A SANTIAGO Y CEFERINO BETANCORT BRITO. 6º aniversario.

Por Gloria Betancort Brito

Este año no pensaba escribir en el aniversario de la muerte de mis hermanos; pero hay algo interior que me empuja a expresar públicamente, el recuerdo imborrable y el agradecimiento que han dejado en mi vida.

Sexto aniversario de Santiago y cuarto aniversario de Ceferino; el tiempo pasa volando y, posiblemente en muchos de los que los conocieron y reconocieron la dedicación total de Santiago al periodismo y de Ceferino a la escuela, la nube del olvido les ausentan de sus vidas. Por eso, de nuevo  me atrevo a escribir y a expresar mis sentimientos y mis vivencias enraizadas en la fe y en la esperanza de la resurrección. Confieso que siguen habiendo lágrimas al recordarlos, confieso que la tristeza y la nostalgia aparecen con frecuencia en mi vida, sobre todo cuando se acercan estas fechas. Pero no quiero atarme a la pena y a la desesperanza; quiero seguir dando gracias a Dios por ellos, por mis padres y por mis hermanos Blas y Consuelo; quiero perderme en el recuerdo agradecido de lo que ellos me regalaron con sus vidas, con testimonios de honradez, de honestidad; quiero darle gracias a Dios por los años que vivimos juntos compartiendo las dificultades, los pesares y las alegrías propias del camino cotidiano; quiero dar gracias Dios porque cada día los siento con más fuerza acompañando el trajín, las luchas y las esperanza de mis andaduras peregrinas; siento que cuidan de toda la familia, de tantos amigos que cosecharon mientras vivían con nosotros; siento que caminan a nuestro lado.
Nunca les va a faltar mi recuerdo agradecido y cariñoso convertido cada vez más en canto de esperanza. Que descansen en el Señor.

        “Aunque la barca se estremezca sacudida por el mar,
        Aunque las olas oscuras se estrellen sin compasión.
       Yo pondré hoy toda mi confianza en el Señor”

                        GLORIA BETANCORT BRITO
Nos podemos unir a la oración por ellos:
EN LA MISA DEL SEXTO ANIVERSARIO DE SANTIAGO, ESTE MARTES, 17 DE ENERO, A LAS SIETE DE LA TARDE EN LA PARROQUIA DE SANTA MARÍA DE GUÍA.
EN LA MISA DEL CUARTO ANIVERSARIO DE CEFERINO, EL MARTES 14 DE FEBRERO, A LAS SIETE DE LA TARDE EN LA PARROQUIA DE SANTA MARÍA DE GUÍA

                         GLORIA BETANCORT BRITO
NOS PODEMOS UNIR A LA ORACIÓN POR ELLOS:

EL PRÓXIMO MARTES 17 DE ENERO, EN LA MISA DEL SEXTO ANIVERSARIO DE SANTIAGO, A LAS SIETE DE LA TARDE EN LA PARROQUIA DE SANTA MARÍA DE GUÍA.


 

"Queridos Reyes Magos", nueva novela de Santiago Gil

Una obra del autor guiense que se mueve entre el humor y la ternura
 
El escritor y periodista guiense Santiago Gil acaba de presentar en Ámbito Cultural del Corte Inglés su última obra “Queridos Reyes Magos”, una novela corta que tiene como protagonista a un niño de once años -Alejandro-. Se inicia el relato con la carta que le escribe a su rey favorito -Baltasar-_ donde asegura que es un niño bueno, pero que no le gusta ir al colegio, y sin embargo aprueba. Le pide la Game Boy, equipaje de la UD Las Palmas, un balón como el del mundial del 2006 “y a lo mejor un hermanito para no estar solo en mi casa todo el día”. El niño sufre una gran frustración en la Cabalgata de sus majestades en Las Palmas de Gran Canaria, primero, por el desplante de Baltasar, por culpa de un camello díscolo, y después por una serie de acontecimientos que se suceden posteriomente. La huída de Baltasar durante ese ya mítico desfile que se produce en la ciudad desde hace más de sesenta años, “cambiará la vida de Alejandro. Nunca olvidará ese momento, ni tampoco la salida de sus padres esa misma noche, que se dirigieron a una fiesta que cada 5 de enero se improvisa en la zona de Triana. Además del interés que suscita la narración, “que se mueve entre el humor y la ternura”, llama la atención la estructuración en capítulos cortos, 91, (algunos solamente tienen un renglón) que se distribuyen en 128 páginas. ”El autor vuelve a escribir una crónica cercana y reconocible de estos tiempos tan convulsos que vivimos”.
 
El libro fue presentado por el escritor y profesor de Matemáticas, Luis Junco, que equiparó el estilo de Santiago Gil al del autor ruso Anton Chejov, que, a su juicio, es el mejor narrador de relatos cortos. Llegó a escribir 600 relatos en cinco años. Junco valora la calidad y buena práctica que el escritor grancanario hace de la literatura y el buen humor que destila. Calidad que se extiende a sus relatos anteriores . Acorta lo que había que decir, pero con las palabras precisas, subrayó Junco.
 
