La belleza. Santiago Gil
CICLOTIMIAS
La belleza
Santiago Gil
vida tiene truco; pero casi nunca nos llegamos a dar cuenta. Preferimos
que nos engañen. Aparecemos y desaparecemos sin dejar más rastro que la
belleza que logramos ver, crear o acariciar cuando se cruza ese milagro
que es el amor en cualquier otra mirada. Hace unos días estuve viendo
la película La gran belleza, del director italiano Paolo Sorrentino.
La belleza
Santiago Gil
La vida tiene truco; pero casi nunca nos llegamos a dar cuenta. Preferimos que nos engañen. Aparecemos y desaparecemos sin dejar más rastro que la belleza que logramos ver, crear o acariciar cuando se cruza ese milagro que es el amor en cualquier otra mirada. Hace unos días estuve viendo la película La gran belleza, del director italiano Paolo Sorrentino. Lo primero que a uno le apetece hacer según sale del cine es regresar a Roma cuanto antes para no perder ni un segundo lejos de los palacios, de las fachadas y de las plazas que te sorprenden en cualquiera de sus recorridos más o menos improvisados.
Pero no solo de Roma vive el hombre, ni tampoco hay que buscar esa ciudad tan sorprendente al final de todos los caminos. Cada uno lleva su Roma consigo, aunque la mayoría de las veces pasamos de largo ante ella y también ante nosotros mismos.
Justo antes de ir a ver la película, recomendada una y otra vez por muchos amigos, acababa de terminar la lectura de un cómic japonés que les recomiendo vivamente. Se titula El almanaque de mi padre y lo escribe Jiro Taniguchi.
También tiene que ver con la belleza de las emociones y sobre todo con ese mundo tan extraño que son siempre los recuerdos. La película y el cómic, y no juzguen esta última manifestación literaria como un género menor porque les aseguro que se equivocarían de medio a medio, se plantea la desorientación de quienes renuncian a sus propias raíces.
A veces no hacemos más que escapar de nuestros pueblos y de nuestros ancestros sin darnos cuenta de que así nos alejamos cada día más de nuestra propia esencia. No se plantean miradas almibaradas a ese pasado que es verdad que tampoco fue nunca perfecto, pero se hace hincapié, en este caso en la obra de Taniguchi, en los recuerdos imborrables de la infancia y en cómo a veces nos equivocamos juzgando a nuestros padres o a nuestro entorno sin profundizar en por qué eran como eran cuando solo trataban de que saliéramos adelante y de que contáramos con todas las oportunidades que ellos nunca tuvieron. Sorrentino, por su parte, recrea una y otra vez un lejano amor adolescente y ese mar que para los isleños también es una especie de patria en la que reconocernos desde que cerramos los ojos y dejamos que suenen las mareas.
En el presente nos movemos creyéndonos cada día más los trucos que permiten que la vida merezca la pena. Hablo del amor, de la literatura, del cine, de la música o de los propios recuerdos. Si rompemos el caballo de cartón acabamos sobre la marcha con el juego. Mejor nos creemos, como cuando éramos niños, que el caballo lleva dentro lo mismo que los otros caballos que veíamos correr en las películas del Oeste. Somos nosotros los únicos capaces de argumentar nuestros propios sueños. Y no concibo mejor coartada que la belleza.
EN FORMATO ELECTRÓNICO
"El destino de las palabras", de Santiago Gil, puede adquirirse en Amazon
RECORDANDO A MIS HERMANOS. Gloria Betancort Brito
en el frío y estéril invierno, cuando los árboles desnudos nos hablan
de soledad, cuando el cielo brumoso nos oculta el horizonte y nos hace
perder la esperanza de caminos por descubrir, cuando el sol duerme y no
nos lanza sus cariñosos y cálidos rayos, cuando sales a la calle y sólo
encuentras soledades, en este tiempo gris y nostálgico, en mi vida
reaparece aquel profundo dolor que sentí en la muerte de mis hermanos:
Santiago en Enero (foto de la derecha), Ceferino en Febrero y Blas en Marzo (foto de la izquierda).
