Principales aportaciones de la Constitución de Cádiz de 1812Principales aportaciones de la Constituc
El19 de marzo de 2012 se cumplen 200 años de la aprobación en un Cádiz
sitiado por tropas napoleónicas de la primera Constitución que consagró
en España (y sus territorios americanos) la muerte del súbdito y el
nacimiento del ciudadano. En aquel clima liberal se tomaron decisiones
que perduran (evolucionadas o no) hasta hoy, aunque a veces hayan sido
interrumpidas por etapas autoritarias.
El 19 de marzo de 2012 se cumplen 200 años de la aprobación en un Cádiz sitiado por tropas napoleónicas de la primera Constitución que consagró en España (y sus territorios americanos) la muerte del súbdito y el nacimiento del ciudadano. En aquel clima liberal se tomaron decisiones que perduran (evolucionadas o no) hasta hoy, aunque a veces hayan sido interrumpidas por etapas autoritarias. La herencia incluye la creación de instituciones como las diputaciones o la lotería nacional.
» División de poderes.
Ocurrió algo curioso que subraya el catedrático de Historia Contemporánea y académico Miguel Artola: "Una cosa fue lo que se quiso hacer y se hizo y otra lo que se podía decir porque se corría el riesgo de perder votos". La Constitución fue más lejos que los discursos en varios aspectos. La separación de poderes, que garantizaba los derechos ciudadanos, fue una de ellas. "Hay una asamblea representativa y electiva que hace las leyes y limita el veto del Rey como algo temporal y anulable por las Cortes; se establece un poder ejecutivo que reside en el Rey pero que concede la última decisión a los ministros del ramo y se limita el poder judicial a entender exclusivamente de materias jurisdiccionales, se les excluye de la participación política, a diferencia de lo que ocurría con el Consejo de Castilla".
» Nace la ciudadanía.
Para Antonio Álvarez, comisario de la exposición En-clave de historia. El legado de Cádiz a la memoria histórica de España, que se puede visitar en la ciudad andaluza hasta el 30 de mayo, hay un hecho fundamental: "El individuo deja de ser súbdito y patrimonio de un rey para convertirse en ciudadano. Aunque luego haya periodos de marcha atrás, es un cambio fundamental".
» Enseñanza pública.
Se plantea que la educación básica es una obligación del Estado. El catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alicante Emilio la Parra considera que se trata de un paso hacia la secularización. "En el título IX de la Constitución, aunque se manda que en la escuela se enseñe el catecismo, también se dice que se deben enseñar las obligaciones civiles, que viene a ser algo así como Educación para la Ciudadanía", explica este catedrático.
» Libertad de expresión e imprenta.
"Los diputados doceañistas entendieron que era un derecho fundamental la difusión de ideas, no solo la expresión", destaca el comisario Antonio Álvarez. Uno de sus efectos visibles fue la aparición de cabeceras políticas. "La prensa periódica no nace ahora, pero sí la que ofrece noticias y comentarios políticos, la que realmente puede ser considerada antecedente de la actual", precisa el historiador La Parra.
» Abolición de la tortura.
En el artículo 303 se prohibía expresamente el uso "del tormento ni del apremio" con los detenidos.
» Diputaciones Provinciales.
El catedrático Artola explica que se enraízan en "el principio de igualdad de todos los ciudadanos ante las leyes, en contradicción con una tradición monárquica peninsular que hacía que hubiese territorios con fiscalidades distintas". Se suprimen "unidades territoriales existentes" y en cada provincia se crea una Diputación Provincial. "Se trata de crear un sistema uniformizado en todo el territorio nacional", añade el historiador.
» Libertad de trabajo y de industria.
Emilio la Parra destaca el finiquito de la ordenación gremial: "Se abre la actividad económica a todos, sin más restricciones que su capacidad".
» Loterías del Estado.
"La denominada Lotería Moderna o Nacional (moderna para distinguirla de una existente desde mediados del siglo XVIII), se creó a propuesta del ministro del Consejo y Cámara de Indias, Ciriaco González Carvajal, como un medio de recaudar fondos para el erario público", indica el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Cádiz, Alberto Ramos. El primer sorteo se celebró el 4 de marzo de 1812, tres meses después de ser aprobado por las Cortes.
» Fiscalidad para todos.
La Constitución establece en su artículo 339 que "las contribuciones (impuestos sobre bienes rústicos o urbanos) se repartirán entre todos los españoles con proporción a sus facultades, sin excepción ni privilegio alguno".