También intervino el periodista Manuel Mederos, director adjunto del Canarias-7, compañero, amigo y paisano del escritor, que habla de esa amistad mantenida en el tiempo y comenta anécdotas propias relacionadas con su niñez. Habló del ritual que se sigue con la Cabalgata de Reyes y la mágica y milagrosa actividad que despliegan entrando minuciosamente en las casas de aquellos que confían en ellos. Claro que el autor, en su libro, se convierte en “perverso destructor de los sueños infantiles”-como señaló Mederos- y al, mismo tiempo, hace una mordaz crítica de los comportamientos sociales de los mayores.
 
Santiago Gil nos ha deleitado anteriormente con otros relatos, escritos desde 2002 hasta nuestros días, como “Los años baldíos”, “Tierra de nadie”, “El parque”, “Música de papagüevos”, “Por si amanece y no me encuentras”, “Equipaje de mano”, “Un hombre solo y sin sombra”, “Como ganarse la vida con la literatura”, “Los suplentes”y “Sentados”. El autor muestra una gran vocación.
 
y, al mismo tiempo, desarrolla esta actividad con gran disciplina, lo que le lleva a una prolífica creatividad. Santiago señaló que el verdadero protagonista de su novela es el paso del tiempo, que va descubriendo que “la vida es otra cosa”.
 
Aparte de la actividad que despliega como escritor, Santiago Gil participa en un Taller organizado por Ámbito Cultural del Corte Inglés, del que es responsable Pablo Zabalza, que ha dinamizado las actividades que se desarrollan en esta sala. La última novela d Santiago Gil ha sido editada por Anroart, que dirige Jorge Liria.

FUENTE: INFONORTEDIGITAL.COM


‘Queridos Reyes Magos’ o una serie de catastróficas desgracias


Por Eduardo García Rojas
BLOG ELESCOBILLON.COM

“Pero qué diablos están haciendo. Alejandro y los otros niños que esperaban caramelos y saludos afectuosos de Baltasar están nerviosos y cariacontecidos. Está insultándolos mientras se quita la ropa, y al camello no hay quien le meta mano. Lo mejor sería que arrancara rápido con el niño. Se va a quedar aliquebrado si ve que su Rey Mago preferido tiene que abandonar la Cabalgata. Y se va, el muy canalla se va y deja a los niños colgados.”

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La llamada ´Casa de Clavijo´ . Por Pedro González-Sosa

Por Pedro González-Sosa

En un artículo publicado en 1946, Néstor Álamo hace una recreación literaria del relato que insinúa le contó alguien alguna vez sobre el hallazgo en la llamada "Casa de Clavijo" referido a un libro de la famosa escritora del s. XVIII Madame de Sevigné. Dejó escrito Néstor que, según su interlocutor, "aquella casa encerraba la biblioteca familiar de Clavijo con libros que habían pertenecido a José Clavijo y Fajardo, entre otros", y alguna vez hemos leído que la mansión había pertenecido al ilustre lanzaroteño cuya fama intelectual y literaria traspasó las islas y es de todos conocida. La todavía hoy conocida y llamada "Casa de Clavijo" se encuentra perfectamente conservada por el cuidado que le dedica su actual propietario. La mansión de una sola planta rectangular está enclavada en el viejo camino real que desde el Albercón de la Virgen conduce a la Atalaya de Guía en medio de una zona que conserva, también hoy, dos viejos topónimos: "la montaña del Calvario" y "El Bardo".

Pero la casa aquí historiada nunca perteneció a Clavijo y Fajardo porque fue construida a mediados del siglo XIX por el tinerfeño Rafael Clavijo y Pló, militar de profesión con el grado de general que había casado con Virginia Jaques de Mesa y Merino, hija de Juan G. Jaques de Mesa Pacheco-Solis y de Estebana Merino Ruiz de Quesada, de un solar de las casi nueve fanegadas de tierra que le habían correspondido en aquellos contornos en 1850 por herencia de sus padres. Y en aquellas tierras construyó Clavijo y Pló la mansión a partir de cuya época se la conoce hasta nuestros días como la "Casa de Clavijo" sobre la que se dice que nunca llegó a habitarla y difícilmente podría cobijar su biblioteca, El matrimonio vivía en la Ciudad en la calle Santa Clara, aledaños de la Alameda de Colón.

