Cultura mínima. Erasmo Quintana
CULTURA MÍNIMA
“Cultura mínima” es un concepto acuñado por Miguel
Santiago en una conferencia que impartió en el Centro Obrero de Guía en 1930,
como respuesta apresurada y voluntarista a una España profundamente analfabeta.

Erasmo Quintana
“Cultura mínima” es un concepto acuñado por Miguel
Santiago en una conferencia que impartió en el Centro Obrero de Guía en 1930,
como respuesta apresurada y voluntarista a una España profundamente analfabeta.
Ello nos lo ha recordado con acento emotivo su hija Elena Mª Santiago Páez en
su conferencia -que tuvo lugar hace poco en la Casa de la Cultura de Guía-, la cual ilustró con bellas
fotos de su álbum familiar. Junto a ella, arropándola, estuvo Teodoro Cardoso
León, discípulo y gran admirador de la obra del maestro, así como de Gabriel
Cardona Wood, impelido de igual consideración. Éste es autor de una interesante
y cuidada biografía que se adentra en la saga de algunos ilustres apellidos
canarios: “El alma heroica de Sofía
Inglott y Navarro. Evocaciones”
Miguel
Santiago Rodríguez es uno de los personajes más eximios que ha parido Guía de
Gran Canaria, pues de estrato social de lo más humilde, gracias a su talento
portentoso –fue el primer becado que tuvo el Cabildo para hacer estudios superiores
en la península; y sus profesores: Millares Carlo, Dámaso Alonso, Menéndez
Pidal-, alcanzó las cotas más altas de la cultura. A su trabajo arduo y
desinteresado se debe una importante obra investigadora; y, haciendo verdad la
sentencia latina “Unos merecen la fama y otros la gozan”, algún investigador de
campanillas hubo que se atribuyó como propios descubrimientos que se debieron a
la sapiencia y el tesón de nuestro paisano. Y ahí lo dejamos. Sin embargo, tan
importante y pródiga fue su cosecha, que a él nunca le preocupó el tema más
allá de la anécdota. Entendió por “cultura mínima” un medio de nivelación
social y enaltecimiento personal, que lleva al ser humano a un grado de los
problemas individuales y sociales con una visión propia e independencia de
opinión, sin estar sujeta al pensamiento y criterio de un prójimo que, por más
arrojado, sugestione a quien lo escuche. Para Miguel Santiago era muy importante
que una “cultura mínima” pueda conseguirse con método y perseverancia,
dedicando a ello el tiempo que se pierde en banalidades. Y como hombre de
bibliotecas, aconsejó la lectura de buenos libros, “lectura no aburrida sino
vivida, palpitante y compartida con los demás”. Esto él lo consideraba fundamental.
Erasmo Quintana
Publicado en LA PROVINCIA del 28 de noviembre de 2007.
"Hojas en la orilla", de Francisco R. Viu
"Hojas en la orilla", último libro de Francisco Ramírez Viu
El pasado 19 de noviembre de 2007 tuvo lugar en la Sala Ámbito Cultural, de El Corte Inglés (Las
Palmas de Gran Canaria), la presentación de la novela Hojas en la orilla, del escritor guiense
Francisco Ramírez Viu. “Hojas en la orilla” (Anroart Ediciones, noviembre, 2007) es una novela tan sugerente como comprometida. Se lee con la misma fluidez del río que aparece en el camino del personaje central de la obra y que separa las dos orillas que conforman la estructura conceptual de la novela.
"Hojas en la orilla", último libro de Francisco Ramírez Viu
El pasado 19 de noviembre de 2007 tuvo lugar en la Sala Ámbito Cultural, de El Corte Inglés (Las
Palmas de Gran Canaria), la presentación de la novela Hojas en la orilla, del escritor guiense
Francisco Ramírez Viu.
