Alfombras Corpus 2007
El próximo domingo 10 de junio de 2007 tendrá lugar la
celebración de la festividad del Corpus Christi. Eviemos a nuestr@s hij@s para
que continúen una tradición tan enriquecedora como son las alfombras. Les ofrecemos un reportaje histórico de Sergio Aguiar y otro sobre las alfombras del Corpus 2003. Antonio Aguiar.
Llevemos a nuestros hij@s para que continúen una tradición tan enriquecedora.
La participación ciudadana vuelve a ser importante. La colaboración entre todos en iniciativas como las tradicionales alfombras del Corpus es una de esas situaciones en las que la gente baja a la calle para realizar una tarea comunitaria en la que, además de realizar una actividad creativa, nos reunimos, hablamos, y lo que le es más importante, integramos a nuestros hijos, con lo que mejoramos nuestra relación con ellos y les hacemos sentir protagonistas. De paso -casi nada- contribuimos a que nuestras costumbres y tradiciones tengan continuidad.
aaaaaaaaaaa
Jonás Vega
Escritor guiense radicado en Madrid. El 29 de junio, a las 20:00, fue la fecha señalada para presentar su segunda novela "Estación en curva", en el Gabinete Literario de Las Palmas.
"ESTACIÓN EN CURVA"
Jonás Vega
Es su segunda novela, un conjunto de historias entrelazadas en
las que el autor nos convence, a través de saltos en el tiempo y personajes
desarraigados, de la credibilidad de sus historias. Y donde muestra el conjunto
de obsesiones que rondan a los protagonistas de su nueva novela. Sus víctimas en
este libro.
La novela se divide en tres grandes bloques: "La mala muerte en
Marruecos", "Las Pasadoras" y "Bonus Track", una pequeña recopilación de relatos
que deja como regalos para sus seguidores. Temas como la inmigración, el éxito o
la soledad están presentes en la novela, hilvanados de una forma tan estudiada
que en conjunto forman una tela de araña, donde el lector es la pobre víctima
que cae atrapada y donde no podrá escapar facilmente. EL autor, maestro en
dominar los saltos en el tiempo, te invita a enfrentarte a tus peores demonios
convertidos en tus mejores amigos.
"Una obsesión nace así, apenas sin hacer ruido, como una nota
discordante en mitad de un concierto. La obsesión no hace daño la primera vez,
pero se va reproduciendo día a día, aliento tras aliento, sin que nos demos
cuenta. Lentamente, cogiendo nuestro terreno, nuestra capacidad para
enfrentarnos a ella, se adueña, va formando parte de nosotros, de nuestros actos
cotidianos."
Jonás Vega
El escritor guiense presenta el 29 de junio, a las 20:00, en el Gabinete Literario de Las Palmas su última obra "Estación en curva"
"ESTACIÓN EN CURVA"
Jonás Vega
Es su segunda novela, un conjunto de historias entrelazadas en
las que el autor nos convence, a través de saltos en el tiempo y personajes
desarraigados, de la credibilidad de sus historias. Y donde muestra el conjunto
de obsesiones que rondan a los protagonistas de su nueva novela. Sus víctimas en
este libro.
La novela se divide en tres grandes bloques: "La mala muerte en
Marruecos", "Las Pasadoras" y "Bonus Track", una pequeña recopilación de relatos
que deja como regalos para sus seguidores. Temas como la inmigración, el éxito o
la soledad están presentes en la novela, hilvanados de una forma tan estudiada
que en conjunto forman una tela de araña, donde el lector es la pobre víctima
que cae atrapada y donde no podrá escapar facilmente. EL autor, maestro en
dominar los saltos en el tiempo, te invita a enfrentarte a tus peores demonios
convertidos en tus mejores amigos.
"Una obsesión nace así, apenas sin hacer ruido, como una nota
discordante en mitad de un concierto. La obsesión no hace daño la primera vez,
pero se va reproduciendo día a día, aliento tras aliento, sin que nos demos
cuenta. Lentamente, cogiendo nuestro terreno, nuestra capacidad para
enfrentarnos a ella, se adueña, va formando parte de nosotros, de nuestros actos
cotidianos."
Se presenta el 29 de junio, a las 20:00, en el Gabinete Literario de Las Palmas.
