"La Voz Metálica", en diferido

Entrevista a Manolo "Voz Metálica"

Les
ofrecemos un documento audiovisual perteciente al fondo de Paco Rivero,
generosamente cedido por su hijo Pachi. Se trata de una entrevista que
le hizo Paco a Manolo, en el estudio del primero, en 1982.
 

AHORA EN VÍDEO

Manuel Fernández, "Voz Metálica", en diferido
Vídeo realizado por Paco Rivero en 1982


Les ofrecemos un documento audiovisual perteciente al fondo de Paco Rivero, generosamente cedido por su hijo Pachi. Se trata de una entrevista que le hizo -y grabó- Paco a Manolo en el estudio del primero, en 1982.

 



Las palabras olvidadas. Javier Estévez


Por Javier Estévez.

 

A mi bisabuelo "Juanito el huevo",
al que nunca conocí pero del que tanto me han hablado.
Hoy escribo mis sueños
donde antes él los fundó.

El diluvio bíblico caído del cielo nada más estrenarse el día y el incordio del alisio, que zarandeaba las hojas muertas y los recuerdos vivos a su antojo mientras ululaba y desafiaba a todos los puntos cardinales, dibujaron un inesperado paisaje que de forma inevitable e irresoluble se asemejaba a un pueblo abandonado, vacío e inexistente. El silencio flotaba fatigosamente entre los adoquines y el incierto techo que imponía el viento que subía y bajaba por las calles y callejones, introduciéndose en lugares y manoseando impúdicamente a las gentes que se encontraban en las tiendas, en el fielato, en las habitaciones de las fondas, en las peleterías y otras ventas de diferente naturaleza y condición que pululaban desordenadamente por la ciudad. Todo estaba extrañamente silenciado.

Ajeno por completo a esta sordina intrusa y apátrida, y profundamente ensimismado y atribulado, Juan Almeida rumiaba y rumiaba circularmente una frase que encontró abandonada por algún desconocido sobre el ajado mostrador de su tienda mientras él buscaba, en la estantería más alta y esquinada, unas viejas tulipas belgas de hierro y de cristal.

…se llamarán planetas porque irremediablemente serán planos. No sabía cómo consiguió llegar ese juego de vocablos al último anaquel donde se encontraba pero cuando bajó a zancadas por los peldaños de su escalera se encontró con la orfandad imprevista de estas palabras, de las que nadie, de los aún presentes al otro lado del tablero, se quiso apropiar.

Por eso, la mañana silenciosa y extraña, Juan Almeida, aparentemente concentrado en la limpieza e inventario de los múltiples e indispensables productos que ofrecía en su negocio, no podía dejar de cuestionarse la veracidad de las palabras relegadas. Su natural insistencia y cuestionamiento le habían granjeado una fama, que él estimaba irreal y desmesurada, de porfiada y terca testarudez. Sin embargo, presentía hondamente que por esta vez, la razón quería subirse a su cuello para bailar abrazado a él, tesis que lo excitaba a la vez que lo turbaba.

Aprovechando la falta de necesitados en el comercio, ordenó a su ayudante que abandonara toda tarea que estuviese llevando a cabo, que cerrara las puertas de la calle a calicanto y lo acompañara. Obedeció mudamente, sin rechistar, ya que era callado de nacimiento. Esta irremediable predisposición a no discutir nunca las órdenes de su patrón erigió en Remigio a un trabajador perseverante e ideal.

