, me temo que al final todo se quedará en
buenas intenciones, es decir, la “Bodega de Chago” pasará a la historia.

 

 En Guía de Gran
Canaria, 22 de mayo de 2007. Día de
Santa Rita de Casia (quien por la generosidad en otorgar favores has sido
llamada Mediadora de los sin esperanza e incluso de lo Imposible)


Sergio Aguiar Castellano

Lcdo. en Filología Hispánica

Especialista Universitario en Archivistita

Archivero-Bibliotecario del Ayuntamiento de Guía de Gran
Canaria

 

Fuentes:

Archivo Histórico Provincial”Joaquín Blanco”

Archivo Municipal de Guía

Archivo Parroquial de Santa María de Guía

Registro de la Propiedad de Guía

Museo Canario

Fotos:

D. Antonio García Ramos

D. Santiago Gil Romero

D. Javier Estévez
Domínguez

D. Francisco Suárez Moreno

Archivo Municipal de Guía

Revista Sobremesa nº 118-octubre 1994-Año 11 (Gracias a
Juan Eugenio García)

FEDAC (www.fedac.org)




VER TEXTO COMPLETO CON FOTOS





"Las reglas del juego"


Música de Papagüevos

Por Santiago Gil

Los días de fiesta cambiaba el escenario. El entorno de la
plaza perdía la quietud y el silencio de casi todo el año y se transformaba en
una feria con ruido de ruletas, disparos de balín, altavoces de tómbolas con un
guineo de pareados socorridos y olores a azúcar requemada, garapiñadas y jareas.
 

A veces tocaban los cochitos y algún que otro tiovivo en la Plaza Chica. Los coches de choque, sin duda los reyes de todas las fiestas, buscaban acomodo en el barranco. No creo que haya momentos tan intensos en la vida como aquellos en los que estábamos tensos y ansiosos antes de echar la ficha amarilla en la ranura del coche: según sonaba la sirena y el coche echaba a andar sentías que volabas. Daba lo mismo los volantazos y las violentas acometidas de los más bestias. Estabas en tu coche, dibujando trompos y sintiendo por vez primera que tú controlabas la velocidad y el espacio de tus propios sueños. Uno entonces hubiera dado cualquier cosa por ser el hijo del dueño de los coches de choque. Además de ligar en todas las fiestas, podía darse el gustazo de subir las veces que quisiera en los vehículos de colores chirriantes y luminosos que chispeaban en los techos metálicos. Hacerte amigo suyo era garantizarte muchas tardes de gloria en agosto. De lo contrario tenías que vértelas buscando duros por todas partes para que no te bajaran del carrusel de emociones que se instalaba debajo de la carpa que servía de circuito. Con cinco pesetas te comías el mundo, pero los trayectos duraban poco, siempre eran cortos, escasos, y a veces no compensaban las emociones de la espera. Allí empezamos a descubrir esa sensación agridulce que casi siempre nos regala la vida en todos sus grandes momentos, esa imperfección que tiene el hombre para culminar el goce y el placer: siempre nos faltaba una vuelta para completar la expectativa de nuestras ilusiones.

