Cómo ganarse la vida con la literatura de Santiago Gil
Cómo
ganarse la vida con la literatura de Santiago Gil
Por Federico J. Silva
demostrarnos que se puede vivir para la Literatura sin traicionarla, sin
traicionarse y sin traicionar a los selectos lectores que aún aman la buena
escritura. Diez obras avalan a nuestro autor y ninguna de mis palabras podrán
mejorarlas.
Cómo
ganarse la vida con la literatura de Santiago Gil
Por Federico J. Silva
Obra tras obra, sin denuedo, Santiago Gil sigue empeñado en
demostrarnos que se puede vivir para la Literatura sin traicionarla, sin
traicionarse y sin traicionar a los selectos lectores que aún aman la buena
escritura. Diez obras avalan a nuestro autor y ninguna de mis palabras podrán
mejorarlas.
Hoy comentamos el último de los libros salidos de la factoría
Gil: un supuesto manual [1]para
vivir de la literatura, mas como toda persona bien informada debe saber, el yo
de un poema o de cualquier obra literaria no coincide necesariamente con el del
autor.
Digámoslo ya, quien escribe este vademecum para chulear la
literatura, para trampear con las palabras y recurrir una y otra vez, a
los mismos trucos y chanchullos, y al autoplagio ad nauseam, no es Santiago Gil.
“Este libro –leemos- ayudará a los que quieran ganarse la vida con la
literatura. (p. 15). No obstante, previamente se nos había advertido que “Esto,
al fin y al cabo, es literatura, otra literatura, pero literatura” (p. 14).
Una vez que aceptamos esta convención literaria, podremos
comprobar que estamos ante un novela, torrencial, nerviosa, intensa, de
ineludible lectura, especialmente en la segunda parte, una vez que el personaje,
porque se trata de un personaje (y no de Santiago Gil), toma conciencia de su
devenir final.
¿No les recuerda esta novela a su Por si amanece y no me
encuentras[2]?
¿Qué es Cómo ganarse la vida con la literatura sino un
monólogo interior ininterrumpido
para retratar a un personaje a través de los
propios mecanismos de su pensamiento? ¿No aparece ante nuestros ojos el
protagonista de Los años baldíos[3],
cuando el personaje narra sus inicios románticos en la literatura,
trabajando de guía turístico, en lo que califica de “oficio de mierda” y
“aguantando (la) incultura, la mala educación” de los turistas, “sólo para poder
escribir” (p.36) porque “(lo) salvaba la literatura que pensaba escribir cuando
llegara al apartamento”? (pp 31-32).
Claro que el autor, con suma maestría, va deslizando pequeñas
advertencias para el lector atento: “A veces ponen en mi boca declaraciones que
yo no hubiera dicho ni borracho ni traicionando todavía más todos mis principios
éticos (p. 70). Igualmente, más adelante podemos leer un irónico guiño: “El
mejor ejercicio práctico para no olvidar las consignas de este libro es la
lectura de la obra completa de quien lo escribió” (p. 77).
Una breve relectura de los nueve
libros publicados anteriormente por Santiago Gil echa por tierra la afirmación
capital del personaje de esta novela (“Hace tiempo que no escribo una sola línea
sin pensar en su rentabilidad económica”), que por fortuna no se corresponde con
la praxis literaria y vital de Santiago Gil
Por más que el protagonista asegure -en lo que es un muestrario
de contradicciones, que lo configuran acertadamente como un personaje redondo,
con una complejidad psicológica que va evolucionando a lo largo de la novela-
que “no vale la pena el esfuerzo” (p.13), también afirma que “lo mejor es
escribir muy de mañana” (p. 18). ¿No es un canto al serio trabajo creativo
cuando asegura que “si lo hemos entrenado correctamente, el propio cerebro se
encargará de sacar los cinco o seis folios diarios adelante” (p. 20) o cuando
sentencia que “hay que documentarse, saber de qué se quiere escribir y pergeñar
una historia con interés para el lector. Después hay que trabajar y echarle
horas al asunto” (p. 37).
El mismo personaje, un bluff a sueldo de sí mismo, pese a ser
presentado por el autor como la caricatura de lo más cínico y ególatra que
existe en la república corrupta de las letras, capaz de creerse envidiado por
los que no celebran sus trapicheos, expresa ideas que sólo las suscribiría la
conciencia literaria autentica de Gil.
Cuando la vida pone al personaje en una tesitura decisiva, éste
comienza a dar sanos contraconsejos a los jóvenes autores que quieren vivir de
la literatura. “Lo importante no es llegar sino no traicionarse. (p. 142); “lo
que sí que no deben hacer nunca es pactar con la mediocridad. El artista que lo
hace está perdido para siempre. La mediocridad es todo aquello que no tiene que
ver con la literatura (...) Cuando se escribe por obligación o por dinero todo
nace muerto. (p. 157).
para vivir del cuento, un manual para tahúres de la literatura. En todo caso, ha
escrito, con “la necesaria voz propia”, un manual que podría titularse “Cómo
vivir para la literatura”. Hace unos meses escribí: “Nueve libros después, con
una trayectoria firme, con las cosas claras, sin trampas ni apaños, Santiago Gil
sigue apostando por la literatura, por la palabra bien dicha, por la historia
bien contada, por la dignidad, convencido de que éste no es el único mundo
posible”[4].
