Edición 24 febrero 2007
24 de febrero de 2007

Fernando Silva: pintor y escultor

Francis Naranjo expone en París
La Condición humana" desde el día 18 de enero de 2007, en el Instituto Cervantes de la capital francesa. +
genealógica de Fray Juan S. de Quintana

Reportaje sobre el personaje mas popular de Guía de todos los tiempos.
La habanera "La Perla" no es de Néstor Álamo
dicen ?l mismo aclaró en algún sitio que no es el autor de la música ni de la letra, se sigue atribuyendo a Néstor Álamo la autoría
Las Memorias de don Bruno
Los pregones de las Fiestas
El futuro del casco histórico

Juan J. Caballero:
El Noroeste da un paso de gigante en la recuperación de su Memoria Recuperación de las Actas Notariales

Anecdotario guiense
En esta sección, idea de Alejandro C. Moreno y Marrero , que la coordina, se rememoran anécdotas graciosas de nuestro pueblo y sus personajes. +

Personajes populares
Por Juan Dávila
Oficios tradicionales de Guía

En su sección encontrarán también un compendio sobre el cuchillo canario

Pepe Mejías, "la hiedra
Crónicas del ayer
Sección interactiva en la que se insertan crónicas y noticias del pasado guiense. +
La fiebre amarilla de 1811
De todas las epidemias que azotaron las islas Canarias en el siglo XIX dos fueron las más cruentas, las que tuvieron gran virulencia, las de mayor incidencia en la población. Las que causaron mayores estragos: la de fieb
Debate sobre la guerra civil
Si bien es verdad que en Guía de Gran Canaria no hubo desaparecidos en la Guerra Civil de uno u otro bando,
El Pleito Insular, según Néstor Álamo
Cruce de cartas
Entre Néstor Álamo y el párroco don Bruno Quintana, tras la retirada de aquel de la dirección del Camarón de la Virgen +
Nuevo libro de Santiago Gil

Santiago Gil, e scritor y periodista
guiense también escribe sobre Tomasín y otros temas de interés. +

Sergio Aguiar, filólogo e historiador
En el campo de la investigación histórica, Sergio Aguiar ha desarrollado un amplio trabajo con respecto a la historia de Guía de Gran canaria y de la Comarca Norte de la isla. +
Pedro González-Sosa recibió el justo homenaje
El 13 de agosto de 2006 tuvo lugar en el Teatro Viejo el homenaje a nuestro Cronista Oficial. Minutos antes se inaugur? la placa de la calle que levar? su nombre.
Agenda 21
El Ayuntamiento de Guía trabaja actualmente en la denominada Agenda Local 21 cuyo objetivo es desarrollar un Plan de Acción Municipal basado

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En 1811 los vecinos de los Altos, del Barranco del Pinar, de Piedra de Molino, de Junquillo y Verdejo, Palmitales,
Toño, pregonero 2006
El Pregón de las Fiestas de la Virgen 2006 corri? a cargo del hijo de este municipio Luis Antonio González Mendoza, Medalla de Oro de esta Ciudad

Ramón Jiménez : médico adelantado a su tiempo
Sistemáticamente, todos los pueblos rinden honrosos homenajes o, al menos, hacen mención de sus hijos más encumbrados por la destacada labor que en su momento realizaron en beneficio de sus conciudadanos y de la sociedad
Fotos antiguas

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Letras Canarias

Ahora también con buena cocina
Un hombre solo y sin ...
Un hombre solo y sin sombra
Santiago
Gil sitúa a su última novela en un entorno urbano, malévolo y nocturno.
Gil señaló que la obra fue escrita hace cuatro años y en ella la sombra es algo anecdótico que le ha valido para ridiculizar al personaje y acercarse al esperpento o a un entorno en el que podemos encontrar en muchos trabajos de Kafka, de Paul Auster o de Coetzee, "pero digamos que la sombra no es algo original, lo que subyace detrás del personaje es un hombre que podría ser cualquier de nosotros a poco que nos fallara la suerte", añadió.
Para el escritor, en la novela hay un acercamiento a temas candentes y de actualidad como la estulticia televisiva o la inmigración, y en líneas generales a unos personajes que luchan por acceder a sus diferentes paraísos cotidianos más o menos ilusorios o utópicos. La obra se presenta como una novela corta, ya que fue recortándose a medida que Gil iba haciendo relecturas y correcciones hasta desechar casi 50 páginas del original, y una serie de relatos con líneas argumentales más o menos comunes. "En la novela, como en todo lo que escribo", comentó el escritor, "hay mucho del mundo del periodismo en el que me he formado, por ejemplo la aproximación a los más marginales o a los escenarios cotidianos que no se ven a simple vista, y también hay mucho del periodismo en el lenguaje que utilizo en buena parte de la trama, un lenguaje que trata de ser directo, comprensible y con un ritmo narrativo que seduzca en todo momento al lector: busco la sencillez por encima de todo, que nada parezca forzado o redicho", añadió el periodista.a presentación de la obra, publicada por Anroart Ediciones, estará a cargo del poeta, profesor y periodista, Federico J. Silva. LA PROVINCIA. 27.02.07.

