El paisaje vegetal de Santa Cristina. Javier Estévez
El paisaje vegetal de Santa Cristina
Por Javier Estévez

Sin duda alguna, uno de los lugares más pintorescos de nuestro municipio es Santa Cristina, cuyo origen ha relatado tan detalladamente nuestro cronista, D. Pedro González-Sosa. La bucólica imagen del pinar y la casona no ha pasado desapercibida para muchos aficionados a la pintura y la fotografía que los han retratado conjuntamente desde numerosas perspectivas y estilos. Sin embargo, uno de los elementos más interesantes y desconocidos que existen en este lugar es el magnolio que se alza en el patio interior de la casona y casi tan viejo como las paredes que aún la sostienen.
El magnolio
es el perfecto árbol ornamental: este ejemplar perenne, siempre verde y con hojas alternas elípticas y brillantes, ofrece a quien lo observe una imagen elegante y distinguida, gracias a su voluminosa copa de denso follaje. Mide en torno a los 15 metros de altura (supera en altura a la casona) y es un ejemplar centenario, sin duda, pues se trata de una especie de crecimiento exageradamente lento, aunque desconocemos su edad absoluta. No sólo es el magnolio más desconocido de Gran Canaria. Es el ejemplar más monumental de la isla, a pesar del aparente abandono que desprende su imagen, similar al estado ruinoso y desolado de la casona.
Los magnolios proceden de las regiones cálidas y tropicales de América y fueron descubiertos para la ciencia por el botánico francés Pierre Magnol a principios del siglo XVIII. Cómo llegó hasta Santa Cristina y el por qué es toda una incógnita actualmente, pero leyendo el artículo escrito por nuestro cronista, no es desventurado apuntar la posibilidad de que fuese Puerto Rico, Chile o Venezuela su origen o su inspiración. No olvidemos que existen numerosos ejemplos de plantación de especies ornamentales asociadas a casonas que tienen como único origen la relación histórica entre los moradores de la vivienda y el origen biogeográfico del ejemplar. En este caso, debemos recordar el origen americano y tropical de la especie y las numerosas campañas bélicas que realizó por el trópico de este continente el brigadier Ruperto Delgado González, quien, y como apunta el cronista, mandó a levantar la casona tras obtener las tierras en el año 1833 y donde se alzan aún en la actualidad -entre otros bienes- casa, pinar y magnolio.
Al margen del enigma de su origen, tenemos la certeza de que Santa Cristina presenta un ambiente ideal para el correcto desarrollo del ejemplar: suelos profundos y ricos en macronutrientes -nitrógeno, potasio y magnesio- y micronutrientes, además de una ubicación, el patio interior, que crea un entorno perfecto para las exigencias lumínicas del ejemplar: sol y sombra. En estas magníficas condiciones, el magnolio de Santa Cristina exhibe entre los meses de abril, mayo y junio una floración espectacular de flores solitarias de gran tamaño, carnosas y blancas, que desprenden un perfume extraordinariamente intenso.
El origen del pinar que envuelve la casona y que es la piedra angular del paisaje del lugar, es igualmente, una incógnita. Son ejemplares que pertenecen en su totalidad a la especie conocida como pino piñonero (Pinus pinea) muy frecuente en los espacios forestales silvestres y cultivados de la península Ibérica y muy utilizado en jardinería y paisajismo mediterráneo. Los ejemplares de Santa Cristina, de más de veinte metros de altura, poseen un tronco rectilíneo y vertical que se eleva sin ramificaciones en su primera mitad o más arriba, para después ramificarse espectacularmente, abrirse y proyectarse en el paisaje como una copa redondeada y achatada, en forma de sombrilla, creando esa imagen tan característica del lugar.
Las ortofotos nos permiten apreciar como el volumen unido de las copas en el año 1962 es similar al que presenta en la actualidad, lo que nos permite afirmar que estamos ante un pinar claramente centenario y posiblemente coetáneo al magnolio cultivado en el patio interior. El pino piñonero no es una especie tradicionalmente cultivada en Canarias, que ya cuenta de forma natural con soberbios pinares monopolizados por una especie endémica de las islas, el pino canario. Esta aclaración nos hace pensar que quizás el brigadier buscó reproducir en su feudo insular aquellas pinedas tan cotidianas en el paisaje peninsular bajo las que transcurrieron tantos años de su vida. Independientemente a su origen, la imagen actual de Santa Cristina, con su pinar tan característico, es sin duda alguna, una de las primeras intervenciones paisajísticas en el medio rural gran canario y es, en la actualidad, uno de los paisajes más notables de nuestro municipio.
Ortofoto de Santa Cristina. En blanco y negro el año 1962. En color el año 2009, 47 años después.
Arbolado y carreteras en Guía de Gran Canaria
Arbolado y carreteras en Guía de Gran Canaria
A comienzos de la década de los ochenta, una joven psicóloga guiense atendía a
