Una mirada al pasado. el término de Guía en Gran Canaria (1600-1750)

 

UNA MIRADA AL PASADO

EL TÉRMINO DE GUÍA EN GRAN CANARIA (1600-1750)

Libro de Pedro C. Quintana Andrés (2006)

 



El novelista inventa, el

biógrafo siente,

el investigador encuentra.

Hay quienes han convenido en considerar junto con
nosotros –sobre todo los que de estas cosas entienden- que el trabajo de
investigación histórica, navegando por lo común entre legajos
polvorientos de un solitario y recóndito Archivo es más bien propio de
personas que están en situación de privación de su libertad, por el casi
infinito acopio de horas que son necesarias en tan arduo y complejo
oficio de historiador. Pero ocurre que este perder la libertad o estar
preso, al ser libérrimamente escogida por la cosa que se ama con pasión,
en vez de ser un penoso castigo, se convierte en pura delectación del
alma y en motivo de ensanchamiento de los espíritus, que vuelan alto,
muy alto, cercanos a las regiones sublimes del Parnaso.

Es ahí donde vemos al Doctor en Historia Moderna por
la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y profesor de Enseñanza
Secundaria, Pedro C. Quintana Andrés, autor de esta bella semblanza
histórica sobre nuestra querida ciudad "Una mirada al pasado. El
Término de Guía de Gran Canaria (1600-1750)".
Trabajo que tenemos el
honor de presentar de este incansable investigador y que el amable
lector tiene en sus manos.

La presente obra de Pedro C. Quintana Andrés viene a
colmar el ya rico patrimonio cultural de la patria de Luján, Gordillo y
Bento y Travieso, y ese marchamo al que tanto nos tiene acostumbrados el
Cronista Oficial de Guía Pedro González Sosa –al que acude aquél,
citándolo- con sus inestimables aportaciones sobre la historia del
querido solar donde nacieran tan preclaros personajes. Nuestro
historiador disecciona de entre el fárrago del texto escribanil el
pálpito y el resuello de una población que luchaba pegada a la tierra y
sin descanso en una época poco propicia para la más elemental
supervivencia pero que, sin embargo, en la estudiada (1600-1750), lo fue
menos para la Villa de Guía, por ser la mejor situada económicamente de
la Comarca. El autor lo expone todo con una inmejorable prosa que invita
a "devorar" sin límite de tiempo sus páginas, y donde vemos cómo va
evolucionando el Término de Guía y su paulatina transformación hasta
mediados del Setecientos, época por lo demás esplendorosa en lo social y
económico, llegando a doblar en vivienda fabricada y en habitantes a la
originaria Villa de Gáldar. Asimismo, al final de la centuria estudiada,
el comienzo del declive, que se traduce en el inexplicable estancamiento
de la Villa de Guía y la tendencia inusitada al alza de Gáldar, lo que
es más que notorio en el fuerte crecimiento de la población del
guanartemato.

También hay lugar para referirse al edificio, primera
ermita que el señor de la Conquista, Sancho de Vargas, puso bajo la
advocación de Santa María de Guía, situada en la Villa de Abajo,
a cuya sombra y sonido argentado de sus campanas crecería paulatinamente
su núcleo poblacional, mereciendo este acontecimiento una atención
especial de nuestro autor. Asimismo, las vicisitudes y gastos de fábrica
en la importante Villa de Arriba, que fue la primigenia ermita de
San Roque, junto a las noticias de la ermita de San Felipe, la de San
José de Anzofé, la de la ermita de San Francisco de Asís de Los
Mondragones, Hospicio y ermita de Santa Catalina de Siena, molinos,
tiendas de plateros, etcétera, así como el espléndido apéndice de
Protocolos Notariales que se remontan a las primeras Escribanías de Guía
y existentes en la Biblioteca Insular "Joaquín Blanco" -donde trabajan
ahora mismo con denuedo dos becarias en la recuperación de los legajos,
por iniciativa de este Ayuntamiento-; ilustraciones diversas de la trama
urbana originaria y su toponimia, íntegramente la misma que hoy vemos,
forman todo un prodigioso alambique de sapiencia que hace del presente
libro su lectura imprescindible si queremos interpretar, no
equivocándonos, de lo que es hoy en día la realidad de nuestro
importante Municipio.

Erasmo Quintana Ruiz

Concejal de Cultura y Patrimonio Histórico

Guía de Gran Canaria

 

*TEXTO de la
presentación que hizo del libro Erasmo Quintana Ruiz, Concejal de
Cultura y Patrimonio Histórico de Guía.

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 24/04/2024.


Breve reseña histórica sobre la Fiesta de las Marías

BREVE RESEÑA HISTÓRICA DE LAS FIESTAS DE LAS
MARÍAS DE GUÍA

Por Juan Dávila-García

La semblanza e idiosincrasia del labrador o labriego
de las medianías de la zona norte de la isla de Gran Canaria, es recia y
fuerte, pero a la vez afectiva y cariñosa. Su único afán es labrar la
tierra que heredaron de sus antepasados y con ello obtener su sustento
diario.

Las Fiestas en honor a la Santísima Virgen de las
Marías, tiene –desde mi punto de vista-, cuatro actores principales, la
Virgen, los labradores, la proscrita "cigarra" y la bendita lluvia que
Nuestra Señora mando de manera milagrosa allá por el año 1811, que acabo
con tan aciaga plaga. Desde entonces y cada tercer domingo del mes de
septiembre Guía se viste de gala para rendirle pleitesía y darle las
gracias a su excelsa patrona por aquel eminente milagro ocurrido hace 195
años.

Las islas orientales del archipiélago son muy
proclives a las llegadas de las langostas o cigarras que provenientes del
desierto del Sahara y aprovechando el viento del este, se constituyen en
unas enormes pelotas que atravesando el mar nos invaden, -este dato fue
comprobado por mi "in situ" allá por los años cincuenta del pasado siglo
en Barranquillo Moreno-, donde la gente del lugar se hizo fuerte
quemándolas con lanzallamas según se iban acercándo a la costa. Fue la
ultima vez que ví la llegada con intensidad de tal vulgar y voraz "bicho"
a nuestra isla especialmente al norte de la misma, era un domingo de
otoño, y al iniciarse la tarde llovió en abundancia incluso con aparato
eléctrico y el ruin insecto huyo, dejando atrás ruina y desolación
especialmente en los cultivos ordinarios de medianías y cumbres.

