Luján: familia e infancia

Luján: familia e infancia


José
Luján Pérez nació en el guiense pago de Las Tres Palmas, el día 9 de
mayo de 1756. Fue hijo de un matrimonio de labradores regularmente
acomodado y el segundo de cinco hermanos. Por Pedro González-Sosa

Luján: Familia e Infancia

Por Pedro González-Sosa

    José
Luján Pérez nació en el guiense pago de Las Tres Palmas, el día 9 de
mayo de 1756. Fue hijo de un matrimonio de labradores regularmente
acomodado y el segundo de cinco hermanos: José Domingo, nacido, como
todos, en Guía, el 28 de julio de 1754 y que murió muy niño; Carlos
Fernando, nacido el 4 de octubre de 1760; María José, venida al mundo
el 24 de junio de 1765 y Juan José, que fue bautizado en 1769. 

    
    Los padres, José Luján Bolaños y Ana Pérez Sánchez, fueron casados en Guía por el entonces beneficiado de la parroquia don Baltasar José Rodríguez Déniz y Quintana, el 3 de abril de 175 1, asistiendo como testigos don Alonso de Olivares, Pedro Correa y Francisco Navarro, hermano de ella, todos vecinos del mismo pueblo. El padre del imaginero murió en Las Palmas el 7 de agosto de 1807 y, por expreso deseo de su hijo, fue enterrado delante del altar de la Virgen de La Antigua, en la Catedral, cuando todavía estaba en la hornacina una antigua imagen de esta advocación que fue sustituida por la soberbia escultura que ahora existe allí, y que el imaginero comenzó a cincelar en agosto de 1808 por encargo del Cabildo Catedral. La imagen fue entregada al Cabildo, después de muerto el artista, por su hermano Carlos, en 1815.


    La partida de defunción del padre del imaginero se encuentra en el desaparecido Libro 6 de los de Defunciones de la antigua iglesia del Sagrario (hoy de San Agustín) que se guardan en el Archivo Diocesano. El libro desapareció, nos han informado, en el traslado que se hizo de San Agustín al citado Archivo, desde luego después de 1974, año en que lo relacionó Francisco Morales Padrón en un inventario que hizo de todos los libros sacramentales de las iglesias de la Diócesis de Canarias. Pero quien escribe, antes de su pérdida, tuvo tiempo de consultarlo alguna vez, advirtiendo que allí indicaba que el fallecido era viudo, cuando en realidad su esposa, Ana Pérez Sánchez, le sobrevivió algunos años más y murió en Guía, donde fue enterrada en 1812 en el cementerio de La Atalaya, aquel que se había bendecido para los muertos de la epidemia de fiebre amarilla de 1811.

    El beneficiado de turno olvidó inscribir en el libro correspondiente la partida de bautismo de María José, la hermana de Luján, por lo que el padre hubo de tramitar en 1793 un expediente para subsanar la omisión. En él fue necesaria la testificación de varios vecinos, entre otros Ana de Quintana, que fue quien llevó la niña a la pila, recordando también, dice en su declaración, que aquel mismo día nació en Guía una niña llamada Juana, hija de Antonio Herrera, señalando el juez instructor comisionado que de la información recogida resulta que María José de los Dolores Luján Pérez nació el 24 de mayo de 1765 y que fue bautizada al día siguiente. Para salvar las contradicciones en que incurrieron la madre de la niña, Ana Pérez, y la mujer que la llevó a bautizar, respecto de la hora del nacimiento, se acuerda hacer constar que fue «por la noche del dicho día 24 y por no haber en estos pueblos reloj público para asegurarse en la hora terminan te de su nacimiento.

    Es curioso advertir cómo en casi todos estos hermanos destacó alguna faceta no vulgar; singularidad que tuvo su expresión cimera luminosa en el talento artístico de Luján Pérez y su revés negativo en el pobre Juan José, que era, según un documento coetáneo, fatuo e inhábil; es decir, lisiado de cuerpo y de espíritu. Respecto al otro hermano del imaginero, Carlos, hasta nosotros han llegado noticias que hablan de una acusada hurañía que contrastaba con su habilidad para la labra de la madera, que aplicó de modo especial a la decoración de yugos y otros instrumentos de labranza.

    A la hora de hablar de la familia Luján Pérez sería injusto que silenciáramos el nombre del presbítero don Fernando Sánchez Navarro, hermano de su madre, y que se constituyó de por vida -y aún después de muerto- en el ángel tutelar de sus sobrinos. Su protección comienza desde que aquéllos nacen, pues de todos es padrino de pila, y su celo cariñoso le lleva, en el momento de otorgar testamento ante el escribano de Guía Miguel Álvarez Oramas, a condicionar el disfrute de sus bienes al cuidado y manutención de Juan José, el sobrino malaventurado. Dadas estas premisas, acaso no sea fantasioso aventurar que el juvenil Luján Pérez encontró decisivos alientos en el corazón y en la bolsa de su tío.

    En el testamento del presbítero Sánchez Navarro se descubre la buena posición económica de que disfrutaba, ya que cuando se refiere a la declaración de terrenos, señala como bienes suyos «por diversas compras que he hechos abundantes terrenos, aparte de otros habidos por herencia de su padre, tal uno «situado en la parte de arriba lindando con Los Nogales, que linda también con el camino real que va a Artenara, con la Degollada de la Bruma y que viene a dar sobre las fuentes. Declara don Fernando por sus únicos y universales herederos a su hermana, Ana Sánchez y a su cuñado José Luján Bolaños, padres del artista. En caso de quedar sin sucesión, los bienes deberían pasar a los hijos de su hermano Francisco. Pero en todos los casos sujeta esta disposición testamentaria a la obligación de pagar los tributos, y «también de mantener hasta su fallecimiento a Juan José, mi sobrino, fatuo e inhábil de poder mantenerse, aunque sea hombres.

    Luján Pérez nació, pues, en el seno de una regularmente situada familia de labradores. Su nacimiento en el pago de Las Tres Palmas, fue accidental, en época en que sus padres estaban en la casa de la finca familiar. Por documentos de entonces puede conocerse que la residencia habitual de la familia era una casa que tenían en el casco de Guía, en la calle de Enmedio (conocida también como la de San Antonio y de los Malrubios), en la que murieron él, su madre y sus hermanos Carlos y María José.

    Es muy probable que Luján Pérez, niño, ya viviera en Las Tres Palmas ya en la calle de Enmedio de la localidad, fuera instruido de las primeras letras en la Escuela que habían creado en el Hospicio los franciscanos, al lado de la iglesia levantada, a principios de 1700, en el lugar donde naciera la famosa monja sor Catalina de San Mateo.

    José Luján Bolaños, padre del escultor, no circunscribía su actividad a la agricultura, sino que también participó en la política local. En un documento ante el escribano Pedro Tomás Aríñez, en relación con el arrendamiento a medias de tierras labradías donde llaman el Cortijo de la Caldera y de Las Mesas, consta que era Diputado Regidor de la villa.

