“XVIII ENCUENTRO INTERNACIONAL DE GUITARRA CLÁSICA CIUDAD DE GUIA”

EL MUNICIPIO ACOGE EL “XVIII ENCUENTRO INTERNACIONAL DE GUITARRA CLÁSICA CIUDAD DE GUIA” DEL 30 DE MARZO AL 4 DE ABRIL


El municipio de Santa María de Guía acogerá del 30 de marzo al 4 de abril la celebración del XVIII Encuentro Internacional de Guitarra Clásica Ciudad de Guía. Este evento, al igual que en las últimas ediciones, se realiza a través de la Fundación Canaria Néstor Álamo que preside el alcalde, Pedro Rodríguez.

Colaboran en la organización de este Festival el Ayuntamiento de Santa María de Guía, el Gobierno de Canarias, el Cabildo insular; las dos universidades canarias; la Obra Social de La Caja y la SMD-Guía.

La décimoctava edición de este Encuentro incluye en su programa dos partes bien diferenciadas estando la primera de ellas dedicada a la impartición de cursos en los que músicos y concertistas de reconocido prestigio imparten clases de perfeccionamiento en varios niveles –en esta ocasión de Guitarra y Timple-. La segunda parte del programa está dedicada a la celebración de conciertos en el Teatro Hespérides.

Para los cursos de Guitarra este año se contará con los músicos Ana Jenaro, Carles Herráiz, Raúl Viela y Rodríguez. Las clases de perfeccionamiento se dividen en dos categorías: Guitarra Nivel Medio-Superior y Guitarra Grado Elemental.

Los cursos de Timple, uno de los apartados que más éxito de participación ha obtenido en las últimas ediciones, serán impartidos por Domingo Rodríguez “El Colorao”, un asiduo colaborador de este Encuentro, y David León Suárez.

El alumnado que lo desee podrá alojarse en el albergue juvenil San Fernando, ubicado junto al casco histórico de Guía, en régimen de pensión completa por 22 euros diarios durante los días que dura el Encuentro. Las plazas son limitadas.

El plazo de inscripción permanecerá abierto hasta el 30 de marzo y los teléfonos para los interesados en obtener más información son el 928 88 00 95 (de 15:00 a 21:00 horas) y 666 532 626. También en facebook GuitarraGuia.


ASESINATO EN MI CASA. Un relato de Braulio G. Bautista


Un relato de Braulio A. García

Me acabo de enterar, con absoluta consternación, que en mi casa se ha cometido un asesinato repulsivo: alguien ha matado, de forma innecesariamente cruel, a la gallina negra del pescuezo pelao, la 'única que estaba poniendo, religiosamente, cada dos días. Probablemente la víctima fue sorprendida fuera del espacio vallado dedicado a las aves de corral y abatida por el malhechor, o malhechores, antes de que pudiera cacarear pidiendo auxilio.


Cuando la persona que se encarga del cuidado de la casa en mi ausencia descubrió la horripilante escena, de inmediato dio cuenta a la Guardia Civil. Llegaron varias parejas del Seprona, avisaron al juez y procedieron al levantamiento de las pocas plumas que quedaron de la occisa.



Como sospechosos principales, aunque todavía sin imputación, figuran Chacha y Rebenque García, los perros guardianes de la casa, dos elementos con bastantes antecedentes. 


En el prontuario de estos dos personajes figuran delitos tales como ataques sangrientos a dos inocentes ovejas pelibuey; asesinatos de varios gatos de la vecindad; e intento de asesinato en la persona de un ratón erizo, hecho que no pudieron consumar gracias a las afiladas púas del asustado roedor.

Estos dos peligrosos delincuentes, haciendo gala de un cinismo malévolo, han tratado de implicar a Gara, la chihuahua centenaria (ya saben la proporcionalidad: 7 años por cada año de vida humana) pero 'esta se defendió aduciendo que "cómo diablos iba ella a ultimar a una gallina que la dobla en estatura y peso y que todo el corral sabe que era un animalito de reconocida malaleche". Además adujo que, con sus achaques y su artritis, ya no puede correr ni tras su propia sombra. No quiso, sin embargo, implicar a los American Bulldogs, probablemente por miedo a represalias, y guardó sepulcral silencio cuando se le preguntó si había observado algo anormal el d'ia de los hechos, aunque su lenguaje corporal y sus titubeos, indican que muy probablemente presenció el execrable crimen.

Los American Bulldogs han elegido como defensor al letrado Don Simplicio del Rosario (o sea, que se vayan preparando con la cuenta) quien de inmediato invocó la presunción de inocencia para sus clientes. Como fiscal actuará el abogado Antonio Aguiar, conocido por su enorme parecido con el televisivo letrado Javier Nart.

Hasta que los del Seprona logren conseguir pruebas que incriminen claramente a los cánidos (para lo cual han estado recogiendo bastantes huellas dactilares en el lugar de los hechos; algunas muestras de fluidos bucales, como salivas o babas de gusto, extraídas directamente de los despojos de la desventurada plumífera, en las que se buscará el ADN de los criminales; y también sabemos que están a la espera de que el juez autorice la utilización del polígrafo para someter a Chacha y a Rebenque al infalible Detector de Mentiras) el juez de guardia del Juzgado Número 1 de lo Perruno, ha decretado el secreto del sumario enterado de que los sospechosos ya habían pactado aparecer en algunos programas de televisión amarillista, por lo que pensaban cobrar una buena pasta.

Se estima que el juicio puede durar más que el de Camps y el de Garzón y que levantará más expectación que los prolegómenos del caso contra Unbobilín, digo Unrobalín, es decir, Undargarín.

