Melchor Alonso, el primer atalaya

Melchor Alonso, el primer atalaya

por Javier Estévez

Fue el sino, el azar, la suerte, la fatalidad, el designio o como quieran llamarlo, pero quizás si el corsario Morato Arráez no hubiese atacado nunca Lanzarote, a estas alturas de la historia nadie hubiese conocido al volcán más alto de la isla con el nombre del pico de La Atalaya.

Melchor Alonso, el primer atalaya

por Javier Estévez

Fue
el sino, el azar, la suerte, la fatalidad, el designio o como quieran
llamarlo, pero quizás si el corsario Morato Arráez no hubiese atacado
nunca Lanzarote, a estas alturas de la historia nadie hubiese conocido
al volcán más alto de la isla con el nombre del pico de La Atalaya.

El pirata argelino se convirtió en 1586 en el azote de Lanzarote al protagonizar en el verano de ese año uno de los ataques más agresivos de cuantos ha padecido la isla. Fue tal el pánico que desató la presencia del pirata en todo el archipiélago -alcanzó Teguise, entonces la capital conejera- que una mañana de invierno, de apariencia tranquila y rutinaria, un emisario que provenía de la capital entraba apresurado en la villa con una carta urgente para Melchor de Aguilar, capitán del Tercio de Milicias de Guía. La carta era un aviso firmado por el capitán de la isla, Alvaro de Acosta, advirtiendo a la población guiense de la posibilidad que existía de la llegada de corsarios enemigos y en especial de Morato Arráez. La misiva invitaba al capitán guiense a que buscara a una persona de confianza para que subiera a la Montaña de Gáldar, por la inmejorable posición que ocupaba el viejo volcán de basalto como oteadero de toda la costa norte de Gran Canaria, y permaneciera día y noche atento en su cima. Desde allí debía avisar al atalaya de las Isletas, con su farol si fuera de noche y humos si ocurrieran de día, de los peligros advertidos y anunciados.«¿Quién querrá aceptar un trabajo tan solitario?» se preguntó el capitán tocándose la barbilla repetidamente mientras observaba la montaña desde la ventana de su despacho.

Juan Bautista de Sobranis, descendiente de comerciantes genoveses, vecino y antiguo alcalde de Guía y amigo íntimo del capitán, era por su carácter afable y dialogante quien mejor conocía a todo el vecindario; y no solo por sus nombres y apellidos, cuestión que asombraba a todos, sino también por sus inquietudes y cualidades. Por eso, cuando el capitán lo mandó a llamar y le informó del contenido de la carta y del cometido, supo desde el primer momento quién podría llevar a cabo la tarea de forma efectiva y satisfactoria.«Yo me encargo», dijo antes de salir en busca de su candidato.

Melchor Alonso aceptó el trabajo con una breve e insípida confirmación. «Sí», dijo sin dirigir su mirada a ambos porque contemplaba con cierto asombro la montaña que se alzaba sobre los tejados. Nunca antes se había posado su mirada sobre el volcán de forma tan detallada. Le bastaron unos pocos segundos para adivinar el sendero que rayaba sus laderas pardas y encalichadas y localizar, cerca de la cima, la cueva que se convertiría en su nueva morada. Oyó, sin cierto interés, cómo el capitán le explicaba que ganaría un salario de seis ducados al mes y que un soldado del Tercio le alcanzaría a la cima, una vez por semana, una provisión de leña, tea, agua, vino, frutas y viandas en salazón. Pero fue la voz de Juan Bautista la que consiguió traerlo de nuevo a la conversación. «La tranquilidad de las villas de Guía y de Gáldar depende de usted, Melchor. El turco amenaza la isla. Ponemos el futuro de nuestras vidas no en sus manos, sino en sus ojos», sentenció Bautista con solemnidad.

Melchor Alonso vivía en las afueras de la villa en una pequeña casa que se alzaba junto al camino real. Era un jornalero que destacaba por su obediencia, por lo aplicado que se mostraba siempre en sus tareas y sobre todo por su extraña querencia de llevar una vida solitaria y retirada. Cuando a la mañana siguiente comenzó a subir por el estrecho y pedregoso camino que le conducía a la cima, no podía imaginar que ascendía a una montaña que varios días después, y gracias a su presencia constante y solitaria, sería bautizada por sus vecinos como el pico de La Atalaya.

NOTA DEL AUTOR: Esto es literatura, no historia. Sergio Aguiar y el profesor Lobo Cabrera han historiado este momento con magnífica solvencia y claridad. De ellos beben estas letras. Puede gustar más o menos, ser útil o inocuo pero sobre la finalidad de este texto, pienso como el periodista Juan Tallón, quien cree que no
importa demasiado que sea inventado. Si algo está muy bien
contado, o muy bien escrito, siempre será verdadero.
Esa es mi intención.


Carlos V creó la parroquia de Guía en 1533 y puso su primera pila bautisma en 1530


A PROPÓSITO DE LA SERIE DE TELEVISIÓN ESPAÑOLA SOBRE EL MONARCA
Carlos V creó la parroquia de Guía en 1533 y puso su primera pila bautisma en 1530

Pedro González-Sosa
(Cronista Oficial de Guía)


La difusión desde hace unas semanas de la serie televisiva sobre la vida de Carlos I de España y V de Alemania hace recordar que fue este monarca el que creó a principios del s. XVI  la parroquia de Guía, que se erigió en la pequeña ermita levantada poco antes por el fundador de la entonces villa Sancho de Vargas.


A PROPÓSITO DE LA SERIE DE TELEVISIÓN ESPAÑOLA SOBRE EL MONARCA
Carlos V creó la parroquia de Guía en 1533 y puso su primera pila bautisma en 1530

Pedro González-Sosa
(Cronista Oficial de Guía)


La
difusión desde hace unas semanas de la serie televisiva sobre la vida
de Carlos I de España y V de Alemania hace recordar que fue este monarca
el que creó a principios del s. XVI  la parroquia de Guía, que se
erigió en la pequeña ermita levantada poco antes por el fundador de la
entonces villa Sancho de Vargas. Y, en consecuencia, el que mandó
colocar la primera pila bautismal que, afortunadamente, se conserva en
aquella iglesia. Carlos fue monarca de España, junto a su madre pero
ésta de forma solamente nominal, desde 1516   hasta 1556, añadiendo
también el de emperador de Alemania en 1520, títulos que ostentó hasta
su muerte ocurrida en Yuste en 1558
.