Santiago Gil
Edición 17 febrero 2007
17 de febrero de 2007

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Fallece Dacio Ferrera
En la madrugada del sábado 16.02.07, fallecía en el Hospital Universitario de Canarias de Tenerife Dacio Ferrera, el más popular y admirado folclorista y cantante isleño de las últimas décadas. El ?bito se produjo tras e
genealógica de Fray Juan S. de Quintana
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Fernando Silva: pintor y escultor
Edición 10 febrero 2007
10 de febrero de 2007

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En su página personal se incluyen otros textos de Alejandro sobre

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Música de papagüevos Santiago Gil, e scritor y periodista
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Marcadores de plátanos
Dado lo complicado que se hacía reconocer el estado del racimo en cuanto a sus condiciones ?ptimas para cortarlo y llevarlo a los diferentes almacenes donde se llevaba a cabo el complicado ritual de prepararlos para su e
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Ahora también con buena cocina
Fernando Silva
Fernando Silva,
pintor y
escultor
Fernando
Silva (Guía, 1974) es Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de La
Laguna (97-01). Cuarto curso de Bellas Artes realizado en la Academia di Belle
Arti, especialidad de escultura: talla de mármol, en Carrara, Italia. C.A.P.
(Curso de aptitud pedagógica) por la Universidad de Castilla la Mancha. Diseño
Gráfico (Publicidad), en la escuela de A.A.O.A de Las Palmas de G.C. Curso:
Metodología Didáctica y Técnicas de Intervención Educativa: La Logse y su
desarrollo en Canarias. (80h)
| Fernando Silva, pintor y escultor |
| Un reportaje dinámico de Antonio Aguiar iniciado el 9 de febrero de 2007. |
|
Fernando Silva (Guía, 1974) es Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna (97-01). Cuarto curso de Bellas Artes realizado en la Academia di Belle Arti, especialidad de escultura: talla de mármol, en Carrara, Italia. C.A.P. (Curso de aptitud pedagógica) por la Universidad de Castilla la Mancha. Diseño Gráfico (Publicidad), en la escuela de A.A.O.A de Las Palmas de G.C. Curso: Metodología Didáctica y Técnicas de Intervención Educativa: La Logse y su desarrollo en Canarias. (80h) |
Paquito
Francisco Hernández, PAQUITO