Ahora añado que Gil también está convencido de que la literatura de usar y
tirar, de que la literatura basura, sea prosa o verso, no es la única posible
para que dentro de cuarenta o cincuenta años haya alguien que lea. Gracias
también a que hay un editor que comparte esa convicción.
[1]
Santiago Gil, Cómo ganarse la vida con la literatura, Las Palmas de
Gran Canaria, Anroart Ediciones, 2008.
[2]
Santiago Gil, Por si amanece y no me encuentras, Las Palmas de Gran
Canaria, Anroart Ediciones, 2005.
[3]
Santiago Gil, Los años baldíos, Las Palmas de Gran Canaria, Anroart
Ediciones, 2005.
[4]
Federico J. Silva, “Un huracán llamado Santiago Gill” en Revista
Contemporánea nº 6, Las Palmas de Gran Canaria, Cabildo de Gran Canaria,
2007.
A mi hermano Ceferino. Por Gloria Betancort Brito
A mi hermano CEFE en su partida hacia el cielo, no es más que un hasta luego
Por Gloria Betancort Brito
vez el dolor y la pregunta me salen al encuentro; otra vez siento que
todo se me viene abajo y que la soledad se sigue plantando en la puerta
de mi corazón, a pesar de tanta gente buena y querida que en estos
momentos nos acompañan y nos arropan,… pero en
medio del silencio y de la hondura, la fe me sale al encuentro e
inevitablemente me obligan a confiar.
Por Gloria Betancort Brito
Otra vez el dolor y la pregunta me salen al encuentro; otra vez siento que todo se me viene abajo y que la soledad se sigue plantando en la puerta de mi corazón, a pesar de tanta gente buena y querida que en estos momentos nos acompañan y nos arropan; otra vez, con tu partida, hermano Ceferino, me quedo preguntándole al Señor, a ti mi querido Señor, por qué nos siguen ocurriendo estos hechos tan dolorosos, por qué te quieres llevar tan pronto a nuestros hermanos… por qué Señor… pero en medio del silencio y de la hondura, la fe me sale al encuentro e inevitablemente me obligan a confiar.Primero se fue Blas, después Santiago, ahora tú, Cefe… mis tres hermanos queridos parece que ya no están. ¿Es que el Señor nos ha olvidado para siempre? como reza el salmo. Pero la experiencia fuerte y profunda me obliga a creer y confirmar, como me decía mi hermano Consuelito, que ya han cumplido su misión tratando con esmero la viña del Señor.
Si, Ceferino, has trabajado con honestidad y dedicación completa, exigiéndote a ti el primero, en el crecimiento sano y santo de tu familia, y en tu vocación de educador contagiando, a tantos educando que han pasado por tu vida, la honradez, la rectitud, la laboriosidad …el ser personas buenas , en poner a Dios y a su Madre en el primer lugar de tu vida.
Ceferino, junto al gran Maestro, sigue regalándonos esa sabiduría divina que nos ayudará a caminar por este valle de lágrimas… con agradecimiento y donación total, hasta que un día el Señor nos reúna a todos en el cielo, porque esto no es sino un hasta luego, un breve adiós.
El Señor te acoja y siga presente en nuestras vidas. Sé que la ESPERANZA no nos va a dejar, aunque el dolor por tu ausencia fìsica, va aparecer en el recuerdo de tantos momentos lindos que compartimos en la familia, en la profesión, en la amistad…en miles de momento felices y también amargos. Tú nos has enseñado a hacer las cosas bien, a la veracidad, a la entrega. ¡GRACIAS!
Sé que no nos vas a olvidar; sé que estos tragos terribles se van a suavizar con tu presencia en nuestras vidas sé que velarás por nosotros; sé que unido a los nuestros que, segu ramente te recibieron con los brazos abiertos, nos acompañarán a cumplir nuestra misión; sé que estarán cuando les necesitemos; sé que estarán siempre. No nos olvides.
Aunque el trazo de nuestras vidas se vaya perdiendo, el SEÑOR nos aguarda en la vereda para recogernos y llevarnos a su CASA. Has dejado un buen ejemplo que imitar, has sabido compartir la alegría y el dolor, has dado sentido a tu vida con la fe y la eperanza. Sabemos que estás en buenas manos y que el SEÑOR y su MADRE querida te guarda rán; porque al fin de la muerte no está la muerte, sino la VIDA.
Difícil de aceptar, pero que SE HAGA TU VOLUNTAD y NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN DE LA DESESPERACIÓN Y LA REBELDÍA; que nos abracemos fuertemente a la FE EN LA RESURRECCIÓN para poderlo descubrir, junto a los de más seres queridos que ya han pasado a la otra vida, en cada instante de nuestra vida, en los sueños , en la realidad y en las utopías. Sé que ustedes estarán pendientes de cada uno de nosotros y que seguiremos encontrándonos.