Salieron a la calle enfilados, tan pegados el uno del otro que casi caminaban hombro con hombro. Descendieron calle abajo, a barlovento, y tras ocho pasos sonoros y contundentes, Juan Almeida no pudo ni con la rutina ni con sus sueños y tuvo que parar su marcha para girarse y suspirar sobre sus pasos. Entonces, hundió sus ojos tristes, subrayados por la sombra de los insomnios, en la amplia fachada verde que incluía cuatro espigadas puertas púrpuras, y más que esperar, deliraba ante la improbable posibilidad de que algún día la fortuna y la felicidad se decidieran a visitarlo para poder finalizar, de una vez, la casa que él y su mujer habían soñado tan generosamente. La muerte, que todo lo derrumba, paralizó su anhelo geométrico y mineral con la primera planta finalizada. Los albañiles, lánguidos y apesadumbrados por la imprevista desaparición de su mujer, decidieron entre ahogados sollozos, abandonar prematuramente la obra, no sin antes preparar la segunda planta, por si la tristeza del promotor desembocase en el olvido. Mediante un pretil sobre la portada, perfilaron tímidamente la base de los huecos simétricos de las ventanas y colocaron las ménsulas y la meseta que soportarían a un ignoto balcón.

Un desafortunado arquitecto, que paralelamente al tránsito de la esposa de Juan Almeida se había trasladado al barrio, pasó por allí y confundió el espontáneo proceder de los albañiles con la introducción y proyección de algún estilo arquitectónico terriblemente vanguardista, moderno y atrevido. Hoy en día, calle abajo, aún se pueden ver varias fachadas diseñadas por este arquitecto delirante, hambriento de notoriedad, que de forma tan atrevida imitó la solución arquitectónica diseñada fatalmente por la muerte.

Con unas lágrimas timoratas asomándose a su mirada, decidió reanudar su expedición, siempre por el eje longitudinal de la calle. Mientras, sus sombras se proyectaban sobre la mitad occidental de la misma y su larga acera, señalando en su marcha, una a una, las fachadas, que aunque alzadas a poniente, miraban irremediablemente a naciente. De esta manera, el dúo, con la incorporación de las sombras, pasó a ser un pequeño grupo, aunque este aumento no se tradujera en más sonoridad en su andar conjunto. Atravesaron la niebla olorosa e inevitable que levanta el pan recién horneado de la panadería; no pararon ni para santiguarse metódica y cristianamente frente a la capilla oscura pero inimitable de San Antonio de Padua. Y si bien es cierto que alzó la mirada para encontrarse con la torre solitaria y policromada que había levantado un inglés que, según él, hablaba trabando todas las palabras que tenía el castellano, este tropiezo visual no provocó las ensoñaciones que siempre le inducía su condición imaginada de torreón-mirador, fundado únicamente para observar estrellas y constelaciones calladas que sólo brillaban en el firmamento cuando la noche se posaba discretamente sobre los tejados.

Pasaron cerca de un despacho de abogados y el tacto inesperado de las leyes que del inmueble se desprendían, como se desgaja a jirones la pintura envejecida, le sugirió entrar, pues en ese espacio tan letrado e ilustrado debería encontrarse una respuesta satisfecha; pero se percató, tan pronto como ideó esa posibilidad, de que los abogados que deberían atenderle ni tan siquiera habían nacido. Es más, pensó, la solución a esta cuestión no la tiene la justicia, sino que reside solamente en la geografía de la razón.

Con ilimitada determinación, pero ahora por la acera de naciente, continuaron su descenso y en el epílogo de la calle se encontraron con las obras de colocación del nuevo adoquinado. Éstas se traducían, exclusivamente, en sustituir los viejos bloques de granito, sobre los que transitó tanta historia, por otros nuevos de basalto con una novedosa disposición y óptica: se alternaría un adoquín opaco con otro transparente. La idea surgió de un consternado arqueólogo, que insistió apelmazadamente día sí y otros también, teniendo como única y solitaria certeza la advertencia de que, como había sucedido en el pueblo vecino, bajo los adoquines de la ciudad histórica se encontraban desmedidos yacimientos de un pasado, que aunque escaso materialmente, su descubrimiento desembocaría en un próspero e insospechado futuro. Pergeñó, el científico del pasado, la idea de los adoquines transparentes, ya que, según él, y de este modo, tarde o temprano su auspicio sería irreprochablemente demostrado.