» Tertulia política.
"Las tertulias ya existían a finales del XVIII en Madrid y otras ciudades, como Cádiz, pero la política no se trataba abiertamente. Eran más sobre temas de arte, ciencias y literatura. En esa época se popularizan en cafés, tabernas y casas particulares", señala Marieta Campos, profesora de Literatura Española en la Universidad de Cádiz.
FUENTE: Diario ElPaís del día 18.03.12.
Falleció Estévez
Falleció Estévez
El exjugador de la Unión Deportiva Las Palmas, AurelianoEstévez Tamayo, hijo de un guiense y una catalana, ha fallecido este miércoles (14.03.12) en la capital
grancanaria a la edad de 62 años. Estévez
era un jugador que salía en las estampas y que jugaba en el Insular al
lado de Germán, de Tonono o de Brindisi. Por tanto forma parte de la
mitología más venerada de mi infancia. Por Santiago Gil.
El exjugador de la Unión Deportiva Las Palmas, Aureliano
Estévez Tamayo, hijo de un guiense y una catalana, falleció este miércoles (14.03.12) en la capital
grancanaria a la edad de 62 años.
Por Santiago Gil
Estévez era un jugador que salía en las estampas y que jugaba en el Insular al lado de Germán, de Tonono o de Brindisi. Por tanto forma parte de la mitología más venerada de mi infancia. Nosotros solo soñábamos con ser como ellos. Pero al mismo tiempo era un mito más cercano que el resto porque tenía familia en Guía y porque uno de sus primos era nuestro entrenador de alevines en el equipo guiense. Este entrenador, que se llamaba José Luis y que forma parte de la historia futbolística del norte de Gran Canaria, nos prometía a principios de temporada que, si aprobábamos en el colegio y si entrenábamos con responsabilidad, conseguiría que Estévez viniera a hacernos una visita.
Y vino, y a nosotros nos parecía mentira tener delante a un jugador que salía en las estampas y en los periódicos. Por eso siempre seguí la evolución de Estévez dentro del campo de una forma especial, y cada fallo y cada acierto los veía casi como míos. Su padre también coincidía con nosotros en los alrededores del Insular porque era amigo de mi padre y, sobre todo, tío de Suárez -hermano de José Luis-, otro seguidor incondicional de los que nunca se perdían un partido de la Unión Deportiva.
Ayer, al enterarme de su muerte, me vino sobre la marcha el bullicio del Insular, el olor a puro, la trompeta del bandera, los anuncios de la megafonía, el marcador de la grada Sur y todas aquellas sensaciones que nos terminaron uniendo para siempre al equipo amarillo. El mejor homenaje que le podemos hacer a Estévez es, además de dedicarle un merecido minuto de silencio el próximo sábado, intentar que el estadio de Gran Canaria recupere parte de aquel ambiente y aquel encanto del Insular de los años setenta.
No es fácil, pero entre los consejos que recuerdo que nos transmitió Estévez cuando nos visitó en la caseta del equipo alevín del Guía estaba el de que jamás se puede renunciar a ningún objetivo que uno se marque en la vida. Con esa mentalidad, la Unión Deportiva logró mantenerse durante dicienueve años seguidos en Primera División – de hecho Estévez creo que solo jugó en Primera con el equipo amarillo-. Y con es misma convicción en la victoria debemos seguir encarando los partidos que nos quedan por jugar a partir de este momento. Se lo debemos a quienes nos hicieron grandes, a aquellos jugadores que lograron que el fútbol se terminara convirtiendo en algo más que un juego.
PERFIL BIOGRÁFICO
Aureliano Estévez (Sabadell, 27-08-49) llegó a la UD Las Palmas procedente del FC Barcelona juvenil. Debutó con el primer equipo amarillo, de la mano del técnico Rosendo Hernández, el 19 de abril de 1970 en la victoria amarilla ante el Sevilla FC (3-0). Era hijo de un guiense que se trasladó a Cataluña a raíz de la Guerra Civil, donde casó con una catalana.
Aquella temporada disputó con el primer equipo un partido más, siendo ambas sus dos únicas actuaciones con la UD Las Palmas en su primera campaña, la temporada de 1969-70. Sin embargo, a partir de entonces, Estévez completó una trayectoria continuada de trece temporadas más en Unión Deportiva hasta la 1982-83.