La parroquia de Guía fue creada por una Real Provisión de Carlos V firmada el 5 de diciembre de 1533 en  el castillo de Monzón, (hoy  en la provincia de Huesca),  que fue sede frecuente de las Cortes de Aragón hasta 1701. El mandato real debe encontrarse traspapelado --así nos lo sugirió don Santiago Cazorla en su día-- en el archivo de la Catedral, pues  en Simancas se encuentra la copia que se hacía para el Registro General del Sello que nos obsequiaron con una copia de la que entregamos en 1983 a la iglesia de Guía  una reproducción fotográfica como testimonio documental   y que se encuentra enmarcada en el pequeño archivo parroquial.

   De la Real Provisión que recoge la creación del beneficio o parroquia guiense signada por el rey, hoy objeto de un serial televisivo, entresacamos por su interés actual los párrafos siguientes:  "Don Carlos y doña Juana a vos el reverendo padre fray Juan de Salamanca, obispo Canarias y a los vicarios y jueces que en adelante fueren [......] mandamos que los dos beneficios de Telde y Gáldar se dividan cada uno en dos Beneficios e que  en la Yglesia de Telde   sirvan dos Beneficiados e en el Beneficio de Gáldar que sirva un Beneficiado en la Yglesia  de Santiago de Gáldar e el otro Beneficiado en Santa María de Guía, según queda asentado en la Visitación que hizo el Reverendo en Cristo Padre don Luis [Cabeza]  Baca obispo que fue de Canaria e al presente lo es de Salamanca".

   Y concluye: "Por vos mandamos a todos e a cada uno de vos que guardéis e cumpléis e hagáis guardar e cumplir e ejecutar todo lo contenido en esta carta [...]  e los unos ni los otros no pagades ni pagan  ende al so pena del nuestra merced, e de diez mil maravedís para la nuestra Cámara, dado en Monzó a cinco días del mes diciembre del año del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo de mil e quinientos e treinta y tres años. Yo el Rey. Yo Juan Básques de Molina".

 Efectivamente, Luis Cabeza de Vaca,  maestro de Carlos V, fue  obispo de Canarias desde 1523 hasta 1530, pero según Pedro Agustín del Castillo  "nunca vino a las islas  y tomó posesión por su apoderado en miércoles 14 de octubre de 1523 y parece que envió por  visitador al obispo Bituriense fray Francisco de Samora, quien el 16 de julio de 1530  tomó cuentas al hospital de Telde". Le sustituyó el dominico fray Juan de Salamanca desde 1531 hasta 1534, lo que evidencia que aunque la confirmación de la creación de la parroquia se sustente oficialmente con la Real Provisión de 1533 ya desde mucho antes Cabeza de Vaca, o su visitador, había entendido la necesidad de creación como parroquia  la pequeña ermita de Sancho de Vargas, y fue Salamanca quien elaboró un plan para el desglose o desdoblamiento  de los dos Beneficios o Parroquias hasta entonces existentes en la isla.

   Uno de los primeros capellanes de la pequeña ermita fundada por Vargas que ya lo estaba en 1509 aparece en el testamento de Alonso de Trujillo en un instrumento de marzo de 1524 donde  expresa que "pidió limosna para las ánimas en el lugar de Guía, de lo cual dio cuenta a Gaspar de Quirós, capellán que fue de Nuestra Señora de Guía". Quirós fue sustituido por Martín de Zerpa que aparece "como capellán de Guía" en julio del mismo 1524  en el testamento de Pedro Báez.  Zerpa fue capellán  hasta la creación en 1533 de la parroquia en que se convirtió  a partir de entonces en  "cura de esta villa de Guía", es decir Beneficiado, pues así aparece actuando como testigo en un documento de obligación de entrega de 5.000 ladrillos para la iglesia de Gáldar en que se compromete Francisco de Miranda a Francisco Jáimez de Sotomayor.  

   Antes de la creación de la parroquia, 1533, la pequeña iglesia de  Guía tuvo pila bautismal a partir de 1530 mandada colocar por Cabeza de Vaca, pues a partir de entonces los neófitos se bautizaban allí y no en la iglesia de Gáldar como era habitual hasta aquel momento, suponiendo que seguían inscribiéndose en la de Santiago pues el primer libro primero de bautizos de Guía se inicia en 1565 por el beneficiado Fernando  Alonso en virtud de lo mandado en el Concilio de Trento. Y no hay duda de que la pila se colocó en 1530 porque en el Sínodo del obispo de la Cámara y Murga de 1629, al folio 318 del ejemplar existente en El Museo Canario se dice que "el obispo Cabeza de Vaca puso la pila bautismal de Guía, [porque antes] desde allí [se] iban a bautizar a Gáldar".

   La pila, de piedra con relieves y curiosos dibujos, estuvo colocada en aquella iglesia hasta 1860 fecha en la que Isabel Bethencour Sánchez-Ochando --la misma que donó la casa parroquial-- regaló la actual de mármol. Cuando ocurrió el cambio la vieja bautismal pasó a la casa de don Juan Batista Palenzuela --organista y archivero parroquial-- que la tuvo en un traspatio de su casa de la calle del Agua como bebedero de las gallinas.  En la década de los años cincuenta del pasado siglo Néstor Álamo la recuperó para colocarle en la Casa de Colón donde permaneció expuesta con un cartel-leyenda hasta los años sesenta que se retiró. Afortunadamente fue recuperada y en la actualidad se encuentra en la iglesia guiense  junto al altar de las Mercedes.


Guía ahuyenta las cigarras

 


Guía ahuyenta las cigarras

El casco de Guía se convirtió ayer en un hervidero de tradiciones centenarias, en el que participaron más de 4.000 vecinos ataviados a la antigua usanza. El repique de cajas de guerra, como los organizadores de estos fastos llaman a los tambores, y el bullicio de caracolas se convirtieron en la llamada de los guienses a sus costumbres más ancestrales.

Guía ahuyenta las cigarras

El
casco de Guía se convirtió ayer en un hervidero de tradiciones
centenarias, en el que participaron más de 4.000 vecinos ataviados a la
antigua usanza. El repique de cajas de guerra, como los organizadores de
estos fastos llaman a los tambores, y el bullicio de caracolas se
convirtieron en la llamada de los guienses a sus costumbres más
ancestrales.

No solo "la Virgen les oyó", como ocurrió hace casi dos siglos en la Montaña de Vergara. El estrépito sonido de caracolas y tambores, emitido ayer por más de 4.000 romeros en las calles del casco histórico de Guía, tuvo que escucharse en más de un pueblo del norte de Gran Canaria. Con ramas de eucalipto en las manos, "por eso de que las hierbas ahuyentan los males", los vecinos revivieron su ofrenda a la imagen, que liberó a la comarca de una plaga de cigarras en 1811. La familia Arencibia encarna cuatro generaciones de mayordomos en la Fiesta de Las Marías.

