Los médicos que atendieron a Luján Pérez en su enfermedad. Por Pedro González-Sosa
El pleito de los médicos que atendieron a Luján Pérez en su enfermedad
Luján vio la luz en la entonces villa de Guía en 1756,
lugar donde también falleció en 1815 por expreso deseo como sucedió con
otros ilustres hombres del tiempo pasado y del presente. Resquebrajada
su salud a causa de la enfermedad que padecía, pidió a sus allegados la
voluntad de trasladarse a su pueblo natal a donde llegó acompañado de su
hija Francisca y de su primo Juan González alojándose en la casa que
había sido de sus padres en la calle de Enmedio, donde residían, pues le
sobrevivieron, sus hermanos María José y Carlos.
El pleito de los médicos que atendieron a Luján Pérez en su enfermedad
Luján vio la luz en la entonces villa de Guía en 1756, lugar donde también falleció en 1815 por expreso deseo como sucedió con otros ilustres hombres del tiempo pasado y del presente. Resquebrajada su salud a causa de la enfermedad que padecía, pidió a sus allegados la voluntad de trasladarse a su pueblo natal a donde llegó acompañado de su hija Francisca y de su primo Juan González alojándose en la casa que había sido de sus padres en la calle de Enmedio, donde residían, pues le sobrevivieron, sus hermanos María José y Carlos.
Allí convalece de sus achaques pulmonares que cada vez son más frecuentes hasta que en la tarde del 15 de diciembre entrega su alma al Creador, siendo amortajado con el hábito de San Francisco, capítulo de su biografía harto conocido pero que ha sido necesario recordar como complemento de los datos que se ofrecen respecto al conocimiento por curiosidad de quienes le atendieron en su enfermedad para aliviar sus males.
Y conocemos los nombres de aquellos profesionales porque, fallecido el escultor, se inicia un proceso judicial promovido por los médicos que le atendieron y los farmacéuticos que facilitaron las medicinas para remedio de sus dolencias, procedimiento iniciado en noviembre de 1816 cuando los médicos Nicolás Negrín, José López y Antonio Riog, y los boticarios Manuel Sigles y Manuel López firman un poder (cuyo final del testimonio se reproduce para ilustrar estas notas) ante el escribano Pedro Tomás Aríñez a favor de los procuradores Rafael Martín y Tomás Socorro para que les represente en las diligencias que han promovido en el Juzgado del Alcalde Mayor "sobre el cobro de mrs. (sic) que les adeudaba don José Luxán y Pérez, vecino que fue de esta referida ciudad por la asistencia en sus dilatadas enfermedades, les ayuden y defiendan en las propias diligencias activando su pronto despacho y haciendo cualesquiera pedimentos y recursos hasta realizar el cobro". El procedimiento fue algo largo en el tiempo pero al fin pudieron cobrar su deuda según se desprende de las anotaciones recogidas en los documentos que sobre el escultor y su familia guardan los herederos del biznieto del escultor, Teófilo Naranjo y Martínez de Escobar.
Los médicos que entablaron el procedimiento, según se ha dicho, fueron Nicolás Negrín, que ejerció en el Hospital de San Martín entre 1797 y 1838; Antonio Roig ejerciendo en el mismo centro entre 1811 y 1855, que según Juan Bosch Millares "fue el que introdujo en Gran Canaria la medicina experimental y fisiológica"; y Antonio López Rodríguez, que también lo fue en el mismo centro entre 1804 y 1842. En 1815 había en Las Palmas tres boticas o farmacias: la de Luis Vernetta en la calle Remedios, la de Manuel Fernando López en Villavicencio y la de Manuel Sigles en la calle Muro esquina a Fuente, frente a la Plazuela.
El Señor de la Burrita y el cura Eladio Suárez Estévez. Por Pedro González-Sosa
Pedro González-Sosa
Ignoro las razones que tenía mi abuelo, José Sosa Suárez, para afirmar de forma reiterada, conocida seguramente porque fueron contemporáneos (versión que se transmitió en la familia hasta nuestros días), que la imagen del Señor de la Burrita que se procesiona cada Domingo de Ramos saliendo desde la iglesia de San Bernardo o San Telmo había sido un obsequio de un primo suyo, sacerdote, llamado Eladio Suárez Estévez, aunque nada escrito quedó, al parecer, en aquel archivo.
Ignoro las razones que tenía mi abuelo, José Sosa Suárez, para afirmar de forma reiterada, conocida seguramente porque fueron contemporáneos (versión que se transmitió en la familia hasta nuestros días), que la imagen del Señor de la Burrita que se procesiona cada Domingo de Ramos saliendo desde la iglesia de San Bernardo o San Telmo había sido un obsequio de un primo suyo, sacerdote, llamado Eladio Suárez Estévez, aunque nada escrito quedó, al parecer, en aquel archivo. Por averiguaciones de comunes de amigos dedicados igualmente a la investigación de la historia de la ciudad y de la isla, conocemos que la imagen ya estaba en aquella iglesia en 1897 porque Diario de Las Palmas publica en aquel abril su primera salida procesional. Respecto a la procedencia quedó la versión de que vino de Valencia y respecto a su autoría se opina que Mariano Benlliuri, emparentado con la familia Lleó Mira, que vivía en la zona trianera, pudo aconsejar el encargo a cualquiera de los escultores levantinos de la época, sobre cuya autoría se cita como posibles a Juan Dorado y Domingo Pastor.
