Un nuevo manto verde para La Virgen de Las Marías

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

Un nuevo manto verde para la Virgen de Las Marías

(Por la transcripción: B. DE V.)

Había también en el desván de la Iglesia (lo que hoy
es el bellísimo Camarín) una arqueta de gran tamaño adosada a la pared.
Preguntaba yo qué cosa podía guardarse en ella y me respondían siempre
que en su interior había un manto viejo de la Virgen, pero jamás se me
ocurría abrirla, aunque fuese por curiosidad de ver si tenía valor o no
y también porque me parecía que no era yo el llamado a comprobar lo que
allí se guardaba, o porque suponía que tal manto sería de poco o
ningún valor. Así pasaron veinticinco años sin saber el valor que
pudiera tener el manto, que tan bien guardado estaba.

Pero como la Providencia Divina lo tiene todo dispuesto
-orden, medida y para el tiempo que tiene determinado en sus designios
eternos, llegó el día en que por un arrebato de interés me hice
acompañar de don Miguel Gordillo Díaz, profesor de EGB, y nos
dirigimos a las "Catacumbas", nombre que recibía la parte baja
de la antigua casa de doña Eusebia Armas, donde estaba depositada la
arqueta por haberse iniciado ya las obras de renovación del Camarín.
Entre los dos sacamos la arqueta al patio y, tras abrirla, nos quedamos
asombrados y sobrecogidos de admiración al encontrar un auténtico y
valiosísimo tesoro, encerrado durante tantos años. Yo, que ya me había
dado cuenta de que la Santísima Virgen sólo tenía un sencillo y pobre
manto y traje de color verde para revestirla en las fiestas de Las Marías
y las Ramas vi la posibilidad de encargar la confección de un nuevo manto
y traje verde, enriquecido por todo aquel lujuriante oro de muchas y
variadas formas.

Por eso, al domingo siguiente, fui informando a los
fieles en todas las misas. Les comenté el hallazgo de un tesoro
encontrado en un manto de tisú de plata completamente raído y, por lo
tanto, inservible; manifestándoles al mismo tiempo mi propósito de
encargar su confección y traspasar a un nuevo manto verde todos los
bordados y tejidos de oro, para que lo usara la Virgen en la fiesta de Las
Ramas, porque el que tenía era muy pobre y estaba desteñido por la
acción inexorable de la luz. Insistí en que sólo hacía falta una
persona pudiente y devota de la Virgen que sufragara los cuantiosos gastos
que tal trabajo suponía.

Y aquí llega el momento, el día y la hora que el
Señor y su Santísima Madre tenían determinado para el descubrimiento de
tal tesoro y el destino que se le habría de dar. Terminada la misa de las
diez de la mañana y estando ya en la sacristía, llegó la señorita María
Torrent Galván
manifestándome que doña Milagros Rodríguez
Bolaños de Mauricio
, que se hallaba en el templo, le encargó que me
comunicase que ella se haría cargo de sufragar todos los gastos que el
nuevo manto ocasionara.

En aquella misma semana envié a dicha señora el manto
viejo y raído con todo el oro que contenía para que lo viese y se
hiciese cargo de la belleza y el valor del mismo. Pocos días después me
dirigí a su domicilio para agradecerle su generoso ofrecimiento, tener un
cambio de impresiones y determinar la comunidad religiosa a la que había
de dirigirse para solicitar de la misma, mediante contrato, la confección
del manto verde y traspasar al mismo todo el oro encontrado.

Dicha señora, en un gesto de sinceridad, me declaró
que el día que yo anuncié el hallazgo y solicitaba algún
"mecenas" para sufragar la reconstrucción, ella estaba pensando
en su asiento, en la entrada de la Capilla del Calvario, qué cosa, que
obsequio ofrecería a la Virgen de Guía para hacerle pública
manifestación por un gran favor que, por su mediación, había recibido
en aquellos días anteriores. Al oír mi alocución, exclamó en su
interior: "¡Eso se lo ha inspirado la Virgen; eso es lo que Ella
quiere para que manifieste públicamente mi gratitud por ese gran favor
que me ha obtenido! Por eso, inmediatamente se lo comuniqué para su
conocimiento y satisfacción".

Días después, aquella señora, acompañada de doña Francisca
Estévez Pérez de Mauricio
, viajó al Císter de Teror para
entrevistarse con la abadesa del mismo y exponerle su propósito de que en
dicho convento se confeccionase el traje. La entrevista se llevó a cabo
y, por un malentendido o por temor a un trabajo intenso, manifestaron que
tardaría en hacerlo años.

Dichas señoras regresaron a Guía desalentadas.
Extrañado por tal negativa, les dije que me encargaría de hablar con las
monjas y esperaba que aceptaran el encargo.

El 15 de noviembre de 1969 invité a don Fortunato
Estévez Galván
para que me acompañase a Teror para la entrevista
con la abadesa. Concedida la misma, a través del locutorio le expusimos
nuestro objetivo, dándole cuenta de la anterior visita, de sus resultados
y de la desilusión ante la negativa que aquellas mujeres recibieron. Tras
un amplio cambio de impresiones, definitivamente aceptaron la confección
del manto de la Virgen.

En el mes de diciembre empezaron el delicado trabajo.
Tardaron ocho meses, pues en la primera quincena de julio de 1970 avisaron
a la señora Rodríguez de Mauricio que estaba completamente terminado.
Doña Milagros y su esposo, don Antonio Mauricio Padrón, generosos
patrocinadores de esta maravillosa obra, acudieron al Císter y, en una de
sus dependencias, pudieron contemplar el manto, expuesto de una manera
espectacular, presentando un aspecto -según me contaron- que llegaba a
subyugar a todo aquel que lo contemplaba. Entusiasmados por la belleza y
riqueza artística de la obra, pagaron el doble de lo que habían
convenido el día que las monjas aceptaron llevar a cabo el delicado
trabajo.

Con gran regocijo y satisfacción se trajeron el nuevo
manto a Guía, previéndose que fuera estrenado en las fiestas del 15 de
agosto. Anteriormente, se dejó expuesto en la Iglesia para que todos
pudieran admirarlo. Sin duda, una joya rescatada del olvido y recuperada
para la Virgen.

VOLVER AL
ÍNDICE DE LAS MEMORIAS

VOLVER
A LA PÁGINA PRINCIPAL DE LAS MEMORIAS


Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 30/09/2003.


El raído manto azul de la patrona y las dos dalmáticas

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

El raído manto azul de la Patrona y las dos dalmáticas

(Por la transcripción: B. DE V.)