Fernando de León, más conocido como el hombre del pan de a perra en San Roque, por vender este alimento en su comercio de Guía, se convirtió en mayordomo de la Fiesta de Las Marías allá por finales del siglo XIX. "Era un hombre muy dado con la gente y vivía la fiesta muy intensamente", rescató su nieto Manuel Arencibia, ayer, en pleno bullicio de caracolas y repique de tambores, que anunciaban la salida de la Virgen al frontis de la iglesia pasado el mediodía. A pesar de que ninguno de sus hijos heredó ese afán por rescatar y cuidar con mimo las tradiciones de la zona alta del municipio, su yerno, Juan Arencibia, adquirió su cargo. "Fue entonces cuando mi padre, maestro de escuela, comenzó a contagiarnos del espíritu de estas fiestas: los preparativos de la romería, las rifas, la bajada de la rama... hasta hoy, que seguimos al pie del cañón", adelanta Manuel.

Sin embargo, esta vocación por "revivir las costumbres" no ha sido siempre un camino de rosas para quienes han estado al frente de la fiestas. A principios de la década de los sesenta, la participación de los vecinos en los fastos disminuyó considerablemente. "Había que buscar la fórmula de recuperar los ánimos y a mis hermanos y a mí se nos ocurrió bajar de las montañas de Guía un rebaño de ovejas, ataviados por supuesto como auténticos pastores", recuerda Manuel. Fue entonces cuando los seis hijos de Juan Arencibia comenzaron a colaborar de forma más activa en las fiestas. Los hermanos comenzaron a ir a Vergara a cortar ramas días antes de la romería, aunque en alguna que otra ocasión alguno de ellos se hizo el remolón. "Recuerdo que una vez nos pasamos toda una tarde buscando por el campo a uno de mis hermanos. Preguntamos a la gente que estaba cortando ramas con nosotros por la zona y nadie lo había visto. Unas horas más tarde lo encontramos durmiendo la mona junto a una botella de ron en uno de los camiones donde depositábamos las ramas", espeta con una carcajada Manuel. Con el pasar de los años, Manuel trasladó su residencia a Madrid y fue su hermano Luis Miguel el que finalmente adquirió el título de mayordomo en su familia. En la actualidad es la cabeza visible de la veintena de hombres que conforman la junta de la organización de Las Marías.

"Cuando me casé con él ya sabía en qué me metía. Es su pasión y, con el tiempo se ha convertido también en la de todos", sostiene la mujer de Luis Miguel, Ricarda Aguilar, quien lució mantilla durante la procesión de la Virgen junto a su cuñada Lucía. El manto de esta última tiene un siglo y medio de antigüedad, "herencia de su tatarabuela", por lo que constituye todo un tesoro en el legado de los Arencibia. "Hoy es un día muy especial para mi, porque la procesión de Las Marías la he vivido en mi casa con mucha ilusión desde que era pequeña, cosa que intento transmitírselo a mis nietos, que también me acompañan hoy [por ayer]", desvela Lucía, quien junto a otras siete mujeres de mantilla blanca agasajaron a la imagen en su recorrido por las principales calles del casco.

A su paso por la calle San José, justo en frente de la casa donde nació el artista Néstor Álamo, el desfile de la patrona del municipio tomó un carácter especialmente emotivo. Desde su ventana y con una mirada más que estremecedora, la camarera de la Virgen, Esther Estévez, no pudo contener las lágrimas cuando la imagen paró junto a su casa. Los pocos minutos que se sucedieron en silencio hasta que los devotos comenzaron a entonar folías a la divinidad, se hicieron eternos. "Le debo mucho a la Virgen. Por lo que siento un sentimiento muy profundo, que no se puede explicar con palabras, al verla de cerca", confiesa Esther desde las alturas de su vivienda una vez que la procesión ya había alcanzado la calle Médico Estévez.

Entre vítores espontáneos y el sonido dispar de bucios, como telón de fondo, la marcha religiosa ganaba a cada esquina nuevos feligreses.

"Vengo en representación de los usuarios del centro de día", anuncia Nacho Guillén. Sobre su espalda portaba un mato de ramas adornadas con "pimientos, piñas y dátiles" sacados de la nevera del establecimiento en el que trabaja desde hace más de una década como monitor. "Los abuelos se dedicaron durante más de una semana a decorar la rama, por lo que hoy tengo la obligación de estar aquí, en nombre de todos ellos", matizó.

A escasos metros de distancia, las matas de eucalipto adquieren una dimensión mayor. En concreto, pueden llegar a pesar hasta 30 kilos. "Primero se cuelga la fruta, que me dan algunos familiares, y luego se sujetan a la pita con una soga. Hay quien adorna la rama con cencerros de cabras, pero yo creo que ya pesa bastante con todo lo que lleva", señala Juan Castellano, de 70 años edad, de los cuales ha dedicado 40 a la organización de la fiesta. "Yo empecé a venir a esta romería con una carretilla de una rueda, de aquellas que se utilizaban antiguamente en la labranza", destaca el mayordomo con entusiasmo y a la vez agrega: "Mira, que no ha llovido desde entonces".

Las 15 carretas, que participaron en la romería, comenzaron a rodar desde la carretera general cuando la imagen llegó al pórtico de la iglesia.

"Aquí todo va seguidito para que nadie se aburra", comenta Claudio Benítez, desde la carroza Los Molineros. Para la ocasión, este vecino del barrio Divina Pastora, en Las Palmas de Gran Canaria, trajo una lechera confeccionada por el artesano guiense Pedro Déniz en 1992. A modo de homenaje a su madre Lolita, que vendía el litro de leche a una peseta de casa en casa, Benítez repartió entre sus compañeros de jolgorio los 50 litros de mojito que había preparado para la romería. "Aún recuerdo ese sabor único de la leche que vendía mi madre, con una ralita de gofio por encima de vez en cuando...eso sí que era energía en estado puro", exclama el visitante.

A paso lento, "pero seguro", llegó la ofrenda a la Plaza Grande. Algunos con resaca acumulada de la noche anterior, "de la romería de Valsequillo", según señaló la ganadera Loli Hernández, y otros con energías suficientes "como para alargar la fiesta hasta el lunes, si hace falta". El desfile de romeros y el baile de casi una decena de agrupaciones folclóricas de toda la Isla acabaron con un "gran concierto" de tambores y caracolas en el interior del templo.

FUENTE: La Provincia


Historia de una caracola

Historia de una caracola
por Javier Estévez

Esta caracola perteneció a Pepe Molina, el abuelo de uno de mis tatarabuelos. Y tuvo que sonar ya en torno a 1820 cuando aún vivían y celebraban los primeros años de la fiesta sus auténticos creadores.