Eladio Suárez Estévez había nacido en Guía en 1861 como hijo de Santiago Suárez y Petra Estévez, siguiendo los estudios eclesiásticos en el seminario diocesano, y fue hermano de Maximiano, funcionario del Juzgado de Primera Instancia de aquel pueblo y fallecido en Las Palmas "en la calle de Triana" donde vivía la familia, según una nota necrológica aparecida en la prensa de aquel tiempo, y de José, fallecido igualmente en esta ciudad en 1902 cuando viviendo en la calle Toledo de Santo Domingo sobre cuya muerte el periódico de Tenerife Unión Conservadora, en un obituario, lo hizo "farmacéutico" cuando en realidad fue solo empleado de farmacia.
Nuestro Eladio fue coadjutor de la parroquia de San Bernardo cuando la regía como ecónomo Miguel Domínguez Suárez, que por su otras responsabilidades en el Seminario y en el Obispado descargó las parroquiales en su ayudante razón, por la que el cura guiense se ganó el aprecio y simpatía de sus feligreses y en este tiempo se produjo el encargo de la imagen.
En una de las remodelaciones parroquiales el obispo Padre Cueto (que lo fue de 1891 a 1908) lo envió a la de Santo Domingo, donde permaneció cuatro años hasta que nuevamente fue trasladado a San Gregorio de Telde donde falleció en 1908 de cuyo paso por aquella parroquia las crónicas de entonces lo recuerdan como "un hombre de gran carácter", motivo por el que mantuvo enfrentamientos con su feligresía y algunas autoridades, incluido el alcalde.
No obstante, contó siempre con el aprecio y apoyo del prelado para quien, eso también lo recordaba nuestro abuelo, llegó a actuar de secretario -o "paje", como se decía hasta hace poco- en algunas visitas pastorales del obispo y concretamente en la realizada en 1898 a Fuerteventura, en la que formó parte de su comitiva episcopal.
Entre los viejos papeles conservados en nuestro archivo figura un amarillento cuaderno original, llegado a la familia seguramente entre los que dejó Eladio a su muerte donde puede leerse en su carátula: "Pertenece a Eladio Suárez por regalo que le hizo el señor capitán de estas Milicias don Felipe Valdez y Merino, hoy 3 de febrero de 1878" y tiene su firma, según se podrá observar en la ilustración. Contiene además en la primera hoja una anotación que dice: "El título del señor beneficiado don José Valdez [hermano del capitán] del tiempo que sirve esta parroquia. Su fecha 24 de junio de 1825" y recoge la relación de imposiciones pagadas al Beneficio que de forma particular llevaba el mencionado párroco que lo fue desde 1821 hasta 1843 en que cesó, falleciendo en 1845.
El CINE DE ENRIQUITO. Braulio García Bautista
Braulio García Bautista
Gracias al amplio reportaje que nos muestra la página web de Guía, me he enterado de la inauguración del nuevo Teatro Hespérides y, casi de forma inmediata, me asaltaron una serie de imágenes difusas- teñidas con ese color sepia característico de los viejos recuerdos- que, allá por la prehistoria, contemplé o viví en el cine de los Saavedras, el único lugar donde uno podía abstraerse de la monótona realidad del pueblo. En la oscuridad de aquella sala, arrebolados los cachetes por la emoción, tuve mis primeros escarceos amorosos, y eso es algo que difícilmente se olvida.
Braulio García Bautista
Gracias al amplio reportaje que nos muestra la página web de Guía, me he enterado de la inauguración del nuevo Teatro Hespérides y, casi de forma inmediata, me asaltaron una serie de imágenes difusas- teñidas con ese color sepia característico de los viejos recuerdos- que, allá por la prehistoria, contemplé o viví en el cine de los Saavedras, el único lugar donde uno podía abstraerse de la monótona realidad del pueblo.
En la oscuridad de aquella sala, arrebolados los cachetes por la emoción, tuve mis primeros escarceos amorosos, y eso es algo que difícilmente se olvida. Allí, también, en la tenue atmosfera donde danzaban miríadas de motitas de polvo sorprendidas por el haz de luz parpadeante que brotaba del cuarto donde operaba Enriquito el Churro – quien, además de “echar” las películas, era un hábil coiffeur pour dames -, allí, les decía, me codeé con el “duro” de Eddie Constantíne (“El Agente K debe Morir”), aquel actor francés, de origen americano y cara atormentada por la viruela, al que luego solía imitar ante el espejo del baño de mi casa. Allí, henchido el corazón con charras emociones, canté con Jorge Negrete o Pedro Infante sus vibrantes rancheras, guapangos o corridos. Allí, ¿cómo olvidarlo?, cabalgué con Hopalong Cassidy, en los primeros westerns que recuerdo, y también grité angustiado cuando “el muchacho”, que huía de los indios siuxs montado en aquel hermoso caballo blanco, era jaleado por todo el cine que galopaba con él en las sufridas butacas, mientras le pedíamos, desaforadamente, que fustigase más al caballo para que escapara de una vez de aquellas hordas de pieles rojas que iban tras su rubia cabellera…
FUNDACIÓN Y EVOLUCIÓN DEL CINE "HESPERIDES". Pedro González Sosa

Pedro González Sosa
Antes de que naciera el teatro-cine que se ha convertido hoy en protagonista principal de este acto --y por supuesto forma parte de la historia contemporánea de la ciudad de Guía de Gran Canaria-- es justo advertir que ya existía en la entonces todavía villa antes de la construcción de este edificio un teatro en el que fue convertido como tal a finales del siglo XIX la que había sido ermita de Santa Catalina que formaba parte del conjunto conventual de los franciscanos junto al famoso hospicio.