“MÉTEME, PADRE ETERNO, EN TU SENO, MISTERIOSO HOGAR; DORMIRÉ ALLÍ, PUES VENGO DESHECHO DE DURO BREGAR.” (UNAMUNO)
Tu hermana que nunca te olvidará y que te tendrá bien presente en la oración y en la vida. FEBRERO DE 2008
NOTA: FOTO TOMADA POR JOSE MANUEL VEGA EN LA FIESTA DE LAS MARÍAS 2007.
Segundo anversario Santiago Betancort Brito. Por Gloria Betancort Brito
EN EL 2º ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE MI HERMANO SANTIAGO
Por
Gloria Betancort Brito
"Mis
canciones, como las flores de la primavera, vienen de ti; pero, sin
embargo, te traigo estas que Tú oyes, como si fueran mías.Tú te sonríes y las aceptas, y te alegras del goce de mi orgullo".
EN EL 2º ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE MI HERMANO SANTIAGO
Si la flores que te canto son leves, y se mustian, y se caen en el polvo, no he de lamentarlo nunca; porque la ausencia no es pérdida en tu mano, y lo momentos fugitivos que florecen en belleza se mantienen frescos siempre en tu guirnalda….
A mí me ha tocado servir cantando. Y en mis canciones he hecho hablar a tus flores de la primavera, y he dado compás a tus hojas rumorosas.
He cantado hasta lo más silencioso de la noche: la paz de tu mañana.
Permíteme, Señor, que no enmudezca mi canción a lo último, cuando me rompas el corazón para entrar en mi casa, sino que estalle saludándote.” (R. Tagore)
Con este pensamiento del poeta Tagore, te quiero recordar; mejor y más exacto, quiero celebrar tu vida, tu VIDA que ahora es eterna; la quiero celebrar y cantar…y proclamar desde lo que siento, vivo y creo el gozo de tu presencia, aunque físicamente ya no estés con nosotros.
Dos años viviendo tu ausencia y tu presencia. Ausencia amargas porque no te escucha mos; porque no sentimos ni gozamos de tu sonrisa franca y cálida; porque no gozamos aquellos lindos momentos en familia; porque no te siento llegar; porque no estás… Son ausencias que me empujan inevitablemente a la tristeza, a la soledad y a la nostalgia y que me hacen detener los sueños y las ilusiones en los que siempre estuvo tu amistad, tu ayuda y tu cariño.
Sin embargo, tengo que confesar que he vivido con más fuerza tu presencia; me he levantado muchas veces gracias a tu presencia, porque tu recuerdo sigue vivo en los que te quisimos y queremos. Sí, algunos de los que se decían tus amigos, quizás te han olvidado; tú los disculparás como siempre y lanzarás al aire tu eterna y acogedora sonrisa. Te recuerdo en mi vida y en mi historia y te veo, te escucho, te siento…en la mil cosas buena que tiene la vida, en la acogida y defensa de los más débiles, en los pregones esperanzadores de las fiestas, en las buenas noticia, en tu cariño especial por Guía y tu afán por visitar aquellos lugares que en tu niñez recorrías con cariño (Anzo, Becerril, La Cañada, La Cuesta, etc.) gozando plenamente del recuerdo pasado y del progreso, estás presente en el pueblo canario al que tantas veces defendiste y admiraste. Tú dedicación total a tu familia y a tu trabajo son presencia que alientan mi vida y que me empujan a dar gracias al Creador por ti y por los tuyos.
Te has empeñado en servir, trabajar y compartir los afanes de tu casa y de tu pueblo; Has querido dar tu contribución a este mundo que progresa, poner gozosamente la espalda bajo el peso del hacer cotidiano, ser útil hasta el final y tener a Dios como compañero vigilante del camino.
Gracias porque nos sigues acompañando; porque nos has hecho ver que nuestras vidas están llamadas al compromiso en esta vida; porque te podemos descubrir en las estrellas invitándonos a la esperanza; porque cada día, tu vida , será una invitación a levantarnos para trabajar la tierra y dejarla limpia de malezas y sembrar a manos llenas hasta que el SEÑOR quiera.
De oración y trabajo has labrado tu vida y has dejado el fruto en nuestra vida. CON EL SEÑOR GOZA DE LA RESURRECCIÓN ARROPADO POR SU MADRE, TU QUERIDA VIRGEN DE GUIA.
Siempre te recordaremos y seguiremos esperando tu ayuda y tu compañía y las de nuestro seres queridos que ya viven la ESPERANZA. GRACIAS
LA EUCARISTÍA, EN EL 2º ANIVERSARIO DE SU MUERTE, SERÁ EL JUEVES 17 DE ENERO A LAS 7 Y MEDIA DE LA TARDE, EN LA PARROQUIA DE SANTA MARÍA DE GUÍA. ESTÁS INVITADO A REZAR POR SANTIAGO. GRACIAS
NOTA DE LA WEB: Santiago Betancort Brito falleció el 17 de enero de 2006.
Invierno. Javier Estévez
Javier Estévez
INVIERNO
Javier Estévez
oficialmente el pasado veintidós de
diciembre. Lo hizo unos días antes, cuando floreció el único ejemplar de oro de
risco que sobrevive en los riscos indómitos del barranco de Salinas. No hay seres
vivos más sensibles a los cambios de estación que las plantas, y el oro de
risco (Anagyris latifolia), especie
que se ahoga en el mar de la extinción, celebra con sus pétalos dorados la
llegada del invierno.