Por Erasmo Quintana
Como jefe de
Protocolo y Adjunto en el Ayuntamiento de Las Palmas de G.C., ha estado
al frente de la festividad de San Pedro Mártir; Semana Santa; visita de
los Reyes de España y el presidente de México; visitas de los
presidentes del Gobierno de España, de países extranjeros y
embajadores. Actos oficiales, civiles y militares al lado de la 152
Comandancia de la Guardia Civil de Las Palmas.
PROPUESTA DEL CONCEJAL ERASMO QUINTANA AL PLENO DEL AYUNTAMIENTO DE GUÍA, DE 29 DE ENERO DE 2007, PARA LA TRIBUTACIÓN DE UN HOMENAJE A D. FRANCISCO HERNANDEZ AFONSO POR LOS SERVICIOS DE PROTOCOLO DESINTERESADAMENTE PRESTADOS DURANTE VEINTE AÑOS.
Sr. Alcalde y Sres. Miembros de este Ayuntamiento Pleno:
La cortesía, el respeto, estar discretamente en el sitio adecuado, la corrección, el gesto atento, la palabra justa como respuesta cuando ha sido interrogado, la bonhomía, el atuendo siempre impecable... Todo esto tiene un nombre: Don Francisco Hernández Afonso, cariñosamente para todos sus amigos, Paquito. Tal vez ello es posible por su condición de “hombre de Protocolo”, actividad que ha venido desempeñando a lo largo de un montón de años.
D. Francisco Hernández Afonso nace en Las Palmas de Gran Canaria un 29 de junio de 1930, con residencia desde hace muchos años en Farailaga, término de nuestro municipio. Funcionario de la Administración Local en el Excmo. Ayuntamiento de Las Palmas de G.C. con cargo de Secretario Particular, desempeñando en diferentes alcaldías y departamentos de Asuntos Sociales. Ha participado como adjunto de Protocolo y en la organización de la Ofrenda a la Virgen Ntra. Sra. Del Pino durante más de 30 años, teniendo el honor de recibir a los representantes de S.M. el Rey.
Como jefe de Protocolo y Adjunto en el Ayuntamiento de Las Palmas de G.C., ha estado al frente de la festividad de San Pedro Mártir; Semana Santa; visita de los Reyes de España y el presidente de México; visitas de los presidentes del Gobierno de España, de países extranjeros y embajadores. Actos oficiales, civiles y militares al lado de la 152 Comandancia de la Guardia Civil de Las Palmas. Estuvo en la reunión-debate de Jefes de Protocolo de los ayuntamientos capitalinos del Archipiélago canario y de las FFAA de los ejércitos de Tierra, Mar y Aire, realizado en Tenerife. Ha sido jefe de Protocolo del Ayuntamiento de Guía bajo la presidencia de distintos alcaldes, durante mucho tiempo. Asimismo, desempeñó a lo largo de un dilatado número de años, los cargos de jefe de Protocolo, Vice-Secretario y Vocal del Colegio de Funcionarios de la Administración Local. Fue adjunto de Protocolo de la Ciudad de Las Palmas de G.C. en la recepción oficial ofrecida al Comité Olímpico Internacional, con motivo de la presentación de “Las Olimpiadas Barcelona-92”. Igualmente se le hizo responsable de Protocolo en la inauguración de la nueva sede de la Policía Local de Santa María de Guía.
El pundonoroso ejercicio de esta difícil profesión fue la constante en su dilatada vida profesional. Un oficio siempre delicado, pues se trata de poner o colocar en un cato oficial, a cada persona en el lugar que por la representación que ostenta le corresponde, tratando de no herir sensibilidades, todo desde el punto de vista del protocolo. La delicadez y el exquisito trato que se hacen necesarios en situaciones en que no es comprendida la prevalencia protocolaria, ponen ciertamente a prueba el buen oficio que ha venido desempeñando con tanta eficacia nuestro entrañable homenajeado, Paquito.
Su excelente hoja de servicios y su vena polifacética se reflejan en sus cuatro años de carrera de Perito Mercantil; la obtención, en el año 1953, del Certificado de prácticas de Cirugía Menor en el Hospital Militar impartidas por los Tenientes Coroneles Médicos, López Tomaseti, Corominas y Oliveros. En su título de Profesor de Bailes Regionales en Educación y Descanso, y el Real Club Victoria.
Subcampeón provincial de armas largas (fusil) y Campeón provincial de 2ª categoría con armas cortas del Tiro Olímpico de Las Palmas, con obtención de Diploma (1967).
Participante en los Festivales Folklóricos de Coros y Danzas Internacionales en La Feria del Campo (Madrid) y en la ciudad de Bari (Italia), obteniendo medallas en cada uno de ellos.
Obtiene en 1962 el Certificado del Instituto Internacional de Cultura Física de Madrid. Es cinturón Amarillo y Naranja de Judo en el Gimnasio de Las Palmas.
Fue colaborador especial de la Federación de Boxeo, y tesorero de la Federación de Lucha Canaria de Las Palmas. Secretario y Vocal de la Federación de Ciclismo durante varios años en Las Palmas, recibiendo por todo ello diferentes trofeos y medallas de esos organismos oficiales.
Obtuvo premio por el Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento, Antonio Avendaño Porrúa, por los servicios prestados en la organización de un importante evento oficial, con estancia en la residencia de la Guardia de Franco, en Solórzano (Santander).
Participó en la evacuación de heridos en la explosión del polvorín militar en Cádiz.
