1975
poema de Javier Estévez.
Es curioso:
mi generación no quiere guerras
pero está huérfana de revoluciones.
Hoy nadie quiere ser poeta,
o mejor, el poeta,
en singular.
Sin embargo,
todos soñamos con que un poema,
un verso arrebatado de cualquier libro de Neruda
o de Benedetti,
se nos cuele por debajo de la camisa
y nos haga estremecer
como si fuésemos para siempre
un árbol desnudo de hojas,
que deja correr al viento,
que le permite que suba y baje por sus ramas
mientras canta,
mientras gime,
mientras se mece
y cruje
bajo la tarde inacabable.
Mi generación aún no sabe
que los ángeles sólo mueren en invierno
o que dios es una hermosa pregunta
que encierra demasiados silencios.
Es cierto.
No sabemos enfrentarnos a palabras como
Existencia,
Sucede
o Naufragio.
Aún así,
tiene su mérito
ser capaz de sobrevivir,
en esta habitación que es el mundo,
sin ponerle flores a los muertos,
entre la soledad de las metáforas
y la deriva de los cuadernos.
Porque nosotros nacimos cuando moría el invierno.
RIPIOS PARA UN BURRO ILUSTRADO
RIPIOS PARA UN BURRO ILUSTRADO
Como te atreves, imberbe,
a investirte de poeta
si eres un niño de teta
que está empezando a vivir,
Como te atreves, imberbe,
a investirte de poeta
si eres un niño de teta
que está empezando a vivir,
y para hacer poesía
hay que tocar el dolor,
hay que libar del amor,
hay que rozar el morir.
No hay nada más baladí
que tus “tratados” y “ensayos”
¿sueñas con ser un caballo,
siendo un BURRO sin pulir?
Tu mediocre inspiración,
me da más pena que risa,
no puedo con tu estulticia,
me aburre tu estupidez,
tu nadería, tu memez,
me llevan al desespero,
¡jumento, carga tu apero!
¿de dónde tanta altivez?
Francisco Padrón.
