Santiago Gil a Santiago Gil
Por Santiago Gil García
Los homenajes, como la vida, son siempre azarosos. A vecesllegan a tiempo y se disfrutan, otras veces no llegan nunca y de vez en cuando
llegan cuando parecía que estaba todo perdido. No creo que nadie vaya por la
vida soñando un homenaje, y el que lo hace lo más probable es que sea un
engreído y un vanidoso que acabará como un petimetre y un pisaverde.
A la vida se viene a vivir y a hacer lo que nos dejan para
tratar de ser felices, y en la medida de lo posible, para irradiar esa
felicidad a quienes nos rodean. Mi abuelo Santiago (Santiago Gil Cabrera,
Santiaguito el de la bodega) vivió la vida tratando de hacer en todo momento lo
que le gustaba. Y ahora, treinta años después de su muerte, nos hemos
congregado en la Plaza Grande para recordarlo y homenajearlo. De entrada, hay que dar las
gracias a la Corporación que preside Fernando Bañolas, y a la concejala de
Cultura, Mary Carmen Mendoza, por propiciar estos milagros. Y sobre todo por
abrir los actos del pueblo a la gente del pueblo, a todos aquellos que
trabajaron duramente por sacar adelante a los suyos y por ayudar a engrandecer
el lugar que habitaban.
Mi abuelo no descubrió ninguna fórmula química, ni
escribió libros laureados, ni pasó por la universidad. Sin embargo, dejó huella
y aún anda en la memoria de quienes le conocieron, o es una referencia para
quienes nacieron muchos años después y ya sólo escucharon su nombre como parte
del anecdotario guiense. Yo sí le conocí, a lo mejor pocos años, pero los
suficientes como para que su presencia siempre se haya quedado presidiendo
muchos de mis recuerdos de la infancia. Yo de niño lo veía como un hombre
grandullón que imponía por su seriedad y su presencia. Pero luego aquel hombre
se transformaba en mi cómplice de juegos improvisados, me elevaba a los aires
fingiendo que me echaba a volar, o me acercaba a las jaulas para contarme la
vida de cada uno de sus pájaros cantores.
Ya digo que mi abuelo, en apariencia, no era de los que
hicieran prever homenajes, ditirambos o
reconocimientos futuros. Sin embargo estamos aquí esta noche para recordar su
vida y para devolverle parte de lo que él nos dio a nosotros. Quedó en el
tiempo, sin duda el gran juez inexorable que pone las cosas en su sitio, y dejó
mil recuerdos y vivencias que le han ido sobreviviendo todos estos años. Raro
es el mes en que al pronunciar mi nombre no dé con alguien del Norte que me
relacione con él. Sobre todo entre la gente ya entrada en años. Sobre la marcha
aparecen el olor de la carne mechada que tantos guienses han guardado para
siempre en sus pituitarias, los sonidos de su timple, las palomas mensajeras
que traían los resultados del Tirma, el Ajódar o la incipiente Unión Deportiva
Las Palmas, los cientos de pájaros, los gallos de pelea y aquel mundo que quedó
guardado en la penumbra de una bodega que, quizá cuando ha cerrado, es cuando
más se ha valorado por los miles de guienses que vieron pasar sus días entre
tertulias y tocatas inolvidables. Y luego, claro, está el queso de Guía.
La bodega, que espero que gracias a la iniciativa que
comandan guienses de pro como Antonio Aguiar Díaz, Javier Estévez Domínguez o
Sergio Aguiar Castellano pueda volver a abrir sus puertas, fue durante años uno
de los lugares donde más y mejor se comercializó y se promocionó nuestro
producto gastronómico por excelencia. Fue el esfuerzo de mi abuelo, y luego de
mi padre y mi hermano, junto con el de otros empresarios de la zona como Arturo,
Pineda o Augusto Álamo, el que mantuvo vivo y rentable un producto que por
suerte está a punto de tener una garantía futura a través de la denominación de
origen.
Pero Santiago Gil Cabrera también tomó partido en la vida política
guiense como concejal junto al inolvidable y destacado impulsor de nuestro
pueblo, el alcalde Juan García Mateos. Y no digamos nada de su devoción por el
deporte, por la lucha canaria y el fútbol, por las peleas de gallos, y por todo
lo relacionado con el mundo de las aves, especialmente con los pájaros
canarios, lo capirotes o los pintos. Se tiraba horas y horas tocando el timple
delante de los pájaros, y no sé quién influyó más en quién, porque si unos
cantaban sinfónicos y virtuosos, el otro no le iba a la zaga haciéndonos tocar
el séptimo cielo con sus acordes. Y como ya he repetido, tampoco podemos obviar
sus dotes culinarias, ni su bonhomía, ni el carácter que le asemejaba a
aquellos canariones de antes que cada vez abundan menos por esta isla. Un gran
tipo, un personaje de los que perduran.
Un buen hombre que supo ganarse el respeto y el cariño de la gente. Y no es que
lo diga yo porque sea su nieto: me lo repiten todos los que le conocieron.
Pocas veces he hallado tanta unanimidad a la hora de hablar de alguien. Uno
siente un orgullo especial sabiendo que lleva genes tan queridos y tan
admirados, sobre todo porque son genes de gente del pueblo, sencilla y
trabajadora, de aquéllos que empujaron el carro con denuedo y sacrificio para
que hoy nosotros pudiéramos vivir un poco mejor.