“Hojas en la orilla” (Anroart Ediciones, noviembre, 2007)
es una novela tan sugerente como comprometida. Se lee con la misma fluidez del
río que aparece en el camino del personaje central de la obra y que separa las
dos orillas que conforman la estructura conceptual de la novela. En sus páginas
advertimos un temblor semejante al de las hojas de las hayas, de los álamos o
de los fresnos, llenos de mitología, de leyenda y sabiduría. Y en algún punto,
en algún extraño lugar entre los sueños y la realidad, está la ciudad:
representada por un enorme complejo clínico, descrito con extraordinaria
brillantez. La nueva novela de Ramírez Viu es un diálogo absolutamente personal
con la conciencia de cada lector, sin intermediarios, en un entorno sin
referentes temporales, ni geográficos; tan sólo un sentimiento de búsqueda y la
siempre acogedora cercanía de los árboles.

Anroart Ediciones
Noviembre, 2007
Esperanza en el cambio. Javier Estévez
Esperanza en el cambio
Esperanza en el cambio (reflexión)
Si supiera que el mundo se ha de acabar mañana,
yo hoy aún plantaría un árbol.
Martin Luther King
Mientras los científicos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático debatían el pasado fin de
semana en Valencia las conclusiones del documento final que expondría su
diagnóstico y pronóstico del clima, un joven, ansioso ante tanta destrucción e
indiferencia, gritaba a través de un graffiti una duda que le angustiaba
terriblemente: ¿Hay vida antes de la muerte?
El
informe de los expertos no deja resquicio ni instante para el debate pues el
tiempo se agota: o empezamos a reducir las emisiones de gases que provocan el
ilustre efecto invernadero o nuestra injerencia sobre la dinámica natural del
clima tendrá unas repercusiones pavorosas e irreversibles.
Hace
unos días un amigo me comentaba con la mano en el corazón que iniciativas como
el insuficiente Protocolo de Kyoto le sonaban a galaxia lejana. De igual modo,
me afirmaba que él no se sentía culpable de todo este desaguisado, y señalaba
exclusivamente a los grandes lobbies empresariales y a los irresponsables
estamentos políticos, subordinados y subyugados siempre por el avaricioso
apetito del capital. ¿Para qué cambiar nuestros pequeños hábitos de consumo si
quienes realmente ostentan el poder no piensan cambiar, pues siguen
comportándose exactamente igual?
El
filósofo José Antonio Marina, en su magnífico ensayo “Anatomía del miedo” apunta cuatro posibles respuestas del ser
humano ante el miedo: la huida, la lucha, la inmovilidad y la sumisión. Y es
posible que ante el reto de frenar el cambio climático, el ser humano, como
individuo, se minusvalore. Cada uno de nosotros tiene en sus manos más poder
del que se imagina. Nuestro planeta necesita que recuperemos nuestra fe como individuos
que deciden libremente. El poder de decisión es un poder ilimitado. Yo compro
lo que quiero, dónde sólo yo deseo; sólo yo decido cómo voy a trabajar, a quién
votaré, cómo será mi casa. Y como yo, todos y cada uno de nosotros. Si entre
todos exigimos otras actitudes, otros productos, otra realidad, gobiernos y
multinacionales se plegarán a nuestros deseos.
El
problema del agujero de la capa de ozono, desde que se suspendió la producción
de gases clorofluorocarbonatados (CFC), desapareció, y el pasado lunes pude
leer por fin una buena noticia sobre el sida: la ONU ha revisado sus datos y ha
descubierto que la expansión de la epidemia se está frenando. Como ven,
aún hay margen para la esperanza, para la confianza y el optimismo.
Cada
hogar nuestro es capaz de producir hasta cinco toneladas de CO2 al año. Sin embargo, hay un dato fundamental
para frenar el cambio climático: por término medio, un solo árbol absorbe una
tonelada de dióxido de carbono a lo largo de su vida. Para una existencia
equilibrada y responsable, cada uno de nosotros debería plantar, al menos, 125
árboles durante su vida.