 Conocemos la evolución de la propiedad de esta casa desde la época de su construcción hasta nuestros días. Fallecida su mujer, Rafael Clavijo heredó sus bienes y llegado posteriormente el óbito del militar éste dejó aquellas tierras y casa en usufructo a sus hermanas Carmen, Magdalena, Concepción y María de la Cruz y la nuda propiedad a su sobrino y ahijado el también militar Salvador Bethencourt y Clavijo quien, porque también habían fallecido sus tías, a su muerte en 1914 hizo heredera del usufructo vitalicio a su esposa Genoveva Guesala y Mattos y la propiedad a su sobrina María Dolores Bethencourt y Cisneros, hija de su hermano Juan y de Enriqueta Cisneros. En 1917 las tierras fueron arrendadas a Manuel Aguiar Rivero hasta que en 1925 Genoveva y María Dolores venden la casa y las tierras a Manuel Hernández Martín, casado con Carmen Suárez y Suárez, quien en 1948 hace donación de todos sus bienes divididos igualmente en ocho lotes entre sus ocho vástagos, correspondiendo la "Casa de Clavijo" a su hija María Dolores Hernández Suárez, matrimoniada con José de Aguilar Díaz. A la muerte de María Dolores Hernández, en el reparto de sus bienes la casona aquí historiada correspondió a su hijo, nuestro particular amigo, José de Aguilar Hernández, quien en la actualidad la mantiene bien conservada. El contenido documental que conservamos respecto esta casa es voluminoso, pero el espacio que cobija esta croniquilla, ilustrada con una carta firmada por Clavijo y Pló en 1861, no da para más.




Luz verde de la Cotmac a la Universidad Fernando Pessoa en Guía

La Comisión de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente de Canarias (Cotmac) informó favorablemente la revisión parcial del Plan General de Ordenación de Guía, en el Suelo Urbano Consolidado 1.7 así como el Informe de Sostenibilidad Ambiental del citado documento. Según indicó el alcalde de esta Ciudad, Pedro Rodríguez, con esta aprobación el  Ayuntamiento da un paso más para cumplir los compromisos de adaptar la normativa urbanística y en el avance de los trámites que puedan permitir la implantación de la Universidad Fernando Pessoa en Santa María de Guía.

Ha  concluido el trámite de información pública por lo que tras este acuerdo de la Cotmac, en cumplimiento del Artículo 11 del Texto Refundido de las Leyes de Ordenación del Territorio y de Espacios Naturales de Canarias,  se procederá ahora por la Oficina Técnica Municipal a la redacción de la propuesta de memoria ambiental que se corresponde con la siguiente fase de este proyecto.

Según indicó el primer edil guiense, ahora que la ordenación del ámbito cuenta con la conformidad de la Consejería de Infraestructura y Política Territorial del Ejecutivo autónomo, se hace necesario seguir avanzando con la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias  para lograr la implantación de este centro de estudios en Santa María de Guía.

El alcalde de Guía, Pedro Rodríguez, y el Rector de la Universidad Fernando Pessoa, Salvato Vila Verde Pires Trigo, firmaron en noviembre de 2010 un convenio de colaboración, en el transcurso de un acto que se celebró en la Casa de la Cultura, y en el que se contó con la asistencia del ex alcalde del municipio y actual consejero de Sanidad del Gobierno Canario, Fernando Bañolas, y el delegado de la Universidad Lusa en Canarias, Antonio Rodríguez.

El convenio tiene por objeto la ejecución de una sede universitaria en el municipio, que totaliza una superficie construida de aproximadamente 13.000m2 construidos en tipología de edificación aislada dotacional. La ubicación de la misma se realizará en suelo de uso y dominio público calificado como Sistema General en Suelo Urbano Consolidado, cuyo uso global en estos momentos es el deportivo, en el Plan General de Ordenación. Del total de la superficie del ámbito se destinarán al uso educativo un total de 19.780 m2.

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Memoria de Manuel González Sosa. Por Miguel Martinón

Miguel Martinón

Memoria de Manuel González Sosa: mi primer recuerdo y el último. Lo conocí en los primeros años de la década de 1980. Ya en nuestro primer encuentro tuve pruebas de su desprendimiento, esa virtud que Juan Marichal señala como característica del intelectual. Iniciaba yo entonces un estudio sobre los poetas canarios del mediosiglo, y me fue de un valor inestimable la generosa ayuda que González Sosa me prestó. «Ser generoso: Dedicar un día a nuestra obra y una semana a la de los demás, que no es obra ajena», proponía Ángel Crespo en memorable aforismo, que fácilmente podía haber sido suscrito por González Sosa. La última vez que hablé con él fue este mismo verano de 2011, en su vivienda del Puerto de la Luz. Mantenía su incansable dedicación a diversas tareas literarias. Cuando a finales de septiembre acudí a la clínica en que había sido internado, ya no pude comunicarme con él. Pocas semanas después, el día 25 de octubre se apagó definitivamente su vida, cuando faltaba poco para que cumpliera los noventa años. En estos casi treinta que ha durado nuestra amistad, he podido disfrutar de la amabilidad de su trato, del brillo de su inteligencia, de su vitalidad y buen humor, de sus muchos conocimientos y del ejemplo vivo de su figura intelectual. En 1998 algunos de sus amigos publicamos el volumen colectivo titulado Presencia de Manuel González Sosa, que recogía estudios sobre su obra literaria y diversos testimonios de estima y respeto a su persona. Coincidían estos testimonios en destacar su cordialidad, su integridad moral y su coherencia ideológica, y sobre todo su generosidad sin límites.

