Reencuentros. Santiago Gil

PSICOGRAFÍAS
“Para qué volver si sólo encontrarás cenizas”


Reencuentros

Santiago Gil


Para qué volver si sólo encontrarás cenizas. Lo mejor es seguir siempre
el viaje. Y si regresas tienes que saber que ya nada será igual. Tú ya
no eres el mismo. Pero tampoco ellos se parecen a los que dejaste. Si
acaso te agarras al recuerdo. Ahí sí queda a salvo el pasado, pero no
insistas en buscar más allá ni más adentro.
PSICOGRAFÍAS
“Para qué volver si sólo encontrarás cenizas”




Reencuentros

Santiago Gil

Para qué volver si sólo encontrarás cenizas. Lo mejor es seguir siempre el viaje. Y si regresas tienes que saber que ya nada será igual. Tú ya no eres el mismo. Pero tampoco ellos se parecen a los que dejaste. Si acaso te agarras al recuerdo. Ahí sí queda a salvo el pasado, pero no insistas en buscar más allá ni más adentro. Si te empeñas en regresar te pasará como con aquellos juguetes que rompíamos cuando éramos niños para ver lo que había dentro. Sólo encontrábamos decepción y desconsuelo. Y además nunca podías recuperar lo perdido. Quizá en ese momento asumimos la verdad de las apariencias. No lo sabíamos, pero estábamos descubriendo una especie de arjé de la fisis personal que luego nos ha servido para sobrellevar otras decepciones.

Hace tiempo que trato de escapar de los reencuentros. No voy nunca a esas fiestas de ex alumnos, ex amigos o ex jugadores del equipo alevín del colegio. Todo son excusas para volver a verse las caras. Menos mal que hace años sólo había orlas cuando acababas la carrera. Ahora se ponen un birrete o una toga desde párvulos y se fotografían para la posteridad con quienes luego se verán condenados a encontrarse cada dos por tres. En el futuro, todas esas fotos se vuelven contra el retratado. Siempre hay un nostálgico recalcitrante que se empeña en reunir a los de entonces; pero los de entonces, como bien cantaba el poeta, nunca son los mismos. Es lo que te pasa cuando te tropiezas por la calle con aquel inseparable compañero de pupitre. No tiene nada que ver con el que tú conociste. A veces el presente mejora el pasado, pero casi siempre es al revés. Físicamente sólo hallas deterioros, y en muchos casos te ves delante de un lenguaraz o de un fantoche al que te gustaría decirle lo que piensas antes de salir corriendo para no tener que verle nunca más. La mayoría cumple las previsiones que uno se había imaginado.
 
Otras veces no sabes qué decir cuando te los encuentras. Ellos te cuentan pasajes de tu vida de los que ni siquiera te acordabas mientras tú sonríes y haces como que te emocionas. Pero yo tampoco soy el que era. Supongo que también habré perdido, y que por eso precisamente me niego a verme reflejado en esos otros que casi eran como hermanos. Escribo mucho del pasado, pero sólo vuelvo a él metafóricamente. No me gusta el regodeo en un recuerdo que siempre se empeña en hacernos mejores de lo que éramos. Hay que apostar siempre por el viaje con todas las consecuencias. Nos queda la memoria recreada de la que hablaba hace un momento, o la que mantiene a salvo a todos los que transitaron con nosotros una época determinante de nuestras vidas. Pero si realmente volvemos al lugar en donde habitaban esos sueños, sólo hallaremos los mismos remiendos que cuando rompíamos los juguetes para ver lo que había dentro.   

CICLOTIMIAS

Al escribir, sólo estamos transcribiendo sombras.



santiagogil@santiagogil.com

MI BLOG: www.santiagogil.com


PUBLICADO EN CANARIAS7




Nispereros. Santiago Gil

PSICOGRAFÍAS
“Los nispereros ya no son saqueados por los niños”


Nispereros

Santiago Gil


Hace unos días escribía sobre el protagonismo de las palmeras en
cualquier fotograma que recuerde nuestro paisaje más cercano y
reconocible. Pero no sólo es la palmera la que se cuela en los
horizontes que se vienen con nosotros cuando estamos lejos, o cuando
hace mucho tiempo que no regresamos a casa. También están los dragos,
los pinos, las araucarias o las higueras.
PSICOGRAFÍAS
“Los nispereros ya no son saqueados por los niños”