En su estadía en el club de Pío XII, Estévez jugó un total de 263 partidos con la camiseta de la Unión Deportiva: 207 de ellos en Liga, 47 en Copa del Rey y nueve concursos en competición europea, anotando un total de cinco goles, cuatro en Liga y uno en el trofeo copero.
Además, disfrutó de dos participaciones a nivel internacional: con la selección sub-23, ante la Unión Soviética (1-2), el 30 de mayo de 1971 y, posteriormente, con el combinado nacional aficionado, el 1 de noviembre de 1973, ante Grecia (3-0).
Gordillo en las Cortes Constituyentes de 1812
El próximo día 19 se cumplirán 200 años de las Cortes Constituyentes de
1812 en las que España aprobó por primera vez su Carta Magna,
acontecimiento histórico en el que participaron varios diputados
canarios entre los que se encontraba al canónigo y cura del Sagrario de
nuestra catedral el guiense Pedro Gordillo Ramos. Por Pedro González-Sosa
Gordillo en las Cortes Constituyentes de 1812
Pedro González-Sosa
El próximo día 19 se cumplirán 200 años de las Cortes Constituyentes de 1812 en las que España aprobó por primera vez su Carta Magna, acontecimiento histórico en el que participaron varios diputados canarios entre los que se encontraba al canónigo y cura del Sagrario de nuestra catedral el guiense Pedro Gordillo Ramos. Intentamos sintetizar el capitulo que respecto a esta persona y a las llamadas Cortes de Cádiz está recogido en la biografía que, editada por el Cabildo grancanario bajo el título de "Gordillo, un genio de la discordia", se publicó 2001 de la que es autor el que suscribe.
La designación se produjo por unanimidad en una Junta de Presidencia celebrada en el Ayuntamiento de esta ciudad presidida por el corregidor Álvaro Pareja Padilla que era, además, teniente coronel de los Reales Ejércitos y Maestrante de la Real de Sevilla y de la que también formaban parte el alcalde Juan Bayle Obregón, el racionero de la catedral Agustín Cabral como representante del Cabildo eclesiástico, el alguacil Mayor y el Regidor Perpetuo del Ayuntamiento, además de dos vocales y el secretario, y como suplente aparece José Vázquez Figueroa, abogado de los Reales Consejos. A Gordillo se le otorgó el correspondiente poder que, llegado a Cádiz, fue aprobado por las Cortes el 4 de diciembre de 1810 y dos días después la Secretaria de Cámara y Justicia comunica que "habiendo llegado el diputado propietario don Pedro Gordillo Ramos se juzgaba inútil el nombramiento del diputado suplente por Canarias". La ilustración corresponde a la relación, conservada en el archivo del Congreso de los Diputados, de los que fueron elegidos en 1810 en la que aparece Gordillo "por la isla de Canarias".
Durante su estancia en Cádiz, ciudad en la que dos meses después de constituidas en San Fernando se asentaron las Cortes en cuya iglesia de San Felipe Neri se celebraban las sesiones, Gordillo residía en la casa de su buen amigo Francisco Siné, situada en el número 3 de la entonces rotulada como de la Carne, que en la actualidad lo está con el nombre de Columela. De la lectura de los Diarios de Sesiones es fácil adivinar la actividad parlamentaria de este cura. Por ejemplo en la del 18 de febrero de 1811 aparece incluido en la Comisión que examinaba los empleos y pensiones otorgados por el Consejo de Regencia, y también aparece el 22 de abril siguiente en la que estudiaba los trabajos preparados por la Junta Eclesiástica formada en Sevilla por la Junta Central. En 22 de mayo de 1812 figura en la Comisión que habría de recibir en las Cortes al cardenal Scala, tema que suscitó un largo debate.
Es conocido que de acuerdo con el reglamento de aquellas Cortes, (capitulo 11, artículo primero), estaba prevista la elección de presidente de las mismas el 24 de cada mes y Gordillo fue designado como tal en la sesión del 24 de abril de 1813, según recoge el acta número 832 en la que se expresa que "Procediéndose enseguida a la elección de oficio quedó nombrado presidente el señor don Pedro Gordillo, vicepresidente el señor don José María Couto y como secretario el señor Fermín Clemente".