Memoria de Manuel González Sosa: su memoria histórica. Su reconocida generosidad se materializó en la atención a la obra de otros escritores, ya fueran anteriores, coetáneos o más jóvenes. Esa atención significaba una aguda conciencia de la tradición cultural de Canarias, tradición que veía enmarcada en el mundo hispánico. Su amor a la obra de Domingo Rivero, Tomás Morales, Alonso Quesada y Saulo Torón se concretó en estudios y trabajos editoriales que expresaban un esfuerzo colectivo contra el olvido. En Lancelot, 28º-7º había dicho Agustín Espinosa que «una tierra sin tradición fuerte, sin atmósfera poética, sufre la amenaza de un difumino total». La actividad literaria de González Sosa estaba animada por la necesidad de reforzar y continuar una tradición compartida, para evitar, así, el desvanecimiento de la comunidad insular en los mares uniformadores de la historia contemporánea. Escribió un poema dedicado a Pedro García Cabrera, que expresaba la admiración al poeta y la comprensión de las penosas circunstancias que este había padecido bajo el franquismo. Tuvo relación personal frecuente con Pedro Perdomo Acedo, cuando este dirigió Diario de Las Palmas, lo que le permitió en 1963 crear dentro de ese periódico la legendaria página Cartel de las Letras y las Artes, la más clara concreción de aquella necesaria memoria del pasado.

Memoria de Manuel González Sosa: su conciencia de la continuidad histórica. La dedicación de González Sosa al conocimiento, estudio y difusión de las letras insulares fue permanente. En los duros decenios de la posguerra sintió la urgencia de rescatar y dar densidad a la poesía canaria moderna. Pero también llevó a cabo iniciativas que estimularan la creación de los más jóvenes. Así, en los años 1958 a 1960 editó los seis «Pliegos graciosos de poesía» San Borondón. Además de poemas del propio editor, aparecieron en estos «pliegos» sendas muestras antológicas de los jóvenes Felipe Baeza, Arturo Maccanti, Fernando García-Ramos y Manuel Padorno. En 1962 fundó (en colaboración con Arturo Maccanti y Antonio García Ysábal) la colección poética «La fuente que mana y corre», en la que se editaron Los caminos perdidos, de Pino Betancor; El corazón en el tiempo, de Arturo Maccanti; y El funeral, de Luis Feria. Estos espacios editoriales contribuyeron, sin duda, a definir una promoción de poetas insulares que, según palabras de González Sosa, «siguió a la que de manera expeditiva se puede llamar de la Antología cercada». Esa nueva generación, en efecto, era ya la siguiente a la suya de posguerra, esto es, la que llamamos del mediosiglo, y estaba integrada por Luis Feria, Pino Betancor, Pilar Lojendio, Fernando Garciarramos, Manuel Padorno, Felipe Baeza, Arturo Maccanti…

Memoria de Manuel González Sosa: su memoria individual, explorada en sus poemas. Su primer libro: Sonetos andariegos, está dominado por el sentimiento del tiempo, y como modalidad de ese sentimiento pueden verse los poemas en que González Sosa indaga en la memoria de la niñez. Ya en el primer poema de aquel libro, titulado «Aquí», el autor se refiere al paisaje nativo de Guía, extendido frente al mar: «Aquí viví los siglos de la infancia./ Esta luz me coció, y el rojo monte / que en el pretil azul sueña distancias / prendió en mí un desvelo de horizonte». Es el mismo paisaje de otro poema de aquel libro, titulado «El poeta contempla un lejano sueño suyo»: «La hoguera del silencio arde en el huerto./ Arrebatada luz el día ordeña./ Cerca de un palpitante libro abierto,/ bajo el durazno en flor, un niño sueña». En su regreso al pasado el poeta descubre los efectos producidos por el poder devastador del tiempo: aquel pasado es inencontrable. Pero la memoria tiene el don de preservar el espacio de la niñez no solo vívido sino liberado de los cambios y contingencias del mundo real: «Árboles, piedras, vuelos, cuantas cosas / faltan de este paisaje están, cabales,/ vivas, en mi recuerdo. Y más hermosas». El recuerdo de la infancia va íntimamente asociado al sentimiento de pertenencia al país natal, cuyo paisaje aparece una y otra vez en los poemas: «Huele a hornos precoces / la tarde de la aldea./. Hosco cielo rezuma / luz de líquida cera / sobre una higuera seca, arrodillada / junto al muro de piedra».