"Me sumaré a esta reivindicación"
En un artículo publicado en el suplemento de La Provincia "PELLAGOFIO" del 7 de junio de 2007, Fernando Bañolas, alcalde de Guía, apoya la plataforma ciudadana "SALVAR LA BODEGA" y se compromete a hacer los esfuerzos que sean necesarios para su reapertura.
Fernando BañolasAlcalde de Guía Hace unas semanas cerró sus puertas la Bodega de Chago, uno de los lugares más emblemáticos no sólo del municipio de Santa María de Guía, sino de toda la comarca norte de Gran Canaria. Desde su apertura, a comienzos del pasado siglo, este establecimiento ha sido durante cerca de cien años un lugar de referencia cultural, social, turística y etnográfica de todo un pueblo. Cuando en el año 1936 se hace cargo de su explotación Santiago Gil Cabrera y, más tarde, su hijo Santiago Gil Romero, el lugar se convierte en todo un símbolo del pueblo, al haber conservado, casi sin modificaciones, su estética interior en forma de antigua tienda-bodega, una auténtica abacería.
Para aquellos que no hayan podido conocerla, acceder a ella suponía adentrarse en un lugar donde el tiempo parecía haberse detenido. Ubicada en un precioso edificio a la entrada del casco histórico, todo en ella evocaba el sabor de lo antiguo, desde su mostrador principal, acristalado y construido en mármol y madera, a sus antiquísimas estanterías que llegaban hasta el techo, repletas de botellas de vino añejo. Y presidiéndolo todo, en un lugar destacado tras el mostrador, estaban los cañizos cargados con queso de flor de Guía. Porque la Bodega de Chago ha sido, entre otras muchas cosas, una ventana abierta al mundo desde donde promocionar este producto único y artesanal, mucho antes de que nadie se plantease siquiera su valor (hoy consolidado tras la obtención de su denominación de origen).
Durante décadas, hemos visto como este lugar era punto de encuentro y parada obligada en el norte grancanario para todas las personalidades del mundo de la política, la cultura o el periodismo que se acercaban por una u otra razón a esta zona de la isla. Cuando aún no estaba en boca de todos como ahora la defensa de nuestra identidad y de nuestras tradiciones, Santiago Gil Romero, Chago para todos, defendía ya esos valores desde detrás de su mostrador. Poco a poco, con mucho empeño y tesón, fue logrando que ese sentir fuese calando en todos nosotros. Por eso ocupa hoy un lugar tan especial en la memoria sentimental, cercana y más cómplice de los ciudadanos de Guía y de esta comarca.
Casi sin darnos cuenta, la Bodega de Chago se convirtió con los años, y hasta su cierre, en un auténtico destino turístico, un verdadero reclamo para los turistas que llegaban hasta aquí con la intención de comprar y llevarse a casa un producto artesano, exclusivo y de calidad. Muchos de ellos, tal vez la mayoría, desconocían que contamos con uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del archipiélago –el Cenobio de Valerón–, o que aquí nació Luján Pérez –el imaginero más importante que ha dado Canarias en toda su historia–. Pero a pesar de este desconocimiento, miles de turistas venidos desde todas partes de la Península y Europa se han acercado durante las últimas décadas al casco histórico de Guía en busca de la Bodega de Chago. Porque este lugar posee un valor patrimonial en sí mismo. Es toda una referencia turística, etnográfica y social. Es un patrimonio excepcional y un lujo para nosotros haber contado con él y poder seguir haciéndolo en el futuro.