Resulta complicado y difícil condensar en este reducido espacio toda la actividad de nuestro paisano en aquellas primeras Cortes Constituyentes hace ahora, justo, 200 años, sobre la que es fácil encontrar en publicaciones al respecto editadas sobre todo en las islas. Pero se ha querido recordar la memoria de un personaje evidentemente "liberal con fama de fogoso y documentado orador y batallador diputado", nos cuenta Marcos Guimerá, voluntarioso y pintoresco, que llevado contra su voluntad a la catedral de Habana porque era incomodo a la clase eclesiástica de esta isla, no ocultó aquellas singulares cualidades en la capital caribeña que obligó al obispo José Espada a pedirle al rey su traslado, no conseguido, por tratarse de "un genio de la discordia", según la expresión literal recogida en la solicitud, falleciendo allí en 1844.
LA INYECCIÓN. Un relato de Braulio G. Bautista
Un relato de Braulio A. García
Elpropietario de un afamado restaurant en New York, un cubano jaranero y
listo como el hambre, que había llegado en su tardía juventud a la Yuma
con una mano detrás y otra delante, me contó, después de múltiples
libaciones, mientras estábamos acodados ante la bien surtida barra de su
LA INYECCIÓNUn relato de Braulio A. García
El propietario de un afamado restaurant en New York, un cubano jaranero y listo como el hambre, que había llegado en su tardía juventud a la Yuma con una mano detrás y otra delante, me contó, después de múltiples libaciones, mientras estábamos acodados ante la bien surtida barra de su negocio, un día que nevaba copiosamente sobre Mahattan, una historia que me horripiló y me produjo un dolor reflejo, solidario, en la entrepierna.
El hombre andaba ya en los setenta y se había enamorado como un burro de una hispana mucho más joven que vivía en Queens, el populoso barrio al otro lado del río Hudson. En esa época aún no habían fármacos en forma de pastillas azules para remediar la disfunción eréctil, así que nuestro amigo, babeando de deseo, antes de ir a visitar a su adorado tormento, tenía que ir a la consulta de un médico, quien, a cambio de la nada módica cantidad de $350 "dólOres" –nunca mejor dicho- le aplicaba una inyección “dolArosísima” en donde ustedes ya se pueden imaginar, que hacía que su hibernado órgano reproductor recobrara la lozanía perdida y se pusiera en paralelo con el frío suelo.
El efecto de la cruel inyección duraba como mucho una horita, así que el hombre, una vez clavado en todos los sentidos, tenía que salir disparado para Queens cruzando el Queensboro Bridge, e irse desnudando, prácticamente, en el mismo taxi, para, en llegando a su destino, entrar como una exhalación en la casa de la complaciente amiguita y cumplir como todo un veterano campeón, vencedor de mil batallas libradas en cientos de camas, a lo largo de su apasionada vida.
La muchacha en cuestión, damisela divorciada cercana a la cuarentena, ignoraba el sacrificio que mi amigo, hoy ya fallecido, tenía que hacer para poder estar a la altura de las circunstancias, así que no entendía las urgencias de éste… ¿cómo es posible que pretendiera ponerse a la labor en cuanto atravesaba el umbral de la puerta de su apartamento?... Él argüía que tenía una cita muy importante de negocios luego, y que no tenía tiempo para nada… Entonces ella se quejaba, amargamente, de que sólo pensaba en él… y, con voz melosa, le explicaba, como si él fuera un jovenzuelo que se inicia en el jeugo del amor, que una mujer precisaba de unos prolegómenos, más o menos largos, para compartir la predisposición a la cosa del ayuntamiento.
El hombre trató de buscar un médico por Queens, se pateó todita la otra ribera del Hudson, pero ninguno de los que consultó se prestó a inyectarle. Le podían prescribir la medicina, pero no se la aplicarían… Pensó en pedírselo al taxista dominicano que siempre lo transportaba, pero ¿cómo explicarle al tipo que necesitaba que tomase entre sus rudas manos “su cosita”… aunque SÓLO fuera para clavarle una aguja hipodérmica?... seguro que le contestaría en esa simpática jerga de su cálido país:
"Oh, Oh... ¡Ofrecome Virgen de la Altagracia!.... ¿pero qué vaina e eta?... ¿Ute eta hablando en serio, Don?"
La gota que colmó el vaso de su frustración cayó un aciago día en que se dirigía a Queens después de recibir la maldita inyección y se produjo un accidente en el puente. Una rastra había patinado y obstaculizaba todos los carriles del Queensboro Bridge en la dirección donde le esperaban los ardorosos brazos de su joven amada. Y, encima, el enorme vehículo portaba algún tipo de mercancía peligrosa y las labores de recuperación de las vías debían de ir, forzosamente, despacio... muy despacio ¡Y él estaba atrapado justamente en medio del jodido puentecito!