"Vuelvo a recordar que por nombramiento decretado
por el obispo de Canarias, monseñor Pildain y Zapiain, me hice
cargo de la parroquia de Santa María de Guía el 12 de marzo de 1943. Por
muchas circunstancias y entes psicológicos que influían en mi espíritu,
me costó mucho tiempo caer en la cuenta y convencerme de que yo era el
cura, el responsable de esta parroquia, conceptuada en la propia Diócesis
como de gran categoría y, por lo mismo, reservada sólo para las grandes
lumbreras, a todos los niveles. Ello me hizo concebir la idea de que yo
era un "cura de transición". Y fue la causa por la que no
mostraba mucho interés en investigar, a fondo, todos los rincones de la
iglesia, sus dependencias, sus cajoneras, roperos, etc. Así iba
transcurriendo el tiempo, concretándome solamente en cumplir mis deberes
pastorales y parroquiales y arreglar, o corregir, todo aquello que
estuviese deteriorado y a la vista del público, lo que causaba
desagradable impresión y podría ser considerado como exponente de
abandono, dejadez y poco interés por el buen estado de la Casa de Dios
por parte del rector de la misma.

Me parecía que no podía averiguarlo todo, observarlo
todo, investigarlo todo, por si encontraba algo que fuese interesante,
algo de valor material o artístico que, por considerarse ya inservible,
lo hubiesen arrinconado en alguna dependencia, como suele hacerse en
muchas parroquias por los "servidores" de las mismas.

Pero, consciente de mi responsabilidad como cura,
después de varios años me decidí a investigar, a conocer todos los
rincones y dependencias de la Parroquia.

Empecé por desalojar los compartimentos de las
cajoneras de la Sacristía, y cuál fue mi grata sorpresa cuando aparece,
en una de ellas, un manto azul de la Virgen, todo raído, inservible, pero
con unos preciosos bordados en oro lujuriante. Fue para mí el encuentro
de un gran tesoro, aumentado por haber hallado también una capa del Niño
Jesús, blanca, toda raída, pero con artísticos bordados en oro.

Como ya me había dado cuenta de que esta Parroquia no
tenía un juego de casulla y dalmáticas, igualmente enriquecida con
bordados de oro, para las fiestas patronales, sino solamente la casulla
estaba bordada en oro fino y las dos dalmáticas eran de tisú, muy buenas
y preciosas, aunque no sintonizaban con la casulla ni en el color ni en
los adornos -lo que daba lugar a "sonrisitas" y comentarios
burlescos de algunos "vecinos" concebí la idea de que de
confeccionasen dos dalmáticas blancas enriqueciéndolas con los bordados
de oro encontrados en la sacristía, consiguiendo así un terno litúrgico
completo de la misma calidad y riqueza para la Fiesta Mayor.

Al mismo tiempo determiné que con los adornos y
bordados en oro de la capa raída del Niño Jesús, se confeccionase
también una valiosa capa, en color blanco, para el sacerdote revestirse
con ella cuando llevara solemnemente el Viático o la Comunión a los
enfermos y ancianos en tiempo pascual.

Este trabajo y confección de las dalmáticas y capa
del Viático fue encomendado y realizado por las Adoratrices de Las
Palmas, y todos los gastos fueron generosamente sufragados por doña Victoria
Guerra y Guerra de Suárez
, que tiene su residencia habitual en Nueva
York, Estados Unidos.

Estas ricas prendas litúrgicas se hallan expuestas en
las vitrinas del Camarín de la Virgen, donde el público puede
contemplarlas y admirarlas.

VOLVER AL
ÍNDICE DE LAS MEMORIAS

VOLVER
A LA PÁGINA PRINCIPAL DE LAS MEMORIAS


Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 30/09/2003.


Un rasgo generoso que agradezco a la ciudad

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

Un rasgo generoso que agradezco a la ciudad

(Por la transcripción: B. DE V.)

Volviendo a la fecha histórica del 15 de agosto de
1978 a la que ayer me refería -nombramiento de la Virgen de Guía como
Alcaldesa Mayor Perpetua-, lo que relato seguidamente ha sido un acto muy
delicado y maternal de nuestra Patrona conmigo, entre otros muchos que he
recibido a través de mi vida sacerdotal y parroquial.

También quiso el Ayuntamiento de Guía llevar a
efecto, en esta fecha concreta, un público homenaje a este
párroco-cronista por los 35 años que venía desempeñando el difícil
cometido de regir la parroquia, proclamando el nombramiento de Hijo
Adoptivo, según acuerdo tomado por unanimidad el día 29 de marzo de
1977.

Todo ocurrió en aquella jornada del Día Mayor.
Después que el alcalde entregó el bastón de mando de alcaldesa a la
Virgen de Guía, el secretario del Ayuntamiento dio lectura al acuerdo por
el que se me nombraba Hijo Adoptivo y, seguidamente, tras unas cálidas y
emotivas palabras, el presidente de la Corporación me entregó un
artístico pergamino en el que se hace constar el acuerdo.

Fue luego el alcalde de Santa Lucía de Tirajana, don Manuel
Sánchez Araña
, que me honró con su asistencia, quien hizo pública
la adhesión incondicional y entusiasta del Ayuntamiento de mi pueblo
natal, entregándome como obsequio y recuerdo una bandeja de plata con una
leyenda cariñosa, halagadora, que llena de sano orgullo y satisfacción
al orgullo más equilibrado. Acto seguido también me entregó el Gánigo
de la Paz, delicado obsequio me enviaba el distinguido amigo y paisano, el
ilustre canariólogo don Vicente Sánchez Araña, detalle que
agradecí profundamente por lo que ello significa y entraña.

Emocionado, correspondí dando las gracias a todos en
los siguientes términos:

"Queridos amigos. Ante este emotivo acto, en el
que graciosamente, benévolamente, la Ilustre Corporación Municipal de
Guía ha querido conceder el honor, a mi insignificante persona, del
diploma en el que se hace constar el acuerdo de Hijo Adoptivo de esta
ilustre ciudad, de rancio abolengo, cuna de nobles hidalgos, patria de
insignes artistas y egregios literatos, que en correr de los tiempos la
han llenado de fama inmortal, me siento anonadado, embargado, por tanta
bondad en otorgarme este honor de tan elevados quilates y que tanto me
honra y enaltece.

