"Las reglas del juego"

Música de Papagüevos
Por Santiago Gil
Los días de fiesta cambiaba el escenario. El entorno de laplaza perdía la quietud y el silencio de casi todo el año y se transformaba en
una feria con ruido de ruletas, disparos de balín, altavoces de tómbolas con un
guineo de pareados socorridos y olores a azúcar requemada, garapiñadas y jareas.
Pero lo que más nos atraía de los puestos festeros de nuestra infancia eran las ruletas, y en concreto la ruleta de Carmen. Llegaba cada año a su cita al lado de donde hoy están las cabinas telefónicas la Plaza Chica. Allí extendía sus acristalados naipes y echaba a rodar la ruleta de madera que sonaba a matraca a medida que buscaba la carta elegida. No sé qué edad podíamos tener en aquellos años, pero seguro que andábamos entre los diez y los doce años. No era como hoy: en días de fiesta hasta lo niños podían saltarse las normas cotidianas. Llegábamos con nuestra peseta o nuestro duro y nos jugábamos los cuartos apostando a la Sota de Bastos o al Caballo de Copas. Descubrimos el juego y las reglas del azar prematuramente. Luego, con los años, no he sido reincidente, quizá porque entonces aprendí que se gana y se pierde por puro azar, y que en ese juego te puedes llegar a enganchar. Nosotros estábamos enganchados durante cinco o seis días. Y no hablo de uno o dos chiquillos. Casi todos los niños del pueblo nos arremolinábamos en torno a la ruleta. Lo de los cubiletes o los naipes era una cosa de mayores, de muchas cantidades de dinero y de puertas de bares. Lo nuestro era un juego que te daba para comprar más caramelos de nata o más estampas, y también para adquirir la quincalla y los colgantes que traían los otros feriantes. Nunca nos arruinamos, ni tampoco perdimos grandes cantidades. Y la verdad es que a uno se le pone todavía la piel de gallina cuando recuerda el momento en que salía la carta a la que habíamos apostado nuestro duro. De golpe te sentías el rey del mambo, el más fetén de entre todos los amigos, el tocado por los dioses y la fortuna. Vale que sería ilegal y hasta poco deseable ese acercamiento a los juegos de azar, pero entonces éramos más montaraces y atrevidos. Tampoco nos transportaban con sillas de seguridad en los coches ni llevábamos casco cuando nos aventurábamos en bicicletas sin frenos por las calles del pueblo. Pero aun así sobrevivimos y aprendimos muchas reglas básicas de la vida. En este caso supimos de los caprichos del azar. Siempre manda él. Tú eliges carta pero luego es la ruleta la que determina. Y da lo mismo que berrees, que le reces a santa Rita o que te pongas una herradura en el bolsillo. Sí es verdad que algunas veces, si te concentrabas con todas tus fuerzas en un número, se producía el milagro. Digamos que ocurría algo similar a lo que nos sucede de vez en cuando en la vida. Por eso no nos queda más remedio que seguir deseando con todas nuestras fuerzas aquello que queremos y que necesitamos para ser felices. No hay reglas establecidas ni fórmulas matemáticas que avalen el resultado de esos esfuerzos, pero sí es verdad que como pasaba con la ruleta de Carmen de vez en cuando se produce el milagro. Y al igual que sucedía entonces cuando elegíamos el Caballo de Copas y salía el Caballo de Copas la alegría es incomparable. Por eso seguimos apostando por los sueños.
Abril de 2007.

Memoria Insular
En 2003 el Cabildo de Gran Canaria cerró
el portal www.memoriainsular.org. Si bien la corporación insular editó tras el cierre un CD con
los contenidos del mencionado portal, GUIADEGRANCANARIA.ORG ha
considerado conveniente rescatar este magnífico trabajo, reproduciendo la
totalidad de los datos de las tres ediciones del proyecto "GRAN
CANARIA:MEMORIA INSULAR" con el fin de mantener el mismo nivel de difusión
que tenía hasta el cierre del citado portal.