Historia de una caracola
por Javier Estévez

Esta
caracola perteneció a Pepe Molina, el abuelo de uno de mis
tatarabuelos. Y tuvo que sonar ya en torno a 1820 cuando aún vivían y
celebraban los primeros años de la fiesta sus auténticos creadores.

Luego la heredó su nuera, Maria Antonia Ariñez Padrón, quien la llevaba consigo cuando, montada en su yegua y pertrechada con trabuco, látigo y cuchillo, salía las noches sola (quizás había enviudado o quizás su marido era un juan lanas) a inspeccionar con insólito celo fincas y cortijos. Su hijo Jose Antonio se la entregó a mi bisabuelo, Juanito el huevo, quien dicen que la tocaba con una melancolía insoportable tras la muerte de su mujer en la epidemia de fiebre española.

Y es probable que mi padre, tras recibirla a su vez de su madre, comprobara que no era sólo el mar lo que se oye cuando acercas la cavidad de la concha al oído sino que descubrió que en su interior retumban viejas voces y murmullos atávicos y fluctuantes que al hacerlos sonar vienen y van.

Y será mi hermano Pedro quien prolongue el próximo fin de semana, y ante la mirada expectante y entusiasmada de sus hijos, el sonido de una caracola que vibró por primera vez en Las Marías hace mucho tiempo atrás.



Centenario del Hospital de San Roque. Por Pedro González-Sosa

Centenario del Hospital de San Roque

Pedro González-Sosa
Cronista oficial

Se
celebra el lunes 10 de agosto, dentro de los actos del programa preparado
por el ayuntamiento con motivo de sus fiestas patronales, el primer
centenario de la implantación en Guía de Gran Canaria del que constituyó
el también primer hospital allí abierto para el servicio no solo de la
población guiense sino de aquella zona.

Centenario del Hospital de San Roque


Pedro González-Sosa
Cronista oficial

Se
celebra el lunes 10 de agosto de 2015
, dentro de los actos del programa preparado por el ayuntamiento con motivo de sus fiestas patronales, el primer centenario de la implantación en Guía de Gran Canaria del que constituyó el también primer hospital allí abierto para el servicio no solo de la población guiense sino de aquella zona, a propósito de cuyo acto nos permitimos agregar unas breves notas como ampliación a lo recogido en el programa festero de este año pergueñadas por el archivero municipal Sergio Aguiar Castellano.

Aquel primer centro hospitalario nació gracias a las gestiones realizadas a mediados de 1914 por el consejero del Cabildo Insular de Gran Canaria Santiago González Martín. El 6 de junio de aquel se leyó en la Comisión de la corporación que presidía Tomás de Zárate y Morales la propuesta del guiense con un presupuesto de 7.127,85 pesetas de las de entonces para la creación de un hospital comarcal proponiendo en la sesión de 23 de octubre siguiente alquilar en la localidad un edificio adecuado y suficiente para las labores que debería cumplir dicho centro. Se aprueba igualmente el pliego de condiciones por el que se debería regir la contratación del edificio para tal fin, que, según se recoge en la nota del programa, las características del habitáculo debería tener "salas para hombres, de mujeres, de operaciones, habitación para partos, departamento para las futuras hermanas de la Caridad, servicio de cocina, despensa y aseos". La misma corporación decide en abril de 1915 adjudicar el contrato de alquiler por cinco años al vecino de Guía Manuel Bautista Aguiar propietario de dos casas anexas señaladas con los números 9 y 11 de gobierno de la calle popularmente conocida como del Agua y en la actualidad rotulada con el de Luis Suárez Galván, exigiéndole la realización de algunas reformas, señalando como alquiler mensual la cantidad de cien pesetas de las de entonces que se compromete a sufragar el ayuntamiento del que era alcalde Fernando Guerra Galván, iniciándose el arrendamiento a partir del primero de julio de aquel 1915, según recoge el Boletín Oficial de Canarias de 30 de junio anterior, en el que aparece, igualmente, el nombramiento del doctor José Blanco Hernández como "médico interino y gratuito". Además, el Cabildo acuerda el alquiler de una huerta anexa al edificio elegido -en realidad eran dos casas colindantes- por el precio anual de 300 pesetas anuales "con destino al descanso de los enfermos cuando lo prescriban los facultativos".

El primero de octubre de 1915, con la convulsión que también padecía la isla como consecuencia de la Guerra Europea, inició su andadura el centro como Casa de Socorro pues todavía no funcionaba como hospital para lo que se precisaba la presencia de una comunidad de hermanas de la Caridad para asistencia a los enfermos, religiosas que todavía tardarían en llegar dos años. Al acto de inauguración asistió el alcalde, "el consejero del Cabildo señor Bertrana, el subdelegado de Medicina de la isla y tres médicos", según las escuetas reseñas recogida en la prensa de aquellos tiempos. En la sesión del Cabildo de 6 de octubre de aquel año se da cuenta de la recepción de numerosos telegramas recibidos por el presidente del Cabildo con motivo de su inauguración unos días antes, entre otros uno del alcalde de Guía en el que "agradece la puesta en marcha de una Casa de Socorro en el Hospital de esta Ciudad", y otro del presidente del casino de la localidad. Para poder iniciar su actividad hubo de recurrirse a una suscripción abierta por Santiago González Martín que reunió la cantidad de 4.356 pesetas, a lo que se añadiría le donación de muebles, loza y material quirúrgico. Las hermanas de la Caridad del Hospital de San Martín, de la que era superiora sor Jesús Rodríguez, confeccionaron ropas y colchones, según recoge Manuel Ramírez Muñoz en un trabajo publicado en este mismo periódico en mayo de 1993.

Pero no sería hasta el 10 de diciembre de 1917 cuando en realidad el centro se convirtió en autentico hospital con la llegada de las primeras hermanas de la Caridad para asistencia a los enfermos, servicios de cocina y limpieza de las distintas dependencias que conformaron, igualmente, la primera comunidad religiosa allí establecida formada por las religiosas sor Pilar Rodríguez Bolaños en calidad de superiora (hermana del en aquella época deán del Cabildo Catedral Pablo Rodríguez Bolaños), sor Antonia del Castillo, sor Josefa España y sor María Muñoz quienes recibían del Cabildo 1,25 pesetas diarias por su asistencia. Seguramente el nuevo hospital guiense tenía su capilla para el uso de la comunidad religiosa por lo que en abril de 1923 el párroco José Martín Morales procedió a la bendición de una pequeña imagen de San Roque donada por el médico-director José Blanco, el administrador del establecimiento sanitario y el abogado Manuel Bautista Aguiar, el propietario de las dos viviendas alquiladas.