Pedro González Sosa
Antes de que naciera el teatro-cine que se ha convertido hoy en protagonista principal de este acto --y por supuesto forma parte de la historia contemporánea de la ciudad de Guía de Gran Canaria-- es justo advertir que ya existía en la entonces todavía villa antes de la construcción de este edificio un teatro en el que fue convertido como tal a finales del siglo XIX la que había sido ermita de Santa Catalina que formaba parte del conjunto conventual de los franciscanos junto al famoso hospicio. El edificio de la ermita inició en 1854 un tortuoso camino de ventas y subastas públicas hasta que por fin retornó al ayuntamiento cuando el último de sus propietarios, Manuel Verdugo, dejó de abonar a la municipalidad los más de doscientos reales de vellón de tributo a que se había comprometido notarialmente. El ayuntamiento, pues, lo dedicó a teatro municipal y como tal permaneció, aunque ya fuera de uso durante la segunda mitad del siglo XX, en que también queremos recordar que fue dedicado a otros menesteres, incluso como terrero de lucha para entrenamiento de los luchadores, y que a partir de hace pocos años forma parte del conjunto de la actual y moderna Casa de la Cultura. Entre finales del XIX y mediados del XX aquel primitivo teatro municipal se dedicó, en efecto, a celebraciones artísticas, musicales y de representaciones escénicas el que, a partir de la construcción de este en el que nos encontramos fue popularmente conocido como "Teatro Viejo" hasta nuestros días.
La banda de música de Guía la fundó Jurado en 1840. PEDRO GONZÁLEZ SOSA
Leíamos hace unos días en el periódico La Provincia una información fechada en Telde en la que se decía que la banda de música de aquella localidad estaba a punto de cumplir 125 años de su existencia, calificándola como "la más antigua de toda Canarias" y de acuerdo con los datos aportados parece haber sido fundada en 1886.
Leíamos hace unos días en el periódico La Provincia una información fechada en Telde en la que se decía que la banda de música de aquella localidad estaba a punto de cumplir 125 años de su existencia, calificándola como "la más antigua de toda Canarias" y de acuerdo con los datos aportados parece haber sido fundada en 1886, afirmación que se contradice con las noticias que se pueden aportar respecto a la organización musical (léase banda) puesta en marcha en la norteña ciudad de Guía de la que se tienen noticias --que un día indagó el que fuera particular amigo y paisano ya fallecido Vicente González Miranda-- que refieren que su existencia inicial puede situarse sobre 1840. Las bandas, decía, comenzaron a formarse en España a principios del siglo XIX, y concretaba la fecha de 1819 tras la invasión napoleónica, porque aquellos ejércitos franceses marchaban al son de la música marcial despertando en nuestro país el lógico interés por este tipo de agrupaciones, de tal forma que, según Vicente, y al socaire de las castrenses se fundó la que es considerada como la más antigua no militar de España, la que se llamó Banda Primitiva de Liria en Valencia.

La agrupación musical a modo de banda de la localidad norteña está ligada a la biografía de Eufemiano Jurado Domínguez que, nacido en Antequera sobre 1811 llego a la isla procedente de aquella ciudad como uno de los numerosos hijos de Josefa Domínguez y del gaditano Miguel Jurado Batamente (que había desempeñado el cargo de maestro de capilla en la colegiata de Antequera), que arribó a la isla en 1815 nombrado para desempeñarlo ahora en la catedral de Canarias en nuestra ciudad. Dos de sus hijos, Luis y el mismo Eufemiano, recibieron becas para entrar en el Colegio de San Marcial donde recibieron enseñanzas musicales. Es conocido que Miguel Jurado pasó desde Gran Canaria a Tenerife en febrero de 1820 cuando la creación de aquella Diócesis para seguir ejerciendo como maestro de capilla de la catedral lagunera. De acuerdo con su preparación musical, Eufemiano decidió, se dice, entrar en la carrera militar siendo evidente que por su preparación y conocimientos en esta materia se incorporó a las bandas de música castrenses y como tal llegó a Guía en fecha concreta desconocida por nosotros aunque ya estaba residenciado allí bastante joven desde principios de la década de los años treinta del siglo XIX, porque conocemos que en octubre de 1846, cuando contaba 35 años y seis meses de edad, contrajo matrimonio --en segundas nupcias, porque en la partida de matrimonio se dice que "es viudo de Lucía Delgado"-- en la iglesia guiense con María Concepción del Saz Morales, soltera y de 24 años, como hija de Jacobo del Saz (nieto de otro Jacobo del Saz Aguilar, fundador de la que fue capilla de San Lázaro y en la actualidad dedicada en aquella iglesia a Santa Lucía) y de Josefa Morales de Urquía, natural de Agüimes en cuyo templo casaron. Una de las hermanas de Eufemiano, Maximina, casó igualmente en la iglesia guiense con Blas Bethencourt Sanchez-Ochando.
