Luz verde de la Cotmac a la Universidad Fernando Pessoa en Guía

Luz verde de la Cotmac a la Universidad Fernando Pessoa en Guía


La Comisión de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente de Canarias
(Cotmac) informó favorablemente la revisión parcial del Plan General de
Ordenación de Guía, en el Suelo Urbano Consolidado 1.7 así como el
Informe de Sostenibilidad Ambiental del citado documento.

Luz verde de la Cotmac a la Universidad Fernando Pessoa en Guía


La Comisión de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente de Canarias (Cotmac) informó favorablemente la revisión parcial del Plan General de Ordenación de Guía, en el Suelo Urbano Consolidado 1.7 así como el Informe de Sostenibilidad Ambiental del citado documento. Según indicó el alcalde de esta Ciudad, Pedro Rodríguez, con esta aprobación el  Ayuntamiento da un paso más para cumplir los compromisos de adaptar la normativa urbanística y en el avance de los trámites que puedan permitir la implantación de la Universidad Fernando Pessoa en Santa María de Guía.

Ha  concluido el trámite de información pública por lo que tras este acuerdo de la Cotmac, en cumplimiento del Artículo 11 del Texto Refundido de las Leyes de Ordenación del Territorio y de Espacios Naturales de Canarias,  se procederá ahora por la Oficina Técnica Municipal a la redacción de la propuesta de memoria ambiental que se corresponde con la siguiente fase de este proyecto.

Según indicó el primer edil guiense, ahora que la ordenación del ámbito cuenta con la conformidad de la Consejería de Infraestructura y Política Territorial del Ejecutivo autónomo, se hace necesario seguir avanzando con la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias  para lograr la implantación de este centro de estudios en Santa María de Guía.

El alcalde de Guía, Pedro Rodríguez, y el Rector de la Universidad Fernando Pessoa, Salvato Vila Verde Pires Trigo, firmaron en noviembre de 2010 un convenio de colaboración, en el transcurso de un acto que se celebró en la Casa de la Cultura, y en el que se contó con la asistencia del ex alcalde del municipio y actual consejero de Sanidad del Gobierno Canario, Fernando Bañolas, y el delegado de la Universidad Lusa en Canarias, Antonio Rodríguez.

El convenio tiene por objeto la ejecución de una sede universitaria en el municipio, que totaliza una superficie construida de aproximadamente 13.000m2 construidos en tipología de edificación aislada dotacional. La ubicación de la misma se realizará en suelo de uso y dominio público calificado como Sistema General en Suelo Urbano Consolidado, cuyo uso global en estos momentos es el deportivo, en el Plan General de Ordenación. Del total de la superficie del ámbito se destinarán al uso educativo un total de 19.780 m2.

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Memoria de Manuel González Sosa. Por Miguel Martinón

Memoria de Manuel González Sosa


Miguel Martinón

 


Memoria de Manuel González Sosa: mi primer recuerdo y el último. Lo
conocí en los primeros años de la década de 1980. Ya en nuestro primer
encuentro tuve pruebas de su desprendimiento, esa virtud que Juan
Marichal señala como característica del intelectual. Iniciaba yo
entonces un estudio sobre los poetas canarios del mediosiglo, y me fue
de un valor inestimable la generosa ayuda que González Sosa me prestó.
Memoria de Manuel González Sosa


Miguel Martinón

Memoria de Manuel González Sosa: mi primer recuerdo y el último. Lo conocí en los primeros años de la década de 1980. Ya en nuestro primer encuentro tuve pruebas de su desprendimiento, esa virtud que Juan Marichal señala como característica del intelectual. Iniciaba yo entonces un estudio sobre los poetas canarios del mediosiglo, y me fue de un valor inestimable la generosa ayuda que González Sosa me prestó. «Ser generoso: Dedicar un día a nuestra obra y una semana a la de los demás, que no es obra ajena», proponía Ángel Crespo en memorable aforismo, que fácilmente podía haber sido suscrito por González Sosa. La última vez que hablé con él fue este mismo verano de 2011, en su vivienda del Puerto de la Luz. Mantenía su incansable dedicación a diversas tareas literarias. Cuando a finales de septiembre acudí a la clínica en que había sido internado, ya no pude comunicarme con él. Pocas semanas después, el día 25 de octubre se apagó definitivamente su vida, cuando faltaba poco para que cumpliera los noventa años. En estos casi treinta que ha durado nuestra amistad, he podido disfrutar de la amabilidad de su trato, del brillo de su inteligencia, de su vitalidad y buen humor, de sus muchos conocimientos y del ejemplo vivo de su figura intelectual. En 1998 algunos de sus amigos publicamos el volumen colectivo titulado Presencia de Manuel González Sosa, que recogía estudios sobre su obra literaria y diversos testimonios de estima y respeto a su persona. Coincidían estos testimonios en destacar su cordialidad, su integridad moral y su coherencia ideológica, y sobre todo su generosidad sin límites.