Memoria de Manuel González Sosa: la memoria suya individual, recreada en las prosas de su libro Entonces, allí. En este delgado volumen, editado en 2009 en su colección «Breviloquios», González Sosa seleccionó una docena de cuadros evocativos, que complementan y ensanchan su poesía de la memoria. Con elocución a la vez ligera y precisa, y siempre desde la perspectiva de quien rememora desde la edad adulta, el autor presenta en cada texto un hecho vivido en sus primeras edades. Desde el aquí y el ahora de la narración el poeta reconstruye un allí y un entonces: vivencias diversas del niño y el adolescente transcurridas en el ámbito nativo de Guía. Son hechos lejanos que por su intensidad y repetición han quedado salvados en el recuerdo. La escritura trata de dar plasticidad y densidad temporal, densidad de vida, a experiencias caracterizadas por haber ejercido sobre el narrador el deslumbramiento de lo prodigioso (en «La revelación», «Los álamos blancos»,, «Desde el tragaluz», «Ecos adentro», «El más allá») o la atracción de lo misterioso o lo prohibido (en «El secreto de la alacena», «Aquel patio», «El cuchillo», «Las tres cajas»).

Memoria de Manuel González Sosa: la imagen que hemos tenido y la que va a perdurar de su obra poética. Aunque González Sosa había dado muestras de su actividad desde 1946, solo en 1967 llegó a publicar su primer libro: Sonetos andariegos, en el que recogió poemas aparecidos hasta entonces de forma dispersa. En 1977 publicó A pesar de los vientos, al que siguió en 1988 Contraluz italiana. Desde 1992 decidió ordenar su obra poética, bajo el título general «A pesar de los vientos», en distintas entregas de su colección Las Garzas. Cuidadosamente editados por Andrés Sánchez Robayna, han aparecido en esta colección cinco títulos de los seis previstos: Tránsito a ciegas, Sonetos andariegos, Cuaderno americano, Contraluz italiana y Paréntesis. Aunque estos libros fueron publicados como ediciones no venales, el hecho es que quedó realizado el proyecto del poeta de ordenar y editar según su personal criterio el conjunto de su producción. El siguiente paso que ahora demanda esa obra es ser reunida en un solo volumen bajo aquel título general «A pesar de los vientos» y en el modo decidido por el autor.

FUENTE: Diario de Avisos | Santa Cruz de Tenerife | 11 noviembre 2011



Un guiense en Las Cortes de Cádiz de 1812

2012. BICENTENARIO DE LAS CORTES DE CADIZ

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- Por primera vez en España, las
Cortes de Cádiz de 1812 debatieron acerca de la posible abolición de la
esclavitud.

- El guiense Pedro Gordillo y Ramos presidíó las Cortes
Constituyentes.

 

Ante la invasión napoleónica, en cada provincia se creó una
Junta, que desoyó toda conminación de otras autoridades españolas, a disolverse
o a ponerse bajo sus ordenes. Soberanamente decidieron la elección y el envío de
diputados a las Cortes de Cádiz.

Estas asumieron el gobierno de España, la lucha contra
Napoleón y la elaboración de la Constitución de 1812. Estuvieron presididas por
el guiense José Gordillo Ramos, conocido como el canónigo Gordillo. Fueron
disueltas por Fernando VII.

La creación de Juntas ciudadanas y provinciales, y su
disolución por el poder central, fue un ejemplo que se repitió durante el siglo
XIX en cuatro ocasiones, lo que explica que finalmente, quienes de forma más
radical creían que la soberanía estaba en el pueblo, representado por estas
Juntas, culminasen sus ideas durante la Primera República intentando poner en
pie una constitución que consideraba que la nación española y su gobierno nacían
del derecho de autodeterminación de los llamados estados (o según otros,
cantones) en que estaba dividida la República Federal Española.

Pedro Gordillo y Ramos

Pedro Gordillo y Ramos, diputado por la isla de Gran Canaria, nació en Santa María de Guía el 6 de mayo de 1773. Catedrático en el Seminario Conciliar y párroco de la Iglesia del Sagrario de la Catedral de las Palmas, fue elegido diputado el 16 de octubre de 1810.

Su carrera como parlamentario estuvo marcada por su participación en varias comisiones de Cortes como la de Empleos y Pensiones, compuesta por cinco diputados y creada el día 18 de febrero de 1811; o las comisiones de Alhajas de la Iglesia, Honor, Arreglo de provincias y Seminario para las Islas Canarias.

Firmante de la Constitución, el 24 de abril de 1813 fue elegido Presidente de las Cortes, y cuando se clausuraron estas no se incorporó inmediatamente a su curato, sino que viajó a Madrid, donde se doctoró en Derecho Civil y Canónico, regresando a Las Palmas en 1815. Dos años después marchó a la Habana donde ejerció como Maestrescuela de la Catedral de la Habana y continuó con sus estudios, doctorándose en física en el año 1823. Allí en la habana residió hasta su fallecimiento el 10 de febrero de 1844.