Eufemiano dio muestras desde muy joven de aptitudes literarias, artísticas y musicales, pues en aquella localidad fomentó la cultura organizando actividades teatrales y conciertos y en plena efervescencia de este tipo de actividades coincide la fundación de la que, en opinión de muchos y principalmente de González Miranda que dedicó un trabajo al tema hace ya muchos años, fundó la que considera como "la primer banda de música no militar de Gran Canaria". De allí regresó Jurado a Las Palmas donde se estableció, y entre otras actividades, fue director de los periódicos El Eco de Gran Canaria, Moralidad y El Pueblo, dedicándose finalmente a la política pues aparece afiliado a varios partidos para ocupar un escaño como senador y diputado con León y Castillo, además de una etapa en que fue nombrado gobernador civil de Tenerife. Falleció en 1884 a los 70 años de edad.
Desde la primera fundada a mediados del XIX por nuestro personaje, en Guía existieron en los siglos XIX y XX sucesivas bandas de música entre municipales y militares en razón, esto último, de estar guarnecido primero un batallón y después un regimiento, relación que haría muy amplia esta croniquilla. Aquella misma fundada por Jurado seguía existiendo en 1852 cuando se celebraron los actos en Gran Canaria con motivo del decreto de Bravo Murillo que, para superar el pleito insular, dividió las islas en dos distritos económicos y administrativos, cimiente de la división provincial de 1927. En aquella manifestación de júbilo participó también una carroza guiense que desfiló acompañada por la banda de
música e interpretó un himno compuesto por el propio Eufemiano. Hay constancia y evidencias de las inquietudes musicales, principalmente, de que siempre hizo gala aquel pueblo y se conocen las variadas veces que las bandas municipales o militares padecieron su disolución por diversas circunstancias, trance que, con respecto a las municipales, en cada momento superaron porque gozaron en la isla de justa fama logrando supervivir hasta la actualidad. Las militares desaparecieron paralelamente a partir del traslado en la década de los cuarenta del pasado siglo de las fuerzas tradicionalmente allí guarnecidas.
FUENTE: REMITIDO POR EL PROPIO AUTOR.
Presencia y vivencias de los Cairasco en Guía. Pedro González-Sosa
Pedro González-Sosa
Aprovechando la interesante muestra documental que sobre el canónigo y poeta Bartolomé Cairasco de Figueroa permanece abierta en el Museo Diocesano de la ciudad no nos resistimos a pergeñar unos datos referidos a esta familia y su evidente y constatada vinculación con la zona del noroeste de la isla desde principios del siglo XVI, pero de forma principal con la entonces villa de Guía en la que tenía una de sus residencias.
Mateo Cairasco y Constanza de Figueroa se establecieron por su vinculación con la industria azucarera con algunos de sus hijos, que casaron y bautizaron allí parte de su descendencia

Pedro González-Sosa
Aprovechando la interesante muestra documental que sobre el canónigo y poeta Bartolomé Cairasco de Figueroa permanece abierta en el Museo Diocesano de la ciudad no nos resistimos a pergeñar unos datos referidos a esta familia y su evidente y constatada vinculación con la zona del noroeste de la isla desde principios del siglo XVI, pero de forma principal con la entonces villa de Guía en la que tenía una de sus residencias. Mateo de Cairasco, el padre de la pléyade de los Cairasco, fue heredero de su tío Constantín, y aunque Leopoldo de la Rosa señala que "debió fallecer sobre 1522", Guillermo Camacho sitúa uno de los ingenios funcionando en 1523 entre Guía y Gáldar como de "Juan de Herrera en compañía de Constantín Cairasco y que luego fue sucesora del mismo María de Herrera". Cabría interpretar que la expresión "en compañía" debe referirse bien a una sociedad o como apoderado o administrador del mismo.
No consta que el primer Serafín, el tío de Mateo, arribado a la isla a finales del XV, fuera casado ni tuviera hijos legítimos, pero si se le conocen dos naturales: Catalina y Juan. La primera casó con Juan de Capúa, que procrearon a María, casada con Jerónimo Cerezo, y a Biolante, que tomó el apellido Cairasco, de la que consta en el libro primero de matrimonio de la iglesia guiense matrimoniando el 23 de mayo de 1569 con quien allí se llama Juan José Francés, que efectivamente era francés, pero de apellido Chovet, y en que aparecen como testigos sus parientes Constantín y Serafín Cairasco.
Mateo de Quintana, el heredero del primer Constantín llegado a la isla, casó con Constanza Núñez de Figueroa, cuyo matrimonio procreó ocho hijos, algunos de los cuales aparecen en testimonios de la época vinculados por residencia y convivencias en Guía en razón de la vinculación de su padre con el mentado ingenio que posiblemente adquirieran más tarde porque Guillermo Camacho revela que Mateo era poseedor en 1531 de un ingenio en la vega de Gáldar, y porque pudieron tener tierras.
Mateo de Cairasco (que fue regidor de la isla hasta su fallecimiento en 1578) y Constanza de Figueroa fueron padres de: el canónigo Bartolomé; Constantín; Serafín, que casó con María Joven y que aparecen en 1586 como padrinos de un hijo de Juan de Ugarte y de Mencía de Figueroa; Constantina, casada con Francisco Palomar (hijo de los donantes del famoso tríptico de las Nieves), que en enero de 1573 aparecen bautizando en Guía un hijo con el nombre de Antonio (acto al que se refiere la primera de las ilustraciones de estas notas); Félix, que casó con Leonor Salvago; Alejandra, que matrimonió igualmente en aquella iglesia con Jácome Cibo de Sopranis y que fue dotada por su madre según un testimonio ante el escribano Cristóbal Suárez de Medina; Luisa y Violante, monjas del convento de La Laguna. Serafín fue alcaide del castillo de La Luz y Constantino alguacil de la Inquisición.