Preguntado el padre de los sospechosos (o sea, yo) sobre que opina de la posible imputación a sus dos hijos en este horripilante asesinato, dijo (o sea, dije) con voz entrecortada:

“Si se demuestra que son culpables, que caiga todo el peso de la Ley sobre mis muchachos… la desaparición de la gallina del pescuezo pelao me va a obligar a comprar huevos… y eso, tal como está la cosa, significará un golpe bajo a mi ya debilitada economía… En todo caso, igual que lo ha hecho su letrado, pido que se respete el derecho a la presunci’n de inocencia de mis hijos… quienes sí, son algo violentos, lo admito, pero no lso creo capaces de llegar a matar a nadie… por pura diversión”

Les mantendremos informados de lo que podamos saber sobre la marcha de la investigación y de la posible causa, si se llegara a acusar formalmente a los dos sospechosos.




LA INYECCIÓN. Un relato de Braulio G. Bautista


Un relato de Braulio A. García

El propietario de un afamado restaurant en New York, un cubano jaranero y listo como el hambre, que había llegado en su tardía juventud a la Yuma con una mano detrás y otra delante, me contó, después de múltiples libaciones, mientras estábamos acodados ante la bien surtida barra de su negocio, un día que nevaba copiosamente sobre Mahattan, una historia que me horripiló y me produjo un dolor reflejo, solidario, en la entrepierna.

El hombre andaba ya en los setenta y se había enamorado como un burro de una hispana mucho más joven que vivía en Queens, el populoso barrio al otro lado del río Hudson. En esa época aún no habían fármacos en forma de pastillas azules para remediar la disfunción eréctil, así que nuestro amigo, babeando de deseo, antes de ir a visitar a su adorado tormento, tenía que ir a la consulta de un médico, quien, a cambio de la nada módica cantidad de $350 "dólOres" –nunca mejor dicho- le aplicaba una inyección “dolArosísima” en donde ustedes ya se pueden imaginar, que hacía que su hibernado órgano reproductor recobrara la lozanía perdida y se pusiera en paralelo con el frío suelo.

El efecto de la cruel inyección duraba como mucho una horita, así que el hombre, una vez clavado en todos los sentidos, tenía que salir disparado para Queens cruzando el Queensboro Bridge, e irse desnudando, prácticamente, en el mismo taxi, para, en llegando a su destino, entrar como una exhalación en la casa de la complaciente amiguita y cumplir como todo un veterano campeón, vencedor de mil batallas libradas en cientos de camas, a lo largo de su apasionada vida.

La muchacha en cuestión, damisela divorciada cercana a la cuarentena, ignoraba el sacrificio que mi amigo, hoy ya fallecido, tenía que hacer para poder estar a la altura de las circunstancias, así que no entendía las urgencias de éste… ¿cómo es posible que pretendiera ponerse a la labor en cuanto atravesaba el umbral de la puerta de su apartamento?... Él argüía que tenía una cita muy importante de negocios luego, y que no tenía tiempo para nada… Entonces ella se quejaba, amargamente, de que sólo pensaba en él… y, con voz melosa, le explicaba, como si él fuera un jovenzuelo que se inicia en el jeugo del amor, que una mujer precisaba de unos prolegómenos, más o menos largos, para compartir la predisposición a la cosa del ayuntamiento.

El hombre trató de buscar un médico por Queens, se pateó todita la otra ribera del Hudson, pero ninguno de los que consultó se prestó a inyectarle. Le podían prescribir la medicina, pero no se la aplicarían… Pensó en pedírselo al taxista dominicano que siempre lo transportaba, pero ¿cómo explicarle al tipo que necesitaba que tomase entre sus rudas manos “su cosita”… aunque SÓLO fuera para clavarle una aguja hipodérmica?... seguro que le contestaría en esa simpática jerga de su cálido país:

"Oh, Oh... ¡Ofrecome Virgen de la Altagracia!.... ¿pero qué vaina e eta?... ¿Ute eta hablando en serio, Don?"

La gota que colmó el vaso de su frustración cayó un aciago día en que se dirigía a Queens después de recibir la maldita inyección y se produjo un accidente en el puente. Una rastra había patinado y obstaculizaba todos los carriles del Queensboro Bridge en la dirección donde le esperaban los ardorosos brazos de su joven amada. Y, encima, el enorme vehículo portaba algún tipo de mercancía peligrosa y las labores de recuperación de las vías debían de ir, forzosamente, despacio... muy despacio ¡Y él estaba atrapado justamente en medio del jodido puentecito!

A medida que transcurrían los eternos minutos metido en aquella cárcel amarillo chillona, mientras el chofer del taxi escuchaba distraídamente un juego de pelota (beisbol), mi amigo sintió que algo le languidecía poco a poco en su entrepierna…

Cuando por fin se reanudó de nuevo la circulación del puente, habían pasado casi dos horas y, fatalmente, su miembro viril había vuelto a su estado de hibernación habitual… Así que ni se detuvo en la casa de su amada.

Aquella noche alguien le dijo que en Miami había un médico chileno, de origen árabe- al que llamaban “El Terrorista” porque era el que más “bombas” ponía en la Capital del Sol- que seguro le podría solucionar su problema. La broma tenía su justificación: el galeno chileno se había especializado en poner unos implantes en sálvese la parte, que se erguían, despertaban, cuando recibían aire insuflado por una bombita dispuesta en unos de los testículos del paciente… que la operación no entrañaba mayores riesgos y que en unas semanas, una vez todo cicatrizado, se podía desarrollar toda la actividad sexual que uno quisiera o demandara la contra parte.

Lamentablemente, después dos semanas de mal justificada ausencia, cuando el hombre volvió exultante de Miami a tocar en la puerta de la ninfa dueña de sus eróticos sueños, ya ésta había encontrado a otro caballero igual de rico, pero mucho menos apurado que él…

Desde entonces, me dijo,  él trataba de rentabilizar su implante, porque le había costado un egg y la mitad del otro, pero me aseguró que no era lo mismo… “¡Ninguna como mi muchachita de Queens!… ¡Ojalá pudiera volver con ella aunque tuvieran que ponerme dos mil inyecciones ya sabes donde y, de ñapa, también en mis arrugaditos congojos!
Como decimos en Canarias: “La Jodienda no tiene Enmienda”.