Al homenajear a mi abuelo se está homenajeando a varias
generaciones de canarios con un jeito y una forma muy especial de afrontar los
tres días que estamos sobre la tierra. Creo que esa condición temporal la
tenían bastante asumida, y por eso supieron tomarse las cosas con humor, casi
siempre socarrón y cargado de ironía, y al mismo tiempo con una pachorra que
frenara la velocidad de los días y de los años; y por supuesto también con
palabras y acordes musicales que ayudaran a volver mágicos e inolvidables cada
uno de los segundos que fueron viviendo. Mi abuelo procedía de la zona de San
Lorenzo, aunque su primera biografía se escribe sobre todo en Arucas. Así como
por parte materna mi condición de guiense se pierde en la noche de los tiempos,
en la paterna jugó mucho el azar, el amor y el espíritu emprendedor de mi
abuelo. De San Lorenzo pasó a Arucas a trabajar con su hermano Juan Miguel Gil,
que regentaba un negocio parecido al que luego abriría mi abuelo en Guía. Allí
conoció a mi abuela, Cristina Romero Betancort. Hablaba antes del amor porque
entre ambos, entre Santiago y Cristina, hubo una apuesta decidida por compartir
destino por encima de frenos familiares o distancias sociales. Llegaron a Guía
y mi abuelo abrió el primer negocio casi enfrente de la posterior bodega, en
donde estuvo la horchatería, en la misma calle Marqués del Muni. Ya en 1936,
azarosamente el mismo día que empezó la malhadada Guerra Civil, el 18 de julio,
abrió la actual bodega con el formato de tienda y bar tan propio de muchos
negocios de aquellos años en los entornos rurales de Gran Canaria. Durante 70
años allí se fue escribiendo buena parte de la historia de nuestro municipio.
Se celebraban alegrías y se lloraban penas.
Mi abuelo Santiago también ayudó en todo lo que pudo a los
más humildes durante la época del racionamiento, y llegó a tener el surtidor de
gasolina en el que se abastecía la mayor parte de los vehículos que se movían
entre La Aldea y la capital. No se hizo millonario. Nunca fue una persona
ambiciosa. Se conformaba con ser feliz y con hacer felices a los demás. Por eso
no lo hemos olvidado. Dejó la huella más indeleble que puede dejar uno sobre la
tierra: la memoria de una presencia llena de energía y de fuerza vital. En su
hija María Cristina (a la que, junto a mi abuela, también quiero sumar a este
homenaje), en Toñi, en María Eugenia, y por supuesto en su hijo Chago (que es
quien ha sabido mantener la memoria de mi abuelo, de hecho creo que sin su
mediación a lo mejor su recuerdo no hubiera perdurado como lo ha hecho), se mantuvieron algunos de sus más recordados
gestos y la mayor parte de sus valores. Unos valores que de alguna manera
también nos han transmitido luego a los nietos para ayudarnos a ser mejores
personas.
Como decía al principio, esta noche no sólo se homenajea a
mi abuelo. Junto a él están representados en este acto todos aquellos
comerciantes del pueblo que tuvieron
negocio en nuestras calles entre los años treinta y los años ochenta. Eran unas
tiendas con otro encanto, en buena medida por la peculiaridad y la presencia de
quienes las regentaban. Espero que la bodega pueda volver a abrirse como museo
y lugar de referencia para los guienses, y también para los que nos visitan desde
todas partes del mundo buscando el reclamo de un sitio que entre mi padre, mi
abuelo y mi hermano supieron hacer emblemático y tremendamente unido a la
propia personalidad y a la imagen de nuestro casco histórico. Más de treinta
años después de su muerte seguimos hablando de Santiago Gil Cabrera, de “Santiaguito
el de la bodega”, como si estuviera sentado en esta plaza por la que aún
resuenan sus pasos cómplices y cercanos, sin duda eternos. Parafraseando a
Jorge Manrique continuamos hablando “de
aquel que aunque la vida perdió, dexónos harto consuelo su memoria”. Para seguir recordándolo yo creo que no hay
nada mejor que la música. Dicen los que saben del cerebro humano, y yo creo que
es algo que podría corroborar cualquiera de nosotros, que los olores y la
música es lo que más raudamente nos coloca en el camino de los recuerdos. Si
cerramos los ojos y recordamos aquellos olores que salían desde la cocina del
Siete y se colaban por todo el pueblo veríamos sobre la marcha la sonrisa bonachona
de Santiago Gil Cabrera. También lo podemos encontrar cada vez que suena un
timple llevando acordes de nuestro folclore. Hoy ese honor de llevarnos al ayer
le corresponde al grupo Ayres. Les dejo con su música, la misma música que,
habiendo vibrado en el corazón de nuestros abuelos, se sigue prodigando
milagrosa cada vez que se adueña del espacio y del tiempo de cada uno de
nosotros. Muchas gracias.
NOTA: Texto íntegro del discurso pronunciado con motivo del homenaje póstuno a su abuelo "Santiaguito
el de la Bodega"
VER CRÓNICA DEL HOMENAJE (Joaquín Rodríguez)
VER GALERÍA DE FOTOS DEL HOMENAJE (Pachi Rivero)
VER
ARCHIVO DE FOTOS (cedidas
por Sergio Aguiar)
De subjetividades. Erasmo Quintana
Erasmo QuintanaErnesto es lo que se dice un hombre de los tiempos que corren. Proveniente de familia acomodada, estudió en los mejores colegios y completó su formación haciendo estudios universitarios, siempre con notas de sobresaliente. Hombre metódico y disciplinado, no tuvo grandes problemas para alcanzar los objetivos que se había marcado. Hoy es un alto ejecutivo de una gran empresa multinacional, por lo que son frecuentes sus viajes entre continentes. Su aspecto es de lo más pulcro y elegante; viste ropa de marca y trajes a medida bien cortados. Cuida mucho de su aspecto: elige muy bien sus camisas y corbatas, con las que va siempre a la moda. A ello une un físico de gimnasio y es bien parecido. Gusta a todo el mundo porque es simpático, y a su natural facundia la acompaña con una excelente versatilidad, que es un gusto oirle hablar sobre cualquier tema que se tercie en su conversación con amigos o con los rigurosos contactos con personas que tienen que ver con su alta responsabilidad profesional. Ernesto es, pues, un triunfador: las mujeres se lo disputan y él, con afectada cortesía, procura quedar bien con todas, porque siempre hay un hueco en su apretada agenda para complacerlas.
Cada final de jornada busca el descanso obsesivamente en el apartamento de lujo que posee en una de las principales vías de la capital de la villa y corte. Suena el teléfono mientras sale de la ducha, esperando oir al otro lado una voz femenina que esperaba. Su sorpresa fue doble porque la voz no era la presentida y, además, de un hombre que conoció al instante.
-¡Hombre, no me digas que eres tú, Jacinto!