Memoria de Manuel González Sosa: su memoria histórica. Su reconocida generosidad se materializó en la atención a la obra de otros escritores, ya fueran anteriores, coetáneos o más jóvenes. Esa atención significaba una aguda conciencia de la tradición cultural de Canarias, tradición que veía enmarcada en el mundo hispánico. Su amor a la obra de Domingo Rivero, Tomás Morales, Alonso Quesada y Saulo Torón se concretó en estudios y trabajos editoriales que expresaban un esfuerzo colectivo contra el olvido. En Lancelot, 28º-7º había dicho Agustín Espinosa que «una tierra sin tradición fuerte, sin atmósfera poética, sufre la amenaza de un difumino total». La actividad literaria de González Sosa estaba animada por la necesidad de reforzar y continuar una tradición compartida, para evitar, así, el desvanecimiento de la comunidad insular en los mares uniformadores de la historia contemporánea. Escribió un poema dedicado a Pedro García Cabrera, que expresaba la admiración al poeta y la comprensión de las penosas circunstancias que este había padecido bajo el franquismo. Tuvo relación personal frecuente con Pedro Perdomo Acedo, cuando este dirigió Diario de Las Palmas, lo que le permitió en 1963 crear dentro de ese periódico la legendaria página Cartel de las Letras y las Artes, la más clara concreción de aquella necesaria memoria del pasado.

Memoria de Manuel González Sosa: su conciencia de la continuidad histórica. La dedicación de González Sosa al conocimiento, estudio y difusión de las letras insulares fue permanente. En los duros decenios de la posguerra sintió la urgencia de rescatar y dar densidad a la poesía canaria moderna. Pero también llevó a cabo iniciativas que estimularan la creación de los más jóvenes. Así, en los años 1958 a 1960 editó los seis «Pliegos graciosos de poesía» San Borondón. Además de poemas del propio editor, aparecieron en estos «pliegos» sendas muestras antológicas de los jóvenes Felipe Baeza, Arturo Maccanti, Fernando García-Ramos y Manuel Padorno. En 1962 fundó (en colaboración con Arturo Maccanti y Antonio García Ysábal) la colección poética «La fuente que mana y corre», en la que se editaron Los caminos perdidos, de Pino Betancor; El corazón en el tiempo, de Arturo Maccanti; y El funeral, de Luis Feria. Estos espacios editoriales contribuyeron, sin duda, a definir una promoción de poetas insulares que, según palabras de González Sosa, «siguió a la que de manera expeditiva se puede llamar de la Antología cercada». Esa nueva generación, en efecto, era ya la siguiente a la suya de posguerra, esto es, la que llamamos del mediosiglo, y estaba integrada por Luis Feria, Pino Betancor, Pilar Lojendio, Fernando Garciarramos, Manuel Padorno, Felipe Baeza, Arturo Maccanti…

Memoria de Manuel González Sosa: su memoria individual, explorada en sus poemas. Su primer libro: Sonetos andariegos, está dominado por el sentimiento del tiempo, y como modalidad de ese sentimiento pueden verse los poemas en que González Sosa indaga en la memoria de la niñez. Ya en el primer poema de aquel libro, titulado «Aquí», el autor se refiere al paisaje nativo de Guía, extendido frente al mar: «Aquí viví los siglos de la infancia./ Esta luz me coció, y el rojo monte / que en el pretil azul sueña distancias / prendió en mí un desvelo de horizonte». Es el mismo paisaje de otro poema de aquel libro, titulado «El poeta contempla un lejano sueño suyo»: «La hoguera del silencio arde en el huerto./ Arrebatada luz el día ordeña./ Cerca de un palpitante libro abierto,/ bajo el durazno en flor, un niño sueña». En su regreso al pasado el poeta descubre los efectos producidos por el poder devastador del tiempo: aquel pasado es inencontrable. Pero la memoria tiene el don de preservar el espacio de la niñez no solo vívido sino liberado de los cambios y contingencias del mundo real: «Árboles, piedras, vuelos, cuantas cosas / faltan de este paisaje están, cabales,/ vivas, en mi recuerdo. Y más hermosas». El recuerdo de la infancia va íntimamente asociado al sentimiento de pertenencia al país natal, cuyo paisaje aparece una y otra vez en los poemas: «Huele a hornos precoces / la tarde de la aldea./. Hosco cielo rezuma / luz de líquida cera / sobre una higuera seca, arrodillada / junto al muro de piedra».

Memoria de Manuel González Sosa: la memoria suya individual, recreada en las prosas de su libro Entonces, allí. En este delgado volumen, editado en 2009 en su colección «Breviloquios», González Sosa seleccionó una docena de cuadros evocativos, que complementan y ensanchan su poesía de la memoria. Con elocución a la vez ligera y precisa, y siempre desde la perspectiva de quien rememora desde la edad adulta, el autor presenta en cada texto un hecho vivido en sus primeras edades. Desde el aquí y el ahora de la narración el poeta reconstruye un allí y un entonces: vivencias diversas del niño y el adolescente transcurridas en el ámbito nativo de Guía. Son hechos lejanos que por su intensidad y repetición han quedado salvados en el recuerdo. La escritura trata de dar plasticidad y densidad temporal, densidad de vida, a experiencias caracterizadas por haber ejercido sobre el narrador el deslumbramiento de lo prodigioso (en «La revelación», «Los álamos blancos»,, «Desde el tragaluz», «Ecos adentro», «El más allá») o la atracción de lo misterioso o lo prohibido (en «El secreto de la alacena», «Aquel patio», «El cuchillo», «Las tres cajas»).

