La primitiva ermita San Roque ya aparece construida en 1525

La primitiva ermita San Roque ya aparece construida en 1525

                                                              
Por Pedro González-Sosa                                                            

La
segunda ermita que se construye en Guía, después de la fundacional por
Sancho de Vargas en honor de la Virgen titular de la que fuera entonces
villa y que ya aparece levantada en 1509, es la de San Roque, 
localizada en  1525, conociendo igualmente que la tercera es la de San
Sebastián a la que Pedro Báez, trabajador del Ingenio Blanco de los
Riveroles   deja en su testamento de 1528 diez doblas "para la obra de
la ermita del Señor San Sebastián que se hace en esta villa".

 

La primitiva ermita San Roque ya aparece construida en 1525

                                                              
Por Pedro González-Sosa                                                                

La segunda ermita que se construye en Guía, después de la fundacional por Sancho de Vargas en honor de la Virgen titular de la que fuera entonces villa y que ya aparece levantada en 1509, es la de San Roque,  localizada en  1525, conociendo igualmente que la tercera es la de San Sebastián a la que Pedro Báez, trabajador del Ingenio Blanco de los Riveroles   deja en su testamento de 1528 diez doblas "para la obra de la ermita del Señor San Sebastián que se hace en esta villa".

La primitiva  de San Roque aparece, pues, documentalmente contrastada  en un instrumento inserto en el índice del entonces conocido como legajo número trece de los que fueron llamados, antes de su ordenación cronológica moderna en el Archivo Histórico Provincial como "Protocolos Viejos de Guía",  que se refieren en gran parte a los primeros años de aquella Escribanía a partir de 1500. En el folio 480 hay una referencia  que sitúa la existencia de la aquella en el año veinticinco del siglo XVI. Dice lo siguiente: "Juan Díaz, el viejo, casó con Bárbola de la Torre y tuvo a Marina que casó con Diego Gil, de quien fue hijo Juan de Santa Ana a quien su abuelo [el tal Juan Díaz] dejó por patrono de la ermita de San Roque y su Capellanía", de lo que podría deducirse que su construcción se produjo  algunos años antes y podría situarse sobre 1515.

Un nuevo instrumento de primero de diciembre de ese mismo 1525 ante el escribano  Cristóbal de San Clemente confirma la existencia de la ermita  pues se señala que: "Martín González y Catalina Hernández, su mujer, vecinos de Gran Canaria, venden a Andrés Hinojo, genovés, estante en la isla, una casa que tienen en Santa María de Guía, en un solar que le compraron a Antón de la Calle, y linda con las dos acequias que están cerca de la hermita del Señor San Roque".   

La devoción por esta santo, protector contra las plagas del cuerpo, principalmente de la peste, tuvo arraigo en Guía a partir de la construcción de su ermita. De tal manera que muchos fueron los piadosos vecinos que, en sus mandas testamentarias, instituyen capellanía de misas.       

En otro testimonio de febrero de 1605, ante Juan de Quintana, se ratifica la paternidad de Juan  Díaz respecto a esta  ermita.  Ana Piñero, mujer del propio Escribano ante quien se realiza, dice ser hermana menor de María de Troya, y nieta de Marina Díaz, y ésta hija de Juan Díaz, el fundador de la pequeña iglesia. El texto señala que: "Marina Díaz reconoció por escritura ante el dicho Juan de Quintana que a Juan Díaz, padre de la dicha Marina Díaz, se le dio licencia para hacer la ermita del Señor San Roque de esta villa, señalado  sobre las casas que el dicho Juan Rodriguez de Orihjuela posee...".         

Juan Rodríguez de Orihuela, yerno de Sancho de Vargas, tenía extensas propiedades en aquella zona que alcanzaban desde donde hoy está situada la ermita hasta Las Barreras y Cuesta Caraballo, según se comprueba en numerosos testimonios de la época. En uno de ellos, fechado el 4 de noviembre de 1590,  Adán Acedo y  Úrsula de Vetancor, manifiestan que su abuelo, "don Juan Rodríguez de Orihuela, difunto, vendió e impuso a la iglesia de Guía 120 doblas de tributo sobre una suerte de tierra donde dicen Las Barreras...".