El nacimiento de tan extraordinario evento, tuvo
lugar, posiblemente un día del mes de septiembre del año 1811, en la
Montaña o Lomo de Vergara, que esta ubicado entre el Lomo Betancor y la
Hoya de Pineda al noreste del altiplano que configura la Montaña de Guía,
donde con motivo de una descomunal invasión de cigarras, se congregaron
los habitantes de, Barranco del Pinar, Saucillo, Lucena, Montaña Alta o
Piedras de Molino, Tres Cruces, Bascamao, Junquillo y Verdejo, Lomo del
Palo, Los Palmitales, Casas de Aguilar, Calabozo y Paso, Juncalillo,
Caideros, etc., que de manera muy humilde y a modo de un verdadero rosario
de emotivas oraciones y plegarias le rogaron a la Virgen, hiciera un
milagros para que tan voraces insectos se fueran de sus tierras las cuales
estaban arruinando, la excelsa patrona guíense les escucho e hizo que
lloviera torrencialmente y la cigarra desapareció.

Desde aquella memorable fecha hasta hoy, las fiestas
de las Marías se han constituido, por su contenido, posiblemente en la más
ancestral en lo que respecta a su tipología netamente canaria de cuantas
existen en la isla y quizás también del archipiélago. Desde la Montaña de
Vergara los peregrinos portando hermosas "ramas" de pinos, eucaliptos,
brezos, etc., bellamente adornadas con variados frutos y productos de la
tierra, (zanahorias, manzanas, peras, ramos de uvas, y otros) bajan camino
de la iglesia donde les espera la venerada imagen, tocando caracolas,
tambores, cajas de guerra y otros instrumentos, que por su rusticidad
recuerdan a los empleados por los primeros "rameros" que tuvieron el
privilegio y el honor de iniciar tan gloriosa festividad. Que bajando por
la Cuesta Caraballo, arriban a los aledaños del Hospital de San Roque,
allí les esperan la Banda de Música y una gran multitud de fieles
bailadores, y los papagüevos, iniciándose así el tradicional "baile de la
rama", al son de los pasacalles que la citada banda interpreta y que con
un gran ceremonial se dirige hacia el templo parroquial donde la Santísima
Virgen con el niño en sus brazos –adornado con una cigarra de oro en unos
de sus dedos- vestidos con un hermoso y lujoso traje verde espera la
llegada de sus fieles devotos, para que como en antaño oírles una vez más
el agradecimiento inconmensurable en forma de rezo, oración y canto por el
gran milagro que le otorgo a sus antepasados.

Mientras esto sucede las calles de Guía se van
llenando de gentes procedentes de todos los lugares de la isla, incluso de
turistas, deseosos de presenciar tan grandilocuente evento. Por doquier se
ven parrandas, -con sus miembros perfectamente ataviados con la vestimenta
típica canaria- y en medio de esta algarabía, se escucha siempre la voz
melosa de algún guíense que interpreta, los aires de la tierra,
malagueñas, isas y folias. Pero lo mejor esta por llegar, cuando el reloj
"lujanero" marca las doce del mediodía, se inicia la gran función
religiosa donde la asistencia masiva de fieles es tal que la iglesia
matriz con sus tres naves, se hace pequeña para contener a tanta gente,
que quieren ver y tocar la sagrada imagen de la Virgen en su trono de
plata y pedrería.

Simultáneamente a cuanto esta aconteciendo, en la
zona periférica del casco de la ciudad, se acumulan las carretas
perfectamente engalanadas y rotuladas, tiros formados por bueyes y vacas,
caballos hermosamente adornados, y de donde el agradable olor de los
riquísimos manjares que en las mismas –carretas- se preparan llenan el
aire con un característico sabor a fiesta y al jolgorio más sano y
elocuente. Chuletas, chorizos, sardinas, queso de Guía en sus diversas
versiones, papas arrugadas, mojos, huevos duros, etc., todo vale para que
los moradores del municipio guíense y los muchos visitantes que acuden a
honrar a la Santísima Virgen, degusten con gran satisfacción cuanto los
romeros les ofrecen con humildad y simpatía, que consisten en los variados
platos propios de la rica gastronomía isleña ya citada.

La gran Romería se ha iniciado, con los prolegómenos
anteriormente enunciados. La misma remata el desarrollo de los actos
festeros de la mañana. No obstante en cualquier rincón se contempla a
grupo de gentes degustando algún que otro sancocho, asadero o simplemente
cantando y tocando timples y guitarras y saboreando el pisco del buen ron
canario o de algún mejunje casero hecho para la ocasión. Ya en horas de la
tarde-noche se celebran otros eventos que riman perfectamente con el
desarrollo de esta festividad llamada en otros tiempos de los "ramos",
tales como una gran luchada-canaria y un festival folklórico, donde
intervienen agrupaciones procedentes de otras islas, otros municipios y
las del propio Guía. Esta extraordinaria "Romería", que a modo y manera de
las de San Benito, San Marcos, San Isidro y de la misma del Pino, ha
concitado –del latín concitare, de concierne, mover, excitar- entre
algunos personajes oscuros isleños de pueblos limítrofes, -de todo hay en
la villa del señor-, las más exacerbadas criticas, ya que cuestionan esta
honorable tradición, que arrancando con una rama de elocuente
ancestralidad, -la más antigua con diferencia de todo el archipiélago-, se
haya convertido por "mor" de la misma –la romería- en una de las fiestas
con más signos de canariedad de todas las que se celebran en el suelo
insular.

Guía es un hervidero de gentes, los más
significados, contemplan desde los balcones de sus casas hermosamente
adornadas con, traperas, faroles, azadas, arados, hoces y otros artilugios
miniaturizados, el vaivén constante de la marea humana que circulan por
calles y plazas, mientras que el sonar de caracolas, la música parrandera
y el tronar de los voladores hacen que el día grande dedicado a la Virgen
María, se vaya consumiendo paulatinamente, dejando a los moradores de mi
-pueblo siempre añorado- ese sabor agridulce, -de que lo bueno se acaba- y
pensando ya en las fiestas del próximo año.

Nunca tuve facilidad para hacer poesía, sin embargo
me he atrevido, -por el gran amor que le tengo a mi Virgen-, hacerle y
dedicarles unas "loas" que posiblemente ni rimen ni se ajusten a la
métrica tradicional en esta forma de expresar que tienen los ilustrados en
tales temas, no obstante y quizás con algo de atrevimiento, aquí las voy a
plasmar, pues estimo que algo de valor tendrán:

-" A la Virgen, de las Marías, mi amor y
agradecimiento, porque en el 1811, y en ese momento, mandando la lluvia,
las penas a los labradores supo paliar, llenándolos de un

eterno amor hacia ella y su milagrosa
majestuosidad"-

-"En el sacrosanto lugar, conocido por el Lomo de
Vergara, los labradores de las medianías de la comarca, le rogaron y le
pidieron a la Santísima Virgen, un milagro, sus cultivos agredidos por la
implacable cigarra, se estaban arruinando, la Virgen escuchando sus
enternecidas oraciones, hizo que lloviera en abundancia y las cigarras
desaparecieran, los agradecidos labradores le prometieron, recordar tal
efeméride y así desde hace 195 años, la Santísima Virgen, recibe en
septiembre el agradecimiento y la pleitesía del pueblo de Guía como
prometieron sus ancestros"-

-"Vergara fue el altar, y su ara la piedra
filosofal, donde los labradores con su emocionado rogar, consiguieron de
la Virgen el donar, con lluvia, tronar y relampaguear a la cigarra
espantar"-

Es elocuente destacar, lo que con respecto a las
Fiestas de la Marías o de Ramos como así se la denomino en el siglo XIX,
dijo el médico Domingo Déniz Greck en su Resumen Histórico Descriptivo de
las Islas Canarias:

"En 1811 arribo a las islas una inmensa plaga de
langostas. Volaba sobre ellas en espesos nublados que interceptaban los
rayos del sol. Su voracidad fue espantosa y exterminó los campos.