Sigue ausente el alisio. El frío y
la oscuridad, con sus cuchillos y sus sombras, abrazan a las ciudades y sus
calles. Al igual que el oro de risco, la nostalgia y la melancolía también
florecen con el invierno. Y hace tiempo comprendí que los ángeles sólo mueren
en estos días que se suceden.
Sin embargo, la naturaleza sigue
con sus taquicardias y sus celebraciones. La vida no espera a nadie. Las noches
comienzan a menguar y el sol abandona su timidez de otoño para alargar su
elipse irremediable. En invierno se estremecen más que nunca las estrellas y sus
luces. Durante las noches invernales tiritan sobre los tejados las doce estrellas más brillantes del firmamento: Sirio,
Arturo, Vega, Capela, Rígel, Proción, Betelgeuse, Altair, Aldebarán, Antares,
Espiga y Pólux. Con unos prismáticos rudimentarios también se pueden ver las lunas
más brillantes e inimaginables de Júpiter y se puede hacer un recorrido por la
franja estrellada que ahoga a la
Vía Láctea. Sólo durante el invierno el cielo nos regala una
estrella cada noche.
Y
sólo durante el invierno el verde alcanza al mar. Las laderas pedregosas y desérticas
se disfrazan, con las lluvias, de prados esporádicos y nos invitan a tumbarnos
sobre ellos para ver pasar el cortejo de nubes desplegadas sobre imaginarias
líneas de combate, como férreos navíos. Y sus vientos, que arrastran desde
Europa cientos de aves repelentes al frío continental y sus extensiones. En los
bajíos y sus plataformas de lavas domadas se instalan silenciosamente chorlitejos,
zarapitos trinadores, vuelvepiedras o andarríos.
Mientras escribo
estas líneas, los almendros copulan dionísicamente sin pausas ni dilaciones y hacen
del invierno su primavera, cumbre de su amor cenital. En el barranco del
Calabazo, donde la tierra se arruga tímidamente, unas decenas de barbusanos
descienden de las fisuras inalcanzables a los campos de cultivo abandonados y
olvidados. El bosque recupera sus dominios gracias al sueño urbano y
concupiscente del hombre.
Pero regresemos al
incendio verde, donde pasta Pantagruel con sus ovejas. Hay tanto verde para tan
poco animal, que éstas deberían salir con tupperware porque no está el mundo
para sobras. Son tan extrañas hoy en día las ovejas en el paisaje que en unos
lustros alguna agencia avispada organizará excursiones y expediciones a
cortijos y dehesas buscando un insólito animal rumiante ungulado cuadrúpedo,
hembra de la especie Ovis aries.
Nosotros somos
rumiantes como las ovejas, pero a diferencia de éstas, nosotros no regurgitamos
alimentos, sino pensamientos. A fuerza de
rumiar pensamientos y recuerdos
el vértigo lo invade todo, cantó el poeta Kavafis. Es entonces cuando llega
el invierno temido y verdadero con sus herramientas y sus miedos. Por eso, los
ángeles sólo mueren en invierno.
Enero de 2008.
Elogio a Miguel Santiago. ALEJANDRO C. MORENO
ELOGIO A MIGUEL SANTIAGO
Por ALEJANDRO C. MORENO y MARRERO
ES UN INMENSO HONOR
Y UNA ABSOLUTA ALEGRÍA
QUE HAYA NACIDO EN GUÍA
TAN GLORIOSO HISTORIADOR.
TAN LAUREADO ESCRITOR
ESTUDIOSO DE LA FILOLOGÍA
TORRENTE DE SABIDURÍA
Y EMINENTE INVESTIGADOR.
¡OH! ADMIRADO PAISANO
ILUSTRE E INMORTAL GUIENSE
DISTINGUIDO CIUDADANO
¡OH! INSIGNE CANARHIENSE
AMADO Y QUERIDO HERMANO
PARADIGMA HISPANENSE.
Por ALEJANDRO C. MORENO y MARRERO
ES UN INMENSO HONORY UNA ABSOLUTA ALEGRÍA
QUE HAYA NACIDO EN GUÍA
TAN GLORIOSO HISTORIADOR.
TAN LAUREADO ESCRITOR
ESTUDIOSO DE LA FILOLOGÍA
TORRENTE DE SABIDURÍA
Y EMINENTE INVESTIGADOR.
¡OH! ADMIRADO PAISANO
ILUSTRE E INMORTAL GUIENSE
DISTINGUIDO CIUDADANO
¡OH! INSIGNE CANARHIENSE
AMADO Y QUERIDO HERMANO
PARADIGMA HISPANENSE.
MAS INFORMACIÓN
Reencuentro con Guía de Gran Canaria. Antonio María González Padrón
Reencuentro con Guía de Gran Canaria
Antonio María González Padrón La
semana pasada, concretamente el martes 13 de noviembre, fui invitado a
participar como ponente en un curso de protocolo, disertando sobre La
nobleza en el Archipiélago Canario ante un más que interesado
auditorio. Aunque la conferencia estaba programada para las siete y
cuarto, llegué a Guía sobre las cinco y media de la tarde.