Tiene la medalla del Mérito al Trabajo aprobado por el Excmo. Ayuntamiento de Las Palmas de G.C. en el pleno del día 25 de octubre de 1995.
Ha estado en activo de jefe de Protocolo en los ayuntamientos de Arucas durante 3 años; en Ingenio, Agüimes, Moya, Valleseco, Gáldar y Agaete durante varios años y en distintas épocas; en Teror durante 55 años, y en Santa María de Guía de Gran Canaria, durante 20 años.
Sr. Alcalde, Sres. Miembros del Ayuntamiento Pleno: Este es a grandes rasgos el personaje objeto y propuesto hoy para nuestro reconocimiento público de gratitud. Mientras tuvo arrestos y fuerza, cada vez que se le solicitó sus buenos oficios por parte de este Ayuntamiento, él estuvo ahí sin la menor reserva, dispuesto a colaborar en todo lo que estuviera en su mano, con discreción, profesionalidad y unos modales de corrección elegantemente educados, que son inseparables del D. Francisco Hernández Afonso, Paquito, que todos conocemos
Por todo lo expuesto, y por los grandes méritos contraídos en esta institución municipal, se acuerda por UNANIMIDAD de la Corporación en Pleno su gratitud a quien ha venido siendo en los últimos veinte años su Jefe de Protocolo, quedando así reflejado en los anales de este Excmo. Ayuntamiento de Santa María de Guía de Gran Canaria.
En Santa María de Guía, a 29 de enero de 2007
Erasmo Quintana Ruiz – Concejal de Cultura y Patrimonio Histórico
1811, un año clave en Guía
1811, año de grandes coincidencias en Guía
En 1811 regía el pueblo, en calidad de Alcalde Real, don José Almeida Domínguez y destacaban como figuras preeminentes nacidas en Guía tres nombres propios que han pasado a la historia de Canarias: el escultor José Lujan Pérez, el canónigo y diputado, Pedro José Gordillo y el militar y poeta, Rafael Bento y Travieso. Por otro lado, de todas las epidemias que azotaron las islas Canarias en el siglo XIX dos fueron las más cruentas, las que tuvieron gran virulencia, las de mayor incidencia en la población. Las que ausaron mayores estragos: la de fiebre amarilla, de 1811 y la del cólera morbo de 1851. Y, por si fuera poco, en pleno padecimiento de los efectos de la epidemia apareció una nueva plaga, la de langosta que arrasó, materialmente, todo lo que estaba plantado y que hizo protagonizar a los vecinos de las medianías guienses aquella famosa promesa que si les libraba el Cielo de la plaga, cada año sacarían a la Virgen de Guía en procesión. Cumplióse el ruego, llovió tanto en la comarca que las aguas acabaron con la cigarra y desde entonces en Guía se celebra cada septiembre la votiva y popular fiesta de "Las Marías". Por Pedro Gonzalez-Sosa.
ESTRAGOS DE LA EPIDEMIA DE FIEBRE AMARILLA DE 1811
Pedro González-Sosa*
De todas las epidemias que azotaron las islas Canarias en el siglo XIX dos fueron las más cruentas, las que tuvieron gran virulencia, las de mayor incidencia en la población. Las que causaron mayores estragos: la de fiebre amarilla, de 1811 y la del cólera morbo de 1851. Al menos ocurrió así en la entonces villa de Guía, donde fue muy elevado el número de víctimas mortales. Si bien otras epidemias de fiebre amarilla y de cólera que se presentaron también en el pasado siglo, su huella se dejó sentir la desolación, aunque en menor proporción, e hizo mella entre los vecinos.
En la epidemia de 1811 murieron en la villa de Guía, o, al menos sospechosos de ella, 267 personas, entre hombres y mujeres, mayores y niños, según se ha podido determinar, estudiar y recopilar de los Libros Sacramentales de la iglesia parroquial de Guía, cuya relación está en uno de los apéndices. En la del cólera morbo de 1851, hubo que lamentar por lo menos 164 víctimas mortales, según una estadística que llevó el Ayuntamiento, numérica y sin nombres, pues fue tal el pánico y los efectos causados por la epidemia que, muerto el Beneficiado de Guía, don Francisco Almeida a consecuencia de ella, dejó de llevarse el Libro de Defunciones que se reinició acabados los estragos.
Sólo la inquieta preocupación de un Colector de la parroquia guíense, don Francisco Quintana Amara!, personaje curioso sobre el que podría escribirse un libro no sólo por el devenir de su ajetreada vida, sino por lo ocurrente de su : carácter, hizo posible que en esta ocasión, se pueda contar con el inicio de una relación de los primeros que murieron de la epidemia de fiebre amarilla o sospechosos de ella, que se ha podido completar —al caer el afectado de la enfermedad, aunque no sucumbió a ella— con el Libro de Defunciones.
Lo que pretendemos aquí es aportar nuevos datos sobre las epidemias que hicieron acto de presencia en la isla, y más concretamente la de 1811, contribuyendo así al conocimiento de esta parcela de la historia médica de Gran Canaria que con tanto acierto hizo el Dr. Don Juan Bosch Millares.
El lector, sobre todo de Guía, verá en esta relación antepasados suyos. Antepasados muy recientes, pues se trata de los padres de nuestros bisabuelos y en algunos casos, incluso, de algunos bisabuelos de quienes aún viven o recién murieron.
Se trata, en definitiva, de saber cuáles fueron los estragos de esta enfermedad. Conocer los protagonistas. Descubrir hechos, acontecimientos y nombres propios cuya vinculación a la historia guíense es patente.