La ermita primera  debió ser de pequeñas dimensiones y de muy tosca construcción a juzgar por las  reparaciones y reformas sucesivas que padeció, primero en el tiempo en que dependía de los patronos vinculados a la familia del fundador y después por los sucesivos y numerosos mayordomos, que  no enumeramos para no hacer tan engorrosa esta breve relación histórica. Es cierto que por razones que se desconocen la iglesita, bien por renuncia de los herederos del fundador, o por el descuido de aquellos en su atención obligó al obispo a mediados del XVII a incorporarla  a la jurisdicción de la parroquia, porque ya en 1663 en que se inicia el libro primero de una Cofradía fundada en la misma  es curiosa la actividad recogida en sus páginas que debían desarrollar los sucesivos mayordomos  donde  se advierte  la obligación de recorrer los campos de la zona para pedir limosnas que no siempre debían ser en moneda sino, principalmente, en especies: trigo, millo, papas, gallinas, corderos y terneras, por poner algunos ejemplos, que luego eran rematados o vendidos para, con su importe, cubrir las necesidades del culto y reparaciones de la pequeña iglesia. Las anotaciones alcanzan hasta la curiosa partida que se refiere a la compra de un asno sobre el que poder realizar el mayordomo sus excursiones limosneras.

Al comienzo del mentado libro primero de la Cofradía, en 1663, en la visita  del obispo fray  Juan  de  Toledo  se  dice  que aquella ermita  está sin mayordomo  "por dejación [renuncia] que hizo Juan Bautista, por lo que conviene nombrar persona que la sirva a satisfacción designando a José Lorenzo". En la realizada por  Manuel Dávila y Cárdenas en 1772 se señala que "visitó S.I. la ermita de San Roque, que con la de San Sebastián, pertenecen al pueblo, y  están decentes en lo que se halló". A partir de aquí y de forma sucesiva van apareciendo en los libros  múltiples ceses, renuncias y nombramientos de mayordomos que desarrollaban mucha actividad, sobre todo  reparaciones interiores y exteriores, principalmente en lo referido al tejado de la pequeña iglesia y su sacristía. El libro segundo se inicia en octubre de 1817 con un inventario,  por la muerte del presbítero Fernando de Olivares, que había sido su mayordomo de  los objetos que se encontraban en la ermita y entregados a la iglesia por su heredero, don José Almeida Domínguez, en el que figuran, entre otras cosas, dos imágenes del santo titular, un San José con su Niño Jesús y un cuadro de San Miguel.
 
El último de los mayordomos lo fue en 1865 José González García, a quien debe corresponder la idea, por el estado ruinoso de la primitiva ermita casi sin actividad, de construir una nueva con mayor capacidad  sobre aquel solar. Se constituyó  una comisión de  vecinos, se abrió una  suscripción popular   en cuya relación aparecen vecinos  con mayor o menor capacidad económica e iniciada por el obispo fray Joaquín Lluch y Garriga con una aportación de 500 pesetas, seguido del beneficiado y del alcalde, hasta un total de 340 personas, lográndose una  inicial  recaudación de 17.481 pesetas, aportaciones que se sucedieron en el muy prolongado tiempo en que se fueron realizando las obras,  pues aquellas duraron poco más de veinte años en que de forma lenta fue surgiendo la nueva construcción con el registro de entradas y salidas del dinero registradas por el por el mayordomo y cuyas últimas anotaciones aparecen fechadas   en 1874 en las que se rinde cuentas de lo gastado hasta el momento a las que dan el visto bueno el párroco Francisco Bernardo Guerra y el obispo José María Urquinaona, aunque las obras, con planos de Cirilo Moreno, seguían realizandose y no se habían concluido totalmente y quedaban  algunas de envergaura como la terminación del frontispicio con el campanario, el retablo de madera del altar  realizado por el carpintero José Hernández Rita y la compra de un  nuevo trono.
 
Por fin la nueva y actual ermita se inauguró el 16 de agosto de 1903, festividad del santo, según se recoge en una croniquilla del corresponsal de Diario de Las Palmas que informa que el prelado, concedió indulgencias a los que con su limosnas y trabajo personal hicieron realidad la nueva iglesia, dando las gracias a quienes en aquel momento formaban la Junta, destacando la figura de Manuel González Martín que había encabezado una nueva suscripción con 1.875 pesetas de la época. Se añade que el que fuera canónigo de la catedral de Canarias y en aquel momento magistral de la de Sevilla Dr. Roca Ponsa se había ofrecido para desplazarse y predicar en la función en el primer acto religioso que se celebraba en la nueva ermita,  a la que el Cabildo de Gran Canaria ha dedicado ahora su atención para realizar las obras de restauración interior inauguradas anoche.

NOTA.- El 26 de diciembre de 2012 se inauguró en Guía las obras de restauración interior de la actual ermita de San Roque, construida a principios del XX por los vecinos sobre el solar que quedó donde  a principios del XVI un vecino de la entonces villa levantó la primitiva pequeña iglesia acto en el que el cronista pronunció las anteriores  palabras.