A continuación trascribimos el texto de la presentación que hizo en su día el PORTAL www.memoriainsular.org:
QUÉ ES "MEMORIA INSULAR"?
Mirar atrás es necesario para avanzar con seguridad. Sin conocer el pasado no puede comprenderse el presente ni construirse con solidez el futuro.
El proyecto "GRAN
CANARIA:MEMORIA INSULAR" nació desde la convicción de la importancia del mensaje de las frases anteriores. Con él, la Consejería de Educación del Cabildo de Gran Canaria se propuso contribuir a mejorar el conocimiento de los grancanarios sobre su tierra, sobre sus gentes, sobre su historia.
¿QUÉ ES "GRAN
CANARIA:MEMORIA INSULAR"?
Es un proyecto divulgativo y formativo que nació en la Consejería de Educación y Universidad del Cabildo de Gran Canaria. Comenzó a gestarse a finales de 1999, y ha tenido tres versiones sucesivas a partir de diciembre de 2000, cerrándose en Enero de 2003.
¿QUÉ OBJETIVOS TIENE?
El proyecto "GRAN
CANARIA:MEMORIA INSULAR" pretende recuperar para la sociedad de hoy los hitos principales de la Memoria Insular de Gran Canaria y expandir su conocimiento de modo sencillo, ágil y accesible.
¿CÓMO SE HA PRESENTADO?
Para divulgar ese conocimiento no sólo directamente sino incitando, además, a acudir al auxilio de las nuevas tecnologías, "GRAN
CANARIA:MEMORIA INSULAR" ha difundido sus contenidos en dos soportes:
1) UN ALMANAQUE, que ha sido repartido en cada diciembre en los centros de enseñanza, principalmente. Ha sido un almanaque de formato grande, ideado para ser colgado en aulas o en salas de estudio de los centros con la doble finalidad de a) ofrecer los contenidos del proyecto de un modo directo, claro, diseñado con intención pedagógica; y b) ejercer las funciones normales de almanaque-agenda.
2) UNA PÁGINA INFORMÁTICA que desarrolla los contenidos del almanaque ampliados y enriquecidos, como permite las especificidades de este soporte [cerrada en su web original y reabierta en GUIADEGRANCANARIA.ORG].
¿A QUIÉN ESTÁ DIRIGIDO?
Está dirigido, en primera instancia, a los alumnos de secundaria de la isla; pero también el público interesado en general, de un nivel medio de conocimientos. En su desarrollo, "GRAN
CANARIA:MEMORIA INSULAR" ha abierto un concurso dedicado exclusivamente a los alumnos.
¿CUÁLES SON SUS CONTENIDOS?
"GRAN
CANARIA:MEMORIA INSULAR" ha desarrollado tres unidades de contenidos:
MEMORIA INSULAR 2001 se dedicó a la recuperación de la Memoria Humana de Gran Canaria, es decir a rescatar la memoria de muchos de sus antepasados ilustres; MEMORIA INSULAR 2002 a recordar la Memoria Histórica y Social de la isla; y MEMORIA INSULAR 2003 se dedicó a recordar la Memoria Cultural y Científica de Gran Canaria.
¿CÓMO SE HAN ORGANIZADO SUS CONTENIDOS?
En coherencia con el almanaque que le da soporte, MEMORIA INSULAR ha distribuido sus contenidos en doce unidades o capítulos, correspondientes a cada uno de los doce meses del año.
Los capítulos de 2001 (Memoria Humana): 1- Imagen de la vida es la novela. 2- Nombres del Modernismo. 3- Por la historia a las raíces. 4-Se abre la historia. 5- Lo canario como inspiración artística. La Escuela Luján Pérez. 6-La fuerza de la creación artística. 7- Un intérprete de excepción. 8- Nombres grancanarios de la política (I). 9- Los primeros escritores. 10- Voces de encuentro y desafío. 11- La inquietud investigadora. 12- Nombres de la política II.