Se ha precisado, para justificar la razón de estas notas, la vinculación de algunos Cairasco con la villa guiense y aportamos aquí un resumen de los muchos testimonios de la época en los que se aparecen algunos de los hermanos del poeta allí residenciados, al menos entre 1569 y 1586. Aparte la boda de Constantina con Palomares ya referida, localizamos igualmente el matrimonio de Alejandra Cairasco con Jácome Cibo de Sopranis registrada en el libro primero de aquella entonces ermita con fecha de 30 de septiembre de 1566 (acto religioso al que se refiere la segunda de las ilustraciones). Alejandra, Serafín y Constantín constan con harta frecuencia asistiendo a bodas y bautizos posiblemente de gente amiga bien como padrinos o testigos de cuya amplia relación ofrecemos este resumen: en octubre de 1569 Jácome y Alejandra apadrinan en el bautismo a una hija de Leonor de Soberanis y María Mayor, en agosto de 1572, a una hija de Melchor Próceles y Francisca Hidalga, en noviembre del mismo año a un hijo de Francisco Castrillo y de Jerónima Pérez y por última vez en marzo de 1580 apadrinan a un hijo de Enrique Díaz y María Báez, y el mismo matrimonio asiste en agosto de 1573 como padrinos en la boda de Juan Martín y Beatriz de Cuba; en junio de 1575 los hermanos Serafín y Alejandra son padrinos de un hijo de Gil Afonso y Catalina Sánchez de Ventidagua y en marzo de 1586 "Serafín Cairasco, regidor de esta isla, y María Joben, su mujer", apadrinan un hijo de Juan de Ugarte y de doña Mencía de Figueroa.
Finalmente, en un testimonio localizado en uno de los legajos que fueron llamados Protocolos viejos de Guía hasta su ordenación cronológica al crearse el AHPLP, por lo que no se ha podido concretar la fecha, Mateo de Cairasco hace escritura de dote ante el escribano Suárez de Medina a favor de un Juan Álvarez cuando casa con Juana de Niebla, desconociendo la razón de dicha voluntad, matrimonio que bautiza, siempre en Guía, a Juan, en abril de 1569, y a Catalina, en agosto de 1574.
UNA DESCONOCIDA PROCESIÓN DE LA VIRGEN. Pedro G. Sosa
Por Pedro González-Sosa
Celebra mañana [15.08.10] la localidad norteña su fiesta principal en honor de la Virgen de Guía, la patrona, advocación a la que sus vecinos honran desde principios del siglo XVI cuya primitiva y pequeña imagen de talla colocada por el fundador de la ermita, Sancho de Vargas, desapareció hace mucho tiempo después de que a principios de 1600 fuera sustituida por otra de mayor tamaño donada por la familia Riverol que la tenían allí en altar propio bajo la advocación de la Candelaria. A partir de aquella dádiva, desde entonces ha sido honrada como Santa María de Guía, que es la que actualmente figura como titular del templo, sobre cuya historia nada vamos a repetir porque consta ya relatada y recogida por el cronista en volúmenes publicados o en artículos de prensa.
Por Pedro González-Sosa
Celebra mañana [15.08.10] la localidad norteña su fiesta principal en honor de la Virgen de Guía, la patrona, advocación a la que sus vecinos honran desde principios del siglo XVI cuya primitiva y pequeña imagen de talla colocada por el fundador de la ermita, Sancho de Vargas, desapareció hace mucho tiempo después de que a principios de 1600 fuera sustituida por otra de mayor tamaño donada por la familia Riverol que la tenían allí en altar propio bajo la advocación de la Candelaria. A partir de aquella dádiva, desde entonces ha sido honrada como Santa María de Guía, que es la que actualmente figura como titular del templo, sobre cuya historia nada vamos a repetir porque consta ya relatada y recogida por el cronista en volúmenes publicados o en artículos de prensa. Es la de Guía otra de las mas antiguas advocaciones marianas de la isla después de la del Pino, veneradas en santuarios que a lo largo de los siglos fueron reconstruidos o ampliados. Pero la novedad que pretendemos añadir y desvelar se refiere a una procesión de esta imagen hasta ahora tal vez desconocida por aquel vecindario. Es aquella que, aparte la principal de cada mes de agosto en su fiesta mayor, o en septiembre con la votiva de "Las Marías", se celebraba antaño en el mes de febrero en la festividad litúrgica de Nuestra Señora de Candelaria, advocación que, repetimos, tenía antes de ser entronizada como Santa María de Guía a principios del siglo XVII, con lo que se descubre que cada año se la paseaba procesionalmente tres veces.
La fecha exacta o aproximada del inicio de la procesión de la efigie patronal guiense con el fervor de sus habitantes el 15 de agosto de cada año la desconocemos, aunque hay referencias documentales que ya en el siglo XVIII era la protagonista de esta demostración religiosa, a cuya celebración se unió, a partir de 1811, la votiva ya comentada de septiembre conocida también como "la de la rama", sobre la que no consta en el archivo parroquial noticia alguna al respecto por lo que hemos de conformarnos con lo que la tradición ha venido transmitiendo hasta nuestros días.