En
Andalucía, un pequeño pueblo, el de Alcaraz, ha comprometido a su ayuntamiento
a plantar un árbol por cada vecino. Si en Guía arrancáramos nosotros un compromiso
similar, estaríamos hablando de más de 14.000 árboles en nuestro municipio. No
es más que un nuevo sentido común que apuesta por un cambio necesario.
Noviembre de 2007
La memoria sepia. Por Santiago Gil

LA MEMORIA SEPIA
Por Santiago Gil
noticias caducas. Bajaba a un cuarto trastero que estaba en la casa de
mi abuela y abría cajas antiguas de madera llenas de recortes
amarillentos que hablaban de sucesos lejanos y de protagonistas que
casi siempre estaban muertos o formaban parte de recuerdos ignotos.
Música de Papagüevos II

Santiago GilYo me crié entre recortes sepias de periódicos y noticias caducas. Bajaba a un cuarto trastero que estaba en la casa de mi abuela y abría cajas antiguas de madera llenas de recortes amarillentos que hablaban de sucesos lejanos y de protagonistas que casi siempre estaban muertos o formaban parte de recuerdos ignotos. Mi abuelo Zenobio García Bautista fue durante muchos años corresponsal de muchos periódicos de la capital en la zona Norte, y también estuvo detrás de los que sacaron adelante La Voz del Norte. Pero no sólo iba guardando las crónicas que él publicaba en prensa: la caja de mis sueños infantiles contenía toda clase de noticias relacionadas con Guía, desde sucesos sanguinarios a gestas deportivas. Mientras en la calle vivía una realidad más o menos tangible y cotidiana, en aquel cuarto yo me adentraba en el mismo pueblo pero de una manera más literaria que real, como si lo estuviera soñando en cada una de las palabras que iba leyendo, aun cuando a veces no me enterara de la misa la media. Preguntaba a mi abuela y a mis tíos Fernando o Paco detalles de aquellas crónicas, y entre eso y la imaginación que yo le ponía fui conformando un universo guiense que al día de hoy me parece más literario e imaginado que verdadero. Tengo la misma sensación que cuando leí Cien años de soledad, la de algo que es y no es, que yo he creído haber visto, pero que no he podido ver porque llegué tarde y cuando las cosas ya habían cambiado, o directamente porque nunca tuvo relación lo que llevaba al magín con lo que leía o se suponía que contaban aquellas crónicas. Por eso a veces siento como si me hubiera criado en una especie de entelequia llamada Guía de Gran Canaria y no entre las calles que todavía sigo reconociendo cuando regreso. Yo me entiendo, y espero que ustedes también. También le debo a esas incursiones mis dos grandes vocaciones: el periodismo y la literatura. De alguna manera estaba predestinado a ser lo que soy. En aquella caja antigua llena de papeles desgastados había encontrado escrito mi propio destino.
Con el tiempo buena parte de aquellas noticias fueron expoliadas por algunos que se aprovecharon de la buena fe de mi abuela. Le pedían permiso para consultar datos, o simplemente para curiosear un poco por el pasado del pueblo, y se llevaban recortes relacionados con sus familias o sucesos que no querían que quedaran guardados para siempre en el papel. Del archivo que existe ahora mismo desapareció gran parte de lo que yo recuerdo haber leído de niño. Lo único que no tocaron fueron las crónicas deportivas, las esquelas y unas cuantas noticias más o menos asépticas o insustanciales. Pero supongo que eso será parte del destino del papel. Como nosotros, también está condenado al olvido más tarde o más temprano.
Creo que fue por esos mismos años cuando comencé a escribir mi primera novela. No recuerdo el título ni tampoco cuántas páginas llegó a tener. Supongo que no pasaría de diez o doce hojas de bloc de cuadros o de dos rayas. La escribí a cuatro manos con Carlos Aguiar. No sé cómo nos dio por meternos a escritores. Sí creo que iba de fútbol, de los sueños futboleros de un niño tan soñador como éramos nosotros entonces. Escribir formaba parte de un juego, y se conoce que más o menos tuvo que ser divertido porque con los años recaí varias veces en él, y de hecho ahora mismo no entendería mi vida sin contar con la alianza de palabras o de libros que me salven de la chabacanería, la mediocridad y de lo absurdo de nuestra poca existencia.