Gloria Betancort Brito 
Casualmente
en el frío y estéril invierno, cuando los árboles desnudos nos hablan
de soledad, cuando el cielo brumoso nos oculta el horizonte y nos hace
perder la esperanza de caminos por descubrir, cuando el sol duerme y no
nos lanza sus cariñosos y cálidos rayos, cuando sales a la calle y sólo
encuentras soledades, en este tiempo gris y nostálgico, en mi vida
reaparece aquel profundo dolor que sentí en la muerte de mis hermanos:
Santiago en Enero (foto de la derecha), Ceferino en Febrero y Blas en Marzo (foto de la izquierda); tres meses que en mi vida quedan marcado por el dolor, la ausencia, la impotencia y los interrogantes; tres meses que también llenan mi existencia de lindos recuerdos vividos con ellos, de una presencia actualmente resucitada, viva totalmente impregnada de fe y de esperanza.
A ellos, a mis hermanos les quiero dedicar esta mezcla de pensamientos y sentimientos que hoy necesito expresar. Se marcharon un día de invierno dejando las vidas de todos los nuestros desoladas, rotas, desconsoladas…
A veces sueño que regresan y saboreo aquellos años vividos en el hogar familiar con el ajetreo cotidiano, aquellos bellos recuerdos de haber crecido juntos y al despertar, los veo felices, rodeados de ángeles, de vida, de luz, de alegría eterna. Hoy, puedo afirmar que más fuerte que todo esto ha sido la certeza de que viven en el Cielo y que nos siguen acompañando, alentando recordándonos que la vida es un viaje hacia la Eternidad que Padre Dios nos regala.
Hermanos, no quiero seguir desgranando pesares y dolores; quiero meter fuertemente en mi vida que “la muerte no es el final del camino porque muriendo vivimos vida más clara y mejor”. Que el Señor les dé el descanso eterno y que la Virgen de Guía los arrope bajo su manto junto con todos los nuestros. Descansen en paz.
“Aunque nuestros días sean oscuros y nuestras noches más tenebrosas que mil medias noches, queremos pensar que en nuestro mundo hay una gran fuerza que brota y que se llama Dios. Dios puede abrir caminos en en callejón sin salidas, transformar el ayer oscuro en una mañana clara, en la mañana luminosa de la eternidad” Martin Lutero King.
La Misa en el Séptimo aniversario de Santiago será el Jueves, 17 de Enero y la de Ceferino, en su Quinto aniversario, el Miércoles, 6 de Febrero. La de Blas en Marzo.

Gloria Betancort Brito
(Enero de 2013)
¿De qué juventud me hablas?
¿DE QUÉ JUVENTUD ME HABLAS?
Es la muerte de Karana, una joven que hace unos días entregó su vida al Creador, tras una grave y rápida enfermedad, la que me empuja a escribir y a expresar abiertamente lo que pienso, conozco y experimento de la juventud que me rodea. Estoy segura de que no voy a expresar todo lo que siento, pero sí que mi intención es lanzar al aire, gritar con certeza que el mundo se equivoca cuando habla tan lastimosamente de los jóvenes.
¿DE QUÉ JUVENTUD ME HABLAS?
Es la muerte de Karana, una joven que hace unos días entregó su vida al Creador, tras una grave y rápida enfermedad, la que me empuja a escribir y a expresar abiertamente lo que pienso, conozco y experimento de la juventud que me rodea. Estoy segura de que no voy a expresar todo lo que siento, pero sí que mi intención es lanzar al aire, gritar con certeza que el mundo se equivoca cuando habla tan lastimosamente de los jóvenes.
Es verdad y a nadie se le esconde la superficialidad, el individualismo y la falta de valores que a nuestros jóvenes alcanza. Ciertamente en las nuevas generaciones se muestran los frutos de todo lo que nuestra civilización planta y cultiva. Achacamos a la juventud de falta de valores morales e incluso pensamos que en esta crisis de valores, ellos son los peores sin tan siquiera darnos cuenta de que somos los adultos los causantes. Porque, ¿de dónde, de quiénes han recibido ese legado? Reflexionemos y busquemos para ellos otros caminos ilusionantes que no sean los de recorrer los que el sistema tiene bastante trillado, en los que no se divisan horizontes alcanzables, en los que los sueños están ocultos por el interés de unos pocos, en los que nos empujamos para llegar los primeros, en los que no vamos de la mano ni se intenta que la amistad y la armonía engendren justicia y paz para que al fin, cada uno logre su meta.