Pero lo que más nos atraía de los puestos festeros de nuestra infancia eran las ruletas, y en concreto la ruleta de Carmen. Llegaba cada año a su cita al lado de donde hoy están las cabinas telefónicas la Plaza Chica. Allí extendía sus acristalados naipes y echaba a rodar la ruleta de madera que sonaba a matraca a medida que buscaba la carta elegida. No sé qué edad podíamos tener en aquellos años, pero seguro que andábamos entre los diez y los doce años. No era como hoy: en días de fiesta hasta lo niños podían saltarse las normas cotidianas. Llegábamos con nuestra peseta o nuestro duro y nos jugábamos los cuartos apostando a la Sota de Bastos o al Caballo de Copas. Descubrimos el juego y las reglas del azar prematuramente. Luego, con los años, no he sido reincidente, quizá porque entonces aprendí que se gana y se pierde por puro azar, y que en ese juego te puedes llegar a enganchar. Nosotros estábamos enganchados durante cinco o seis días. Y no hablo de uno o dos chiquillos. Casi todos los niños del pueblo nos arremolinábamos en torno a la ruleta. Lo de los cubiletes o los naipes era una cosa de mayores, de muchas cantidades de dinero y de puertas de bares. Lo nuestro era un juego que te daba para comprar más caramelos de nata o más estampas, y también para adquirir la quincalla y los colgantes que traían los otros feriantes. Nunca nos arruinamos, ni tampoco perdimos grandes cantidades. Y la verdad es que a uno se le pone todavía la piel de gallina cuando recuerda el momento en que salía la carta a la que habíamos apostado nuestro duro. De golpe te sentías el rey del mambo, el más fetén de entre todos los amigos, el tocado por los dioses y la fortuna. Vale que sería ilegal y hasta poco deseable ese acercamiento a los juegos de azar, pero entonces éramos más montaraces y atrevidos. Tampoco nos transportaban con sillas de seguridad en los coches ni llevábamos casco cuando nos aventurábamos en bicicletas sin frenos por las calles del pueblo. Pero aun así sobrevivimos y aprendimos muchas reglas básicas de la vida. En este caso supimos de los caprichos del azar. Siempre manda él. Tú eliges carta pero luego es la ruleta la que determina. Y da lo mismo que berrees, que le reces a santa Rita o que te pongas una herradura en el bolsillo. Sí es verdad que algunas veces, si te concentrabas con todas tus fuerzas en un número, se producía el milagro. Digamos que ocurría algo similar a lo que nos sucede de vez en cuando en la vida. Por eso no nos queda más remedio que seguir deseando con todas nuestras fuerzas aquello que queremos y que necesitamos para ser felices. No hay reglas establecidas ni fórmulas matemáticas que avalen el resultado de esos esfuerzos, pero sí es verdad que como pasaba con la ruleta de Carmen de vez en cuando se produce el milagro. Y al igual que sucedía entonces cuando elegíamos el Caballo de Copas y salía el Caballo de Copas la alegría es incomparable. Por eso seguimos apostando por los sueños.
Abril de 2007.




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Hotel Puerto de Las Nieves



Hospedarse y comer en el mejor hotel del Noroeste

 

Hotel PUERTO DE LAS NIEVES
El mejor hotel del Noroeste de Gran Canaria


SÁBADO
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proporcionarle una estancia de relax y diversión en el Noroeste de Gran
Canaria. Está situado en el incomparable marco del Puerto de las Nieves,
en el pueblo pesquero de Agaete, al nortoeste de la isla. Dispone de 30
habitaciones cuidadosamente decoradas. Todas disponen de modernos
equipamientos como baño completo, TV con Canal +, minibar y teléfono.
Entre sus instalaciones, destacan su restaurante “Faneque” con una
variada selección de productos de la tierra, salas para reuniones y un
completo gimnasio.

Además, el Hotel Puerto de las Nieves ha creado una magnifica zona de
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extraordinario para disfrutar de sus vacaciones o viaje de negocios en
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setting of Puerto de las Nieves in the fishing village of Agaete to
nortoeste of the island. It has 30 rooms carefully decorated. All have
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Memoria Insular

Memoria Insular 

En 2003 el Cabildo de Gran Canaria cerró
el portal www.memoriainsular.org. Si bien la corporación insular editó tras el cierre un CD con
los contenidos del mencionado portal,
GUIADEGRANCANARIA.ORG ha
considerado conveniente rescatar este magnífico trabajo,
reproduciendo la
totalidad de los datos de las tres ediciones del proyecto "GRAN
CANARIA:MEMORIA INSULAR
" con el fin de mantener el mismo nivel de difusión
que tenía hasta el cierre del citado portal.

A continuación trascribimos el texto de la presentación que hizo en su día el PORTAL www.memoriainsular.org:
QUÉ ES "MEMORIA INSULAR"?

Mirar atrás es necesario para avanzar con seguridad. Sin conocer el pasado no puede comprenderse el presente ni construirse con solidez el futuro.
 

El proyecto "GRAN
CANARIA:MEMORIA INSULAR
"
nació desde la convicción de la importancia del mensaje de las frases anteriores. Con él, la Consejería de Educación del Cabildo de Gran Canaria se propuso contribuir a mejorar el conocimiento de los grancanarios sobre su tierra, sobre sus gentes, sobre su historia.

¿QUÉ ES "GRAN
CANARIA:MEMORIA INSULAR
"
?

Es un proyecto divulgativo y formativo que nació en la Consejería de Educación y Universidad del Cabildo de Gran Canaria. Comenzó a gestarse a finales de 1999, y ha tenido tres versiones sucesivas a partir de diciembre de 2000, cerrándose en Enero de 2003.

¿QUÉ OBJETIVOS TIENE?

El proyecto "GRAN
CANARIA:MEMORIA INSULAR
"
pretende recuperar para la sociedad de hoy los hitos principales de la Memoria Insular de Gran Canaria y expandir su conocimiento de modo sencillo, ágil y accesible.