Y ante todo ello, ¿qué debo decir? Por lo pronto os
digo que de lo más profundo de mi corazón me brota una ardiente
llamarada de gratitud. Pero permítanme que les revele un íntimo secreto
que siempre he guardado y cultivado, con toda mi alma de sacerdote, en lo
más hondo de mi corazón. Desde el primer momento en que me hice cargo de
esta muy amada parroquia, postrado ante una bella imagen inspiradora de
gran confianza y amor -y consciente de mis deficientes dotes para
desempeñar cargo de tanta responsabilidad-, me puso bajo su maternal
patrocinio para que me guiase y ayudase en el muy difícil cumplimiento de
mi deber, y al mismo tiempo me consideré -por mí y ante mí-, hijo de la
Ciudad. En consecuencia, me entregué plenamente a servirla poniendo a su
disposición todo lo que fui y soy, pero con ardosa voluntad, procurando
cooperar a todos los niveles para que Guía mantuviese en todo momento su
profunda raigambre religiosa, moral y cultural de que siempre hizo gala;
y, al mismo tiempo, procurar que fuese cada vez a más, eliminando para
ello todo lo que menoscabara su dignidad y prestigio".

VOLVER AL
ÍNDICE DE LAS MEMORIAS

VOLVER
A LA PÁGINA PRINCIPAL DE LAS MEMORIAS


Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 29/09/2003.


Fuego en el camarín, un misterio sin aclarar

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

Fuego en el Camarín, un misterio sin aclarar

(Por la transcripción: B. DE V.)

Hoy vuelvo con el Camarín, aunque con una anécdota
que me llamó poderosamente la atención. Durante la renovación y
enriquecimiento artístico de la citada sala se produjo un hecho
misterioso que pudo ser de fatales e irreparables consecuencias no sólo
para el Camarín, sino para todo el templo parroquial que alberga en su
recinto una abundante colección de obras de arte de valor incalculable,
como son las imágenes del ínclito y famosísimo escultor, hijo
predilecto de Guía, José Luján Pérez. Dos Cristos crucificados
-uno de tamaño natural y el otro de 0,30 centímetros-, el Cristo atado a
la columna, el Señor Jesús del huerto de Los Olivos, el Señor
predicador, la Virgen de Los Dolores y la Virgen de las Mercedes son obras
valiosísimas, además del Sepulcro y Cristo Yacente de José de Armas.
Pero, además de los citados, están los artesonados de las capillas del
Calvario, de San José y el Sepulcro, las tribunas del Coro y el
artístico tallado del púlpito, obra de Gregorio López.

Resultó que, en febrero de 1966, el artista Juan
Serrano Moreno
había ya terminado el tallado maravilloso del ropero o
vitrina central del Camarín y estaba colocando las puertas del mismo, ya
talladas, en la sala que había de ser, en su día, el lugar donde se
habrían de colocar los armarios en los que se expondrían los ricos
mantos de la Santísima Virgen bordados en oro y la vitrina donde habrían
de conservarse las prendas y alhajas que los fieles devotos donan a la
Patrona en gratitud, para que sean colocadas en su imagen en la Fiesta
Mayor. Ya colocadas las puertas predichas en la citada sala, la señorita Juana
López Moreno
procedió a policromar las mismas. Colocada una de ellas
en un trípode y con el material necesario de pintura, pinceles, paños,
etc, ésta empezó su artística labor de policromía.

Su trabajo iba adelantado, con gran complacencia de
todos. Pero un día, cuando el reloj de la torre de la iglesia hizo
ondular las doce campanadas señalando el mediodía, los que trabajaban en
el Camarín se dispusieron a salir para el descanso y almuerzo. Todo
normal. Sin embargo, a eso de la una, cuando el tallista Juan Serrano
regresó al lugar, quedó terriblemente impresionado al comprobar que
ardía la puerta tallada,, que Juana López había empezado a
policromarla. Ardían la puerta, una silla y el bote de pintura. El
Camarín estaba saturado de humo, con un fuerte olor a tea quemada. Y ante
la inminencia de un desastre irreparable, el propio Serrano emprendió en
solitario la difícil y precipitada tarea de sofocar el fuego antes de que
se incrementara, cosa que logró rápidamente.

Como es lógico, yo bajé precipitadamente las
escaleras de la Casa Parroquial fuertemente preocupado por lo que pudo
haber sucedido o por lo que pudiera suceder. Y al entrar en la sacristía
percibí un fuerte olor a tea quemada. Subí rápidamente al Camarín
percibiendo el mismo olor y comprobé lo que había sucedido. El fuego
estaba completamente extinguido y los efectos causados eran de poca
importancia, lo que me serenó y tranquilizó plenamente. Entonces me
dirigí al templo para abrir todas las puertas y así pudiera salir el
denso y ocre humo que llenaba el sagrado recinto. Luego me quedé en la
puerta central del frontis porque el humo, al salir, era percibido y
notado por los transeúntes, que alarmados miraban al templo y, al verme,
me preguntaban intrigados que si había sucedido algo o si se había
quemado algo en la iglesia. Yo, para no alarmar ni escandalizar a nadie,
les decía que como había que limpiar las puertas -de madera de tea- era
necesario aplicarle un soplete, y este procedimiento producía humo y
fuerte olor, que podía llegar hasta la calle.

Esto que acabo de exponer era verdad, aunque en ese
momento no se estaba haciendo, pero lo podíamos imaginar y poner de
actualidad para conseguir el objetivo que nos proponíamos de no dar
publicidad al episodio de momentos antes, que podía haber causado
malestar o desencanto en los fieles de la parroquia.

Pasado el susto, las preguntas salieron al aire, pero
sin respuestas. ¿Quién prendió fuego al Camarín? Nadie pudo imaginar
ni sospechar quién pudo haber sido, porque entre quienes trabajaban en
dicho lugar en aquellos días -eran tres personas (tallista, ebanista y
pintora)- ninguno fumaba y los tres salieron a las doce de la mañana para
ir a sus domicilios a comer, quedando las puertas del templo y camarín
totalmente cerradas. ¿Quién fue, pues, el autor de tal hecho que pudo
haber tenido consecuencias irreparables? Nada se sabe. Lo curioso fue
comprobar luego que la silla y el bote de pintura que la señorita Juana
López utilizaba en su labor, según manifestó, los dejó bastante
retirados de la puerta que policromaba y luego los encontramos junto a
ella e igualmente ardiendo, lo mismo que una escalera de dos peldaños que
utilizaba la pintora. ¿Quién fue? Todo ha quedado en un profundo enigma
y sólo pedimos a Dios y a su bendita Madre que perdone a quien lo
intentó.

VOLVER AL
ÍNDICE DE LAS MEMORIAS

VOLVER
A LA PÁGINA PRINCIPAL DE LAS MEMORIAS


Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 29/09/2003.