No, mi nota quiere ser optimista, quiere ser la más alta del pentagrama de la vida porque, como decía al principio, he conocido y conozco a muchos jóvenes y en ellos encuentro hondas preocupaciones humanas como son: la solidaridad, la protección del medio ambiente, la ayuda al más débil, la sensibilidad ante la pobreza del Tercer Mundo, la amistad…Por eso quiero convertir este pensamiento en un canto a la juventud.
Quiero cantar a la juventud, a la vida de Karana Ponce Santo, esta chica que a sus 22 años marchó a la Eternidad, dejándonos un ejemplo que imitar de sencillez y nobleza, como así la conocí hace unos años. Pero, sobre todo, quiero aplaudir y agradecer su generosidad al donar sus órganos sanos y jóvenes para salvar otras vidas. Karana, descansa en paz, el Cielo te lo tienes merecido y tu ejemplo seguramente animará a tantos jóvenes que te conocieron a hacer con el futuro un canto a la esperanza que nos devuelva la fraternidad.
Gloria Betancort Brito
HOY, A LAS 7 DE LA TARDE SERÁ EL FUNERAL POR KARANE EN LA PARROQUIA DE SANTA MARÍA DE GUÍA. RECEMOS POR ELLA Y ACOMPAÑEMOS A SU FAMILIA.
‘Queridos Reyes Magos’ o una serie de catastróficas desgracias. Por Eduardo García Rojas
“Pero
qué diablos están haciendo. Alejandro y los otros niños que esperaban
caramelos y saludos afectuosos de Baltasar están nerviosos y
cariacontecidos. Está insultándolos mientras se quita la ropa, y al
camello no hay quien le meta mano. Lo mejor sería que arrancara rápido
con el niño. Se va a quedar aliquebrado si ve que su Rey Mago preferido
tiene que abandonar la Cabalgata. Y se va, el muy canalla se va y deja a
los niños colgados.”
BLOG ELESCOBILLON.COM
“Pero
qué diablos están haciendo. Alejandro y los otros niños que esperaban
caramelos y saludos afectuosos de Baltasar están nerviosos y
cariacontecidos. Está insultándolos mientras se quita la ropa, y al
camello no hay quien le meta mano. Lo mejor sería que arrancara rápido
con el niño. Se va a quedar aliquebrado si ve que su Rey Mago preferido
tiene que abandonar la Cabalgata. Y se va, el muy canalla se va y deja a
los niños colgados.”
Entre las doce historias incluidas en la antología Generación 21: nuevos escritores canarios (Ediciones Aguere/Ediciones Idea, 2011) me llamó en su momento notablemente la atención el relato El encargo de Santiago Gil. Y no solo por estar excelentemente escrito sino también por lo que contaba. Aquella historia supo sacudir mi cabeza pero sobre todo tuvo la habilidad de hacerme conectar con lo que estaba leyendo.
Mirlos. Javier Estévez
Mirlos
Javier Estévez

Cierra los ojos e imagina un paisaje. Ahora ya de vuelta te habrás dado cuenta que la imagen que evocaste era muda. Olvidaste activar en tu memoria un elemento esencial: la banda sonora. Es normal porque a menudo se pasan por alto los sonidos de la naturaleza pero también es un pena porque pueden ser tan estimulantes como las vistas más espectaculares.
Mirlos
Javier Estévez

Cierra los ojos e imagina un paisaje. Ahora ya de vuelta te habrás dado cuenta que la imagen que evocaste era muda. Olvidaste activar en tu memoria un elemento esencial: la banda sonora. Es normal porque a menudo se pasan por alto los sonidos de la naturaleza pero también es un pena porque pueden ser tan estimulantes como las vistas más espectaculares.
Escuchar el sonido de la naturaleza es un placer que está al alcance de todos, aunque a veces hacemos oídos sordos y no somos conscientes de la música que nos rodea. Pueblos, campos, ciudades, barrancos, playas, o pinares, poseen un sonido propio y que, además, va mudando a medida que avanzan las estaciones. Incluso de madrugada, cuando todo parece callado, si afinas el oído, podrás oír el rumor permanente que recorre la ciudad, la música del aire, la sintonía de las estaciones. Cada vez estoy más convencido de que el silencio absoluto es como San Borondón: no existe.
Los sonidos de la naturaleza nos hacen percibir el paisaje de forma mucho más rica y plena y nos pueden evocar sensaciones que no se despliegan si nuestra contemplación es únicamente desde un punto de vista visual. Muchos sonidos están en nuestro interior y cuando los escuchamos actúan como un resorte atrayendo recuerdos, sensaciones vividas, paisajes olvidados.