Nispereros

Santiago Gil

Hace unos días escribía sobre el protagonismo de las palmeras en cualquier fotograma que recuerde nuestro paisaje más cercano y reconocible. Pero no sólo es la palmera la que se cuela en los horizontes que se vienen con nosotros cuando estamos lejos, o cuando hace mucho tiempo que no regresamos a casa. También están los dragos, los pinos, las araucarias o las higueras. Y aquellos laureles de indias de todas las plazas en las que aprendimos a volar sobre una bicicleta o a dar patadas a las chapas, a las pelotas o a cualquier piedra que se tropezara con unos zapatos que sólo sabían correr en busca de aventuras. Pero creo que el árbol que mejor conserva el sabor de la infancia es el nisperero. Cada cual puede optar por el suyo. Todos tenemos un nisperero por el que trepábamos en busca de la rama más alta y del níspero más alejado de nuestros dedos liliputienses. Compartíamos con los pájaros la inmensidad del cielo azul que quedaba lejos, más allá de la fruta y de los deseos. Durante varias semanas al año sólo concebíamos la vida en las alturas. No sé cuándo decidimos quedarnos para siempre en el suelo. Ahora que podríamos subir más alto, ni siquiera estiramos la mano para ver si es verdad que los sueños se cogen siempre al vuelo.

La infancia tenía sus ciclos y sus leyes no escritas en ninguna parte. Sólo el colegio era capaz de separarnos de la bendita anarquía de los barrancos y de aquellas aventuras improvisadas que nos llevaban de los carros de cojinetes a las hogueras antes de que nos perdiéramos siguiendo el rastro de una cometa de papel cebolla que improvisábamos al final de la tarde. Era otra infancia y otra calle. Casi no había coches que pararan los partidos de fútbol de quince contra quince en los que cada gol nos volvía eternos y grandiosos, y en donde no hacían falta ni árbitros ni jueces para poner orden en el juego. Entonces los niños de pueblo y de ciudad nos diferenciábamos poco. Coincidíamos en un solo canal televisivo, pero jamás cambiábamos la tele por la improvisación festiva de la calle. Por eso los niños de hoy se aburren tanto: han perdido la calle y toda aquella enseñanza diaria de la vida que uno encontraba compartiendo juegos. Apenas conocíamos la virtualidad, y puestos a elegir, preferíamos siempre el sabor de los nísperos al más sofisticado juguete tecnológico.

Pero los nispereros ya no son saqueados por los niños. Van pasando las semanas de marzo y abril y uno ve cómo los nísperos se pudren en los árboles sin que aparezca nadie a darse un festín. El níspero es una fruta para los furtivos y los aventureros, pero presiento que los niños de este siglo veintiuno están confundiendo la aventura con la videoconsola. Y sin saberlo, están dejando de saborear su propia infancia: el almíbar del que luego se alimentan los recuerdos.

CICLOTIMIAS

Provengo del mundo del periodismo; por tanto tengo muy presente que todo es efímero, incluso lo que queda escrito.



santiagogil@santiagogil.com

MI BLOG: www.santiagogil.com


PUBLICADO EN CANARIAS7




Las rachas. Santiago Gil

PSICOGRAFÍAS
“Más tarde o más temprano todo cambia”


Las rachas

Santiago Gil


Los buenos tiempos nos sorprenden cuando menos los esperamos. No
siempre depende de nosotros la felicidad, pero si no salimos a la calle
con una actitud positiva no hay nada que hacer. La mayoría de las veces
tenemos un cielo azul sobre nuestras cabezas y ni siquiera lo miramos.
Incluso los malos tiempos se sobrellevan de otra manera cuando uno
apuesta todo lo que tiene a la alegría.
PSICOGRAFÍAS
“Más tarde o más temprano todo cambia”


Las rachas

Santiago Gil

Los buenos tiempos nos sorprenden cuando menos los esperamos. No siempre depende de nosotros la felicidad, pero si no salimos a la calle con una actitud positiva no hay nada que hacer. La mayoría de las veces tenemos un cielo azul sobre nuestras cabezas y ni siquiera lo miramos. Incluso los malos tiempos se sobrellevan de otra manera cuando uno apuesta todo lo que tiene a la alegría. Si llega se disfrutará plenamente y con todas sus benditas consecuencias. Y si nos vuelve a dejar con la miel en los labios tenemos que saber que el próximo minuto puede cambiar por completo nuestro destino. La cosa es no claudicar y mantenerse a flote. Sólo navegando podremos llegar alguna vez a buen puerto.

En el arte hace tiempo que se sabe que prácticamente todo depende del esfuerzo del que crea. Sólo hay un pequeño componente de inspiración, y cuando llega lo mejor es que nos coja trabajando. Por mucho que a uno se le ocurra el argumento del Quijote, si no se sienta luego durante años, o si no estaba sentado cuando llegó el fogonazo, lo más probable es que se quede en el olvido. La vida es parecida. Hay que luchar por vivirla a diario, aunque a veces parezca que nos colocan un desierto detrás de otro al final de cada horizonte. Si andamos pendientes de nimiedades que no tienen nada que ver con lo esencial, dejaremos pasar de largo todo lo bueno que tenemos delante.