A medida que transcurrían los eternos minutos metido en aquella cárcel amarillo chillona, mientras el chofer del taxi escuchaba distraídamente un juego de pelota (beisbol), mi amigo sintió que algo le languidecía poco a poco en su entrepierna…
Cuando por fin se reanudó de nuevo la circulación del puente, habían pasado casi dos horas y, fatalmente, su miembro viril había vuelto a su estado de hibernación habitual… Así que ni se detuvo en la casa de su amada.
Aquella noche alguien le dijo que en Miami había un médico chileno, de origen árabe- al que llamaban “El Terrorista” porque era el que más “bombas” ponía en la Capital del Sol- que seguro le podría solucionar su problema. La broma tenía su justificación: el galeno chileno se había especializado en poner unos implantes en sálvese la parte, que se erguían, despertaban, cuando recibían aire insuflado por una bombita dispuesta en unos de los testículos del paciente… que la operación no entrañaba mayores riesgos y que en unas semanas, una vez todo cicatrizado, se podía desarrollar toda la actividad sexual que uno quisiera o demandara la contra parte.
Lamentablemente, después dos semanas de mal justificada ausencia, cuando el hombre volvió exultante de Miami a tocar en la puerta de la ninfa dueña de sus eróticos sueños, ya ésta había encontrado a otro caballero igual de rico, pero mucho menos apurado que él…
Desde entonces, me dijo, él trataba de rentabilizar su implante, porque le había costado un egg y la mitad del otro, pero me aseguró que no era lo mismo… “¡Ninguna como mi muchachita de Queens!… ¡Ojalá pudiera volver con ella aunque tuvieran que ponerme dos mil inyecciones ya sabes donde y, de ñapa, también en mis arrugaditos congojos!
Como decimos en Canarias: “La Jodienda no tiene Enmienda”.
ASESINATO EN MI CASA. Un relato de Braulio G. Bautista
Un relato de Braulio A. García
Me acabo de enterar, con absoluta consternación, que en
mi casa se ha cometido un asesinato repulsivo: alguien ha matado, de
forma innecesariamente cruel, a la gallina negra del pescuezo pelao, la
'única que estaba poniendo, religiosamente, cada dos días.
ASESINATO EN MI CASAUn relato de Braulio A. García
Me acabo de enterar, con absoluta consternación, que en mi casa se ha cometido un asesinato repulsivo: alguien ha matado, de forma innecesariamente cruel, a la gallina negra del pescuezo pelao, la 'única que estaba poniendo, religiosamente, cada dos días. Probablemente la víctima fue sorprendida fuera del espacio vallado dedicado a las aves de corral y abatida por el malhechor, o malhechores, antes de que pudiera cacarear pidiendo auxilio.
Cuando la persona que se encarga del cuidado de la casa en mi ausencia descubrió la horripilante escena, de inmediato dio cuenta a la Guardia Civil. Llegaron varias parejas del Seprona, avisaron al juez y procedieron al levantamiento de las pocas plumas que quedaron de la occisa.
Como sospechosos principales, aunque todavía sin imputación, figuran Chacha y Rebenque García, los perros guardianes de la casa, dos elementos con bastantes antecedentes.
En el prontuario de estos dos personajes figuran delitos tales como ataques sangrientos a dos inocentes ovejas pelibuey; asesinatos de varios gatos de la vecindad; e intento de asesinato en la persona de un ratón erizo, hecho que no pudieron consumar gracias a las afiladas púas del asustado roedor.
Estos dos peligrosos delincuentes, haciendo gala de un cinismo malévolo, han tratado de implicar a Gara, la chihuahua centenaria (ya saben la proporcionalidad: 7 años por cada año de vida humana) pero 'esta se defendió aduciendo que "cómo diablos iba ella a ultimar a una gallina que la dobla en estatura y peso y que todo el corral sabe que era un animalito de reconocida malaleche". Además adujo que, con sus achaques y su artritis, ya no puede correr ni tras su propia sombra. No quiso, sin embargo, implicar a los American Bulldogs, probablemente por miedo a represalias, y guardó sepulcral silencio cuando se le preguntó si había observado algo anormal el d'ia de los hechos, aunque su lenguaje corporal y sus titubeos, indican que muy probablemente presenció el execrable crimen.