¿CÓMO SE HA PRESENTADO?

Para divulgar ese conocimiento no sólo directamente sino incitando, además, a acudir al auxilio de las nuevas tecnologías, "GRAN
CANARIA:MEMORIA INSULAR
"
ha difundido sus contenidos en dos soportes:

1) UN ALMANAQUE, que ha sido repartido en cada diciembre en los centros de enseñanza, principalmente. Ha sido un almanaque de formato grande, ideado para ser colgado en aulas o en salas de estudio de los centros con la doble finalidad de a) ofrecer los contenidos del proyecto de un modo directo, claro, diseñado con intención pedagógica; y b) ejercer las funciones normales de almanaque-agenda.
    
2) UNA PÁGINA INFORMÁTICA que desarrolla los contenidos del almanaque ampliados y enriquecidos, como permite las especificidades de este soporte [cerrada en su web original y reabierta en GUIADEGRANCANARIA.ORG].


¿A QUIÉN ESTÁ DIRIGIDO?

Está dirigido, en primera instancia, a los alumnos de secundaria de la isla; pero también el público interesado en general, de un nivel medio de conocimientos. En su desarrollo, "GRAN
CANARIA:MEMORIA INSULAR
"
ha abierto un concurso dedicado exclusivamente a los alumnos.

¿CUÁLES SON SUS CONTENIDOS?

"GRAN
CANARIA:MEMORIA INSULAR
"
ha desarrollado tres unidades de contenidos:
 

MEMORIA INSULAR 2001 se dedicó a la recuperación de la Memoria Humana de Gran Canaria, es decir a rescatar la memoria de muchos de sus antepasados ilustres; MEMORIA INSULAR 2002 a recordar la Memoria Histórica y Social de la isla; y MEMORIA INSULAR 2003 se dedicó a recordar la Memoria Cultural y Científica de Gran Canaria.

¿CÓMO SE HAN ORGANIZADO SUS CONTENIDOS?

En coherencia con el almanaque que le da soporte, MEMORIA INSULAR ha distribuido sus contenidos en doce unidades o capítulos, correspondientes a cada uno de los doce meses del año.

Los capítulos de 2001 (Memoria Humana): 1- Imagen de la vida es la novela. 2- Nombres del Modernismo. 3- Por la historia a las raíces. 4-Se abre la historia. 5- Lo canario como inspiración artística. La Escuela Luján Pérez. 6-La fuerza de la creación artística. 7- Un intérprete de excepción. 8- Nombres grancanarios de la política (I). 9- Los primeros escritores. 10- Voces de encuentro y desafío. 11- La inquietud investigadora. 12- Nombres de la política II.

Los capítulos de 2002 (Memoria Histórica y Social): 1- Gran Canaria se puebla. 2- Los aborígenes se organizan. 3- Europa se expande hacia el Atlántico. 4- La administración real. –5 Mercaderes, comerciantes y marginados. 6- La administración moderna. 7- Los Puertos Francos. 8- El Puerto de la Luz. 9- La administración actual. 10- El turismo en Gran Canaria. 11- Los conflictos y las crisis.- 12- La Historia General de las Islas Canarias, de Viera y Clavijo.

Los capítulos de 2003 (Memoria Cultural y Científica): 1- Hitos de la enseñanza en Gran Canaria. 2- Bajo el signo de la Ilustración. Instituciones de los siglos XVIII y XIX. 3- El especial modernismo canario. 4- Los inicios de la prensa en Gran Canaria. 5- Espacios museísticos. 6- La eclosión de la información de masas. 7- Espacios para el Teatro. 8- Cine y Vídeo en Gran Canaria. 9- Espacios para las Artes Plásticas. 10- La Música en Gran Canaria. 11- Espacios para la Literatura. 12- Espacios para la Ciencia

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"Salvar La Bodega"

Respuesta unánime

La abrumadora respuesta de la gente nos anima a seguir.

Desde el día 5 de mayo, fecha en la que Javier Estévez y esta web recogieron el sentir de la gente con respecto a la Bodega del Queso, o Bodega de Santiaguito, que cerró sus puertas el 30 de abril, solo hemos recibido palabras de ánimo en esta bonita aventura de intentar recuperar para todos esa seña de identidad de Guía y del queso de flor. Por Antonio Aguiar.
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GALERÍA DE FOTOS

doble espacio
Además de los bellos espejos del alma de La Bodega, construidos por Javier Estévez, Erasmo Quintana, Alejandro Moreno y Juan Dávila, entre otros, cerca de dos centenares de ciudadanos, la mayoría de Guía, han mostrado, con nombre y apellidos, su apoyo expreso e incondicional al movimiento ciudadano en pro de la reapertura de nuestro museo gastronómico por excelencia.

