"Me sumaré a esta reivindicación"

En un artículo publicado en el suplemento de La Provincia "PELLAGOFIO" del 7 de junio de 2007, Fernando Bañolas, alcalde de Guía, apoya la plataforma ciudadana "SALVAR LA BODEGA" y se compromete a hacer los esfuerzos que sean necesarios para su reapertura.

"Me sumaré a esta reivindicación"
 
Fernando Bañolas
Alcalde de Guía

Hace unas semanas cerró sus puertas la Bodega de Chago, uno de los lugares más emblemáticos no sólo del municipio de Santa María de Guía, sino de toda la comarca norte de Gran Canaria. Desde su apertura, a comienzos del pasado siglo, este establecimiento ha sido durante cerca de cien años un lugar de referencia cultural, social, turística y etnográfica de todo un pueblo. Cuando en el año 1936 se hace cargo de su explotación Santiago Gil Cabrera y, más tarde, su hijo Santiago Gil Romero, el lugar se convierte en todo un símbolo del pueblo, al haber conservado, casi sin modificaciones, su estética interior en forma de antigua tienda-bodega, una auténtica abacería.

Para aquellos que no hayan podido conocerla, acceder a ella suponía adentrarse en un lugar donde el tiempo parecía haberse detenido. Ubicada en un precioso edificio a la entrada del casco histórico, todo en ella evocaba el sabor de lo antiguo, desde su mostrador principal, acristalado y construido en mármol y madera, a sus antiquísimas estanterías que llegaban hasta el techo, repletas de botellas de vino añejo. Y presidiéndolo todo, en un lugar destacado tras el mostrador, estaban los cañizos cargados con  queso de flor de Guía. Porque la Bodega de Chago ha sido, entre otras muchas cosas, una ventana abierta al mundo desde donde promocionar  este producto único y artesanal, mucho antes de que nadie se plantease siquiera su valor (hoy consolidado tras la obtención de su denominación de origen).

Durante décadas, hemos visto como este lugar era punto de encuentro y parada obligada en el norte grancanario para todas las personalidades del mundo de la política, la cultura o el periodismo que se acercaban por una u otra razón a esta zona de la isla. Cuando aún no estaba en boca de todos como ahora la defensa de nuestra identidad y de nuestras tradiciones, Santiago Gil Romero, Chago para todos, defendía ya esos valores desde detrás de su mostrador. Poco a poco, con mucho empeño y tesón, fue logrando que ese sentir fuese calando en todos nosotros. Por eso ocupa hoy un lugar tan especial en la memoria sentimental, cercana y más cómplice de los ciudadanos de Guía y de esta comarca.

Casi sin darnos cuenta, la Bodega de Chago se convirtió con los años, y hasta su cierre, en un auténtico destino turístico, un verdadero reclamo para los turistas que llegaban hasta aquí con la intención de comprar y llevarse a casa un producto artesano, exclusivo y de calidad. Muchos de ellos, tal vez la mayoría, desconocían que contamos con uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del archipiélago –el Cenobio de Valerón–, o que aquí nació Luján Pérez –el imaginero más importante que ha dado Canarias en toda su historia–. Pero a pesar de este desconocimiento, miles de turistas venidos desde todas partes de la Península y Europa se han acercado durante las últimas décadas al casco histórico de Guía en busca de la Bodega de Chago. Porque este lugar posee un valor patrimonial en sí mismo. Es toda una referencia turística, etnográfica y social. Es un patrimonio excepcional y un lujo para nosotros haber contado con él y poder seguir haciéndolo en el futuro.

Ahora y ante el anuncio de su cierre, se ha puesto en marcha, de forma espontánea, un movimiento ciudadano para reivindicar que este espacio no se pierda, que se recupere y se proteja como patrimonio de todos los canarios. Como vecino de este municipio me siento orgulloso de esta iniciativa popular, y como representante ciudadano me sumaré a esta reivindicación realizando cuantas gestiones sean oportunas para recuperar y salvar la Bodega de Chago para los guienses, para los canarios y para todos aquellos foráneos que aún buscan en nuestra tierra un lugar genuino y auténtico donde se dé valor y se respete la memoria de nuestro pueblo.
AAAAAAAAAAAAA


Fernando Bañolas
Alcalde de Guía



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 (
cedidas por Sergio Aguiar)



"Los Tigres" apoyan La Bodega

¡Salvar
la bodega!