Ahora y ante el anuncio de su cierre, se ha puesto en marcha, de forma espontánea, un movimiento ciudadano para reivindicar que este espacio no se pierda, que se recupere y se proteja como patrimonio de todos los canarios. Como vecino de este municipio me siento orgulloso de esta iniciativa popular, y como representante ciudadano me sumaré a esta reivindicación realizando cuantas gestiones sean oportunas para recuperar y salvar la Bodega de Chago para los guienses, para los canarios y para todos aquellos foráneos que aún buscan en nuestra tierra un lugar genuino y auténtico donde se dé valor y se respete la memoria de nuestro pueblo. AAAAAAAAAAAAA
Fernando Bañolas
Alcalde de Guía
FIRMAR DIGITALMENTE EN EL LIBRO DE ADHESIONES
VER GALERÍA DE FOTOS (cedidas por Sergio Aguiar)
"Los perros vagabundos"
Santiago GilLas calles olían siempre a potaje y a sotal. Cada casa proponía un viaje gastronómico diferente, y cada vecina limpiaba su trozo de acera como si fuera una parte más del pasillo o del corredor de su propia vivienda. Siempre había alguien baldeando o mandándonos a la otra acera para que no pisáramos lo mojado. Nos echaban de todas las casas los sábados por la mañana para que no pisáramos los suelos recién fregados. Sólo recuerdo quedarme entre cuatro paredes cuando estaba enfermo o cuando llovía más de la cuenta. El resto del tiempo nuestra patria eran todas las calles y todos los campos del pueblo. Pero no andábamos solos. Siempre teníamos un perro que iba con nosotros a todas partes. Perros sin nombre, sin pedigrí y sin correas. Fieles, leales y amigos a carta cabal. Nunca tenían nombres, o mejor, los nombres se los poníamos nosotros el día que empezaban a acompañarnos. Se llamaban Canelo, Rayco, Tobi o Sultán. O bien adoptaban el apelativo de cualquier serie de dibujos animados que estuviera de moda. Se conformaban con los cuatro mendrugos o las dos o tres cáscaras de queso que sacábamos a escondidas de nuestras casas. No sabíamos dónde dormían, pero siempre los encontrábamos en la misma zona del barranco, del Polvorín o de cualquiera de las plazas del pueblo. Se dejaban acariciar y nos lamían las manos en señal de agradecimiento. Qué vida habrían llevado cualquiera de aquellos chuchos de mirada triste. No se les trataba como ahora. Entonces eran pocos los que tenían perros metidos en su casa. Todo lo más andaban por las azoteas o las fincas a su libre albedrío. Quizá los perros de cacería eran los más mirados y los que estaban en casetas más o menos bien alimentados. Bueno, y el pastor alemán de la guardia civil que salía a jugar con nosotros desde que pasábamos junto al aparcamiento de la calle Real. También recuerdo a Felipe, un perro bonachón que pertenecía a Benedita la de la tienda de San Roque y que dormía en la trastienda. Los otros, los que siempre andaban por el pueblo, aparecían y desaparecían igual de misteriosos. Los echábamos de menos un par de días cuando se iban, pero al poco tiempo aparecía otro, habitualmente cojo, atemorizado, y siempre con ojos tristes de traición, derrota o palos. No es la gente de campo un dechado de humanidad cuando se relaciona con otros seres vivos. En el caso de los perros, muchos eran los que no dudaban a la hora de darles un mal golpe (decían que lo acostaban, o que lo echaban) mortal, de propinarle palazos o de abandonarlos a su suerte en cualquier lugar lejano. Nunca olvidaré la imagen de Mansita, la perra que estuvo muchos años en la azotea de casa de mi abuela en Las Barreras, el día que mis primas la encontraron amarrada dentro de un saco. Era hembra y se conoce que el bestia de turno no quería perras hembras. No era más que un cachorro cuando la salvamos. Luego viviría más de 10 años como parte de nuestra familia.
Pero a los otros perros, a los que iban pasando consuetudinariamente por nuestras vidas, uno los recuerda hoy con cierta pena, como si también nosotros les hubiéramos fallado. Nunca se nos ocurrió meterlos en nuestras casas o tratar de cuidarlos de una forma más responsable. No dejábamos de ser niños, y de alguna manera para nosotros eran perros de la calle, curtidos en mil batallas y acostumbrados a sobrevivir a la intemperie, aunque nosotros no supiéramos todavía qué diablos era eso de la intemperie. Iban a todas partes detrás de nosotros. Eran grandes o pequeños, marrones o negros, pero siempre tenían la mirada triste, incluso cuando jugábamos con ellos entre risas y carreras desbocadas. Hoy tengo perro, y si puedo siempre me haré acompañar por la lealtad, la ternura y la sapiencia infinita que uno encuentra en los ojos de un perro cuando le mantiene la mirada. De alguna forma cada caricia que le doy se la estoy dando a todos y cada uno de aquellos perros sin nombre que nunca supimos donde acababan muriendo. Un buen día dejaban de venir, supongo que cogidos por los de la perrera, o perdidos en cualquier cruce de caminos. Recuerdo que siempre iban con nosotros. Se llamaban Rayco, Tobi, Canelo o Sultán. Daba lo mismo.