-Sí; me enteré que vas a estar aquí de negocios –le contesto- y no me lo pensé dos veces localizarte. Me agradaría que dispusieras un poco de tu agenda para recordar juntos nuestros buenos tiempos.
Ernesto es el amigo de pupitre y mi mejor confidente desde la época de los primeros estudios; fue mi cómplice y mentor; en aplicación y resultados siempre brilló más que yo en todas las disciplinas académicas. Ello, sin embargo, no impidió que entre ambos creciera una afectiva amistad y un rotundo y sincero aprecio. Acabados los estudios preuniversitarios, cada uno siguió distinto camino, pues yo, por imperativos familiares no hice el acceso a la Universidad, incorporándome al mundo laboral, sin grandes pretensiones, siendo el derrotero final en el que incardiné mi vida. Han pasado años desde entonces, y ambos con deseos de encontrarnos de nuevo y rememorar tiempos idos, felices y despreocupados. Nos citamos para el día siguiente en una terraza de moda, donde acude gente guapa y del mayor postín de la capital.
El primero en aparecer al lugar de la cita fui yo. Tomé asiento en la mesa más próxima, y con el ceremonial de rigor, parsimoniosamente encendí el primer cigarrillo mientras examinaba lo que acontecía a mi alrededor. Ví un grupo de gente que me pareció pija, no solo por su vestimenta, sino en los modales y teatralidad con la que se hablaban. Fijé mi atención especialmente en una joven que gesticula con ademanes estudiados, haciendo que sus compañeros de tertulia repararan en sus joyas –que debían ser costosísimas-, adornando su mano izquierda y un generoso pecho escotado, en el que uno de ellos –el más salido de todos- tenía fijada la mirada libidinosa. Sus interlocutores no eran menos, y respondíanles con gestos igualmente teatralmente afectados y desproporcionados. Mientras, yo me impacientaba con la espera, y mi atención ahora se centra en la espesa polución de tanto automóvil que circula por la zona, cosa que me es ostensible al ser atravesada por los últimos rayos del sol de la tarde.
Oí mi nombre en una voz conocida, e inmediatamente me giré convencido de no estar equivocado. En efecto, era Ernesto; di un salto en mi asiento y me fundí en un cálido abrazo con el amigo, tanto tiempo ausente. Tras los primeros saludos de rigor, pedimos algo al camarero que servía en las mesas; pausadamente hablamos de lo divino y lo humano. Ernesto, con su proverbial facundia me contaba toda clase de peripecias que le llevaron al actual envidiable estatus que disfruta. Hablaba sin parar, y yo, todo oídos, sin darme cuenta, poco a poco me voy desconectando de lo que escuchaba; mi atención ya está en otra parte. Nada oigo, más bien reparo en cómo lo dice, en los gestos, en su más que impecable vestimenta; la forma de poner los labios y el arqueo de las cejas me empiezan a ser molestos. Las manos de Ernesto igualmente no paran de gesticular, cosa que me desagrada en extremo y me decía para mis adentros “a ver si las para ya de una vez, coño”. Noto que un rizo de su mediana y cuidada melena se le introduce en la comisura de su ojo derecho, provocando en mí un irrefrenable deseo de quitárselo, cosa que no hago. La voz de mi amigo me sonaba ya en los oídos como un profundo eco lejano, y siento un deseo infinito de que se calle, cesando su antipática letanía, y con ello, la ocasión de poder levantarme, desapareciendo de la escena.
No pienso más que en lo incómodo que me encuentro con el estirado ejecutivo. Me revuelvo nervioso en mi silla metálica, mirando de reojo mi reloj de pulsera; aumenta por momentos mi malestar comprobando que habían transcurrido más de tres horas sin yo casi poder articular palabra. Consumíamos –tampoco había reparado en ello- el quinto café con coñac y nata, y el cenicero, que había sido reemplazado varias veces, estaba atiborrado de colillas mal apagadas que se desparramaban por la mesa y por los suelos. Aquel personaje que tenía delante, otro tiempo tan simpático y grato para mí, ahora se me antojaba, sin ningún género de duda, antipático y lleno de defectos. A su lado me estaba sintiendo fatal; de él ahora me desagrada casi todo, por lo que, no aguantando más tan enojosa situación, y deseando aliviarme respirando hondo en mi soledad, bruscamente lo interrumpí de su larga perorata, espetándole: “Ernesto: adiós, hasta nunca”, y desaparecí de la escena como alma que lleva el diablo.
Doblando la esquina oí que Ernesto, no alcanzando a comprender tal vez mi gesto inesperado, junto a la sorpresa que llevó aparejada, para él, tan extraña conducta, oí que decía:
-“No he disfrutado la compañía de un amigo de toda mi vida, como esperaba; he estado todo este tiempo al lado de alguien que ha resultado ser un extraño, un completo desconocido para mí ”.
Erasmo Quintana Ruiz agosto-2007
Son cosas de partido. Erasmo Quintana.
Estaexpresión tan socorrida “son cosas de partido”, es lo único que se le
ha ocurrido a Mariano Rajoy para justificar el cese inducido de Josep
Piqué en Cataluña. Político brillante y de contrastada capacidad con
las carteras que desempeñó en los gobiernos de Aznar, es el mismo al
que se le atribuye desde Génova el fracaso de los magros resultados de
su partido en aquella zona levantina. Erasmo Quintana.
Esta expresión tan socorrida “son cosas de partido”, es lo único que se le ha ocurrido a Mariano Rajoy para justificar el cese inducido de Josep Piqué en Cataluña. Político brillante y de contrastada capacidad con las carteras que desempeñó en los gobiernos de Aznar, es el mismo al que se le atribuye desde Génova el fracaso de los magros resultados de su partido en aquella zona levantina.Esas “cosas de partido” han impedido hacer un diagnóstico acertado del mal que aqueja al PP con los catalanes hasta el punto que son incapaces Rajoy, Acebes y Zaplana de analizar, objetivamente, teniendo en cuenta lo mucho que se atacó al país de la sardana a cuenta del nuevo Estatuto –recordemos que hasta el extremo de hacer boicot nacional al cava, y que el mismo Rajoy quiso minimizar yendo a Cataluña para hacerse la foto brindando con el denostado caldo-. No ver en este y otros desaciertos de igual vitola la causa de su actual descalabro es lo que nos hace ver que andan desnortados. No, insisten, la culpa es de Piqué porque es muy catalán y hay que sustituirlo. ¡Cómo se las gastan los políticos en la política! Si en Cataluña el PP no anda bien, algo que ya se ha encargado de enfatizar su antecesor Vidal Cuadras (que hace leña del árbol caído), la culpa en verdad no es de nadie más que de la desacertada estrategia a nivel nacional del Partido Popular. No la busquen en ninguna otra parte.