Los capítulos de 2002 (Memoria Histórica y Social): 1- Gran Canaria se puebla. 2- Los aborígenes se organizan. 3- Europa se expande hacia el Atlántico. 4- La administración real. –5 Mercaderes, comerciantes y marginados. 6- La administración moderna. 7- Los Puertos Francos. 8- El Puerto de la Luz. 9- La administración actual. 10- El turismo en Gran Canaria. 11- Los conflictos y las crisis.- 12- La Historia General de las Islas Canarias, de Viera y Clavijo.
Los capítulos de 2003 (Memoria Cultural y Científica): 1- Hitos de la enseñanza en Gran Canaria. 2- Bajo el signo de la Ilustración. Instituciones de los siglos XVIII y XIX. 3- El especial modernismo canario. 4- Los inicios de la prensa en Gran Canaria. 5- Espacios museísticos. 6- La eclosión de la información de masas. 7- Espacios para el Teatro. 8- Cine y Vídeo en Gran Canaria. 9- Espacios para las Artes Plásticas. 10- La Música en Gran Canaria. 11- Espacios para la Literatura. 12- Espacios para la Ciencia
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Hotel Puerto de Las Nieves
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Hotel cerca de la Playa de Agaete y con spa. El "Puerto de las Nieves" es un hotel acogedor, que dispone de una gran variedad de servicios para proporcionarle una estancia de relax y diversión en el Noroeste de Gran Canaria. Está situado en el incomparable marco del Puerto de las Nieves, en el pueblo pesquero de Agaete, al nortoeste de la isla. Dispone de 30 habitaciones cuidadosamente decoradas. Todas disponen de modernos equipamientos como baño completo, TV con Canal +, minibar y teléfono. Entre sus instalaciones, destacan su restaurante “Faneque” con una variada selección de productos de la tierra, salas para reuniones y un completo gimnasio. Además, el Hotel Puerto de las Nieves ha creado una magnifica zona de |
Hotel near the beach and spa Agaete. The "Puerto de las Nieves is a friendly hotel that offers a variety of services to provide a relaxing and diversity in the northwest of Gran Canaria. Situated in the incomparable setting of Puerto de las Nieves in the fishing village of Agaete to nortoeste of the island. It has 30 rooms carefully decorated. All have modern equipments, such as bathroom or complete, TV with Canal +, minibar and phone. Its facilities include a restaurant? Faneque? with a varied select earth products, meeting rooms and full gym. The Hotel Puerto de las Nieves has created a magnificent spa area, |
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"Salvar La Bodega"
La abrumadora respuesta de la gente nos anima a seguir.
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GALERÍA DE FOTOS
Añadir que en este periodo somos muchos los que colaboramos activamente y que hay buena predisposición por todas las partes para que el objetivo se haga realidad. Tanto la familia propietaria del inmueble, como algunos empresarios y las administraciones públicas, han manifestado su voluntad de que Guía pueda seguir ofreciendo a sus gentes y a los visitantes un espacio único e irremplazable donde poder improvisar una tertulia mientras degustamos el queso de flor, al tiempo que nos sentimos, por momentos, seres coetáneos de cuantos por allí transitaron en el último siglo.
Sólo me queda decirles que animen a la gente a firmar en el LIBRO DE ADHESIONES que insertamos en esta web. Para aquellos que lo deseen, pueden bajarse la hoja de firmas, con vistas a que sean firmadas por quienes, en uso de su libertad, no usan estas tecnologías.
Antonio Aguiar.