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Recuerdo emocionado de Manuel González Sosa. Carlos Murciano

por CARLOS MURCIANO

Al
cabo de un largo vivir, y el mío ya lo es, uno pasa las hojas del libro
de la amistad -ese libro invisible que anida en el corazón- y
comprueba, con nostalgia más que con dolor, que hay en él nombres
escritos con tinta indeleble. No aludo necesariamente a quienes nos
dejaran, sino a quienes -idos o no- permanecen.

Allí, en ese libro y con esa tinta, luce el nombre de Manolo González Sosa, quien ayer no más estaba con nosotros. La distancia geográfica, él en la isla, yo en la capital madrileña, no propiciaba encuentros frecuentes; mas nunca esta situación mermó nuestros contactos. Iban mis libros y venían los suyos, siempre tan pulcros, tan cuidados, tan cuajados de una poesía corazonada y perfilada de finura. En uno de ellos, manuscribió esta dedicatoria: “Para Carlos Murciano, siempre fiel a mi fidelidad permanente”.

Había en él una especie de pudor, de intimidad celada, que le hacían ajeno a homenajes y celebraciones, por justos que fueran. Su verso fluía con limpieza extrema, y sus claros endecasílabos encajaban en sus sonetos con perfección artesana: “Aquí viví los siglos de la infancia./ Esa luz me coció…”. La luz de su Guía natal le coció, sí, y al par le guió siempre por el camino del buen hacer.

     Él hubiera firmado con gusto la “Oración de la obra bien hecha”, que un día escribiera Eugenio D´Ors, para ser dicha por los creyentes en los ángeles. Nunca hablé con él de estos celestes seres alados, pero creo que cuando se entregaba a su poesía debía de tener a uno de ellos -no hablo de religión, sino de arte-, gobernando el ritmo de su pluma. Mas de una vez he pensado que el día en que hilvanó su breve poema “Las garzas” -sólo cuatro versos-, pudo haberlo titulado “Los ángeles”. “Nunca las vi. Siempre quise/ horadar vuestro nombre y contemplaros/ cuando, bajabais, lentas, hacia/ uno de mis recuerdos no vividos”.

     “Tránsito a tientas” tituló uno de sus libros, aparecido en 2002. Sé que ahora, en este tránsito definitivo, no hubiera tenido necesidad de hacerlo a tientas, porque una de esas criaturas le habría conducido, con su esplendorosa luz, a su Lugar de Para Siempre.

Carlos MURCIANO


Carlos Murciano (Arcos de la Frontera, 1931) es un reconocido poeta y prosista español, destacado también como musicólogo, crítico de arte y crítico literario. Entre sus numerosos galardones cabe destacar tal vez el Premio Nacional de Poesía de 1970 por Este claro silencio y el Premio Nacional de literatura infantil y juvenil de 1982 por El mar sigue esperando ......


La duda. Un relato de Javier Estevez

RELATOS E-REALES

por Javier Estévez

Respiró hondamente tratando de calmarse pero ni aún así consiguió aplacar aquella extraña inquietud. Afuera, tras el ventanal rectangular que enmarcaba un trozo de calle y de cielo, la lluvia caía oblicua y con  fuerza.  Sus dedos tamborileaban sobre la mesa mientras veía cómo  el paisaje se desdibujaba tras las  vírgulas de agua en los cristales.  No conseguía decidirse y el tiempo apremiaba. Cada vez más. En unos días debería exponer  los resultados de su investigación no solo al equipo directivo de la fundación sino también  a los medios de comunicación que se habían convocado. Sabía que  si revelaba  aquel secreto que hasta entonces nadie conocía y que ni tan siquiera sospechaban, su notoriedad estaba garantizada y que gracias a las numerosas entrevistas que concedería posteriormente su proyección profesional se consolidaría definitivamente a pesar del oscuro panorama que la incertidumbre actual dibujaba.

Desde que le encargaron la catalogación de toda  la obra de aquel fotógrafo, que la fundación cultural para la que trabajaba había adquirido tan solo unas semanas después de su repentino fallecimiento, sabía que se le había presentado no solo la oportunidad de ser el primer investigador que estudiaría en profundidad toda la  producción de uno de los artistas más prestigiosos y populares de la isla sino que la posterior difusión de todo el legado que ya se acumulaba en los archivos de la fundación era un filón económico e intelectual incuestionable.

Tan pronto comenzó a digitalizar los negativos dividió su obra entre las imágenes de carácter artístico y aquellas otras que tenían un cariz más profesional: fotografías de prensa, paisajes rurales y marítimos, eventos públicos y  privados y retratos de familia o individuales que permitieron al fotógrafo disfrutar en sus inicios de unos ingresos humildes pero constantes. No llevaba ni un tercio de su obra más banal digitalizada cuando le llamó la atención la frecuencia con la que aparecía entre los negativos unas instantáneas en las que figuraba siempre una mujer cuyos ojos planetarios y su constante sonrisa le transmitieron desde la primera vez que la vio una agradable sensación de plenitud y de alegría.  