Las rachas existen como existen los días nublados y los días despejados, o las grandes marejadas y esas mañanas en que el mar parece el azogue de un espejo destinado sólo a reflejar nuestra mirada más oceánica y volandera. No dependen de nosotros esos cambios, pero sí la decisión de aprovechar cada una de esas buenas rachas que nos regala la vida de vez en cuando. Quien ha jugado a baloncesto sabe, desde el primer lanzamiento a canasta, cómo se le va a dar el partido. Había días en que entraban todos los tiros y otros en los que por más cerca que tiráramos no había manera de encestar. Diariamente nos pasa un poco lo mismo. A veces salimos a la calle y sólo recibimos buenas noticias y gratas sorpresas, y otros días no hacen más que complicarse desde que estamos tomando el desayuno. Pero al igual que sucedía en el baloncesto, esas rachas también tienen mucho que ver con nuestro esfuerzo de los días previos y con la actitud con la que afrontemos los retos que tenemos por delante. Ya vivir es un verbo que significa milagro. Podíamos habernos quedado entre los otros millones de espermatozoides que no llegaron a nada. Si estamos aquí se entiende que tenemos un destino que cumplir. No están los tiempos como para ir tocando campanas a rebato por las calles, pero de cada uno de nosotros depende que las rachas, como los vientos, alteren los rumbos previstos. Más tarde o más temprano todo cambia. Ahora más que nunca hay que estar atento para que no se escape ni una sola oportunidad de ser felices.

CICLOTIMIAS

Los pies en el suelo nos van alejando cada vez más de los sueños.



santiagogil@santiagogil.com

MI BLOG: www.santiagogil.com


PUBLICADO EN CANARIAS7




Palmeras. Santiago Gil

PSICOGRAFÍAS
“No podríamos imaginar estas islas sin palmeras”

Palmeras
Santiago Gil


No podríamos imaginar estas islas sin palmeras. Ahora que el picudo
rojo y los malos vientos se empeñan en echarlas abajo es cuando más
necesaria se hace su reivindicación. No tendríamos la misma mirada de
no habernos cruzado con los palmerales que encontrábamos en los
barrancos o en las costas más paradisíacas de las islas.
PSICOGRAFÍAS
“No podríamos imaginar estas islas sin palmeras”


Palmeras

Santiago Gil

No podríamos imaginar estas islas sin palmeras. Ahora que el picudo rojo y los malos vientos se empeñan en echarlas abajo es cuando más necesaria se hace su reivindicación. No tendríamos la misma mirada de no habernos cruzado con los palmerales que encontrábamos en los barrancos o en las costas más paradisíacas de las islas. Le debemos el nombre de nuestra provincia y de la capital que nos identifica cuando viajamos lejos o vamos perdiendo poco a poco nuestros lugares de referencia. El emigrante canario jamás olvida la orilla de la que partió ni los palmerales que fue dejando atrás a medida que se adentraba en el océano. No seríamos los mismos sin la presencia siempre cercana de la Phoenix Canariensis. Cuando vivía en Madrid y acechaba la nostalgia, lo único que  me consolaba era la visita a la palmera canaria que está en el Botánico, muy cerca de la famosa estatua que tantas veces cantara Radio Futura en los años de la Movida. No había mar, pero las palmas lejanas que se mantenían a salvo del frío y de la canícula mesetaria me ayudaban a endulzar la distancia y esa saudade canaria que viene de nuestra herencia portuguesa.

La danza de las palmeras cuando sopla el viento que amenaza con derribarlas demuestra que incluso en los peores momentos hay que apostar por la belleza como arma de defensa. La palmera sólo baila para defenderse del viento, y cada una de sus palmas improvisa una danza armónica y estéticamente sublime. Si se empeñara en comportarse como el viento para luchar contra él caería irremisiblemente al suelo. A veces cae, pero lo hace con la dignidad que siempre conserva quien ha perdido sin traicionarse. Y además nosotros sabemos que no sólo el sauce es llorón: también las palmeras, recién mojadas por la lluvia o la tarosada, destilan lágrimas lentas. Algunas se condensan luminosas en támbaras y dátiles que contribuyen a que no perdamos la necesaria nostalgia atávica de los paraísos.

Las palmeras guardan entre sus sombras el eco de todos los pájaros luminosos que dejaron de arribar a estas costas cuando empezamos a confundir el paraíso con los reclamos satinados de las agencias de viaje. Aquellos pájaros fueron los primeros que llegaron huyendo del frío del norte. Los palmerales conservan los ecos de aquellas tardes de trinos festivos cuando caía el sol entre el jable y la sombra negra de los volcanes. También sabemos que no es el junco la única especie que se adapta a los vientos y a los grandes desajustes meteorológicos. Los canarios siempre hemos sabido que son las palmeras las que se doblan desde mucho más arriba para no caer. Pero ahora nos toca a nosotros evitar que los picudos que hemos traído desde muy lejos acaben echando abajo ese sueño. Ya no les vale sólo con haber aprendido a danzar para ganarle la batalla a los vientos.