No mienten quienes dicen que la vida se va a en un abrir y cerrar de ojos. Creo que cada uno de nosotros tiene sobrados ejemplos de la verdad que encierra ese adagio. Y también es cierto que en medio de esa voracidad del tiempo y del caos más o menos cotidiano cada cual se defiende como buenamente puede. Yo lo hago tirando de las palabras. Ya no es tanto un juego como una necesidad imperiosa para asirme al mundo y para no perder las referencias del pasado. Digamos que es una forma de alargar nuestra propia existencia. Cada tarde que nos sentamos a recordar o a contar a otros nuestros recuerdos nos estamos regalando una moviola que nos ensancha y nos vuelve un poco menos temporales. Sólo así se entiende esta perseverancia literaria. Incluso las noticias que hoy leemos por encima en los periódicos las convertirán en sueños quienes nos sobrevivan. Si no escribimos, nuestra existencia no será más que una cita cronológica de hechos aburridos que se acabará muriendo indefectiblemente con nosotros. Sólo poniéndole ánima y palabra salvamos a nuestro tiempo del olvido.
Noviembre de 2007.
Diseño gráfico de José Miguel Valdivia.
De la plaza de abajo a la Plaza Grande
De la Plaza de Abajo a la Plaza Grande

Con este capítulo se inicia un estudio
pormenorizado de los espacios arbolados históricos del municipio. Le sucederán
espacios tan emblemáticos como La PLaza Chica, La Plaza de San Roque, el lomo
Guillén, el Jardín de La Marquesa, la pineda y el magnolio de Santa Cristina y
ejemplares tan emblemáticos como las palmeras centenarias del casco de Guía, las
desaparecidas araucarias y otros ejemplares significativos y singulares de
nuestra historia.

Con este capítulo se inicia un estudio
pormenorizado de los espacios arbolados históricos del municipio. Le sucederán
espacios tan emblemáticos como La PLaza Chica, La Plaza de San Roque, el lomo
Guillén, el Jardín de La Marquesa, la pineda y el magnolio de Santa Cristina y
ejemplares tan emblemáticos como las palmeras centenarias del casco de Guía, las
desaparecidas araucarias y otros ejemplares significativos y singulares de
nuestra historia. Estamos ante una vertiente desconocida y novedosa de nuestra
historia municipal, que no hará más que enriquecer y completar las
investigaciones ya realizadas por otros investigadores profesionales y
noveles.
No es de perogrullo afirmar que estamos ante el espacio urbanístico del municipio que más denominaciones ha tenido a lo largo de su historia.
A finales del siglo XVI es conocida con el nombre de Plaza de Abajo, frente a la Plaza de Arriba, que no es otra que la actual plaza de San Roque.
ACCEDER AL TEXTO ÍNTEGRO DE ESTE CAPÍTULO
Perder la cabeza. Erasmo Quintana
PERDER LA CABEZA

Erasmo Quintana
nuestra sociedad son las víctimas, ¿es un fenómeno propio de nuestros
días? ¿Tendrá algo que ver la proliferación de los teléfonos móviles,
hoy al alcance también de los niños, o ese monstruo de siete cabezas
que es Internet, pues se mete en los hogares y está al alcance de todos?