Sin levantar sospechas consiguió averiguar su identidad y con posterioridad supo hasta algunos retazos de su vida que si bien en apariencia podían parecer insignificantes a él se le presentaron como muy reveladores, sobre todo cuando su intuición le sugirió enfrentar la biografía de los dos. Supo entonces que habían nacido no solo el mismo año sino que lo habían hecho en el mismo lugar. Ambos vieron la luz por primera vez en aquella ciudad pequeña de casas bajas y encaladas que gustaba tanto a los viajeros por la altura de sus palmeras, por sus tardes luminosas y la apacible sencillez de sus calles. De su infancia consiguió reseñas sin trascendencia, pero con el resto de datos que obtuvo coligió que fue en la adolescencia, en el momento en el que él comenzó a realizar sus primeros retratos gracias a aquella vieja cámara que le obsequió un fotógrafo holandés antes de regresar definitivamente a su país, cuando él comenzó a retratarla en la distancia, sola o en grupo, pero siempre sin que ella jamás lo supiese.

Tan solo un mes después de que ella anunciara su compromiso con aquel militar de mirada torva, ya había abierto él su estudio fotográfico donde revelaba y encuadernaba los reportajes de boda y bautizos con los que se anunciaba. Ella nunca supo – ni tan siquiera imaginó- que toda su vida había desfilado por su cámara, desde aquellas primeras e inocentes fotos de la adolescencia hasta que aquella epidemia de fiebres que desoló la ciudad durante un verano interminable  separó para siempre lo que nunca antes había estado unido.  

La muerte de ella fue el nacimiento de él como artista. A partir de entonces, retrató febrilmente los rostros de la soledad, el dolor y el fracaso. La crítica comenzó a comentar su obra, y empezó a recibir reconocimientos y premios en museos y certámenes de indudable prestigio. Todos alababan esa inaudita capacidad de fotografiar algo que antes nadie había conseguido retratar: el silencio.  Pero ni tan siquiera la fama internacional consiguió que trasladara su residencia  a las grandes ciudades del continente donde anidaban conjuntamente la cultura y el glamur. Él, sin que nadie llegara nunca a suponer el por qué, prefirió continuar en la isla, en su ciudad natal, en su casa, ese espacio que él mismo definió en la única entrevista que concedió, como el sitio ideal para la vida de un hombre solo y de alma desprendida.  

Afuera la lluvia arreciaba con una fuerza insólita. Abrió su paraguas y encaró calle abajo las rachas violentas de viento y agua. Caminó hasta donde había aparcado su coche antes de entrar en la fundación. Abrió la puerta, se sacudió dentro la lluvia que aún retenía su cabello, giró la llave del contacto y escuchó durante unos segundos la suave cadencia  del motor. Antes de arrancar, accionó el limpiaparabrisas y siguió con su mirada cansada su movimiento pendular hasta que volvió a pensar en el fotógrafo, en ella, en ambos, en el secreto que durante tanto tiempo había pasado totalmente desapercibido y que hasta entonces nadie conocía ni imaginaba y volvió a suspirar con hondura. No sabía qué hacer y no sabía adónde ir. Decidió por lo pronto abrir la guantera y sacar el cedé de aquel cantante canadiense que tanto le gustaba. Su voz, pensaba, era la voz de la melancolía. Buscó intencionadamente una canción y cuando comenzaron a sonar las primeras cuerdas de la guitarra, arrancó el coche y condujo mientras se adentraba con la duda en la inmensa oscuridad de la noche.

San Roque, noviembre de 2011

 


TEDDY, CACO, JUANJO Y LA VAPULEADA SGAE. Braulio A. García

Braulio A. García

Primero tengo que decir que Teddy fue mi referente musical cuando él era el líder de “Los Ídolos” y yo empezaba a hacer mis pinitos con grupos locales del  Noroeste de Gran Canaria. Además, como  los especialistas en genealogía local dicen que somos parientes lejanos - su familia proviene de La Atalaya de Guía y en nuestros DNI llevamos, aunque invertidos,  los mismos apellidos-  su influencia en mí, tenía, si cabe, aún más peso específico, gracias a esa posible consanguinidad.

Uno de los recuerdos más tristes de esa época en la que Los Ídolos lideraban “la música moderna”, o “Ye Ye”,  en Canarias, fue cuando, por falta de medios, no pude  verlos tocar, allá por el 65 o 66,  junto a nada menos que Cliff Richard y los Shadows, en El Flamingo, aquel cabaretito que estaba cerca del Hotel Santa Catalina.