Siempre me ha embelesado el canto del mirlo. En estas semanas están en pleno apareamiento y son más vistosos y melódicos que nunca pero sobre todo al amanecer y al atardecer, que por lo general es cuando mejor se escucha la naturaleza. Su canto es tan enérgico que parecen empeñados en acribillar el alisio. Es impresionante.
La melodía de un mirlo como canto de amor está muy próxima a nuestra comprensión; desde luego ésta sirve para solicitar a la hembra, pero al mismo tiempo es un alarde hacia otros machos rivales. Finalmente será la hembra quien elija entre varios pretendientes y el elegido será aquel que a través del canto indique su buena salud, un territorio donde alimentar a los polluelos y en definitiva, la mejor garantía para sobrevivir.
Al igual que el mirlo, el ser humano comenzó a hablar por la necesidad de expresar a sus congéneres sentimientos apresados en su interior. Precisamente, esta imitación que hizo el hombre de los sonidos emitidos por los animales es una explicación, según los lingüistas, de la génesis del lenguaje: éste evolucionó desde los primitivos sonidos animales hacia las complejas formas lingüísticas actuales.
Por eso cuando escuchas el canto de un mirlo no oyes solamente un sonido de la naturaleza. Es también la voz de tus antepasados.
San Roque, marzo 2011
La bajada. Santiago Gil
Santiago Gil
Cuando la gente del norte de Gran Canaria viene a la capital siempre habla de bajar a Las Palmas. No hay pendientes ni las carreteras se trazan con esa sensación que luego llevamos al lenguaje. Sin embargo, una y otra vez nos empeñamos en bajar a la capital y en subir de nuevo a casa. Por eso, cuando veníamos al Insular siendo niños siempre decíamos que bajábamos al partido.
Santiago Gil
Cuando la gente del norte de Gran Canaria viene a la capital siempre habla de bajar a Las Palmas. No hay pendientes ni las carreteras se trazan con esa sensación que luego llevamos al lenguaje. Sin embargo, una y otra vez nos empeñamos en bajar a la capital y en subir de nuevo a casa. Por eso, cuando veníamos al Insular siendo niños siempre decíamos que bajábamos al partido. Esa bajada equivalía a una fiesta y a alguna noche previa sin dormir si quien venía a jugar era el Barça, el Real Madrid o alguna figura como Kempes, Enzo Ferrero o Lobo Diarte cuando estaba en el Zaragoza. No se bajaba nunca solo. En Guía se formaban grupos que utilizaban los viejos Peugeot para venir al partido. Los niños veníamos en la última fila de asientos, y nuestros padres ocupaban apretados todos los restantes. No se llegaba al partido con el tiempo justo. Había que buscar aparcamiento y que tomarse las cosas con calma. Solíamos llegar una o dos horas antes. Nuestros padres se dirigían a echarse los guanijais en los bares de la zona y nosotros aprovechábamos para agenciarnos de golosinas y de estampas en los estancos antes de ponernos morados con los Nik, las Fantas y los Clipper.