Mayo de 2007.
IR A LA WEB DE SANTIAGO GILLa ruta del enyesque
En ellos, podrás conocer y degustar los platos más típicos de nuestra gastronomía por el precio de 2€ (enyesque y consumición*).
¡Sigue la Ruta y pide tu enyesque!
"Geografías"
Santiago GilA veces uno quiere escribir sobre el amor y acaba escribiendo sobre la muerte. Otras nos planteamos un argumento hilarante y divertido y terminamos penando por las esquinas con un personaje patético que no da una a derechas. Pero también de vez en cuando sentimos cómo tiembla una historia antes de que la escribamos. Es como si nos llamara a gritos, o como si nosotros sólo fuéramos el médium del que se vale para contarse a sí misma tal como ella quiere ser contada. Resulta complicado y misterioso todo este proceso de la creación, y sin duda es siempre sorprendente. Por eso no dejamos de escribir, o de recordar, que también es una forma de hilvanar historias más o menos inventadas. Pasaba lo mismo con la geografía que nos trataban de inculcar en nuestra infancia. Los profesores se empeñaban en enseñarnos el globo terráqueo para demostrarnos que la tierra era redonda, pero luego nosotros veíamos o imaginábamos lo que nos daba la gana. Yo de niño nunca concebí que la tierra fuera realmente redonda. Teníamos miedo a caernos por cualquier parte de la esfera a medida que iba girando. O bien te quedabas pensando cómo diablos nos podíamos quedar bocabajo y no darnos un tortazo o acabar descalabrados contra el suelo. Como no lo veíamos claro no lo creíamos. Decíamos que sí, que lo entendíamos, y cuando había que ponerlo en los exámenes se ponía y santas pascuas. Pero para nosotros la realidad geográfica era sólo la que íbamos experimentando a medida que descubríamos el mundo más cercano. Yo recuerdo, por ejemplo, que a mí no había quien me convenciera de que la montaña de El Gallego era Galicia. Y me daba igual que me llevaran hasta allí o me colocaran al lado de la ermita de San Juan señalándome la cercanía. Cuando yo veía los mapas no estaba viendo los límite de Lugo, Orense, La Coruña y Pontevedra. En mi mente, fuera de la abstracción del mapamundi, lo que aparecía era El Gallego. No concebía las distancias, y al fin y al cabo si ellos decían que era todo redondo yo también me creía con derecho a poner los lugares donde yo los tuviera controlados. Eso sí, más allá de la montaña de El Gallego me imaginaba el Cantábrico, y mucho más arriba Inglaterra, Escocia y el Polo Norte, que en mis elucubraciones venía a quedar a la altura de Moya o de Fontanales. Cada nueva calle que íbamos descubriendo era un país o una región nueva en nuestra geografía mental. Lo otro ya digo que nos lo aprendíamos de carrerilla para aprobar los exámenes, todos aquellos coñazos del mapa físico con ríos, regiones montañosas y mil nombres rarísimos que olvidábamos segundos después de escribirlos en los exámenes o de repetirlos como una letanía en medio de la clase. Ya de entrada nos costaba dios y ayuda entender lo era un río y lo que era una península. Y nos fastidiaba que nunca aparecieran en los mapas el barranco de Las Garzas o el Pico de La Atalaya. Entonces sí que no se daba nada de geografía de Canarias, por eso no nos quedaba más remedio que inventárnosla o que recolocarla en los mapas que nos enseñaban. De lo contrario nos podíamos volver locos estudiando una realidad que ignoraba por completo nuestro mundo, no digo el más cercano y casero, sino incluso el insular y el regional. Las Islas Canarias aparecían entonces a la derecha de Valencia, y ahí las tuve yo situadas hasta que me las cambiaron de la noche a la mañana y las colocaron en otro recuadro, esta vez debajo de Cádiz. Cómo querían que creyéramos en la geografía si lo que nos habían enseñado de primero a quinto de egebé nos lo cambiaban de golpe en sexto y nos movían del mapa el lugar donde vivíamos. Así es normal que los canarios de mi generación no hayamos confiado mucho en la geografía, y que por supuesto nos negáramos a admitir que el planeta era redondo, o que giraba alrededor del sol. Siempre estaba quieto, y el único sol en el que creíamos era el que aparecía por el Albercón de la Virgen y se escondía por la tarde en las montañas de Tenerife.