LA VIRGEN DE FÁTIMA EN LA "Cuevita del Brezal"

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

La Virgen de Fátima en la
"Cuevita del Brezal"

Las memorias de don Bruno, en su apartado
dedicado al recorrido de la Virgen de Fátima por los distintos núcleos
de Guía, se detiene en el 23 de diciembre de 1951, cuando la imagen
peregrina hacía su recorrido entre Casas de Aguilar y El Palmital. Un
segundo hecho noticiosa se produjo entonces, que el párroco guiense
recoge con todo detalle...

(Por la transcripción: B. DE V.)

"Aquella jornada se convocó a todos los fieles, a
las cuatro de la tarde, para despedir a la Virgen en su marcha hacia Moya.
Sobre las cuatro de la tarde, con el rezo del Rosario y cánticos
marianos, emprendimos la subida hacia Casas de Aguilar.

Se había hecho notar en todos esos días, a pesar de
estar en invierno, un tiempo realmente apacible, con temperaturas
agradables y con un sol claro y tibio. Pero en esta despedida, el cielo
encapotó y a la hora de salir empezó a lloviznar tiernamente durante el
trayecto hacia Barranquillo Frío, pero después de cruzarlo la lluvia
arreció de tal manera que nos vimos obligados a refugiarnos con el trono
de la Virgen en una gruta existente a la derecha de la carretera del
Brezal a Moya. Como quiera que, en algunos instantes, la lluvia era
torrencial, permanecimos allí durante un cuarto de hora, prosiguiendo la
marcha cuando amainó y se quedó en otra ligera llovizna. En El Palmital,
los padres misioneros dirigieron a los vecinos una fervorosa plática,
acto que se desarrolló en el salón-capilla existente en el lugar,
prestado por don José Vega Castellano. Posteriormente, la
peregrinación continuó hacia Moya, acompañada de multitud de fieles
atraídos por los encantos de la Virgen y emocionados por el "milagro
de las palomas", que continuaban en el trono ajenas a los ruidos y
estampidos que, de ordinario, las hacen marcharse en rápido vuelo.

Luego, comentando lo sucedido y reflexionando sobre el
episodio de la lluvia que nos cayó en el trayecto hacia El Palmital, y
que precisamente cuando la imagen llegó a la gruta -y no antes ni
después- el agua arreciase de manera tan espectacular que nos obligó a
refugiarnos, nos vino a la mente la posible voluntad de la Virgen de que
se colocase y diese culto en el lugar a una pequeña imagen suya. Movidos
por un resorte misterioso, adquirimos de inmediato una pequeña figura de
Fátima en la Librería Santa María de Guía, para colocarla en aquella
gruta a la veneración de los fieles. Y al buscar un lugar adecuado para
su ubicación, grande fue nuestra sorpresa al encontrar en el fondo y en
lo alto de la gruta una piedra lisa, adosada a la roca de siempre, de unos
25 por 15 centímetros, muy apta para colocar en ella la imagen y con la
base suficiente.

Para la entronización de esta imagen en la gruta se
celebró un solemne tridúo en el salón-capilla de El Palmital, predicado
por don Juan Nuez González. Bendecida la misma, se llevó
procesionalmente hasta la gruta, donde fue colocada en medio de vivas y
cánticos en su honor.

Allí permanece desde diciembre de 1951, vinculada al
barrio de El Palmital y visitada y venerada por vecinos y transeúntes que
la conocían o se sorprendían al pasar por aquella gruta siempre llena de
flores. Todos los años, el día 13 de mayo, se congregan en aquel lugar
tan bello del Brezal de Guía numerosas personas, muchas de ellas haciendo
largas caminatas. Incluso las escuelas nacionales de estos contornos,
autorizadas por sus superiores, acuden con sus maestros a la Gruta del
Brezal para venerar a la Virgencita de Fátima y pasar luego el día
alegre y sanamente bajo la fronda de los árboles autóctonos que componen
el pequeño y atractivo bosque.

La devoción a la Virgen de Fátima en la Gruta del
Brezal aumentó de año en año de tal forma, que la función religiosa se
ha tenido que celebrar en un bello "anfiteatro", una hondonada
que existe en Barranquillo Frío a poca distancia de la Gruta, donde el
altar es montado en un altozano, en el patio de la casa de la familia de
don Pedro García Díaz.

La nota característica de la Virgen de Fátima
peregrina ha sido siempre el que las palomas se posen en su trono y
permanezcan en él. Pues bien, en lo alto del interior de la gruta, a
pesar de estar al mismo borde de la carretera, varias palomas fueron a
anidar y permanecen allí, ante el asombro de la gente, que jamás había
visto anidar estas aves en la zona. Este hecho insólito lo estimo como
exponente claro de que la Virgen quiso y quiere que en aquel bello
escenario se le tribute veneración y sea para siempre lugar de
peregrinaje".

VOLVER AL
ÍNDICE DE LAS MEMORIAS

VOLVER
A LA PÁGINA PRINCIPAL DE LAS MEMORIAS


Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 29/09/2003.


Un recuerdo para las misiones populares

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

UN RECUERDO PARA LAS MISIONES POPULARES

UNA CRUZ DE SIETE METROS EN LA CIMA DE LA ATALAYA EN RECUERDO
DEL PADRE CLARET

BRUNO QUINTANA QUINTANA

(Por la transcripción: B. DE V.)

Con motivo de celebrarse el primer centenario de la venica del
"Padrito" Antonio María Claret, con el obispo Codina, a misionar a esta
Diócesis, el obispo Pildain y Zapiain, en asamblea con todos los párrocos, acordó
celebrar este magno acontecimiento con una misión popular llevada a cabo por los
religiosos del Corazón de María, que el santo Padre Claret fundara para llevar el
mensaje del Evangelio a todos los pueblos. Para ello se dispuso que los misioneros fuesen
acompañados por una imagen de su fundador, llevándola de parroquia en parroquia,
rememorando así la misión que él mismo realizó por todos los municipios de la isla con
frutos maravillosos que arrebataban a las masas.

En esta parroquia, el 27 de agosto de 1948, empezó la misión para
conmemorar tan gloriosa efeméride, con gran asistencia de fieles ansiosos de vivir, de
algún modo, aquellas jornadas claretianas llenas de fervor religioso que comentaban sus
abuelos, motivadas por la presencia física del Padrito.