LOS TIGRES, ese grupo de
amigos que se reúne desde hace más de cincuenta años, clientes habituales de la
Bodega de Chago, también quiere
salvarla.
Por Carmelo Martín.

SALVAR LA BODEGA
Por Carmelo Martín.

 

¡Salvar
la bodega! LOS TIGRES, ese grupo de
amigos que se reúne desde hace más de cincuenta años, clientes habituales de la
Bodega de Chago, también quiere
salvarla.

Al
llegar al pueblo de Guía, en la puerta del mismo, te encuentras con un edificio
que, como la enorme proa de un trasatlántico te señala la encrucijada donde has
de elegir los tres diferentes caminos para acceder a todos sus rincones: el que
te lleva hacia Gáldar, el que va a la plaza de la Iglesia y, por último, el del
barrio de San Roque.

Esa
casa, de arquitectura muy poco frecuente, ha albergado hasta hace poco tiempo
la Bodega de Santiaguito y más tarde de Chago. El local, de techos altísimos
y pintados de azul “cielo barruntando tormenta”, estanterías interminables en
color canelo llenas de estampas de santos -sobre todo de la Virgen de Guía-
fotografías de visitantes conocidos de la tienda, que no vamos a enumerar para
no pecar de exhaustivos, entre ellas la de Tomasín y carteles, muchos carteles,
advirtiendo al público de la filosofía financiera del establecimiento: “Piña
asada, piña mamada”, con el fin de disuadir a los posibles morosos.

La mesa
central repleta de quesos de Guia de diferentes tipos, que Chago conoce al
dedillo y de los que hacía un maravilloso canto ante cada cliente.

Había
sido una tienda de “aceite y vinagre” –por desgracia, quedan muy pocas en la
isla- con una mampara que separaba ambas clientelas, pero últimamente, con la
llegada de las grandes superficies perdió “el aceite” de su denominación y su
actividad y desapareció tal separación.

Este
local entrañable, cuyo embrujo atraía sin quererlo a sus clientes, fue testigo
durante muchos domingos en que se celebraba el día de la Virgen de Guía -tercero
del mes de septiembre- de la parada del trono de la Señora a su puerta para
recibir la ofrenda de Chago y algunos clientes, entre los que cabe destacar a
Francisco Ortega (en nombre de su familia, cuya madre había donado el manto de
color verde que la Patrona suele llevar en algunas ocasiones)

Desde la
puerta de la bodega sonaban las isas y folías de las diferentes parrandas que
con sus voces y sones querían rendir homenaje a la Virgen. Desde esa misma
puerta, el 19 de septiembre de 1993, inundó la calle, llenándola de ternura, la
maravillosa voz de María Mérida cantando a su Madre, Santa María de Guía. ¡Maravillosos
momentos irrepetibles en la historia del pueblo!

Los
Tigres, que desde hace años acuden a la fiesta, ante la imposibilidad de contar
con un vehículo arrastrado por animales, se refugian en un rincón de la bodega,
disfrutando todo el día de lo que ellos llaman “la carreta varada”, recibiendo
y agasajando a los numerosos viandantes y amigos que se acercan hasta allí.

En
nuestras excursiones gastronómicas por el norte de la isla, la Bodega es parada
obligatoria para tomar como aperitivo una “tabla” de quesos de Guía
seleccionados por la mano experta de nuestro amigo.

Desde
nuestro rincón hemos sido testigos de cómo los turistas, nacionales y
extranjeros, llegaban hasta aquí para degustar sus magníficos quesos. ¿Qué podremos
decirles ahora, cuando, volviendo de nuevo a nuestra isla, quieran repetir la
grata aventura de sorprender a su paladar con la degustación del “queso de
flor” o “media flor” que les proporcionaba Chago?