SITUACIÓN POLÍTICA Y SOCIAL
La aparición de la epidemia de fiebre amarilla en Canarias vino a distraer un poco —o mucho— a los habitantes de las islas de aquellas otras preocupaciones políticas y sociales en que estaba inmerso el Archipiélago en aquel momento: porque las islas no fueron ajenas a la alegría que supuso para el país, en 24 de septiembre de 1810, la instalación de las Cortes en la nación que habían sido prometidas desde hacia un año 49.
Las islas se vieron, igualmente, inmersas en un ajetreo político que hasta entonces le había sido vetado. Y se dispuso a elegir a sus representantes en las futuras Cortes. Fueron nombrados, por Tenerife, don Santiago Key y don Fernando de Llarena; por la isla de Gran Canaria el canónigo guíense, don Pedro José Gordillo y Ramos y por las demás islas, don José Antonio Ruíz Padrón, un fraile secularizado, gomero él, que había sido anteriormente abad franciscano de San Martín de Valdeorras, en Astorga.
Dejemos descansar los avalares y enfrentamientos políticos que estos acontecimientos supusieron para las siempre complicadas relaciones entre las dos "islas mayores" del Archipiélago queriendo cada cual la hegemonía de Canarias. Mientras que los políticos estaban de lleno metidos en estos acontecimientos, los vecinos de las islas tenían otras preocupaciones más graves: cómo se iban muriendo miembros de sus familias que, en algunos casos, llegó a elevarse a siete el número de una misma.
En esta situación política también estaba la villa de Guía. En lo económico, la aparición de la epidemia hizo notar su repercusión. La falta de cuidados de los cultivos y, en general, de la agricultura propició la pérdida de cosechas enteras de los más variados productos de la tierra. Y, por si fuera poco, en pleno padecimiento de los efectos de la epidemia apareció una nueva plaga, la de langosta que arrasó, materialmente, todo lo que estaba plantado y que hizo protagonizar a los vecinos de las medianías guienses aquella famosa promesa que si les libraba el Cielo de la plaga, cada año sacarían a la Virgen de Guía en procesión. Cumplióse el ruego, llovió tanto en la comarca que las aguas acabaron con la cigarra y desde entonces en Guía se celebra cada septiembre la votiva y popular fiesta de "Las Marías".
Es una lástima que en el Archivo Municipal de Guía estén traspapelados —suponemos— toda la documentación de esta época, pues de momento sólo pueden ser consultadas las actas a partir de 1840. En el traslado de las oficinas municipales del viejo caserón de la calle de Enmedio al nuevo edificio de la Plaza, en tiempos de la alcaldía de Rafael Velázquez García, debió traspapelarse esta documentación, pues recuerda el cronista haberla consultado más de una vez a finales de la década de los cincuenta e, incluso, a principios de los sesenta.
Pero esta situación, en Guía, no era distinta de las de los otros pueblos de Gran Canaria. Eminentemente agrícola, con algunos incipientes negocios —fabricantes de sombreros, herrerías, etc.— la vida transcurría entre la monotonía propia de un pueblo con un censo de alguna importancia. Sólo, de vez en cuando, el vecindario altera su monotonía con las noticias que en orden político llegaban de la Ciudad.
JOSÉ LUJAN PÉREZ, PEDRO JOSÉ GORDILLO Y RAFAEL BENTO Y TRAVIESO
En este año de 1811 regía el pueblo, en calidad de Alcalde Real, don José Almeida Domínguez y destacaban como figuras preeminentes nacidas en Guía tres nombres propios que han pasado a la historia de Canarias: el escultor José Lujan Pérez, el canónigo y diputado, Pedro José Gordillo y el militar y poeta, Rafael Bento y Travieso.
Pero, ¿qué hacían estos ilustres personajes guienses entre finales de 1810 y 1811?
José Lujan Pérez recibía el encargo del Cabildo Catedral para hacer una nueva imagen de la Virgen de la Antigua que sustituyera aquella otra que se veneraba gracias a la fundación del Deán don Zoilo Ramírez, y contemplaba cómo se colocaban las doce estatuas de los apóstoles en el Cimborrio de la Catedral en septiembre de 1810; o seguía trabajando en las obras del frontis del primer templo catedralicio.
Gordillo y Ramos estaba en Cádiz pues había sido elegido Diputado en Abril de 1810. Gordillo, ya se sabe, "había sido un miembro destacado de la conspiración de los primeros días de mayo de este año, en los que el Cabildo Catedral actuaba contra la Audiencia, para el establecimiento de un gobierno autónomo".
Y Rafael Bento y Travieso, seguía viviendo en Guía por su calidad de militar, teniente de capitán y juez militar y civil en el pueblo, y hubo de padecer directamente los efectos de la epidemia, porque su mujer, doña Fermina Fernández, murió de la fiebre amarilla, marchando luego el poeta a Sevilla y durante cuya ausencia se le instruyó por la Inquisición un proceso, con las denuncias de ciertos personajes religiosos guienses de la época, "por las blasfemias que hizo contra Dios y la religión".