CICLOTIMIAS

No olvides nunca que cuando lloras también estás escribiendo.



santiagogil@santiagogil.com

MI BLOG: www.santiagogil.com


PUBLICADO EN CANARIAS7




El otro. Santiago Gil

PSICOGRAFÍAS
“Nos inmortaliza el recuerdo de los otros”


El otro

Santiago Gil

Nos
inmortaliza el recuerdo de los otros. Y no siempre somos los mismos. Es
mentira que vivamos sólo una vida. Dependiendo de quien nos rememore
vamos cambiando de imagen, de carácter o de mirada. Para unos serás
siempre el bebé deseado que lloró en la asepsia de un paritorio.
Aquella matrona y aquel ginecólogo que te ayudaron a salir al mundo
nunca olvidarán tu gesto de asombro y tu desespero cuando tratabas de
saborear la primera bocanada de oxígeno.
PSICOGRAFÍAS
“Nos inmortaliza el recuerdo de los otros”


El otro

Santiago Gil

Nos inmortaliza el recuerdo de los otros. Y no siempre somos los mismos. Es mentira que vivamos sólo una vida. Dependiendo de quien nos rememore vamos cambiando de imagen, de carácter o de mirada. Para unos serás siempre el bebé deseado que lloró en la asepsia de un paritorio. Aquella matrona y aquel ginecólogo que te ayudaron a salir al mundo nunca olvidarán tu gesto de asombro y tu desespero cuando tratabas de saborear la primera bocanada de oxígeno. Tú pudiste ser el protagonista de su primer parto y no lo sabes. Ellos, sin embargo, guardan para siempre la imagen de otro que no se parece nada a ese hombre  tan serio, tan mayor y tan circunspecto que sale a la calle tratando de buscar la manera de llegar a fin de mes.

También eres otro en la memoria de tus compañeros de párvulos o de colegio. Para los que no te han vuelto a encontrar en todos estos años seguirás siendo el niño gordito, el que metió el gol en aquella final tan importante entre los alumnos de tercero y de cuarto, el que un día llegó diciendo que había un circo a las puertas de su casa, o el que lloró desesperado cuando la muerte atacó demasiado cerca. Tampoco habrás cambiado en el recuerdo de aquella primera novia que sólo te reconoce como eras durante aquel verano luminoso de los dieciséis años. Da lo mismo que hoy te vuelvas a tropezar con ella por la calle. Ninguno de los dos se reconocerá, y si lo hacen jamás cambiarán aquella imagen por la del hombre canoso y entrado en carnes, o por la de la mujer que anda pendiente de que los niños salgan del colegio para correr con ellos camino del conservatorio. Cada uno preferirá mantenerse a salvo en la memoria luminosa y enamorada del otro.

También te has ido quedando en todas las ciudades que has visitado, en los amigos que han pasado por tu vida y en el reflejo de las aguas que tanto saben de ti y de tus misantropías. Unos te recordarán pusilánime y otros heroico y osado. Alguno mantendrá viva la grotesca imagen de una borrachera adolescente en la que ridiculizaste hasta tu propia sombra, y otro te verá recibiendo sobresalientes en la universidad. Unos creerán que habrás llegado lejos y otros te supondrán varado en algún arrabal del fracaso y de la frustración más descorazonadora. Incluso, cuando mueras, los que ya no te han vuelto a ver seguirán recordándote vivo, como si estuvieras en aquel paritorio, en aquel colegio o en aquel pueblo de verano en el que descubriste el amor. Somos milagrosamente ubicuos y andamos por muchas partes sin movernos de donde estamos. Da lo mismo el tiempo y hasta el azar que a veces nos lleva por los caminos más inverosímiles. Todos nuestros rostros quedan retratados para siempre en la mirada del otro.

CICLOTIMIAS

Desde niños aprendimos en el patio del colegio que los pelotazos que más duelen son los que no esperas.



santiagogil@santiagogil.com

MI BLOG: www.santiagogil.com


PUBLICADO EN CANARIAS7




Músicos. Santiago Gil

PSICOGRAFÍAS
“Cualquiera de esas canciones inesperadas te puede salvar una mañana”


Músicos

Santiago Gil


Hace semanas que  la calle Triana se ha convertido en un concierto
azaroso que te lleva de Los Panchos a Vivaldi en unos pocos metros. Uno
agradece la música en todas partes, pero sobre todo en la calle. Los
acordes contribuyen a que las fieras que liberamos entre semana se
serenen y recuerden que más allá de la hipoteca, de los compromisos
ineludibles y de las metas que no alcanzamos está la música.
PSICOGRAFÍAS
“Cualquiera de esas canciones inesperadas te puede salvar una mañana”