Antonio María González Padrón
La semana pasada, concretamente el martes 13 de noviembre, fui invitado a participar como ponente en un curso de protocolo, disertando sobre La nobleza en el Archipiélago Canario ante un más que interesado auditorio. Aunque la conferencia estaba programada para las siete y cuarto, llegué a Guía sobre las cinco y media de la tarde. Caía el sol y lo hacía con una variopinta paleta de colores en donde los ocres y anaranjados tomaban para sí todo el protagonismo. Muy prontamente la claridad huyó por el oeste y, poco a poco, una tenue oscuridad se hizo con el paisaje urbano. Era la hora mágica en que todo se embarga en una melancolía, no exenta de paz y sosiego. La ciudad, otrora villa, desde su fundación por Sancho de Vargas y Machuca hasta los buenos oficios de Fernando de León y Castillo, se mostraba coqueta que no esquiva, y así cada calle nos ofrecía iconos arquitectónicos dignos de guardar en nuestra retina. Semejante visión se me antojaba como una sugerente bailarina del vientre, que al ritmo de la música de mis pasos se iba despojando, lentamente, una y otra vez de los velos de la Historia. También, bien pudiera parecerse esta hospitalaria urbe a una notable miscelánea en donde hubiesen quedado plasmadas vivencias de tiempos pretéritos.
Una observación detenida y casi perimetral de su augusto templo matriz, dedicado a la Santísima Virgen, bajo la advocación de Santa María de Guía o de la Guía, nos trajo a la memoria a aquel extraordinario tallista-escultor nacido en la cercana calle de en medio: José de Luján Pérez, verdadero renovador de ese noble arte en nuestro archipiélago; pero también se hizo presente el verbo apasionado y apasionante del canónigo Gordillo, ilustre parlamentario allá en el Cádiz patriótico de 1812. Además de las célebres misiones de Antonio María Claret, quien recorriera la Gran Canaria toda en aquellos meses de 1848.
Muchas y muy profundas rememoraciones anidaron, no sé bien a ciencia cierta si en mi corazón o en mi mente. Allí, encontré de nuevo el genio chispeante de Néstor Álamo preñado de grancanariedad, la “retranca” intelectual de su hermana Augusto, íntimo amigo de guerra y paz de mi padre; también Juan Ramón, mi condiscípulo en las aulas de la Salle aruquense, que tenía nombre de poeta, y como no, mi querido amigo y compañero en estos avatares de cronista Pedro González Sosa, reconocido hombre de letras de certeros estudios sobre su ciudad y sus gentes.
Después de perderme una y mil veces por calles y callejones, páginas escritas a golpe de trabajos sobre cantería y mampuesto, llegué a la ruidosa del Marqués del Muni, y allí ante la escultura en bronce de don Fernando de León y Castillo, teldense de nacimiento y guiense por vocación política, pude admirar de nuevo la obra de mi entrañable y siempre fraternal Luis Arencibia Betancort.
Guía me transportó a otra bella villa-ciudad de Canarias, concretamente a la Orotava. El extenso platanal de una y otra, hoy cada vez más ocupado por construcciones de dudosa filiación arquitectónica, pero ascendiendo desde el barrio noble hasta las alturas de una inclinada loma se desarrolla una y otra en una urdimbre de calles y plazas custodiadas a diestra y siniestra por edificios de los siglos en que las Islas han creado su Historia.
Mucho y bueno se puede decir de lo guiense y los guienses, pero me temo que la brevedad impuesta por un artículo de estas características lo haga inviable. Sólo apuntar aquí y ahora que de todos los múltiples rincones realmente bellos de la ciudad norteña, siempre he admirado la pequeña y angosta calle de San José. Su número 3 es una delicia del buen quehacer de nuestros artesanos, en ella se muestra la sencillez extrema con la que los canarios solíamos dotar a las construcciones de los siglos XVI, XVII y parte del XVIII. Justo a su vera un soberbio edificio de trazas modernistas, adornado en su epidermis con los llamado azulejos belgas, que tanto abundaron en nuestras construcciones del primer tercio del siglo XX. Y en la esquina de arriba la casa en donde viese la luz por primera vez ese otro Néstor, que en su tumba capitalina nos manda a callar para que recemos.
Guía de Gran Canaria posee en su zona fundacional tantos ejemplos de maestría arquitectónica que en nada debe envidiar a otras ciudades de la Isla o del Archipiélago, muy comparable con San Cristóbal de La Laguna, la anteriormente mentada Orotava, Santa Cruz de La Palma o Arucas. Ya quisiera yo para mi Telde una zona calle de nuestra ciudad norteña. Desde aquí animo a los grancanarios que tanto nos gusta conocer otros lares que visitemos Guía, seguro que quedarán enamorados de por vida. Su gastronomía, entre la que destaca como elemento esencial el archifamoso queso de flor, es un aliciente más que completará sobremanera esa experiencia turístico-cultural.
Antonio María González Padrón
Cronista Oficial de la Ciudad de Telde
Director-Conservador de la Casa Museo León y Castillo
Miembro de la Junta de Gobierno de I.C.O.M. – España
FUENTE: INFONORTEDIGITAL.COM (Jueves 22 de Noviembre de 2007), excepto la foto.