Los American Bulldogs han elegido como defensor al letrado Don Simplicio del Rosario (o sea, que se vayan preparando con la cuenta) quien de inmediato invocó la presunción de inocencia para sus clientes. Como fiscal actuará el abogado Antonio Aguiar, conocido por su enorme parecido con el televisivo letrado Javier Nart.
Hasta que los del Seprona logren conseguir pruebas que incriminen claramente a los cánidos (para lo cual han estado recogiendo bastantes huellas dactilares en el lugar de los hechos; algunas muestras de fluidos bucales, como salivas o babas de gusto, extraídas directamente de los despojos de la desventurada plumífera, en las que se buscará el ADN de los criminales; y también sabemos que están a la espera de que el juez autorice la utilización del polígrafo para someter a Chacha y a Rebenque al infalible Detector de Mentiras) el juez de guardia del Juzgado Número 1 de lo Perruno, ha decretado el secreto del sumario enterado de que los sospechosos ya habían pactado aparecer en algunos programas de televisión amarillista, por lo que pensaban cobrar una buena pasta.
Se estima que el juicio puede durar más que el de Camps y el de Garzón y que levantará más expectación que los prolegómenos del caso contra Unbobilín, digo Unrobalín, es decir, Undargarín.
Preguntado el padre de los sospechosos (o sea, yo) sobre que opina de la posible imputación a sus dos hijos en este horripilante asesinato, dijo (o sea, dije) con voz entrecortada: “Si se demuestra que son culpables, que caiga todo el peso de la Ley sobre mis muchachos… la desaparición de la gallina del pescuezo pelao me va a obligar a comprar huevos… y eso, tal como está la cosa, significará un golpe bajo a mi ya debilitada economía… En todo caso, igual que lo ha hecho su letrado, pido que se respete el derecho a la presunci’n de inocencia de mis hijos… quienes sí, son algo violentos, lo admito, pero no lso creo capaces de llegar a matar a nadie… por pura diversión”
Les mantendremos informados de lo que podamos saber sobre la marcha de la investigación y de la posible causa, si se llegara a acusar formalmente a los dos sospechosos.
La buena samaritana (RELATOS e-REALES). Por Javier Estévez
RELATOS e-REALES

Por Javier Estévez
La ventana de mi habitación está siempre abierta. Así puedo ver el azul
del mar, tenso hasta el horizonte en los días espléndidos sin nubes, y
la luz dorada que se pulveriza casi todas las tardes sobre él. Pero no,
no creas que soy como esos escritorzuelos de tres al cuarto y todo ese
poeterío de ciudad que tan pronto pronuncian la palabra mar parece
caérseles las babas al suelo.

Por Javier Estévez
La ventana de mi habitación está siempre abierta. Así puedo ver el azul del mar, tenso hasta el horizonte en los días espléndidos sin nubes, y la luz dorada que se pulveriza casi todas las tardes sobre él. Pero no, no creas que soy como esos escritorzuelos de tres al cuarto y todo ese poeterío de ciudad que tan pronto pronuncian la palabra mar parece caérseles las babas al suelo. No. A mí el mar no me emociona. Además, si estoy aquí no es para hablarte de las vistas que disfruto o del olor a redes, musgo y algas que inunda la casa cada bajamar, sino de él, de ese hombre que desde hace dos meses yace en la cama de mi habitación con la boca amarga y entreabierta como la de un pez que agoniza.
Hace muchos años –me parece más cercano el horizonte que ultima el paisaje que ese tiempo ya vivido- estuve enamorada de él. Por entonces me embelesaba su figura esbelta y proporcionada y sus ojos oscuros y profundos, como el mar cuando deja de ser mar para ser océano. Jóvenes nos casamos y jóvenes nos distanciamos. Tan pronto supo que de mi vientre no saldría fruto alguno, se alejó de mí. Con apenas veinte años ya andaba por el mundo sola, fría y sin afectos. Solo me acompañaba la ignominia, el abandono y la deshonra. Tuve que aceptar que lo mejor era fingir una indiferencia recíproca. La casa dejó de ser un hogar para convertirse en un puerto más para él, una parada obligada a la que acudía a recoger algún efecto personal, acaso algún que otro recuerdo; pero nada que estuviera vivo, que fuera inseparable de él. Su casa fue una escala trivial entre el mar y ese sucio prostíbulo donde creía encontrar lo que no quiso buscar más en mí.