En esta ocasión los vecinos de la Villa de Guía de
Gran Canaria, ofrecieron a su patrona Nuestra Señora de Guía, celebrarla
anualmente, por la total extinción de esta plaga asoladora. Desde entonces
viene la fiesta de los ramos, que tiene lugar en uno de los
domingos del mes de septiembre, en el que la gentes bajan del campo llenas
de alborozo armados de ramas de árboles, y reuniéndose a la entrada

del pueblo salen luego para la plaza y entran en
bullicioso júbilo en la Iglesia Parroquial, ostentando sus alegres y
lozana ofrenda, cuyo acto acaba de solemnizarse con una función
religiosa".

La información aportada por el Dr. Déniz Grekc es
muy importante ya que este nació en 1808, siendo por lo tanto
contemporáneo a los hechos que describe.

También la encontramos así denominada, el periódico
"El Ómnibus" del día 24 de septiembre de 1856:

"De la Villa de Guía nos dicen lo siguiente:
Celebrándose en el día 28 del corriente la fiesta que aquí llaman de las
Marías o de los Ramos…."-

Recordar siempre alguna anécdota relacionada con
algo que se pueda considerar importante, relacionado con tan elocuente
festividad, tiene cierto morbo, por eso estimo manifestar en esa forma
literal, la arribada a Guía, con un "ramo" de enormes dimensiones, el día
de las Marías, de un hombre de nuestras medianías llamado Santos,
-entradito en años ya por aquella época-, su ramo era además un compendio
de elocuente belleza, ya que el mismo estaba recubierto por toda clase de
frutas que brillaban tersas y apetecibles. Recuerdo que la pandilla de la
que formaba parte, estábamos siempre muy cerca de el, con el fin de
quitarles las frutas a tan noble ramo, pero jamás lo conseguimos, el viejo
siempre vigilante nos tenia perfectamente controlados y por mucho que le
distrajésemos nunca hubo forma de hacernos con parte de aquella riqueza
frutal que su ramo mostraba.

La Fiesta de las Marías de Guía de Gran Canaria,
siempre estuvo patrocinada por un conjunto de vecinos que de manera
desinteresada trabajaban por el buen desarrollo de la misma, denominados
"mayordomos" que hacían de tal evento, la fiesta más trascendental de
cuantas se celebraban y se celebran en mi querido y añorado pueblo. Desde
los primeros momentos del inicio de la misma han velado con verdadera
elocuencia para que así fuera, y con la intercesión de Nuestra Señora, a
fe mía, que a pesar de los años pasados, cada año la misma reluce con
mayor esplendor, de ahí que sea para mi un honor y un placer, citar al
menos algunos de estos personajes que constituyeron y constituyen tal
"mayordomía", y que contribuyen para que esta fiesta sigan manteniendo su
tradición ancestral y la atracción que ejerce en cuantos participamos en
ella, aunque sea como meros espectadores. Así tenemos a: Fernandito León,
Faustino Suárez, conocido por el "carro" de San Juan, Juan Arencibia Sosa,

Blas Saavedra Galván, Gregorio Miranda Santiago,
Luís-Miguel Arencibia León y otros, que en la actualidad le dan el arraigo
y la elocuencia que esta festividad representa por sus axiomáticas
connotaciones, en lo referido a su simbología canaria por excelencia. Guía
y la Santísima Virgen tiene con estos personajes el comprometido
reconocimiento a tan grandilocuente y loable labor.

Es una aportación o quizás una simple reflexión,
manifestarles a los que ahora conforman la representación institucional en
el organigrama de tan emocionante festividad, que en la misma cabe, y en
forma de concurso, un evento folklórico, de tipología netamente canaria,
donde dándole el carácter de local, insular o regional, en los que
respecta a la participación en el mismo, otorgándose unos premios que
pueden ser en metálico o reconocidos en simples diplomas, a los que
intervengan en el citado concurso, sean agrupaciones o solistas, que a
buen seguro le darían a la Fiesta una mayor trascendencia, que
indudablemente elevaría de manera ostensible el copyright que ya por
merecimientos propios tiene nuestra Fiesta de las Marías.

Simplemente decir para concluir, que cuanto aquí
expongo, es la realidad palpable de una festividad que cada año, -la gente
es el principal testigo-, reviste una notoria aceptación por parte de
todos los guienses y por los foráneos que se acercan a Guía a celebrar tan
encumbrada festividad por las mejoras que en ella se observan.

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Juan Dávila-García

jocdavila@yahoo.es

Junio 2006.

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 24/04/2024.


El circo de Bruselas. Santiago Gil

Mp


MÚSICA DE PAPAGÜEVOS

El Circo Bruselas

LA LLEGADA DEL CIRCO

Santiago Gil

A veces los sueños se convertían en realidad. Siempre
nos dijeron que deseando algo con toda el alma se acababa consiguiendo.
Con la experiencia de los años preferiría guardarme la opinión sobre ese
adagio, aunque puestos a opinar debo reconocer que casi siempre te quedas
con la miel en los labios, o a años luz del deseo o del sueño que
pretendes alcanzar. Otras veces sucede el milagro y resulta que te ves
colmado de dichas y accediendo a situaciones, vivencias y sobre todo
amores que superan con creces tus propósitos más optimistas. De niño nos
pasaba igual, si bien entonces la suerte estaba más de nuestra parte, o
por lo menos no había tantos aguafiestas dispuestos sólo a incordiar al
prójimo. Yo de niño vi cumplidos muchos sueños, entre otras cosas porque
casi todos eran pequeños, de andar por casa, y fácilmente asequibles. No
cambiábamos París por nuestra aldea, ni jugar de delantero centro con el
equipo de tu calle por ganar la Copa del Mundo. Digamos que así lo tiene
más fácil el destino. Pero no todos los sueños de entonces eran de fácil
acceso. Muchas veces nos imaginábamos cómo debía ser el mundo del circo
por dentro y lo maravilloso que sería poder convivir con elefantes, cebras
o leones. Alguna vez bajábamos a Las Palmas a ver el Circo Ruso o a cantar
con Fofo y compañía aquellas horteradas que entonces eran nuestras
canciones comprometidas y la banda sonora de nuestras meriendas. Nuestros
padres y abuelos nos hablaban de cuando venía a Guía el Circo Toti y de
ese Pepe el Cañadulce que tan maravillosamente rememora nuestro paisano
Braulio en su canción (sin caer en pasión de paisanaje creo que Braulio
vuelve oro casi todo lo que toca, aunque por desgracia habrá que esperar
para que ese oro reluzca como se merece incluso en su propio pueblo), pero
nosotros soñábamos con algo parecido a los circos que veíamos en la
capital.