    A partir de los datos de su nacimiento y confirmación, la noticia que conocemos relativa a la primera época de la vida de Luján, es de carácter legendario, y es una anécdota muy divulgada que don Juan Batista Palenzuela tomó de labios de un primo del escultor. Don Juan Batista fue un caballero guiense de larga vida- murió a los cien años en 1933- y también de largo amor por las cosas de su pueblo.

    Él fue durante muchísimo tiempo algo así como el oráculo de la tradición guiense. El libro de Santiago Tejera y la biografía de Gordillo escrita por el señor Moya se surtieron abundantemente en el arsenal de noticias de su memoria. Y fue una lástima que no tuviera don Juan Batista mayor afición de la que tuvo a la escritura, pues de seguro hubiera rescatado del olvido mucho material histórico y anecdótico del que hoy nos sentimos tan necesitados.

    «Refieren parientes muy cercanos -escribió don Juan en un cuaderno de notas- que a los nueve años fue llevado Luján por su madre a la ermita de Fontanales a hacer la primera comunión. Estaba encargado de la ermita un frayle que no debía ser tonto por lo que ocurrió: mientras su madre hablaba con el sacerdote en la sacristía, el niño quedó como extasiado ante la imagen de San Bartolomé, y, al salir el frayle acompañado de su madre y pararse junto al niño dijo éste que le gustaba mucho el santo, agregando que él «haría uno como éste, pero si tuviera mi cuchillo». Le regaló el cura una navaja y Luján quedó comprometido a hacerle un San Bartolomé, prometiéndole el sacerdote un regalo. Se vino Luján a su casa y cogió un trozo de madera de escobón; y a los quince días volvió con su preciosa copia del santo, pero tan exacta, con tanto parecido en los mínimos detalles, que el frayle exclamó: «esto no es cosa humana. Aquí está la mano de Dios». Y al momento cogió al niño y se fue con él al Cabildo de Las Palmas y le expuso lo ocurrido y el mismo Cabildo se ocupó de la educación del pequeño».

    Huelga decir que el relato debe más a la leyenda que a la historia. Porque quien influyó cerca de la familia de Luján para que éste fuera llevado de Guía a Las Palmas a iniciarse en los estudios artísticos, fue, a lo que parece, don Blas Sánchez Ochando, teniente del Regimiento de Guía de las Milicias Provinciales, que casó con dama guiense muy principal.

    Don Blas había nacido en Murcia, y este dato hace suponer que fuera el ejemplo de su paisano Salzillo el que le movió a preocuparse porque no se desperdiciaran las aptitudes que apuntaban en el muchacho nacido en Las Tres Palmas. Uno se pregunta: sin la presencia de este avisado murciano en el Guía de 1700 y pico, aislado, en un ambiente sin tradición artística, se hubiera acertado a encauzar adecuadamente las aptitudes de Luján Pérez? Es cierto que, según los resultados, sus cualidades eran de las que no pueden ser sofocadas por ningún género de limitaciones, pero no es menos verdad que sin la formación básica y los estímulos de toda clase que recibió en Las Palmas, probablemente no hubiera pasado de ser uno de los tantos fabricantes de santos que brotaron en las islas, un amañado, sin duda con más habilidad y gusto que los otros, más artista si se quiere, pero de ninguna manera el maestro que llegó a ser. Su hazaña más sonada hubiera sido tal vez muy por el estilo de aquella que protagonizó un sacristán con ínfulas de gran organista, paisano suyo, que en cierta ocasión, después de escuchar nada menos que a Saint-Saens que interpretaba unos impromptus en el órgano de la iglesia de Guía -estrenado por el músico y compositor francés a finales de 1900- exclamó con despectiva suficiencia: «Este señor de música no sabe ni papa Acerca de quién pudo aleccionar a Luján desde su llegada a Las Palmas, se citan varios nombres, destacando sobremanera por la importancia del descubrimiento el del maestro San Guillermo, dato que debemos a José Miguel Alzola, quien encontró entre los viejos papeles de don Domingo Déniz la noticia de que «el primero que en la provincia trabajó en la escultura con gusto y delicadeza es el conocido, aún vulgar y tradicionalmente, San Guillermo, excelente tallista, natural de Gran Canaria, que aleccionó a Luján Pérez, cuyo discípulo señaladamente aventajó a su maestro,. Tampoco debe olvidarse las enseñanzas de dibujo que recibió de don Cristóbal Afonso, ni las que obtuvo en la entonces recién creada Escuela de Dibujo, fundada en 1782 por el Deán Jerónimo de Roo, o en aquella otra Escuela gratuita de Dibujo de Las Palmas, patrocinada por la Real Sociedad Económica de Amigos del País, donde aprendería los primeros y rudimentarios conocimientos arquitectónicos. Dada su edad, es muy posible que Luján fuera compañero de infancia de los hermanos Montesdeoca y, andando el tiempo, trató íntimamente a otros guienses que como él ocuparon puestos sobresalientes en la historia de la isla y de los que consta su estima por el escultor: entre otros, don Pedro José Gordillo y Ramos, el canónigo inteligente arriscado que llegó a ser Presidente de las Cortes de Cádiz, y el poeta Rafael Bento y Travieso, quizás mucho más interesante por su vida complicada que por los méritos de su obra.
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NOTA: TEXTO EXTRAÍDO DEL LIBRO DE PEDRO GONZÁLEZ-SOSA "EL IMAGINERO JOSÉ LUJÁN PÉREZ, NOTICIAS PARA UNA BIOGRAFÍA DEL HOMBRE. 1990".




María Petra (El Reloj). SOBRE EL LEGADO DE LUJÁN PÉREZ

SOBRE EL LEGADO DE LUJÁN PÉREZ
María Petra, al son de las horas
 
Nuestro
insigne imaginero D. José Luján Pérez, no sólo nos legó su abundante y
excelsa obra escultórica, sino también que su última voluntad fue la
donación del reloj de la parroquia. La vida en nuestra ciudad palpita bajo el bienhechor influjo de los sones de la campana de nuestro reloj. Y así mismo, bajo su influjo, hemos querido revivir su historia. Nuestro insigne imaginero D. José Luján Pérez, no sólo nos legó su abundante y excelsa obra escul-tórica, sino también que su última voluntad fue la donación del reloj de la parroquia.
Por Joaquín Rodríguez.
SOBRE EL LEGADO DE LUJÁN PÉREZ
María Petra, al son de las horas
 
Por Joaquín Rodríguez.



Nuestro
insigne imaginero D. José Luján Pérez, no sólo nos legó su abundante y
excelsa obra escultórica, sino también que su última voluntad fue la
donación del reloj de la parroquia.

La vida en nuestra ciudad palpita bajo el bienhechor influjo de los sones de la campana de nuestro reloj. Y así mismo, bajo su influjo, hemos querido revivir su historia.