Zigzaguearon las calles estrechas y ordenadas hasta que pasaron frente a la sacristía y todo el lateral oriental de la iglesia. En este tramo, Juan Almeida invitó a Remigio a caminar de puntillas señalándose sus pies, y colocándose el dedo índice verticalmente sobre sus labios, solicitó, de manera torpe, silencio al mudo, ante el temor secular que le invadió de ser descubierto, interrogado y con posterioridad, y cierta alevosía, acusado de notable y aguda herejía ante los preceptos de dios nuestro señor.

La calle se estrechó tanto ante la ambiciosa expansión de la iglesia que devino en callejón irregular. En el punto más estrecho del mismo y frente a una esquina de piedras talladas, pulidas y escodadas, pasaron en fila de uno, primero Juan Almeida y tras él, un ignorante Remigio que ni sospechaba ni deducía el origen y el final de tan repentina aventura. Al pasar junto a una ventana de guillotina cerrada desde la fundación de la ciudad, Remigio, que a sus catorce años era inevitablemente pícaro y retozón, aprovechó el papel trabado en las lamas de la ventana para ampliar, con su lápiz desgastado, el mensaje que de forma lacónica allí se expresaba: CARTAS. Tras el paso del jovenzuelo, el papel se enriqueció con un verso inesperado: por favor, sólo CARTAS de amor.

Con el corazón desbocado ambos, uno por la cercanía del lugar donde demostraría su tesis y desmontaría la conjetura vomitada por un prófugo de sus palabras, y el otro, tras acelerar su paso para estar a la altura de su patrón tras quedarse rezagado momentáneamente, cruzaron, dibujando una corta diagonal, la conocida Plaza de la Constitución sin intercambiar saludos ni miradas con la hidalguía y linaje que allí se daba cita para pasear y lustrar, ante nadie, su incierta condición burguesa.

Descendieron como pudieron los escalones que se disponían frente a la decimonónica Sociedad Recreativa y de Instrucción, hasta llegar al lugar donde cambia el peralte de la calle de la Cruz. Aquí, Remigio, párate aquí y mira hacia la derecha, a naciente. ¿Ves?, la calle desciende. Incuestionable. Bien, ahora, Remigio, mira hacia poniente, donde la calle muere colgada sobre el barranco. También desciende. Incuestionable también.

Entonces, como si de una explosión de clarividencia se tratara, cogió dulce y paternalmente a Remigio por la nuca y en un tono sosegado pero con indudable seguridad y certeza afirmó: Remigio, yo no dudo que vivamos sobre un planeta, pero éste es irremediablemente redondo, curvo; no albergo duda alguna. Recuérdalo. Y ahora, volvamos a nuestros menesteres.

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Braulio en Costa Rica

Braulio actúa con la Orquesta Filarmónica de Costa Rica

El cantante guiense actuó en el Teatro Melico Salazar de la capital costaricense el 15 de agosto de este año, siendo recibido por un teatro
lleno que aplaudió eufórico sus interpretaciones junto a la Filarmónica. VER GALERÍA DE FOTOS
Braulio, con la Orquesta Filarmónica de Costa Rica

El cantante guiense actuó en el
Teatro Melico Salazar de la capital costaricense el 15 de agosto de este año, siendo
recibido por un teatro
lleno que aplaudió eufórico sus interpretaciones junto a la Filarmónica. A continuación insertamos los dos reportajes publicados por el DIARIO LA NACIÓN, de Costa Rica, los días 14 y 16 de agosto de 2007.

Foto Principal: 1693116
Gran combinación. Braulio y la Filarmónica, una dupla muy aplaudida por el público.
Priscilla Mora.


Braulio cumplió con la faena Concierto: El cantante español fue recibido por un teatro
lleno que aplaudió eufórico sus interpretaciones junto a la Filarmónica

Marcela Quirós U.
mquiros@nacion.com

Era una noche diferente para todos. Para Braulio, que nunca,
en sus 33 años de carrera, había interpretado canciones vestidas con arreglos
sinfónicos; para la Orquesta Filarmónica, que jamás había tocado con el artista
español; y para el público que no había escuchado aquel experimento.