info@guiadegrancanaria.org
Guía. 17 de mayo de 2007. BAJARSE LA HOJA DE FIRMAS FIRMAR DIGITALMENTE EN EL LIBRO DE ADHESIÓN
VER GALERÍA DE FOTOS (cedidas por Sergio Aguiar)
La bodega de todos. Juan Dávila García
Por Juan Dávila GarcíaEs un extraordinario estimulo para los guíenses recordar, tan insigne lugar, pero al amparo de tan irreparable perdida, han sido muchas las plumas que sin tener la más remota idea de lo que significa para nosotros –los guíenses-, la bodega de Santiaguito se han lanzado al tatami de la escritura sin saber nada de tan ilustre lugar, haciendo cada uno su comentario sin realzar el valor histórico, cultural y social que la misma le dio a Guía durante muchos años y que jamás será olvidado. Yo como asiduo visitante de tan querido establecimiento, como he manifestado en mi reseña histórica de la bodega publicados en el blog de Alejandro Moreno y en infonortedigital, desde mi más tierna infancia y como conocedor de cuanto allí se coció, no puedo menos que irritarme cuando veo alguna publicación en la página web de Antonio Aguiar de personajillos de tres al cuarto, que no siendo ni tan siquiera naturales de Guía, hacen manifestaciones pateando el diccionario de la lengua para así acreditarse como intelectuales cosas que no son, a los cuales jamás vi en “la bodega de todos”, la ignorancia –como dijo el filosofo- es muy atrevida.
La bodega en sus 71 años de existencia, ha tenido la gallardía de mantener un status de grandilocuentes connotaciones, los ilustres visitantes que allí departieron sobre los más variopintos temas, así lo acreditan. Nombrar la bodega de nuestro pueblo significaba reconocer el buen quehacer de sus propietarios primero Santiago Gil Cabrera y posteriormente su hijo Santiago Gil Romero, los cuales relucieron por ser amigos de todos los que allí nos acercábamos, sin que existiera la más mínima distinción por un cliente determinado. Recuerdo las grandes partidas de subastado donde participaban los mejores y más acreditados jugadores de Guía, o las de domino tan recientes en el tiempo y alguna que otra de ajedrez. Éramos muchos los que ociosamente pasábamos en la bodega la mayor parte de nuestro tiempo, allí no solamente nos distraíamos jugando a algo sino que además Santiaguito y más tarde Chago nos ofrecía el manjar exquisito del queso de Guía en sus diferentes formas, acompañados de un pisco de ron, un vaso de vino o de cualquier otra bebida que degustábamos con enorme placer, el ambiente de la bodega hacía que así fuera. La bodega era sinónimo de patriotismo y los guíenses nos reuníamos allí para debatir los problemas que aquejaban a nuestra municipalidad y de tan carismático lugar salieron acuerdos muy beneficiosos para nuestro pueblo. La bodega era algo entrañable, resumía nobleza e hidalguía y esto se reflejaba en el ambiente que en la misma reinaba.
Recuperar la bodega con todo lo que ella significa para nuestro pueblo, estimo es una labor prioritaria para todos los que nos sentimos guíenses de corazón y amamos a nuestro pueblo, este icono de ilustrada representatividad no se puede perder eternamente, la historia de Guía no puede olvidar lo que ha sido la bodega en su contexto social, testigo fiel de muchos aconteceres que por lo importante de los mismos, no podemos obviar, seamos consecuentes y luchemos para que algo tan hermoso vuelva abrir sus puertas y no regateemos esfuerzos hasta así conseguirlo.
Juan Dávila García
NOTA: TEXTO PUBLICADO EN INFONORTEDIGITAL.COM
"La presa y la manigua"

Música de Papagüevos
Por Santiago Gil
Nosotros nos criamos jugando en la manigua. La presa eranuestra manigua. Desde niños aquello siempre fue algo distinto al resto del
pueblo, un paisaje que desafiabas desde la altura, torrentes de agua cayendo por
todas partes, la tupida vegetación de laurisilva y palmerales, recovecos,
primeros cigarrillos, primeros amores, escenario de sueños y de tardes enteras
tratando de entender el mundo mirando hacia las aguas mansas sobre las que
dibujaban caminos los patos silenciosos.