Los misioneros claretianos, padres Gil Aramendia, Serafín del Río y
Angel Zoco, de las residencias de Las Palmas, Sevilla y Barcelona, fueron los encargados
de llevar a cabo la misión. El domingo, día 29, a las seis de la tarde, llegaba
procedente de Santiago de Gáldar la imagen peregrina del santo Padre Claret. Con una cruz
abrazada, junto a una ingente multitud, acudimos a recibirla en el barranquillo de
Becerril. Allí, con gran entusiasmo, cantando fervorosas estrofas misionales, tras
pronunciar la oración del santo, emprendimos la marcha hacia el templo parroquial,
acompañándonos una inmensa multitud por el Lomo de Guillén y abriéndose posteriormente
la misión con abundante y consolador fruto espiritual.Como se trataba de conmemorar un
centenario de tanta importancia y trascendencia para la vida religiosa-cristiana de la
Diócesis, como cura párroco sugerí la idea de erigir en la cima del Pico de La Atalaya
una gran Cruz de tea, como recuerdo de la efeméride. La idea fue acogida por el pueblo y
los padres misioneros con gran complacencia. El Ayuntamiento se asoció a nuestro proyecto
y donó el material para la Cruz, cuya construcción corrió a cargo del maestro
carpintero don Miguel Abreu Roque en un taller de la calle Luis Suarez Galván.

Terminada la Cruz, que tenía siete metros de alto, fue trasladada al
templo parroquial, donde el día cinco de septiembre del antes citado año fue bendecida
por el padre Gil Aramendia. Luego, en medio de gran fervor, fue conducida por unos siete
hombres, que se alternaban, siguiendo la carretera de La Atalaya para subir la empinada
montaña por la parte oriental. Muchísimos fieles de Guía y de los pueblos vecinos
acompañaron la emotiva marcha. Ya en la cúspide, casi bloqueada por las personas, se
procedió a colocar Cruz en el lugar que se había preparado con anterioridad por el
maestro don José Bolaños Pérez y sus obreros, acto que fue acogido con un respetuoso
silencio que estalló en delirantes aplausos cuando quedó majestuosamente erguida con un
fondo inmensamente azul de mar y cielo.

Luego, todos los presentes, impulsados por su espíritu de fe y piedad,
desfilaron ante el signo cristiano para imprimir en él un beso, muestra de su amor y
devoción a la Santa Cruz, símbolo de nuestra Redención.

Guía vio, por primera vez, la celebración de la santa misa en la cima
de la Montaña de La Atalaya. Y, desde entonces, fue aquel un lugar de peregrinación,
pese a las dificultades para su acceso. Allí se colocaron otras catorce cruces de madera
desde la base hasta lo más alto, para que cuantos lo desearan pudieran practicar el Vía
Crucis.

La Cruz de la cima, grandiosa e histórica, a los 22 años de colocada
fue abatida por la furia de un vendaval que azotó el Archipiélago Canario en enero de
1970, causando enormes destrozos en las islas. Y, curiosamente, fue abatida al cumplirse
el centenario de la muerte del Padre Claret, en Francia, el 24 de octubre de 1870.
Entonces, por dicho motivo, fue erigida otra Cruz del mismo tamaño que la anterior,
donada por el ingeniero don Manuel Díaz Cruz.

Fue colocada esta segunda Cruz, que encarna los dos centenarios
citados, el día 27 de septiembre de 1970. Acudió a este acto emotivo muchísimo
público; el alcalde, don Ignacio Arencibia Miranda; y los párrocos, junto a mí, el de
San Pedro Apóstol, don José Santana Arencibia.

Un solemne triduo para celebrar el acontecimiento, en el que predicó
el claretiano padre Rubio, cerró esta otra conmemoración.

VOLVER AL
ÍNDICE DE LAS MEMORIAS


Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 26/09/2003.


El arzobispo de sevilla presidió la inauguración del camarín

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

EL ARZOBISPO DE SEVILLA PRESIDIÓ LA INAUGURACIÓN DEL
CAMARÍN

BRUNO QUINTANA QUINTANA

(Por la transcripción: B. DE V.)

"Una vez se estimó terminadas las obras de embellecimiento del
Camarín, a fines del año 1971, aunque todavía quedaban algunos detalles que lo habían
de completar y embellecer más, se determinó benedecirlo e inaugurarlo, para lo que se
acordó que el alcalde y este párroco visitasen al Obispo de la Diócesis de Canarias,
don José Antonio Infantes Florido, para explicarle nuestro proyecto y deseos de que tal
efeméride revistiese la mayor solemnidad y brillantez, para lo cual le manifestamos
nuestro interés de que a tal acto asistiera también el cardenal Bueno Monreal, arzobispo
de Sevilla, al que tan vinculado por varios motivos se hallaba el prelado diocesano.
Infantes accedió muy complacido y mostró sumo interés en invitar al Cardenal a que
viniese y actuase en la ceremonia, para lo cual él mismo se encargó de realizar las
gestiones para que aceptase el desplazamiento y visitase Canarias, hasta donde nunca
había venido.

Monseñor Infantes Florido, aprovechando uno de sus viajes a la
Península, visitó al doctor Bueno Monreal y le expuso los deseos de Santa María de
Guía. "Deseos -nos dijo después el señor Obispo- que acogió con todo cariño,
prometiendo venir a Las Palmas por este motivo y, aprovechando la coyuntura, tener una
asamblea con todos los obispos de la Archidiócesis".

El 21 de mayo de 1972, a las cinco de la tarde, tuvimos el gran honor
de vernos honrados por la ilustre visita del Cardenal, que fue recibido con gran
entusiasmo y cariño por todas las autoridades y una multitud de parroquianos.

Muy complacido, saludó a todos con su sonrisa paternal y entró en el
templo arropado por la melodía arrancada de la variadísima trompetería del órgano.

Después de orar, tomó asiento en el presbiterio y fui el encargado de
dirigirle una emotiva bienvenida.

Inmediatamente después empezó la Santa Misa, pronunciando una
homilía alusiva al momento e impregnada de teología y devoción mariana. Terminada
ésta, subió al Camarín e hizo vivos elogios de la belleza y arte que encierra,
admirando la imagen de la Virgen, ante la cual oró unos instantes. Luego recorrió la
sala, quedando así inaugurada a los diez años de haberse iniciado un proyecto tan
anhelado por generaciones y generaciones. El doctor Bueno Monreal firmó en el Libro de
Oro de la Parroquia, dejando constancia de los sentimientos de su paternal corazón con
las siguientes palabras: "Mi primer contacto con Gran Canaria ha sido ante la imagen
de Santa María de Guía, rodeado del fervor popular en la Pascua de Pentecostés. Pido a
la Señora que nos guíe y alcance para nuestra Patria la fidelidad al Señor". El
Cardenal había concertado con el Obispo de Canarias que él inauguraría el Camarín,
pero que la bendición correspondería al prelado diocesano.