Este curioso fenómeno que se da en el principal partido de la oposición es extrapolable a lo que está sucediendo en Canarias con ATI-CC. A Román Rodríguez se lo “cepillaron” haciéndolo culpable del medio descalabro que sufrió CC en el 99. Aquellos resultados le sirvió de buena excusa a ATI para quitarse de encima a alguien que les olía a azufre. Tampoco estuvieron muy finos los responsables de esa formación insularista en el análisis. Coalición de Gran Canaria no tuvo la culpa de que los electores vieran que votando a Román era apoyar a ATI en la isla redonda. Lo mismo que en estos últimos comicios: la gran debacle sufrida por este partido en Gran Canaria es porque a los grancanarios, de natural tranquilos y más bien pasotas, les han encendido el bombillo rojo de alerta los mismos voceros de ATI, hasta el punto de intentar quitarnos el “gran” que es, lindeza entre otras, lo que nos galvanizó.
Malo es, o bueno según se mire, un pueblo cuando despierta. Consecuencia, que se terminó por no saber dónde andaba Mauricio y CC de Gran Canaria completamente laminada. ¿Culpables?, para ATI los responsables están aquí. Mas téngase en cuenta que una organización política debe ser como una gran familia, donde el cabeza cuando ve que uno de sus miembros no va bien, a ése va dirigida toda su atención y desvelos ayudándole más que a los que no lo necesitan tanto. Pero, por lo que vemos, en política es al revés: si te va mal, ahí te hundes y pudres en las cavernas tenebrosas. Lo que demuestra que en política no todo vale. El caso de Mari Mar Julios es más insondable todavía; no sabemos si su elegante apartamiento de puestos de gestión al que fue sometida se ha debido al castigo que venimos comentando o a que no se aprobó su labor al frente de las dos importantes consejerías que desempeñaba. ¿La culpan en exclusiva de lo mal que está la sanidad, que si te van a operar de corazón mejor vayas a Tenerife, o es víctima de la imposición de la otra parte contratante (PP) para que la ex socialista Mercedes Roldós asumiera esta milmillonaria cartera? Chi lo sa?
En Guía de Gran Canaria ha tocado nuevamente la pedrea con el nombramiento del fichaje de última hora, Guillermo Melián, al que han dado la Dirección General de Ordenación e Innovación Educativa. En la pasada legislatura hubo otra Dirección General –muy dignamente desempeñada por Pedro Rodríguez - y esta vez no esperamos menos. ¿Caerá alguna más? Valía para que caigan en Guía estas pedreas la tiene más que sobrada, pues ya es un mérito grande que haya, con lo que ha caído, una ciudad en Gran Canaria que defienda a ATI tan bien como lo hizo hasta aquí, y continúa haciendo.
Erasmo Quintana
Agosto de 2007
Mesa redonda y exposición fotográfica

El día 9 a las 20:00 tendrá lugar en la Casa de la Cultura una mesa redonda sobre el 25 aniversario de la declaración de Guía como Conjunto
Histórico. A las 21:00 se inaugura una exposición
fotográfica monográfica "que comparte el ideal vanguardista de desafiar las normas
establecidas de lo bello para encontrar en nuestro Conjunto Histórico,
otra belleza diferente y oculta" (Javier Estévez). Estará abierta hasta el día 19 de agosto.
Mesa redonda y exposición fotográfica sobre el Conjunto Histórico de Guía
El día 9 de agosto, a las 20:00, tendrá lugar en la Casa de la Cultura una mesa redonda sobre el 25 aniversario de la declaración de Guía como ConjuntoHistórico.
A las 21:00 se inaugura una exposición
fotográfica monográfica que, en palabras de Javier Estévez, "comparte el ideal vanguardista de desafiar las normas
establecidas de lo bello para encontrar en nuestro Conjunto Histórico,
otra belleza diferente y oculta".
DIÁLOGOS ENTRE LA LUZ Y LA PIEDRA
Una visión diferente del conjunto histórico
Por Javier Estévez
A primera vista, parece innegable que la fotografía es un fiel registro de la realidad. Si la relación del arte con ésta ha sido tradicionalmente privilegiada -y no lo neguemos, también especialmente compleja- en el caso de la fotografía parece especialmente justificada. Las imágenes son verdaderas en cuanto se asemejan a lo real, pero son falsas pues sólo son apariencia. La lectura de la obra de Susan Sontag “Sobre la fotografía”, me ha enseñado la relación de difícil equilibrio que la fotografía mantiene con el arte, el mundo y con la verdad.
Sin embargo, tras esta reflexión, tras la cámara fotográfica, se esconde una verdad incuestionable: somos incapaces de ver la luz. Jamás. Por paradójico que parezca, la luz siempre es invisible e infinita. Aceptada esta premisa, dirijámonos a otra verdad irrefutable: el paisaje visible de nuestro conjunto histórico, el fenopaisaje, no ha sido construido exclusivamente por el ser humano: sin la participación de la luz, nada sería tal y como es: ni sus fachadas neoclásicas, ni sus cornisas barroquizantes, ni sus arcadas tardorenacentistas, ni sus balcones mudéjares, ni sus colores, ni sus texturas, ni sus líneas y volúmenes. Nada. Sin la luz todo sería una irremediable y absoluta oscuridad.
De este modo, se ha establecido en Guía una simbiosis realmente interesante: el Conjunto necesita la luz para hacer visible su calidad histórica y artística y la luz precisa del Conjunto para ser tangible, para manifestar y gritar su existencia. Y gracias a la fotografía podemos ser partícipes y testigos de ese diálogo incesante, de esa conversación secular e inevitable.