La buena samaritana (RELATOS e-REALES). Por Javier Estévez


Por Javier Estévez

La ventana de mi habitación está siempre abierta. Así puedo ver el azul del mar, tenso hasta el horizonte en los días espléndidos sin nubes, y la luz dorada que se pulveriza casi todas las tardes sobre él. Pero no, no creas que soy como esos escritorzuelos de tres al cuarto y todo ese poeterío de ciudad que tan pronto pronuncian la palabra mar parece caérseles las babas al suelo. No. A mí el mar no me emociona.  Además, si estoy aquí no es para hablarte de las vistas que disfruto o del olor a redes, musgo y algas que inunda la casa cada bajamar, sino de él, de ese hombre que desde hace dos meses yace en la cama de mi habitación con la boca amarga y entreabierta  como la de un pez que agoniza.

Hace  muchos años –me parece más cercano  el horizonte que ultima el paisaje que ese tiempo ya vivido- estuve enamorada de él. Por entonces me embelesaba su figura esbelta y proporcionada y sus ojos oscuros y profundos, como el mar cuando deja de ser mar para ser océano. Jóvenes nos casamos y jóvenes nos distanciamos. Tan pronto supo que de mi vientre no saldría fruto alguno, se alejó de mí.  Con apenas veinte años ya andaba por el mundo sola, fría y sin afectos. Solo me acompañaba la ignominia, el abandono y la deshonra. Tuve que aceptar que lo mejor era fingir una indiferencia recíproca. La casa dejó de ser un hogar para convertirse en un puerto más para él, una parada obligada a la que acudía a recoger algún efecto personal, acaso algún que otro recuerdo; pero nada que estuviera vivo, que fuera inseparable de él. Su casa fue una escala trivial entre el mar y ese sucio prostíbulo donde creía encontrar lo que no quiso buscar más en mí.

El  mismo odio que sentí hacia mi propio cuerpo lo volqué hacia los demás. No quise ver a nadie. Nunca más. Luego, se sumó la vergüenza. Mis hermanas trataban de consolar mi angustia con palabras disfrazadas de ternura pero con el tiempo se acostumbraron a mis llantos momentáneos. Pronto cesaron sus palabras de aliento y sus abrazos. Entonces la vergüenza fue mayor porque era evidente que más que producirles lástima les tenía que resultar ridícula. En mi hundimiento alcancé el epicentro de la humillación.

Hasta que una tarde de invierno la borrasca que se anunciaba desde hacía varios días trajo consigo no solo la lluvia y el viento que se esperaba. Una apoplejía había obrado el milagro: regresaba a casa para siempre. Es cierto que eran las circunstancias y no su voluntad quien lo había traído de vuelta, pero no me importaba porque ya no abandonaría jamás su hogar. Aún recuerdo al médico, que en su primera visita me imaginó hondamente afligida  y me miraba y trataba de animarme con palabras tan extrañas para mí. Me hablaba reiteradamente de fortaleza y apoyo familiar. Sin embargo, una vez, antes de marcharse definitivamente, dijo algo que se grabó a fuego en mi memoria. Con un tono más propio de cura que de médico me indicó, mientras nos dirigíamos a la puerta, que a pesar de la insensibilidad de sus músculos, su alma no era impermeable a la emociones. A pesar de su estado, concluyó antes de despedirnos, aún era capaz de sentir. Y de sufrir también, pensé tan pronto cerré la puerta.

Al llegar a la habitación percibí rápidamente lo paradójico de la situación. Tras muchísimo tiempo volvíamos a estar solos él y yo pero ahora el escenario era distinto. Los papeles se habían invertido: a partir de ahora quien permanecería inmóvil sería él y quien dispondría de plena libertad de movimiento iba a ser yo.  Recuerdo lo primero que sentí al verlo postrado ante mí: tuve ganas de abandonarlo, de dejarlo allí en la cama, sin aseo, que se acostumbrase a vivir entre sus orines  y excrementos. Recuerdo incluso que pensé en darle de cenar las sobras que les ofrecía cada noche a los perros que por entonces vagabundeaban por las calles de esta ciudad. Para su suerte, tuve que abandonar esta idea. No por compasión hacia él sino porque las futuras visitas de las asistentas sociales podrían poner en peligro la ayuda que en breve comenzaría a cobrar.

Una mañana abrí la ventana y el sonido inesperado del mar inundó toda la habitación. El violento bramido del océano embistiendo contra las rocas causó una inesperada excitación en él.  Su respiración se hizo más sonora. Empezó a jadear y a parpadear con más frecuencia e intensidad. Entonces comprendí al instante por qué decía mi madre aquello de que es el diablo quien realmente da las llaves del cielo.  

Dejé la ventana abierta, caminé despacio hacia la cama y me tendí junto a él. Lentamente, comencé a desabrocharme la camisa. Él me miraba de soslayo. Con la camisa semiabierta me incorporé y acerqué mi rostro al suyo, tanto que nuestros hálitos se mezclaron hasta formar un solo aliento. Estaba nervioso. Terminé de  desabrocharme la camisa, pero de manera aún más lenta. Sentí su excitación entre mis piernas. Entonces acerqué mis pechos a su boca pero cuando él trató de morder mis pezones los retiré sutilmente de su alcance. Una y otra vez. Yo también estaba excitada: mi sexo estaba húmedo. Mucho. Tanto que en la habitación ya no olía a mar. Ahora flotaba entre nosotros el penetrante olor de mis fluidos. Mi ardor aumentó hasta tal punto que me desnudé y al verme otra vez desnuda junto a él sentí que mi cuerpo volvía a tener algo de personal, de único, de inimitable. No era el más vulgar de los cuerpos como había llegado a pensar sino todo lo contrario, era extraordinario, hermoso, bello. Monté sobre uno de sus muslos y empecé a frotar suavemente mi pubis. Cerré los ojos y sentí como desde lejos se aproximaba una forma de placer que creía ya perdido y olvidado. Cuanto más aceleraba mis movimientos más aceleraba su llegada. Traté de prolongar varios minutos aquel júbilo inmenso que se extendía por todas las partes de mi cuerpo. Hasta que mi grito anunció la liberación definitiva de aquel gozo indescriptible, de aquella alegría física y espiritual. Unos segundos después volví a abrir los ojos y lo vi llorar como solo lloran los hombres cuando se ahogan en el charco en el que se han convertido sus días. Ya ves, justo cuando yo volvía a la vida, la suya parecía tocar su fin.