Sucedió una tarde, porque de alguna forma las tardes
solían ser las partes del día más propicias para los milagros. Salíamos
del colegio del barranco, supongo que con las mismas ganas de recuperar la
libertad perdida en la calle cuanto antes, cuando alguien empezó a decir
que habían montado unas carpas en la zona de Marente, justo enfrente de
Muebles Díaz, nuestro pequeño paraíso para rebuscar las maderas necesarias
para los carricoches de cojinetes, para las carretas de la Romería o para
las hogueras de San Antonio, San Juan y San Pedro. Al principio no creímos
al vocero que quería marcarse la exclusiva, pero poco a poco fuimos
metiéndonos por el barranco y descubriendo cómo de fondo se veían los
colores de una gran carpa y se escuchaban los sonidos de unos animales que
no tenían nada que ver con la fauna de las plataneras, los estanques y los
barrancos. Allí estaban los elefantes, los monos y la carpa central con
los malabaristas y los trapecistas volando de un lado para otro. Recuerdo
que la estrella del trapecio se llama Mara, y que era una señora muy
sensual, muy psicalíptica y de rasgos algo agitanados que a todos nos
volvía locos con el minúsculo biquini de colorines con el que se
presentaba en el espectáculo. No queríamos volver a casa, y mucho menos al
colegio. De milagro no acabó alguno de nosotros fugándose con los del
circo como mismo hizo José Arcadio Buendía cuando se fue de Macondo. Ganas
no nos faltaban, por más que hubiera que dormir casi a la intemperie.
Estuvimos toda la semana conviviendo con los domadores y los payasos, y
haciéndonos amigos de los hijos de los artistas que ya eran a su vez
pequeños artistas en ciernes que hoy en día seguro que seguirán en ese
mundo tan literario y tan maravilloso. Les echábamos una mano en todo lo
que nos pedían y a cambio nos daban entradas para todas las primeras
sesiones. Era como si el paraíso se hubiera instalado a las puertas de
nuestras casas, y durante esos días no recuerdo que hubiera nada más en el
mundo, y si lo había nos importaba un carajo. Todos soñábamos con volar
como Mara, o ya puestos con volar junto a Mara, una mujer de rompe y rasga
para aquellos tiempos de rombos en la tele y de pacata moral cristiana que
nos tenía con las hormonas alteradas. Por unos días cambiamos las calles,
las plazas, las canchas y los barrancos del pueblo por la magia del circo
Bruselas, que tampoco es que fuera nada del otro jueves en el panorama
circense nacional, aunque a nosotros eso nos importaba tres pitos. Y lo
que daríamos hoy por volver a vivir aquellos maravillosos días de
aventuras y de sueños cumplidos. Podíamos tocar las trompas de los
elefantes y acariciar las serpientes, nos subíamos encima de los ponys y
participábamos en las órdenes que daban los niños del circo a los perros o
a los caballos para que se pusieran a dos patas. A lo mejor la mitad de lo
que escribo me lo estoy inventando, o fue algo soñado, pero juraría que
fue tal como lo cuento, incluso más emocionante. Fuimos felices, y eso es
lo único que cuenta. El circo de verdad estaba en Guía y nosotros también
formábamos parte del sueño.

Agosto de 2006.

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 17/01/2021.


Dulces variados. Santiago Gil

Mp


MÚSICA DE PAPAGÜEVOS



Dulces variados

Santiago Gil






Cuando yo era niño venían los dulces a nosotros. Los
viernes a mediodía, cuando llegábamos del colegio después de la clase de
gimnasia- hasta que el deporte empezó a tomarse en serio en la enseñanza
siempre recuerdo la clase de gimnasia los viernes después del recreo, y
además hablo de una Educación Física que consistía en un balón y treinta
chiquillos corriendo detrás de él por una cancha pedregosa y bacheada-,
escuchábamos de lejos la letanía de los dulces variados. Se iba acercando
a nosotros como nosotros nos íbamos acercando a él con nuestros deseos por
hincarle el diente a aquellas milhojas que colmaban nuestra glotonería o a
las benditas palmeras de azúcar que volvían dulces las tardes de la
infancia. No creo que fuera siempre el mismo, pero siempre llegaba puntual
los viernes sobre la una de la tarde anunciando los diferentes dulces que
vendía. Había que bajar con el plato más grande que hubiera en la casa y
ponerse en la cola para poder acercarnos a aquel pequeño paraíso
ambulante. ¡Cómo olían de bien aquellos furgones! Cierro los ojos y
recuerdo aquel olor como uno de los más intensos y sugerentes de mi
infancia. La espera se hacía eterna, pendientes de que no se acabaran los
petisús o las ensaimadas. Uno lo único que soñaba cuando le llegaba el
turno es que el plato fuera todavía más grande de lo que ya era.
Intentábamos que cupieran todos los dulces, y no recuerdo si el del furgón
nos cobraba por unidades o por capacidad. Supongo que sería por unidades,
pero aún así nunca teníamos bastante. Comíamos con los ojos, o más que con
los ojos con el olfato. Los viernes a mediodía siempre olían a dulces
variados, lo mismo que la salida del colegio por la tarde cuando sabías
que ya no había clases hasta el lunes y que en casa te esperaba un festín
de azúcares y cremas pasteleras. Por eso digo que los dulces nos venían a
buscar a nosotros. Y eso era el viernes, porque luego el sábado por la
mañana nos venían a ofrecer las truchas de batata que hacía Virginia,
aunque uno nunca esperaba a que vinieran: según me levantaba de la cama me
iba a buscar a Tanito y a Morera-el hijo de Virginia- o a Francis y Jesús
–sus sobrinos- y me ponía a ayudar con la masa de batata y matalahúva o a
moldear las truchas para conseguir como premio aquel bolón de batata con
el que luego presumíamos en el pueblo. Generalmente los sábados se
mezclaban los dulces variados de los viernes y las truchas de Virginia de
los sábados. Ya los domingos por la mañana, e incluso algunos sábados, nos
venían vendiendo panes de huevo o brazos de gitano, también de puerta en
puerta, tentando con aquellos maravillosos olores nuestra glotonería y
nuestro amor por los dulces. Y entretanto podías acercarte a comprar una
bolsa de mantecados a Casa de Chonita o a la panificadora de la calle del
Medio. No parábamos de comer dulces a todas horas. Supongo que nos
salvamos del colesterol por estar todo el santo día corriendo y jugando
por el pueblo, aunque ahora entiendo por qué durante unos cuantos años
engordé como lo hice: me prohibieron hacer deporte, y en vista de que no
hacía caso me largaron un yeso en cada pierna y me mantuvieron inmóvil
casi medio año. Huelga decir que durante ese tiempo no renuncié a los
dulces, con lo cual es fácil imaginar las consecuencias. Y es que a todos
los dulces ya referidos habría que sumar los de los domingos por la tarde
que íbamos a comprar a la Dulcería Castellanos, en Gáldar, o a la Dulcería
La Rosa, en la calle Marqués del Muni de Guía.