Erasmo Quintana
Estos recientes y horrendos casos en que los más indefensos de nuestra sociedad son las víctimas, ¿es un fenómeno propio de nuestros días? ¿Tendrá algo que ver la proliferación de los teléfonos móviles, hoy al alcance también de los niños, o ese monstruo de siete cabezas que es Internet, pues se mete en los hogares y está al alcance de todos? La pederastia -relaciones homosexuales de hombres con niños-, ¿es algo que siempre ha estado ahí, bajo la sutil superficie de una retorcida mente humana, pronto a manifestarse en cuanto alguien puede perder la cabeza? Como el asesinato de las mujeres por sus “queridos” maltratadores, el abuso a los menores se está convirtiendo en una terrible plaga y en una moda lamentable. No hay día en que no nos informen de un nuevo caso de pedofilia; ahora mismo en que les estoy hablando de este tema, el televisor que se encuentra a mi espalda me da la noticia de un nuevo desalmado, esta vez de Ciudad Real, que tenía por costumbre llenar de niños su casa, con los que supuestamente daba rienda suelta a su enfermiza lascivia, y los comentarios de los críos afirmando que tenía por costumbre ponerles “películas guarras”; el pollo está en prisión, pendiente de ser juzgado. La pasada semana este mismo periódico daba cuenta de dos lamentables sucesos de este jaez bochornoso, ya sancionados por la justicia. A unos parecerá poca la pena que se impone y a otros la adecuada, porque de lo que se trata –piensan- es de hacerles ver que lo hecho es punible y que la sociedad, sentándolos en el banquillo, lo que pretende es mentalizarlos para que jamás vuelvan a su acción transgresora de la libertad de los demás, siendo ésta mucho más grave al tratarse de menores. Es necesario sin embargo perdonar la debilidad humana, ese instante funesto en que personas que nos parecen de lo más serias y respetuosas, pierden la cabeza, y es por lo que, en la línea de Concepción Arenal, repetimos con ella lo de “Odia el delito y compadece al delincuente”. Desde un punto de vista más humano si se quiere, traer aquí lo que ya hemos dicho en otra parte, y es: los posibles errores que hayamos podido cometer en nuestra vida son lo que nos hace ser comprensivos con los errores de los demás.
Erasmo Quintana
La Orfebrería en Guía

Por ALEJANDRO C. MORENO y MARRERO.
1955 el Prof. D. Jesús Hernández Perera -por indicación expresa de D.
Elías Serra Ráfols- publicaba en Madrid la primera edición de su magna
obra dedicada a la Orfebrería de Canarias, un aspecto del arte local
casi inédito hasta entonces.
Por ALEJANDRO C. MORENO y MARRERO.
En 1955 el Prof. D. Jesús Hernández Perera -por indicación expresa de D. Elías Serra Ráfols- publicaba en Madrid la primera edición de su magna obra dedicada a la Orfebrería de Canarias, un aspecto del arte local casi inédito hasta entonces. En este trabajo, su autor analiza exhaustivamente gran parte de las piezas de plata conservadas en las islas así como también todo aquello relacionado con el gremio de los plateros, sus obras y punzones (1); sin embargo, son verdaderamente escasas las referencias acerca del gremio plateril que desde muy antiguo se estableció en la ciudad de Guía de Gran Canaria.
Las primeras noticias que tenemos sobre el oficio de la orfebrería desarrollado en el municipio de Santa María de Guía nos las da el Prof. D. Antonio Cruz y Saavedra (2), quien cuando se encontraba investigando en los Archivos Parroquiales de la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción de Agaete se percató de que muchas de las piezas de orfebrería de aquella Iglesia habían sido fabricadas en la Villa de Guía. Así, Cruz y Saavedra nos habla de un oficial de platero guiense de nombre Juan Felipe que realizó un cáliz de plata fechado en el año 1730. De un Francisco María García, que hizo ciertos trabajos de orfebrería para la parroquia agaetense entre 1880 y 1887. Y, por último, de un Juan Martín Batista que lo hizo en repetidas ocasiones hasta, aproximadamente, 1914.
En la Memoria de la Fiesta de las Flores (3) celebrada en Las Palmas de Gran Canaria en 1892, cuando se hacía alusión al municipio de Guía, puede leerse textualmente “debemos aquí mencionar, como obra curiosísima y de indiscutible mérito, una copa de plata levantada a martillo en un duro mexicano por D. Juan Martín. Revela dicha copa, gusto, arte y concienzudo trabajo”.