Músicos

Santiago Gil

Hace semanas que  la calle Triana se ha convertido en un concierto azaroso que te lleva de Los Panchos a Vivaldi en unos pocos metros. Uno agradece la música en todas partes, pero sobre todo en la calle. Los acordes contribuyen a que las fieras que liberamos entre semana se serenen y recuerden que más allá de la hipoteca, de los compromisos ineludibles y de las metas que no alcanzamos está la música. Un bolero o una suite de Bach invitan a soñar y a partir lejos aunque sólo sea durante unos segundos. Hay un músico formidable que toca la viola, un grupo de jazz, un improvisado cantautor que se acompaña de violines y un par de jubilados que guardan la memoria de los boleros que se fueron escribiendo en la nostalgia de los viajes entre Cuba y Canarias.

El escritor Enrique Vila-Matas dice siempre que la literatura está llena de pasillos desconocidos que acaban coincidiendo milagrosamente en un mismo texto. La música también nos invita a viajar por esos caminos que sólo aparecen cuando suena un determinado acorde o alguien entona el bolero que se escuchaba de fondo en nuestro primer beso de amor. Apetece pasear por Triana a todas horas, pero la música le está dando una pátina de urbanidad que antes no tenía. No entendí nunca por qué se prohibía a los músicos cantar en la calle. En todas las ciudades del mundo a las que uno siempre sueña con volver hay una calle peatonal y luminosa en la que tocan canciones los músicos locales que optaron por la bohemia y por la necesidad de sentir de cerca que lo que interpretan llega a la gente, sobre todo a la gente de paso, que es siempre la más remisa y la más sorda cuando camina por la calle pensando en sus asuntos.

Vale la pena pararse unos minutos en Triana a escuchar una canción. Luego uno camina y se aleja mientras las melodías quedan atrás, como homenajeando cada uno de nuestros pasos perdidos. Pero sabes que puedes regresar cuando quieras, y si no volvieras te bastaría con cerrar los ojos y recordar unos acordes para salvar la distancia. Por eso se convierte en una aventura diaria maravillosa el paseo por cualquier calle del mundo que regale canciones inesperadas. No tiene nada que ver con los temas musicales que uno lleva elegidos de antemano para escuchar con los cascos. En la calle la música la escuchamos todos, nos sirve para salvarnos los unos a los otros del olvido y se democratiza el sonido y el recuerdo. Y además, si nos gusta, uno paga sobre la marcha lo que le apetece. No desdeño la música de los teatros ni las grabaciones de los grandes intérpretes. Tampoco las cambiaría por nada del mundo. Aquí hablamos de otra cosa, de una cercanía y de una complicidad que uno agradece cuando tiene que salir a la selva cotidiana de los lunes. Cualquiera de esas canciones inesperadas te puede salvar una mañana. 

CICLOTIMIAS

No puedes adentrarte en el océano y salir indemne: la sal escuece siempre en los recuerdos.



santiagogil@santiagogil.com

MI BLOG: www.santiagogil.com


PUBLICADO EN CANARIAS7




La claque. Santiago Gil

PSICOGRAFÍAS
“Siempre ha habido aplaudidores a sueldo”


La claque

Santiago Gil


Siempre ha habido aplaudidores a sueldo, paniaguados y prosélitos.
Forma parte de nuestra herencia más ancestral y repetida. No queremos
andar solos por el mundo y no siempre hallamos un cariño sincero en el
que refugiarnos. Antes, en los teatros, se contaba siempre con una
tropa subvencionada que se encargaba de ensalzar o de echar abajo un
montaje según el parné que pagara cada autor o empresario de la cosa
teatral. Eran los tiempos en que el teatro era la ventana del mundo,
mucho antes de  que aparecieran el cine y la televisión.
PSICOGRAFÍAS
“Siempre ha habido aplaudidores a sueldo”


La claque

Santiago Gil

Siempre ha habido aplaudidores a sueldo, paniaguados y prosélitos. Forma parte de nuestra herencia más ancestral y repetida. No queremos andar solos por el mundo y no siempre hallamos un cariño sincero en el que refugiarnos. Antes, en los teatros, se contaba siempre con una tropa subvencionada que se encargaba de ensalzar o de echar abajo un montaje según el parné que pagara cada autor o empresario de la cosa teatral. Eran los tiempos en que el teatro era la ventana del mundo, mucho antes de  que aparecieran el cine y la televisión. Lo arreglaban todo en directo, a bastonazos o a insultos. Ahora somos más virtuales y más asépticos, y aquella claque decimonónica ha cambiado de tiempo y de lugar. Hoy los vemos en los mítines de los políticos, siempre detrás del orador, agitando banderitas o aplaudiendo rabiosamente. Pero de dónde los sacan, cómo llegan a esos escenarios, en qué momento decidieron convertirse en simples caras que otros ponen de fondo según las circunstancias y las necesidades del guión.