Curiosamente al paso de tantos años uno no recuerda los
sabores, o por lo menos no con la nitidez con que sí somos capaces de
recordar el olor del furgón de los dulces variados cuando abría la puerta
y nosotros habíamos sido los más rápidos, y por tanto los primeros en
poder elegir entre todo el surtido que teníamos delante de los ojos. Y lo
mismo que venían los dulces a nosotros venía la ropa, con el furgón de
Ñito tocando la bocina todas las tardes para que bajáramos a buscar el
pantalón vaquero o el chubasquero con gorra como el que salía en la
teleserie de moda. Y venía también el afilador con su inconfundible
pitido, o el lechero, también con el aviso sonoro, o Felito tocando el
trompetín para que bajáramos a decidirnos entre los helados de vainilla,
coco o tutti fruti – qué mágica nos ha parecido siempre la expresión tutti
fruti, es como si viajáramos al pronunciarla, o como si uno se hubiera
criado en el Trastévere romano, o en medio de una calle de lujo de Milán:
tutti fruti, tutti fruti, no era nuestro preferido porque no nos gustaban
los tropezones de fruta confitada, pero lo pedíamos siempre porque
haciéndolo parecía que viajábamos o que éramos hombres de mundo-, o las
sardineras del Puerto de Las Nieves, anunciando las sardinas vivitas, de
Agaete, vivitas. Entonces no había ni centros comerciales ni
hipermercados, y aunque resulte increíble tampoco supermercados. Había
tiendas, y muchos de los complementos como el pescado, los dulces o la
leche nos venían a buscar a nosotros. La vida estaba a las puertas de
casa, y el comercio, y todos aquellos personajes curiosos y populares que
ahora es como si se los hubiera tragado la tierra. Bastaba escuchar el
altavoz o un par de bocinazos pactados previamente para que nos echáramos
a la calle. Igual todavía siguen yendo por los pueblos, pero supongo que
las normas sanitarias y la educación recibida nos han hecho mucho más
tiquismiquis y aprensivos. Hoy en día ya casi no hay ni moscas rondando
entre los alimentos, y tampoco es que vaya uno a reivindicar las moscas a
estas alturas, pero como machadianas que son sabían ir a lo bueno y
revolotear entre aquellos dulces de recuerdos tan idealizados. Igual ya no
hay moscas no porque se estén aplicando mejor las normas sanitarias sino
porque ya ni las sardinas, ni los petisús, ni la leche saben y huelen como
antes. A mi sólo me basta cerrar los ojos y recordar aquellos olores para
acercarme sobre la marcha al paraíso. Por eso a veces reconozco que es una
ventaja contar con los recuerdos: lo guardan todo, lo mismo un olor que
una mirada o un paisaje. Gracias a ellos no nos morimos del todo con el
tiempo que va pasando presuroso con nosotros.






Diciembre de 2006.


Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 17/01/2021.


El chirote. Santiago Gil

Mp


MÚSICA DE PAPAGÜEVOS

EL CHIROTE



Santiago Gil













Hay palabras que uno utiliza sin pararse a pensar en su
origen, en su sonido o en la magia que encierra su etimología o su
evolución. Nosotros tenemos muchas vocablos que sacados de la isla, y en
muchos casos de nuestra comarca, se convierten en galimatías y arcanos
para quienes los escuchan. Una de esas palabras podría ser chirote. Me he
ido al diccionario de la Real Academia y al María Moliner y en ninguno de
los dos aparece con la acepción que yo siempre le escuchaba a mi abuela, a
mi madre o a todos los vecinos y amigos de Guía. Según los diccionarios
esta palabra significa hermoso en Costa Rica, bobo o torpe en Perú, o bien
sirve para nombrar a un pájaro en Ecuador y Perú. Lo único evidente es que
es un término que como tantos otros nos hermana con el continente
americano, pero no con la acepción que nosotros estilamos. El chirote era
en mi infancia, y me imagino que lo seguirá siendo, el viento frío que te
cortaba la piel como una cuchilla. Venía del Teide nevado o de las cumbres
y se colaba por debajo de las puertas o por los huecos de las ventanas
helando todo aquello que cogiera por delante. Nos tenía todo el día con la
boca cerrada. Ibas al cine o a misa y lo primero que te decía tu madre es
que cerraras la boca cuando salieras a la calle porque hacía chirote. La
verdad es que es una palabra que suena divinamente y que en su sonido
recoge el ulular del viento frío que nos dejaba tiesos desde que nos
parábamos entre dos puertas o dos ventanas abiertas. A lo mejor también
era el cómplice de nuestra imaginación volandera, el que hacía que
tuviéramos la cabeza despejada desde primera hora de la mañana para soñar
e inventar juegos a todas horas. Con el chirote o te movías o te podías
quedar paralizado de por vida como aquellos viejos que se sentaban en un
banco de plaza y que yo creo que no se levantaban durante horas por
haberse quedado congelados por culpa del mentado viento. Nosotros
luchábamos contra el chirote corriendo como posesos por todo el pueblo, de
ahí que nuestro concepto del juego, o por ejemplo del fútbol, se alejara
tanto de lo estático y lo contemplativo y optara por la acción y el
movimiento trepidante. Nuestras abuelas estaban obsesionadas con ese aire
helado, y como fuéramos con ellas por la calle estaban todo el rato
tapándonos la boca para no nos llegara a la garganta, "no hables, tápate
la boca, no cojas frío", y nosotros, acojonados con tanta previsión y
tanta insistencia, no separábamos la mano de los labios, o nos colocábamos
la rebeca o el kubala de turno alrededor del cuello. Luego, ya liberados
de la vigilancia, éramos capaces de tomarnos el chirote a morro y de
respirarlo como osados aventureros acostumbrados a hacer justo lo
contrario de lo que nos ordenaban. Otra cosa eran las consecuencias de
aquel espíritu rebelde: pronto aprendimos que nuestras abuelas tenían
razón y que jugar con el chirote de las narices sólo podía contribuir a
terminar en la cama aburridos y con fiebre durante varios días. Y no había
nada peor que no salir a la calle. Incluso preferíamos ir al colegio antes
que quedarnos en casa sin ver a nuestros amigos y sin poder gozar de la
vida plenamente: la vida sólo la concebíamos de puertas afuera, no nos
valían los libros, la tele casi no existía, y los juegos caseros nos
acababan aburriendo antes de las dos primeras horas. En el fondo éramos
igual de correosos y de libres que el chirote que tanto asustaba a
nuestros ancestros.