Hay veces en los que he pensado que en cierto modo, una fotografía es como un secreto acerca de un secreto; cuanto más te dice menos sabes.
La nuestra es una época de nostalgias y las fotografías promueven la nostalgia activamente. Quizás por eso conmemoramos tantas efemérides y sólo nos atrevamos a justificarlas parapetándonos tras la denominada justicia histórica. Ahora nos toca celebrar la declaración de nuestra ciudad histórica como Conjunto Histórico Artístico Nacional.
En un principio parece terriblemente difícil aportar alguna imagen original de un espacio que ha sido tan intensa y pormenorizadamente retratado. Sin embargo, les aseguro que pocas exposiciones han conseguido construir un discurso tan completo y coherente sobre Guía como lo consigue ésta, mostrándonos aspectos que nuestros propios ojos han sido incapaces de ver. La tarea de estos fotógrafos, inevitablemente aficionados, ha sido sobre todo profética y subversiva. Pero sobre todo, reveladora.
En esta exposición monográfica se comparte el ideal vanguardista de desafiar las normas establecidas de lo bello para encontrar en nuestro Conjunto Histórico, otra belleza diferente y oculta.
Charla sobre el Poeta Bento
Una buena puesta en escena de una documentada charla
Charla sobre la trayectoria vital de nuestro Poeta Bento
Rodríguez, con un grupo de excelentes colaboradores, ofreció anoche una
charla sobre la vida y obra de quien ha sido calificado como el iniciador del romanticismo en
Canarias desde el punto de vista histórico, que agradó por su contenido y por su puesta en escena. El acto tuvo lugar a las 20:00 en la Casa de la Cultura.
Ya en la obra, presentó a Clemente Reyes y a Misael Jordán, quienes iban vestidos a la usanza de la época. Mentó también a Juany Santana como "espontáneo", que se lució con aquello de "Soberana Tontería..."; sólo 4 estrofas, pero con tal arte que le tributaron un sonoro aplauso, ¡impresionante!
Si no la primera desde el punto de vista cronológico, sí puede decirse que fue la audición publica realizada anoche de parte del poemario de Bento es la gestada con mayor documentación y despliegue de medios.

En la recta final de su charla, Joaquín Rodríguez manifestó que la obra de Bento merece ser más conocida, pues con sus defectos y virtudes forma parte de la poesía neoclasicista prerromántica y de la historia de esta Ciudad.
A título reivindicativo, hizo las siguientes reflexiones:
"El 7 de julio de 1931, con motivo del Centenario de su muerte, se publicaba en “La Voz del Norte”, un largo artículo de Miguel Santiago, sobre la obra dramática de nuestro Poeta. De todo lo dicho en el mismo, me he quedado con este párrafo:
“... Aunque no estoy minuciosamente enterado del asunto, tengo entendido que uno de los actos de este Homenaje al poeta, consistirá en la publicación de las composiciones poéticas debidas a su aventurera pluma y que por feliz casualidad, y conservadas “como oro en paño” posee un culto y amante hijo de Guía...”
El 26 de noviembre de ese mismo año, poco más de 4 meses después, Néstor Álamo recordaba en el Diario de Las Palmas, el centenario, terminándolo así:
“... Hubo un espíritu selecto que quiso reinvidicar desde su situación pública el nombre caído en el olvido. El esfuerzo, noble, no llegó a cristalizar. En el primer centenario de su muerte, quizá serán estas líneas la única reverencia hecha a su vida y muerte. Muerte y olvido de Rafael Bento... “
En ese Centenario se dio nombre a una calle, que parece fue cambiada y que hoy es la que une Luis Suárez Galván con la calle Real.
Con el tiempo, también Las Palmas de Gran Canaria y Telde le han dedicado una calle. Insignes profesores y escritores le siguen citando. En 1983 se publicó el más completo y moderno estudio de nuestro poeta, el libro de José Évora"
225º aniversario de su nacimiento.
El conferenciante finalizó con las siguientes palabras: "Una vez más, al igual que en 1976 y en 2003, me encuentro solicitando, exigiendo, que algún organismo (hacemos especial llamamiento al Excelentísimo Ayuntamiento de Santa María de Guía), ponga un poco de empeño y edite una compilación o la totalidad de su obra. Publicación que no sólo merece Bento, sino también a la que, como guienses, tenemos derecho"
Tampoco sería descabellado, añadió, en esta Ciudad que se ha preciado de celebrar Juegos Florales de altura, el estudiar la creación de un premio de Poesía que lleve su nombre. En tanto llega ese día, se honra honrando la memoria del poeta olvidado, figura destacada del parnaso isleño y uno de los más legítimos valores de nuestra tierra.
XIV Festival de Folclore
El 3 de agosto da comienzo el XIV Festival Nacional de Folclore “Isla de Gran Canaria” en Santa Brígida que este año contará con la participación de los siguientes grupos: Tramuntana de Menorca; Grupo de Danzas Regionales Tizona de Zamora; el Grupo Aires de La Rioja, el grupo Berriztasuna Dan-tza Taldea y la Agrupación Folklórica “Estrella y Guía de Gran Canaria”, grupo anfitrión y organizador de este festival.La Agrupación Folklórica Estrella y Guía organiza este Festival en colaboración con varios ayuntamientos de Gran Canaria como son: Santa María de Guía, Agaete, Firgas, Ingenio, Santa Brígida, Telde y Valsequilllo.
Este evento nació en el año 1994 celebrándose desde entonces de forma ininterrumpida con el propósito de fomentar y dar a conocer tanto el folklore de nuestras islas como el de otras zonas de la geografía nacional a través del intercambio cultural.
Los actos a desarrollar en Guía serán los siguientes:
Sábado día 4 de agosto a las 20:00 horas pasacalle de los grupos participantes y a las 20:30 izado de las banderas de la Comunidades Autónomas invitadas en el pórtico de la Iglesia Matriz de Santa María de Guía. A continuación en la Plaza Grande actuarán los grupos invitados.