Añadir que en este periodo somos muchos los que colaboramos activamente y que hay buena predisposición por todas las partes para que el objetivo se haga realidad. Tanto la familia propietaria del inmueble, como algunos empresarios y las administraciones públicas, han manifestado su voluntad de que Guía pueda seguir ofreciendo a sus gentes y a los visitantes un espacio único e irremplazable donde poder improvisar una tertulia mientras degustamos el queso de flor, al tiempo que nos sentimos, por momentos, seres coetáneos de cuantos por allí transitaron en el último siglo.

Sólo me queda decirles que animen a la gente a firmar en el LIBRO DE ADHESIONES que insertamos en esta web. Para aquellos que lo deseen, pueden bajarse la hoja de firmas, con vistas a que sean firmadas por quienes, en uso de su libertad, no usan estas tecnologías.


 Antonio Aguiar.
info@guiadegrancanaria.org
Guía. 17 de mayo de 2007.

BAJARSE LA HOJA DE FIRMAS

FIRMAR DIGITALMENTE EN EL LIBRO DE ADHESIÓN

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 (
cedidas por Sergio Aguiar)



Hombre a-sombrado. Alexis Ravelo

Hombre a-sombrado

Sobre el libro de Santiago Gil

Por Alexis Ravelo

 “Perdió
su sombra como podía haber perdido cualquier otra cosa”. Así comienza Un hombre
solo y sin sombra, la
novela corta que abre y da título al libro más reciente de
Santiago Gil (Guía de Gran Canaria, 1967), una obra que se deja leer con facilidad
pero que se hace pensar una y otra vez hasta conducirnos a las lindes de la relectura.

Hombre a-sombrado 

 “Perdió su sombra como podía haber perdido
cualquier otra cosa”. Así comienza Un hombre solo y sin sombra,
la novela corta que abre y da título al libro más reciente de Santiago Gil
(Guía de Gran Canaria, 1967), una obra que se deja leer con facilidad pero que
se hace pensar una y otra vez hasta conducirnos a las lindes de la relectura.

Por Alexis Ravelo.

 
Con
ese punto de partida, que cualquier otro hubiera utilizado para elaborar una
ficción de corte fantástico (de hecho muchos lo han hecho, con mejor o peor
resultado), Santiago Gil desarrolla una narración marcadamente realista, que se
acerca, en ciertos y memorables pasajes, al esperpento valleinclanesco o al
despiadado humor de Canetti en Auto de fe. La pérdida de la sombra de Gilberto (una
extraña mezcla de Ignatius J. Reilly, Norman Bates, y Harry Haller), la
obstinada búsqueda que éste realiza de la misma, empeñado en que se la han
sustraído y encontrará a los culpables (cuando el lector, merced a la
complicidad del autor, ha entendido ya desde las primeras páginas que no se
trata más que de una obsesión) y la galería de personajes marginales que le
rodean a lo largo del despliegue de su neurosis (a los que Gil exprime
hábilmente el jugo necesario, sin por ello desviarse de la trama principal),
sirven de excusa para explorar las implicaciones de la celebérrima frase de
Jean Paul Sartre en A puerta cerrada: “El infierno son los otros”. Con
estas palabras, Sartre se refería, entre otras cosas, a la íntima relación
entre la esencial sociabilidad del hombre y la conformación de su identidad.
Por eso se hace inevitable pensar en ellas cuando nos enfrentamos a la suerte
de estos personajes (y los del resto de los cuentos que completan el volumen),
que se han desconectado, o han sido desconectados, de esa máquina de
inmortalidad que la sociedad supone. La sombra es sentida por Gilberto como la
expresión de su alma, su personalidad, la prolongación de la misma hacia el
mundo, hacia los demás. De ahí que no extrañe al lector que no la tengan
tampoco, para este hombre a-sombrado, los excluidos, los desposeídos, los
marginados de la sociedad. Si bien es cierto que, en el caso del protagonista,
enajenación mental y enajenación social funcionan como vasos comunicantes, en
los demás personajes de estas ficciones breves, la última viene dada como
consecuencia del origen geográfico periférico, la senectud, la enfermedad
devastadora o la cercanía de la muerte. Pienso, con el poeta Federico J. Silva,
a la sazón presentador del libro, que todos los personajes principales de las
narraciones que lo conforman comparten con Gilberto ese rasgo de carecer de
proyección. Y tal peculiaridad es metáfora de uno de los temas más interesantes
y fecundos a la literatura contemporánea: la soledad entre la multitud. Los
personajes de estos textos están indefectible e irremediablemente solos en
Madrid o Las Palmas de Gran Canaria, ámbitos urbanos marcadamente conocidos que
Gil trae al texto sobriamente. Sin embargo, en literatura todo es artificio y
el lector no deberá llamarse a engaño: igual que el París de Cortázar, el
Dublín de Joyce, o la Barcelona de Vázquez Montalbán, las ciudades de Gil
no son las que los demás vemos, sino su correlato literario; no su
descripción geométrica sino la geografía, íntimamente conocida por el autor, y
convertida en paisaje a través de su mirada
. Pues, parafraseando a Borges,
el creador es aquél que dice asombro donde otros dicen solamente costumbre.

