Aquel espectáculo del 15 de agosto de 1955

5 de diciembre de 2006 Documentación

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

AQUEL ESPECTACULO DEL 15 DE AGOSTO DE 1955

BRUNO QUINTANA QUINTANA

(Por la transcripción: B. DE V.)

"Llegó el "Ciudad de Cádiz" al Puerto de la Luz a las
ocho de la mañana del día 29 de julio de 1955, atracando en el Muelle de la Luz. Hasta
allí llegamos a las nueve para recoger los numerosos cajones en que venían embaladas
todas las piezas del trono, a fin de conducirlas a Guía en un camión del Sindicato
Agrícola del Norte conducido por Juan Jiménez Orihuela. Me acompañaron en este viaje
don Fortunato Estévez Galván, el abogado don Miguel García Lorenzo y el ebanista don
Miguel Abreu Roque.

Embalados como venían todos los elementos del trono, fueron conducidos
todos los cajones al interior de la Capilla del Sagrario, en el templo parroquial, donde
el técnico Juan Garriga Sala, enviado por los Talleres de Arte, fue catalogando y armando
el trono conforme a la numeración que traía cada cajón, hasta que quedó completamente
reconstruido, presentando una estampa espectacular y causando gran admiración a todos
cuantos lo contemplaban.

Esto motivó un constante desfile de personas que, atraídos por lo que
decían, complacían su curiosidad acudiendo al templo a constar con sus propios ojos la
realidad del trono de plata donado por un gran mecenas, el tantas veces citado don José
Samsó Henríquez.

Así las cosas, se acercaban ya las Fiestas de la Virgen y con la
premura del caso se encargó al carpintero Sebastián Osorio Jiménez la construcción de
las andas que habrían de colocarse al trono para su recorrido procesional por las calles
de la ciudad. Estas andas, por la urgencia, no quedaron adecuadas para ser conducidas por
los portadores de las mismas, cómodamente y con garantías de seguridad, por lo que fue
necesario colocar dos varales por los costados para que cuatro hombres por fuera ayudasen
a los que cargaban bajo el trono a levantar éste y mantenerse el equilibrio del mismo,
que, por su altura -casi seis metros- amenazaba su integridad y la de las personas que
habrían de acompañarle.

Esta forma de llevar el trono por las calles causaba mala impresión y
se empezó a buscar la solución. Muchos eran partidarios de que se construyese una
carroza para conducirlo sobre ruedas, pero se desechó esta solución por las dificultades
que suponía su salida y entrada en el templo, motivadas por las gradas existentes ante el
mismo y por la pendiente más o menos pronunciada de algunas calles del recorrido. Llegó
el año 1970 y entonces fue cuando por la experiencia adquirida de los años anteriores,
por el cargador del trono Manuel Benítez Gordillo se dio la idea de la posible solución
de las andas para ser llevadas cómodamente por los portadores, idea que fue recogida por
el estudiante de arquitectura, don Francisco Jiménez García, que la plasmó en el
correspondiente proyecto, que luego fue realizado por el carpintero don Pedro Mendoza
Moreno, eliminándose los varales y los cargadores auxiliares que tanto afeaban la marcha
majestuosa de la procesión, consiguiéndose con ello que todos los portadores del trono
-unos diez- fueran bajo las andas con gran holgura y comodidad, pudiendo llevar el trono
con gran elegancia y pausadamente, cosa que antes era imposible.

Volviendo al año 55, llegaron las fiestas patronales con el hecho
extraordinario de estrenar la Virgen de Guía su trono de plata. La víspera del día
mayor, el catorce de agosto, a las cinco de la tarde, fue bendecido por el Vicario General
de la Diócesis, don Juan Marrero Díaz, asistiendo al acto el alcalde de la ciudad, don
Juan García Mateos, y demás autoridades. Fueron padrinos, como era lógico, don José
Samsó Henríquez, general auditor, y su esposa doña Juana Fernández Villalta; habiendo
acudido tal cantidad de público que abarrotaba el templo.

Amaneció el día 15, Fiesta Mayor, y la parroquia amaneció engalanada
como nunca. Don Antonio Socorro Lantigua, párroco de Teror, se encargó del panegírico
en la función religiosa, refiriéndose al nuevo trono y señalando que "parecía
estar hecho con manos de ángeles".

Y llegó el momento tan deseado por todos: la procesión de la Virgen
de Guía por sus calles estrenando trono de plata.

Verdaderamente causó sensación, sobrecogedora, a todos los que
esperaban su salida por la maravillosa estampa que presentaba al amaparecer en la puerta
del templo y bajar sus gradas, con la Virgen más bonita que nunca, con vivos colores
rojos en sus virginales mejillas, bajo un sol que brillaba en un cielo intensamente azul,
asociándose al esplendor de las fiestas en honor de su Reina y Señora. Fue un
espectáculo único, para contemplar, que concentró en Guía a una multitud que raramente
se había visto. Muchas y muchos hijos de Guía lloraron de emoción y alegría.

Con el regreso de la Virgen al templo terminaron los actos
extraordinarios celebrados con motivo de las fiestas patronales y la bendición y estreno
del trono de plata. Pero la Virgen continuó en él hasta las fiestas de Las Marías o de
la Danza de la Rama, que se celebran siempre el tercer domingo de septiembre desde hace
más de 130 años. Es una conmemoración votiva de todos los vecinos de los altos de
Guía, Gáldar y Moya, como agradecimiento a la Virgen por haber librado los campos de una
terrible plaga de langosta africana que amenazaba con asolar mieses y pastos.

Finalizada esta fiesta votiva, previo acondicionamiento de la hornacina
de la Virgen, se subió su imagen a la misma, colocándose en su trono de plata, el que,
con una iluminación adecuada, resplandecía. Allí permaneció la Virgen de Guía hasta
una nueva fiesta mayor y, así, varios años, hasta que comenzaron las obras de
construcción y adecentamiento del Camarín".

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Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 28/09/2003.


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