Domingo 12 de agosto a las 12:30 horas clausura del festival, con la actuación de la A.F. Real Hespérides de Tenerife; A.F. Lairaga de Guía y la A.F. Estrella y Guía de Gran Canaria.
Al finalizar las actuaciones habrá una degustación de las comidas típicas de los grupos participantes.
Danza
Siguiendo con los actos de las Fiestas de la Virgen mañana viernes a las 21:00 horas en la Plaza Grande está previsto el espectáculo de danza: “ Cromosomos” a cargo de la compañía “Berthelius”
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En la casa de Saulo
Santiago GilPara Saulo y Laura, que habitan el espacio en el que en otro tiempo tuvimos un rincón de nuestro paraíso
No sólo jugábamos en la calle. Los días de lluvia buscábamos refugio en nuestra casa o en las casas de nuestros amigos hasta que escampaba. Los niños éramos como las moscas o los pájaros y ya sabíamos desde que empezaba el día cómo iba a estar el tiempo. Todavía conservábamos un sexto sentido más en contacto con la naturaleza, una especie de herencia atávica que luego hemos ido perdiendo con el paso de los años y el alejamiento de la tierra mojada. De niños no teníamos miedo a los animales. El miedo viene luego con la racionalización de los sueños, las fobias heredadas y cuatro películas o leyendas mal asimiladas en su momento. Nos meten el miedo en el cuerpo para intentar tenernos controlados. Y lo primero que hacen es robarnos la bendita libertad de seguir haciendo lo que a uno le da la real gana, que es lo que hacíamos cuando éramos niños, jugar, dejarnos llevar, disfrutar cada segundo de nuestra existencia y preocuparnos sólo cuando algo se interponía entre la diversión y nosotros.
La lluvia era una de nuestras más enconadas enemigas. Las calles mojadas no eran aliadas de las bicicletas y los balones, ni tampoco del callejeo en busca de aventuras. No quedaba más remedio que buscar refugios para seguir jugando. Y la Casa de Saulo, en la Calle del Medio, era sin duda uno de nuestros refugios preferidos. Por allí andaba un gato siamés abúlico y gandul que era de la Tía Seita, o el genio de la tía de Quica yendo de un lado para otro y sacándonos a todos nosotros la memoria de nuestros padres y abuelos, con todo el anecdotario socarrón tan propio de nuestros mayores. Y luego la tía Carmencita, que recuerdo que fue a la primera mujer que yo vi fumar, y además Mecánico. Nos quedábamos mirando para ella alucinados. No era el prototipo de señora mayor que veíamos por Guía. Tenía mucho carácter, se dirigía a nosotros de tú a tú y poniendo los puntos sobre las íes cuando hacíamos algo mal, y además no se casaba con nadie. Con los años la pude conocer más en el Puerto de Las Nieves, donde siempre iba con sus perros con nombres de personas y su cigarro pegado a la comisura de los labios. A mí si me dieran a elegir la vejez no desdeñaría un paisaje como el del Puerto de Las Nieves de hace treinta años y tres o cuatro perros para pasear al atardecer. Pude despedirme de ella un día en que Tomasín se metió como se metía siempre por el hospital de San Roque, igual que Mateo por su casa, y se empeñó en ir a saludarla. Él me decía que quería ir a ver a alguien a quien nombraba Ela, Meeela o algo parecido, que yo no era capaz de descifrar. Íbamos camino de la presa, pero no hubo manera de detenerlo. Cuando llegué frente a Carmencita, o Canca, que creo que es como la llamaba siempre su sobrino Braulio, se me puso un nudo en la garganta. No podía hablar, pero te seguía marcando el paso con los ojos, y les aseguro que los cruces de miradas entre ella y Tomasín todavía los conservo como si estuvieran generando la misma electricidad emotiva de aquel instante.
En la Casa de Saulo estábamos bajo la supervisión de su madre, Mercedes Gloria, que también tenía la facultad de saber hablarnos a los niños como si fuéramos adultos. Quizá hable de esta casa porque estaba situada entre mis dos paraísos infantiles, el de San Roque y Las Barreras y el de La Plaza y el Barranco. Por allí parábamos todos en las subidas y bajadas de las pendientes, siempre corriendo, por supuesto, o haciendo el payaso, o lanzados en bicicleta con el riesgo de rompernos la cabeza en cualquier esquina.
En la Casa de Saulo reinaba el Monopoly. Los demás podíamos tener el juego de marras, pero no era lo mismo, no tenía el mismo caché jugar en tu casa o en cualquier otro lugar que jugar allí con toda la tropa de amigos peleando por la calle de Alcalá o Leganitos. Voy a nombrar a alguno de los que parábamos por allí a menudo, aunque de entrada sé que me voy a dejar a muchos en el olvido. Allá van los que me vienen ahora a la mente: Carlos Aguiar, Pedro Silvela, Martín Julio Suárez, Víctor Aguiar, Francisco Talavera, Antonio y Jerónimo Vera, Tano Mateos, Julio y Rubén Padrón, Octavio Estévez, Miguel Ángel Saavedra, Luis Marino, Quique Miranda, Santiago Bañolas, Isaac, Juanjo Trujillo, Sergio Aguiar, Máximo Bautista, Alex Estévez, Javier Mateos, Francisco Aguiar, José Juan Moreno o Pepe Roque (la casa de éste último era para todos nosotros el paraíso soñado por la cantidad de juguetes y cachivaches que había por todas partes). Se me quedan muchos atrás, lo sé, y cualquier error es una falta de respeto a quienes éramos poco menos que hermanos.
