Semblanzas y personajes de Guía (IV)

Semblanzas y personajes de Guía (IV)

Continuando con estas semblanzas, donde
tiene cabida mucha gente de mi pueblo por su forma de ser y por lo que han
significado para Guía, comienzo ahora con esta cuarta entrega, donde la galería
de personajes a analizar, estimo se va hacer interminable. Ya he citado a
muchos y son muchos valga la redundancia los que aún quedan por citar.
Por Juan Dávila-García.

 

Guía es
un pueblo rico en matices pero también ostenta un palmares grandilocuente en
los que se refiere a gente encumbrada. Posiblemente cuando concluya este
trabajo abre olvidado a muchos paisanos que deberían ser citados por mi pluma,
pero sinceramente he de reconocer que ya me falla la memoria. Intentare citar a
los más posibles y decirles a los que deje atrás que disculpen dada la
involuntariedad del que suscribe de no hacerlo. Y siguiendo con este ritual con
el cual ya llevo cuatro días empiezo con:

 

    Javier Lodos García conocido por sus
coetáneos como Chicho. Hijo del general Luís Lodos y de Mercedes García. Desde
muy joven la milicia le atrajo, era como un deber para el seguir con la
tradición. Ingreso en la
Academia del Aire de la cual salio teniente especialista en
paracaidismo y partir de ahí fraguo de manera impresionante una carrera militar
de alto prestigio. Mando varias unidades en Las Palmas y Gando destacando
siempre por su excelente trato con la tropa, hasta tuvo tiempo para organizar y
dirigir una Rondalla la cual vi en algunos programas de Tenderete. General de
brigada hoy se encuentra en la reserva.

 

 Constantino Cancio Díaz, gallego de origen
pero guíense de corazón. Arribo a Guía como teniente de Infantería destinado al
batallón de su propio nombre poco tiempo después de haber terminado la guerra
civil. Caso con Sofía León y tuvo tres hijos, Teresita, Pilar y Genaro.
Retirado del ejercito se dedico a la enseñanza siendo profesor del Instituto de
Física y Química, llegando incluso a ser director del mismo.

 

 Francisco Pisos Echave, gallego también,
llego a nuestro pueblo como teniente de infantería destinado al batallón que
por aquellos tiempos existía en Guía, y lo hizo recién terminada la Guerra. Cuando estallo el
movimiento era cadete en la Escuela Naval
de Marín –su padre había sido General Intendente de la Armada-. Cuando tuvo noticias
del alzamiento se incorporo voluntario al Cuerpo de Infantería donde llegaría a
ser Teniente Coronel. Caso con Lolita Suárez Díaz hija del matrimonio compuesto
por Juan Suárez Mendoza conocido por el respingo e Isabel Díaz. Tuvo los siguientes
hijos entre otros, Juan Francisco, Coronel de Infantería en la actualidad, José
Luís, Maribel, Jesús, Alfonso y Miguel. Fue alcaide-director de la prisión
militar de Mahon. Fue condecorado en multitud de ocasiones por sus acreditadas
virtudes castrenses.

 

 Encarnación Reverter Roig, catalana de
origen, llego a Guía a principios de los años 40 cuando el Colegio Santa María
acababa de ser fundado y lo hizo acompañada de su esposo Luís Cortí Vilás y de
toda la familia de este. Fue alumna en su Cataluña natal de un insigne
matemático de fama mundial llamado Rey Pastor. Licenciada en Ciencias Exactas y
Catedrática dominaba cuantas materias guardaban relación con las ciencias,
matemáticas, física, química. Como profesora atesoro un virtuosismo tan grandilocuente
que soy de los que pienso –fui alumno suyo- que su forma de enseñar jamás ha
sido igualada. Verla explicando en la pizarra era como un rito de enorme trascendencia,
nunca consulto un libro, tenía en su privilegiada cabeza todas las materias que
en clase desarrollaba. En las fiestas de la Virgen del año 1950 tuvo un papel muy destacado
junto a su marido verdadero artífice de aquellas memorables e inigualadas
fiestas.