El mismo odio que sentí hacia mi propio cuerpo lo volqué hacia los demás. No quise ver a nadie. Nunca más. Luego, se sumó la vergüenza. Mis hermanas trataban de consolar mi angustia con palabras disfrazadas de ternura pero con el tiempo se acostumbraron a mis llantos momentáneos. Pronto cesaron sus palabras de aliento y sus abrazos. Entonces la vergüenza fue mayor porque era evidente que más que producirles lástima les tenía que resultar ridícula. En mi hundimiento alcancé el epicentro de la humillación.
Hasta que una tarde de invierno la borrasca que se anunciaba desde hacía varios días trajo consigo no solo la lluvia y el viento que se esperaba. Una apoplejía había obrado el milagro: regresaba a casa para siempre. Es cierto que eran las circunstancias y no su voluntad quien lo había traído de vuelta, pero no me importaba porque ya no abandonaría jamás su hogar. Aún recuerdo al médico, que en su primera visita me imaginó hondamente afligida y me miraba y trataba de animarme con palabras tan extrañas para mí. Me hablaba reiteradamente de fortaleza y apoyo familiar. Sin embargo, una vez, antes de marcharse definitivamente, dijo algo que se grabó a fuego en mi memoria. Con un tono más propio de cura que de médico me indicó, mientras nos dirigíamos a la puerta, que a pesar de la insensibilidad de sus músculos, su alma no era impermeable a la emociones. A pesar de su estado, concluyó antes de despedirnos, aún era capaz de sentir. Y de sufrir también, pensé tan pronto cerré la puerta.
Al llegar a la habitación percibí rápidamente lo paradójico de la situación. Tras muchísimo tiempo volvíamos a estar solos él y yo pero ahora el escenario era distinto. Los papeles se habían invertido: a partir de ahora quien permanecería inmóvil sería él y quien dispondría de plena libertad de movimiento iba a ser yo. Recuerdo lo primero que sentí al verlo postrado ante mí: tuve ganas de abandonarlo, de dejarlo allí en la cama, sin aseo, que se acostumbrase a vivir entre sus orines y excrementos. Recuerdo incluso que pensé en darle de cenar las sobras que les ofrecía cada noche a los perros que por entonces vagabundeaban por las calles de esta ciudad. Para su suerte, tuve que abandonar esta idea. No por compasión hacia él sino porque las futuras visitas de las asistentas sociales podrían poner en peligro la ayuda que en breve comenzaría a cobrar.
Una mañana abrí la ventana y el sonido inesperado del mar inundó toda la habitación. El violento bramido del océano embistiendo contra las rocas causó una inesperada excitación en él. Su respiración se hizo más sonora. Empezó a jadear y a parpadear con más frecuencia e intensidad. Entonces comprendí al instante por qué decía mi madre aquello de que es el diablo quien realmente da las llaves del cielo.
Dejé la ventana abierta, caminé despacio hacia la cama y me tendí junto a él. Lentamente, comencé a desabrocharme la camisa. Él me miraba de soslayo. Con la camisa semiabierta me incorporé y acerqué mi rostro al suyo, tanto que nuestros hálitos se mezclaron hasta formar un solo aliento. Estaba nervioso. Terminé de desabrocharme la camisa, pero de manera aún más lenta. Sentí su excitación entre mis piernas. Entonces acerqué mis pechos a su boca pero cuando él trató de morder mis pezones los retiré sutilmente de su alcance. Una y otra vez. Yo también estaba excitada: mi sexo estaba húmedo. Mucho. Tanto que en la habitación ya no olía a mar. Ahora flotaba entre nosotros el penetrante olor de mis fluidos. Mi ardor aumentó hasta tal punto que me desnudé y al verme otra vez desnuda junto a él sentí que mi cuerpo volvía a tener algo de personal, de único, de inimitable. No era el más vulgar de los cuerpos como había llegado a pensar sino todo lo contrario, era extraordinario, hermoso, bello. Monté sobre uno de sus muslos y empecé a frotar suavemente mi pubis. Cerré los ojos y sentí como desde lejos se aproximaba una forma de placer que creía ya perdido y olvidado. Cuanto más aceleraba mis movimientos más aceleraba su llegada. Traté de prolongar varios minutos aquel júbilo inmenso que se extendía por todas las partes de mi cuerpo. Hasta que mi grito anunció la liberación definitiva de aquel gozo indescriptible, de aquella alegría física y espiritual. Unos segundos después volví a abrir los ojos y lo vi llorar como solo lloran los hombres cuando se ahogan en el charco en el que se han convertido sus días. Ya ves, justo cuando yo volvía a la vida, la suya parecía tocar su fin.