Hace años los políticos sólo aparecían en la tele cuando había campañas electorales. Pero ahora es que hay campañas cada dos por tres, y cuando no las hay las buscan. Cada fin de semana se monta una cuchipanda mitinera en cualquier parte del país para sacar al líder de turno en procesión diciendo lo que quieren que sea noticia durante la semana. Por eso cambian la claque de fondo cada dos por tres. Un domingo tiran de los jóvenes, otro de los ancianos, y al siguiente de un grupo de inmigrantes. Todo eso lo han copiado de las campañas norteamericanas. Por aquí seguimos inventando lo mismo que en los tiempos de Unamuno. Los cerebritos de la cosa mediática lo único que hacen es conectarse a la parabólica y hacer luego remedos de series, de concursos y también de mítines con parafernalia de sermón de las Siete Palabras. Pero vuelvo a lo de antes, a esos comparsas que colocan detrás de los oradores exaltados. Cómo se sienten cuando les dicen que aplaudan o que agiten ufanos las banderitas. Siempre concentro la mirada en ellos porque hace tiempo que el lenguaje del que habla no me dice nada. Los que están detrás, sin embargo, parece como si entraran en trance cuando escuchan que se va a terminar el paro o que subirán las pensiones. Ellos creen que están consiguiendo los cinco minutos de gloria que decía Warhol. Salen en las fotos y luego les reconocen en el barrio y en la oficina. Pero la claque de antes se quedaba siempre del otro lado de la escena. Eran tiempos en los que se separaba claramente la realidad de la parafernalia manipuladora del teatro. Los que ahora aplauden no saben que son sólo figuras de cartón piedra que ni siquiera indultan del fuego del olvido y del ridículo, un simple atrezzo en la comedia bufa que se montan los políticos cada fin de semana.

CICLOTIMIAS

Inventaba nombres de mujer y luego se enamoraba de ellos secretamente.



santiagogil@santiagogil.com

MI BLOG: www.santiagogil.com


PUBLICADO EN CANARIAS7




Mujer. Santiago Gil

PSICOGRAFÍAS
“La mujer ha sabido siempre que todo empieza y acaba en la palabra”


Mujer

Santiago Gil


Somos distintos para soñar que podemos llegar a ser iguales. Lo que
vale es el tiempo y el espacio que habitamos. No hay nada más. Todo lo
que nos separe en derechos, oportunidades y proyectos de futuro está
condenado a fracasar. Cada ser vivo es diferente, pero no por ello ha
de imponerse uno sobre otro. Desde la diferencia hay que buscar la
misma igualdad para todos. A estas alturas, por lo menos en el mundo
occidental, o en lo que va quedando de él, tendríamos que tener claro
ese planteamiento inicial.
PSICOGRAFÍAS
“La mujer ha sabido siempre que todo empieza y acaba en la palabra”


Mujer

Santiago Gil


Somos distintos para soñar que podemos llegar a ser iguales. Lo que vale es el tiempo y el espacio que habitamos. No hay nada más. Todo lo que nos separe en derechos, oportunidades y proyectos de futuro está condenado a fracasar. Cada ser vivo es diferente, pero no por ello ha de imponerse uno sobre otro. Desde la diferencia hay que buscar la misma igualdad para todos. A estas alturas, por lo menos en el mundo occidental, o en lo que va quedando de él, tendríamos que tener claro ese planteamiento inicial. Sin embargo siguen apareciendo los carcas y los sietemachos de nuevo cuño, cada vez más jóvenes y más pendencieros, tratando de reivindicar su poderío con la violencia y el uso de argumentos medievales y sexistas. No podemos dormirnos porque el atavismo talibán lo llevamos grabado tras muchas generaciones pasadas en las que la mujer fue vejada y apartada de la cultura, la creación y hasta del derecho que tiene todo ser vivo a soñar con ser feliz. Sigue pasando en muchos países, y jamás debemos admitir una religión o un régimen político que menosprecie a cualquiera de los dos sexos. La pobreza de los países sin futuro, como escribía el otro día la periodista Teresa Artiles en este mismo periódico a propósito de las muertes en Teguise, afecta sobre todo a la mujer, la más castigada cuando se juntan la sinrazón, el fanatismo y el hambre. Suben a las pateras sabiendo que no tienen nada que perder.