Nuestro insigne imaginero D. José Luján Pérez, no sólo nos legó su abundante y excelsa obra escul-tórica, sino también que su última voluntad fue la donación del reloj de la parroquia:

«Declaro que, a impulsos del amor y afecto que profeso al pueblo de Guía por ser mi patria, es mi voluntad se ponga un reloj en una de las torres de aquella Iglesia Parroquial a fin de que sus vecinos disfruten ese benefi-cio y puedan arreglar la distribu-ción de sus aguas que es de tanto interés para la agricultura y para no causar disturbios ni desave-nencias entre sus partícipes, a cuyo fin he mandado entregar mil pesos»

Y su voluntad se cumplió. Hubo reloj. Pero faltaba que sus horas no tan sólo se viesen, sino que fuesen oídas. Y también hubo sonido: D Pedro José Gordillo y Ramos, hijo preclaro de esta ciudad y Arcediano de la Catedral de la Habana, regaló la campana destina-da al reloj.

Buscando datos sobre estos hechos, encontramos en el Libro de Mandatos del Archivo Parroquial y, en el folio 27 vto., lo siguiente:

«Santa Visita Pastoral a la Villa de Guía, 6 de Octubre de 1836.

El Iltmo. Sr. D. Judas José Romo, Obispo de Canarias...
... En el día 9 a las doce de la mañana, bendijo S. S. I. la cam-pana que regaló D. Pedro Gordi-llo, Arcediano titular de la Igle-sia; y mandó S. I. que se pusiese a disposición del Ayuntamiento para que se colocase en la torre. Esta ceremonia de la Bendición que se hizo según S. I. en treinta y cuatro minutos»
Según otros informes se le dio los nombres de MARIA por ser la Patrona, y PETRA, por el del do-nante.

Aproximadamente dos años después, el día 26 de julio de 1838, fue solemnemente inaugurado. En tal ocasión, el Ilustre Canónigo y doctoral de la Santa Iglesia Cate-dral de Canarias, D. Graciliano Afonso, compuso el siguiente sone-to:

CON MESURADO PASO, BLANDO, LENTO
MIDES EL TIEMPO, OH PÉNDOLA CANORA,
EL QUE INSACIABLE CON AFÁN DEVORA
TRAS SIGLO TANTO EL VOLADOR MOMENTO.
TÚ MARCAS SU VIVIR AL GRAN TALENTO
Y EN LA CIMA DE OLVIDO ASOLADORA
TAMBIÉN RODAR VERÁS LA ARPA SONORA
QUE AL HÉROE ENSALZA Y ENCADENA EL VIENTO.
¿Y ALLÍ ESTARÁS TAMBIÉN, LUJÁN SUBLIME?
¿HASTA DE TU CINCEL NO HABRÁ MEMORIA?
¿TU PATRIA AHOGARÁ LA VOZ QUE GIME
PERDIENDO DE TU GENIO LA ALTA GLORIA?
GUÍA, NO LLORES, QUE VIRTUD EXIME.
MUERA EL PATRIOTA Y DÉ SU DON LA HISTORIA.

Y, hora tras hora, durante dos siglos ha venido marcando la pauta de nuestra vida hasta llegar al año 1956.

El día 9 de mayo de ese año, 1956, tuvieron lugar los actos con-memorativos de su bicentenario. Actos que dieron comienzo con el repique de campanas comenzando a las doce del día y repetido cada hora, inmediatamente que dejaba de sonar el reloj parroquial, hasta el toque de oración, siendo una evo-cación del que tuvo lugar el citado día 28 de octubre de 1836, con motivo de la bendición del reloj.

Al día siguiente, 10 de mayo se descubrió en el frontis de la torre que alberga el reloj, una lápida conmemorativa. Intervino en este acto, el finado D. Luis Doreste Silva, ilustre escritor y poeta, que leyó unos sonetos alusivos.

Desde entonces, el reloj, la campana y la lápida nos recuerda, en el transcurso del tiempo, que su existencia se debe al gran artista guiense el reloj; y al ilustre Dr. D. Pedro Gordillo, la campana.

Campana que sigue sonando, marcando las horas su reloj, y nues-tra ciudad, sigue palpitando. Gozo-sa ahora, por la celebración de sus Fiestas Patronales.

JOAQUÍN RODRÍGUEZ
EL ECO DE CANARIAS
14 de agosto de 1971

NOTA ACTUALIZADA: Este artículo se publicó enriquecido con una fotografía de la torre del reloj y otra de D. Salustiano Alamo (experto profesional local) repasando los grafismos de la esfera del reloj; ambas del añorado Paco Rivero.

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Documento histórico - Luján 1932

Noticia del busto de Luján publicada en 1932

El extinto periodico EL DEFENSOR DE CANARIAS publicó en 1932 una noticia firmada por su corresponsal, fechada en 17 de diciembre del mismo año, en la que daba cuenta del "solemne acto de la inauguración
de un monumento al gran imaginero canario Luján Pérez, orgullo de la ciudad de
Guía que le vio nacer". 

Desde Guía

Inauguración de un
monumento a Luján Pérez

EL DEFENSOR DE
CANARIAS. 17 DE DICIEMBRE DE 1932

El jueves a la tarde [15.12.1932], según se
habrá anunciado, tuvo lugar en esta ciudad el solemne acto de la inauguración
de un monumento al gran imaginero canario Luján Pérez, orgullo de la ciudad de
Guía que le vio nacer. 

Este monumento, que perpetuará
la memoria de tan esclarecido hijo, está emplazado en la plazoleta que lleva su
nombre, siendo obra del director de
la Escuela “Luján
Pérez”, el notable escultor don Gregorio López Martín.

Desde mucho antes de la hora
anunciad, y a pesar de lo desapacible del tiempo, notábase mucha animación,
invadiendo la plaza mucha gente ansiosa de presenciar tan patriótico acto.
Mientras tanto, la banda municipal ejecutaba un selecto programa.... 

A las cuatro y media llegó el
gobernador civil de la provincia acompañado de su secretario particular don
Domingo Cárdenes y del secretario del Gobierno don Eduardo Carqué, siendo
recibidos por las autoridades de esta ciudad.

Momento de la inauguración 

Al descubrir el busto el
alcalde de Guía don Francisco Jiménez, la banda municipal ejecutó el Himno de
Riego, dando lectura a continuación el señor Ayala a unas hermosas cuartillas
elogiando la inconmensurable labor de Luján Pérez, a quien –dijo- la ciudad de
Guía satisfacía la deuda con él contraída, a los ciento diez y siete años de su
fallecimiento.

Refiriéndose a la labor
realizada por Luján Pérez –siguió diciendo el orador- que para ejecutar más de
doscientas maravillas de la escultura el insigne canario trabajó durante toda
su vida en perfeccionarse, logrando, en una época en que Canarias era nula en
materia de bellas artes, crear obras que sobrepujaron a las realizadas por
otros escultores célebres. 