Memoria de Manuel González Sosa: la imagen que hemos tenido y la que va a perdurar de su obra poética. Aunque González Sosa había dado muestras de su actividad desde 1946, solo en 1967 llegó a publicar su primer libro: Sonetos andariegos, en el que recogió poemas aparecidos hasta entonces de forma dispersa. En 1977 publicó A pesar de los vientos, al que siguió en 1988 Contraluz italiana. Desde 1992 decidió ordenar su obra poética, bajo el título general «A pesar de los vientos», en distintas entregas de su colección Las Garzas. Cuidadosamente editados por Andrés Sánchez Robayna, han aparecido en esta colección cinco títulos de los seis previstos: Tránsito a ciegas, Sonetos andariegos, Cuaderno americano, Contraluz italiana y Paréntesis. Aunque estos libros fueron publicados como ediciones no venales, el hecho es que quedó realizado el proyecto del poeta de ordenar y editar según su personal criterio el conjunto de su producción. El siguiente paso que ahora demanda esa obra es ser reunida en un solo volumen bajo aquel título general «A pesar de los vientos» y en el modo decidido por el autor.

FUENTE: Diario de Avisos | Santa Cruz de Tenerife | 11 noviembre 2011



Un guiense en Las Cortes de Cádiz de 1812

Un guiense en Las
Cortes de Cádiz de 1812

 

ImageEl guiense Pedro Gordillo y Ramos presidió las Cortes
Constituyentes.

Ante la invasión napoleónica, en cada provincia se creó una
Junta, que desoyó toda conminación de otras autoridades españolas, a disolverse
o a ponerse bajo sus ordenes. Soberanamente decidieron la elección y el envío de
diputados a las Cortes de Cádiz. Estas asumieron el gobierno de España, la lucha contra
Napoleón y la elaboración de la Constitución de 1812. Estuvieron presididas por
el guiense José Gordillo Ramos, conocido como el canónigo Gordillo.

2012. BICENTENARIO DE LAS CORTES DE CADIZ

ImageUn guiense en Las
Cortes de Cádiz-1812

- Por primera vez en España, las
Cortes de Cádiz de 1812 debatieron acerca de la posible abolición de la
esclavitud.

- El guiense Pedro Gordillo y Ramos presidíó las Cortes
Constituyentes.

 

Ante la invasión napoleónica, en cada provincia se creó una
Junta, que desoyó toda conminación de otras autoridades españolas, a disolverse
o a ponerse bajo sus ordenes. Soberanamente decidieron la elección y el envío de
diputados a las Cortes de Cádiz.

Estas asumieron el gobierno de España, la lucha contra
Napoleón y la elaboración de la Constitución de 1812. Estuvieron presididas por
el guiense José Gordillo Ramos, conocido como el canónigo Gordillo. Fueron
disueltas por Fernando VII.

La creación de Juntas ciudadanas y provinciales, y su
disolución por el poder central, fue un ejemplo que se repitió durante el siglo
XIX en cuatro ocasiones, lo que explica que finalmente, quienes de forma más
radical creían que la soberanía estaba en el pueblo, representado por estas
Juntas, culminasen sus ideas durante la Primera República intentando poner en
pie una constitución que consideraba que la nación española y su gobierno nacían
del derecho de autodeterminación de los llamados estados (o según otros,
cantones) en que estaba dividida la República Federal Española.

Pedro Gordillo y Ramos

Pedro Gordillo y Ramos, diputado por la isla de Gran Canaria, nació en Santa María de Guía el 6 de mayo de 1773. Catedrático en el Seminario Conciliar y párroco de la Iglesia del Sagrario de la Catedral de las Palmas, fue elegido diputado el 16 de octubre de 1810.

Su carrera como parlamentario estuvo marcada por su participación en varias comisiones de Cortes como la de Empleos y Pensiones, compuesta por cinco diputados y creada el día 18 de febrero de 1811; o las comisiones de Alhajas de la Iglesia, Honor, Arreglo de provincias y Seminario para las Islas Canarias.

Firmante de la Constitución, el 24 de abril de 1813 fue elegido Presidente de las Cortes, y cuando se clausuraron estas no se incorporó inmediatamente a su curato, sino que viajó a Madrid, donde se doctoró en Derecho Civil y Canónico, regresando a Las Palmas en 1815. Dos años después marchó a la Habana donde ejerció como Maestrescuela de la Catedral de la Habana y continuó con sus estudios, doctorándose en física en el año 1823. Allí en la habana residió hasta su fallecimiento el 10 de febrero de 1844.

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