La Casa de Saulo fue testigo de nuestros sueños y de nuestros deseos para el porvenir. No sé si luego a alguno de nosotros se le cumplió ese sueño prematuro que con el tiempo seguro que se fue perfilando de otra manera hasta casi diluirse o parecerse muy poco al original. Saulo tenía el balón del que ya hablaba en otro relato: un balón que nunca recuerdo nuevo y que yo creo que duró toda nuestra infancia, con aquel peso justo para que no te doliera al rematar de cabeza y la textura casi aterciopelada del cuero ajado y curtido en mil batallas. Pero cuando hablo de la Casa de Saulo hablo también del zaguán, de la acera que estaba delante o de la azotea, con esa magia y esa incitación a la aventura que tienen muchas de las azoteas de Guía. En aquella casa, por ejemplo, nos decantamos en la final del Mundial 78 por Holanda o por Argentina. Recuerdo que era el cumpleaños de Saulo. Yo iba con Argentina, por la influencia de Carnevalli, Brindisi y compañía, aunque incomprensiblemente ninguno de aquellos argentinos de Las Palmas jugó el Mundial, y también por Mario Alberto Kempes, uno de mis grandes ídolos de mi infancia futbolera. Esa final se ha convertido en una de las imágenes que se siguen presentando nítidas con el paso de los años. Igual hablo con Saulo o con alguno de los amigos de entonces y ni siquiera se acuerdan. Puede pasar. De hecho yo creo que para recordar deberíamos reunirnos con todos los amigos de la infancia para que cada uno fuera relatando ese momento inolvidable que seguro que el resto no recuerda, entre otras cosas porque los momentos sublimes e inolvidables de cada cual son tan subjetivos como la vida misma. Y también porque la memoria suele hacer con nosotros lo que le da la real gana, aunque por suerte sí es verdad que tiene tendencia a olvidar lo más funesto, y de hecho gracias a esos olvidos necesarios podemos seguir sobreviviendo más o menos dignamente.
Casi todos los amigos que coincidíamos en la Casa de Saulo estudiamos juntos durante muchos años, la mayor parte de ellos con Nicolás Aguiar en el colegio que hoy lleva su nombre. Nos unía el callejeo constante, la búsqueda del juego y un solidario sentido de la diversión y de la propia existencia. A muchos no los veo hace años, y sin embargo cuando nos encontramos nos basta una mirada o un pequeño gesto para recocernos casi como hermanos. No en vano juntos fuimos descubriendo el mundo en las cuatro calles que ahora parecen tan poca cosa, pero que entonces no tenían límite porque nuestra calle no eran sólo unos cuantos adoquines y unas estrechas aceras por las que jamás recuerdo que fuéramos caminando. Cada paso valía su peso en oro y no nos permitíamos jamás perder el tiempo. Siempre estaba la imaginación revoloteando como aquellas mágicas mariposas de colores que andábamos esperando desde que veíamos los capullos de seda en los muros y las paredes. Al final ni las mariposas ni nosotros logramos que se eternizara la primavera.
Septiembre de 2006.
Homenaje a Santiaguito
el de la Bodega
Será el 6 de agosto, a las 21:00, en la Plaza Grande.
Guía rinde homenaje a“Santiago el de la Bodega” en las Fiestas de 2007, hecho que cobra
mayor significación al coincidir con el año de cierre de La Bodega,
cuya reapertura solicitan cerca de mil quinientos ciudadanos que han
escrito con su nombre y apellidos a esta web. Decía Fernando Bañolas, Alcalde de Guía, recientemente, lo siguiente: "Cuando en el año
1936 se hace cargo de su explotación Santiago Gil Cabrera y, más tarde, su hijo
Santiago Gil Romero, el lugar se convierte en todo un símbolo del pueblo, al
haber conservado, casi sin modificaciones, su estética interior en forma de
antigua tienda-bodega, una auténtica abacería. Hace unas
semanas cerró sus puertas la Bodega de Chago, uno de los lugares más
emblemáticos no sólo del municipio de Santa María de Guía, sino de toda la
comarca norte de Gran Canaria. Desde su apertura, a comienzos del pasado siglo,
este establecimiento ha sido durante cerca de cien años un lugar de referencia
cultural, social, turística y etnográfica de todo un pueblo. Cuando en el año
1936 se hace cargo de su explotación Santiago Gil Cabrera y, más tarde, su hijo
Santiago Gil Romero, el lugar se convierte en todo un símbolo del pueblo, al
haber conservado, casi sin modificaciones, su estética interior en forma de
antigua tienda-bodega, una auténtica abacería.
Para aquellos que no
hayan podido conocerla, acceder a ella suponía adentrarse en un lugar donde el
tiempo parecía haberse detenido. Ubicada en un precioso edificio a la entrada
del casco histórico, todo en ella evocaba el sabor de lo antiguo, desde su
mostrador principal, acristalado y construido en mármol y madera, a sus
antiquísimas estanterías que llegaban hasta el techo, repletas de botellas de
vino añejo. Y presidiéndolo todo, en un lugar destacado tras el mostrador,
estaban los cañizos cargados con queso de flor de Guía. Porque la Bodega de
Chago ha sido, entre otras muchas cosas, una ventana abierta al mundo desde
donde promocionar este producto único y artesanal, mucho antes de que nadie se
plantease siquiera su valor (hoy consolidado tras la obtención de su
denominación de origen).
Durante décadas, hemos visto como este lugarera punto de encuentro y parada obligada en el norte grancanario para todas las
personalidades del mundo de la política, la cultura o el periodismo que se
acercaban por una u otra razón a esta zona de la isla. Cuando aún no estaba en
boca de todos como ahora la defensa de nuestra identidad y de nuestras
tradiciones, Santiago Gil Romero, Chago para todos, defendía ya esos valores
desde detrás de su mostrador. Poco a poco, con mucho empeño y tesón, fue
logrando que ese sentir fuese calando en todos nosotros. Por eso ocupa hoy un
lugar tan especial en la memoria sentimental, cercana y más cómplice de los
ciudadanos de Guía y de esta comarca.
Casi sin darnos cuenta, la Bodega
de Chago se convirtió con los años, y hasta su cierre, en un auténtico destino
turístico, un verdadero reclamo para los turistas que llegaban hasta aquí con la
intención de comprar y llevarse a casa un producto artesano, exclusivo y de
calidad. Muchos de ellos, tal vez la mayoría, desconocían que contamos con uno
de los yacimientos arqueológicos más importantes del archipiélago –el Cenobio de
Valerón–, o que aquí nació Luján Pérez –el imaginero más importante que ha dado
Canarias en toda su historia–. Pero a pesar de este desconocimiento, miles de
turistas venidos desde todas partes de la Península y Europa se han acercado
durante las últimas décadas al casco histórico de Guía en busca de la Bodega de
Chago. Porque este lugar posee un valor patrimonial en sí mismo. Es toda una
referencia turística, etnográfica y social. Es un patrimonio excepcional y un
lujo para nosotros haber contado con él y poder seguir haciéndolo en el futuro.