Y así fue días después. Pero antes, como preparación a tan solemne
acto, se celebró un triduo en honor de la Virgen, que como predicadores tuvo a don
Enrique Dorta Afonso, don José Rodríguez Rodríguez y el propio monseñor Infantes, que
cerró el mismo, subiendo luego al Camarín para proceder a la bendición. En dicho acto
intervinieron como padrinos el presidente del Cabildo Insular de Gran Canaria, don Juan
Pulido Castro, acompañado de su esposa, doña Margarita Navarro, y el alcalde de Santa
María de Guía, don Ignacio Arencibia Miranda y esposa, doña Concepción González.
Terminada la bendición recorrieron las dependencias admirando los objetos de arte allí
expuestos y la belleza y riqueza artística del conjunto del Camarín, firmando luego
todos en el Libro de Oro. Posteriormente, el Obispo, con la asistencia de las autoridades
y fieles que llenaban el templo, procedió a la celebración de la Santa Misa,
pronunciando una fervorosa homilía impregnada de teología y devoción mariana. En esta
ceremonia fue asistido por mí, como párroco, y por mi hermano, Fernando Quintana
Quintana, capellán del Hospital de San Roque.

Así, pues, quedó inaugurado y bendecido el Camarín, que fue visitado
y admirado por todos los hijos de la Parroquia, que se sienten orgullosos, y por todas las
personas que visitan Guía.

Nota curiosa.-El primer donativo en metálico que se recibió fue de
don Eugenio Sosa Suarez, residente en Cuba, que envió la cantidad de 8.200 pesetas. El
segundo fue de doña Carmen Mauricio Sosa, que entregó 500 pesetas. El tercero, como ya
relaté, de don José Samsó Henríquez, que entregó 100.000 pesetas."

VOLVER AL
ÍNDICE DE LAS MEMORIAS


Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 26/09/2003.


Una obra salida de la generosidad del pueblo

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

UNA OBRA SALIDA DE LA GENEROSIDAD DEL PUEBLO

BRUNO QUINTANA QUINTANA

(Por la transcripción: B. DE V.)

"Como señalaba ayer, hubo luz verde para construir el Camarín de
la Virgen de Guía. Las obras de mampostería -reforzamiento y revestimiento de pisos,
techos y paredes- se le encargaron al maestro de obras don José Bolaños Pérez. Se
renovó el techo de la sacristía, que habría de ser el piso del Camarín, haciéndolo de
cemento con vigorosas vigas, teniendo en cuenta el enorme peso que habría de soportar al
celebrarse algún acto religioso o cultural en el mismo. Se construyó una nueva
habitación a la izquierda de la entrada al lugar, que se llamará "Sala Luján
Pérez"; se rebajó el piso de la habitación que está sobre Las Mercedes para
ponerla al nivel de la anterior y se hizo desaparecer el "muerto" que estaba
bajo la escalera de subida al Camarín, construyendo en su lugar una nueva habitación que
ha sido muy útil para los utensilios del templo. También se renovó el techo,
sustituyendo la mayoría de los tableros de tea que constituían el artesonado que
sostenía las tejas, carcomidos o podridos por su contacto con la tierra, por otros nuevos
-también de tea- sobre los que se echó una capa de hormigón para colocar de nuevo las
tejas.

Se renovaron también los techos que cubrían la subida al Camarín por
el portalón existente en la Capilla del Carmen y el de la habitación de Las Mercedes,
que eran de astillas de tea y barro sobrepuestas, un material más bien propio para
cuadras que para dependencias del templo; no quedando al margen la entrada a la sacristía
por la calle San José, en la que se colocaron jambas y dinteles de cantería rosa
artísticamente labrada por artesanos de Arucas y sacada del Barranco de Valerón, al
igual que se hizo en las ventanas del Camarín, colocándose en su centro un escudo de la
Orden de Calatrava, en piedra, encontrado poco antes en los sótanos de la casa de doña
Eusebia Armas Almeida.

También se colocaron jambas y dinteles de la misma cantería en las
puertas que, desde la sacristía, conducen al interior del templo. Y por último se
empotraron en la pared medianera de la casa situada al este tres grandes vitrinas y un
bellísimo y artístico arco de cantería violeta traída de Tirma, donada por su
propietario don Graciliano Morales Ramos; proyectado -el arco- por el artista Santiago
Santana y labrado por el artesano de Arucas don Antonio Cabrera.

Una vez finalizada la obra de mampostería, se procedió a la
ornamentación y decoración de todas las dependencias del Camarín, delicadísima labor
cuya dirección fue encomendada, por unanimidad, a don Néstor Álamo Hernández, que
aceptó muy gustoso y desinteresadamente. Con gran cariño, entusiasmo y sacrificio,
emprendió esta grandiosa y artística obra, cooperando con él los restantes miembros de
la comisión "Amigos del Camarín" y los componentes realizadores: el artista
don Juan Serrano Moreno, autor de todos los tallados, de varias cabezas de ángeles en
madera y del escudo de la ciudad en el mismo material; don Pedro Mendoza Moreno, maestro
ebanista, que colaboró eficazmente con el anterior en la preparación de la madera, y la
fina e inteligente pintora, señorita Juana López Moreno, autora de todos los motivos y
bella policromía de las paredes y tallados, así como de la cabeza de los ángeles. Todos
son hijos de Guía que con clara inteligencia supieron ser fieles intérpretes y
realizadores de las directrices y sugerencias artísticas de don Néstor. Para éste y
para los citados, nuestra profunda gratitud y la de la ciudad de Guía, que se siente
satisfecha y razonablemente orgullosa de poseer esta joya de arte para su amada Patrona,
generosa obra de sus hijos en su honor.

Las obras del Camarín tardaron diez años, aunque se produjeron
algunas interrupciones por falta de recursos económicos o ausencias forzadas de algunos
de sus realizadores. Costaron mucho dinero, que fue adquirido en muy variadas cuantías:
desde el donativo de 5 pesetas a las 100.000, procedentes de los hijos de Guía,
residentes en ella o en la capital, Madrid o Venezuela -que también los hubo que ayudaron
a la obra-; desde lo recaudado en cenas realizadas en el Casino o las aportaciones del
Ayuntamiento y entidades bancarias, a un premio de 10.000 pesetas otorgado por el Cabildo
Insular. Si fuésemos a contabilizar los gastos habidos en esta obra, pasaría de los dos
millones de pesetas lo invertido. Pero hay que tener en cuenta que ni cobró sus derechos
don José Luis Jiménez, ni el director artístico, don Néstor Álamo, ni la pintora
señorita Juana López, que compraba con su dinero pinceles y otros materiales.