Ya en el estadio todo era mágico y luminoso. Veías a menos de un metro a todos tus ídolos, y en la época que no había vayas podías saltar al césped a conseguir un autógrafo de Quini, de Santillana o de Paul Breitner. Generalmente ganábamos los partidos y cantábamos goles prodigiosos. El viaje, la bajada, casi nunca era en balde. Te podías comer un corneto que pregonaban al grito inolvidable del Kalise p’a los nervios y si había suerte te llevabas una bandera o un banderín del equipo que jugaba contra Las Palmas comprada antes o después del encuentro en función de las alegrías de los mayores. A lo mejor no nos enterábamos de casi nada de lo que sucedía en el campo. Seguíamos el balón como hipnotizados y todo se centraba en la emoción de aquellos minutos siempre inolvidables. Luego, una vez terminaba el partido, subías en el coche escuchando a los mayores como ahora escuchas una emisora de radio analizando el encuentro. Lo que pasaba es que nuestros padres y nuestros abuelos sabían un rato de fútbol, posiblemente mucho más que nosotros, y no los engañaban así como así. Eran muy exigentes con quienes vestían la camiseta amarilla, pero si veían que algún jugador heredaba la genialidad de sus antecesores lo defendían a carta cabal. Los jugadores eran casi como sus hijos, y la Unión Deportiva no sé si tendría parangón con alguna otra afición en su vida. No eran fanáticos, pero no hubieran entendido la existencia sin aquellos sábados a las ocho y media en el Insular. Cuando ahora voy al estadio y veo aparecer coches procedentes de los pueblos de la isla llenos de niños y de mayores dispuestos a vivir intensamente noventa minutos, recreo aquellos momentos inolvidables que tanto contribuyeron a que mi afición por este equipo esté por encima de categorías, contingencias económicas o resultados. La afición se asienta en los recuerdos más cómplices y cercanos, aquellos que compartiste durante años con quienes más admirabas. Un padre y un hijo, cuando ven un partido juntos, olvidan las edades y las jerarquías. Da lo mismo que tú entonces fueras un niño y que tu padre tuviera treinta y tantos años; también importa poco que ahora el adulto seas tú y que él ya tenga setenta años. En el momento en que los once jugadores amarillos empiezan a correr detrás de la pelota se detienen los tiempos y las edades. Hasta que termina el partido, todo juega a favor de esas emociones que nos igualan y nos reencuentran.
Septiembre. Por Javier Estévez
Septiembre

Por Javier Estévez
Hay meses que son algo más que una sucesión ordenada y previsible de días. Son un estado de ánimo. Atravesar septiembre es como cruzar un paisaje espléndido que entusiasma el ánimo, especialmente a los que hemos sobrevivido a julio y agosto bajo un cielo triste y exasperante de cúmulos grises y bordes plateados.
Septiembre

Por Javier Estévez
Hay meses que son algo más que una sucesión ordenada y previsible de días. Son un estado de ánimo. Atravesar septiembre es como cruzar un paisaje espléndido que entusiasma el ánimo, especialmente a los que hemos sobrevivido a julio y agosto bajo un cielo triste y exasperante de cúmulos grises y bordes plateados.
El alisio se debilita tanto durante los días de septiembre que apenas anidan nubes en el cielo. Y las que lo hacen son tan pasajeras y hermosas que yo las imagino con pedigrí. Decía el poeta que la vista del cielo es quizá menos agradable que la de la tierra y los campos porque es menos variada, y también menos semejante a lo nuestro. No nos es tan propia. Cierto, pero si queremos aprehender lo que sucede estos días a nuestro alrededor no nos queda más remedio que dirigir nuestra mirada hacia el cielo. Así, durante el crepúsculo de los días, podremos asistir a la reunión sideral que celebran sobre el horizonte Venus y Marte mientras la atracción gravitatoria y combinada de la luna y el sol nos regala las mareas más vivas del calendario.
Y es durante esta época del año cuando regreso a unos de los escenarios donde transcurrió mi infancia y donde siempre fui feliz: San Felipe. Aquí, el mar, que en septiembre viene y va y regresa en una retahíla larga y repetida de mareas llenas y vacías, es algo más que un paisaje singular. Es casi una liturgia, una emoción secreta que exhibe durante estos días una playa de arena húmeda, oscura, oceánica y basáltica que pronto desaparecerá con las primeras borrascas que anuncien la llegada del otoño. Los temporales arrebatarán con su furia de vientos, lluvia y tempestad toda esta belleza, que por breve, siempre me emociona. Ya lo dijo mejor que yo Walt Whitman: Coged las rosas mientras podáis, veloz el tiempo vuela, la misma rosa que hoy admiráis, mañana estará muerta. Un paisaje fugaz que no habré de olvidar nunca mientras tenga tiempo, memoria y mar.
A toda la familia e hijos de Anzofé. José Manuel Vega
José
Manuel Vega
nuevo dia en la franja horaria en nuestra tierra y al observar que es
dia 22 de mayo, de inmediato me vienen a la mente recuerdos de mi
infancia. recuerdos que me levan a la fiesta en honor a Santa Rita de
Casia en nuestro populoso barrio de Anzofé, limítrofe y compartido con
la Ciudad de los Caballeros, con nuestra vecina y querida Gáldar.
José
Manuel Vega
A estas horas de la noche, empezando un nuevo dia en la franja horaria en nuestra tierra y al observar que es dia 22 de mayo, de inmediato me vienen a la mente recuerdos de mi infancia. recuerdos que me levan a la fiesta en honor a Santa Rita de Casia en nuestro populoso barrio de Anzofé, limítrofe y compartido con la Ciudad de los Caballeros, con nuestra vecina y querida Gáldar.