Ahora y ante el anunciode su cierre, se ha puesto en marcha, de forma espontánea, un movimiento
ciudadano para reivindicar que este espacio no se pierda, que se recupere y se
proteja como patrimonio de todos los canarios. Como vecino de este municipio me
siento orgulloso de esta iniciativa popular, y como representante ciudadano me
sumaré a esta reivindicación realizando cuantas gestiones sean oportunas para
recuperar y salvar la Bodega de Chago para los guienses, para los canarios y
para todos aquellos foráneos que aún buscan en nuestra tierra un lugar genuino y
auténtico donde se dé valor y se respete la memoria de nuestro pueblo".
AAAAAAAAAAAAA
Las primeras luces
Santiago GilEstamos marcados inevitablemente por las primeras luces. El
arrebol de los atardeceres de nuestra infancia nos enseñó a buscar siempre la
belleza y armonía, la emoción de los trazos delicados o la fuerza desgarradora
de un rojo intenso o casi negro de nubes y de noche. En medio de la calle y de
los juegos, o en mitad de una finca de plataneras, uno miraba al cielo y veía
una fiesta de colores a su alrededor. Y luego estaba el horizonte, con el mar
más oscuro y decadente, de noche anticipada, cuando mirabas hacia La Atalaya o
Llanos de Parra, o el más luminoso y vívido, final último de los días, cuando lo
hacíamos hacia Sardina, Agaete o Tenerife. El mar lejano iba marcando las pautas
a las tonalidades del cielo, y el Teide, siempre el Teide como referencia mágica
y totémica de nuestra infancia, ponía la solemnidad y la grandilocuencia
trasmutando su color o el brillo de las nieves que tantos sueños despertaban en
cada uno de nosotros.
No creo que entonces describiéramos como lo estoy haciendo yo
ahora una puesta de sol. Entraba dentro de la normalidad. La belleza era
entonces parte del paisaje. Sólo al paso de los años, cuando uno recuerda esas
luces y esa majestuosidad celeste encima de nuestras cabezas, se da cuenta de lo
afortunados que fuimos y de cómo quedamos marcados para siempre por ese concepto
de lo bello y de lo emocionante. Fueron miles de ocasos arrebolados y cargados
de amarantos y de improvisadas tonalidades para las que no creo que contáramos
con nombres descriptivos. Los colores de entonces se veían y desaparecían para
siempre. Ni siquiera las fotos eran capaces de guardar aquellos idílicos
momentos. Sí el recuerdo, sin que uno lo supiera entonces, el recuerdo, ese
extraño que camina con nosotros y que guarda sólo lo que a él le viene en gana,
fue conservando nítidos todos aquellos momentos memorables.
Y luego estaba el azul, la sensación de que uno vivía siempre
protegido en el azul del cielo y del mar. Las horas de la tarde, por ejemplo, se
me siguen presentando silenciosas, quedas, sólo con sonidos de pájaros e
insectos, y siempre con ese azul radiante sobre nuestras cabezas. El azul y el
sol luminoso contribuyendo a que el tiempo pareciera todavía eterno. Uno se
recuerda solo entre esos colores y las calles o los barrancos de la infancia.
Nos sentimos bien cuando el recuerdo nos devuelve ese calor tan cómplice y tan
cercano. Y también cuando en cualquier momento memorable del presente nos
sentimos igual de arropados bajo aquel sol de justicia que paradójicamente se
vuelve evocador cuando ya no azota nuestra espalda o nuestra frente sudorosa. El
sol, el azul, el arrebol de la tarde o la tibia hondura del alba nos acompañan
calentando cada paso que vamos dando por el mundo. Nos basta el recuerdo de
cualquiera de esos rayos o de esos cielos eternos para salvarnos de la
mediocridad, de la estulticia o del miedo. Aquellas luces, nuestras primeras
luces, siguen alumbrando cada uno de nuestros días. Si nos ven esbozando una
media sonrisa en mitad de una tormenta en Londres o en París no es que estemos
locos de remate. Sólo andamos recordando nuestro cielo y nuestro sol, aquella
insondable belleza que llevamos en el brillo de nuestra mirada allá donde nos
conduzcan los pasos cada vez más erráticos de nuestra existencia. Uno es casi
más de la luz que de la tierra que le vio nacer, de las primeras luces, de
aquéllas que no se apagan ni cuando el mundo parece empeñado en echarnos encima
todo su abismo de noche y de negrura. Cierra los ojos y recuerda cuando alzabas
la vista a los once o doce años de un tarde de primavera en medio de la plaza.
Quédate con esa luz. No la pierdas nunca. Ahí siempre estarás a salvo.
Mayo de 2007.
25 años de conjunto histórico
Por Javier Estévez
Comenta Sergio Aguiar que estamos de enhorabuena. La verdad es que lo sabía pero no lo recordaba: este año se cumplen los 25 años de la declaración de nuestra ciudad como Conjunto Histórico Artístico Nacional.Indudablemente profundizaremos en esta efeméride, además de aceptar encantados la propuesta de Sergio de ilustrar interiores de nuestras viviendas: la cara oculta de nuestra ciudad.
Ahora me gustaría colgar esta perspectiva de nuestro torreón-mirador tomada en la cruz de las calles José Samsó y Lepanto. Siempre que vengo de Pineda, cojo por aquí para ir a mi casa y así poder ver esta visión tan tímida, tan "misteriosa" de este hito arquitectónico. Es bellísimo. Creo que el Conjunto no estará realmente rehabilitado (en cuanto a imagen) hasta que no restauren el torreón-mirador. Por cierto, ¿alguién sabe algo de él?. Creo que José F. me comentó una vez que era una especie de salón de té creado por unos ingleses. Si es un error, es por mi mala memoria, no por la indicación de José F.
PUBLICADO EN EL BLOG DE JAVIER ESTEVEZ EL 24.03.07