Ante este panorama y en esta situación llega el contagio de la fiebre amarilla a Guía por culpa del viaje que desde Las Palmas realizó al pueblo una mujer, vecina de allí, que murió casi sin que nadie se diera cuenta que había fallecido contaminada y que al contagiar a su familia propagó el virus, primero en su casa y desde allí a todo el pueblo. Esto ocurría, exactamente, el 26 de agosto de 1811.
APARICIÓN DE LA EPIDEMIA EN LAS ISLAS
La epidemia de fiebre amarilla de 1811 dejó sentir sus efectos inicialmente en la vecina isla de Tenerife, a principios de 1810 a donde llegó el virus procedente del Puerto de Cádiz por transmisión a cargo de algún pasajero de cualquiera de los navíos que transitaban entre Canarias y la Península.
Los estragos en la vecina isla fueron notorios, lo que hizo que, debido al tráfico de barcos entre Tenerife y Gran Canaria se tomaran las debidas precauciones por parte de las autoridades de la isla en colaboración con los responsables sanitarios. En algunos casos, las medidas fueron concretas, como la vigilancia de las costas para evitar la entrada clandestina y sin control de pasajeros que pudieran transmitir el mal. Notorio fue un bando hecho público por la Junta de Sanidad de Gran Canaria en el que se ordenaba poner vigilancia a los barcos con sus tripulaciones que habían arribado procedente de cualquier punto de Tenerife al Puerto de la Luz, después de hacer su tráfico comercial con Gáldar y Santa Cruz.
Los efectos de la fiebre fueron en aumento en Tenerife con tal magnitud que ante la visita de un emisario de Gran Canaria al Capitán General, éste confirmó la existencia y se apresuró a pedir ayudas, sobre todo "víveres, por lo que se embarcó por el Puerto de Sardina de Gáldar 27 reses vacunas y 200 carneros al mando de un hombre".
Pero las preocupaciones fueron inútiles. No se pudo evitar que de Tenerife saliera algún que otro navío para Gran Canaria portando el virus, en los momentos en que la epidemia hacía más estragos allí. Así que llegó a Gran Canaria la fiebre amarilla a principios del mes de octubre: gentes de Tenerife queriendo salvarse de los efectos y estragos de la enfermedad embarcaron en algunos navíos sin orden ni control. Y sin orden ni control — una vez desembarcados por el Puerto de Sardina de Gáldar—56 empezaron a desperdigarse por la isla. A los dos o tres días de su arribada, se tuvo el primer aviso o síntoma en la Cuesta de Silva, de la jurisdicción de Guía —proximidades del lugar donde está el Cenobio de Valerón— había enfermado uno de aquellos pasajeros y murió a los cinco días de su arribada.
Fue así cómo la epidemia enraizó entre las gentes de Gran-Canaria y sus efectos fueron de tal magnitud que los médicos de la época —doctores Antonio Roig, Bautista Bandini, Francisco Paño y Nicolás Negrín— no daban abasto para sus intervenciones entre los afectados. Pese a las precauciones y toda clase de medidas tomadas, fue imposible que la fiebre se propagara por toda la isla. Y la villa de Guía tampoco se libró de sus virulentos efectos.
LA EPIDEMIA EN GUÍA
La epidemia llegó a Guía portada por una mujer, María Guadalupe Benítez Gramas, soltera, que había salido de Las Palmas con pasaporte; esto es, con un permiso especial para poder romper el cordón establecido en la Ciudad una vez que, después de tantas vicisitudes, fue declarada la epidemia.
En realidad, la muerte de María Guadalupe Benítez Oramas se creyó en el pueblo que había sido por causa natural. De ahí que su cadáver fuera enterrado en la iglesia parroquial, práctica habitual desde siempre y hasta unos días después en que, por mor de esta epidemia, se abrió el que sería el primer cementerio de Guía, como luego veremos.
Nadie imaginó que esta mujer fuera portadora del virus. Pero había invadido su casa y contagiado a su familia. De esta forma comienza a cebarse la muerte de otros miembros de la familia, lo que dio pie para que las autoridades del pueblo, junto con las sanitarias, tomasen cartas en el asunto.
María Guadalupe murió el 26 de agosto. Cuatro días después, el 30, su abuela materna, Lorenza Fernández, viuda de Antonio Gramas; el día 16 de septiembre, su abuela paterna, María Isabel Ramos; el día 19, su padre, Blas Benítez Ramos y al día siguiente, 20 de septiembre, su madre, Bernarda Gramas Hernández.
A partir de aquí la epidemia campea a sus anchas por el pueblo y los fallecimientos se irán sucediendo —algunos días hasta nueve y en ocasiones, siete u ocho miembros de una misma familia— hasta el 8 de enero de 1812. En total, según la estadística realizada a base de los Libros Sacramentales y otros documentos, por lo menos 267 persona murieron en el casco, pues no están registradas ni contabilizadas las posibles muertes en los pagos o barrios de las medianías, aunque rara vez se bajó al pueblo algún que otro cadáver para ser sepultado en La Atalaya.
En este período se producen, mensualmente, los siguientes fallecimientos: 1, en agosto; 3, en septiembre; 91, en octubre; 106, en noviembre 60, en diciembre y seis en enero siguiente. Son varones, 122, y 145 hembra. De los hombres, solteros fueron 51 (de los que tres sacerdotes, entre ellos el beneficiado), 45 casados, 12 viudos y 14 niños. De las mujeres, 62 solteras, 33 casadas, 37 viudas y 13 niñas.