¿Debemos
aceptar la triste realidad diciendo que “La Bodega” está “CERRADA” porque no ha
habido alguien, personas o instituciones locales, insulares o autonómicas, que
tengan suficiente sensibilidad para dejarse embrujar por ella y hacer lo
imposible por mantener erguido este “Monumento al queso de Guía”?

 
 

¡Salvemos
nuestra pequeña historia! ¡Salvemos la Bodega!

 
 

 LOS TIGRES


"Una bodega casi centenaria"

La noticia del cierre de la emblemática, histórica y archiconocida “Bodega de Chago”en Guía, era como “una crónica de una muerte
anunciada”, parafraseando a García Márquez. No obstante el acertado artículo de
Antonio Aguiar “Una pérdida reparable” (ver en
www.guiadegrancanaria.org y La Provincia, domingo 13 de
mayo de 2007), y la adhesión por parte de muchas personas a su iniciativa, que
propone recuperar este centro cultural y etnográfico, hace que uno sea más
optimista.Con este breve estudio no sólo pretendo apoyar esa iniciativa, sino dar a conocer algún
que otro dato, de tipo histórico sobre el edificio que alberga la bodega, sobre
la bodega en sí y sobre aquellas personas que estuvieron frente al mostrador de
la misma. Por Sergio Aguiar Castellano.

UNA BODEGA casi CENTENARIA

por Sergio Aguiar Castellano

 
       La noticia del cierre de la emblemática, histórica y
archiconocida “Bodega de Chago”en Guía, era como “una crónica de una muerte
anunciada”, parafraseando a García Márquez. No obstante el acertado artículo de
Antonio Aguiar “Una pérdida reparable”(ver en
www.guiadegrancanaria.org y La Provincia, domingo 13 de
mayo de 2007), y la adhesión por parte de muchas personas a su iniciativa, que
propone recuperar este centro cultural y etnográfico, hace que uno sea más
optimista.

 Con este
breve estudio no sólo pretendo apoyar esa iniciativa, sino dar a conocer algún
que otro dato, de tipo histórico sobre el edificio que alberga la bodega, sobre
la bodega en sí y sobre aquellas personas que estuvieron frente al mostrador de
la misma.

Origen del
edificio

 El edificio
que ahora historiamos fue cimentado en un solar que ocupan tres casas en la
antigua calle de la Carrera, luego denominada Luján Pérez y en la actualidad
Médico Estévez. Concretamente eran las casas números 37, 39 y 41 de dicha
calle, y por la parte de la actual de la calle Marqués del Muni, antiguamente
de la Cruz, ocupaba dos edificios los números 26 y 28.

 El
propietario de estas casas era Ramón Rodríguez Ojeda, residente en Las Palmas
de Gran Canaria, que por medio del comerciante de Guía Juan Alemán Rodríguez,
solicita el día 13 de septiembre de 1904 el preceptivo permiso para “reedificar
desde cimientos, conforme al plano que acompaño, las casas propiedad del mismo
enclavadas en la calle de Luján Pérez (antes Carrera)…”

 Siguiendo
con los pasos administrativos para el caso, el Ayuntamiento al tratarse de una
construcción en una travesía de carretera, concretamente en el Km 37 de la
carretera de Las Palmas a Agaete por Arucas , lo remite a Obras Públicas, cuyo
ingeniero jefe informa en octubre de 1904 favorablemente.

 No sabemos
si las obras comenzaron de inmediato, suponemos que si, de ser así posiblemente
esta casa se terminaría de construir en un par de años como mucho, por tanto en
torno a 1906-1907 estaría concluida.

 Estamos
seguros que ya en el año 1911 estaba en
pie, pues existe una postal de la época que así lo confirma.