Porque desde principios de 1500 y hasta los inicios de 1600 en que la imagen estuvo como de la Candelaria colocada por los Riveroles, arraigó en aquel ya lejano tiempo en el pueblo esta devoción particular paralela con la que se le rendía a la patrona-titular como Virgen de Guía. Si consta en viejos papeles archivados en aquella iglesia que incluso en el XVIII, cuando ya se había cambiado la advocación, seguía saliendo esta imagen en procesión en el mes de febrero de cada año en la celebración litúrgica de Candelaria, independiente del paseo procesional de cada agosto, el día de su fiesta mayor. La novedosa noticia nos la proporciona los libros de la fábrica parroquial de aquella iglesia de cuyas notas hemos seleccionado al azar algunas referidas a las cuentas de pago comprendidas a los periodos entre 1812 a 1830. Las noticias nos revelan que cada año al llegar el 3 de febrero se celebraba una función religiosa seguida de procesión donde el colector dejó escrito que a los portadores de la imagen se pagaban "cuatro pesos a los peones para la procesiones de la Candelaria y 18 para las de Agosto", según los pagos recogidos entre 1812-1820; en las siguientes cuentas de 1821-1830 se anota el abono de "150 reales plata para las procesiones de la Candelaria y de la Asunción". En nota aclaratoria recogida en otro periodo se hace constar en el libro que "nunca ha costado [cargar la imagen en las procesiones] la de la Candelaria mas que 4 reales plata, y en la de agosto se gasta [algo] en un poco de vino, porque después de la epidemia [de fiebre amarilla de 1811] han cargado la Virgen de gracia [gratis] hasta el día, cuyo voto han expresado muchos de los que se prestan para cargarla". Satisface conocer, de vez en cuando, nuevas noticias de la vieja historia de Guía.
14 de agosto de 2010.
¿EL VERDADERO RETRATO DE LUJÁN PÉREZ? Pedro González-Sosa
Pedro González-Sosa
Siempre ha llamado la atención que siendo Luján uno de los prohombres de su época, en razón de su fama de imaginero y metido a veces en política local, no quedara para la posteridad -como se nos legó de otros personajes contemporáneos- un retrato o un simple dibujo realizado por algún amigo pintor que nos legara la verdadera identidad de la fisonomía de su rostro que siempre ha sido imaginada.
¿EL VERDADERO RETRATO DE LUJÁN PÉREZ?
Pedro González-Sosa
Siempre ha llamado la atención que siendo Luján uno de los prohombres de su época, en razón de su fama de imaginero y metido a veces en política local, no quedara para la posteridad -como se nos legó de otros personajes contemporáneos- un retrato o un simple dibujo realizado por algún amigo pintor que nos legara la verdadera identidad de la fisonomía de su rostro que siempre ha sido imaginada. Es cierto que tampoco han quedado retratos de otros personajes que compartieron vivencias con él -antes o después de su paso por esta vida- pero se hace difícil comprender que, involucrado de lleno en el mundo artístico que le tocó vivir, ninguno de los pintores de su generación tuvieran la oportunidad o la idea de reflejar en un lienzo el rostro del escultor y arquitecto de tanta fama y prestigio. Fallecido en 1815 no fue hasta treinta y cinco años después, en 1850, cuando Manuel Ponce de León plasmó en un cuadro por encargo del Gabinete Literario (en uno de cuyos salones se conserva) la fisonomía imaginada de nuestro artista de acuerdo con los detalles que le fueron proporcionados por el también escultor Silvestre Bello de quien se dice que aseguraba que los rasgos de su hija parecían identificarse con los del artista de Guía, autor de tantas obras de arte.
Su yerno, Bartolomé Martínez de Escobar, con ocasión de la colocación de aquel óleo en el Casino dio a conocer la que se considera primera biografía de Luján en la que reitera que el cuadro "se ha basado sobre el tipo de semblanza de su hija doña Francisca". En este primer perfil biográfico, don Bartolomé nos descubre aquel pintoresco viaje realizado por el artista a Cuba para comprobar el funcionamiento de un mecanismo movido por agua para aserrar madera, estancia que duró sólo quince días en la capital de la isla Caribeña pues retornó en el mismo buque que lo había llevado.
Hechos los obligados comentarios anteriores permítasenos divagar sobre un hecho que, de resultar cierto, podría servir para descubrir el verdadero rostro del que fue autor de tantos Cristos y Dolorosas. El propio Bartolomé Martínez de Escobar proporciona en aquella incipiente biografía la primera noticia sobre la existencia que hubo en aquel tiempo de un pequeño cuadro, que él cataloga como miniatura, realizado por un desconocido pintor que proporcionaba el rostro del imaginero. Dice su yerno que "Manuel de León recogió de Silvestre Bello [padre, también escultor, conocido como "el viejo"] los datos sobre el semblante del escultor que había visto 22 años antes en una miniatura quien por imprudencia y un descuido imperdonables [de alguien] ha desaparecido". ¿Quién había sido el autor de aquel cuadro-miniatura? ¿Por encargo de quién se realizó? ¿En manos de quién había estado hasta hacía 22 años? ¿Y por qué no se había conservado en el seno familiar del imaginero y a quién o a qué alude don Bartolomé al hablar de "la imprudencia y el descuido" respecto a su pérdida?