Sin embargo, desde los primeros acordes de Sobran las
palabras
, la interpretación que abrió la noche, se despejaron las dudas:
aquello sonaba a éxito.

El público recibió eufórico a un Braulio por el que
físicamente han pasado los años, pero que mantiene una voz impecable –la misma
de hace treinta años, lo juro– y un humor envidiable, que hizo de aquel
encuentro algo que parecía una reunión entre amigos.

Foto Flotante: 1693115
Serenata. El artista llamó a
varias mujeres embarazadas para cantarles el tema Culpable ,tema que
escribió a la esposa de un amigo.Priscilla
Mora

La cita. A las 8 de la noche el Teatro Melico Salazar
seguía recibiendo gente, así que el inicio de la jornada se dio hasta quince
minutos después. Mientras, un escenario colmado de músicos –eran más de 70–
esperaba paciente.

Una vez que comenzó el espectáculo la noche corrió emotiva
entre temas que sacaban recuerdos, entre ellos: Pequeña amante, La más bella
herejía, ¿Por qué coño hemos cambiado?, Vaya lío, Si me quieres matar, ¡Qué
tentación!
, Me amamantaron con boleros y Después de amarla
tanto
, entre otros, que motivaron al público a aplaudir, a cantar y a
gritar.

Braulio, por su parte, fue un tipo encantador y entre
bromas, recuerdos y comentarios, se robó el show .

La parte más emotiva de la noche fue cuando el cantante
llamó al escenario a algunas mujeres “en estado. “No me sirven las que quedaron
hace un rato ni las que quedarán más tarde”, bromeó.

Aparecieron cuatro y a ellas les cantó El culpable ,
un tema que escribió para un amigo cuya esposa estaba embarazada. No faltaron
señoras que motivadas por la simpatía de Braulio se atrevieron a gritarle
piropos como ¡guapo!, ¡te amo!, otras hasta le tiraban besos.

La Orquesta Filarmónica fue el mejor de los acompañamientos
para Braulio, quien se mostró agradecido con la invitación y con los arreglos y
calificó a Marvin Araya, director de la Filarmónica, como “uno de los hombres
más grandes que he encontrado en mi larga carrera”. Al final, y como era de
esperarse, el público no quería dejarlo ir, él respondió a los aplausos y gritos
con dos de sus canciones más esperados En la cárcel de tu piel y En
Bancarrota.


NOTICIA DEL DÍA ANTERIOR

Foto Principal: 1689962

De turista. Braulio
llegó el jueves anterior a nuestro país para incorporarse a los ensayos con la
Orquesta Filarmónica. Priscilla Mora.

Entrevista:

Braulio estrena sinfonías
Tras más de
30 años de carrera el cantante español se enfrenta aquí a un nuevo reto en su
carrera:
interpretar versiones sinfónicas de sus grandes éxitos. La
Orquesta Filarmónica es la responsable y la que lo acompaña

Marcela Quirós U.
mquiros@nacion.com

Ocasionalmente Braulio deja la tranquilidad de su tierra
natal, Islas Canarias, a donde se fue a vivir hace varios años. Se aleja de su
familia, sus tres caballos, siete perros, dos canarios, muchos patos, conejos,
gallinas, y palomas, para volver a su todavía activa carrera artística.

“Eso no significa que esté alejado de los escenarios”,
afirmó categórico en la entrevista que tuvo con Viva . El intérprete de
Navegar en tí está en nuestro país para enfrentarse a un nuevo reto en su
carrera: interpretar sus éxitos en versiones sinfónicas, una tarea que se
atrevió a emprender con la Orquesta Filarmónica y en Costa Rica.

El espectáculo será estrenado esta noche y se repetirá
mañana en el Teatro Melico Salazar.

Braulio llegó al país el jueves anterior para unirse a los
ensayos con la agrupación, luego de un paseo por el volcán Poás, el español nos
cuenta qué es de su vida.

Es la primera vez que interpreta sus temas acompañado por
una orquesta de formación clásica. ¿Por qué no había pasado antes?