Hoy ya no siento ni odio ni vergüenza y en la casa solo habitan sus lamentos. Cada día  paseo sola hasta los muelles donde termina la ciudad vieja, allí donde la luz se desploma inevitablemente cada atardecer. A mi paso, algunos hombres me reconocen y oigo que murmuran algo entre ellos. Sé que hablan de mí. Y sé, también, que desde el pasado invierno me conocen por Inés, la buena samaritana.

San Roque, marzo 2012


El canónigo revoltoso. Por Juanjo Jiménez

El nuevo hijo predilecto de Gran Canaria, Pedro Gordillo y Ramos, fue un rompedor del Antiguo Régimen y un díscolo ilustrado

Por Juanjo Jiménez

ImageUna pieza. Un personaje de película. Un canónigo revoltoso, díscolo, fogoso y polémico. Un cura, que nació en una Santa María de Guía del siglo XVIII, y cuyo carácter, parlamento y fuerza lo llevó a presidir las Cortes de Cádiz en 1813 que fulminaron el Antiguo Régimen, y a enervar a la curia, a guerrear con Tenerife por la capitalidad de Canarias, por la sede del obispado regional y por separar Iglesia y Estado.

Un señor, en suma, que llenó la cachimba al poder con sus ideas pero que paradójicamente también era capaz de pleitear por el mal 'estado' de un esclavo recién comprado.

Es el canónigo Gordillo, con nombre de pila Pedro Gordillo y Ramos, nacido en 1773 y discípulo de Viera y Clavijo, al que el Cabildo quiere reconocer y reivindicar este año nombrándolo Hijo Predilecto de Gran Canaria. Una isla por la que también se jugó algo más que la sotana.

Con poco tenía y el también cura, pero a diferencia de él, absolutista, Santiago Key y Muñoz no tuvo otra ocurrencia que tirar en esas mismas cortes para su isla de Tenerife, para la que exigía la capitalidad regional, la sede de la Audiencia, el obispado y la Universidad de La Laguna.

El pleito insular se hizo Gordillo, escenificando en la Península que el canal de Anaga-Agaete no es lo único que separa ambas provincias y probablemente se debe a su belicosidad que la masiva centralidad por la que abogaban los diputados de enfrente no llegara a culminar. Eso no significa que no siguiera barriendo para todo el archipiélago, sobre todo cuando logró fortalecer los puertos de Canarias, especialmente los de las islas menores. Además equiparó pesos y medidas, hasta entonces divergentes en cada una de las islas, y fue el primero que logró aprobar la creación de una red de pozos para el abastecimiento de fincas y población en el sur de Gran Canaria, nada menos que en 1811.

Pero si sorprendente es su biografía política, no menos lo es su perfil humano. Tras la disolución de las Cortes y la instauración de los viejos modos de la mano de Fernando VII, el 'rebelde' Gordillo es 'invitado' a marchar a Cuba.

Sergio Aguiar Castellano, archivero de Guía, se dio un salto al Caribe a seguir su pista , consiguiendo una deliciosa sucesión de acontecimientos, para el que lo lee, que no para que el que lo sufrió en vida. Al poco de llegar, en 1816 y con 43 años, la monta al cambiar las horas de canto, que fue el mixto de unas relaciones tumultuosas con el obispo Espada y con buena parte del clero local, que suplica en varias ocasiones, sin lograrlo, el traslado del isleño, primero a la Península, luego a Filipinas e incluso a Belén, "para corregirle de los insultos".

Pero allí se quedó y murió, en 1844, dejando unas buenas rentas, un patrimonio que incluía a Francisco y José María, dos esclavos negros, uno "Ganga y otro Congo", subastados por 850 pesos con el resto de sus propiedades.

FUENTE: LA PROVINCIA




Guía celebra su 485 aniversario. Hijos Predilectos y Adoptivos

EL VIERNES 10 EN LA IGLESIA MATRIZ

Guía celebró su 485 aniversario con el acto institucional de entrega de títulos de Hijos Predilectos y Adoptivos


"Todos ustedes tienen un nexo común, y es el esfuerzo para aportar lo mejor de sí en favor de la comunidad". El presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, presidió anoche el acto de entrega de honores y distinciones de Guía a 21 ciudadanos e instituciones ligadas por nacimiento e historia al municipio. El evento, celebrado en una iglesia abarrotada, contó con la presencia del obispo de la Diócesis de Canarias, Francisco Cases; y el alcalde, Pedro Rodríguez.

El regidor de Guía resaltó que la historia y grandeza de una ciudad "es la historia de cada uno", mientras el obispo lamentó la actual secularización, pese a que la historia de un pueblo como Guía se construyó sobre la base de la ermita. "Hoy no sé si empezarían por la plaza", dijo.

Al acto asistieron, entre otros, el subdelegado del Gobierno, Luis Molina; la consejera de Sanidad del Gobierno canario, Brígida Mendoza; los consejeros insulares, Francisco Santana, Carmelo Ramírez y Fernando Bañolas (exalcalde de la localidad); los alcaldes Teodoro Sosa, Eva Díaz y Ángel Víctor Torres; el presidente de Cruz Roja y consejero de Bankia, Juan Manuel Suárez del Toro; junto a exregidores y el exrector, Manuel Lobo, que se encargó de relatar la historia de Guía. Entre las anécdotas, el artista, Francis Naranjo, criticó el recorte en Cultura; y el nudo en la voz de Marino Alduán al recordar a su padre.