Termina su discurso el señor Ayala
dándole las gracias en nombre de
la Corporación
municipal, al escultor don Gregorio López, sin cuyo concurso, colaboración y
patriótico desprendimiento, Guía no hubiese podido rendir este tributo a la
memoria del gran imaginero sin hacer para ello un enorme sacrificio. Asimismo
dio las gracias a las autoridades y representaciones asistieron al acto, siendo
muy aplaudido.

A continuación, y por enfermedad
repentina de don Domingo Doreste hace uso de la palabra don Juan Rodríguez
Doreste, que en un lido de labor del gran Luján Pérez, que puso –dice- todo su
arte al servicio de su religión, mostrándose orgullosa la ciudad de Guía al
erigirle un monumento para perpetuar su memoria. Las últimas palabras del señor
Rodríguez fueron subrayadas con aplausos. 

Terminado este simpático acto
los asistentes se trasladaron al Ayuntamiento en donde fueron espléndidamente
obsequiados con pastos, licores y tabacos.

Entre los numerosos invitados
encontrábase el señor juez de Instrucción, don Julián Santos Cantero, Vble, Párroco,
don José Martín Morales, Registrador, don Francisco Aponte, notario don José
Cma Frades, don Fernando Máximo Guerra, don Juan P. Guerra, don Antonio
Sarmiento, don Luís Pérez Silva, don Santiago S. León, don Blas Saavedra, don
Salustiano Estévez, don Juan Ramírez, don Juan Arencibia, maestras y maestros
nacionales, doctor don José Blanco Hernández, don Manuel Rodríguez Hernández,
don Federico Martín, los alcaldes de Arúcas, Agaete y Gáldar, los concejales
del Ayuntamiento de Guía y otras personas cuyos nombres lamentamos no poder
recordar 

EL CORRESPONSAL.

Guía, 17-12-1932.


NOTA: TRANSCRIPCIÓN DEL
PERIÓDICO HECHA POR ANTONIO AGUIAR. NUESTRO AGRADECIMIENTO A SERGIO AGUIAR POR APORTAR EL ORIGINAL.

VER ORGINAL DEL PERIODICO EN
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El busto colombino de Luján. Alejandro C. Moreno

El busto colombino de Luján
En un texto publicado
hoy en guiadegrancanaria.org en el que Antonio Aguiar trascribía -a su modo- una
conversación telefónica que mantenía con Pedro González-Sosa entorno al error
histórico del busto colombino, puede leerse: “En la segunda edición del
libro de Luján que acaba de salir a la luz consta que Eduardo Gregorio tomó
como referencia a la hora de realizar el busto un retrato de Luján realizado
hacia 1850, que a su vez se basó en la imagen de la
hija del imaginero guiense, ya que no se disponía de retrato original de
nuestro insigne escultor”. Por Alejandro C. Moreno y Marrero.


Así las cosas, solo quisiera añadir que en el libro mencionado nunca se dice que Eduardo Gregorio se inspirase en un retrato de Luján pintado en 1850 para elaborar el busto. Lo que sí se puede leer en el citado libro, concretamente en la pág.149, es que, dado que tras la muerte del insigne escultor no quedó ningún retrato suyo, el pintor Manuel de León en 1850 tomó como modelo para realizar el retrato de Luján (el primero de los que se pintaron) a su hija Dña. Francisca, pues, según los que habían conocido a Luján, tenía un gran parecido con el escultor.

Dicho esto, ha quedado suficientemente claro que para lo que sí se tomó de modelo Dña. Francisca (hija de Luján Pérez) fue para la realización en 1850 del retrato de Luján pero, como decía anteriormente, en ningún momento se recoge en dicho libro que Eduardo Gregorio tomara aquel retrato de 1850 o bien a su hija Francisca como modelo para la realización del busto colombino (de Cristóbal Colón).

De otro lado, no quisiera dejar de mencionar que en el texto de publicado hoy -reitero, trascrito a su modo por Antonio Aguiar- también apunta Pedro González-Sosa que la leyenda de la identidad del busto surge de un artículo suyo publicado en el Eco de Canarias entre los años 1960-1970. Así, puedo decir que eso no es cierto. Nada más lejos de la realidad, pues, el memorialista guiense Juan Dávila-García dice en un texto publicado hace unos días que desde mucho antes de esa fecha que daba González-Sosa, la identidad del busto ya era un tema habitual en las tertulias guienses celebradas en casa de D. Francisco Miranda Santiago, en el despacho del abogado D. Miguel García Lorenzo así como también en las celebradas en la farmacia de D. Fernando Guerra Alemán.

Por último, ya que Antonio Aguiar está tan interesado en aclarar este turbio asunto, quisiera que llamase a José Miguel Alzola (biógrafo de Luján) así como a la Catedrática de Historia del Arte de la Universidad de La laguna Dña. Clementina Calero Ruíz (también biógrafa y especialista en Luján) y a quien el Gobierno de Canarias en el año 1991 le encargó para su Biblioteca de Artistas Canarios el tomo primero (volumen con el que da comienzo dicha colección), dedicado a la figura de ilustre imaginero guiense Joseph Luján Pérez. Y es que, me gustaría que, de la misma forma que llamó a Pedro González-Sosa, llamara también a sendos especialistas Lujanianos, ya que, no debemos olvidar que Luján Pérez no es simplemente una figura local sino que su obra posee una dimensión que va mucho más allá de nuestras fronteras. No es nada bonito posicionarse siempre del lado del más fuerte sin tener en cuenta la opinión del que -a priori- es considerado el más débil, simplemente por su juventud.




Apelativos guienses (y V)

Cuando no teníamos apellidos (y V)

Esta es la última
entrega de los apelativos existentes en mí pueblo Guía de Gran Canaria,
recordarlos, seleccionarlos y desarrollarlos ha significado para mí un
extraordinario placer, ya que me han traído a la memoria recuerdos de mi
infancia y de mi juventud.
Por Juan Dávila.

 

  Durante cuatro días he convivido metafóricamente y
de una manera distendida con un montón de gente de mi pueblo a los hacía tiempo
no recordaba, hoy gracias a este esfuerzo los tengo de una manera nítida en mi
memoria y para conocimiento de estas familias y personajes que he ido citando
decirles que a partir de ahora jamás los olvidare y que mi afecto y cariño
hacía ellos tendrá siempre un huequito en mi corazón. Y así tenemos:

 A los “moles”,
apelativo este que le daban a Juan Rivero y sus hijos, Juan, Felix, Alfonso,
Salomé, María Teresa y Amadita; los “churros”, constituidos por la familia de
José Bolaños y sus hijos, Fefa, Enrique, Fernando, Amada, Hilda y Norberto conocido
por Betín; los “latoneros”, familia formada por Manuel Jiménez Ossorio y
Genovevita Suárez, sus hijos Paco, Manolo, Mercedes, Genoveva, Lia y Pedro,
también eran conocidos por este apelativo Luís el de Cristina y Manolo García
Jiménez hijo de Miguelito en peninsular que fue durante muchos años cartero
rural de Becerril y que estaba casado con María de Guía Jiménez Ossorio; los
“nolascos” como se llamaban a los hijos de Nolasco Suárez, Pedro conocido por
churchill, Juan que era herrero y Carmela la mujer de Fabio Álamo; los
“clacas”, familia de la
Atalaya apellidado Quintana, citar entre ellos a Santiago,
Juan, del que se ha dicho ha sido un gran cantador cuestión esta muy dubitable
y la mujer de Antoñito el enfermero cuyo hijo Carmelo Suárez Quintana residente
hoy en Maspalomas, que fue nominado en su momento como el mejor cantador de
aires canarios de la isla; Manolo León conocido por el “gago”; los “maría
luisa”, apellidados Estévez Abreu, Antonia, Boro, Nano, Pino, Pila, Chona y
Juan; los “girioles”, cuyo apellido era Álamo, figurando entre ellos, José,
Antonio, Candido, Teodoro y otras; los de “Juan el grande”, familia formada por
Juan Díaz y Pinito Calcines y sus hijos, Pepe conocido por el kilo, Reyes,
Blanca, Ofelia, Juana, Nena, Juan, Kiko y Tano entre otros; los “chonas”,
familia de Chonita Ossorio Ortega cuyo único hijo Pepe era conocido por el
chona, y sus nietos Pepe, Tere y otros por los “chochas”; los “reinas”, familia
formada por Antoñito Estévez y Lolita Pérez, y sus hijos, Manuel, Geño
dentista, Antonio, Pepe, Juan, Martín psiquiatra, Leonor, Frascorra, María
Milagrosa y una que era monja que no recuerdo su nombre; los “malacaras”,
familia formada por Juan Martínez guardia municipal y sus hijos, Chico,
Gabriel, Momo, María, etc; los “ricardos” que eran Juan Ricardo Moreno y sus
hijos, destacando entre estos a Antonio que fue profesor de la Universidad de La Laguna; los “serranos”,
padre e hijos destacar entre estos a Juan extraordinario tallista, que
acrecentó su fama como tal en las obras del camerino de la Virgen de Guía, además era
funcionario de Correos; los “morrocoyos”, familia compuesta por Paquito
González y sus hijas; los “poetas”, familia liderada por Andrés el poeta y sus
hijos Enrique, Herminia y otros; los “birranos”, Batistas de apellido descendientes
de maestro Vicente Batista experto cuchillero y sus hijos Vicente y Juanito uno
de los mejores trompetistas que ha habido en Canarias.

 Y esto ha sido
todo, espero que este trabajo en cinco episodios les haya resultado ameno y
además ilustrativo. Fue difícil recopilar tanto nombre y darle una forma
literaria acorde con los personajes mencionados, todos grandes y eminentes
hijos de mi pueblo Guía de Gran Canaria, la mayoría de los mismos hace muchos
años que descansan en la paz del Señor, pero sus descendientes viven aún para
ellos mi emocionado recuerdo.

jocdavila@yahoo.es


Apelativos
guienses (I)


Pedro G. Sosa habla sobre el busto

Nuestro Cronista aclara la leyenda

Nuestro cronista oficial, Pedro Gozález-Sosa, me ha llamado para aportar luz sobre el debate suscitado en torno al busto original de Luján Pérez,  afirmando con rotundidad que dicho busto corresponde, sin lugar a dudas, al imaginero guiense. Por Antonio Aguiar.

Informa nuestro Cronista que la tal llamada leyenda parte precisamente de un artículo de prensa publicado por él mismo en el Eco de Canarias en los años 60-70, en el que en tono jocoso hacía alusión al parecido que Luján tenía con Cristobal Colón, a la vista del busto emplazado en la Plaza Chica de Guía. Pero nada mas lejos de su intención que  ello diera pie a una leyenda sobre un supuesto error sufrido en su día
y que ocasionó que el busto traído a Guía correspondiese al descubridor de América. El Cronista añade que Eduardo Gregorio no realizó ningún busto sobre Colón.

Pedro González-Sosa nos explica, y así consta en su libro sobre Luján del que acaba de salir la segunda edición, que Eduardo Gregorio tomó como referencia un retrato de Luján realizado en 1850, que a su vez se basó -esto último no figura en el libro- en la imagen de la hija del imaginero guiense, ya que no se disponía de retrato original de nuestro insigne escultor. El gran parecido que según se afirmaba en la época tenía la hija de Luján con su progenitor animó a realizar el retrato en cuestión, con la particularidad de que el retratista plasmó incluso el pelo y peinado de la propia hija, lo que explica el entuerto del que hemos sido víctimas varias generaciones.

Añado yo que quizá el modelo utilizado por Eduardo Gregorio fuera el retrato de su hija que aparece a la izquierda, realizado por su hijo Amaranto Martinez de Escobar; observen el gran parecido que tiene con el busto original de Luján.

La solvencia que tiene acreditada nuestro Cronista Oficial creo que es suficiente para otorgar a su versión la mayor credibilidad. Ello no es obstáculo para proseguir con el plan trazado por el Ayuntamiento, consistente en restaurar el busto original, que será reubicado en la Casa de la Cultura, e inaugurar uno nuevo que será emplazado donde estaba la fuente de la Plaza Luján Pérez.

Aprovecho para recordar que el nuevo busto será inaugurado pasado mañana dia 18 a las 21 horas en la fuente de la Plaza Chica.

Antonio Aguiar.
13
de abril de 2007
(actualizaodo el 25 de abril de 2007).



Apelativos guienses (IV)

Cuando no teníamos apellidos (IV)

Siguiendo con la intención de dar a conocer todos los
apelativos con que a muchas familias de mi pueblo se les conocía y se les
conoce, y guardando siempre como premisa fundamental mí respeto y consideración
hacía ellas y lo que significan por los meritos contraidos con nuestro querido terruño,
inicio ahora
la IV parte de este trabajo, el cual
implica que algunas veces, menos de las que yo quisiera, me embargue la emoción
al recordar con tanta nitidez a muchas familias entrañablemente queridas por
mí.
Por Juan Dávila.

Hoy quiero comenzar trayendo a colación un apelativo que directamente les
aplicaban a mi padre y a sus hermanos.