Pero, por otro lado, la línea inicial trazada en nuestra investigación nos llevó a visitar varios Archivos Documentales de Santa María de Guía, donde logramos acceder a una serie de datos de interés que -si se nos permite la expresión- complementan a los ya aportados por mi querido y admirado maestro el Prof. D. Antonio Cruz y Saavedra y que, como tales, intentaremos exponer a continuación. Se trata de un listado bastante amplio de nombres vecinos todos de este municipio que en diversos documentos de la época figuran dedicados profesionalmente al trabajo orfebreril (4).
Entre ellos se encuentran José Batista González (platero nacido en Santa María de Guía en 1845, domiciliado en la c/ Del Agua nº 48), los hermanos Francisco y Ramón Ossorio del Rosario (plateros nacidos en Santa María de Guía en 1849 y 1862, respectivamente, domiciliados en la c/ Carnicería nº 8), Justiniano de Sosa Suárez (platero nacido en Santa María de Guía en 1862, domiciliado en la c/ La Cruz nº 47), Francisco María García Santana (platero nacido en Santa María de Guía en 1856, domiciliado en la c/ La Cruz nº 19), José Martín Armas (platero nacido en Agaete en 1832, domiciliado en la c/ Enmedio nº 20), José Martín Bautista (5) (platero, hijo del anterior, nacido en Santa María de Guía en 1862, domiciliado en la c/ Enmedio nº 20), Manuel Rodríguez Roque (platero nacido en Gáldar en 1842, domiciliado en la c/ El Hospicio nº 26), Manuel Martín Batista (platero nacido en Santa María de Guía en 1865, domiciliado en la c/ En medio nº 13), Heriberto Pérez Suárez (platero nacido en Santa María de Guía en 1859, domiciliado en la c/ Las Herreras nº 30), Juan Martín Batista (platero nacido Santa María de Guía en 1842, domiciliado en la c/ El Hospicio nº 5), Severino Rodríguez Alemán (6) (platero compositor, no consta edad ni dirección), Diómedes Padrón Roque (platero nacido en Santa María de Guía en 1863, domiciliado en La Atalaya, no consta dirección), Pedro González y González (platero nacido en Santa María de Guía en 1869, domiciliado en la c/ Del Agua nº 25), Manuel Suárez Ossorio (platero nacido en Santa María de Guía en 1911, domiciliado en la c/ Las Herreras nº 41) y, finalmente, Francisco García Bautista (platero nacido en Santa María de Guía en 1899, domiciliado en la c/ Marqués del Muni nº 21). Dicho lo cual, poco más habría que añadir, pues parece suficientemente clara la importancia adquirida tiempo atrás por la Escuela de Orfebrería de esta ciudad Guía de Gran Canaria (7).
En fin, como se habrá podido comprobar, entre mediados y finales del s.XIX coincidieron trabajando en el municipio de Guía alrededor de una veintena de oficiales de platería. De este modo, todo apunta a que el periodo de mayor esplendor de la orfebrería guiense tuvo mucho que ver con la nobleza y aristocracia asentada en esta antes villa y ahora ciudad, una sociedad que se encontraba entonces en su época de máximo apogeo (8).
NOTAS BIBLIO-DOCUMENTALES:
1. HERNÁNDEZ PERERA, Jesús: “La Orfebrería de Canarias”. C.S.I.C. Madrid, 1955.
2. CRUZ y SAAVEDRA, Antonio: “Homenaje al Prof. Hernández Perera”. Universidad Complutense de Madrid / Dirección General de Patrimonio Histórico del Gobierno de Canarias. Madrid, 1992.
3. MORALES y MARTÍNEZ DE ESCOBAR: Prudencio: “Memoria de la Fiesta de las Flores”. Tipología Atlántica. Gran Canaria, 1892.