 

 Carmelina Ramírez Perera, hija de Basilio
Ramírez y casada con Pepe Rodríguez Martín, practicante natural de Agaete.
Licenciada en Filosofía y Letras y posteriormente Catedrática, impartió clases
de latín, filosofía y otras materias afines a su especialidad en el Colegio
Santa María y posteriormente en el Instituto, siendo profesora también en el
Instituto de Gáldar. Su capacidad como enseñante fue siempre reconocida por
cuantos alumnos tuvieron el honor de asistir a sus clases. Extrovertida,
cariñosa y muy amable con toda la gente que hemos tenido el placer de tratarnos
con ella. Aunque vivía en Agaete siempre tuvo por su pueblo un afecto
extraordinario.

 

 Manuel Díaz Cruz, hijo de Manuel Díaz que
en aquellos tiempos trabajaba en la agricultura. Casado con María Milagrosa
Estévez Pérez. Ingeniero superior de Montes. Gran patriota y defensor a
ultranza de todo lo relacionado con Guía. Desde muy joven destaco como un
excelente estudiante, estuvo muy arraigado al Frente de Juventudes y a las
Falanges Juveniles de Franco. Destaco como ingeniero y fue Director Provincial
de ICONA y miembro del equipo agrario de la Caja Insular de Ahorros. Como
director del Instituto Canario para la conservación de la naturaleza, promovió
grandes proyectos y estudios que redundaron en el mantenimiento y repoblamiento
de nuestra flora autóctona. Chistoso y simpático charlar con el resultaba muy
ameno y enriquecedor.

 

 Justiniano Ojeda García, originario de
Agaete, casado con Zaragoza Domínguez García, tuvo dos hijos María Teresa y
Pepe. Militar y profesor, aunque toda su vida se la dedico a la milicia donde
alcanzó el grado de Teniente Coronel. Destinado después de la guerra al
batallón de Guía con la categoría de teniente. Recordar que un día liándose la
manta a la cabeza, le ordeno José Aguiar conocido por Pepe cacharro, cornetín
de orden del batallón, que tocara “genérala” en nuestro pueblo, cosa que hizo,
acto este que sembró una gran alarma en Guía. Tuvo muchos destinos como
profesional de la milicia, Guía, Esterry, Arrecife, Capitanía General en Santa
Cruz de Tenerife, Las Palmas, etc.

 

 Román León Villaverde, militar de un gran
prestigio que alcanzo el grado de General de División. Fue de los oficiales que
estuvo en la reunión del Monte de la Esperanza.
Tuvo mandos muy significados entre estos el batallón de Guía,
de Lanzarote, del Regimiento de Infantería 50 de Las Palmas, Gobernador Militar
de Tenerife siendo General de Brigada, cuando ascendió a General de División
fue nombrado Gobernador Militar de Las Palmas hasta que paso a la reserva.

 

 Manuel Cruz Saavedra, hijo de Pedro Cruz
guardia municipal de nuestro pueblo. Desde muy joven destaco como un gran
estudiante. Debido a los problemas que siempre tuvo con la vista no pudo hacer
la carrera de Ingeniero con la que siempre soñó, pero sus grandes inquietudes
intelectuales e incluso poniendo en peligro su visión quiso estudiar algo sencillo
inclinándose por el magisterio, carrera esta que hizo en muy poco tiempo. Como
maestro destaco en cuantas Escuelas ejerció. Sus extraordinarios conocimientos
en matemáticas le permitieron ser durante mucho tiempo profesor de esta
asignatura en el Colegio Cardenal Cisneros de Gáldar. Como profesor y como
persona fue muy estimado y querido por todos los que le conocimos.

 

 Cayetano Guerra Aguiar, profesor y
escultor, hijo de Juan Guerra y de Reyitas Aguiar. Cuando termino el bachiller
inicio los estudios de Arquitectura en Zaragoza, carrera que nunca termino.
Posteriormente trabajo en la Cartonera
Canaria como diseñador. Aprovechando parte de los estudios
que había hecho consiguió hacer rápidamente la carrera de Bellas Artes, la cual
ejerció como profesor de dibujo en el Instituto de Guía. Desde muy joven
manifestó una gran facilidad para esculpir y moldear inclinación esta que le ha
servido para constituirse en un extraordinario escultor. Sus brillantes
trabajos le han llevado a exponer en diferentes galerías donde el éxito le ha
acompañado de manera ostensible. Una de sus obras más emblemáticas ha sido sin
lugar a dudas la escultura de la
Virgen de Fátima que se muestra en la iglesia de la Montaña de Gáldar, también
ha realizado varios crucifijos de gran valor y otras de carácter pagano que
relucen con verdadera elocuencia. Sus obras todas de un enorme valor artístico están
altamente cotizadas.