Aunque he cantando muchas veces con orquestas, nunca lo
había hecho con una de formación clásica, es cierto. El reto me interesó desde
el principio y la verdad ahora que conozco el resultado ha sido muy
gratificante.

“Por mi cabeza sí había pasado la idea de hacer un concierto
con arreglos sinfónicos, incluso en algún momento se pensó hacerlo con la
orquesta de Tenerife, pero esos proyectos son complicados cuando intervienen
tantas personas, y al final no se realizó”.

¿Qué expectativas le genera este experimento?

En principio, como todo experimento, había cierta
incertidumbre. A mi me gusta de vez en cuando dar pequeños saltos en el vacío y
no tenía demasiada información de Marvin Araya (director de la orquesta), ni de
la orquesta, pero llamé a varios amigos en Costa Rica que me dieron muy buenas
referencias y la verdad se quedaron cortos. Marvin es un gran tipo, muy vital,
sabe muy bien qué hay que hacer en cada tono y en cada compás, y la orquesta
suena de maravilla. Me parece una experiencia fabulosa.

¿Qué aporte le dan a sus éxitos los arreglos
sinfónicos?

Bueno, es otra visión de mi música. Hay arreglos que son
realmente emocionantes, algunos de ellos están hechos en función de lo que
canción dice porque, curiosamente, a veces cuando hacemos la producción
discográfica no recapacitamos en algunos temas, ahora siento que (con estas
versiones) están más cerca de lo que yo pensaba a la hora de escribirlos.

Foto Flotante: 1689959
/Priscilla Mora. LA NACIÓN

¿Qué éxitos de su carrera era imposible deja por fuera de
este espectáculo?

Pues varios, gracias a Dios, pero hubiera sido imposible no
hacer Crónica de un viejo amor, La más bella herejía, En la cárcel de tu
piel, Qué tentación, Bancarrota,
y El vicio de tu boca… creo que
todas (ríe).

¿Qué hace Braulio en esta época de su vida, además de
tomar la decisión de irse a vivir a su natal Islas Canarias…?

Yo siempre he creído que hay que cerrar un círculo, no es
que me vaya a morir mañana, pero era algo que me apetecía hacer hace tiempo:
irme a vivir a Canarias sin dejar el cariño de los países que me acogen. Sigo
teniendo mi apartamento en Miami de ahí me desplazo a otros lugares. Volver a mi
tierra responde a esa necesidad de volver un poco a mis raíces, de encontrarme
con mis amigos...porque es muy doloroso ver que va desapareciendo gente del
paisaje humano y no estar ahí. Pienso que me lo pedía el cuerpo y el alma.

“Pero no estoy alejado de los escenarios, el año pasado
vinimos a Costa Rica, fuimos a Puerto Rico, Miami y República Dominicana,
anduvimos de gira por varios países”.

También estuvo trabajando como presentador de televisión
en dos programas...

Sí, el primero se llamó Boleros y el otro El club
de la bohemia
, yo era el conductor. Pienso que en cualquier momento se
vuelven a plantear, lo que no sé es si yo sea la persona que vuelva a hacer de
conductor porque, por mis compromisos, había que buscar a una persona que me
sustituyera cuando yo no estaba. Ahora hay algunos proyectos, no con Televisión
Española, sino con televisión de Canarias y ya veremos si se pueden compaginar
con mis otros proyectos. Pero la faceta de presentador me entretiene mucho
porque en esos programas que hice también cantaba.

Foto Flotante: 1689956
/Priscilla Mora. LA NACIÓN
 

Apenas treinta y tres años es el título de un
disco de éxitos que estaba por salir ¿qué pasó con él?

Estamos en eso, lo grabamos el 29 de diciembre pasado y
todavía estamos en el proceso de mezcla. Ahora conmigo viaja el ingeniero que lo
grabó y bueno, le voy a decir que ustedes están muy interesados en el disco y
tenemos que terminarlo ya. Es que nos tomamos las cosas muy “pachorrudamente”
como decimos en Canarias, o sea sin prisa.