Hoy ya no siento ni odio ni vergüenza y en la casa solo habitan sus lamentos. Cada día paseo sola hasta los muelles donde termina la ciudad vieja, allí donde la luz se desploma inevitablemente cada atardecer. A mi paso, algunos hombres me reconocen y oigo que murmuran algo entre ellos. Sé que hablan de mí. Y sé, también, que desde el pasado invierno me conocen por Inés, la buena samaritana.
San Roque, marzo 2012
El canónigo revoltoso. Por Juanjo Jiménez
El nuevo hijo predilecto de Gran Canaria, Pedro Gordillo y Ramos, fue un rompedor del Antiguo Régimen y un díscolo ilustrado
Por Juanjo Jiménez
Unapieza. Un personaje de película. Un canónigo revoltoso, díscolo, fogoso
y polémico. Un cura, que nació en una Santa María de Guía del siglo
XVIII, y cuyo carácter, parlamento y fuerza lo llevó a presidir las
Cortes de Cádiz en 1813 que fulminaron el Antiguo Régimen, y a enervar a
la curia, a guerrear con Tenerife por la capitalidad de Canarias, por
la sede del obispado regional y por separar Iglesia y Estado.
Por Juanjo Jiménez
Una pieza. Un personaje de película. Un canónigo revoltoso, díscolo, fogoso y polémico. Un cura, que nació en una Santa María de Guía del siglo XVIII, y cuyo carácter, parlamento y fuerza lo llevó a presidir las Cortes de Cádiz en 1813 que fulminaron el Antiguo Régimen, y a enervar a la curia, a guerrear con Tenerife por la capitalidad de Canarias, por la sede del obispado regional y por separar Iglesia y Estado.
Un señor, en suma, que llenó la cachimba al poder con sus ideas pero que paradójicamente también era capaz de pleitear por el mal 'estado' de un esclavo recién comprado.
Es el canónigo Gordillo, con nombre de pila Pedro Gordillo y Ramos, nacido en 1773 y discípulo de Viera y Clavijo, al que el Cabildo quiere reconocer y reivindicar este año nombrándolo Hijo Predilecto de Gran Canaria. Una isla por la que también se jugó algo más que la sotana.
Con poco tenía y el también cura, pero a diferencia de él, absolutista, Santiago Key y Muñoz no tuvo otra ocurrencia que tirar en esas mismas cortes para su isla de Tenerife, para la que exigía la capitalidad regional, la sede de la Audiencia, el obispado y la Universidad de La Laguna.
El pleito insular se hizo Gordillo, escenificando en la Península que el canal de Anaga-Agaete no es lo único que separa ambas provincias y probablemente se debe a su belicosidad que la masiva centralidad por la que abogaban los diputados de enfrente no llegara a culminar. Eso no significa que no siguiera barriendo para todo el archipiélago, sobre todo cuando logró fortalecer los puertos de Canarias, especialmente los de las islas menores. Además equiparó pesos y medidas, hasta entonces divergentes en cada una de las islas, y fue el primero que logró aprobar la creación de una red de pozos para el abastecimiento de fincas y población en el sur de Gran Canaria, nada menos que en 1811.
Pero si sorprendente es su biografía política, no menos lo es su perfil humano. Tras la disolución de las Cortes y la instauración de los viejos modos de la mano de Fernando VII, el 'rebelde' Gordillo es 'invitado' a marchar a Cuba.
Sergio Aguiar Castellano, archivero de Guía, se dio un salto al Caribe a seguir su pista , consiguiendo una deliciosa sucesión de acontecimientos, para el que lo lee, que no para que el que lo sufrió en vida. Al poco de llegar, en 1816 y con 43 años, la monta al cambiar las horas de canto, que fue el mixto de unas relaciones tumultuosas con el obispo Espada y con buena parte del clero local, que suplica en varias ocasiones, sin lograrlo, el traslado del isleño, primero a la Península, luego a Filipinas e incluso a Belén, "para corregirle de los insultos".
Pero allí se quedó y murió, en 1844, dejando unas buenas rentas, un patrimonio que incluía a Francisco y José María, dos esclavos negros, uno "Ganga y otro Congo", subastados por 850 pesos con el resto de sus propiedades.
FUENTE: LA PROVINCIA





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