Anecdotario histórico-popular de Guía
NUEVA PUBLICACIÓN SOBRE EL MUNICIPIO
Anecdotario histórico-popular
Alejandro Moreno y Juan Dávila publican un nuevo trabajo bajo la denominación de
Anecdotario histórico-popular de Santa María de Guía, en el que ofrecen una abundosa recopilación de anécdotas histórico-populares sucedidas tiempo atrás en el Municipio: episodios graciosos de la cotidianidad guiense que han llegado hasta nosotros debido a la tradición oral y sin perder ni un ápice de su colorido original.Anecdotario histórico-popular de Santa María de Guía
Alejandro Moreno y Juan Dávila publican un nuevo trabajo bajo la denominación de Anecdotario histórico-popular de Santa María de Guía, en el que ofrecen una abundosa recopilación de anécdotas histórico-populares sucedidas tiempo atrás en el Municipio: episodios graciosos de la cotidianidad guiense que han llegado hasta nosotros debido a la tradición oral y sin perder ni un ápice de su colorido original.Así, entre las escenas -eminentemente costumbristas- que han rescatado para la ocasión, se encuentra la ocurrida cuando el racimo de D. Augusto Álamo maduró antes de tiempo, la acontecida cuando Cenobito se tomó un aperitivo en el afamado Bar “La Golosina”, la ocurrida cuando Gregorito Miranda se clavó una tacha en el pié, la sucedida cuando Paquito “Papó” descubrió una extraña variedad de ave, la ocurrida cuando dos gangosos se encontraron en la tienda de Dña. Prudencita, la acontecida cuando Maestro Vidal se enfadó con motivo del Día del Sagrado Corazón, la sucedida a un hombre que vino a la barbería de Maestro José “Pepiyiyo”, la acontecida cuando Maestro Benito Álamo se dio un golpe en el ojo, la ocurrida cuando Maestro Vicente Batista tardó más de lo debido en afinar la guitarra, la acontecida cuando unos huevos fritos adquirieron cierto sabor a chocolate, la sucedida cuando Perico “El Tigre” empleaba la diplomacia, la ocurrida cuando Maestro Agustín Alemán se empecinó en decir que para poder ser un buen carpintero antes había que degustar el engrudo, la sucedida cuando Juanito Molina descubrió un huevo paranormal y, finalmente, la ocurrida cuando el barranco se llevó el puente.
No hay duda de que la mayor parte de los pasajes populares de la “historia chica” de Guía que han abordado hoy se dirigían a desaparecer en la oscuridad de los tiempos; sin embargo, debido a su publicación en la Revista “El Pajar”, afortunadamente en estos momentos puede decirse que -de alguna u otra manera- han pasado a engrosar el riquísimo patrimonio folklórico de nuestra municipalidad.
Sea como fuere, nos gustaría dejar bien claro que todas y cada una de las anécdotas populares contenidas en estas páginas han sido realizadas desde el cariño y el respeto. Nunca desde un enfoque despectivo o peyorativo, por lo que rogamos encarecidamente que si alguien se sintiera ofendido, sepa disculparnos por ello. En ningún momento fue intención de los autores, como hacen constar expresamente.
El episodio de Juanito “El Huevo”
El episodio de Juanito “El Huevo”
ANÉCDOTA
ocasión, una de las gallinas de Juanito Molina Vega, hacia 1920
aproximadamente, puso un huevo “rodado”, es decir, un huevo que, antes de solidificarse
por completo, puede ser moldeado. Recopilada por Alejandro Moreno Marrero.
Anécdota recopilada por Alejandro Moreno Marrero.
Según cuenta la tradición popular, en ciertaocasión, una de las gallinas de Juanito Molina Vega, hacia 1920
aproximadamente, puso un huevo “rodado”, es decir, un huevo que, antes de solidificarse
por completo, puede ser moldeado.
Como por aquel entonces era bastante raro ver este tipo de huevos, a la hermana de Juanito -aprovechando que el citado huevo todavía no estaba sólido- se le ocurrió la idea (se desconoce con qué finalidad) de escribirle con un lápiz la frase: “En este siglo se verá”. Al poco tiempo después, cuando ya la cáscara había endurecido, se hizo imposible borrar aquella frase.
Ante semejante hecho se armó un importante revuelo en este municipio. Estaba todo el pueblo de Guía esperando el fin del mundo, una hecatombe de inconmensurables dimensiones, etc. El “pánico colectivo” y los pensamientos catastrofistas se habían apoderado de nuestra ciudad y sus gentes. Y es que no hubo guiense que no hubiera pasado por la casa de Juanito Molina para ver aquel extraño ejemplar de huevo. Fue tanto lo que trascendió aquel huevo que hasta la Iglesia tuvo que tomar partido en el asunto. Creo que, por aquella época, estaba de Cura en Guía el Dctor. D. José Martín Morales y se dice que hasta vinieron científicos foráneos a estudiar el caso.
Sin embargo, debido a que la cosa ya comenzaba a escapársele de las manos a la hermana de Juanito, se vio obligada a contar toda la verdad, una verdad que no era otra que revelar que había sido ella la que escribió aquella frase en el huevo. En fin, aunque el asunto quedó resuelto de inmediato, no pasó desapercibido para el pueblo de Guía, quien inmortalizó este gracioso y pintoresco episodio en un balancé (ritmo musical) del que existen tres versiones:
VERSIÓN PRIMERA (más popularizada)
Juanito puso un huevo
Y su hija Juana lo escribió
Y el bobo de Juan Molina
A medio pueblo engañó.
VERSIÓN SEGUNDA (según Juan Dávila-García)
Lionorita puso un huevo
Que su hija Juana escribió
Y el bobo de Juan Molina
A medio pueblo engañó.