 

 Francisco Ramírez Estévez, Licenciado en
Ciencias Exactas y Catedrático. Hijo de Bernardito Ramírez y de Remeditos
Estévez. Versátil profesor que ha ejercido su docencia en varios Institutos de
Las Palmas. Siempre le ha revestido un carácter extrovertido, simpático y gran
conversador lo que le ha valido ser muy apreciado por cuantos les conocemos.
Paco Ramírez como sus amigos le conocemos siempre se ha acreditado por el gran
cariño que siempre le ha dispensado a su pueblo natal. A pesar de haberse
jubilado sigue impartiendo clases de matemáticas, especialmente a jóvenes que
quieren ingresar en las Academias Militares.

 

 Seguiré hablando de los personajes de Guía
y analizando su forma de comportarse, así como haciendo alocución a las
virtudes especiales que les revisten tanto personales como sociales. En este
aspecto mi pueblo sigue teniendo entre sus habitantes a gentes que de verdad
merecen que se hable de ellos, es una ciudad donde brilla la cultura y esta
suele encumbrar a muchas personas de las cuales se hace imprescindible hablar
por su estimado y elocuente palmares.

 

jocdavila@yahoo.es 



Semana Santa en Guía, la ciudad de Luján

Semana Santa en Guía, la ciudad de Luján

El arte se mezcla con la fe y religión y hacen un auténtico espectáculo que recorre las calles históricas de la ciudad de Guía de Gran Canaria. Santa María de Guía es, sin duda alguna, una de los lugares más importantes, en cuanto a nivel cultural y artístico, de Canarias. Por Nathanael Díaz Armas

Célebres personajes conforman el panorama artístico de esta ciudad. Bento y Travieso, Néstor Álamo etc. Pero sobre todo el mayor imaginero de Canarias, aquel que llenó las iglesias y ermitas con su arte, que sobre todo plasmó en la imagen de la Dolorosa, que en total, según Sebastián Padrón Acosta, hizo dieciséis que repartió por todo el archipiélago. La Semana Santa de Guía merece una mención especial por ser ésta, la cuna del inmortal escultor, Luján Pérez, que todos los años refleja su vivencia en esta semana por toda Canarias.

Luján Pérez nació en la cuidad de Guía de Gran Canaria el 9 de mayo de 1756 y murió en la misma, el 15 de diciembre de 1815. Durante sus 59 años de vida, Luján combinó perfectamente el arte escultórico, aunque también hizo sus pinitos en la arquitectura, con la religiosidad de las imágenes. Su relación con su hermosa parroquia de Guía fue importante, hasta el punto que en su testamento donó mil pesos para la adquisición de un reloj. En cuanto a las imágenes realizadas por Luján caben destacar La Dolorosa de la Catedral de Canarias, Virgen de La Gloria en la Iglesia de San Juan de La Orotava, el cristo atado a la columna en la parroquia de Guía y en la basílica del Pino en Teror, y una de sus más admiradas, la imagen de Las Mercedes situada también en su parroquia natal. Pero nos vamos a centrar en las que cada año recorren las calles del casco histórico guiense.