El Ayuntamiento de Guía otorgó este viernes los títulos de Hijos Predilectos y Adoptivos así como las Medallas de Oro y los Escudos de Oro de  la Ciudad a diferentes personalidades e instituciones con motivo de la conmemoración del 485 Aniversario de la Fundación del Municipio.

El reconocimiento a los méritos que concurren en los galardonados ha llevado al Ayuntamiento de Guía a nombrar Hijo Predilecto al ex presidente del Cabildo insular Carmelo Artiles Bolaños (a título póstumo). De familia muy humilde, procedente de las medianías del municipio, su compromiso político lo llevó a militar en las  filas del PSOE aún en la clandestinidad. En 1983 obtuvo la Presidencia del Cabildo grancanario que revalidó cuatro años más tarde. Estuvo además tres años en el Congreso de los Diputados y en 1996 volvió a ser elegido para el Senado donde finalizó su carrera política.

Además fue distinguido con el título de Hijo Predilecto Salustiano Álamo Suárez, relojero de profesión y también con inquietudes políticas y de servicio  público que le llevaron a pertenecer a distintas corporaciones municipales. Pero es su lucha por los derechos de las personas con discapacidad una de las facetas por las que más se ha distinguido en el seno de esta comunidad. Fue asimismo un destacado impulsor de la lucha canaria en el municipio.

También fue nombrado Hijo Predilecto Pedro José Gordillo Ramos, Canónigo Gordillo, (a título póstumo). El Canónigo Gordillo fue un personaje de gran trascendencia en la historia de Canarias al ser diputado en las Cortes de Cádiz donde se aprobó la primera Constitución Española en 1812, llegando a ser Presidente de las mismas en 1813. Participó en la habilitación de los puertos canarios y en la abolición del régimen señorial en las islas menores, entre otras muchas actuaciones destacadas.

Idéntica distinción se concedió a  Cayetano Guerra Aguiar, licenciado en Bellas Artes y catedrático de Dibujo se inclina desde muy temprano por la escultura. Poseedor de una obra muy importante y reconocida, la cima de su arte la consigue con su bella obra escultórica desarrollada brillantemente en el encaje de las tres piezas compositivas que configuran el Lugar Celebrativo de la Catedral de Santa Ana, una obra con la que este artista guiense se incorpora plenamente al grupo de los grandes autores de las más significativas obras barrocas de la Catedral de Canarias.

Por último, recibió el título de Hija Predilecta Sor Eva García por su labor humanitaria y sobre todo por su importante trabajo en el ámbito de las prisiones canarias y el intenso trabajo de ayuda realizado en las cárceles tanto con los internos como con sus familiares.

Recibirá el título de Hijo Adoptivo de la Ciudad  el profesor Marino Alduán Azurza (a título póstumo). Natural de San Sebastián, vivió y trabajó durante sesenta años en este municipio donde desarrolló una importante labor como profesor del Instituto de Guía, siendo el promotor de innumerables actividades culturales. Varias generaciones de jóvenes tuvieron la oportunidad de enriquecerse gracias a su magisterio y a su extraordinaria talla humana e intelectual.

Asimismo fue nombrado Hijo Adoptivo de esta Ciudad Bonifacio Rodríguez Rodríguez, natural de Juncalillo, Gáldar, pero residente en este municipio desde hace siete décadas. Además de su vocación de servicio público y una gran labor en las distintas etapas que estuvo en el Consistorio guiense, fue también profesor en el Colegio Santa María de Guía y en el Instituto de Guía.  Fue Juez Comarcal y destacó además por su faceta empresarial y periodística en el Norte de Gran Canaria.

Las Medallas de Oro de la Ciudad fueron otorgadas a los artesanos  Juan José Caballero Rodríguez y  Francisco Torres Rodríguez. El primero de ellos se distingue por ser uno de los profesionales más cualificados de la talla en madera, logrando una gran difusión de su trabajo a través de innumerables exposiciones, siendo siempre punto de referencia obligada en su especialización. Su actividad divulgadora le ha llevado a participar en numerosos eventos de ámbito insular, regional, nacional e incluso internacional, lugares en los que ha promocionado el nombre de su municipio  natal.

En cuanto a la distinción de Francisco Torres Rodríguez como Medalla de Oro de la ciudad cabe destacar que la Familia Torres ha sido durante más de medio siglo un referente dentro de la artesanía del cuchillo canario en el Archipiélago. Desde su labor artesanal ha llevado el nombre de Guía por todo el mundo a través de ferias de artesanía además de haber contribuido a la conservación de tan importante acervo cutural.

La alfarera  Rafaela Santiago Suárez, del Centro Locero de Hoya de Pineda, fue distinguida también con la Medalla de Oro de la Ciudad. A sus 70 años continúa elaborando loza tradicional en su taller-alfal. Desarrolla una extraordinaria labor didáctica y destaca además su labor de rescate y conservación, para futuras generaciones de una parte esencial del patrimonio etnográfico de esta tierra.

La Medalla de Oro le fue concedida también a Francis Naranjo, natural de esta Ciudad y uno de los artistas españoles con mayor proyección internacional. Aborda en su obra cuestiones centrales de la Sociedad de la Información como la globalización y la utilización de las nuevas tecnologías. Posee un amplio currículum y ha expuesto en varias ciudades de América, Europa y África.

El párroco Pedro Perdomo Navarro recibirá también este viernes la Medalla de Oro de la Ciudad con la que se le reconoce la extraordinaria labor cultural y humanitaria que desarrolló en el municipio durante los once años que estuvo al frente de la parroquia de Santa María de Guía. De manera discreta pero efectiva este párroco ha propiciado y colaborado en todas aquellas actuaciones encaminadas a conservar el importante patrimonio histórico y eclesiástico que alberga la Iglesia de Guía, con la obra de Luján Pérez como principal referente.