La nueva ubicación de nuestro territorio fue otro de los muchos cambios que se produjo en ese paso del franquismo a la democracia que nos tocó vivir a los niños de los setenta. No todo el mundo tiene la suerte de pasar por la vida y de haber vivido en dos sitios diferentes del planeta sin haberse movido de su casa. Nosotros sí, nosotros hasta los once años tenemos nuestros recuerdos en la cuenca mediterránea, y se supone que fue allí donde hicimos la primera comunión y metimos nuestros primos goles por la escuadra. Luego, a partir de los doce años, todo lo que fuimos viviendo ya se desarrolló en la costa norte de África, más o menos frente a Cádiz. Y un poco más tarde, cuando teníamos dieciséis o diecisiete años, ya nos bajaron un poco más abajo y nos colocaron donde estamos ahora. No sé el tiempo que duraremos aquí, por eso hay que vivir intensamente cada minuto que nos están regalando en este punto de encuentro entre tres continentes en el que se supone que estamos. Uno teme que cualquier día de éstos nos rueden más abajo y nos dejen a la deriva, o bien que nos suban y se empeñen en colocarnos al lado de Estocolmo haciéndonos más fríos y silenciosos. Así es normal que creamos en San Borondón. Al fin y al cabo es una isla que nunca ha engañado a nadie ni se ha dejado colocar en un mapa para que acabaran jugando con sus contornos como si fuera un Monopoly o un parchís. Ella aparece y desaparece, como para que sepamos que está ahí, pero no se deja trazar nunca por los geógrafos. Nosotros desde que éramos pequeños teníamos claro que lo más creíble de nuestra geografía era San Borondón. La queríamos atisbar detrás de todos los horizontes, o en las costas de Sardina, el Puerto de Las Nieves o Roque Prieto. Después de lo que hemos vivido sabemos que la geografía no es más que un engañabobos que utilizan para movernos a su antojo por todo el planeta. Por eso nadie logra que reneguemos de la magia, la felicidad y la apuesta por la paz y la armonía de San Borondón. San Borondón sigue siendo nuestra única esperanza. Nos da lo mismo que sigan sin colocarla en los mapas.
Mayo de 2007.
IR A LA WEB DE SANTIAGO GIL"Los Tigres" apoyan La Bodega
SALVAR LA BODEGA
Por Carmelo Martín.
¡Salvar
la bodega! LOS TIGRES, ese grupo de
amigos que se reúne desde hace más de cincuenta años, clientes habituales de la
Bodega de Chago, también quiere
salvarla.
Al
llegar al pueblo de Guía, en la puerta del mismo, te encuentras con un edificio
que, como la enorme proa de un trasatlántico te señala la encrucijada donde has
de elegir los tres diferentes caminos para acceder a todos sus rincones: el que
te lleva hacia Gáldar, el que va a la plaza de la Iglesia y, por último, el del
barrio de San Roque.
Esa
casa, de arquitectura muy poco frecuente, ha albergado hasta hace poco tiempo
la Bodega de Santiaguito y más tarde de Chago. El local, de techos altísimos
y pintados de azul “cielo barruntando tormenta”, estanterías interminables en
color canelo llenas de estampas de santos -sobre todo de la Virgen de Guía-
fotografías de visitantes conocidos de la tienda, que no vamos a enumerar para
no pecar de exhaustivos, entre ellas la de Tomasín y carteles, muchos carteles,
advirtiendo al público de la filosofía financiera del establecimiento: “Piña
asada, piña mamada”, con el fin de disuadir a los posibles morosos.
La mesa
central repleta de quesos de Guia de diferentes tipos, que Chago conoce al
dedillo y de los que hacía un maravilloso canto ante cada cliente.