Los “petreques”, a los hijos de Petra González Álamo, mi
abuela paterna, casada con Antonio Dávila Suárez, Juan, Lorenza, Antonio,
Juana, Amparo, María y Bartola; los “pan de a perra”, familia formada por
Fernandito León y Luciita Quintana y sus hijos Carmelina, Juana, Luis y los
nietos Arencibia León y León Matos; los “adela”, con la madre de igual nombre y
sus hijos Cuco, Perico y Milagros; los “gallitos”, con Rosa y Benedicta,
casadas con Boro el roble (de la familia de los Robles junto con su hermano
Antonio) y Juan Delgado respectivamente; José el “rata”, de Anzo padre de
Chachón el del Club de
la Bohemia; Juan el “Zepelin” de la familia
de los Vegas conocidos por los canutos; Juan el “sabanilla” albañil que trabajo
con Manuel Marina (padre) y en la fabrica de cementos de Arguineguín en sus
comienzos siendo gerente de la empresa Beamonte del Río, Antonio Marina; los
“mailo”, familia encabezada por Perico Montesdeoca y sus hijas Soledad,
Matilde, etc; el “lumumba”, que tuvo hasta hace poco la tienda de Teofilito en
San Roque; los “cuervos”, los hermanos Pepe Eugenio y Joaquín Guerra Molina,
también le llaman así a Roque el hijo de Marcos Rodríguez González conocido por
Marcos marina; el “peopica” apelativo que fue de Luís Fernando Estévez Guerra; los
“humildes”, familia apellidada Suárez procedente de Hoya Pineda  y que tuvieron una tienda-bar al lado de la de
Paco el canuto en San Roque, también eran conocidos por los “cabozos”; los
“gitanos”, descendientes de Miguel González de etnia gitana, limpiabotas que
arribo a Guía hacer el servicio militar y sus descendientes, Carmen la muda,
Antonio y Manolo; los “lecheros”, Pepe zapatero, Nina y Santiago; los
“caganidos”, de la familia de Lolita Jiménez, siendo los más representativos
Perico y Martín. De este ultimo tengo una anécdota que contar, siendo chofer de
las guaguas en Las Palmas, al pasar por la parada de los piratas de Guía, los
choferes de los citados piratas, Antonio el barrabas y Perera, le gritaban
–Martín caganido- y el muy ufano contestaba –chirpirin culido-; los
“empenados”, familia de Manuel Padrón taxista y sus hijos, Santiago, Manolo,
Blas, etc; Pepe “flores” de San Mateo casado con Nievitas la panadera y que
tuvo una tienda en San Roque; Paco Vega Dávila al cual le pusieron Paco
plegaria por su interés en estar siempre cantando este bolero muy de moda en
los cincuenta y algo; los “estiércol”, familia de Pancho conocido por este
apelativo, y sus hijos mas conocidos, Felix, Teodoro y Pepe; Blas el “galleta”
de
la Atalaya y su hijo Pascual hoy sepulturero, que fueron
excelentes jugadores de fútbol; Manuel el “mula” conocido en la zona por ser un
buen albardero; los “moscos”, a cuya familia pertenecían Raimundo Bolaños León
y Paco que trabajo siempre con Mr. Leacock; Juan Rodríguez conocido por Juan
“chico” que fue músico de la banda de Guía; los “mameas”, familia de Francisco
mamea, barbero, y sus hijos Paco, Andrea, Carmela y Librada; Antonio el
“mamera” y sus hijos Antonio y Andrés; los “pineas”, Andrés y Pepe jugadores de
las mesas de cartones; los “pichus”, hijos de Facundo el largo y Josefa Díaz;
las “lionas”, de la familia de Juana liona y sus descedientes; las “patuas” de
Anzo, llamadas así por tener las piernas gordas, una de ella creo que llamada
Carmela se caso con Gaspar familia de los mirlones de Gáldar; los “negros”,
como le llamaban a Pedro Santana casado con una hija de Pablo el del capellán y
sus hijos, Juani, Fidel y Carmelo; los “socas”, así le llamaban a los Benítez
de San Juan, donde sobresalía Manuel Benítez el practicante y su sobrino Geño.

Este tema esta a punto de agotarse, por eso quiero pedir
disculpas a las familias que aquí he citado con sus apelativos correspondientes,
y manifestarles que jamás existió por mi parte intención alguna de ofender a
nadie, solo quise resaltar algo que ineludiblemente forma parte de la historia
de Guía.

jocdavila@yahoo.es
 


Apelativos
guienses (I)


Los planes del Ayto. - nuevo busto de Luján

Los planes del Ayuntamiento con respecto al
busto de Luján

Hemos sabido
que el Ayuntamiento está valorando la
ubicación del nuevo busto de Luján, realizado con motivo del 250 aniversario de
su nacimiento, en la plaza que lleva su nombre, conocida como “Plaza Chica”,
concretamente en el punto en que está la fuente. Por Antonio Aguiar.

Paralelamente se
procedería a restaurar el busto existente hasta ahora, que se reubicaría en la Casa de la Cultura. En la placa
de este busto se haría constar el nombre de su autor, Eduardo Gregorio, cuya
autoría nadie discute, así como una
breve mención a la leyenda que Vds. conocen relativa al error sufrido en su día
y que ocasionó que el busto traído a Guía correspondiese a Cristobal Colón.

Considero que se trata
de una idea acertada: respeta la
Historia (no olvidemos que la ubicación original fue donde
posteriormente se instaló la fuente con motivo de la ampliación de la Plaza Chica), reconoce la autoría
del busto anterior (Eduardo Gregorio), y se hace eco de una leyenda que parece fundada, a juzgar por la mera observación del busto, aunque no esté avalada por ningún documento. En este sentido, la nueva placa que se adosará al busto anterior permitirá a los que compartan la tradición oral entender que se corrige un error histórico; y a sus detractores, afirmar que  se trata de una mera leyenda.

En todo caso, considero que 1956 fue el año en que debió haberse planteado este asunto, justamente cuando se conmemoró el 200 aniversario del nacimiento del
imaginero guiense.  Y es que tras el
racionamiento de la postguerra, Guía vivió uno de sus mayores momentos de esplendor en la
década de los 50 (ver película de don Luis Cortí) y disponía de recursos suficientes para acometer esta
empresa. No obstante, como "nunca es tarde si la
dicha llega", aplaudimos desde aquí la iniciativa de nuestro
Ayuntamiento, por su neutralidad desde el punto de vista histórico y por su exquisito equilibrio en la reubicación de ambos bustos.

Antonio Aguiar.
13
de abril de 2007.



La camiseta Puma


Música de Papagüevos

Por Santiago Gil

Supongo
que escribimos porque lo que encontramos en la calle no satisface
nuestros deseos de vivir intensamente. Por eso a veces nos refugiamos
en una habitación y empezamos a darle vueltas a nuestros recuerdos y a
nuestra imaginación más o menos volandera.
.