Yo ya hace tiempo que no escucho esa palabra tan
eufónica y sugerente. De alguna forma dejamos muchos de nuestros recuerdos
y nuestras vivencias más intensas grabadas en la palabra chirote. Por eso
nos espabila tanto el aire frío que a veces nos sorprende entre las calles
del pueblo. Sin que apenas nos demos cuenta volvemos a cerrar la boca tal
como siempre nos dijeron nuestras abuelas que hiciéramos. Y nos
descubrimos tan niños como entonces con la mano cubriendo nuestros labios.
El chirote seguirá recordando el roce de nuestra piel cuando ya no andemos
respirando por estos lares. Ese aire que sigue soplando por las calles y
los barrancos de nuestra infancia lleva mucho de nosotros. De alguna
manera nos hemos quedado siendo chirote en aquellos lugares a los que ya
no podemos volver con el mismo aire del pasado. En Costa Rica dicen que es
algo hermoso y grande. Creo que los costarricenses han sabido extraerle a
esta palabra su verdadero significado. Realmente el chirote es algo
hermoso, grande, y a estas alturas de nuestra existencia también vital e
imprescindible. No sé qué diablos haríamos nosotros si dejara de soplar a
la salida del cine o cuando andamos despistados por las calles y logra
devolvernos ese aire lejano que mantiene viva nuestra infancia. Hay algo
alquímico, esotérico y milagroso en el chirote, como si llevara el
espíritu de nuestro pasado y de todos los pasados de quienes nos
precedieron. Por eso quizá nuestras abuelas luchaban tanto para que no se
nos metiera por la boca. Trataban de evitar que algún día fuéramos olvido.

Febrero de 2007.




Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 21/04/2017.


Sección dedicada al personaje

 

     

 

     


JOSÉ LUJÁN PÉREZ

El escultor José Luján Pérez es, sin duda, el
artista guiense de mayor proyección y lustre, ello es debido no sólo a la gran
calidad de sus obras, sino también por lo extensa de ésta, ya que esculpe para
todas las islas, pero sobre todo para Gran Canaria y Tenerife.

 Nace
en la villa de Guía el 9 de Mayo de 1756, falleciendo en la misma en 1815.
Aunque también ejercía de arquitecto, es la escultura su principal fuerte,
siendo el imaginero canario de mayor proyección.
+

       

250º
ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO

     





Biografía
     




Programa de actos 2007

       





Se constituirá una fundación para coordinar



los actos de celebración del 250 aniversario de su
nacimiento

(2006)

       


Moción aprobada por el Parlamento de Canarias


(2006)

     
       

TEXTOS
SOBRE LUJÁN PÉREZ

     
       

Sobre su infancia en Guía (por Pedro
González-Sosa)

       

Su obra y Guía (por Pedro
González-Sosa)

       

Estudio realizado por Nathanael Díaz
(2006)

       

Sobre su donación del reloj parroquial.

Por Joaquín Rodríguez
(1971)

         
       

INFORMACIÓN
RELACIONADA

       

 

       

 

         

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 27/09/2022.


El Colegio

Datos para una historia de Guía

EL COLEGIO DE LA INMACULADA

Fue fundado en 1925 por Dolores de Sosa Suárez como centro laico

En 1938 se hizo cargo las Dominicas, en cuya primera congregación estaba su
hermana Luisa

Pedro González-Sosa

(Cronista Oficial)

A Dolores Sosa Suárez --Lolita Sosa, como con todo respeto
y cariño se la conoció en Guía de Gran Canaria hasta su fallecimiento en
1949--, a su inestimable generosidad y piadosa iniciativa, debe la ciudad
norteña poder contar, todavía hoy, al menos con el edificio de un colegio de
enseñanza que ha sido, --aunque ya no lo sea-- toda una institución en la
localidad: el conocido y llamado "Colegio de la Inmaculada", que si bien a
partir de 1938 inició una nueva andadura al hacerse cargo de su enseñanza y
regencia las monjas Dominicas de la Sagrada Familia, en la actualidad, aunque
la muy mermada congregación religiosa persista, tiene otra orientación, y se
ignora cual va a ser el futuro de este edificio.

Mujer soltera, de arraigados sentimientos y convicciones
religiosas, Dolores de Sosa tuvo siempre en mente la idea de dotar a la
localidad de un centro docente comprometiéndose a que corriera a su cargo
todos los gastos que ocasionara.. De niños la conocimos sobre todo cuando por
las mañanas –eran los tiempos en que las misas se oficiaban a esta hora— y por
las tardes bajaba desde su casa en la calle del Agua, frente al colegio
publico, a la iglesia para participar en los actos parroquiales. Mujer
callada, sencilla, educada al máximo, nunca pregonó las muchas obras de
caridad que realizaba y cuyos desprendimientos alcanzaba, incluso, a la
dotación de obras y enseres en su parroquia, como fiel devota que fue de la
Patrona, la Virgen de Guía.

En este contexto, a principios de 1920 fue madurando la
idea de crear o fundar un colegio de enseñanza. Pero sería en 1925 cuando se
decidió a ceder una casa de su propiedad de dos plantas en la calle Marqués
del Muni, antiguamente conocida como "de la Cruz", para hacer realidad su
sueño. Cedió no solo el edificio, sino que lo dotó de los muebles y adecuación
de las dependencias para que el colegio pudiera realizar su cometido.

Efectivamente, el colegio primigenio empezó a funcionar
como simple centro docente en 1925, dirigido desde esa fecha hasta 1938 por su
amiga la maestra nacional María Jesús Ramírez. Porque como quiso siempre que
el colegio estuviera regido por una congregación religiosa, el 1 de octubre
del citado 1938 se produjo la inauguración del nuevo curso, ahora regentado
por las Dominicas de la Sarga Familia, congregación fundada por el obispo
Padre Cueto y que ya tenía centros no solo en Gran canaria sino en otras
islas. Las sencillas crónicas periodísticas de la época recogen, sin alharacas
pero de forma puntual, la llegada de las monjas a cuyo acontecimiento no faltó
la reconfortable presencia del obispo Antonio Pildain, quien tras la bendición
de las instalaciones dio la bienvenida a la nueva Comunidad religiosa. La
primera comunidad de dominicas de la enseñanza se hizo cargo del colegio en
1938 estaba formada por las madres Rosario del Santísimo Sacramento, Luisa
María de la Santísima Trinidad, hermana de la fundadora, Corazón del Niño
Jesús y Ascensión del Señor.