La presa también se convirtió luego en el escenario de nuestras primeras gamberradas. Fue muchas veces el espacio de combate de nuestras peleas contra los de La Cuesta, y también el lugar en el que conseguíamos los tallos de las palmas con los que hacíamos los arcos con los que disparábamos las flechas de caña. También nos decían que no debíamos bañarnos, ni en la presa ni el estanque que lleva tantos años seco y lleno de alimañas. Pero nos bañábamos. A mí nunca me gustó mucho bañarme en la presa. Me metieron mucho miedo con aquello de que te chupaba el agua. Estaba todo el rato pendiente de que no me succionaran, y claro, así no hay quien disfrute del agua, del baño ni del paisaje. Había que bañarse por lo mismo que había que tocar las puertas de los torreones, para que no nos tomaran por cagones y para poder seguir disfrutando de cierto predicamento en la pandilla. Nos vendían peligros por todas partes y nosotros no creo que pudiésemos ser más felices que desafiando esos peligros, sobre todo cuando nos colgábamos por los precipicios tratando de abrir caminos de acceso entre los riscos o las zonas más escarpadas. La presa la comparábamos con las selvas que veíamos en las películas, sobre todo la parte que está más cerca a Ingenio Blanco, por donde discurrían canales de agua helada que dejaban crecer la hierba verde a su alrededor. Nosotros a aquello le llamábamos pretenciosamente el césped, y allí nos podíamos tirar largas horas remojándonos en los canales y tratando de encontrarle el placer a eso de acostarse largas horas en la hierba. Al final lo único que conseguías era que se te metiera un carrancio en la entrepierna o en las pocas pelambreras que teníamos entonces en nuestras canillas. En ese momento siempre aparecía el bruto de turno que estaba empeñado en que la única manera de arrancar un carrancio o una garrapata era metiéndole fuego con un fósforo o un mechero. Menos mal que no me dejé quemar por aquellos pirómanos metidos a galenos. No quiero ni pensar cómo podría haber sido luego mi vida sexual de haberme dejado meter un fósforo en los cataplines. Pero me fui salvando del fuego, de morir electrocutado y de acabar succionado por los fondos traicioneros. También escapé loco de las pedradas y de las lanzas de caña con la punta de verguilla de las guirreas. Gracias a eso pude disfrutar luego de la presa como disfrutaría un neoyorquino de Central Park o un madrileño del Retiro. Ya adolescente la presa era el lugar al que acudía en busca de respuestas. Me encantaba perderme por los campos, sobre todo por la zona que conduce a San Juan, en concreto en un pequeño bosque de lauirisilva que había si te desviabas a mano derecha. O me entretenía mirando los horizontes del mar y el Teide, o la visión del casco histórico y el Pico de La Atalaya. Allí acudía a soñar mi futuro, a penar mis primeros desamores o a dejar pasar las horas en esa edad en la que todo tu cuerpo y tu cerebro parecen estar a punto de electrocutarse a sí mismos en cualquier momento. La presa era la manigua que sosegaba mi espíritu convulso. Junto con las orillas de Agaete también fue el lugar en el que se me grabaron muchos de los versos que escribo hoy en día. No manejaba entonces las palabras, pero la energía vital que tenía y que se enaltecía en aquel paisaje seguro que comenzó a escribir lo que ahora parece que invento. Viene todo de aquellas tardes, de cuando se hacía de noche y bajaba por la Cuesta de Caraballo preguntándome qué iba a hacer en el mundo, y sobre todo qué diablos pensaba hacer el mundo conmigo. Hace tiempo que no vuelvo. Cuando regresaba me gustaba ir acompañado de Tomasín. Él iba abriendo siempre el camino cuando mi abuela juntaba a unos cuantos nietos y nos regalaba aquellas tarde memorables en un bosque que a uno ahora le parece mentira que pudiera confundir con un bosque.