Para posible alegría de quienes de alguna manera estamos interesados en conocer la vida y la obra de nuestro artista, acabamos de recibir la reproducción fotográfica de un retrato-miniatura al óleo localizado entre los objetos heredados por una de las ramas de la familia lujaniana. Uno de los nietos del biznieto de Luján don Teófilo Naranjo y Martínez de Escobar a quien conocimos en 1956, ha "descubierto" una miniatura cuya reproducción ofrecemos. Se encontraba en poder de una hija de don Teófilo, Adela Naranjo Tascón, quien al fallecer sin hijos fue a parar a este sobrino que lo guarda sin saber a quién pertenece aquel rostro. El pequeño cuadro en forma de óvalo tiene 8 por 6 centímetros y, ¿pudiera ser la miniatura con el retrato de Luján en época joven a que se refería don Bartolomé? ¿Acaso es una casualidad que la composición de la vestimenta de la persona retratada en esta miniatura sea idéntica a la que le proporcionó Silvestre Bello a Ponce de León, y éste plasmó en su óleo en 1850, cuando le recordaba la que había conocido en 1828?? Aquí no se afirma nada, sólo se divaga. El espacio no da para más conjeturas, que las hay?
19 de junio de 2010.
Pedro
González-Sosa es Cronista Oficial de Guía
"El Gallinero". Pedro González-Sosa
Pedro González-Sosa
Hay nombres de lugares nacidos por pintorescas circunstancias que muchas veces cuesta trabajo imaginar su curioso origen a pesar de que desde su nacimiento se fue propagando popularmente hasta convertirlo en topónimo. Tal es el caso del que en Guía se conoce todavía entre las gentes como barrio de El Gallinero aunque desde los años cincuenta del pasado siglo pasó a denominarse San Blas por obra y gracia de la idea del que fue párroco Bruno Quintana que lo consideró según su opinión denigrante para sus vecinos que aceptaron el cambio hasta nuestros días.
Pedro González-Sosa
Hay nombres de lugares nacidos por pintorescas circunstancias que muchas veces cuesta trabajo imaginar su curioso origen a pesar de que desde su nacimiento se fue propagando popularmente hasta convertirlo en topónimo. Tal es el caso del que en Guía se conoce todavía entre las gentes como barrio de El Gallinero aunque desde los años cincuenta del pasado siglo pasó a denominarse San Blas por obra y gracia de la idea del que fue párroco Bruno Quintana que lo consideró según su opinión denigrante para sus vecinos que aceptaron el cambio hasta nuestros días. Y es curioso que a pesar de que el topónimo de referencia se popularizó en la localidad y así es incluso conocido en nuestros días por los más viejos del lugar, nunca se oficializó pues no consta como tal en los censos o padrones municipales consultados referidos a los años finales de 1800 como un lugar geográfico determinado y que el libro La toponimia de Gran Canaria lo define como "ámbito y elemento pecuario". El lugar es una pequeña loma localizada al margen izquierdo de la carretera de entrada al pueblo, inmediatamente después de Albercón de la Virgen y que se extiende hasta la carretera que desde San Sebastián sube a San Juan por las Cuevas Fregenales.
¿Cuándo y por qué pudo crearse este topónimo? Las razones podrían hallarse en varios testimonios notariales registrados en los archivos de la Notaría establecida allí en el último tercio del siglo XIX de la que era titular Tomás Antonio Mira y Mora donde se descubre la posible razón de su nacimiento. Propietario de parte de aquellos terrenos aparece en la época Francisco Martín Bento, sobrino del poeta y alcalde en 1871 cuando Amadeo I le otorga a la entonces villa el título de Ciudad en cuyas gestiones tuvo relevante participación Fernando León y Castillo. Bento aparece vendiendo "a censo reservativo" diversas parcelas de aquellos terrenos a varios vecinos a cambio de cuyas enajenaciones recibiría como pensión anual determinado número de "gallinas buenas y de recibo, exceptuando las cluecas", o su importe a razón de determinada cantidad en reales plata cada una. Advertimos que la costumbre del cobro en gallinas por la venta de solares en aquella zona no se limitó a Martín Bento porque en otra escritura de 1879 Cayetano Guerra Domínguez vende una trozada con casa a Antonio González Santiago por el que cobra igualmente tres gallinas, casa que linda con "la finca de Pantaleón Oliva Espino", lo que hace presumir que la costumbre hizo establecer en el lugar un considerable depósito donde recoger las aves lo que dio origen a que la versión popular bautizara el lugar como "el gallinero", topónimo que fue arraigando de forma común.
De las numerosas transacciones conocidas según los testimonios notariales hemos elegido algunas y entre las que aparecen personas que, de alguna manera, están relacionadas con el cronista, como una tía-abuela llamada Dolores Oliva Calcines o un tío de ésta que llamado Pantaleón Oliva Espino. Uno de los solares, señalado con una extensión de 663 metros cuadrados, lo vende que Martín en mayo de 1872 a Ramón Betancor Moreno por 562 pesetas, pagando a censo reservativo como pensión anual "seis gallinas buenas y de recibo, exceptuando las cluecas o su importe a razón de seis reales plata cada una el 24 de junio de cada año". En mayo de 1872 el mismo Martín vende a Felipe García Moreno otro trozo por el precio de 375 pesetas debiendo satisfacer el comprador también a censo reservativo "la pensión anual de cuatro gallinas o su importe a razón de cuatro reales de plata en el domicilio del vendedor". Otro solar lo adquiere en 1873 Francisco Ramírez Llarena quien deberá abonar anualmente al mismo vendedor tres gallinas, solar que sucesivamente pasó a ser propiedad primero de María de la Concepción Rodríguez en 1876 y en 1900 a la mentada Dolores Oliva Calcines? Y así sucesivamente. Por lo tanto el gallinero establecido debió ser tan notorio que la versión popular bautizó la zona con el curioso topónimo aquí comentado.