Biblioteca de Guía: en 1935, 500 libros; hoy más de 40.000

Biblioteca de Guía: inaugurada en 1935 con 500 libros, en la actualidad guarda más de 40.000

                                                                            
Pedro González-Sosa

La donación a la Biblioteca Municipal de Guía por los sobrinos-herederos de Manuel González Sosa de la biblioteca del poeta, que incluye unos 9.000 libros, además de mil revistas literarias y su archivo literario-personal formado por 32 carpetas-archivadores, convierten aquel foco cultural en una de bibliotecas municipales más importantes de las islas -nos resistimos a catalogarla como la más importante- con mayor volumen de libros que pone a disposición de sus lectores y estudiosos.

Biblioteca Municipal de Guía: inaugurada en 1935 con 500 libros, en la actualidad guarda más de 40.000

                                                                            
Pedro González-Sosa (*)

   La donación a la Biblioteca Municipal de Guía por los sobrinos-herederos de Manuel González Sosa de la biblioteca del poeta, que incluye unos 9.000 libros, además de mil revistas literarias y su archivo literario-personal formado por 32 carpetas-archivadores, convierten aquel foco cultural en una de bibliotecas municipales más importantes de las islas --nos resistimos a catalogarla como la más importante-- con mayor volumen de libros que pone a disposición de sus lectores y estudiosos.

   La noticia de esta donación nos invita a hacer una breve historia de la biblioteca pública municipal de la ciudad guiense cuya puesta en servicio se remonta a los primeros años de la década de los  treinta del pasado siglo, según los datos recopilados por el bibliotecario-archivero de aquella corporación Sergio Aguiar Castellano a quien le agradecemos el envío. Según sus apuntes, en noviembre de 1931 la Segunda República española crea la que se llamo entonces "Junta de Intercambio y Adquisición de libros para Bibliotecas Públicas", iniciándose la creación de numerosas bibliotecas en todo el país, (en cuyo empeño no estuvo ausente Guía), multiplicándose por veinte el presupuesto estatal para la adquisición de libros con destino a las mismas. Testigo de excepción de aquel momento  para este gran proyecto fue el guiense Miguel Santiago que formó parte en Madrid del equipo de la Junta que fue designado para visitar Canarias con el fin de realizar un estudio sobre la situación bibliotecaria en el archipiélago, visita que coincidió con el Decreto de 13 de julio de 1932 según el cual el gobierno establece que "todos aquellos municipios que carezcan de biblioteca pueden solicitar a la Junta su creación". Fue así como Miguel Santiago, dando muestras una vez más por su amor e interés por el desarrollo cultural de su pueblo natal, publica en el semanario "la Voz del Norte" un artículo en el que conmina al Ayuntamiento de su pueblo a comenzar los trámites necesarios para lograr una de estas bibliotecas para la localidad. El ayuntamiento recogió el guante  e inició la tramitación que consolida y convierte en realidad la creación en 1935 que comportó la llegada a Guía de los libros enviados por la citada Junta, formado por un lote de unos 500 que se convirtieron en el germen de la flamante biblioteca de aquella localidad y que supuso la aspiración de muchos jóvenes entre los que se encontraban, precisamente, el poeta ahora homenajeado.

   Inicialmente estuvo situada en los bajos del edificio que fue hasta 1963 sede institucional de las Casas Consistoriales en la calle Enmedio o Pérez Galdós que hace esquina con el llamado "callejón de León" por el que se situaba la entrada al centro de lectura que todavía queremos recordar al menos hasta principios de los cuarenta. A partir de entones de forma paulatina y por la llegada  de donaciones procedentes de ediciones realizadas por varias instituciones y corporaciones oficiales y otras tímidas generosamente cedidas por personas particulares, la inicial biblioteca de Guía se ha convertido con el paso de los años y hasta nuestros días, repetimos, en una de las mas voluminosas de las islas pues en la actualidad, con las ultimas e importantes donaciones particulares ha llegado alcanzar los más de 40.000 libros registrados.

   Esta biblioteca está formada por un fondo general y otro, no menos importante, procedentes de donaciones de personalidades canarias vinculadas directamente con  Guía y catalogados como Fondos.  Entre estos se encuentran el llamado Fondo Néstor Alamo, biblioteca y documentación del que fuera cronista oficial de Gran Canaria, en la que destacan los libros relacionados con Canarias, especialmente de historia y literatura, muchos de ellos con dedicatoria de los autores, conformado por 3.837 libros  y que, aunque forman parte del contenido de su Casa-Museo, se ha decidido  incorporar  a la biblioteca pública para su consulta.