Me sitúo en pocos segundos, en los primeros años de mi niñez, un día acostado en la cama de mis padres porque tenía mucha fiebre. ¿ la viruela ¡¡¡ o algo parecido. Recuerdo en esos momentos los comentarios referidos a monseñor Antonio Pildain y Zapiain, Obispo de Canarias y que fue caminando hasta la capilla que habían levantado en honor de Santa Rita de Casia los vecinos de Anzofé para inaugurarla.
Años más tarde, insisto, en mis recuerdos de niño, iba tosos los años hasta Anzo para disfrutar de las fiestas que nos brindaban tan generosamente todos los vecinos. Si, todos los vecinos.
La verdad, nunca me sentí extraño en Anzo. Me explico. En mi etapa de monaguillo, los domingos no madrugaba como el resto de los días. Me levantaba a las diez menos cuarto para a toda carrera con el buche de leche con café, o café con leche (a veces más café aguado con algunas borras que leche), llegar a la misa de diez. Era la misa de todos los jóvenes… y de los mayores que querían seguir la mañana libre tomándose su roncito o cerveza con los amigos en las tiendas ya conocidas…..
Destacar en este acto litúrgico que se estilaba salir después del evangelio, cuando el cura predicaba, a la puerta a fumar o esperar sencillamente y saludarse…..para inmediatamente con el inicio del “credo in un dum deus” (tal como sonaba, incorporarse a la misa). Algunas veces se enfrentaba el sacerdote a los que abandonaban momentáneamente la misa, pero era una lucha sin ganadores, pues si el él insistía, perdía feligreses y si los otros no se ausentaban murmuraban o se dormían.
En fin, perdona mis desvíos, pero esto y en esa época se repetía en todas las capillas. Ejercí de monaguillo, sin cobrar como tal nunca, en la Parroquia, como otros tantos, en las RRMM Dominicas (lugar encantador, pero a las 7 de la mañana y…ufff) y en San Juan, Anzofé y Hoya de Pineda. De anécdotas en estos lugares te hablaré otro día si me lo permites.
Bueno, de Santa Rita se trata en esta ocasión, de Anzo.
Te diré que recuerdo que los domingos íbamos caminando don Bruno y yo con la maleta de la misa (contenía los elementos sagrados imprescindibles para la ceremonia) y al pasar algunas veces por la parte alta o por la parte baja del camino hacia Anzofé, (según le apeteciera), no solo escuchaba sus consejos y su silencio. También escuchaba las palabras que dirigía a los labradores que – a veces – se escondían (casi siempre) al pasar.
Les manifestaba:
¡Es el día del Señor. No se puede trabajar !!!. , mientras le respondían que solo era terminando y arreglando una “cosilla del huerto familiar…”.
Era en definitiva, un acuerdo mutuo de respeto para que el uno terminara la labor y el otro le viera en la misa.
Pero lo más curioso, y eso era digno de ver y contemplar. La fé.
A las 12 del mediodía, todos paraban si trabajaban o no. La oración del Ángelus y a la Virgen María era sagrada. Ahí, participábamos todos.
Muchas misas ayudé en Santa Rita. A la casa de muchos enfermos acudí a dar la comunión y la extremaunción en Anzo y otras zonas. Me siento partícipe de esa zona de mi Guía natal que mejoró en comunicación considerablemente con los años. Muchas historias hay en sus caminos y sus fincas….
Me acuerdo, y con esto termino, de muchas familias de Anzo, parte alta y baja, pero especialmente (como no a las 4 de la tarde después de la misa y procesión), de las extraordinarias garbanzadas en la casa de “Pinito Oliva” y su extraordinaria familia ( como iba con el cura, tenía preferencia). En Anzofé, todos éramos familia.
Nunca me sentí extraño allí, aunque si diferencié zonas por la ausencia, en mi infancia, de calles. Pero esa unión que sentí la palpé alrededor de un escenario, al lado de la capilla de Santa Rita. Lugar en el que toda la vecindad era el mismo hogar….
Mis recuerdos gratos para una buena etapa de mi vida y para una buena gente. La que yo, a diferencia de tantas personas, miraba sus caras, su entrega y sinceridad desde un lugar destacado. de frente, desde un altar cuando todas sus caras brillaban ilusionadas con a luz de Cristo.