Sin recuerdos de la lluvia. Javier Estévez
Sin recuerdos de la lluvia
una vez el siguiente aforismo: Lo contrario del olvido no es la memoria, sino
la verdad. Y yo, como confío
plenamente en el verbo del poeta y en los registros almacenados en los
pluviómetros, me animo a desmitificar de una vez por siempre, ese secular
conjuro que reúne a la memoria y a la lluvia: antes, no llovía más.
Sin recuerdos de la lluvia (reflexión)
“…el agua por
el barranco…”
El poeta argentino Juan Gelmán, reciente Premio Cervantes vomitó
una vez el siguiente aforismo: Lo contrario del olvido no es la memoria, sino
la verdad. Y yo, como confío
plenamente en el verbo del poeta y en los registros almacenados en los
pluviómetros, me animo a desmitificar de una vez por siempre, ese secular
conjuro que reúne a la memoria y a la lluvia: antes, no llovía más.
Al oír el repiqueteo sigiloso de las gotas abandonadas
por una lluvia medrosa sobre los cristales, recordé como, en el año 2000, mientras participaba en un proyecto de
ordenación territorial, tuve que
realizar un informe bioclimático que puso en mis manos un caudal de datos
pluviométricos que abarcaban todos los años transcurridos desde 1930 hasta 1999.
La estadística me desveló, contundentemente, que la memoria colectiva sobre el
clima es muy cuestionable pues, desde el paisaje que revelaban los registros
pluviométricos consultados, cualquier tiempo pasado nunca fue mejor. Certifico
que mi generación no ha sufrido las
volcánicas sequías de 1937, 1938, 1948 y sobre todo, 1961, año en el que no es
que lloviera poco sino que ¡no llovió absolutamente nada! Es cierto que la
década de los años cincuenta fue extraordinariamente pluviosa, pero los
registros de 1992, 1993 y 1996 son muy superiores a los de la década de los
cuarenta, los sesenta, los setenta y los ochenta. La conclusión que extraje, a
la luz de los datos, era simple: esas
lluvias bíblicas y prodigiosas del pasado sólo estaban registradas en ese
complejo sistema de interconexiones neuronales donde cohabitan la memoria colectiva y la imaginación.
Este último desenlace desembocó irremediablemente
en la siguiente tesis: ¿por qué existe entonces esa percepción colectiva de un
pasado más lluvioso?
Desde el año 1960, en que empezó a
desarrollarse la geografía de la percepción y del comportamiento, han ido
apareciendo diferentes estudios que tienen como base la percepción, la imagen y
el comportamiento espacial. Son conceptos que se sustentan en una corriente de
pensamiento geográfico que se interesa por los distintos esquemas perceptivos e
imágenes mentales que tienen los individuos respecto al territorio donde
habitan.
De este modo, la respuesta a mi
pesquisa no es nada compleja y descansa en un razonamiento colectivo sólidamente
lógico: todos aquellos conciudadanos a los que solicité un argumento que justificase objetivamente esa
pluviosa percepción del pasado, evocaron, de manera inequívoca y casi unísona,
la imagen de los barrancos corriendo.
Es decir, se puede enunciar esta sencilla asociación que para muchos norteños es la
prueba irrefutable donde reposa la verdad de su apreciación: antes llovía más porque en el pasado los
barrancos corrían más. Y en este punto no les falta razón: la última vez,
por ejemplo, que el barranco de Guía sintió el transcurso del agua por su espalda
fue en enero de 1995. Hace ya casi trece años que no baja, ni equivocada, una
gota de agua por su cauce. Nunca antes el barranco había resistido semejante
estiaje y sed.
Vuelco en el papel una reflexión
que escribí hace ya unos meses: Hoy por hoy, los barrancos constituyen el
concepto espacial que globalmente caracteriza el paisaje de las islas, tanto
por su representatividad geomorfológica como por su referencia cultural. En
ellos tienen lugar expresiones de todo lo positivo y lo negativo de la relación
del ser humano con su entorno: desde su extrema y absoluta dependencia para su
subsistencia, hasta su modificación y, en algunos casos, su total
transformación y degradación.
Basta con cerrar los ojos e
imaginar una escena cotidiana de ese pasado; donde tras una habitual tromba de
agua, el barranco baja turbio de lado a
lado. Las acequias, que rayan todo el municipio, cargan cientos de azadas que,
entre canales, buscan una boca que las vomite sobre los amazónicos cultivos de
plataneras. Los riscos y barranquillos ofrecen cientos de nacientes y
manantiales, ocultos siempre tras el verde detenido de las ñameras y los
berros. Los pilares aún resisten entre el sonido ferroviario que expelen los
motores que delatan la actividad extractiva de los pozos. El agua y sus consecuencias
siempre estaba presente en el paisaje. No es de perogrullo afirmar, en dialecto
cotidiano, lo siguiente: antes corría más el agua por los barrancos porque
antes había más agua. Sin embargo, no llovía más.