La presa era el lugar donde más en contacto estábamos con la naturaleza, nuestro paraíso más edénico y salvaje. Detrás de cada estela que aún queda en el agua mansa de la tarde están los ojos de todos nosotros cuando nos alongábamos al dique en busca de aventuras o respuestas. Cierro los ojos y me veo solo, con aquel aire frío de tantas tardes de invierno golpeando mis sienes, trepando por los riscos o bajando a la orilla donde los patos y las carpas conocían nuestros nombres. O me asombro igual que entonces siguiendo el vuelo majestuoso de aquella pareja de garzas reales que cada tarde danzaba sobre las aguas antes de ocupar su nido trashumante y cálido en la parte más inaccesible de los riscos. Llegaban puntuales cada año. No sé si aún seguirán volviendo. No conozco el tiempo que vive una garza, ni cuántos años les suelen durar los amores. Igual hacen como las gaviotas, que cuando ven morir a su pareja se estrellan violentamente contra las rocas para ir en su busca. Se suicidan. Uno cuando escribe lo único que hace es evitar que los recuerdos terminen haciendo lo mismo que las gaviotas contrariadas. Lo aprendí hace muchos años en nuestra manigua.
Abril de 2007.

Hombre a-sombrado. Alexis Ravelo
“Perdió su sombra como podía haber perdido
cualquier otra cosa”. Así comienza Un hombre solo y sin sombra,
la novela corta que abre y da título al libro más reciente de Santiago Gil
(Guía de Gran Canaria, 1967), una obra que se deja leer con facilidad pero que
se hace pensar una y otra vez hasta conducirnos a las lindes de la relectura.
Por Alexis Ravelo.
Con
ese punto de partida, que cualquier otro hubiera utilizado para elaborar una
ficción de corte fantástico (de hecho muchos lo han hecho, con mejor o peor
resultado), Santiago Gil desarrolla una narración marcadamente realista, que se
acerca, en ciertos y memorables pasajes, al esperpento valleinclanesco o al
despiadado humor de Canetti en Auto de fe. La pérdida de la sombra de Gilberto (una
extraña mezcla de Ignatius J. Reilly, Norman Bates, y Harry Haller), la
obstinada búsqueda que éste realiza de la misma, empeñado en que se la han
sustraído y encontrará a los culpables (cuando el lector, merced a la
complicidad del autor, ha entendido ya desde las primeras páginas que no se
trata más que de una obsesión) y la galería de personajes marginales que le
rodean a lo largo del despliegue de su neurosis (a los que Gil exprime
hábilmente el jugo necesario, sin por ello desviarse de la trama principal),
sirven de excusa para explorar las implicaciones de la celebérrima frase de
Jean Paul Sartre en A puerta cerrada: “El infierno son los otros”. Con
estas palabras, Sartre se refería, entre otras cosas, a la íntima relación
entre la esencial sociabilidad del hombre y la conformación de su identidad.
Por eso se hace inevitable pensar en ellas cuando nos enfrentamos a la suerte
de estos personajes (y los del resto de los cuentos que completan el volumen),
que se han desconectado, o han sido desconectados, de esa máquina de
inmortalidad que la sociedad supone. La sombra es sentida por Gilberto como la
expresión de su alma, su personalidad, la prolongación de la misma hacia el
mundo, hacia los demás. De ahí que no extrañe al lector que no la tengan
tampoco, para este hombre a-sombrado, los excluidos, los desposeídos, los
marginados de la sociedad. Si bien es cierto que, en el caso del protagonista,
enajenación mental y enajenación social funcionan como vasos comunicantes, en
los demás personajes de estas ficciones breves, la última viene dada como
consecuencia del origen geográfico periférico, la senectud, la enfermedad
devastadora o la cercanía de la muerte. Pienso, con el poeta Federico J. Silva,
a la sazón presentador del libro, que todos los personajes principales de las
narraciones que lo conforman comparten con Gilberto ese rasgo de carecer de
proyección. Y tal peculiaridad es metáfora de uno de los temas más interesantes
y fecundos a la literatura contemporánea: la soledad entre la multitud. Los
personajes de estos textos están indefectible e irremediablemente solos en
Madrid o Las Palmas de Gran Canaria, ámbitos urbanos marcadamente conocidos que
Gil trae al texto sobriamente. Sin embargo, en literatura todo es artificio y
el lector no deberá llamarse a engaño: igual que el París de Cortázar, el
Dublín de Joyce, o la Barcelona de Vázquez Montalbán, las ciudades de Gil
no son las que los demás vemos, sino su correlato literario; no su
descripción geométrica sino la geografía, íntimamente conocida por el autor, y
convertida en paisaje a través de su mirada. Pues, parafraseando a Borges,
el creador es aquél que dice asombro donde otros dicen solamente costumbre.