Y el tallista, don Juan Serrano, que se tomó con gran cariño esta
obra, tampoco cobró su arte, sino un simple jornal como cualquier obrero del ramo.
Solamente se pagó el material adquirido, la obra de mampostería, los jornales de quienes
vivían de su trabajo, los transportes y los derechos sociales. De todo esto he querido
dejar constancia para conocimiento futuro y por eterna gratitud. Terminada esta obra, se
procedió a estudiar la iluminación, delicado trabajo que se le encomendó a don
Sebastián Benítez Montesdeoca, que con sus hábiles conocimientos fue llevando a cabo la
idea, asesorado por miembros de la Comisión y los jóvenes don Cayetano Guerra Aguiar,
escultor, y don Miguel Gordillo Díaz, maestro nacional.

Al mismo tiempo se estudió y planeó la ubicación de las vitrinas en
las que, en su día, habían de exponerse objetos de valor y preciosos ornamentos
existentes en la Parroquia, cerrándose los trabajos con la colocación de un bello farol,
obra de don Manuel Osorio, en la escalera principal del Camarín".

VOLVER AL
ÍNDICE DE LAS MEMORIAS


Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 22/09/2003.


Y surgió la idea del artístico camarín

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

Y SURGIÓ LA IDEA DEL ARTÍSTICO CAMARÍN

BRUNO QUINTANA QUINTANA

(Por la transcripción: B. DE V.)

"En este templo parroquial existía un
amplio salón, de 7,75 por 4,30 metros, en lo alto de la sacristía, destinado para el
Camarín de la Virgen y donde estaba ubicada la hornacina de la misma. Pero por no existir
en la Parroquia un departamento adecuado para colocar y guardar los tronos y otros
utensilios necesarios para el culto y otros actos religiosos durante el año, se había
utilizado esta habitación como cuarto de despojos o desván hasta nuestros días.

Cuando el 12 de marzo de 1943 tomé posesión de
esta parroquia, acompañado solamente del joven sacristán don Manuel Díaz Rivero, que
fue quien me entregó las llaves de la casa parroquial y de la Iglesia, visité al Señor
Jesús y a la Santísima Madre la Virgen de Guía, y después de recorrer el templo subí,
con ilusión, a contemplar el camarín, que me lo figuraba pobre, sí, pero decentito y
con vitrinas conteniendo los mejores ornamentos y prendas. Pero grande fue mi desencanto
al encontrar sólo un desván, un cuarto de despojos, ocupado por todos los enseres que en
ciertos días eran necesarios para la parroquia.

La imagen de la Virgen de Guía estaba colocada en
una hornacina de madera, bien atendida y adornada, cuyo techo era una hermosa concha de
tea, policromada, ubicada en el centro del salón.

De que todo este salón no estuviera dedicado a ser camarín de la
Virgen, nadie tenía la culpa, sino sólo por la razón dicha de no tener la Parroquia un
departamento adecuado para guardar los objetos del culto. Por lo tanto, para emprender la
ilusionante obra de convertir el salón en Camarín, era imprescindible conseguir un lugar
donde colocar todos los enseres. Así las cosas, desilusionado por no encontrar un
Camarín digno, en la primera ocasión que tuve manifesté a los fieles de la Parroquia
que la Virgen tenía derecho a él y que, por lo tanto, había que emprender la magna obra
con la colaboración de todos.

Pero las circunstancias no eran propicias. Estábamos en plena guerra
mundial y las economías estaban fuertemente resentidas. Había que esperar. Pero en el
año 55, en circunstancias providenciales, apareció en escena una persona que, con su
generoso gesto y entusiasmo, dio impulso a nuestro ilusionado proyecto. Era uno de los
días del mes de octubre. La Madres Dominicas de Guía, con otras religiosas de la
Comunidad venidas desde Las Palmas, acudieron a templo parroquial a contemplar y admirar
el trono de plata. Ante la imagen de la Virgen, decían dichas madres:-Señor cura, pida
mucho a la Señora que suscite algún mecenas para que patrocine la gran obra del
Camarín.A lo que repliqué en broma y en serio...-Bien, lo haré, pero son ustedes las
que tienen más tiempo para orar y pedirlo. ¡Pídanselo a la Virgen!- Terminada la visita
al templo las despedí en las gradas del mismo. Y, casi inmediatamente, aparece por el
lado opuesto don José Samsó Henríquez, que después de un saludo efusivo me invita a
visitar a la Virgen en su trono, que, como quedó dicho, fue donado por él. Y allí, ante
su imagen, me dice enfáticamente: -Acabo de visitar el Camarín de la Virgen del Pino.
Jamás lo había visto y me ha gustado mucho. Hay que hacer aquí otro igual, o mejor,
para la Virgen de Guía. Encargue lo antes posible el proyecto a un arquitecto, que yo le
entregaré cien mil pesetas como primera aportación. Abra una suscripción en la ciudad
para que todos los hijos de Guía contribuyan a esta magna obra en honor de nuestra
Patrona, pues debe ser obra de todos.

Entusiasmado e ilusionado por lo inesperado del ofrecimiento y por ser
éste a los pocos instantes del diálogo sostenido con las Madres Dominicas, y viendo que
esa era la voluntad de nuestra amada Patrona, encargué de inmediato el proyecto al
arquitecto don José Luis Jiménez Domínguez.

Él, con gran desprendimiento y entusiasmo, no sólo redactó el
proyecto del Camarín, sino que levantó el plano general del templo, del que no había
ejemplares ni en el archivo parroquial ni en el diocesano. Una vez terminado el proyecto,
allá por el año 1961, en marzo, empezaron las obras de reconstrucción, con expresa
licencia del obispo de la Diócesis, don Antonio Pildain y Zapiain.

Como era una obra de gran responsabilidad -por lo que ella misma
significa y por el arte con el que había de enriquecerse-, procuré rodearme de personas
competentes y entusiastas que compartieran conmigo esta carga y responsabilidad. Para ello
convoqué al alcalde, don Rafael Velázquez García, a don Fortunato Estévez Galván, a
don Francisco León Mauricio y a don Francisco Miranda Santiago, y por sugerencia del
alcalde y con una marcada anuencia de todos, se nombró -y aceptó complacido- director
artístico de las obras a don Néstor Álamo Hernández. Todos estos señores, bajo la
denominación de Amigos del Camarín, emprendimos esta obra que muchos habían calificado
de "obra de locos", haciendo realidad el sueño tan acariciado por muchas
generaciones anteriores."