Había
sido una tienda de “aceite y vinagre” –por desgracia, quedan muy pocas en la
isla- con una mampara que separaba ambas clientelas, pero últimamente, con la
llegada de las grandes superficies perdió “el aceite” de su denominación y su
actividad y desapareció tal separación.
Este
local entrañable, cuyo embrujo atraía sin quererlo a sus clientes, fue testigo
durante muchos domingos en que se celebraba el día de la Virgen de Guía -tercero
del mes de septiembre- de la parada del trono de la Señora a su puerta para
recibir la ofrenda de Chago y algunos clientes, entre los que cabe destacar a
Francisco Ortega (en nombre de su familia, cuya madre había donado el manto de
color verde que la Patrona suele llevar en algunas ocasiones)
Desde la
puerta de la bodega sonaban las isas y folías de las diferentes parrandas que
con sus voces y sones querían rendir homenaje a la Virgen. Desde esa misma
puerta, el 19 de septiembre de 1993, inundó la calle, llenándola de ternura, la
maravillosa voz de María Mérida cantando a su Madre, Santa María de Guía. ¡Maravillosos
momentos irrepetibles en la historia del pueblo!
Los
Tigres, que desde hace años acuden a la fiesta, ante la imposibilidad de contar
con un vehículo arrastrado por animales, se refugian en un rincón de la bodega,
disfrutando todo el día de lo que ellos llaman “la carreta varada”, recibiendo
y agasajando a los numerosos viandantes y amigos que se acercan hasta allí.
En
nuestras excursiones gastronómicas por el norte de la isla, la Bodega es parada
obligatoria para tomar como aperitivo una “tabla” de quesos de Guía
seleccionados por la mano experta de nuestro amigo.
Desde
nuestro rincón hemos sido testigos de cómo los turistas, nacionales y
extranjeros, llegaban hasta aquí para degustar sus magníficos quesos. ¿Qué podremos
decirles ahora, cuando, volviendo de nuevo a nuestra isla, quieran repetir la
grata aventura de sorprender a su paladar con la degustación del “queso de
flor” o “media flor” que les proporcionaba Chago?
¿Debemos
aceptar la triste realidad diciendo que “La Bodega” está “CERRADA” porque no ha
habido alguien, personas o instituciones locales, insulares o autonómicas, que
tengan suficiente sensibilidad para dejarse embrujar por ella y hacer lo
imposible por mantener erguido este “Monumento al queso de Guía”?
¡Salvemos
nuestra pequeña historia! ¡Salvemos la Bodega!
LOS TIGRES
"Una bodega casi centenaria"
UNA BODEGA casi CENTENARIA
por Sergio Aguiar Castellano
La noticia del cierre de la emblemática, histórica y
archiconocida “Bodega de Chago”en Guía, era como “una crónica de una muerte
anunciada”, parafraseando a García Márquez. No obstante el acertado artículo de
Antonio Aguiar “Una pérdida reparable”(ver en www.guiadegrancanaria.org y La Provincia, domingo 13 de
mayo de 2007), y la adhesión por parte de muchas personas a su iniciativa, que
propone recuperar este centro cultural y etnográfico, hace que uno sea más
optimista.
Con este
breve estudio no sólo pretendo apoyar esa iniciativa, sino dar a conocer algún
que otro dato, de tipo histórico sobre el edificio que alberga la bodega, sobre
la bodega en sí y sobre aquellas personas que estuvieron frente al mostrador de
la misma.
Origen del
edificio
El edificio
que ahora historiamos fue cimentado en un solar que ocupan tres casas en la
antigua calle de la Carrera, luego denominada Luján Pérez y en la actualidad
Médico Estévez. Concretamente eran las casas números 37, 39 y 41 de dicha
calle, y por la parte de la actual de la calle Marqués del Muni, antiguamente
de la Cruz, ocupaba dos edificios los números 26 y 28.