 Lo curioso
de esta casa es que en el solar que ocupa, y en el que como decíamos existían
tres casas nº 37, 39 y 41 de la hoy
Médico Estévez, ya en las mismas muchos años antes había comercios, pues en el
padrón de industrias del año 1893, se refleja que en la calle de la Carrera nº
39 María del Pino Canino regenta una tienda
de abacería, esta misma mujer tendría en 1909 un bodegón, pero en la calle
Marqués del Muni.

 Hay que
decir que hasta el año 1901 en el nº 41 de la calle La Carrera vivía el
comerciante Isidoro Rodríguez Molina, que en el padrón industrial de 1895 está
inscrito como propietario de una venta al por menor de vinos, aguardientes y
licores del país. En el padrón de habitantes de 1905, coincidiendo con la
construcción de la Bodega ya no reside en esa dirección.

 Desde que concluyó la construcción de este
edificio, ha sido imposible localizar en los padrones de habitantes quien vivía
en el mismo, no hemos podido localizar a nadie hasta 1917.

 Todo apunta
a que fue alquilado para comercio. En el año 1907 existe domiciliada en la
calle Luján Pérez la empresa “Yeoward Brothers”  empresa de Liverpool con el epígrafe de venta al por mayor de cereales y harinas
de todas clases y en el año 1915 en la calle Marqués del Muni la empresa
“Frutera Hespérides” con el epígrafe de tratantes de granos, empresa que en 1917
se declara en periodo de liquidación y disolución. Pero en ninguno de los dos
casos se especifica el número donde radica el negocio. Quizás alguna haya
estado en este edificio dada sus características, al ser ambos negocios de
ventas al por mayor y necesitar un amplio espacio. No obstante no hemos
encontrado datos que así lo aclaren. Sólo es una hipótesis.

Nuevo dueño 

 Según consta
en el Registro de la Propiedad de Guía (Tomo 84 de Guía, Folio 155),  esta casa era propiedad de María Dolores
Rodríguez Molina vecina de La Habana y residente en Las Palmas, aclarando que
era dueña por compra y herencia. Es su marido Ramón Rodríguez Ojeda, quien
había solicitado en 1904 la construcción del edificio, el que por medio de
poder de su mujer de fecha 2 de noviembre de 1915 en Guía ante el notario Luis
Calero Luanco, vende a Juan Bolaños Hernández, casado y comerciante por el
precio de 5000 pesetas.

 Juan Bolaños
Hernández nació el 29 de marzo de 1870, procedía de Llano de Parras, de donde
eran sus padres, Juan Bolaños González y Manuela Hernández, quienes
tuvieron doce hijos. Hijos que emigraron
a Cuba, y donde hicieron fortuna, entre ellos el propio Juan Bolaños Hernández,
que al regresar de la isla caribeña, compró esta casa. Esta familia era dueña
de la finca denominada “La Cruz” junto al Albercón de la Virgen.

 En 1917 Juan
Bolaños ya está inscrito en el padrón de habitantes junto a su mujer Maximina
Pérez Silva en la calle Marqués del Muni, y así mismo en el padrón industrial
de venta de bebidas espirituosas, espumosas y alcoholes.

 En
el censo de población de 1924 este matrimonio está censado en la calle Luján
Pérez nº 37. El negocio que Juan Bolaños establece está dedicado principalmente
a la venta de comestibles y bebidas, de los denominados ultramarinos. Aún
el año 1931, y en el Anuario Industrial
y Artístico de España, en la relación de comercios de Guía consta como venta de
comestibles. A pesar de tipo de tienda, y según me comentan algunas de sus
sobrinas, era conocido por “Juanito el Bodeguero”.