EL DESAPARECIDO ESCAPULARIO DE LAS MERCEDES. Pedro González-Sosa
ESCAPULARIO DE LAS MERCEDES
Pedro
González-Sosa
La Virgen de las Mercedes de Guía -talla que según el desaparecido Jesús
Hernández Perera rivaliza con la de La Antigua de la Catedral de Santa
Ana- fue esculpida por Luján en 1802 por encargo de los hermanos
clérigos Gaspar y Lorenzo Montesdeoca para sustituir otra antigua que se
veneraba en aquella iglesia por lo menos desde principios del siglo
XVIII como consta en los inventarios parroquiales, concretamente en uno
realizado en 1730.
EL DESAPARECIDO ESCAPULARIO DE LAS MERCEDES
Pedro González-Sosa
La Virgen de las Mercedes de Guía -talla que según el desaparecido Jesús Hernández Perera rivaliza con la de La Antigua de la Catedral de Santa Ana- fue esculpida por Luján en 1802 por encargo de los hermanos clérigos Gaspar y Lorenzo Montesdeoca para sustituir otra antigua que se veneraba en aquella iglesia por lo menos desde principios del siglo XVIII como consta en los inventarios parroquiales, concretamente en uno realizado en 1730. El altar se situaba inicialmente al principio de la nave del Evangelio, pues así se hace constar en otro inventario al señalar que "se encuentra frente al de Ánimas". En 1772 fue trasladado a la cabecera de dicha nave donde se encuentra en la actualidad, siendo Gaspar mayordomo de la Cofradía de la Merced, sobre la que ya consta su existencia al menos en 1757. La imagen se estrenó el 24 de septiembre de 1802 con motivo de lo cual se organizaron unas fiestas extraordinarias con iluminaciones y enramadas tanto en el templo como en la plaza, pues los hermanos Montesdeoca costeaban las mismas desde hacia años en una de las cuales, Tejera dixit, Viera y Clavijo se sorprendió de la soltura e inteligencia demostradas por uno de los monaguillos llamado Pedro Gordillo en unas loas interpretadas por niños que tenían como escenario la plaza y más concretamente los bajos del balcón de la todavía conocida como Casa de los Quintana, a quien tomó como protector y lo llevó a la ciudad para que siguiera los estudios en el seminario. Hecha la anterior y obligada introducción debemos advertir con lástima que dicha imagen se encuentra en la actualidad sin el obligado escapulario mercedario que colocó el propio escultor y que tuvo desde principios del siglo XIX (según se aprecia en la fotografía, que debía encontrarse en su mano extendida), cuestión que nos ha llevado a indagar sobre la carencia de aquella insignia en la composición iconográfica de esta advocación. De las indagaciones realizadas se ha sabido que fue trasladada desde Guía a las Palmas el año 2004 con motivo de la exposición montada en la catedral titulada La Huella y su Senda. Advertida la ausencia de aquella prenda en el templo catedralicio preguntamos a algunos de los responsables de la muestra que manifestaron "se había quedado en Guía pues tenían allí el temor de su extravío en el traslado". Retornó la imagen al pueblo y desde hace tiempo seguimos advirtiendo la desaparición del dichoso escapulario. En estos días se nos han dicho en la parroquia guiense "que, al parecer, se perdió en su traslado a Las Palmas", lo que hace suponer que en aquella época los responsables respectivos interpretaron entonces que el extravío se había materializado en uno o en otro lugar.
Ante la evidencia de la pérdida de dicha prenda nos resistimos a creer que desapareciera por arte de magia, y resulta poco probable su extravío dentro del cajón en que se trasladó a la ciudad, por lo que presuntamente nos inclinamos a pensar que quedara en poder de alguna persona celosa de que aquel complemento pudiera perderse. Por ello nos atrevemos a sugerir a ese alguien que por despiste o por distracción -rechazamos la idea del coleccionismo- guardó el escapulario lo devuelva en envío anónimo al párroco para que vuelva a lucir en aquella imagen. Y nos viene a la memoria aquel pasaje recogido en un informe enviado al Obispado en 1742 por el entonces beneficiado de dicha parroquia Rodríguez Déniz referido a un hecho parecido al que nos ocupa en estos momentos, cuando relata que "de las perillas de plata de las andas de Nuestra Señora se hurtó una y apareció un pedazo en poder de un platero a quien se la había vendido el agresor y para evitar el notable escándalo que se podría seguir en las averiguaciones de este hurto, movido por la caridad y devoción a la Virgen de Guía hice yo dicha perilla poniendo la plata que faltaba y pagando le hechura de mi caudal..."
De no aparecer prometemos hacer un encargo a un convento mercedario de otro escapulario que complemente la iconografía de esta hermosa talla salida de la gubia de Luján.



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