¿Por qué desapareció, entonces,
tan drásticamente el agua de nuestro paisaje cotidiano? Temo, parafraseando a
Bob Dylan, que la respuesta, amigo, está sumergida en la vertical oscuridad de los
pozos. Nunca imaginó aquel religioso ilustrado de nombre Pedro Gordillo Ramos,
que el decreto aprobado el 11 de julio de 1811, por
iniciativa suya, que permitía la apertura de los primeros pozos en Gran
Canaria, tendría, a la larga, un efecto devastador sobre el paisaje y su
memoria. Casi doscientos años después el resultado de su decisión, es una
epidermis agujereada como un colador y una isla con la mayor densidad del mundo
en número de pozos por hectárea. Ésta es la herencia de la hidrófila platanera
y de la irrupción de un fenómeno económico y social, el turismo, que en sólo
unas décadas consumiría tanta agua como la vertida en las parcelas agrícolas a
lo largo de sus más de 500 años de historia. De repente, nuestras entrañas se
llenaron de vacío. Donde hubo agua, sólo quedó su eco. Aquella isla que se
comportaba como una esponja tenaz y prodigiosa, pasó a ser en unas décadas, un
desierto por dentro y una geografía
desolada por fuera. La isla dejó de escupir agua porque su saliva simplemente desapareció.
En Inglaterra comentan
muchos naturalistas, entre suspiros, que la revolución agrícola e industrial devastó
sus bosques pero que, afortunadamente, conservaron de manera terca sus árboles. Nosotros, desgraciadamente, podremos
desmontar la leyenda que registra más lluvia en el pasado, pero tendremos que aceptar
la naturaleza anfibia de nuestros
mayores. Antes, sí que había más agua.
Cultura mínima. Erasmo Quintana
CULTURA MÍNIMA
“Cultura mínima” es un concepto acuñado por Miguel
Santiago en una conferencia que impartió en el Centro Obrero de Guía en 1930,
como respuesta apresurada y voluntarista a una España profundamente analfabeta.

Erasmo Quintana
“Cultura mínima” es un concepto acuñado por Miguel
Santiago en una conferencia que impartió en el Centro Obrero de Guía en 1930,
como respuesta apresurada y voluntarista a una España profundamente analfabeta.
Ello nos lo ha recordado con acento emotivo su hija Elena Mª Santiago Páez en
su conferencia -que tuvo lugar hace poco en la Casa de la Cultura de Guía-, la cual ilustró con bellas
fotos de su álbum familiar. Junto a ella, arropándola, estuvo Teodoro Cardoso
León, discípulo y gran admirador de la obra del maestro, así como de Gabriel
Cardona Wood, impelido de igual consideración. Éste es autor de una interesante
y cuidada biografía que se adentra en la saga de algunos ilustres apellidos
canarios: “El alma heroica de Sofía
Inglott y Navarro. Evocaciones”
Miguel
Santiago Rodríguez es uno de los personajes más eximios que ha parido Guía de
Gran Canaria, pues de estrato social de lo más humilde, gracias a su talento
portentoso –fue el primer becado que tuvo el Cabildo para hacer estudios superiores
en la península; y sus profesores: Millares Carlo, Dámaso Alonso, Menéndez
Pidal-, alcanzó las cotas más altas de la cultura. A su trabajo arduo y
desinteresado se debe una importante obra investigadora; y, haciendo verdad la
sentencia latina “Unos merecen la fama y otros la gozan”, algún investigador de
campanillas hubo que se atribuyó como propios descubrimientos que se debieron a
la sapiencia y el tesón de nuestro paisano. Y ahí lo dejamos. Sin embargo, tan
importante y pródiga fue su cosecha, que a él nunca le preocupó el tema más
allá de la anécdota. Entendió por “cultura mínima” un medio de nivelación
social y enaltecimiento personal, que lleva al ser humano a un grado de los
problemas individuales y sociales con una visión propia e independencia de
opinión, sin estar sujeta al pensamiento y criterio de un prójimo que, por más
arrojado, sugestione a quien lo escuche. Para Miguel Santiago era muy importante
que una “cultura mínima” pueda conseguirse con método y perseverancia,
dedicando a ello el tiempo que se pierde en banalidades. Y como hombre de
bibliotecas, aconsejó la lectura de buenos libros, “lectura no aburrida sino
vivida, palpitante y compartida con los demás”. Esto él lo consideraba fundamental.
Erasmo Quintana
Publicado en LA PROVINCIA del 28 de noviembre de 2007.
Esperanza en el cambio. Javier Estévez
Esperanza en el cambio
Esperanza en el cambio (reflexión)
Si supiera que el mundo se ha de acabar mañana,
yo hoy aún plantaría un árbol.
Martin Luther King
Mientras los científicos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático debatían el pasado fin de
semana en Valencia las conclusiones del documento final que expondría su
diagnóstico y pronóstico del clima, un joven, ansioso ante tanta destrucción e
indiferencia, gritaba a través de un graffiti una duda que le angustiaba
terriblemente: ¿Hay vida antes de la muerte?
El
informe de los expertos no deja resquicio ni instante para el debate pues el
tiempo se agota: o empezamos a reducir las emisiones de gases que provocan el
ilustre efecto invernadero o nuestra injerencia sobre la dinámica natural del
clima tendrá unas repercusiones pavorosas e irreversibles.