A partir de 1938 y durante los trece años siguientes las
dominicas realizaron su labor educadora y de formación de los niños y jóvenes
del pueblo. Mas, como las dependencias se habían quedado pequeñas y la
comunidad aumentado, fue necesario hacer reformas que duraron desde 1951 hasta
1953. Reformas que alcanzaron en la época a una parte del colegio y su
capilla, el salón de actos y terrazas que le dieron al edificio mayor fondo y
aumentó de forma considerable su volumen. El 5 de octubre de 1954 regresan las
dominicas a Guía y en ese curso se reabren las aulas. La Comunidad estaba
formada por las madres Margarita Chacón de la Inmaculada, Josefa Socorro de
Santa Catalina, María Candelaria Pérez del Santísimo Sacramento. Presentación
de María Biurrúm, Purificación Ortega y María Rafaela del Niño Jesús.

Desde la época de la fundación y hasta 1949 en que se
produce su fallecimiento, Lolita Sosa nunca descuidó los mimos y atenciones,
además de contribuciones económicas para con "su" colegio. Incluso en sus
frecuentes ausencias de Guía cuando era reclamada desde Cuba por su tío el
otro gran e inolvidable patriota Luis Suárez Galván para tratar asuntos
relacionados con intereses económicos. A propósito, el primer donativo que se
recibió en Guía en el año 1955 para contribuir a los gastos de construcción
del nuevo camarín de la Virgen a instancia del párroco Bruno Quintana Quintana
fue del hermano de la fundadora del Colegio Eugenio Sosa Suárez que envió
desde la Habana la cantidad de 8.200 pesetas de las de entonces. Los viajes
frecuentes a La Habana de Dolores de Sosa fueron como consecuencia, ya se ha
referido, de la estancia en la capital cubana con prósperos negocios de su tío
Luis Suárez Galván, aquel que sufragó los gastos para que las casas de Guía
tuvieran agua corriente, y de cuatro hermanos de sus hermanos. Porque del
matrimonio entre Julián de Sosa y Juana María Suárez Galván, sus padres,
nacieron, además de Lolita Sosa en 1871, Ana María (fallecida de niña o muy
joven), Aurora, Luis, Tomasa, que cuando ingresó como monja de las dominicas
se hizo llamar madre María Luisa, Eugenio y Teresa. Reclamados por sus tío
Luis Suárez Galván, se trasladaron muy jóvenes a Cuba Luis, Eugenio y Teresa
que fallecieron en aquellas tierras americanas. En Guía fallecerían la
fundadora del Colegio en 1949, Aurora y la madre María Luisa.

De aquel colegio de las Dominicas fundado por Lolita Sosa
sólo queda en la actualidad su recuerdo, su nombre y ninguna monja. Y, por las
referencias que tenemos, a esta fundación y su edificio, puede ocurrirle,
desgraciadamente, lo mismo que al Colegio Salesiano fundado a costa de sus
propiedades por Eusebia de Armas quien en su testamento exigió que los niños
necesitados de la población tuvieran en aquel edificio y en aquellas aulas la
gratuidad para sus enseñanzas. Uno y otro no cumplen la función para el que
fueron creados y los beneficiarios de las respectivas fundaciones, Obispado y
Dominicas, han optado, al parecer, por desprenderse de las propiedades
poniéndolos a la venta en beneficio propio y no de la población.

El colegio de las dominicas guiense está prácticamente,
igualmente como el de los Salesiano, cerrado. La comunidad dominica lo
alquiló, allá en la década de los 80 del pasado siglo, al ayuntamiento para
convertirlo en colegio publico mientras acababan las obras del "Miguel
Santiago", en Las Barreras. Una vez inaugurado éste, desde entonces solo queda
en pie el edificio, (que ha sido ofrecido en venta al ayuntamiento) y en el
recuerdo de las gentes de Guía la labor docente que realizó en muchas
generaciones durante una dilatada época. Y en ese mismo recuerdo, la memoria
de la gran y virtuosa dama que fue Dolores de Sosa Suárez, su fundadora.

 




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Biografía

Su pregón de 1971

El último libro dedicado a Guía

Estatuto del Cronista

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 22/07/2006.


Libro "la Maquina",

NUEVO LIBRO DE PEDRO GONZÁLEZ-SOSA

“Guía de Gran Canaria: historia de “la Máquina” y el
cultivo de la caña dulce en el siglo XIX”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   Introducción

 

A principios de la década de los años cuarenta del recién pasado
siglo, "la máquina" era para los que fuimos niños en aquella época
en Guía -y supongo que para los mayores- un referente. No sabíamos,
exactamente, qué era "la máquina", pero servía de referencia, por
ejemplo, para conocer el límite de los términos municipales de Guía
y de Gáldar. Ignorábamos, los pequeños de entonces, que había sido
una fábrica de azúcar, aunque suponemos que para los mas viejos su
enorme chimenea ya desaparecida y su estructura les hacía recordar
la era del cultivo de la caña de azúcar, la popular "caña dulce",
que en un tiempo atrás había cubierto prácticamente el suelo de la
zona y que después dio paso a las plataneras.

Por eso "la máquina" impactó entre nosotros porque día a día desde
los altos del pueblo -para mí supongo que especialmente porque se
divisaba desde el escenario de mi niñez,"Las Barreras"- la
contemplábamos allá a lo lejos, como primer plano de la panorámica
que nos presentaba el pueblo de Gáldar como telón de fondo. "La
máquina" era, para los profanos de entonces en aquella época de los
años cuarenta, "las oficinas de Mr. Leacock" y el lugar de trabajo
de otro inglés, Mr. Harris, que, aunque residenciado en Gáldar, era
querido y respetado en Guía porque había casado con una guíense,
Guillermina Jiménez, y a Guía venía con mucha frecuencia en su coche
negro pequeño, suponemos que de marca inglesa.

Por eso, porque era un referente, porque personalmente ignorábamos
"su" historia, nos dimos a la tarea de indagar datos, rebuscar
papeles, investigar testimonios notariales hasta que dimos con la
génesis de aquella "máquina" que con tanto fervor se implantó en
Guía por un grupo de agricultores alentados por un inglés, Newman
Tremeame, después del fracaso de la cochinilla y que supuso, vista
su historia, otro fracaso porque fue languideciendo poco a poco
hasta que en 1915 Mr. Leacock decidió cerrarla y vender sus
artilugios para otra fábrica azucarera de Madeira.

Lo que se va a descubrir, en síntesis, no es otra cosa que la
historia de un empeño ilusionado, contrariamente a lo ocu-rrido en
otros lugares, Arucas, por ejemplo, que en Guía no pasó de ser eso:
una ilusión frustrada con el tiempo.