 De
Juan Bolaños Hernández podemos añadir que fue un hombre que participó durante
una etapa de su vida en la política local, ocupando durante varios años el
cargo de concejal del Ayuntamiento de Guía, muriendo en agosto de 1935, a la edad de 65 años cuando
desempeñaba las labores de edil municipal. Miembro del Partido Republicano
Radical de Guía, fue uno de sus fundadores el 4 de febrero de 1932, junto a
otros conocidos ciudadanos de la época, prácticamente todos los miembros de la
primera Juan Directiva de este partido ocuparon bien el cargo de concejal o de
alcalde: Presidente Emiliano Ayala Jiménez; vicepresidente Fernando Máximo
Guerra; tesorero Augusto Hernández Suárez; secretario Tomás Estévez Galván; vocales
Juan P. Guerra Galván, Blas Saavedra Medina, Federico Martín Molina. La sede
del Partido Republicano Radical estuvo en sus inicios en las calle Luján Pérez,
7; y en marzo de 1933 en la planta baja
de la casa nº 13 de la Calle Marqués del Muni.

 Al fallecer
Juan Bolaños Hernández, su viuda Maximina Pérez Silva, decide arrendarlo. Será
a partir del 18 de julio de 1936 cuando el negocio pase a ser explotado por Santiago
Gil Cabrera, natural de San Lorenzo, pero establecido en Guía como comerciante
desde 1930, junto a su esposa Cristina Romero Betancort que era natural de
Arucas.

 Santiaguito
el Bodeguero como cariñosa y familiarmente se le conocía en Guía fue un hombre
tan apreciado en la ciudad que ocupó en más de una ocasión el cargo de concejal
del Ayuntamiento de Guía, en la década de los años cuarenta del siglo XX, junto
al alcalde Juan García Mateo. La tienda-bodega desde la época de su anterior
dueño Juan Bolaños Hernández era todo un referente en la comarca, pues en ella
se podían encontrar artículos de primera calidad, y especialmente el queso de
flor de Guía, de cuya venta ha sido todo
un referente en la historia del noroeste de la isla.

 La tienda con el paso de los años
apenas sufrió en su interior modificaciones, lo único que con el tiempo se quitó fueron las barricas de vino por que
las costumbres de consumo fueron cambiando.

 Santiago Gil Romero que nació en Guía en el 17 de
abril de 1939, con apenas seis años ya comenzó a realizar sus primeros trabajos
en la bodega de su padre, trabajos que compartía con sus estudios en el Colegio
Santa María. Por tanto ha estado prácticamente toda su vida, desde su más
tierna infancia, detrás de un mostrador, hasta su jubilación el pasado 2005.

 Por tanto el
comercio que todos nosotros conocemos como “Bodega de Chago” es un comercio casi
centenario (1917-2007).

 Ahora una
vez cerrado, queda la posibilidad de reabrirlo si se implican las instituciones
públicas con rapidez; si en un corto
periodo de tiempo no se lleva a efecto la reapertura, me temo que al final todo se quedará en
buenas intenciones, es decir, la “Bodega de Chago” pasará a la historia.

 

 En Guía de Gran
Canaria, 22 de mayo de 2007. Día de
Santa Rita de Casia (quien por la generosidad en otorgar favores has sido
llamada Mediadora de los sin esperanza e incluso de lo Imposible)


Sergio Aguiar Castellano

Lcdo. en Filología Hispánica

Especialista Universitario en Archivistita

Archivero-Bibliotecario del Ayuntamiento de Guía de Gran
Canaria

 

Fuentes:

Archivo Histórico Provincial”Joaquín Blanco”

Archivo Municipal de Guía

Archivo Parroquial de Santa María de Guía

Registro de la Propiedad de Guía

Museo Canario

Fotos:

D. Antonio García Ramos

D. Santiago Gil Romero

D. Javier Estévez
Domínguez

D. Francisco Suárez Moreno

Archivo Municipal de Guía

Revista Sobremesa nº 118-octubre 1994-Año 11 (Gracias a
Juan Eugenio García)

FEDAC (www.fedac.org)




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Yo quiero volver a La Bodega

Más
que nunca, cobra vida y sentido la reflexión que efectuó Antonio Aguiar
sobre el cierre de la Bodega: una pérdida reparable. Se acabó el tiempo
y el espacio de las lamentaciones. Dejémos éstas exclusivamente para su
muro. Hay que recuperar la bodega, y recuperarla como bien público para
que su condición y atmósfera entrañable, patrimonial y económica no se
pierda jamás.
Por Javier Estévez.
Yo quiero volver a La Bodega


Por Javier Estévez.