Y finalmente entre las distinciones con la Medalla de Oro de la Ciudad figuran las  Camareras de la Virgen de Guía. Desde principios del siglo XVII  existe esta figura encargada de velar por la imagen y el cuidado de la Patrona. Pero además las camareras de la virgen se preocupan de otras muchas tareas como es el cuidado del Trono, del Camarín y de todo lo relacionado con la Virgen. Esta tradición pasa en muchas ocasiones de madres a hijas y desde hace siglos se han ido sucediendo las familias encargadas de velar por la imagen de la Santa Patrona.

Los Escudos de Oro de la Ciudad se entregaron en esta ocasión  a pequeños comerciantes de comestibles, negocios conocidos como “tiendas de aceite y vinagre” que han desarrollado su labor en este municipio durante más de 35 años y que en la actualidad siguen funcionando.

En este apartado se entregará la distinción a  Carmen Padrón Gil; Carmen Jiménez López; Dolores Miranda Ojeda; Lucía Moreno Rodríguez; Juan Pérez Medina y Antonia Padrón Ruiz. También a dos  bares de carácter familiar con más de 35 años de labor empresarial en el municipio: Bar “El 7” y Bar “Talavera”.

icon VER REPORTAJE DE LA PROVINCIA

FUENTES: LA PROVINCIA E INFONORTEDIGITAL.COM



‘Queridos Reyes Magos’ o una serie de catastróficas desgracias. Por Eduardo García Rojas

Por Eduardo García Rojas
BLOG ELESCOBILLON.COM

“Pero
qué diablos están haciendo. Alejandro y los otros niños que esperaban
caramelos y saludos afectuosos de Baltasar están nerviosos y
cariacontecidos. Está insultándolos mientras se quita la ropa, y al
camello no hay quien le meta mano. Lo mejor sería que arrancara rápido
con el niño. Se va a quedar aliquebrado si ve que su Rey Mago preferido
tiene que abandonar la Cabalgata. Y se va, el muy canalla se va y deja a
los niños colgados.”

Entre las doce historias incluidas en la antología Generación 21: nuevos escritores canarios (Ediciones Aguere/Ediciones Idea, 2011) me llamó en su momento notablemente la atención el relato El encargo de Santiago Gil. Y no solo por estar excelentemente escrito sino también por lo que contaba. Aquella historia supo sacudir mi cabeza pero sobre todo tuvo la habilidad de hacerme conectar con lo que estaba leyendo.


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Entrevista con Santiago Gil en Diario de Avisos, a propósito de su nueva obra ‘Queridos Reyes Magos’

Por Eduardo García Rojas


Queridos
Reyes Magos, la última novela de Santiago Gil (Guía de Gran Canaria,
1967) es un oscuro relato de Navidad que pondría los pelos de punta al
mismísimo Charles Dickens, de quien se cumple este mes el bicentenario
de su natalicio. Gil, también periodista, es autor de otros libros,
entre los que destaca el desarmante Las derrotas cotidianas, así como
Los Años Baldíos, Por si amanece y no me encuentras, Cómo ganarse la
vida con la literatura y Un Hombre solo y sin sombra. Por el volumen El
color del tiempo obtuvo el XVIII Premio Esperanza Spínola y es autor
además de Música de papagüevos, entre otras experiencias literarias que
lo acreditan como uno de los escritores más interesantes de ese fenómeno
literario denominado Generación 21: Narrativa Canaria Actual.

icon VER ENTREVISTA DEL DIARIO DE AVISOS




ALBERTO CONTADOR. Por Braulio A. García

Por Braulio A. García

En uno de mis anteriores viajes a La Península subí con dos de mis nietos, Javier y Macarena (8 y 6 añitos, respectivamente) al Puerto de Navacerrada en la sierra de Madrid. Debió ser un día entre semana y en un mes no frío porque no había un alma. Yo prefiero esos días, a los del tumulto de esquiadores y al espectáculo de los coches sin cadenas varados en los arcenes llenos de nieve de la sinuosa carretera.

Como casi siempre, elegí La Venta Arias para comer y en esas estábamos, solitos los tres en el comedor, ante a chimenea apagada, cuando oímos unas voces aparentemente airadas que provenían de la barra, a la entrada del local...

-"¡Que no Campeón, que le he dicho a usted que no!"
y luego, ruido de risas y pasos apresurados... entonces apareció ante nosotros un chico muy delgado embutido en uno de esos trajes de ciclistas de colores estridentes (como para que los vean hasta los conductores más cegatos)... Era Contador quien, con una sonrisa que no le cabía en el rostro, huía de un par de camareros por toda la Venta. Se volvió hasta donde estábamos y nos pidió perdón por irrumpir de aquella manera en el comedor, dribló a los camareros valiéndose de las mesas y salió a la calle gritándoles

-"Gracias muchachos"...

Yo me quedé estupefacto, mis nietos no sabían quién era y estaba tratando de explicárselo, cuando el camarero que nos atendía se acerco preguntándome:

-"¿Sabe Ud. quién era ese chico tan majo?... Contador, el ciclista... ¡es más buena gente!... todo este lío es porque pidió unas botellas de agua para él y otros dos chicos que le acompañan en su entrenamiento y no se las quisimos cobrar... ¡A ver!... ¿cómo le vamos a cobrar unas botellas de agua, con todas las alegrías que nos da?... Pues el muy cabrito nos dejó el dinero en el mostrador y nosotros se lo queríamos devolver... ¡que tipo más salao!... ¡la madre que lo pario!… ¡corre como un conejo!".