¿Después de esta presentación en Costa Rica llevará el
espectáculo a algún otro país?

Es muy probable que hagamos los conciertos que tenemos el
otro mes en Canarias con este espectáculo. Y ¿quién sabe? a lo mejor algún día
tenemos la oportunidad de llevar, tal vez no toda la orquesta porque son 60
músicos, a Canarias. Creo que hay muchas cosas que se pueden hacer incluso hemos
hablado de la posibilidad de llevarlo por Centroamérica, pero son cosas que hay
que conversar.

Dos noches

• Braulio y la Orquesta Filarmónica en
concierto

Fechas: Martes 14 y miércoles 15 de agosto

Hora: 8 p. m.

Lugar: Teatro Melico Salazar

Entradas: ¢15.000, ¢13.000, ¢10.000, ¢8.000 y ¢6.000
(los precios incluyen los cargos por servicio)

Entradas: a la venta en Bansbach instrumentos
Musicales (San José y Multiplaza Escazú), Heladerías Haagüen Dazs (Escazú y
Curridabat), Servimas en los Hipermás y Maxibodegas Alajuela, El Observatorio
(San José), Call Center 207-2025 y en la página: www.mundoticket.com

FUENTE: DIARIO LA NACION de Costa Rica, publicado los días 14 y 16 de agosto de 2007.


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Ricardo de la Cierva en Guía

El ministro fue "mantenedor" de las Fiestas de la Virgen de 1980

El 9 de agosto de 1980, el entonces Ministro de Cultura, don Ricardo de la Cierva, presidió los Fuegos
Florales de Guía, celebrados ante un numeroso público en el
teatro municipal.

El ministro glosó en el pregón de estos Juegos Florales
cada uno de los cuarteles del blasón de la Ciudad, adaptando cada símbolo a la realidad y a
los problemas de la ciudad, la isla y el Archipiélago.

A continuación insertamos el texto íntegro de la intervención del ministro gracias a la transcripción realizada por Miguel Gordillo, concejal de Cultura de Guía en aquella época, en la que ejercía de alcalde José Carlos González Ruiz, y los textos íntegros de los reportajes de prensa publicados en aquellas fechas.

icon Conferencia de Ricardo de la Cierva en Guía


icon Diario de Las Palmas del día 090880


icon La Provincia del día 090880


icon La Provincia del día 100880




Felipe Pérez, nuevo concejal

TOMA DE POSESIÓN DEL NUEVO CONCEJAL DEL AYUNTAMIENTO DE GUIA  FELIPE PÉREZ REYES.

En el último pleno celebrado por la corporación municipal de Guía, y previo lectura del informe de la Junta Electoral de zona, tomó posesión como nuevo concejal electo del Ayuntamiento de Guía, Felipe Pérez Reyes, de profesión veterinario, que sustituye a Guillermo Melián Sánchez, nombrado Director General de Ordenación e Innovación Educativa del Gobierno de Canarias.

Seguidamente el nuevo Concejal procedió a prometer su cargo conforme a la fórmula legalmente establecida, y acto seguido el alcalde Fernando Bañolas Bolaños le dio la bienvenida.

El nuevo concejal  fue designado por su grupo político Coalición Canaria como miembro de las siguientes comisiones informativas: Presidencia y Gobernación; Desarrollo y Promoción. Así como miembro de la Comisión Especial de Cuentas.

También se le designo como representante del Ayuntamiento de Guía en los siguientes órganos: Consejo de Salud; Patronato de la Universidad Popular y Consejo Escolar Municipal del Centro de Pedagogía Terapéutica de Marente.