Desde la inauguración de aquel primigenio centro, el primero de octubre de 1915 y hasta 1917 en que llegan las religiosas, señala Ramírez, el centro había tenido 480 estancias atendidas por el Dr. Blanco Hernández quien, al mismo tiempo, había realizado 229 intervenciones quirúrgicas, fundamentalmente tumores, úlceras y afecciones genitosanitarias, entre otras asistencias.

A este primitivo hospital le seguiría la construcción de un edificio más moderno y adecuado a las necesidades de su actividad sanitaria, en tiempos de la presidencia del cabildo de José Mesa y López. En 1920 la corporación pone en marcha la iniciativa y en febrero de aquel año se celebro el acto de subasta del nuevo hospital con un presupuesto de cerca de 140.000 pesetas, pero no será hasta agosto de 1924 cuando se pone la primera piedra según recoge Diario de Las Palmas. Todavía tardaría algún tiempo en producirse el traslado del primer hospital desde la calle del Agua hasta el nuevo edificio porque se conoce que en la Comisión Permanente del Cabildo de febrero de 1929 se recibe "una comunicación del delegado administrativo del centro dando cuenta de haber sido trasladado dicho hospital al nuevo edificio".

El nuevo hospital se construyó en la falda de la llamada Montaña de Carnedagua, en un solar que, según nota publicada en Diario de Las Palmas en noviembre de 1917, donó Cayetana Manrique de Lara por lo que el Cabildo acuerda darle las gracias, según datos aportados por el Dr. Nicolás Chesa que está recopilando noticias para hacer la historia de los hospitales de Gran Canaria. Todavía en 1930, para facilitar su acceso al nuevo centro sanitario se produce la adecuación de un viejo camino rural en carretera, la actual convertida hoy en calle, que parte desde la plaza de San Roque a la Cuesta Caraballo, pasando por Las Barreras.

La celebración del primer centenario de la creación del hospital de San Roque, debe propiciar al Ayuntamiento de Guía la oportunidad de colocar en el frontis de una de las dos casas una placa recordatorio de que allí se puso en marcha la primera sede de este centro sanitario en 1915 de indudable interés social no solo para Guía sino para toda la zona del Noroeste de la isla.


Leacock, Harris y Douglas. Por Amado Moreno


LA MUESTRA ESTARÁ ABIERTA HASTA OCTUBRE
Leacock, Harris y Douglas, memoria imborrable de la agricultura canaria

Amado Moreno

Con una singular y lograda exposición abierta anoche en la Casa de la Cultura, el ayuntamiento de Guía rinde justo homenaje estos días a tres destacad,os empresarios ingleses del pasado: David J. Leacock, Douglas Charles Fenoulhet y Anthony Harris. Avanzado el siglo XIX y después en el XX, los tres fueron decisivos en el impulso del cultivo y exportación de plátanos y tomates canarios.

Leacock, Harris y Douglas, memoria imborrable de la agricultura canaria

Amado Moreno

Con
una singular y lograda exposición abierta anoche en la Casa de la
Cultura, el ayuntamiento de Guía rinde justo homenaje estos días a tres
destacados empresarios ingleses del pasado: David J. Leacock, Douglas
Charles Fenoulhet y Anthony Harris. Avanzado el siglo XIX y después en
el XX, los tres fueron decisivos en el impulso del cultivo y exportación
de plátanos y tomates canarios. La muestra, que permanecerá abierta
hasta el mes de octubre,  tiene vocación itinerante por Gáldar, Agaete y
La Aldea, municipios en los que todos ellos desplegaron su iniciativa
agrícola.

Fotografías inéditas de los tres personajes, utensilios y variedad de detalles rústicos de la época conforman una muestra cuidadosamente montada con el talento creativo de Luis Jiménez Mesa, Mónica Rodríguez, Omayda Rodríguez y José Ortego, la vasta documentación de Augusto Álamo, más las aportaciones no menos significativas de Francisco Suárez Moreno, Antonio Quesada Quesada y Sergio Castellano Aguiar.

Entre los  distintos objetos a la vista, una piña de plátanos envuelta con doble capa de papel Kraft y pinocha, atada con hilo de pita, como se exportaba en los primeros tiempos. Antiguos bidones de aluminio y otros de hierro para almacenar petróleo y aceite, respectivamente. Un viejo carromato que debía ser remolcado por yuntas de bueyes; tuberías de presión construidas en el Agujero de Gáldar para el agua de riego; bloques de construcción huecos, introducidos por Mr. Leacock por vez primera en el sector; y , entyre otros enseres, un carro de fruta ambulante de la época que promocionaba el plátano canario en Londres con la leyenda "Are the best" (los mejores).

La organización no descarta rescatar para el mes de septiembre el documental  "Canary Banana", elaborado en 1935 por Richard Leacock,  reconocido internacionalmente en el mundo del cine, a fin de proyectarlo a los visitantes escolares en el marco de esta oportuna exposición.

El alcalde guiense, Pedro Rodríguez, destacó anoche en el acto inaugural que tanto Harris como Leacock y Douglas, todos ellos asentados en la Comarca Norte,  "trajeron consigo su tecnología para que Canarias se convirtiera a comienzos del siglo pasado en el principal productor de plátanos, tomate y papas para abastecer fundamentalmente a las grandes ciudades de Inglaterra. Y fue tal la importancia de este comercio que dio origen al denominado "Canary Wharf" (Embarcadero Canario), en Londres.

David John Leacock. (1890-1980) Ingeniero industrial, formado en Cambrige, de ideología socialista, pertenecía a una conocida familia de origen hugonote parisino, emigrada a Londres. Su padre, John Milburne Leacock fue el primer exportador mundial de plátanos, actividad que emprendió en Madeiras, antes de trasladarse a Canarias. Falleció en mayo de 1915 cuando descansaba en Suiza. El obituario firmado en el periódico La Provincia el día 28 de mayo del mismo año, lamentaba la desaparición de "un hombre de negocios de altura, que contribuyó al progreso y enriquecimiento de Gran Canaria". Tiempo después,  su hijo David John compró en 1922 la totalidad de la herencia canaria a sus cuatros hermanos. Su dinamismo emprendedor en el sector agrícola fue desbordante. Tejió una infraestructura hidráulica con más de 100 kilómetros sólo en tuberías, dispuso de más de mil hectáreas para el cultivo de fresa, pimiento, plátano, tomate, berenjena, flores y hortalizas. Granjas de pavos, vacas, ovejas y colmenas. Asimismo, participó en la fundación de los colegios Alemán e Inglés, y se convirtió en donante anual de un millón de pesetas de entonces para fines benéficos exclusivamente.