   Otra de las donaciones realizadas después del fallecimiento de aquel recogen en el llamado Fondo Juan Blanco Hernández  formado por 4.256 volúmenes, entre los que destacan los relacionados con la música porque fue profesor de música y destacado pianista,  consistente en 1150 obras musicales, el arte y algunas biografías. En este fondo existen además 281 libros de los siglos XVIII y XIX, muchos de ellos sobre Medicina, pues est incorporada igualmente la documentación  privada de la familia Blanco, especialmente la de su padre el doctor José Blanco Hernández de gran importancia para la historia local, porque aporta informes sobre el antiguo Hospital de San Roque del que fue director durante muchos años, estudios médicos, artículos en publicaciones especializadas y otros sobre la historia de Guía, incluyendo fotografías familiares de diferentes épocas

   El Fondo Rafael Almeida Mateos, destacado guiense que desarrolló una importante actividad política, en el comercio y la agricultura está formado por unos cien  volúmenes de gran interés y valor bibliófilo porque se trata de muchas ediciones impresas en La Habana, Paris y Madrid principalmente del siglo XIX. Los libros fueron donados en 1989 por sus descendientes y está formado por unos cien libros.

   El  llamado Fondo Miguel Santiago  (otro ilustre guiense que da nombre a esta biblioteca) está formado por unos cien libros donados a la ciudad nativa del historiador por sus familiares madrileños. Además, cuando en el año 2004 se inaugura la actual sede de la biblioteca las hijas de historiador, que fue archivero del Ministerio de Asuntos Exteriores durante muchas décadas, enviaron desde Madrid unos 200 ejemplares  procedentes de ediciones de la Biblioteca Nacional. Finalmente está el  recientemente constituido Fondo Manuel González Sosa sobre cuyo contenido ya se ha explicado sobradamente en estos últimos días.

   La biblioteca guiense ha tenido, desde aquellos inicios en 1935, distintas ubicaciones en razón de las disponibilidades de locales que sucesivamente tuvo en el tiempo el ayuntamiento. A principios de los años sesenta se situaba  pasó a un pequeño habitáculo que se construyó en la plaza principal en el lugar donde estuvo el desaparecido "tabladillo" en el que la banda municipal de música ofrecía sus conciertos. Pasó luego  a los locales de lo que entonces se conocía como Educación y Descanso y de allí  al colegio Nicolás Aguiar. En los años 90 igualmente del pasado siglo a la casa que fue del doctor Salustiano Estévez en la calle del Agua o Suárez Galván convertida en una tímida Casa de la Cultura, trasladándose luego al antiguo cuartel  de  la Guardia Civil en la calle Real donde estuvo funcionando hasta que en 2004 se instaló definitivamente en la moderna construcción de la Casa de la Cultura levantada en el solar que ocupó hasta finales del XVIII el Hospicio de los Franciscanos levantado por aquella Orden religiosa en el solar nativo de la que fue considerada santa milagrera clarisa sor Catalina de San Mateo, cuya antigua iglesia sirve hoy de amplio salón de actos.
                                             
(*) Pedro González-Sosa es Cronista Oficial de Guia
 



Presentación del nuevo libro de Santiago Gil, 'Yo debería estar muerto'

Santiago Gil presenta la novela 'Yo debería estar muerto'


La sala de Ámbito Cultural de El Corte Inglés Las Palmas acogió el viernes 30 de noviembre a las 19.30 horas la presentación del libro 'Yo debería estar muerto', de Santiago Gil. Si quieres saber más sobre este escritor busca en Buenas Tareas. Un tiempo
cualquiera, un lugar indeterminado y unos sueños que se escapan a medida
que se acercan.
 
EL 30 DE NOVIEMBRE, EN EL CORTE INGLÉS

Santiago Gil presenta la novela 'Yo debería estar muerto'


El nuevo libro de Santiago Gil, 'Yo debería estar muerto', se acerca a esas vicisitudes inesperadas que pueblan todas las biografías.

La sala de
Ámbito Cultural de El Corte Inglés Las Palmas acogió el viernes 30 de
noviembre a las 19.30 horas la presentación del libro 'Yo debería estar
muerto', de Santiago Gil. Si quieres saber más sobre este escritor busca en Buenas Tareas.

Un tiempo cualquiera, un lugar indeterminado y unos sueños que se escapan a medida que se acercan. La vida de un escritor que se apaga mientras se va escribiendo. Una obra siempre a medias. Decepciones y segundas oportunidades.


Santiago Gil (Guía de Gran Canaria, 1967). Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado las novelas Por si amanece y no me encuentras, Los años baldíos, Un hombre solo y sin sombra, Cómo ganarse la vida con la literatura, Las derrotas cotidianas; Sentados y Queridos Reyes Magos, la novela corta El motín de Arucas, el libro de relatos, El Parque; los libros de aforismos y relatos cortos Tierra de Nadie y Equipaje de mano, y los libros de poemas Tiempos de Caleila, El Color del Tiempo y Una noche de junio. También ha publicado un libro de memorias de infancia titulado Música de papagüevos y la recopilación de artículos de opinión Psicografías.

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