FUENTE: GABINETE DE PRENSA DEL AYUNTAMIENTO. 17.08.07




Rafael Almeida. Erasmo Quintana

RAFAEL ALMEIDA, EN GUÍA, UN DESCONOCIDO

Por Erasmo Quintana

Ocupa hoy nuestro interés la figura de un excepcional personaje guiense, cuyo ciclo prolíficamente vital, discurrió en casi todo el siglo XIX y primer tercio del XX. A simple vista, lo que llama la atención del observador en este hijo de Guía es que le hayan reconocido sus muchos méritos en Las Palmas de Gran Canaria, rotulándole una calle que confluye en la plaza de Farray, Guanarteme, y en Guía, lugar donde vio la luz primera y donde murió; donde desarrolló una intensa actividad política siendo alcalde, pasando por el comercio y la agricultura en los que su impronta se vería coronada por el éxito, todo en mejora y beneficio de su pequeño, pero importante solar, no tenga también rotulada una calle que diga perennemente a sus paisanos el gran hombre que fue.

Personaje temperamental, inteligente y de insobornable rectitud, llegaría a la alcaldía impelido por la necesidad de reconducir la nave Consistorial, pues tocaba fondo en los arrecifes de la mala administración. (El progreso o el estancamiento de los municipios a ella se debe en gran medida, indudablemente). Época aciaga en la que los comportamientos democráticos se reducían a la más grotesca de las caricaturas: Un alcalde –Agustín Aguilar- elegido por el procedimiento censitario, una vez nombrado, cambiaba su cargo con Salvador Martín Bento, juez en propiedad; y así, de la noche a la mañana quien era juez fue alcalde y quien alcalde, juez.

Hombre íntegro don Rafael Almeida Mateos y honesto a carta cabal, se vería obligado a dejar el cargo por la intriga al uso de la época: Don Antonio López Botas presentaba a don Fernando León y Castillo para diputado a Cortes por el distrito de Guía; don Pedro Acedo, sin la autorización de don Rafael Almeida comprometió a éste con su voto a sabiendas de su filiación republicana. Presentábase un monárquico y un republicano. El alcalde Almeida desautorizaría a su “representante” y dio el apoyo, como era de suponer, al republicano el doctor Miguel Rosas. Esto le granjeó la enemistad con los monárquicos ganadores y, hastiado de intrigas y maquinaciones del más bajo estilo, abandonaría la política para siempre.

Ello no hizo interrumpir sus grandes dotes de hombre de acción. A él se debe en buena cuota el muelle de El Refugio en Las Isletas, convenciendo a don Juan León y Castillo de la idoneidad de su ubicación –que a él se debe y no a su hermano don Fernando la idea del estudio de lo que sería el gran muelle de La Luz-. Hasta el punto, que el político llegó a pedir no lo relacionaran “con tan descabellado proyecto” al conocer el costo presupuestario inicial. La clarividencia de Almeida Mateos quedó pues de manifiesto, pues eran momentos en que se disponían nuevamente a reparar el viejo muelle de San Telmo, derrochando así capital y esfuerzo cada año, ya que el pequeño abrigo era víctima en cada estación invernal de los grandes temporales.

La anécdota de Rafael Almeida, en nuestro parecer más curiosa, es que a él se debe, en parte, la producción a gran escala de la platanera, al menos en lo que a nuestra isla se refiere. Fue con ocasión de la visita que hizo al Archipiélago la inglesa viajera Olivia M. Stone; la que, cuando recaló por Guía, con intención de ver la cueva de la bella Andamana (Cueva pintada de Gáldar), traía carta de presentación a nombre de nuestro importante guiense. Como un buen caballero, éste dispuso todo lo necesario, e incluso acompañó a la inglesa más allá, hasta las tumbas aborígenes del Maipez, en Agaete.

Eran tiempos en que decaía el cultivo de la caña de azúcar; época en que la cochinilla estaba igualmente en franco retroceso –como hoy lo está el tomate, por ejemplo-, pues salía al mercado la anilina, tintura química que acabaría desplazándola. Miss Stone, observando un pequeño cercado de bananos contiguo a la Cueva, le dijo cómo no embarcaban esa fruta para Londres, pues era muy estimada allí. A esto le contestaría que la producción era escasa porque los buques venían de tarde en tarde. La viajera le replicó: “No es razón convincente, Sr. Almeida; produzcan ustedes muchas bananas y ya vendrán buques con bastante frecuencia a cargarla y distribuirla por Europa”. –“Tiene usted mucha razón” le contestó. Fue a partir de entonces cuando empezó su trabajo de mentalización, artículos en prensa incluidos, hasta que la idea fue tomando cuerpo y creciendo, creciendo, para llegar a lo que fue: Uno de los primeros productos de nuestra tierra.