No sé nada de ciclismo, pero me parece el más agotador de  todos los deportes, el que exige un esfuerzo más constante y precisa de una determinación y una entrega sin fisuras... - y pensar que yo llegaba asfixiadito al Siete de Guía después de subir la cuestecita del Lomo de Guillén en mi BH negra, mientras esos esforzados atletas conquistan el Tourmalet o el Angliru, luchando contra “la pajara,” para al día siguiente meterse otros doscientos kilómetros en el cuerpo a base de pantorrillas y pulmones-.

Hoy me he enterado, con muchísima pena, que un rígido tribunal deportivo ha condenado a Contador y lo ha despojado de todo lo que ha ganado desde que se le detectó una ínfima cantidad de clembuterol en su organismo. Él pobre muchacho ha dado pruebas de que ama a ese esforzado deporte y ha vuelto a ganar otros premios, seguido de cerca por los huelebraguetas recolectores de meadas, … ¿por qué despojarle entonces de lo que ha ganado limpiamente?... Francamente, no lo entiendo.

Sospecho que las pobres mamás de los implacables y despiadados jueces que lo han condenado hoy, no olerán demasiado bien… Pues bien, yo también quiero sumarme, aún a sabiendas de que las pobres señoras no tienen la culpa, y contando, de seguro, con la anuencia del personal de La Venta de Arias, a ese envío continuo de regalitos escatológicos para esas distinguidas damas, y para toda la parentela de tres generaciones previas, de TODOS y cada uno de los rebenques que tan injustamente han juzgado a un muchacho al que ahora no le cabe la tristeza en la cara.

“Pues no faltaba más”- como diría el mítico Pascual Calabuig-.

P. D. Se me olvidaba comentarles que, ya de regreso a Madrid, vi por el retrovisor interior del coche que Macarena estaba algo pensativa sentada en su sillita llena de amarres,

-¿En qué piensas Maca?

y ella me respondió con otra pregunta:

-¿Abuelo, y dónde llevan el dinero los “biciclistas”?... y, siguiendo el ejemplo de su hermano mayor, se quedó frita casi instantáneamente, antes de que yo me pudiera inventarme algo… porque sabido es que un abuelo tiene el DEBER de contestar a todo.



La costa de los espejos rotos

Reflexión sobre el litoral del norte grancanario

Por Juan Luís Monzón Verona

Arquitecto urbanista

Homenaje al ingeniero Enrique Copeiro

Hace varias semanas asistí a las exposiciones de la Bienal de Arte de Venecia 2011. Tras muchas visitas a diversos pabellones y ya cansado por la repetida decepción de las no propuestas, encontré en el Pabellón Coreano en el que exponía el artista mediático Lee Yong-Baek, su obra “Espejo Roto”, interesante y sorprendente demostración de las tendencias en video arte, que relataba en pantallas que simulaban espejos, roturas ruidosas e impactantes a los sentidos, y entre sus múltiples lecturas además de su mero disfrute, trata de la compleja relación que existe entre la realidad y la ilusión lo que invitaba a hacer una reevaluación y reflexionar.

 

Mi reflexión, fuera obviamente de la intención del artista, debido a su semejanza plástica, me trasladó, quizás ingenuamente, a un lugar y un territorio en el que nos reflejamos todos los que aquí hemos nacido, La Costa Norte de Gran Canaria que rememora siempre mi niñez en aquel característico mar de lavas, bañadas por laminas de agua especulares, pues ya alguien la llamó hace años “La Costa de los Espejos” y me pregunté de repente si algún día éstos volverían a relucir en ella, en un continuum interminable o seguirían como espejos quebrados del mismo modo que  se quebraban de repente en la exposición de Yong-Baek.

La respuesta fue inmediata, pues al volver a la isla me hicieron notar los resultados de los litigios judiciales sobre algunas propuestas proyectuales que supuestamente iban encaminadas a la   recuperación de este espacio mágico. Tuve la necesidad pues de hacer una breve reflexión sobre ello y que modestamente sirva como mi pequeño homenaje y admiración de alguien que dedicó toda su vida a la recuperación de esta clase de espacios especulares y del que en los últimos años de su vida tuvimos el honor de conocer y participar de la sensibilidad de  algunos de sus proyectos, algunos de ellos sin realizar, que fue el Ingeniero de Caminos Enrique Copeiro, pues unió como pocos,  gran conocimiento técnico y poesía desbordante.


Experimento diariamente el trasiego matutino en mi vehiculo hacia el Norte, todavía con la mente algo dúctil y difusa después de la experiencia nocturna del sueño. Pero no soy ajeno a la percepción fugaz de imágenes que quedan fijadas de modo aleatorio como una irregular y desordenada sucesión de diapositivas en gris o color, aunque tengo una dificultad incomprensible de acoplarlas en sucesión ordenada e incluso  de encuadrarlas en un punto concreto de ese desvencijado y sufrido territorio. Si que diviso y sitúo ante este febril paisaje suburbano de la Isla los dispersos de luz y esplendor de los espejos que nos ofrece el océano en su encuentro con las coladas de lava derramadas en el comienzo de los tiempos,  pero  todavía visibles.


El trayecto presenta un aire desolador, casi como un paisaje después de una batalla: los muros semidestruidos se presentan sobre los taludes conformados por la decisión de una pala excavadora…. Alguien ha pintado los restos de paredes, no se si para intentar camuflarlas o   simplemente se trata de una gamberrada. Miles de carteles anunciadores e indicadores, públicos y privados se agolpan a lo largo del trayecto, como en las Vegas.   


Eriales explanados con basura y desolación enturbian mi visión de los todavía bellos muros de piedra seca de las terrazas al pie de las escarpadas montañas y que poco a poco desaparecen en el tiempo bajo el disimulo y la codicia de algunos dueños que han perdido la memoria. Quisiera abarcar en una sola lectura todo este controvertido corredor hasta llegar a Guía pero es imposible, incluso después de veinte años de diario trasiego.