El
propietario de estas casas era Ramón Rodríguez Ojeda, residente en Las Palmas
de Gran Canaria, que por medio del comerciante de Guía Juan Alemán Rodríguez,
solicita el día 13 de septiembre de 1904 el preceptivo permiso para “reedificar
desde cimientos, conforme al plano que acompaño, las casas propiedad del mismo
enclavadas en la calle de Luján Pérez (antes Carrera)…”
Siguiendo
con los pasos administrativos para el caso, el Ayuntamiento al tratarse de una
construcción en una travesía de carretera, concretamente en el Km 37 de la
carretera de Las Palmas a Agaete por Arucas , lo remite a Obras Públicas, cuyo
ingeniero jefe informa en octubre de 1904 favorablemente.
No sabemos
si las obras comenzaron de inmediato, suponemos que si, de ser así posiblemente
esta casa se terminaría de construir en un par de años como mucho, por tanto en
torno a 1906-1907 estaría concluida.
Estamos
seguros que ya en el año 1911 estaba en
pie, pues existe una postal de la época que así lo confirma.
Lo curioso
de esta casa es que en el solar que ocupa, y en el que como decíamos existían
tres casas nº 37, 39 y 41 de la hoy
Médico Estévez, ya en las mismas muchos años antes había comercios, pues en el
padrón de industrias del año 1893, se refleja que en la calle de la Carrera nº
39 María del Pino Canino regenta una tienda
de abacería, esta misma mujer tendría en 1909 un bodegón, pero en la calle
Marqués del Muni.
Hay que
decir que hasta el año 1901 en el nº 41 de la calle La Carrera vivía el
comerciante Isidoro Rodríguez Molina, que en el padrón industrial de 1895 está
inscrito como propietario de una venta al por menor de vinos, aguardientes y
licores del país. En el padrón de habitantes de 1905, coincidiendo con la
construcción de la Bodega ya no reside en esa dirección.
Desde que concluyó la construcción de este
edificio, ha sido imposible localizar en los padrones de habitantes quien vivía
en el mismo, no hemos podido localizar a nadie hasta 1917.
Todo apunta
a que fue alquilado para comercio. En el año 1907 existe domiciliada en la
calle Luján Pérez la empresa “Yeoward Brothers” empresa de Liverpool con el epígrafe de venta al por mayor de cereales y harinas
de todas clases y en el año 1915 en la calle Marqués del Muni la empresa
“Frutera Hespérides” con el epígrafe de tratantes de granos, empresa que en 1917
se declara en periodo de liquidación y disolución. Pero en ninguno de los dos
casos se especifica el número donde radica el negocio. Quizás alguna haya
estado en este edificio dada sus características, al ser ambos negocios de
ventas al por mayor y necesitar un amplio espacio. No obstante no hemos
encontrado datos que así lo aclaren. Sólo es una hipótesis.
Nuevo dueño
Según consta
en el Registro de la Propiedad de Guía (Tomo 84 de Guía, Folio 155), esta casa era propiedad de María Dolores
Rodríguez Molina vecina de La Habana y residente en Las Palmas, aclarando que
era dueña por compra y herencia. Es su marido Ramón Rodríguez Ojeda, quien
había solicitado en 1904 la construcción del edificio, el que por medio de
poder de su mujer de fecha 2 de noviembre de 1915 en Guía ante el notario Luis
Calero Luanco, vende a Juan Bolaños Hernández, casado y comerciante por el
precio de 5000 pesetas.
Juan Bolaños
Hernández nació el 29 de marzo de 1870, procedía de Llano de Parras, de donde
eran sus padres, Juan Bolaños González y Manuela Hernández, quienes
tuvieron doce hijos. Hijos que emigraron
a Cuba, y donde hicieron fortuna, entre ellos el propio Juan Bolaños Hernández,
que al regresar de la isla caribeña, compró esta casa. Esta familia era dueña
de la finca denominada “La Cruz” junto al Albercón de la Virgen.
En 1917 Juan
Bolaños ya está inscrito en el padrón de habitantes junto a su mujer Maximina
Pérez Silva en la calle Marqués del Muni, y así mismo en el padrón industrial
de venta de bebidas espirituosas, espumosas y alcoholes.
En
el censo de población de 1924 este matrimonio está censado en la calle Luján
Pérez nº 37. El negocio que Juan Bolaños establece está dedicado principalmente
a la venta de comestibles y bebidas, de los denominados ultramarinos. Aún
el año 1931, y en el Anuario Industrial
y Artístico de España, en la relación de comercios de Guía consta como venta de
comestibles. A pesar de tipo de tienda, y según me comentan algunas de sus
sobrinas, era conocido por “Juanito el Bodeguero”.