Su testamento fue una prueba más de una generosidad inusual. Legó todo su patrimonio, valorado en más de dos mil millones de pesetas, a once de sus más leales trabajadores.
Anthony Harris. Vino al mundo el 19 de octubre de 1887 en Haemoor (Cornualles) al suroeste de Inglaterra. Eligió venir a Canarias, en lugar de integrarse en el negocio de frutas y verduras de su familia en Liverpool. Llegó a Gran Canaria después de unos meses en La Palma. David Leacock fue su mentor inicial en materia de exportación. Contrajo matrimonio con la guiense Guillermina Jiménez y fijaron su residencia inicial en Gáldar. En terrenos de su propiedad cultivó tomates, plátanos, cebollas y berenjenas, que tenían salida a través de los puertos de Sardina y La Aldea, hacia el puerto de La Luz, y desde éste al Reino Unido. Falleció en junio de 1970.

Douglas Charles Fenoulhet.  ( 1882-1927) Conocido con el apodo de El Niño se afincó también en la comarca Noroeste, concretamente en Gáldar, ejerciendo de gerente en Gran Canaria de la compañía "Fyffes Limited", con una extraordinaria relevancia en el ámbito de la exportaciones agrícolas canarias a Inglaterra.  Murió prematuramente con 45 años de edad. Para sorpresa de algunos,  en su testamento dejó como heredera de sus propiedades a su ama de llaves, María Mendoza Mendoza. La familia de ésta ha conservado valiosos documentos de la delegación de "Fyffes Limited Gáldar". También un voluminoso álbum de fotos de Douglas Charles Fenoulhet, cuyo valor etnógrafico es uno de los principales atractivos de la exposición guiense.

Nota del autor: publicado en el diario La Provincia

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Los inicios del fútbol en Guía: el Campo De Deportes de La Atalaya

Los inicios del fútbol en Guía: el Campo de Deportes de La Atalaya


Por Sergio Aguiar Castellano
Archivero Municipal

   

El
fútbol llega a Canarias a finales del siglo XIX, en torno a 1890, a
través de la destacada colonia inglesa que vivía en la ciudad de Las
Palmas de Gran Canaria, de tal manera que en 1894 ciudadanos británicos
fundan dos equipos el “Grand Canary Football Club” y  “Las Palmas
Football Club” .
Los inicios del fútbol en Guía: el Campo de Deportes de La Atalaya


Por Sergio Aguiar Castellano
Archivero Municipal


   
El fútbol llega a Canarias a finales del siglo XIX, en torno a 1890, a través de la destacada colonia inglesa que vivía en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, de tal manera que en 1894 ciudadanos británicos fundan dos equipos el “Grand Canary Football Club” y  “Las Palmas Football Club” .

   
Desde ese momento el desarrollo del fútbol fue desigual y lento, si bien en la primera década del siglo XX se crearon los primeros equipos canarios como el “Marino F.C.” en 1905; en 1909 el “Artesano” y el “Sporting Victoria” en 1910.

   
Con el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914 el fútbol sufre una destacada decadencia, llegando incluso en torno a 1920 a desaparecer casi todos los equipos que se habían creado. Con la creación de los equipos Gran Canaria y Porteño en el año 1921 comienza a renacer el fútbol en Gran Canaria, que se consolida definitivamente en 1925 cuando se crea la Federación Canaria de Fútbol .

NOTA.- Este estudio ha sido publicado en el programa de las Fiestas de San Pedro 2014 del barrio de La Atalaya de Guía de Gran Canaria.

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El reloj mecánico inglés de la iglesia de Guía.Pedro González-Sosa

El reloj  mecánico inglés de la iglesia
Se instaló en 1838 comprado con los mil pesos de la manda testamentaria de Luján Pérez
                                                            
Pedro González-Sosa

El catedrático de Matemáticas de la Universidad de La Laguna y ex
consejero de Cultura del Gobierno de Canarias con Jerónimo Saavedra,
Luis Balbuena Castellano,  ha puesto en marcha un proyecto para realizar
el catálogo y estudios de los pocos relojes de torre o públicos
mecánicos que todavía funcionan en las Islas Canarias, proyecto que se
realiza a través de la fundación CICOP (Centro Internacional de
Conservación del Patrimonio), para lo que ha requerido  la colaboración
de los Cronistas Oficiales de los distintos municipios con la intención
de recabar los datos necesarios.

 

El reloj  mecánico inglés de la iglesia de Guía

Se instaló en 1838 comprado con los mil pesos de la manda testamentaria de Luján Pérez
                                                            
Pedro González-Sosa

   El catedrático de Matemáticas de la Universidad de La Laguna y ex consejero de Cultura del Gobierno de Canarias con Jerónimo Saavedra, Luis Balbuena Castellano,  ha puesto en marcha un proyecto para realizar el catálogo y estudios de los pocos relojes de torre o públicos mecánicos que todavía funcionan en las Islas Canarias, proyecto que se realiza a través de la fundación CICOP (Centro Internacional de Conservación del Patrimonio), para lo que ha requerido  la colaboración de los Cronistas Oficiales de los distintos municipios con la intención de recabar los datos necesarios, labor en la que, por supuesto y desde este momento, estamos colaborando proporcionándole aquí los datos que se refieren al reloj de la torre norte de la iglesia parroquial de Guía de Gran Canaria y que fue  inaugurado  en 1838 con ocasión de la visita pastoral realizada a la iglesia de aquella entonces todavía villa por el obispo Judas José de Romo.

   El reloj que  cuenta y marca el paso del tiempo en aquella localidad, como es harto conocido, fue una realidad merced a los mil pesos que en su testamento de 1814 dejó el escultor hijo de aquel pueblo José Luján Pérez, manda recogida en el siguientes  términos: "Es mi voluntad --declara--se ponga un reloj en una de las torres de aquella iglesia parroquial, a fin de que los vecinos disfruten de este beneficio y puedan arreglar las distribuciones de sus aguas, que es de tanto interés para la agricultura y para no causar disturbios ni desavenencias entre sus participes".