4. ARCHIVO MUNICIPAL DE GUÍA DE GRAN CANARIA: Padrón de Habitantes del Municipio de Guía de Gran Canaria de 1881 y 1930. Matrícula General de la Contribución Industrial y de Comercio correspondiente al Año Económico de 1881-1882, 1915, 1918, 1921-1922, 1923-1924 y 1929 del Municipio de Guía de Gran Canaria. Censo Electoral del Municipio de Guía de Gran Canaria del 1894 y 1897. REGISTRO CIVIL DE LOS JUZGADOS DE GUÍA DE GRAN CANARIA. ARCHIVO PARROQUIAL DE LA IGLESIA DE SANTA MARÍA DE GUÍA.
5. El platero José Martín Bautista, nada tiene que ver con los hermanos Manuel y Juan Martín Batista, orfebres de gran renombre.
6. ANUARIO INDUSTRIAL Y ARTÍSTICO DE ESPAÑA. Tomo primero: Arte, Industria, Comercio y Profesiones. 1931.
7. He considerado oportuno denominar Escuela de Orfebrería de Guía de Gran Canaria al conjunto de plateros que, de alguna manera u otra, desarrollaron su oficio en dicha localidad.
8. GONZÁLEZ SOSA, Pedro: “Guía de Gran Canaria, primero villa y después ciudad (y otras noticias históricas)”. Cabildo de Gran Canaria / Ayto. de Guía de Gran Canaria. Madrid, 1997.
Maroto
José Maroto
Por Juan Pedro Borrego
Se retira uno de los nombres que han marcado una época en las piscinas,
tras desarrollar gran parte de su carrera entre el CN GUÍA y el CN
CIUDAD ALTA. Con su aspecto rudo, Maroto siempre infundía respeto a quienes no le conocieron. Su carácter penetrante se
reflejaba en una de sus más peculiares características, su silbido. Él
lo recuerda con agrado. Era su estilo de animar y mantener la
motivación de sus nadadores, fuera cual fuera la competición en la que
estuviera.
Por Juan Pedro BorregoSe retira uno de los nombres que han marcado una época en las piscinas, tras desarrollar gran parte de su carrera entre el CN GUÍA y el CN CIUDAD ALTA.
Con su aspecto rudo, Maroto siempre infundía respeto a quienes no le conocieron. Su carácter penetrante
se reflejaba en una de sus más peculiares características, su silbido. Él lo recuerda con agrado. Era su estilo de animar y mantener la motivación de sus nadadores, fuera cual fuera la competición en la que estuviera. "Jajajaja. Muchas experiencias hay con eso. Recuerdo una anécdota en Tenerife, en la que un juez quería descalificar a mis nadadores porque decía que les dirigía la carrera. Nada más absurdo. No sé qué le dije, pero sé que fue una burrada. Pero bueno (en eso le tiembla la barbilla), la semana pasada, un nadador mío, Yohias Santana, se puso una camiseta que decía “Gracias por todo, Maroto. Sílbame”. Y eso hice”. Fue su último silbido.Perico "El Barbero". Por Clemente Reyes
Nuestros mayores nos dejan y queda en nosotros el sinsabor de la pérdida. Pero también queda la responsabilidad de honrarles con un merecido homenaje, responsabilidad que atendemos con voluntad y disposición a través de esta Revista. En esta ocasión, rendimos homenaje al recientemente desaparecido Pedro Mendoza a través de esta breve semblanza a cargo de Clemente Reyes Santana.| PEDRO MENDOZA ARMAS, PERICO |
|
Por Clemente Reyes Santana Aunque le había visto tocar desde siempre en Fueron muchos los ratos que pasamos juntos, su compañía era cálida y acogedora y, siempre que podía, me sentaba a conversar con él y con sus inseparables compañeros José González, Maestro Pino y Paquito Hernández, quienes no le dejaban ni a sol ni a sombra. NOTA: PUBLICADO EN INFONORTEDIGITAL.COM |









VER REPORTAJE COMPLETO PUBLICADO EN "LA PROVINCIA"