VERSIÓN TERCERA (según mi tía Binda Moreno Miranda)
La gallina puso un huevo
Que Lionorita escribió
Y el bobo de Juan Molina
A medio pueblo engañó.
En este sentido, si tenemos en cuenta lo que dice el texto de la tercera versión, tampoco se descarta la idea de que hubiera sido Dña. Leonor Vega (Lionorita, madre de Juanito Molina) la que escribió la frase en el huevo y no su hija (hermana de Juanito) como se había dicho en un principio.
Además, como bien nos explicaba Juan Dávila-García, hay también quienes sostienen que este episodio no tuvo lugar hacia 1920 sino que -verdaderamente- se remonta a los últimos años del siglo anterior (s.XIX), ya que parece ser que las gentes, con la proximidad del cambio del siglo y ante la reveladora frase “En este siglo se verá”, se temían lo peor.
NOTA: Este hecho siempre lo comentaba mi bisabuelo Gregorio Miranda Rodríguez (1892-1972), quien se lo contaba a su hija, es decir, a mi abuela Emérita Miranda Santiago (1916-1989) y así sucesivamente hasta llegar a mí. Asimismo, para conocer más información acerca este asunto, he contado con la gran ayuda de Juan Dávila-García y de mi tía Binda Moreno Miranda.
ACLARACIÓN DEL AUTOR: Esta historia ha llegado hasta nosotros (hasta mí) merced a la tradición popular (mediante diversas fuentes de tipo oral); por ello, es muy posible que haya otras versiones de este mismo episodio e, incluso, existan ciertos elementos que no se ajusten a la realidad.
Recopilada por Alejandro Moreno Marrero
Anecdotario guiense (Sumario))
Ag |
ANECDOTARIO
PedroForteza |
De cuando D. Manuel Bautista ...
De cuando D. Manuel Bautista “murió” en la guerra
ANÉCDOTA
AASASAS
Las guerras, lejos de ser una anécdota y nada “santas”, si provocan en su transcurso multitud de anécdotas de distinto cariz. La que hoy nos ocupa, y que oí de mi padre, tuvo por protagonista al vecino de esta nuestra Ciudad, D. Manuel Bautista Galván, que vivía en la Cuesta Caraballo. Por Joaquín Rodríguez.
Durante la guerra civil, muchos jóvenes se alistaron o fueron incorporados al ejército y trasladados a distintos frentes de la península. Entre ellos, D. Manuel Bautista, aun sin cumplir los 16 años de edad. No hemos aclarado a que frente, ni que vicisitudes pasó, sólo que en algún momento del conflicto, le tocó sustituir a un soldado herido, ocupando su lugar en la trinchera, donde también sufrió el infortunio de ser herido en una mano y en la sien, teniendo que ser evacuado a un hospital de campaña, en aparente estado de gravedad.
A la sazón en dicho frente, se encontraba su convecino y pariente D. Juan Torrens Galván (piloto de bombarderos), quien al enterarse de lo sucedido acudió al hospital a visitarle, encontrándoselo ya recuperado. Al terminar la visita, quedó en volver a visitarle en un par de días. Y efectivamente volvió D. Juan, pero sólo encontró la cama vacía -aún con el letrero de “Manuel Bautista Galván”- y al preguntar por él, le contestaron que había muerto. Grande fue la consternación y pena de D. Juan, pues apreciaba a su joven pariente. Inmediatamente procedió a comunicar el hecho a D. León Galván, primo de ambos y también vecino de Guía.
D. León se aprestó a trasladarse a Las Palmas de Gran Canaria a llevar la triste noticia, toda vez que la familia de D. Manuel, circunstancialmente, estaba residiendo en la capital insular. Llegado al domicilio de su tía Dª Rosa María Galván (madre de nuestro protagonista), se encontró con una alegre celebración de aniversario u onomástica, faltándole valor para cumplir su misión. Así, hubo de volver al día siguiente para dar cuenta del luctuoso suceso.
La familia convocó el oportuno funeral por el alma de D. Manuel, en nuestra Ciudad de Guía, donde en esos días tenía lugar alguna festividad con verbena incluida. Dado que la familia gozaba de merecida consideración, también se suspendió dicha verbena.
¿Y mientras? Mientras, dejamos a D. Manuel Bautista en su cama del hospital de campaña, ya fuera de peligro, sólo que en el ínterin de las dos visitas de D. Juan Torrens, las necesidades hospitalarias dieron lugar a que le trasladasen de sala, con objeto de que su cama la ocupase el soldado que le sustituyó en la trinchera, muy malherido y que falleció en pocas horas. Con los apuros de la necesidad y las prisas, no se quitó el cartelito con el nombre de nuestro protagonista y de ahí la confusión que dio lugar al malentendido de su muerte.
Afortunadamente, en cuanto pudo valerse, le dieron permiso de convalecencia en su tierra, donde regresó, para alegría y asombro de propios y extraños. Alegría que los vecinos de Guía mostraron recuperando la verbena suspendida por su “muerte”.
D. Manuel se recuperó de sus heridas y logró destino en el famoso Regimiento de Guía, donde sirvió hasta la terminación de la contienda. Siguió su vida en nuestra Ciudad, creando familia, ganándose el afecto de sus convecinos y disfrutando de la “vida”, hasta octubre de 1982 en que, a los 62 años, esta vez sí, entregó su alma al Señor. Su familia, amigos y vecinos volvieron a celebrarle funerales.
¡Que Dios le tenga en su gloria!
P.D.- Agradezco a D. Guillermo Domínguez las precisiones sobre esta historia, y al amigo Manolo Bautista Harris su contraste.
Joaquín Rodríguez. 2007.