   Hasta el momento en que se quiere hacer realidad la manda testamentaria del imaginero --finales de los años 20 y principio de los treinta de 1800--la iglesia de Guía tenía solo una torre, la del  sur o campanario por lo que hubo se levantarse una segunda, la del norte, tarea y empeño en que se involucró de forma principal el ayuntamiento de la época, y que consta ya estaba levantada en 1837. Felizmente concluida,  se adquirió el reloj  en Inglaterra a la firma "W. Valeo" de Londres según aparece signado en el anverso de una de las esferas, y una vez instalado se procedió a la bendición en 1838  por el mentado obispo Romo, acto al que asistió la hija del escultor Francisca Luján Barrera, con cuyo motivo compuso el  doctoral que fue de nuestra iglesia catedral Graciliano Afonso, el siguiente soneto, texto que con ocasión del segundo centenario del nacimiento de Luján, en mayo de 1956 el Ayuntamiento de Guía hizo colocar esculpido en placa de mármol en el frontis de aquella torre sur recordando la efemérides de su inauguración:

 Con mesurado paso, blanco lento
mides el tiempo, oh péndola canora
el que insaciable con afán devora
tras siglo tanto el volador momento.
 Tú marcas su vivir al gran talento    
y en la cima de olvido asoladora
también verás rodar el arpa sonora
que al héroe enraíza y encadena el viento.
¿Y allí estarás también, Lujan sublime?
¿Hasta de tu cincel no habrá memoria?
¿Tu patria ahogara la voz que gime.
perdiendo de su genio la alta gloria?.
Guía, no llores, que virtud exime,
muera el patriota, y dé su don la historia.

   Como complemento de lo anterior nos place añadir una breve historia de los avatares producidos con ocasión de hacer realidad la voluntad de Luján de que aquel templo tuviera un reloj. Por las penurias económicas de la iglesia y del propio ayuntamiento,  en sesión  celebrada de 10 de junio de 1938 presidido por el alcalde Felipe Valdés se recoge que la municipalidad  "convoca al pueblo a la salida de las gentes de misa para confeccionar cuales sean los medios más fáciles de proporcionar una suma equivalente a costear  la traída de la máquina del reloj público que ha llegado de Londres a la Ciudad  para colocar en la nueva torre para su colocación y pagar los devengos del facultativo que es indispensable traer para ponerlo, que se ha estimado en un cálculo aproximado de 270 pesetas de a quince reales de vellón". Celebrada una reunión con los vecinos "más sobresalientes y después de una discusión bastante detenida los vecinos  se prestaron gustosos en contribuir cada cual en proporción de sus haberes, sirviendo de base los libros de contribución para el repartimiento de una peseta por vecino de los 1020 que contiene el último padrón". En el expediente de donde se han tomado las anteriores anotaciones consta una larga relación, por calle, de todos los vecinos y las cantidades que correspondía contribuir a cada uno, de acuerdo con sus disponibilidades económicas, "poniendo por base la riqueza de cada vecino" cuya recaudación alcanzo 597 pesetas de la época.

   El reloj fue adquirido en abril de 1937 a través de un inglés establecido en Londres llamado Joseph Bishop que lo compró  a la citada firma "W. Valeo-London" por importe de 130 libras a cuya cantidad hubo de añadirse en la factura otros gastos por derechos de entrada, corretajes, flete de Londres a Canarias, certificado del cónsul y  seguro, lo que totalizó la cifra de 146 libras,  sumándose a ésta otras  63  que en la factura se recoge como "gastos de desembarque y conducción a la Aduana, y conducción de la Aduana a mi casa", señala el consignatario en Las Palmas Federido Manly. De la firma constructora del reloj nada hemos podido averiguar a pesar de los esfuerzos realizados.

    Su encargo en Londres debió producirse a principios de la década de los años sesenta del siglo XIX porque el tal Bishop lo recogió  en la casa constructora el primero de abril de 1837, fecha que tiene la factura, para embarcarlo en el puerto de la capital inglesa en el buque de la misma nacionalidad "Sarah" que navegaba al mando del capitán Jones. Desconocemos más detalles del  buque que transportó la maquinaria desde Londres a Gran Canaria porque tampoco ha sido posible hallar otras noticias. La factura de compra está fechada en Londres el 26  de abril de 1838 suponiendo que pudo llegar a la isla algunas semanas más tarde, pues en agosto de ese mismo año se produjo su bendición. Pero el reloj, sin embargo, no estaba completo; le faltaba la campana para los horarios y desde La Habana, donde era canónigo arcediano, el también guiense Pedro José Gordillo y Ramos hizo posible su adquisición mediante un donativo en dinero. El día de su bendición, pocos años después, la campana fue bautizada con los nombres de María, por la patrona y José por el donante y las primeras campanadas que sonaron fueron seguidas, al mediodía, de dobles en recuerdo del imaginero fallecido en 1815.

   El reloj de la iglesia guiense  es mecánico, uno de los pocos que quedan, me dicen, en las islas y funciona por el clásico mecanismo de las "pesas": una para el horario y otra para la campana. Desde su colocación necesitó de una persona para que cada ocho o diez días elevara las dos "pesas" desde el fondo de la torre hasta lo más alto,  maniobra que realizaban personas vinculadas al templo y que en las últimas décadas  del siglo pasado ejercitaba el relojero Fabio Alamo Hernández --hermano del historiador Néstor-- que incluso en 1969  pintó las esferas y los números romanos siendo alcalde Ignacio Arencibia, y fallecido aquel siguió haciéndolo el también relojero su hijo  Salustiano (que tamibén repintó las esferas) hasta que hace seis u ocho años se  incorporó un motor eléctrico que realiza en la actualidad dicha maniobra.
                                        
Pedro González-Sosa es Cronista Oficial de Guía de Gran Canaria.
 


Rafael Almeida y Olivia M. Stone, impulsores de la cañadulce y el plátano. Pedro González-Sosa

Rafael
Almeida, impulsor de
la cañadulce y el plátano



Pedro González-Sosa

Rafaael Almeida Mateo fue un guiense que se distinguió por su talento e
iniciativas agrarias, muchas de cuyas ideas que se llevaron a cabo
resultaron de gran provecho.  Se le consideró en su tiempo como hombre
incansable en política (que incluyó la de ser alcalde de aquella
localidad norteña), agricultura y todo aquello que significara mejoras
para Gran Canaria y de forma especial para su pueblo, Guía.

Rafael Almeida y Olivia M. Stone, impulsores en la introducción del cultivo de la cañadulce y el plátano en el norte de Gran Canaria
                                                                                  


Pedro González-Sosa (*)
                                                                                     
Rafaael Almeida Mateo fue un guiense que se distinguió por su talento e iniciativas agrarias, muchas de cuyas ideas que se llevaron a cabo resultaron de gran provecho.  Se le consideró en su tiempo como hombre incansable en política (que incluyó la de ser alcalde de aquella localidad norteña), agricultura y todo aquello que significara mejoras para Gran Canaria y de forma especial para su pueblo, Guía. Viajero infatigable durante más de veinte años por toda América se encontraba en Filadelfia cuando la anilina desplazó a la cochinilla como colorante principal para las telas,  en cuyo cultivo se cimentaba hasta entonces --tercer tercio del siglo XIX-- la economía agrícola de nuestra isla.  