La enfermedad se da por propagada en la localidad, alarmado el pueblo y sus autoridades y pese a la guardia que en los primeros días se puso en la casa de la familia que sufrió las primeras bajas, "pasados diez días volvieron a presentarse otros casos, sin diagnóstico, con una mortalidad de cinco, porque en Guía —como en Las Palmas— se seguía negando la existencia de la fiebre amarilla".
No ha sido posible seguir al detalle la evolución o desarrollo de la enfermedad, ni cuales fueron las actuaciones y decisiones de las autoridades políticas y sanitarias. La falta de documentación en el Archivo Municipal al respecto -al menos conocida por nosotros y mucho menos localizada- privan de este conocimiento fundamental. Pero baste seguir la evolución, en su conjunto, en la isla, para saber que la epidemia causó muchos estragos, que se hizo imposible pararla, que debió cundir el pánico al tiempo que la improvisación y que las condiciones sociales de la época hacían posible y más fácil el contagio entre los vecinos que no podían salir del pueblo para refugiarse en los barrios de las medianías, en sus propiedades o en casa de amigos o familiares.
El cura no daba abasto para administrar los Sacramentos; la mayoría moría sin recibirlos o, en último extremo, sólo los Santos Óleos y también casi todos morían sin testar: muy pocos por no darle tiempo y la mayoría por carecer de nada o casi nada que dejar en la testamentaría.
El contagio —como luego veremos— llegó incluso al Beneficiado, don Francisco Almeida, que moriría de la enfermedad el 28 de octubre. Y también murieron los sacerdotes, don Francisco Posadas Gordillo y don Manuel Rodríguez.
ESTUDIO DE LA EVOLUCIÓN DE LA ENFERMEDAD
La estadística que hemos realizado permite conocer cuál fue la evolución de la epidemia y sus estragos, a través del número de fallecimientos que se producía cada día. La epidemia, en Guía, tuvo altibajos, con jornadas en que las muertes se elevaron hasta 9 y otras en que sólo se producía una o dos. Incluso, siempre a juzgar por los asientos del Libro de Defunciones de la Parroquia, hubo días en que, aparentemente, no se registraron.
Pero está claro que, después de octubre en que se contabilizaron 91 fallecimientos (con jornadas en que hubo ocho, siete y seis), fue noviembre el que registra un mayor número de bajas, con 106. Aquí hubo un día, concretamente el 20 en que fueron nueve, cifra que también registró el 2 de diciembre, mes en que las muertes bajaron a 60, pues se advierte una disminución de los efectos y estragos de la epidemia. En enero de 1812, entre el 3 y el 8 en que prácticamente se dio por finalizada la enfermedad, murieron 6 personas.
A partir del 8 de enero, comienza a firmar las partidas de defunción el cura don Juan Suárez Aguilar y la epidemia se presiente remitida, pues los fallecimientos son más espaciadas.
Por ejemplo, después del asiento de una defunción, fechado el citado 8 de enero de 1812, le sigue el de 9 de marzo. De todas formas es de notar un recrudecimiento en el mes de mayo, a juzgar por el elevado número de personas que mueren entre el día 8 y el 10: cinco. Demasiadas si se piensa en lo muy diezmada que quedó la población y en que, en época normal, las defunciones no se producen con tanta frecuencia.
Además, a partir del 8 de enero ya no se escribe en el Libro de Defunciones, "En el cementerio de la Atalaya" que era donde se sepultaba a los que morían de la epidemia o sospechoso de ella, sino que se generaliza y se especifica, "en el cementerio de esta villa", pues como tal cementerio quedó después de la plaga, al quedar expresamente prohibido durante y después de ella que ya nadie se sepultase en las iglesias. Y esto también se llevó a cumplimiento en Guía.
Como simple dato complementario, veamos el número de fallecimientos que se producen en los meses siguientes al de mayo de 1812: en junio, 8 personas; en julio, 5; en agosto, 3; en septiembre, 8; en octubre, 6; en noviembre, 15, concretamente entre los días 4 y 16 de dicho mes. Debió recrudecerse la epidemia, aunque no con tanta virulencia y, desde luego, ya controlada sin miedo de propagación, pues el pueblo se sometió a las lógicas medidas sanitarias para su fumigación.
NOTA: TEXTO EXTRAÍDO DEL LIBRO DE PEDRO GONZÁLEZ-SOSA “GUÍA DE GRAN CANARIA: PRIMERO VILLA Y DESPUÉS VCIUDAD” (Publicación con motivo de la conmemoración del 125 aniversario de la concesión del título de Ciudad)
Transcripción: Antonio Aguiar Díaz
Los marcadores de plátanos
Los marcadores de plátanos
En enero de 2007, Juan Dávila publicó el siguiente trabajo en esta revista digital: "Cuando en toda la zona norte de Gran Canaria –especialmente en la Vega de Guía y Gáldar-, teníamos aquellas extensísimas plantaciones de plataneras, se hacía necesario regular los cortes de su rico fruto el plátano cuya configuración tenia forma de racimo. Dado lo complicado que se hacía reconocer el estado del citado racimo en cuanto a sus condiciones optimas para cortarlo y llevarlo a los diferentes almacenes donde se llevaba a cabo el complicado ritual de prepararlos para su exportación."