un anciano en un centro hospitalario de
Las Palmas de Gran Canaria.
Al enterarse éste de su procedencia,
se dirigió a ella y le preguntó con cierta curiosidad:
- Dígame joven. ¿Aún existe
esa magnífica arboleda
a la salida de Guía?.
Con
este capítulo, dedicado al Lomo Guillén, se inicia una serie de pequeños
pero ilustrados trabajos sobre el arbolado y las carreteras en el
municipio de Guía de Gran Canaria. A raíz de la conquista
castellana de las Islas Canarias, y especialmente en Gran Canaria,
comenzó una intensa deforestación de los montes y arboledas espontáneas
que tuvo, entre sus principales consecuencias paisajísticas, la
desaparición del arbolado del escenario insular. Árbol que no frutea, a
la chimenea. Esta mentalidad netamente productivista y que aún pervive
en un segmento importante de la cultura insular grancanaria, consiguió
eliminar del paisaje todas aquellas especies arbóreas que carecían de
valor alimenticio o maderero, convirtiendo a la isla en un páramo
desolador desnutrido de sombras y bosques.
A comienzos de la década de los ochenta, una joven psicóloga guiense atendía a
un anciano en un centro hospitalario de
Las Palmas de Gran Canaria.
Al enterarse éste de su procedencia,
se dirigió a ella y le preguntó con cierta curiosidad:
- Dígame joven. ¿Aún existe
esa magnífica arboleda
a la salida de Guía?.
Con este capítulo dedicado al Lomo Guillén, se inicia una serie de pequeños pero ilustrados trabajos sobre el arbolado y las carreteras en el municipio de Guía de Gran Canaria.
A raíz de la conquista castellana de las Islas Canarias, y especialmente en Gran Canaria, comenzó una intensa deforestación de los montes y arboledas espontáneas que tuvo, entre sus principales consecuencias paisajísticas, la desaparición del arbolado del escenario insular. Árbol que no frutea, a la chimenea. Esta mentalidad netamente productivista y que aún pervive en un segmento importante de la cultura insular grancanaria, consiguió eliminar del paisaje todas aquellas especies arbóreas que carecían de valor alimenticio o maderero, convirtiendo a la isla en un páramo desolador desnutrido de sombras y bosques.
Sin embargo, durante el siglo XIX comienzan a alzarse voces que demandan el fomento del arbolado por los numerosos beneficios que aportan no sólo desde un punta de vista estético, sino ambiental y hasta económico. Es entonces, cuando comienzan a realizarse las primeras plantaciones de árboles no frutales ni forestales en la isla. No es aventurado afirmar que con la construcción de nuevas carreteras en la isla, volvieron los árboles al paisaje insular.
La primera normativa que con carácter general se promulgaría en España en materia de arbolado y caminos, fue en 1802, estando al frente de la Inspección General de Caminos y Canales, el canario Agustín de Betancourt. Se trata de las Ordenanzas que el Rey nuestro Señor manda se observen para la construcción de los nuevos Caminos y plantíos de árboles laterales a ellos.
Por Sergio Aguiar Castellano y Javier Estévez.El jardín más hermoso y desconocido de Guía. Por Javier Estévez
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El jardín más hermoso y desconocido
de Guía
Por Javier Estévez
Hace
unos días, rastreando en el Google Earth la trayectoria de un viejo camino de herradura que cruzaba una parte
significativa de las medianías guienses, me encontré sobrevolando una masa
arbórea inédita y significativa en extensión que me era totalmente desconocida.
Emplazada entre feroces terrenos de cultivo, sobrevivía una extensión de
árboles equivalente a dos fanegadas que, a tenor de los diferentes tonos de
verde que exhibían sus copas, encerraba una diversidad de especies cuanto menos
interesante. En ese momento, aún no sabía que había encontrado el jardín más hermoso y desconocido de Guía.
José
Agustín Álamo Molina, matemático de profesión y botánico de corazón, fue mi
compañero en esta expedición. Si bien él conocía el topónimo y el lugar con
anterioridad a la visita, no tenía constancia, al igual que yo, de la
existencia de ese rodal hacia el que nos dirigíamos con juvenil expectación la tarde del viernes pasado.
Tan
sólo unos minutos después de apearnos del jeep y caminar por un encharcado
camino de impronta netamente invernal, aparecía tras un recodo del mismo, la buscada
arboleda. Desde el primer golpe de vista sentimos conjuntamente que estábamos
ante un espacio singular por el formidable volumen de la floresta. Inmediatamente
hicimos el primer inventario desde la lejanía: tres araucarias
considerables, varios pinos piñoneros de
copa hermosamente aparasolada, unas encinas que nos sorprendieron por su
presencia y unos barbusanos que, debido la escasez de ejemplares de esta
especie en la isla y por la aparente altura que mostraron ante nuestra inspección,
fueron los primeros ejemplares en recibir nuestros elogios.
La Plaza Chica
La Plaza Chica