Y a todas estas, qué desmemoriados, cicateros y poco agradecidos somos –entre los que  me incluyo- con los próceres que ha dado Guía de Gran Canaria. ¿Veremos algún día una calle con su nombre?

Erasmo Quintana.
Agosto de 2007.




Fulanito llamando a su mujer



ANÉCDOTA




Vídeo
 de Pedro Forteza contando una anécdota de "fulanito de tal" cuando, estando ingresado en la clínica El Pino, telefonea
 al bar del pueblo para que le den un recado a su mujer, ya que en su casa no hay teléfono.





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Fiesta de San Roque 2007


    Fiesta de San Roque 2007

             Fotos de Pedro Naranjo



Cuestión de fe. Erasmo Quintana

Relatos cortos (6)

Erasmo Quintana

El Supremo Hacedor de todas las cosas, sin que yo haga nada para merecerlo, ha sido sumamente bondadoso conmigo: Me ha dado una excelente compañera de fatigas y cuatro hijos que me han hecho ser más responsable de lo que era cuando no estaban en este mundo. Siendo aún pequeños solía disponer el tiempo necesario para dedicarlo enteramente a ellos, y, acompañados su madre, dábamos por ahí con relativa frecuencia paseos en nuestro coche para que se me oxigenaran, cosa que les hacía mucha ilusión.

Uno de esos días, mi hija la menor, con ocho años no cumplidos y en esos momentos preparándose para la primera comunión, con el desparpajo propio de sus pocos años me sorprendió haciendo la siguiente pregunta mientras el autor de sus días iba atento al volante: -Papá, ¿por qué yo no veo a Dios? A lo cual contesté: - Dios no es visible a nuestros ojos, pero sí podemos adivinarlo, o verlo si tú quieres, a través de su inmensa e inalcanzable obra; Dios está en todas partes, y el lugar donde se le va a rezar y a pedirle algo importante es en las iglesias.

Mientras esto como pude contestaba (que es lo que siempre me enseñaron), comprendí que no iba a bastarle. En efecto no quedó su curiosidad infantil del todo satisfecha, porque inmediatamente me espetó algo contrariada: - Yo no lo veo en ninguna parte, papá, y en las iglesias, son estatuas las que hay, o cuadros, representándolo. Insistí diciéndole que en las iglesias hay una lamparita siempre encendida, que es el Santísimo, y allí está Él continuamente presente; y que cada vez que se celebra una misa entrega su cuerpo y su sangre, todo por su infinito amor a nosotros. De soslayo y por el retrovisor pude observar que hacía un mohín que la delataba, por lo que pude adivinar en ella una cierta reacción mezcla de frustración y desencanto, a lo que me dije para lo cóncavo de mi corazón: - ¡Es mucho para sus pocos años!

Desde aquel día no hice sino desear que cuando tuviera más edad, pueda ver a Dios en la ola que rompe en la roca; en la brisa que mueve la hoja; en la mariposa que va, coqueta, posándose leve de ésta a aquella rosa. En el pinzón azul, que azaroso, protege su nido; en la cara del niño en su cuna dormido. En el abuelo contemplativo y paciente esperando su “hora”; en el joven, que inflamado de ilusión temblorosa, requiebra a la moza. En la alegría, la pena tenebrosa; en las esperanzas rotas. En esos por-qué, para-qué, a-dónde de nuestra existencia. En el desaliento, en fin, y la euforia loca, y en esos insondables abismos del alma quiero que vea a Dios, como su padre.

Erasmo Quintana Ruiz            agosto-2007



Coro de la Escuela de Música


Coro de la Escuela de Música
             Fotos de José M. Vega