De niño escribíamos a cada paso que íbamos dando por el mundo. Ahora también escribimos mientras caminamos, amamos, sufrimos o vemos caer el sol a última hora de la tarde. Pero no es lo mismo, siempre queda un regusto agridulce en todo lo que hacemos, una especie de racionalización que acaba matando la magia y el encanto de todos los momentos, incluso de los más sublimes. Y luego están los miedos y está la muerte. De niños, si nos acercábamos alguna vez a la muerte, era jugando; de mayores, en cambio, si la vemos cerca nos solemos quedar apesadumbrados, y cuando se nos va alguien próximo lo tomamos como un toque de atención, como un mensaje evidente de que esto va en serio, de que es verdad que dura tres días, y de que somos vulnerables y febles, esencialmente mortales, y por supuesto no más que unas consecuencias del azar y de los golpes de suerte. Cuando escribimos tratamos de ordenar un poco el mundo, y al mismo tiempo de exorcizar los miedos y esos descontroles que nos dejan a merced de cualquier contingencia, desde una maceta que cae justo sobre nuestra cabeza, a un coche sin frenos o a un virus que a lo mejor ya llevábamos dentro del cuerpo cuando nos veíamos como los reyes del mambo por haber conseguido cuatro o cinco logros más o menos llamativos. Cuando escribimos ponemos las cosas en su sitio, y cuando escribimos recordando nos damos cuenta de que lo único que realmente controlamos y podemos transformar es el pasado. Ahí sí somos los dioses y tenemos capacidad de quitar o poner lo que nos dé la gana para que nada enturbie nuestros recuerdos. Por eso en las memorias hay tanto de falsía y de encubrimiento, porque sentimos la necesidad de tirar casi siempre de lo bueno: sólo olvidando los desastres podemos seguir adelante. Los recuerdos siempre se inventan cuando se escriben, aun siendo verdaderos y presentándolos casi como un acta notarial. Cuando se llevan al papel pasan a ser literatura, y por tanto entran a formar parte de la ficción: todo lo que se lee se sueña. Incluso quien escribe de sí mismo sueña esa vida que reconstruye tirando de fogonazos. Y vale todo para rescribirnos, por ejemplo la camiseta Puma que atravesó conmigo casi toda la infancia. Era la misma camiseta que llevaban en los entrenamientos y en las fotos del As Color y del Don Balón muchos de nuestros ídolos futboleros, sobre todo Carlos Morete "el Puma", aquel delantero centro que arrancaba como un caballo desbocado cada vez que Brindisi le metía un balón en profundidad. Era como una ecuación perfecta: control y pase al hueco, y luego carrera y remate certero al fondo de las mallas. El Insular casi escuchaba el corazón de Morete a medida que corría en busca de la portería con el balón siempre en el lugar preciso para pegarle un chutazo imparable. La camiseta Puma que recuerdo, azul y blanca, me sirve por tanto para ir asociando ideas que de no haber sido por ella a lo mejor no habrían aparecido nunca o lo hubieran hecho de otra manera, acompañadas con otras vivencias y otros rostros. Con esa camiseta que no veo desde hace más de veinticinco años jugué partidos interminables en la cancha del instituto: de esa cancha los recuerdos se asocian al dolor de las caídas y a la constante búsqueda del balón: no nos gustaba jugar en ella porque el gol se convertía en una penitencia si no lo marcabas de tiro raso. Desde que pasaba la media altura se perdía la pelota detrás de unas redes que nunca estuvieran puestas en su sitio. En una portería el balón salía disparado hacia la cancha de baloncesto o directamente al barranco, y en la otra cada gol nos ponía el corazón en un puño si no alcanzábamos a ver sobre la marcha el balón entre la maleza, las tabaibas y las tuneras que había justo detrás de las dos filas de gradas. Claro que si los tiros salían desviados ya te podías ir despidiendo del balón de reglamento. Pero esa camiseta Puma de la que les vengo hablando también fue testigo de los partidos en la cancha del barranco, aquel espacio multiusos y vallado en donde dejamos escritas tantas tardes memorables los niños de mi generación. Allí también te podías romper la crisma con los desniveles, además de hacerte un lío con tantas rayas y tantas campos de juego marcados en el cemento. No nos importaba ese galimatías: teníamos el pueblo a tiro de piedra apenas levantábamos la cabeza y aquellas duchas de agua helada en las que nos metíamos desafiando al invierno para refrescarnos entre partido y partido. La cancha del colegio, en cambio, estando tan cerca y a lo mejor hasta mejor equipada, nunca tuvo el pedigrí de la del Hogar Rural, que era como entonces se conocía al actual Albergue, aunque la cancha actual no se parece en nada a la de entonces. También los balones salían fuera si desviabas un poco el tiro, pero solían quedarse a la vista o más o menos localizados. Esa camiseta, de la que no he vuelto a tener noticia, también estuvo conmigo en los primeros partidos de baloncesto, o en las competiciones de fútbol que improvisábamos en cualquier descampado colocando dos piedras a modo de portería. Uno luego se aleja de los escenarios de la infancia, y también de las ropas y los amigos con los que compartimos todas esas vivencias. Cierro lo ojos y soy capaz de rememorar cada par de playeras o de botas de fútbol de esa época, y hasta los goles logrados con cada una de ellas. Era nuestro equipaje cotidiano para acercarnos a los sueños y para imitar a nuestros grandes ídolos futboleros de la infancia. La camiseta Puma azul y blanca, que siempre me quedó grande - incluso cuando me fui haciendo mayor me seguía quedando grande- se empeñaba en cruzar conmigo cada día memorable de aquellos años: era la que sentía el latido de mi corazón, la que recogía mis primeros sudores y la que sufría los destrozos de alguna que otra pelea o de las jodidas trabazones de cuando nos metíamos en cañaverales o fincas prohibidas. También quedó empapada por la lluvia alguna tarde, o marcada con el barro del balón que golpeaba nuestro estómago o nuestro pecho dejándonos al borde de la asfixia. Lo que no hacíamos los niños de entonces era imitar a nuestros ídolos en el intercambio de camisetas. Yo por lo menos jamás hubiera permitido que mi camiseta Puma azul y blanca la llevara otro que no fuera yo. Luego, ya ven ustedes, pasan los años y no sabemos ni dónde la dejamos ni en qué momento empezamos a traicionarla. Supongo que sucede como con casi todos los pasos que vas dando en la vida: que las cosas suceden sin que nos demos cuenta, desaparecen por sí mismas, nos dejan o las dejamos, y vienen otras que las reemplazan para que siga el curso de la historia y de nuestra vida dentro de ella. Un pasar constante, que era lo que nos decía Heráclito de Éfeso en las primeras clases de filosofía, lo del agua y la imposibilidad de los dos baños en el mismo líquido elemento, aunque en este caso el recuerdo se lleva por delante todas las filosofías. No somos capaces de compartir lo que compartimos con nuestras prendas más queridas de entonces, pero al recordarlas les estamos dando vida, y de paso también nos revivimos a nosotros mismos cuando vestíamos aquellos equipajes de sueños que no nos quitábamos de encima ni cuando íbamos a dormir. La camiseta Puma ha aparecido rediviva después de muchos años. De no haber escrito estas líneas posiblemente hubiera quedado en el olvido para siempre; por eso la literatura es tan mágica, porque hace posible la resurrección y también los milagros. A estas horas no creo que haya otro niño corriendo por las canchas con ella, entre otras cosas porque acabó desteñida y ajada de tanto uso y tantas tardes de pequeñas glorias deportivas. Pero yo sí puedo volver a recuperarla con los brillos y los sudores de entonces: azul con rayas blancas en el cuello y en las mangas, casi siempre por fuera del pantalón, como los jugadores que más nos gustaban entonces. Si alguien la descubre por las calles de mi pueblo que sepa que soy yo el que va dentro de ella camino del barranco.
 