Historiábamos hace algunos años --concretamente en 2004-- en el libro editado por el ayuntamiento guiense "Historia de la Máquina y el cultivo de la cañadulce en Gran Canaria", el papel que protagonizó  Rafael Almeida Mateo en el inicio, a finales del XIX, del cultivo de la caña de azúcar a consecuencia de aquella crisis del hasta entonces floreciente cultivo del insecto que se nace y cría en la tunera hasta  entonces  y que disecado y  reducido a polvo servía para dar color a las telas enla industria tintorera.
   
Se encontraba, en efecto, en Filadelfia cuando ocurrió en las islas que un fuerte vendaval "lavó" las tuneras e hizo estragos en el cultivo de la  cochinilla, noticias que llegaron a Gran Bretaña y Francia, surgiendo la especulación que fue provocando la aparición y uso de la anilina de forma generalizada de forma que su comercialización a bajísimos precios hizo insostenible en las islas su producción. En estas circunstancias regresó Almeida a La Habana, pues desde su juventud se había instalado y trabajado durante muchos años en la isla caribeña, recibiendo de sus amigos cubanos la sugerencia de lo provechoso que suponía derivar la agricultura isleña al cultivo de la caña de azúcar de quienes recibió una importante partida de trozos  para su plantación, cosa que inicio nada más regresar al tiempo que sugenría a los agricultores a emular su empeño.

El mismo Rafael Almeida lo refiere en las Memorias, a modo de Recuerdos, que dejó escritas, episodio refiere así, cuyo pasaje transcribimos:
"En una reunión en Baltimore vimos las telas teñidas con la tinta artificial "anilina y quedamos sorprendidos por la hermosura y carácter de la tinta. "Entonces dije ´esta tinta va a ser la ruina para el archipiélago pues matará "sin duda alguna el cultivo de la cochinilla, principal fuente de riqueza de "aquel país´. Entonces regresé a Canarias por la vía de Cuba y esto fue una "feliz concurrencia pues en un convite que me dieron algunos amigos "antiguos de La Habana se habló de todo y entre otras cosas celebró mucho "cierto amigo la riqueza desarrollada con el cultivo de la cochinilla. En tal "motivo entramos a discutir respecto al cultivo más ventajoso como debía "reemplazarse a la cochinilla y todos fuimos de parecer que debía "adoptarse el de la caña de azúcar y varios dueños que allí estaban me "brindar"on algunas cajas de caña para plantar. Y al llegar a mi casa de "regreso a Canarias me dedique con marcado empeño a preparar el terreno "y plantar la caña".

La iniciativa de Almeida al respecto caló en el ánimo de los agricultores guienses que fueron cmulando aquel empeño y surgiendo poco a poco hasta convertir la zona en un gran cañaveral de forma que en 1888 cerca de cincuenta agricultores de Guía, Gáldar y algunos de Agaete se comprometieron a plantar la caña con un total de 119 fanegadas que sirvieron más tarde como materia prima para la fábrica de azúcar levantada  en la zona del Becerril por una empresa inglesa que finalmente acabo, a principios del XX, en manos de la familia Leacok.

Fracasada, de nuevo, la etapa del cultivo de la caña, la zona noroeste de la isla se vio emplazada a la búsqueda de otros que dieran resultados económicos beneficiosos y fue cuando nació la era del plátano al punto de convertir la zona, desde Arucas hasta Agaete, en una admirable alfombra verde hoy desgraciadamente desaparecida cubriendo aquellas tierras con grandes extensiones de bananos. Y en este empeño también fue prodigiosa la iniciativa de Rafael  Almeida quien recogió de la escritora inglesa Olivia M. Stone la idea de generalizar el cultivo de  esta fruta
  
El mismo Rafael Almeida lo refiere así en sus Memorias:
"En el cultivo del plátano o banano tuve también una gran participación
" [,,,,] pues se presentó aquí en Las Palmas una señora inglesa que de allá "de Inglaterra me vino recomendada. Esta señora y su esposo venían con al "propósito de obtener datos para escribir una obra sobre el archipiélago y "como manifestaron deseos de conocer toda la isla me brindé para "acompañarles. Empezamos por el norte y al llegar a Gáldar deteniéndonos "en aquella villa para ver y examinar unas grutas que allí existían con "restos aun de los antiguos canarios. Una vez pedido el permiso del dueño "de la finca echamos abajo una pared y por unos agujeros nos metimos con "unos faroles que conseguimos examinando toda la cueva y recogiendo "algunas pinturas. Cuando salimos nos sentamos a la sombra de unos "árboles a descansar  cuando la tal miss Tone(?) observó unas matas de "plátanos de los cercados que habia al otro lado del cercado. Me pregunto "si eran bananas y le dije que sí y entonces me dijo que como así no "embarcábamos esa fruta para Londres, pues era una fruta muy estimada "allí. Le contesté que era muy escasa y como los buques ingleses venían de "tarde en tarde no era posible el negocio. Y me contestó 'eso no es una "razón convincente señor Almeida, produzcan ustedes muchas bananas y ya "vendrán buques a cargar con bastante frecuencia. Tiene mucha razón, "contesté', y no eché en saco roto su oportuna  observación y entonces "escribí muchos artículos y la idea tomó cuerpo y ha venido creciendo hasta "llegar a lo que es hoy el primer producto de Canarias".

La escritora inglesa a que se refiere en su relato Almeida era Olivia M. Stone quien, en su amplio relato viajero por las islas recogido en su libro "Tenerife y sus satélites", también recoge la circunstancia de su encuentro con Almeida:

"Estando en  Guía, después de desayunar, vimos a otro caballero para "quien teníamos una carta de presentación que  resultó ser don Rafael "[Almeida]  que vino amablemente a vernos porque la noche anterior a "nuestra llegada no pudimos verle, y nos llevó a ver el casino y la iglesia y "salimos para Gáldar donde visitamos la cueva que estábamos ansiosos de "conocer...", refiriéndose, como se sospechará, a la hoy conocida como Cueva Pintada, sobre la que la escritora refiere que  "la cueva principal es "casi rectangular y la otra nueva, a la derecha de está, también está "pintada. Las pinturas están en secciones, cubriendo casi toda la cueva en "tramos de diez pulgadas de ancho".
  
Queda constancia, pues, de la influencia que tuvieron Almeida y Olivia  en la introducción de la cañadulce y el plátano en el norte de Gran Canaria, cada uno en su respectiva intervención.
                          


(Pedro González-Sosa es Cronista Oficial Guía de Gran Canaria).
 


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