Hace unos días se presentó un estudio en el que se venía a decir que las mujeres tienen más capacidad de percepción de la belleza que los hombres. Ellas utilizan los dos hemisferios cerebrales para captar y valorar un cuadro, una sinfonía o un poema. Los hombres sólo nos acercamos a la belleza activando el hemisferio derecho. No creo mucho en esos estudios que a veces sólo buscan llamativos titulares en la prensa, pero en este caso comparto las conclusiones. En la literatura, por ejemplo, es la mujer la que más y mejor lee, y los que nos hemos criado en estas islas sabemos que fueron nuestras abuelas las que guardaron las pocas historias que hoy han llegado hasta nosotros. Cada vez que leo lo que escribo reconozco la cadencia y los ritmos que le escuchaba a mi abuela cuando, al llegar la tarde, comenzaba a desgranar todo un mundo maravilloso de sueños y de mágicos relatos que entonces no relacionaba con la literatura. Formaba parte de lo cotidiano. No sabíamos que nos estábamos escribiendo a nosotros mismos. A Dante le bastó cruzarse unos segundos con Beatriz en el Puente Vecchio de Florencia para escribir La Divina Comedia. Lo que parece intrascendente te puede cambiar la vida, y la mujer ha sabido siempre que todo empieza y acaba en la palabra. Cualquiera de ellas sabe que aún nos queda mucho para poder pronunciar, sin sonrojarnos, todos los sinónimos de igualdad.

CICLOTIMIAS

El destino no se escribe. Somos nosotros los que vamos caminando hacia él.



santiagogil@santiagogil.com

MI BLOG: www.santiagogil.com


PUBLICADO EN CANARIAS7




El horizonte. Santiago Gil

PSICOGRAFÍAS
“A un horizonte le sigue siempre otro horizonte”

El horizonte

Santiago Gil


La vida es un interminable horizonte al que uno se asoma cada día
tratando de perseguir sus propios sueños. Lo aprendimos cuando de niños
nos encaramábamos en las grandes avenidas. Preguntábamos que dónde
terminaba el horizonte y jamás nos convencían las respuestas que nos
daban. Todos respondían que el mar no acababa en la raya azul y lejana
en la que veíamos caer el sol cada tarde. Hablo de los horizontes
marinos con barcos que ayudan a que naveguen los sueños. Los terrestres
son casi siempre más monótonos y previsibles.
PSICOGRAFÍAS
“A un horizonte le sigue siempre otro horizonte”

El horizonte

Santiago Gil


 
La vida es un interminable horizonte al que uno se asoma cada día tratando de perseguir sus propios sueños. Lo aprendimos cuando de niños nos encaramábamos en las grandes avenidas. Preguntábamos que dónde terminaba el horizonte y jamás nos convencían las respuestas que nos daban. Todos respondían que el mar no acababa en la raya azul y lejana en la que veíamos caer el sol cada tarde. Hablo de los horizontes marinos con barcos que ayudan a que naveguen los sueños. Los terrestres son casi siempre más monótonos y previsibles. A uno no le cuesta tanto esfuerzo pensar que la tierra sigue donde parece que termina, pero con el mar jamás tenemos la absoluta certeza de que no acaba derramándose en un gran torrente más allá de esa línea brumosa en la que parece que se acaba el mundo. Ya sé que luego nos explicaron que el planeta era redondo y que girábamos alrededor del sol. Pero ya era demasiado tarde. La imaginación había pergeñado sus propias teorías y hasta la fecha, por mucho que navegue y navegue mares interminables, aún no he llegado a ese final vislumbrado desde que era niño: a un horizonte le sigue siempre otro horizonte.

Tampoco sabíamos que la vida se convertía en una metáfora de sí misma cuando nos asomábamos a las avenidas. Cada vez nos quedan menos certezas y menos asideros, pero cuando nos cercan los desastres o los malos presagios siempre terminamos corriendo hacia la costa. Necesitamos mirar el horizonte para saber que queda mucho por delante y que, al fin y al cabo, no pasa nunca nada aunque parezca que todo se nos viene abajo. Lo decía el poeta Joseph Brodsky cuando recordaba que no vendrá el diluvio tras nosotros. Tampoco vio nunca aparecer al enemigo el inolvidable Giovanni Drogo que protagonizaba El desierto de los tártaros de Dino Buzzati: estuvo toda su vida vigilando una fortaleza fantasmal desde donde no hacía más que perseguir sombras lejanas y visiones cercanas a la locura, un poco como también estamos nosotros muchas veces cuando nos desnortamos o perdemos el verdadero sentido de nuestra propia existencia. De entrada, ya sabemos hace tiempo que no se para el mundo ni se borran los horizontes cuando se muere un ser humano ni cuando caen los pétalos de una flor o quiebra Wall Street. Necesitamos mirar a lo lejos cuando los lebreles rabiosos nos vienen pisando los talones. Justo donde ya casi no alcanza nuestra vista se está escribiendo nuestro destino. Al final del océano, donde cada tarde miramos el arrebol del sol y el vuelo festivo de las gaviotas, hay un mundo de sueños que nos enseña el auténtico sentido de nuestra vida. Esa ilusión óptica y lejana se acaba posando siempre en el fondo de la mirada. Por eso el horizonte, si miras atentamente, te lo devuelve cada mañana el espejo en el que te reconoces.