 
Marzo de 2007.




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Apelativos guienses (III)

Cuando no teníamos apellidos (III)

Continuando
con este relato de Apelativos Guienses, hoy quiero hacer la tercera entrega,
donde, con la misma intención en lo que se refiere a consideración y respeto,
paso a enjuiciar a otra serie de familias de mi pueblo que siempre tuvieron a
gala lucir estos apelativos o pseudónimos, sin recibir el más mínimo desprecio
por parte de la gente que así los llamaba.
Por Juan Dávila.

 

 

Era como un titulo o gentilicio que
los mismos protagonistas se arrogaban sin ruborizarse y en algunos casos lo hacían
hasta con orgullo, autodenominándose así en conferencias, en charlas y hasta en
pregones festeros donde se constituían dadas sus cualidades intelectuales. Así
tenemos;

 

A los
“luginos”, Manuel que tuvo varios bares y su hermano Vicente Saavedra Santiago
el arriero que así les llamaban; los “pochibios”, formados por Manuel Pérez,
carpintero y músico y sus hijos Chanita, Cirita y Manolo; los “liberatos”,
residentes en la plaza de San Roque apellidados Saavedra, de cuya familia formaban
parte, Anselmo, Antonio ambos maestros y Josefina; los “risas”, apellidados
Rodríguez originarios de San Juan, donde destacaban Juan casado con una hija de
Paquito el Morrocoyo y sus hermanas casada una en San Roque con Antonio Moreno
y la otra en Gáldar con un Orihuela; los “del drago”, familia encabezada por
Faustino Roque Ramos y sus hijos de los cuales destaco a Faustino, Mercedes,
Daria, Ventura, David Roque Díaz y otros; los “del capellan”, encabezados por
Pablo Díaz, conocido también por Pablo el del drago y sus hijos, Pepe, Juan
Dolores, Lile Díaz Moreno y otros más; los “Gabetas” o “Gabetos” naturales de
San Roque, familia formada por varias hermanas, entre las que destacaban
Consuelo, Antonia etcétera; los “mancos”, también naturales de San Roque,
familia en la cual sobresalía, Prudencia con sus hijos, Isidro, Blas, Carmensa
y Pepe conocido por el chino y Angelito el manco y sus hijos, Carmensa, casada
con Manolo el Sucuruco, Cuco y otra hembra de la cual no recuerdo su nombre;
los “tisnaos”, así se le llamaban a los hijos de Isidrito Pérez y Chonita
panaderos y reposteros, Tino y Nando; los “Lindos” eran los que formaban la
familia de José González conocido por el lindo y su esposa Dionisia Moreno, y
sus hijos Pepe el rubio, Isaías, Suso el Campanera, Luís el cartero y su
hermana; los “pelus” así llamaban a Perico y Pepe carpinteros que vivían en el
Callejón del Molino; los “baratos”, descendientes de un cabo caminero que vivía
junto al vivero de obras publicas al final de la cuesta Silva en el barranco de
Moya, un hijo suyo tuvo o tiene un taxis en Guía; los “Paponas”, así eran
conocidos el padre Pepe y sus hijos, uno de los cuales tiene hoy un bar en la
residencia del barranco, también se le daba este apelativo a un hermano de Pepe,
llamado Santiago ausente de nuestro pueblo hace muchos años; los “Sardinas”,
apellidados Candelaria cuya familia estaba formada por el padre conocido por
Juan “Sardina” y sus hijos, sobresaliendo entre éstos Lalo, Luís, Carmelina y
otros; los “Bodegueros”, apellidados Gil y Romero, en un principio se llamo así
al padre Santiago Gil Cabrera, ahora la detentan Chago el del queso y sus
hijos; los “de tita”, así se llamaron siempre a los hijos de Tita Estévez,
casada con Antonio Castellano; recordar entre éstos a Pepe conocido por Penre,
María Teresa, Tita y otras; los “temporales” que eran también “Clavellinas”,
cuyos principales portadores de tal denominación recaía en Juan Pedro, Antonio
el de Norberta –padres de Totoño pregonero que fue de las fiestas de la Virgen el pasado año de
2006-, y Zaragoza la mujer de Juan Montesdeoca; los “Carneros”, denominación
que le daban a los hermanos Pedro, Pancho, Manuel, Lala y a la mujer de Pedro
Porin, que se apellidaban García; los “Cuevas”, descendiente de Vicente Cueva (de
apellido Estévez), una familia muy extensa, en la misma estaban integrados los
hijos de Gabriel el tigre, los descendientes de Perico y Juan, conocidos por
los Albeadores, incluso Quenque era miembro de esta familia muy estimada y
querida en Guía; los “Reinosas”, descendientes de Sebastián Martín Castillo,
originario de Gáldar conocido por Chano el Reinosa pero casado en nuestro
pueblo y sus hijos Chano, Rita, Paco, Milagrosa, Manolo y Tino; los “Baldomeros”,
descendientes de señora Baldomera, cuyos hijos que más recuerdo son a María la
del Cafetín, Tomas, que emigro a Venezuela, Ñoño que fue taxista y la mujer de
Juan Sardina; los de la “Huerta”, Antonio que fue toda su vida marchante, Nicolás
y Marcelinita Jiménez, madre de Mercedes recientemente fallecida, esposa que
fue de Francisco Miranda Santiago (Pancho Serío).

 

Aparte de
estos apelativos tan lucidos, aplicados a tan diferentes familias guienses,
habían otros los cuales eran sinónimos de un solo personaje; así teníamos a
Blas Moreno conocido por el Suaje, a Chano el Piropo, al 7 Machos, a los Colasa
y los Mausa; a Manuel Martín, conocido por el Málaga, a Manolo Vega –hermano de
Paquito el Canuto-, llamado el “Fatiga”, a José Aguiar, al cual le decíamos
Pepe Pichón, que siempre fue auxiliar en la farmacia de Fernando Guerra, Pancho
Villa, abuelo de Paco el técnico en electrónica y primo de Antonio Aguiar Díaz,
de los “Canutos”, José Viera, al cual le llamaban Romanones, la cojita
barrendera municipal y tantos otros que seguirán surgiendo como complemento de
la historia de nuestro pueblo.

 

Ni que
decir tiene que a todos estos personajes que he citado siempre les tuve en gran
estima, y mi reconocimiento hacia ellos esta lleno de afecto y cariño. Recordarlos
ha significado para mí volver a entrar de lleno en los quehaceres de mi añorado
pueblo del cual llevo muchos años ausente pero al que nunca he olvidado.   

jocdavila@yahoo.es


Apelativos
guienses (I)


Santa María de Guía

Dedicados a la preservación, estudios y divulgación del rico patrimonio histórico y cultural del municipio de Santa María de Guía de Gran Canaria. El Archivo Vivo de Historia y Tradición


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