Hace
unos días un amigo me comentaba con la mano en el corazón que iniciativas como
el insuficiente Protocolo de Kyoto le sonaban a galaxia lejana. De igual modo,
me afirmaba que él no se sentía culpable de todo este desaguisado, y señalaba
exclusivamente a los grandes lobbies empresariales y a los irresponsables
estamentos políticos, subordinados y subyugados siempre por el avaricioso
apetito del capital. ¿Para qué cambiar nuestros pequeños hábitos de consumo si
quienes realmente ostentan el poder no piensan cambiar, pues siguen
comportándose exactamente igual?
El
filósofo José Antonio Marina, en su magnífico ensayo “Anatomía del miedo” apunta cuatro posibles respuestas del ser
humano ante el miedo: la huida, la lucha, la inmovilidad y la sumisión. Y es
posible que ante el reto de frenar el cambio climático, el ser humano, como
individuo, se minusvalore. Cada uno de nosotros tiene en sus manos más poder
del que se imagina. Nuestro planeta necesita que recuperemos nuestra fe como individuos
que deciden libremente. El poder de decisión es un poder ilimitado. Yo compro
lo que quiero, dónde sólo yo deseo; sólo yo decido cómo voy a trabajar, a quién
votaré, cómo será mi casa. Y como yo, todos y cada uno de nosotros. Si entre
todos exigimos otras actitudes, otros productos, otra realidad, gobiernos y
multinacionales se plegarán a nuestros deseos.
El
problema del agujero de la capa de ozono, desde que se suspendió la producción
de gases clorofluorocarbonatados (CFC), desapareció, y el pasado lunes pude
leer por fin una buena noticia sobre el sida: la ONU ha revisado sus datos y ha
descubierto que la expansión de la epidemia se está frenando. Como ven,
aún hay margen para la esperanza, para la confianza y el optimismo.
Cada
hogar nuestro es capaz de producir hasta cinco toneladas de CO2 al año. Sin embargo, hay un dato fundamental
para frenar el cambio climático: por término medio, un solo árbol absorbe una
tonelada de dióxido de carbono a lo largo de su vida. Para una existencia
equilibrada y responsable, cada uno de nosotros debería plantar, al menos, 125
árboles durante su vida.
En
Andalucía, un pequeño pueblo, el de Alcaraz, ha comprometido a su ayuntamiento
a plantar un árbol por cada vecino. Si en Guía arrancáramos nosotros un compromiso
similar, estaríamos hablando de más de 14.000 árboles en nuestro municipio. No
es más que un nuevo sentido común que apuesta por un cambio necesario.
Noviembre de 2007
Perder la cabeza. Erasmo Quintana
PERDER LA CABEZA

Erasmo Quintana
nuestra sociedad son las víctimas, ¿es un fenómeno propio de nuestros
días? ¿Tendrá algo que ver la proliferación de los teléfonos móviles,
hoy al alcance también de los niños, o ese monstruo de siete cabezas
que es Internet, pues se mete en los hogares y está al alcance de todos?

Erasmo Quintana
Estos recientes y horrendos casos en que los más indefensos de nuestra sociedad son las víctimas, ¿es un fenómeno propio de nuestros días? ¿Tendrá algo que ver la proliferación de los teléfonos móviles, hoy al alcance también de los niños, o ese monstruo de siete cabezas que es Internet, pues se mete en los hogares y está al alcance de todos? La pederastia -relaciones homosexuales de hombres con niños-, ¿es algo que siempre ha estado ahí, bajo la sutil superficie de una retorcida mente humana, pronto a manifestarse en cuanto alguien puede perder la cabeza? Como el asesinato de las mujeres por sus “queridos” maltratadores, el abuso a los menores se está convirtiendo en una terrible plaga y en una moda lamentable. No hay día en que no nos informen de un nuevo caso de pedofilia; ahora mismo en que les estoy hablando de este tema, el televisor que se encuentra a mi espalda me da la noticia de un nuevo desalmado, esta vez de Ciudad Real, que tenía por costumbre llenar de niños su casa, con los que supuestamente daba rienda suelta a su enfermiza lascivia, y los comentarios de los críos afirmando que tenía por costumbre ponerles “películas guarras”; el pollo está en prisión, pendiente de ser juzgado. La pasada semana este mismo periódico daba cuenta de dos lamentables sucesos de este jaez bochornoso, ya sancionados por la justicia. A unos parecerá poca la pena que se impone y a otros la adecuada, porque de lo que se trata –piensan- es de hacerles ver que lo hecho es punible y que la sociedad, sentándolos en el banquillo, lo que pretende es mentalizarlos para que jamás vuelvan a su acción transgresora de la libertad de los demás, siendo ésta mucho más grave al tratarse de menores. Es necesario sin embargo perdonar la debilidad humana, ese instante funesto en que personas que nos parecen de lo más serias y respetuosas, pierden la cabeza, y es por lo que, en la línea de Concepción Arenal, repetimos con ella lo de “Odia el delito y compadece al delincuente”. Desde un punto de vista más humano si se quiere, traer aquí lo que ya hemos dicho en otra parte, y es: los posibles errores que hayamos podido cometer en nuestra vida son lo que nos hace ser comprensivos con los errores de los demás.
Erasmo Quintana