VOLVER AL
ÍNDICE DE LAS MEMORIAS


Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 22/09/2003.


Aquel espectáculo del 15 de agosto de 1955

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

AQUEL ESPECTACULO DEL 15 DE AGOSTO DE 1955

BRUNO QUINTANA QUINTANA

(Por la transcripción: B. DE V.)

"Llegó el "Ciudad de Cádiz" al Puerto de la Luz a las
ocho de la mañana del día 29 de julio de 1955, atracando en el Muelle de la Luz. Hasta
allí llegamos a las nueve para recoger los numerosos cajones en que venían embaladas
todas las piezas del trono, a fin de conducirlas a Guía en un camión del Sindicato
Agrícola del Norte conducido por Juan Jiménez Orihuela. Me acompañaron en este viaje
don Fortunato Estévez Galván, el abogado don Miguel García Lorenzo y el ebanista don
Miguel Abreu Roque.

Embalados como venían todos los elementos del trono, fueron conducidos
todos los cajones al interior de la Capilla del Sagrario, en el templo parroquial, donde
el técnico Juan Garriga Sala, enviado por los Talleres de Arte, fue catalogando y armando
el trono conforme a la numeración que traía cada cajón, hasta que quedó completamente
reconstruido, presentando una estampa espectacular y causando gran admiración a todos
cuantos lo contemplaban.

Esto motivó un constante desfile de personas que, atraídos por lo que
decían, complacían su curiosidad acudiendo al templo a constar con sus propios ojos la
realidad del trono de plata donado por un gran mecenas, el tantas veces citado don José
Samsó Henríquez.

Así las cosas, se acercaban ya las Fiestas de la Virgen y con la
premura del caso se encargó al carpintero Sebastián Osorio Jiménez la construcción de
las andas que habrían de colocarse al trono para su recorrido procesional por las calles
de la ciudad. Estas andas, por la urgencia, no quedaron adecuadas para ser conducidas por
los portadores de las mismas, cómodamente y con garantías de seguridad, por lo que fue
necesario colocar dos varales por los costados para que cuatro hombres por fuera ayudasen
a los que cargaban bajo el trono a levantar éste y mantenerse el equilibrio del mismo,
que, por su altura -casi seis metros- amenazaba su integridad y la de las personas que
habrían de acompañarle.

Esta forma de llevar el trono por las calles causaba mala impresión y
se empezó a buscar la solución. Muchos eran partidarios de que se construyese una
carroza para conducirlo sobre ruedas, pero se desechó esta solución por las dificultades
que suponía su salida y entrada en el templo, motivadas por las gradas existentes ante el
mismo y por la pendiente más o menos pronunciada de algunas calles del recorrido. Llegó
el año 1970 y entonces fue cuando por la experiencia adquirida de los años anteriores,
por el cargador del trono Manuel Benítez Gordillo se dio la idea de la posible solución
de las andas para ser llevadas cómodamente por los portadores, idea que fue recogida por
el estudiante de arquitectura, don Francisco Jiménez García, que la plasmó en el
correspondiente proyecto, que luego fue realizado por el carpintero don Pedro Mendoza
Moreno, eliminándose los varales y los cargadores auxiliares que tanto afeaban la marcha
majestuosa de la procesión, consiguiéndose con ello que todos los portadores del trono
-unos diez- fueran bajo las andas con gran holgura y comodidad, pudiendo llevar el trono
con gran elegancia y pausadamente, cosa que antes era imposible.

Volviendo al año 55, llegaron las fiestas patronales con el hecho
extraordinario de estrenar la Virgen de Guía su trono de plata. La víspera del día
mayor, el catorce de agosto, a las cinco de la tarde, fue bendecido por el Vicario General
de la Diócesis, don Juan Marrero Díaz, asistiendo al acto el alcalde de la ciudad, don
Juan García Mateos, y demás autoridades. Fueron padrinos, como era lógico, don José
Samsó Henríquez, general auditor, y su esposa doña Juana Fernández Villalta; habiendo
acudido tal cantidad de público que abarrotaba el templo.

Amaneció el día 15, Fiesta Mayor, y la parroquia amaneció engalanada
como nunca. Don Antonio Socorro Lantigua, párroco de Teror, se encargó del panegírico
en la función religiosa, refiriéndose al nuevo trono y señalando que "parecía
estar hecho con manos de ángeles".

Y llegó el momento tan deseado por todos: la procesión de la Virgen
de Guía por sus calles estrenando trono de plata.

Verdaderamente causó sensación, sobrecogedora, a todos los que
esperaban su salida por la maravillosa estampa que presentaba al amaparecer en la puerta
del templo y bajar sus gradas, con la Virgen más bonita que nunca, con vivos colores
rojos en sus virginales mejillas, bajo un sol que brillaba en un cielo intensamente azul,
asociándose al esplendor de las fiestas en honor de su Reina y Señora. Fue un
espectáculo único, para contemplar, que concentró en Guía a una multitud que raramente
se había visto. Muchas y muchos hijos de Guía lloraron de emoción y alegría.

Con el regreso de la Virgen al templo terminaron los actos
extraordinarios celebrados con motivo de las fiestas patronales y la bendición y estreno
del trono de plata. Pero la Virgen continuó en él hasta las fiestas de Las Marías o de
la Danza de la Rama, que se celebran siempre el tercer domingo de septiembre desde hace
más de 130 años. Es una conmemoración votiva de todos los vecinos de los altos de
Guía, Gáldar y Moya, como agradecimiento a la Virgen por haber librado los campos de una
terrible plaga de langosta africana que amenazaba con asolar mieses y pastos.

Finalizada esta fiesta votiva, previo acondicionamiento de la hornacina
de la Virgen, se subió su imagen a la misma, colocándose en su trono de plata, el que,
con una iluminación adecuada, resplandecía. Allí permaneció la Virgen de Guía hasta
una nueva fiesta mayor y, así, varios años, hasta que comenzaron las obras de
construcción y adecentamiento del Camarín".

VOLVER AL
ÍNDICE DE LAS MEMORIAS


Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 28/09/2003.


Santa María de Guía

Dedicados a la preservación, estudios y divulgación del rico patrimonio histórico y cultural del municipio de Santa María de Guía de Gran Canaria. El Archivo Vivo de Historia y Tradición


© 2024 Santa María de Guía – Archivo Vivo de Historia y Tradición