Los marcadores de plátanos
En
enero de 2007, Juan Dávila publicó el siguiente trabajo en esta revista
digital: "Cuando en toda la zona norte de Gran Canaria –especialmente
en la Vega de Guía y Gáldar-, teníamos aquellas extensísimas
plantaciones de plataneras, se hacía necesario regular los cortes de su
rico fruto el plátano cuya configuración tenia forma de racimo. Dado lo
complicado que se hacía reconocer el estado del citado racimo en cuanto
a sus condiciones optimas para cortarlo y llevarlo a los diferentes
almacenes donde se llevaba a cabo el complicado ritual de prepararlos
para su exportación."
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"Se hizo necesaria la creación de una serie de técnicos a los cuales se les denominó marcadores de plátanos. Estos técnicos o peritos, no tenían estudios especiales, eran simplemente peones de fincas a los cuales les adornaban unos conocimientos bastantes superiores al resto de sus colegas, sobre todo en lo relacionado con la constitución y formación del racimo después de haber sido desflorado o –desflorillado- como se solía decir en el argot agrícola referente la platanera. Esta labor la llevaban a cabo los desflorilladores verdaderos expertos en esta función también de connotaciones especiales dentro del cultivo de la platanera. Existían otros especialistas como eran los –deshijadores- cuya misión eran quitarles los hijos a la planta ya caduca que más posibilidades tuvieran de subsistir. Todo este conglomerado de acciones especiales le daban al cultivo de la platanera un virtuoso ritualismo cuyo fin era conseguir el mejor y más excelente fruto posible.
Volvamos a los marcadores, que yo recuerde existían en aquellos años tres especialistas en esta materia que brillaban por encima de los demás. Salvador Díaz conocido por Borito el de los Molinas por trabajar para esta empresa, Cayetano Mendoza conocido por Cayetanito el barranquera y Francisco García al cual le llamábamos Pancho el carnero que trabajaban con el Sindicato Verde y el Sindicato del Norte respectivamente. Estos citados técnicos recorrían las fincas periódicamente y observaban si el desarrollo del racimo se iba conformando de la manera correcta en lo que respectaba a su “llenado” y lustrosidad del producto.
La labor que desarrollaban estos personajes era bastante ardua, ya que aparte de la inmensidad de las fincas existentes, algunas de 30 o 35 fanegadas tenían que recorrer caminando gran cantidad de pagos, desde San Felipe hasta Anzofe, pasando por San Juan, el Mármol, Barranco Hondo, Llanos de Parra, Matasblancas, Santa Elena, La Atalaya, el Bardo, Barranco de las Garzas e inmediaciones de la presa del mismo nombre, Cuevas Fregenales, zona del Hospital, la Vega, etcétera. El cultivo del plátano tenía tres grandes zonas, las cuales incidían en la exquisitez y peso del producto, cuyas denominaciones, de primera –zona costera o cerca al mar-, segunda o zona media que abarcaba toda la comarca limítrofe con el casco de la ciudad, la parte alta de la Vega, la Cañada, el Prior, la Atalaya etcétera y la zona tercera o alta formada por San Juan, la Dehesa, Ingenio Blanco y aréas de su misma altitud. En los pesajes de los racimos se observaba que el producto de la zona primera era de mejor calidad y mayor peso que las restantes, era fácil que un racimo cultivado en la costa llegase a pesar entre los 80 y 100 kilos, mientras que según nos íbamos adentrando en la zona media y alta estos casos no se daban salvo raras excepciones.
El artilugio utilizado por los marcadores fig. D, consistía en un mango de madera del cual salía una barra de acero de unos 50 centímetros de longitud en cuyo extremo estaba adherida una placa de hierro fundido –perfectamente soldada- donde se introducía un cuadrado de hierro, figuras, A, B y C, en cuya cara delantera se apreciaba una serie de adherencias salientes –debidamente afiladas- que eran las que llevaban a efecto el marcado que se hacía en el tallo del racimo. El calibrado de las mismas iba de una a tres, según las condiciones en las que estuviera el racimo, cuando el marcado era de tres rayas (fig. C) aconsejaba que el corte había que hacerlo cuanto, ya que la evolución observada por los técnicos marcadores determinaban que sus condiciones eran optimas para ser llevado al almacén para su comercialización y exportación.
Era tal la preparación de los marcadores que no llevaban ningún control escrito donde se acreditara el desarrollo de su función. Por sistema se conocían palmo a palmo el contorno de las diferentes fincas donde intervenían y esos que eran muchas disgregadas por toda la comarca, pero su ojo clínico determinaba la sapiencia profesional de estos hombres admirados y apreciados por su forma imparcial de trabajar ya que la picaresca de algún que otro marcador podía acrecentar o limitar un corte ilógico dañando así la esencia del producto. Con los tres que aquí he tenido el placer de analizar jamás ocurrió tal cosa, les conocí bastante bien y me consta que fueron unos excelentes profesionales."
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