“¡intelijencia!, dame

el nombre exacto de las cosas”
J.R. Jiménez


Más que nunca, cobra vida y sentido la reflexión que efectuó Antonio Aguiar sobre el cierre de la Bodega: una pérdida reparable. Se acabó el tiempo y el espacio de las lamentaciones. Dejémos éstas exclusivamente para su muro. Hay que recuperar la bodega, y recuperarla como bien público para que su condición y atmósfera entrañable, patrimonial y económica no se pierda jamás.

Es posible que ayer les oliera a quemado en el pueblo. Ese olor provenía de mí, porque ayer pergeñaba y pergeñaba soluciones posibles para recuperar la bodega. Y es posible, vaya que si lo es. Veamos.

En primer lugar, expresé en mi “elegía” a la bodega la paradójica coincidencia entre el cierra de la misma y la celebración de la fiesta del queso, ya que ambas expresan conjuntamente la promoción, de mayor proyección regional, nacional e internacional, de nuestro afamado condumio. Afortunadamente, hay un hecho temporal- social que, sin dilación alguna, debemos aprovechar: las próximas elecciones municipales, insulares y regionales. En nuestro horizonte debe figurar la posibilidad de arrancarle a algún candidato (con posibilidades reales de triunfo) la recuperación, como patrimonio público, de la bodega. Si así lo hacemos, y conseguimos que todos la incorporen a su programa electoral, es evidente que, al tener que ganar alguna de las diferentes opciones, tendremos, todos, motivos tangibles y sólidos para exigirles el cumplimiento íntegro de su promesa.
El paso de promesa a realidad palpable es, a todas luces, factible. Me explicaré. Nuestra realidad política-administrativa, en este caso, se torna rica en posibilidades reales de adquisición, o sea, compra, del espacio que ocupaba la antigua bodega. Para muestra, un botón: en la vecina Gáldar, el Gobierno de Canarias es el dueño del solar donde se encuentra la Cueva Pintada y todo el espacio museístico. Es evidente que nadie ha puesto el grito en el cielo porque de los presupuestos regionales se tenga destinada una partida para la compra y adquisición de espacios que, por sus valores históricos, arqueológicos, etnográficos o paisajísticos, merecen ser patrimonio público para su perpetua conservación y disfrute de los canarios. Es indudable que, para los guienses, grancanarios y canarios, la combinación Bodega- Queso de Flor de Guía tiene un valor etnográfico y cultural inconmensurable. Ni el director de El Día se atrevería a desdeñarla. Seguro.

Por otro lado, empleemos aquellos silogismos que aprendimos de la lógica aristotélica durante el bachillerato. Si el Cabildo tiene dinero y el dinero se emplea,entre otras cosas, para comprar una bandera, hagamos de la compra de la bodega nuestra bandera y el cabildo se hará con la bodega. ¿O no? Otro motivo más. Si hay 450.000 € (unos 75 millones de pesetas) para la tronera- escultura que se levanta en el cruce de Bañaderos, ¿quién se atreve a sostener que no hay dinero para hacer de la Bodega, con todo lo que representa en la esfera cultural canaria, un espacio público? ¿Quién? Si hay alguien que se empeñe en negarnos esa posibilidad, señálenlo como el más que probable autor de la Teoría de la Conspiración. Seguro que fue él.

Por último. A pesar del enorme esfuerzo económico que supondría para el erario municipal (¿erario?), el ayuntamiento podría ser el comprador. Recordemos que con anterioridad ya se han adquirido inmuebles que han supuesto un gran esfuerzo económico. Por ejemplo, el cine Hespérides, que tras una inversión de más 300 millones de pesetas, se reconvertirá y abrirá pronto sus puertas como moderno Teatro-Cine para uso y disfrute de todos.