Y
todo esto a través de una prosa fluida, amena, en la que lo coloquial y lo
culto se combinan con naturalidad para llevarnos de la mano a través la trama
hasta su desenlace.
Otro
aspecto de este libro que mueve a la reflexión es la medida de las distancias
que Gil interpone entre sí y los personajes. Si en los cuentos que le siguen,
la emotividad del autor (que apela a la del lector) se encuentra tremendamente
cercana al mundo de los personajes, haciéndonos sentir compasión de ellos (en
el más primitivo sentido de sentir-con el otro), en la nouvelle que abre
el volumen, como el buen humorista que es, aquél es despiadado, se aleja
sentimentalmente de sus criaturas (como el mediofondista de su adversario) y
las presenta caracterizándolas antes por sus defectos que por cualidades que
podrían atraer nuestras simpatías. Y quizá Gil tampoco se equivoca en esto, ya
que éstos sí han elegido perder su identidad, dejarse llevar por los males de
la época, no asumir sus responsabilidades como individuos en ese monstruo que
es la convivencia. Tampoco, y quizá sea esto lo peor, ante sí mismos. El
ejemplo más claro es Gilberto, que, en el ecuador de su vida sustituye el
cultivo de su mente por el pasivo consumo de contenidos televisivos, las
relaciones sentimentales por la edípica protección de los brazos maternos y la
interacción con los demás por un voluntario encierro, roto por salidas
nocturnas de imprevisibles consecuencias a la caza de su sombra. Pero hay
otros, como Pedro Ermitaño (personaje de sospechosos paralelismos con el
protagonista), que ha construido una pecera para sí mismo en forma de emisora pirata
desde la que oculta sus complejos de inferioridad bajo un discurso del más
xenófobo corte nacionalista. O Águeda, la optimista trabajadora social, perdida en los laberintos de la corrección
política. Ninguno de ellos está precisamente encantado de conocerse. Todos
abominan de los espejos, pues han elegido no elegir, no zambullirse de lleno en
la vida, no mirar de frente a la realidad, no arriesgar. Obran, para volver a la terminología sartreana, de
mala fe, porque no eligen la dirección de sus vidas, como todos en alguna
ocasión, pero, en este caso, de forma irreversible. Se instalan en sus
respectivas cámaras de aislamiento y se dejan vivir , esperando hasta el
cese de la existencia; sin felicidad, sin realización, pero con una dosis de
sufrimiento relativamente razonable.
Finalmente,
el efecto es que también acabamos sintiendo compasión por ellos, aunque con una
mezcla de impotencia, pues, si la situación de soledad de los inmigrantes
ilegales, las prostitutas o los ancianos que pululan por las otras historias es
sobrevenida, dictada por circunstancias geopolíticas o macroeconómicas de las
cuales son víctimas anónimas, la de aquéllos es una soledad que han ido
labrando, día a día, con su actividad o, más bien, con su inactividad. Y aún
así, hay esperanza. Cada uno de estos seres es, en su momento, autor de una
frase o de una idea que nos deslumbran en el momento de su lectura, por su
lucidez y valentía. Esto es, en mi opinión, una pista de migas de pan que el
autor ha dejado sembrada en el texto para llevarnos a una intuición que
atraviesa toda su producción hasta ahora, la constatación de que existe algo
que puede destruirnos pero también puede salvarnos: la palabra.
Título: Un hombre solo y sin sombra.
Autor: Santiago Gil.
Género: Narrativa.
Editorial: Anroart Ediciones.
Lugar y fecha de publicación: Las Palmas de Gran Canaria,
2007.
Páginas: 162.









CONCIERTO_20-0210.pdf