De
Juan Bolaños Hernández podemos añadir que fue un hombre que participó durante
una etapa de su vida en la política local, ocupando durante varios años el
cargo de concejal del Ayuntamiento de Guía, muriendo en agosto de 1935, a la edad de 65 años cuando
desempeñaba las labores de edil municipal. Miembro del Partido Republicano
Radical de Guía, fue uno de sus fundadores el 4 de febrero de 1932, junto a
otros conocidos ciudadanos de la época, prácticamente todos los miembros de la
primera Juan Directiva de este partido ocuparon bien el cargo de concejal o de
alcalde: Presidente Emiliano Ayala Jiménez; vicepresidente Fernando Máximo
Guerra; tesorero Augusto Hernández Suárez; secretario Tomás Estévez Galván; vocales
Juan P. Guerra Galván, Blas Saavedra Medina, Federico Martín Molina. La sede
del Partido Republicano Radical estuvo en sus inicios en las calle Luján Pérez,
7; y en marzo de 1933 en la planta baja
de la casa nº 13 de la Calle Marqués del Muni.
Al fallecer
Juan Bolaños Hernández, su viuda Maximina Pérez Silva, decide arrendarlo. Será
a partir del 18 de julio de 1936 cuando el negocio pase a ser explotado por Santiago
Gil Cabrera, natural de San Lorenzo, pero establecido en Guía como comerciante
desde 1930, junto a su esposa Cristina Romero Betancort que era natural de
Arucas.
Santiaguito
el Bodeguero como cariñosa y familiarmente se le conocía en Guía fue un hombre
tan apreciado en la ciudad que ocupó en más de una ocasión el cargo de concejal
del Ayuntamiento de Guía, en la década de los años cuarenta del siglo XX, junto
al alcalde Juan García Mateo. La tienda-bodega desde la época de su anterior
dueño Juan Bolaños Hernández era todo un referente en la comarca, pues en ella
se podían encontrar artículos de primera calidad, y especialmente el queso de
flor de Guía, de cuya venta ha sido todo
un referente en la historia del noroeste de la isla.
La tienda con el paso de los años
apenas sufrió en su interior modificaciones, lo único que con el tiempo se quitó fueron las barricas de vino por que
las costumbres de consumo fueron cambiando.
Santiago Gil Romero que nació en Guía en el 17 de
abril de 1939, con apenas seis años ya comenzó a realizar sus primeros trabajos
en la bodega de su padre, trabajos que compartía con sus estudios en el Colegio
Santa María. Por tanto ha estado prácticamente toda su vida, desde su más
tierna infancia, detrás de un mostrador, hasta su jubilación el pasado 2005.
Por tanto el
comercio que todos nosotros conocemos como “Bodega de Chago” es un comercio casi
centenario (1917-2007).
Ahora una
vez cerrado, queda la posibilidad de reabrirlo si se implican las instituciones
públicas con rapidez; si en un corto
periodo de tiempo no se lleva a efecto la reapertura, me temo que al final todo se quedará en
buenas intenciones, es decir, la “Bodega de Chago” pasará a la historia.
En Guía de Gran
Canaria, 22 de mayo de 2007. Día de
Santa Rita de Casia (quien por la generosidad en otorgar favores has sido
llamada Mediadora de los sin esperanza e incluso de lo Imposible)
Sergio Aguiar Castellano
Lcdo. en Filología Hispánica
Especialista Universitario en Archivistita
Archivero-Bibliotecario del Ayuntamiento de Guía de Gran
Canaria
Fuentes:
Archivo Histórico Provincial”Joaquín Blanco”
Archivo Municipal de Guía
Archivo Parroquial de Santa María de Guía
Registro de la Propiedad de Guía
Museo Canario
Fotos:
D. Antonio García Ramos
D. Santiago Gil Romero
D. Javier Estévez
Domínguez
D. Francisco Suárez Moreno
Archivo Municipal de Guía
Revista Sobremesa nº 118-octubre 1994-Año 11 (Gracias a
Juan Eugenio García)
FEDAC (www.fedac.org)