Creo que ahora sopla el viento a favor. La aprobación definitiva del planeamiento urbanístico y territorial municipal otorga al ayuntamiento un amplio margen para la adquisión de terrenos e inmuebles, bien por la vía directa de la recaudación dineraria a partir de las licencias de obra y, posteriores Impuestos de Bienes Inumebles, bien por la vía indirecta derivada de la obligada cesión de terrenos que tienen que efectuar los promotores urbanísticos al patrimonio municipal.

Siendo vicioso con el uso de la espiral y volviendo al principio, vuelvo a manifestar mi conformidad con el planteamiento de Antonio Aguiar: la bodega es una pérdida reparable. Ahora, eso sí: que, efectivamente, lo sea depende, exclusivamente, de nuestra voluntad. Y como recalcaba siempre mi madre: dame un hombre con voluntad que ése moverá montañas.

NOTA: Texto publicado en el Blog de Javier Estévez.


Una mala noticia

Sobre el cierre de La Bodega

En esta página que dirige el buen amigo Antonio Aguiar me
entero, qué malhadada noticia, de la desaparición de uno de los lugares más
interesantes, emblemáticos y valiosos desde el punto de vista etnográfico de
nuestra ciudad de Guía:
la
Bodega de Santiaguito, en el Siete, cierra definitivamente
sus puertas. Erasmo Quintana.
 

Así pues mis temores, fruto de los más negros presagios, se han
hecho realidad, como obedeciendo a la inapelable ley de Murphy, que sentencia
que todo lo que puede empeorar, empeora inevitablemente. Con la desaparición de
la tienda de Chago el casco histórico pierde en su conjunto una referencia
importante y es, al mismo tiempo, desde ahora ese casco un poquito menos
histórico, pues quien duda que con estos lamentables episodios es como se va
poco a poco empobreciendo, y por ello desvalorizándose, el legado patrimonial que
nuestros mayores nos han confiado para su mantenimiento y conservación.

No podemos entrar en las causas que han dado lugar a esta
mala noticia, ya que lógicamente pertenece al ámbito de lo privado, pero sí
reparar en sus consecuencias. En adelante ya no podremos llevar a alguna
amistad –como solíamos- para degustar el buen queso que Chago tenía reservado
para sorprendernos. Siempre que alguien importante visitaba nuestro municipio y
queríamos agasajarlo, allí acudíamos. Por ello el libro de firmas que guarda
celosamente Santiago Gil debe tener un gran valor: allí quedó estampado la
impresión admirada y llena de alabanzas de quienes degustaron nuestro queso de
flor con la firma de importantes personalidades de la política, la ciencia, el
periodismo, el folclore y la cultura en general.

La tienda de Chago también era un pequeño museo que su
dueño fue enriqueciendo amorosamente durante muchos años. Hoy debe tener un
valor incalculable, por lo que en más de una ocasión le sugerí que el fin
último del mismo debía ser el Archivo histórico de Guía, donde podía estar
plenamente seguro que iba a estar perfectamente custodiado y catalogado, y
donde los estudiosos podían sumergirse en un caudal riquísimo de información y
noticias curiosas del devenir histórico de nuestro pueblo.

Hace poco me hizo saber que su hijo Santi, ese buen
escritor que heredó su misma sensibilidad por todo lo que tiene que ver con la
cultura, deseaba quedárselo para su uso y disfrute. Sinceramente yo lo celebro,
pues no me cabe ninguna duda que estará en buenas manos, en las mejores, con la
plena seguridad de su buen uso.