Segundo capítulo dedicado a los espacios arbolados históricos del municipio. A la Plaza Grande le sucede La PLaza Chica. Estamos ante una vertiente desconocida y novedosa de nuestra historia municipal, que no hará más que enriquecer y completar las investigaciones ya realizadas por otros investigadores profesionales y noveles.

Segundo
capítulo dedicado a los espacios arbolados históricos del municipio. A
la Plaza Grande le sucede La PLaza Chica. Estamos ante una vertiente
desconocida y novedosa de nuestra historia municipal, que no hará más
que enriquecer y completar las investigaciones ya realizadas por otros
investigadores profesionales y noveles.
Documentalmente hablando, la primera noticia que hemos localizado de esta plaza la encontramos en el año 1835, por medio de un expediente abierto por el Ayuntamiento contra el coronel del Regimiento de Milicias de Guía, Juan Gregorio Jaquez de Mesas, del que se deduce que la plaza fue agrandándose a base de un huerto o solar propiedad del coronel. Pues en la alegación de Jaquez de Mesas podemos leer:
“...que los materiales que cerraban los muros quedaron
en aquella parte descubiertos y a merced del que quisiera; pero
como además en la misma plaza y en los domingos hay una
especie de feria, los concurrentes por no estar de pie, o lo que
es más cierto, para llevar a cabo la empresa de socavar el sitio
de piedras proporcionadas, que colocándolas junto al mercado
se sentaban, pero concluida la feria, las dejaban allí sin
tornarlas a su sitio....Penetrado el Sr. Coronel Jaquez de que
todo el empeño de aquellos nagüetes era reducido a que el sitio
quedase arrasado sirviendo para aumentar la Plaza...se ha
visto que el Ayuntamiento y sus concejales del pueblo de Guía
se han apoderado del referido sitio y por medio de peones han
arrojado los materiales que habían en el barranco extrayendo
los terrumes que también se conservaban allí, le han
terraplenado y ensanchando la plaza como si no tuviera dueño
conocido...”.
Podemos deducir de este contencioso que el coronel Jaquez era propietario de la casa y del huerto que había junto a la misma, y que no es otra que la que ocupó durante muchos años el Ayuntamiento de Guía y el Colegio Santa María, así como diversos negocios, entre otros el de la familia Álamo Hernández.
De la plaza de abajo a la Plaza Grande
De la Plaza de Abajo a la Plaza Grande

Con este capítulo se inicia un estudio
pormenorizado de los espacios arbolados históricos del municipio. Le sucederán
espacios tan emblemáticos como La PLaza Chica, La Plaza de San Roque, el lomo
Guillén, el Jardín de La Marquesa, la pineda y el magnolio de Santa Cristina y
ejemplares tan emblemáticos como las palmeras centenarias del casco de Guía, las
desaparecidas araucarias y otros ejemplares significativos y singulares de
nuestra historia.

Con este capítulo se inicia un estudio
pormenorizado de los espacios arbolados históricos del municipio. Le sucederán
espacios tan emblemáticos como La PLaza Chica, La Plaza de San Roque, el lomo
Guillén, el Jardín de La Marquesa, la pineda y el magnolio de Santa Cristina y
ejemplares tan emblemáticos como las palmeras centenarias del casco de Guía, las
desaparecidas araucarias y otros ejemplares significativos y singulares de
nuestra historia. Estamos ante una vertiente desconocida y novedosa de nuestra
historia municipal, que no hará más que enriquecer y completar las
investigaciones ya realizadas por otros investigadores profesionales y
noveles.
No es de perogrullo afirmar que estamos ante el espacio urbanístico del municipio que más denominaciones ha tenido a lo largo de su historia.
A finales del siglo XVI es conocida con el nombre de Plaza de Abajo, frente a la Plaza de Arriba, que no es otra que la actual plaza de San Roque.
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