EL AUTOR

23 ABRIL 2004.

 

 

 




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Biografía

Su pregón de 1971



El último libro dedicado a Guía

 Estatuto del Cronista

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 26/05/2006.


Calle Cronista Pedro González-Sosa

CIUDADANOS QUE APOYAN LA PROPUESTA DE QUE SE DEDIQUE A
PEDRO GONZÁLEZ-SOSA SU CALLE NATAL

Los abajo firmantes, nacidos o descendientes de Guía de Gran Canaria,
apoyan la propuesta de denominar la AVENIDA DE ESPAÑA, calle natal del cronista
oficial PEDRO GONZÁLEZ-SOSA, como AVENIDA CRONISTA PEDRO GONZÁLEZ-SOSA,
por su compromiso e investigación en favor de la historia y el desarrollo
de Guía:

- Antonio M. Sánchez Santiago

- Marino Alduan Guerra

- Roberto Martín Oliva

- Joaquín Rodríguez Ramos

- Juan Dávila García

- José Manuel Vega Pérez

- José Canino Díaz

- Sergio Aguiar castellano

- Alfonso Pozuelo González

- Braulio García Bautista

- Antonio Aguiar Díaz

Guía, Julio de 2006.

 


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Biografía



Su pregón de 1971



El último libro dedicado a Guía

Estatuto del Cronista

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 14/01/2010.


Personajes populares de Guía (15)

PERSONAJES POPULARES DE GUÍA (15)


Lolita Jiménez

Por Juan Dávila-García

Desde que yo tenía 7 u 8 años, en la década de los cuarenta, recuerdo a
Lolita Jiménez coma la única promotora de las fiestas de San Sebastián. Ya
por aquel entonces era una señora mayor pero como tal mayordoma aguanto
hasta por lo menos bien entrada la segunda década de los 50. Recordar que
para llevar adelante la citada festividad, solía pedir casa por casa,
-personalmente- dinero a los vecinos de Guía y con una rifa, para lo cual
vendía gran cantidad de números, -que según la gente del pueblo lo hacía
en exceso-, ya que siempre el dinero reunido por tal concepto se excedía
del valor de los objetos rifados. Este comentario que hago solicito no sea
tomado como algo mío, pues no deseo se me achaque la titularidad del
mismo, ya que era el comentario que circulaba en todos los círculos
sociales de Guía, ante tan irreverente comportamiento. Algo debía de haber
de verdad con respecto a los mismos pues como ya digo siempre que acercaba
tal festividad la comidilla empezaba a ser el pan de cada día. Estimo
dejar constancia que esto que digo no constituya una ofensa para tan
delicada señora.

Vivía en el callejón de León y le conocí tres hijos, Pedro, Martín y
Chan Chan, la denominación de este último debía ser un pseudónimo ya que
su verdadero nombre era Chano o Sebastián. Eran conocidos por los
"caganidos". Martín que siempre fue conductor de las guaguas de Las
Palmas, haciendo el recorrido desde el puerto hasta el teatro Pérez Galdos
o hasta Vegueta, al pasar por delante del Bar Domínguez, donde siempre
había gente de Guía, le gritaban, "Martín caganido, y el muy ufano y sin
ofenderse remataba la frase, diciendo Chipirin culido", era un hombre muy
simpático y extrovertido.

Volviendo a Lolita Jiménez, las fiestas que llevaba cabo en honor de
San Sebastián solían tener un contenido de gran relevancia, en las mismas
se podían contemplar exuberantes exhibiciones de fuegos artificiales,
conciertos, función religiosa, procesión de ida y vuelta, -ya que muy
temprano traían el santo a la iglesia matriz y sobre el mediodía lo
devolvían a su ermita acompañado por las autoridades y la banda municipal
de música-.

La señora Jiménez, tenía por sistema llevar a los colegios la mayor
parte de los talonarios de la rifa, y así éramos los estudiantes, los que
vendíamos los boletos, haciéndole muy fácil su trabajo recaudatorio. Al
parecer tenía un acuerdo especialmente con el colegio Santa María y dentro
del mismo con la profesora Pilar Corti, la cual de manera coercitiva nos
obligaba a vender los talonarios que Lolita Jiménez les llevaba. Recordar
que me entrego unos tres o cuatro para su venta, pero cuando llegue a mi
casa mi padre me indico, -que se los devolviera, y que por orden suya me
negara a llevar adelante venta alguna-, y así lo hice, la señora Corti
ante tal contingencia monto en cólera y arremetió contra todos los que nos
habíamos negado, -por orden imperativa de nuestros padres-, hacer
semejante cosa.

Lolita Jiménez fue una distinguida señora, muy religiosa y como se
podrá comprobar muy devota de tal santo milagroso, pero la perdía su afán
desmesurado por el dinero. Se decía que la celebración de las fiestas de
San Sebastián le dejaba pingües beneficios económicos y posiblemente así
fuera. Los eventos lúdicos más importantes relacionados con tal
festividad, como eran los conciertos y los festivales folclóricos se
celebraban delante del almacén del Sindicato del Norte, allí se instalaba
un escenario y en el mismo tenían lugar tales actos. La rifa cuyos objetos
a se iban a otorgar se exhibían en el frontis de la ermita. Ni que decir
tiene que la misma lucía esplendorosamente todos los años para la
celebración de la efeméride citada que tenía lugar el 20 de enero. Ese
mismo día por la tarde después de sorteada la rifa se iniciaba un
novenario en honor del santo, que durante los días que se llevaban a cabo
recibía una gran afluencia de devotos y peregrinos.

Lolita Jiménez con sus defectos y virtudes, llevo siempre adelante con
buen tino la celebración festera de San Sebastián. En los alrededores de
la ermita se instalaban casetas, chiringuitos, -como se les llaman hoy-,
puestos ambulantes de ventas de turrones y otros signos, que determinaban
la simbología de tan celebrado día. Han pasado muchos años desde aquellos
tiempos y desconozco si en la actualidad se sigue celebrando con aquel
rigor y sana alegría el tan emblemático acto festero en honor a tan
estimado santos. Nosotros que éramos unos niños tomábamos la pequeña plaza
que circunda a la ermita para llevar adelante nuestros juegos y perrerías.

Lolita Jiménez fue un personaje singular como otros muchos que
habitaron la noble tierra guíense. Tuvo sus detractores, pero sin embargo
hay que reconocerle el merito, -sin entrar en detalles-, de que anualmente
nos brindara con unas fiestas, que tuvieron gran arraigo en Guía.

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Juan Dávila-García

jocdavila@yahoo.es

Julio 2006.

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 13/12/2009.


Santa María de Guía

Dedicados a la preservación, estudios y divulgación del rico patrimonio histórico y cultural del municipio de Santa María de Guía de Gran Canaria. El Archivo Vivo de Historia y Tradición


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