CICLOTIMIAS

Cuando uno mira hacia el horizonte lo único que está haciendo es mirar lejanamente hacia sí mismo.



santiagogil@santiagogil.com

MI BLOG: www.santiagogil.com


PUBLICADO EN CANARIAS7




Carnavales. Santiago Gil

Carnavales
Acabamos convertidos en intérpretes de nosotros mismos

Por Santiago Gil


La careta es teatral y carnavalera. Nos convierte en otro. Uno mira el
mundo con una cara distinta, separado por el plástico que nos esconde
de nosotros mismos y del resto de la gente. El carnaval era una puerta
abierta a la libertad cuando todo era gris y sacristanesco. Yo viví
esos carnavales siendo muy niño, pero recuerdo la magia de lo
rudimentario y lo sencillo, unas caretas ajadas y despintadas, cuatro
ropajes cogidos en el desván de la casa de nuestra abuela y una salida
a la calle pidiendo huevos de casa en casa. Habíamos de llevar un palo
de fregona para protegernos de los que siempre están tentados por la
violencia con careta o sin careta. Cambiábamos la voz y jugábamos a ser
distintos en medio de las calles cotidianas. Luego todo terminaba
cuando nos colocaban una cruz de ceniza en la frente. Volvía la
realidad y nos quitábamos las caretas y el maquillaje.
PSICOGRAFÍAS
“Acabamos convertidos en intérpretes de nosotros mismos”

Carnavales

Santiago Gil


La careta es teatral y carnavalera. Nos convierte en otro. Uno mira el mundo con una cara distinta, separado por el plástico que nos esconde de nosotros mismos y del resto de la gente. El carnaval era una puerta abierta a la libertad cuando todo era gris y sacristanesco. Yo viví esos carnavales siendo muy niño, pero recuerdo la magia de lo rudimentario y lo sencillo, unas caretas ajadas y despintadas, cuatro ropajes cogidos en el desván de la casa de nuestra abuela y una salida a la calle pidiendo huevos de casa en casa. Habíamos de llevar un palo de fregona para protegernos de los que siempre están tentados por la violencia con careta o sin careta. Cambiábamos la voz y jugábamos a ser distintos en medio de las calles cotidianas. Luego todo terminaba cuando nos colocaban una cruz de ceniza en la frente. Volvía la realidad y nos quitábamos las caretas y el maquillaje.

Con el tiempo los carnavales se fueron legalizando y sofisticando hasta casi perder esa cómplice cercanía que hermanaba a nuestra imaginación con nuestros sueños de ser otro. Durante un par de años, cuando empezaba en esto del periodismo, me tocó cubrir toda la información carnavalera para el periódico en el que trabajaba entonces. Viví estas fiestas desde el otro lado en los tiempos en que todavía andaban entre nosotros Juanito Curbelo o Santiago García, el Charlot de Las Palmas. Había muchos como ellos, gentes que eran capaces de transformarse durante varias semanas sin perder el norte de sus propias vidas. Hay un carnaval entre bambalinas que sorprende por lo que tiene de literario y de mítico, y que no tiene nada que ver con el de las escandaleras demenciales, las borracheras desaforadas y las constantes peleas de las noches de mogollón. Una cosa es el carnaval que retaba al franquismo en Agaete, en La Isleta o en Agüimes, y otra ese remedo fallero que se han empeñado en perpetuar los que confunden estas fiestas con una puesta de largo en cartón piedra cada día más alejada de la gente.

El carnaval forma parte de nuestros atavismos mestizos y de nuestras vinculaciones africanas y caribeñas. También nos enseña que es posible soñar con ser otro a poco que le dejemos un resquicio abierto a la imaginación. Y es que en la vida cotidiana no hacemos más que quitarnos y ponernos caretas a todas horas. Con el paso de los años acabamos convertidos en intérpretes de nosotros mismos, y hay días en los que no sabemos cuál es la máscara y cuál es nuestra verdadera cara. Pessoa decía que el poeta era un fingidor. Pero no sólo finge el poeta para poder seguir viviendo. Nosotros hace tiempo que también sobrevivimos en medio de un carnaval de confusiones. Y no sé a ustedes, pero a mí cada día me resulta más difícil saber quién está realmente debajo de cada una de las caretas que nos gobiernan.

CICLOTIMIAS

El paisaje nunca se acaba. Somos nosotros los que dejamos de mirarlo.



santiagogil@santiagogil.com

MI BLOG: www.santiagogil.com


PUBLICADO EN CANARIAS7




Santa María de Guía

Dedicados a la preservación, estudios y divulgación del rico patrimonio histórico y cultural del municipio de Santa María de Guía de Gran Canaria. El Archivo Vivo de Historia y Tradición


© 2024 Santa María de Guía – Archivo Vivo de Historia y Tradición