Tanto el querido director de esta página, Antonio Aguiar,
como el amigo Javier Estévez, han dado la voz de alarma por la triste desaparición de la Bodega de Chago, lugar
insustituible, irrepetible como seña de identidad guiense; ese lugar de
obligado encuentro de la bohemia, de parrandas que duraban hasta el amanecer;
parada obligada en la procesión de Las Marías, para que los cargadores
refrescaran sus gargantas y alguien cantara a la Virgen su inspirada
canción, ya no lo veremos más, si el SOS que han lanzado de Salvar la Bodega se queda en sólo una
buena intención. Por ello, debemos todos arrimar el hombro para darle el éxito
que se merece la iniciativa. Si se quiere, todo tiene solución. La clave está
en la sinceridad de las personas y en la fe en el trabajo para la consecución del objetivo

Erasmo Quintana Ruiz



La Bodega de Santiaguito

Una pérdida reparable

La
Bodega de Chago (padre del escritor del mismo nombre), sinónimo de
Queso de Flor o Queso de Guía, acaba de cerrar definitivamente sus
puertas. Fue fundada por su padre (Santiaguito) en 1936. Chago se
inició con 6 años y se jubiló recientemente con 66. Toda una vida
detrás del mostrador.
Por Antonio Aguiar.

VER
GALERÍA DE FOTOS

La Bodega de Santiaguito: una pérdida reparable

Por Antonio Aguiar.

La Bodega de Chago (padre del escritor del mismo nombre), sinónimo de Queso de Flor o Queso de Guía, acaba de cerrar definitivamente sus puertas. Fue fundada por su padre (Santiaguito) en 1936. Chago se inició con 6 años y se jubiló recientemente con 66. Toda una vida detrás del mostrador.

Tras enterarme de la noticia, muchos pensamientos me han impulsado a escribir un texto sobre este hecho "luctuoso" que ha sufrido Guía de Gran Canaria y Canarias en general. Javier Estévez, con esa pluma dulce y certera que le caracteriza, ha escrito un emotivo texto de despedida que podrán ver reproducido en la web www.guiadegrancanaria.org

Pero no quisiera que nos quedásemos en un duelo colectivo. Me gustaría que diésemos un paso mas, de ahí lo de "pérdida reparable". Ya en nuestro pregón de 2003, previendo la jubilación de Chago, hice pública petición de que La Bodega de Santiaguito jamás cerrara sus puertas. Me constan los intentos de Chago por mantener vivo este elemento identitario de nuestro Pueblo. En este sentido, convino con un empresario sensible, Miguel Herrera Quintana, para que continuara su labor, quien contó en los dos últimos años con el hijo de Chago, Eduardo, magnífica persona y perfecto conocedor de La Bodega. En 2005 Miguel puso su granito con un lavado de cara a la tienda; me ha confesado que esta bodega era para él un "capricho", una aportación que quería hacer en favor de nuestro acervo cultural, añadiendo que sus negocios estaban "en otro lado". El siguiente paso que tenía preparado era una remodelación e instalar algunas mesas para hacer mas cómoda la estancia a los clientes. Sin embargo, todo se vino abajo con la demanda judicial que interpuso, en defensa de sus legítimos intereses, su propietario, que concluyó con el desahucio.

No voy a extenderme aquí sobre los innumerables valores de La Bodega de Santiaguito y su enorme significado para Guía, así en lo cultural como en lo económico. Con mejor estilo y documentación lo harán otros.

Pero sí creo oportuno proponer se busquen vías alternativas para reabrir La Bodega en su mismo emplazamiento. Me consta que el empresario citado, Miguel Herrera, estaría dispuesto a iniciar de nuevo la aventura si contase con el apoyo de otras personas e instituciones. El empresariado local, el Ayuntamiento y los departamentos de Cultura y de Turismo, tanto del Cabildo como del Gobierno, deberían tomar la iniciativa. Podría crearse una fundación participada por todas estas instituciones y aquellas otras personas o entidades que quisiesen, para hacerse con la propiedad del local. Posteriormente le sería cedido en explotación, mediante el pago de una renta, a quien reuniese los requisitos idóneos.

Desde estas páginas quisiera pues iniciar una plataforma ciudadana que trabaje por lograr el objetivo.

 Antonio Aguiar.

info@guiadegrancanaria.org

Guía. 5 de mayo de 2007.

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(c
edidas por Sergio Aguiar)



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