Un abrazo a toda la familia e hijos de Anzofé.
José Manuel Vega
22 de mayo de 2010
A propósito de la Semana Santa 2010, en Guía. Por Joaquín Rodríguez
la Semana Santa 2010, en Guía
Joaquín RodríguezCon mucho esplendor y espiritualidad se celebró este año la Semana Santa
guiense, o al menos esa fue la percepción que tuvimos de la misma. Creo
que todo fue una confluencia de distintas circunstancias favorables.
Una de ellas, el tiempo, que no invitaban precisamente a “irse pal sur”.
Joaquín Rodríguez
Con mucho esplendor y espiritualidad se celebró este año la Semana Santa guiense, o al menos esa fue la percepción que tuvimos de la misma. Creo que todo fue una confluencia de distintas circunstancias favorables. Una de ellas, el tiempo, que no invitaban precisamente a “irse pal sur”.
En toda la cuaresma, los días laborales, se celebraron Láudes en la Iglesia, a las 6:30 de la mañana, acudiendo un buen grupo de fieles con nuestro párroco al frente; una hermosa celebración de la Penitencia, el jueves antes de Ramos; la exposición de las imágenes del Señor Predicador y la del Señor de la oración en el Huerto (ambas de Luján Pérez), una vez restauradas; la preocupación de los responsables de los tronos, para organizar su salida y la renovación de 3 nuevos tronos, podrían ser, en conjunto, esas circunstancias.
Abril de 2010.
Boda en el campo (UNA FOTOGRAFÍA DE PACO RIVERO). Por Javier Estevez

UNA FOTOGRAFÍA DE PACO RIVERO
Boda en el campo
Por Javier Estevez
Ésta fue su mejor foto y él lo sabía. O al menos así lo creo yo tras rememorar aquella exposición antológica que recogió lo mejor de su obra hará ya nueve o quizás diez años. La exhibió en diferentes formatos de manera muy inteligente en las numerosas salas repartidas entre la capilla de San Antonio y el ayuntamiento Viejo, de tal forma que quien visitara la exposición la encontraría siempre de frente, disfrutando de las mejores perspectivas, las más luminosas, amplias y directas. De los cientos de fotos expuestas, fue la única repetida. Cuánto menos, significativo.
UNA FOTOGRAFÍA DE PACO RIVERO
Boda en el campo
Por Javier Estevez
Ésta
fue su mejor foto y él lo sabía. O al menos así lo creo yo tras
rememorar aquella exposición antológica que recogió lo mejor de su obra
hará ya nueve o quizás diez años. La exhibió en diferentes formatos de
manera muy inteligente en las numerosas salas repartidas entre la
capilla de San Antonio y el ayuntamiento Viejo, de tal forma que quien
visitara la exposición la encontraría siempre de frente, disfrutando de
las mejores perspectivas, las más luminosas, amplias y directas. De los
cientos de fotos expuestas, fue la única repetida. Cuánto menos,
significativo.
Para mí, también es su foto más lograda, por su composición sencilla y elegante, por su estética tan equilibrada. Es una fotografía que conmueve y sugiere a un mismo tiempo, retrato y denuncia de una vida dura, exigente, que renuncia a cualquier principio estético para volcarse en lo funcional, en lo exclusivamente necesario para sobrevivir.
Sus numerosos detalles - el paso delicado y acompasado de ambos, el apoyo del uno en el otro, el barro que oculta sus zapatos, el velo recogido, el largo camino enfangado que aún les queda por recorrer, su soledad - la convierten en una de las mejores fotografías que se han hecho jamás del mundo rural en las islas pues reúne, en un solo fogonazo, el mejor fotoperiodismo, documentalismo y arte que yo he podido apreciar.
Esta imagen, espacio de luz y de verdad, debe abandonar definitivamente los negativos para ser reconocida como lo que verdaderamente es, un icono artístico que se merece dejar el injusto anonimato en el que se encuentra para transitar por los caminos que conducen hacia el aplauso general.
Antes de concluir vuelvo a posar mi mirada sobre la foto, sobre la espalda de los recién casados y me inquieta la pregunta -que siempre me hago- de si habrán sido felices. Espero de corazón que sí.
Enero de 2010.









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