Pero este histórico y característico escenario, todavía está vivo, desea cambiar y recobrar su memoria. Me anima la gente que pasea por las veredas entre los escombros del paisaje destruido, o que pedalea en bicicleta por los arcenes incluso a pesar del peligro de morir atropellado o  de ser incluso empujado por un vehículo osado, al mar. Por el espejo retrovisor observo a los incansables surferos preparándose para adentrarse en el mar y buscar “la ola” desnudándose impávidos y sin más remedio, junto a la camioneta que les sirve de apoyo, justo al borde de la vía rápida por la que transito. Pero no es ningún  afán de exhibicionismo lo que produce este involuntario espectáculo  sino es la carretera la que se acerca al pie del risco  como una serpiente  obscena, que juega un verdadero papel de  “voyeur”,   en actitud soberbia, pues quiere además verse reflejada en las superficies especulares que el mar le ofrece, presumida, narcisista y con cierta ostentación como la bruja del cuento, esperando la contestación susurrada del mar acerca de  su belleza aparente y  que todos los días la besa cuando sube la marea……

Por eso, ya los espejos no reflejan el cielo azul, ni el vuelo de la gaviota rasante que raya su superficie. Solo reflejan un universo negro del betún o asfalto, que cada década va teniendo más y más amplitud:…: “Me dicen que es para que llegue más raudo a mi destino”.


Uno se pregunta que el espejismo brumoso en el que se ha convertido la Costa pudiera reflejar de nuevo, algún día aquellas imágenes oníricas expulsadas de los espejos, de nuestros sueños, tras la aparición del recuerdo reconstruido y planificado imaginariamente primero y materialmente después.


Pero cuál puede ser la estrategia para conseguir que los espejos vuelvan a revivir, no como espejismos sino en un verdadero   armónico suceder de acontecimientos  reales y sensibles  que conformen un continuum desde el propio Rincón a San Felipe, rescatando del pasado sus invariantes como si se tratara de la exhumación de un arqueólogo. ¿Ha respondido favorablemente la planificación estratégica  a este anhelo? 


La respuesta en cualquier caso es negativa pues no hemos logrado si quiera ultimar su planificación. ¿Está el problema en las reglas del juego previas a la planificación, en los planificadores, en los gestores públicos?


Muchos profesionales del urbanismo nos adentramos un día en una dura, larga pero siempre inacabada   cognición y aprendizaje de aquellas reglas, aunque algunos como yo, con esa añadida tardanza consubstancial a nuestras limitaciones intelectuales a todo lo profundo y esencial  de un complejo mundo que llamamos “Urbanismo”, casi como un “Vía Crucis”, llenos de gozo y de dolor a la vez, apropiándonos de forma  gradual, paso a paso de la escatología mental que te confirma el conocimiento del sistema de planeamiento de nuestro azotado escenario isleño. Con cierto sufrimiento, por los continuos cambios e incluso con cierto toque de beatitud pues parecía una experiencia mística, casi poesía articulada en prosa, que te confería,   una vez adquirida,  una discreta aureola de santidad.


Así mismo, el  abrupto trabajo y espera por la “ordenación definitiva” de nuestra Costa de los Espejos que debía de ser conseguido en el marco de ese aparentemente ejemplar conjunto de reglas que nos habíamos impuesto, donde se  proponía el arranque de ese magma de escorias betúnicas que serpentea caprichoso a lo largo del trayecto marítimo para convertirse en un tejido verde, amable con el mar, que hiciera recobrar el color brillante de las superficies especulares, ha sido vertido a un precipicio de fauces abiertas que se disfrazan de un cariz ambientalista, tenaces, perseverantes, devastando al tiempo la débil capacidad reactiva del planificador objetivo, con tal de evitar expulsar la serpiente tierra adentro o si fuera preciso, al interior de la tierra…


Y alguien me pregunta qué es lo que procede ahora….Y yo contesto: Ser igual de perseverantes que las fauces del abismo.


Pero no puedo alejar de mi conciencia la sensación  de no estar a la altura del esfuerzo exigido a todos los que creemos en los reflejos de la memoria, en su planificación y en su recuperación, de haber arrojado la toalla a mitad del camino lamentablemente infieles a nosotros mismos y a la sensibilidad de quien cree en los sueños y en la poesía.

 

Nuestra poesía es pues, el pensamiento sensible ante todo, que es lo que da coherencia a las propuestas de recuperación de nuestros paisajes. Tendremos que buscar más poesía en el urbanismo y la planificación reflejando todas las operaciones desde el axioma de la naturaleza viva que es nuestro territorio. La arquitectura y el urbanismo de los principios artísticos   serán las mejores y únicas herramientas para conseguir nuestro cometido. Para éste, nuestro espacio, nuestra Costa de los Espejos, puesta entre dicho por un mundo insensible desprovisto de poesía, necesita ser desligada del lastre que rompe la unidad del cielo y el mar para lo cual es esencial reunir sus tres inalienables objetivos:


-Recuperar el paisaje naturalizado de espejos brillantes de agua, donde el cielo se refleje libremente.


-Recuperar la movilidad del caminante y del que pasea de forma libre y fluida a lo lago de toda la nueva “promenade boulevard”, natural, libres éstos de asomarse, también, sin miedo junto con el cielo, en los espejos del mar.


-Resolver en un alarde de sensibilidad la autopista en el interior de las Montañas, si es preciso, blanca, limpia y reconocible, sin miedo, sin confundirla nunca con el soporte territorial que la observa atento pero sin plegarse a su ostentosidad, conviviendo finalmente con un territorio compatible con ella, en un lugar mejor.


Los poetas que utilizan bien estas herramientas deberán comenzar de cero otra vez…..pero vale la pena…..


Creo firmemente que hay que sentir como un poeta para dedicarse a estos menesteres  Para el poeta Borges los espejos eran una verdadera obsesión y temor, que finalmente superaría y  convertiría en su pasión poética. Quizás los urbanistas estemos en estos tiempos  padeciendo algo parecido a una época temerosa de ceguera, desprovista de pasión.