Y
todo esto a través de una prosa fluida, amena, en la que lo coloquial y lo
culto se combinan con naturalidad para llevarnos de la mano a través la trama
hasta su desenlace.

Otro
aspecto de este libro que mueve a la reflexión es la medida de las distancias
que Gil interpone entre sí y los personajes. Si en los cuentos que le siguen,
la emotividad del autor (que apela a la del lector) se encuentra tremendamente
cercana al mundo de los personajes, haciéndonos sentir compasión de ellos (en
el más primitivo sentido de sentir-con el otro), en la nouvelle que abre
el volumen, como el buen humorista que es, aquél es despiadado, se aleja
sentimentalmente de sus criaturas (como el mediofondista de su adversario) y
las presenta caracterizándolas antes por sus defectos que por cualidades que
podrían atraer nuestras simpatías. Y quizá Gil tampoco se equivoca en esto, ya
que éstos sí han elegido perder su identidad, dejarse llevar por los males de
la época, no asumir sus responsabilidades como individuos en ese monstruo que
es la convivencia. Tampoco, y quizá sea esto lo peor, ante sí mismos. El
ejemplo más claro es Gilberto, que, en el ecuador de su vida sustituye el
cultivo de su mente por el pasivo consumo de contenidos televisivos, las
relaciones sentimentales por la edípica protección de los brazos maternos y la
interacción con los demás por un voluntario encierro, roto por salidas
nocturnas de imprevisibles consecuencias a la caza de su sombra. Pero hay
otros, como Pedro Ermitaño (personaje de sospechosos paralelismos con el
protagonista), que ha construido una pecera para sí mismo en forma de emisora pirata
desde la que oculta sus complejos de inferioridad bajo un discurso del más
xenófobo corte nacionalista. O Águeda, la optimista trabajadora social, perdida en los laberintos de la corrección
política. Ninguno de ellos está precisamente encantado de conocerse. Todos
abominan de los espejos, pues han elegido no elegir, no zambullirse de lleno en
la vida, no mirar de frente a la realidad, no arriesgar. Obran, para volver a la terminología sartreana, de
mala fe, porque no eligen la dirección de sus vidas, como todos en alguna
ocasión, pero, en este caso, de forma irreversible. Se instalan en sus
respectivas cámaras de aislamiento y se dejan vivir , esperando hasta el
cese de la existencia; sin felicidad, sin realización, pero con una dosis de
sufrimiento relativamente razonable.

Finalmente,
el efecto es que también acabamos sintiendo compasión por ellos, aunque con una
mezcla de impotencia, pues, si la situación de soledad de los inmigrantes
ilegales, las prostitutas o los ancianos que pululan por las otras historias es
sobrevenida, dictada por circunstancias geopolíticas o macroeconómicas de las
cuales son víctimas anónimas, la de aquéllos es una soledad que han ido
labrando, día a día, con su actividad o, más bien, con su inactividad. Y aún
así, hay esperanza. Cada uno de estos seres es, en su momento, autor de una
frase o de una idea que nos deslumbran en el momento de su lectura, por su
lucidez y valentía. Esto es, en mi opinión, una pista de migas de pan que el
autor ha dejado sembrada en el texto para llevarnos a una intuición que
atraviesa toda su producción hasta ahora, la constatación de que existe algo
que puede destruirnos pero también puede salvarnos: la palabra.

Título: Un hombre solo y sin sombra.

Autor: Santiago Gil.

Género: Narrativa.

Editorial: Anroart Ediciones.

Lugar y fecha de publicación: Las Palmas de Gran Canaria,
2007.

Páginas: 162.


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