Casi una década después, en los estertores del franquismo, cuando yo empecé a hacerme algo conocido en la Península,  asistí - con todo el rojerío de la época: Víctor Manuel,  Ana Belén, Miguel Ríos, Massiel, etc.- a varias reuniones clandestinas, organizadas por Teddy en Colegios Mayores de Madrid, donde se trató, infructuosamente,  de montar un Sindicato de la Música Libre. Incluso también llegué a participar, ya en los albores de la Democracia y siempre invitado por mi pariente lejano, en alguna marcha anti OTAN. Por aquel entonces  lo consideraba un tipo austero, de bien ancladas convicciones político sociales, y muy cercano a las tesis de aquel Partido Comunista de Santiago Carrillo.

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En la muerte de Manuel González Sosa. Por Eugenio Suárez-Galbán Guerra

Eugenio Suárez-Galbán Guerra




Con el título de “En la periferia de la periferia: la lírica de Manuel González Sosa” publicó Cuadernos del matemático  (no. 36, diciembre: 100-103) un trabajo dedicado a este poeta grancanario que recién nos ha dejado. Título que no podía ser más representativo, tanto de la personalidad como de la poesía de González Sosa.  Pues  lejos de preocuparle la condición canaria de periferia nacional, muy al contrario, siempre su poesía mantuvo en alto la identidad isleña y el recuerdo de la tierra natal.  Y lejos asimismo de los tiempos mediáticos que corren, se colocó aún más en la periferia de la periferia, rehuyendo siempre –y hasta obsesivamente, podría decirse – toda fama y todo protagonismo.  Los que tuvimos  la dicha de conocerlo podemos atestiguar que ello no respondía ni a falsa humildad, ni a un simple (y muy comprensible) deseo de evitar todo el trajín y agobio que conlleva la fama, sino que fue su total compromiso con la poesía y la literatura lo que explica su excepción a la máxima ciceroniana que sostiene que el ansia de honor sostiene el arte. 

Para él la honra y la fama que trae el arte fueron, si algo,  solo una desviación de la misión del poeta, que él siempre consideró que no es otra que la búsqueda  y difusión de la belleza a través del lenguaje. Sin duda, su periodismo y su crítica literaria, con los que aupaba frecuentemente la obra de otros, descubriendo desconocidos valores de la literatura isleña del pasado y del presente, halló más lectores que su verso, pues sabido es que el público lector de poesía es hoy uno minoritario.  No obstante, permanecerá esa poesía, pues poemas como “El cuerpo entero”, de Cuaderno americano, o   “El cruzado”, de Paréntesis, entre tantos, son indiscutiblemente hitos poéticos de la poesía del siglo pasado y comienzos del presente, aun cuando por el momento permanezcan en el barbecho donde cayó la semilla de la fama que nunca esparció el poeta. 

Pero ¿qué duda cabe que germinará esa otra semilla del verso vibrante de vida y belleza  que tan cuidadosamente cultivó González Sosa?  Pues sabido es que ese mismo público minoritario de la poesía lo es también uno fiel y comprometido, y es simplemente inconcebible que tal hondura lírica como la de González Sosa no aflore una y otra vez en el futuro cuando, como suele ocurrir tantas veces, descubran su poesía las generaciones venideras en esas ediciones de Las Garzas  que por su bella sencillez complementan a la perfección la desnuda elegancia de su verso que no necesita de más ornamentos y ropaje.

Difícil es hacer justicia a una personalidad y un poeta tan ejemplares, por mucho que él siempre  resistiera y resintiera cualquier elogio.  Pero quizá sea su propia poesía la que mejor nos permita aproximarnos a esa justicia inalcanzable.  Pues con la misma altura y fortaleza de esa gran mole que él tan magistralmente poetizó en “El Pico de la Atalaya”, quedará su memoria de hombre bueno, cabal y generoso, y poeta exclusivamente consagrado a la pureza de la palabra que siempre mantuvo “viva/la llama en su hoz, y activa/la sonaja de su espuela”. 
                                              
Eugenio Suárez-Galbán Guerra


HERMANO DE NUESTRO CRONISTA OFICIAL

Falleció el poeta guiense Manuel
González Sosa

El poeta guiense Manuel González Sosa (1921), ha fallecido en la mañana de ayer lunes a los 90 años de edad.

El autor de obras como 'Sonetos andariegos', 'A pesar de los vientos' o 'Contraluz italiana', fue también el creador de los pliegos poéticos 'San Borondón', que salieron a la luz en 1958 y en 1960. En 1963 fundó 'Cartel de las letras y las artes', página literaria de 'Diario de Las Palmas', que llegaría a ser uno de los suplementos de mayor duración publicados en las Islas.

A partir de 1980 fueron frecuentes las estancias del poeta en Italia, circunstancia que queda recogida en su libro 'Contraluz italiana'. En 1983 creó la colección 'Piélago', de breves entregas poéticas. Fue incluido por Sebastián de La nuez en 1986 en la antología 'Poesía canaria' (1940-1984) y en 1993 en la antología 'Literatura canaria contemporánea'
 
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