Son de este insigne imaginero la Dolorosa de la parroquia mariana de Santa Mª de Guía. Esta escultura la hizo en el año 1795 para la iglesia de Telde, pero viendo el artista que el pago de ésta se retrasaba, ‹‹una noche, acompañado de algunos paisanos, se trasladó a la población sureña, las rescató e hizo que fueran llevadas a su pueblo de nacimiento››. La Dolorosa recorre las calles de Guía bajo un silencio de dolor que se refleja también en los que la acompañan. Otra imagen que por motivos de conservación ya no realiza la procesión del viernes santo es el “Cristo atado a la columna”. Éste, que Luján talló para la iglesia de Guía, es junto con el de Teror, el más importante. Este Cristo fue tallado, en unión de la Dolorosa guiense, en torno a 1795. También el Cristo Crucificado, obra que realizó en 1811 y que primeramente se había tallado para presidir el segundo cuerpo del retablo mayor. Su coste ascendió a 1350 reales. Es probable que el maestro lo esculpiese en su villa natal y usase como taller improvisado la tribuna de la antigua iglesia de Hospicio. Además para contemplar el conjunto realizó en 1813 un tabernáculo que se colocó en el centro del retablo, siendo más tarde pintado por José de Ossavarry, aunque a mediados del s. XIX fue desmontado. Luján también plasmó en sus esculturas la escena del Señor del Huerto de Los Olivos a la que se le da más importancia la que se encuentra en nuestra parroquia, la cual fue donación del artista y a la cual también se le ha querido añadir una leyenda, porque según cuenta, ‹‹durante una de sus estancias guienses, le llevaron sus paisanos, la talla del Cristo de La Oración, fechada en 1695 a la cual Luján partió en dos de un hachazo.

Sorprendidos, y seguramente alarmados ante semejante estropicio, los comisionados hicieron ver al estatuario que la Semana Santa era inminente y que la estatua debía salir en procesión. Luján los tranquilizó y les dijo que para entonces les hará otra mejor››. Pero no sólo son de Luján las que dan esplendor al recorrido procesional de la Semana Santa guiense. Dña. Eusebia de Armas, ante la pena de que la parroquia del mayor imaginero canario no poseyese un sepulcro o urna para un cristo yacente, mandó a encargar un sepulcro de madera a su pariente y escultor agaetense José de Armas Medina, el que también realizó el cristo que en su interior yace. D. José de Armas empezó a trabajar en él en un taller de Las Palmas aunque luego se lo llevó a la Capital de España para en sus ratos libres trabajar en la obra de arte que luego acabó en Las Palmas entregado por 50.000 ptas. El día 7 de abril de 1946, después de haber sido expuesta en un edificio de la Calle Triana, donde causó gran impresión ante los que lo admiraban, fue traída a Guía y, a las diez y media de la mañana en el Colegio Santa María, fue bendecida por el párroco de la Iglesia de Guía D. Bruno Quintana Quintana, en presencia de la Virgen de los Dolores de Luján que, en su trono y acompañada de una ingente multitud, fue llevada a este emotivo acto. Ese viernes santo salió el tan esperado sepulcro ante la admiración de todos por ser, según los entendidos y técnicos en anatomía, el mejor de Canarias. La consideraban una maravillosa obra de arte que no tiene igual en las islas.

Otras son las esculturas que salen en procesión en Semana Santa por las calles de Guía, como el Cristo con la cruz a cuesta obra de un imaginero tinerfeño, y el San Juan Evangelista del palmero Arsenio de las Casas nacido en 1843. Como anécdota de Luján, quiero contar una, recogida en una memoria de don Bartolomé Martínez: “Sus relaciones estrechas con la casa de los señores Montesdeoca, dignidad del tesorero en la Santa Iglesia Catedral, don Lorenzo, Presbítero don Gaspar, y don José, le llevaron en una Semana Santa a su villa de Guía, de la cual todos eran naturales; y, movida entre aquéllos plantean a Luján Pérez la cuestión comparativa de los monumentos de aquella parroquia en el miércoles santo, con la de Santa Cruz, La Laguna o La Orotava en Tenerife; cuando el jueves santo siguiente le esperaban a la mesa y no se presentó, le buscan, no le hallan y pudieron descubrir que en la tarde anterior se había embarcado para aquella isla por el puerto cercano, sin preparativo alguno y con el pretexto de pescar, y llegó tan oportunamente el jueves santo que, infatigable, pudo copiar los monumentos de Santa Cruz, Laguna y Orotava, adonde viajaba a pie no obstante las distancias, y presentarse con sus diseños en Guía en el viernes santo, con sorpresa de los Montesdeoca” Para concluir con este artículo, quisiera dejar constancia la importante labor que realizó Luján, no solo en Guía, sino en toda Canarias. Es por eso que este año, concretamente el 9 de Mayo, se celebra el 250 aniversario del nacimiento del mayor imaginero canario de todos los tiempos. Una efeméride importante para el mundo artístico y para la historia en general de Canarias que espero que sea, la cuidad de Guía, la que haga de sí, un acontecimiento importante e inolvidable para los amantes de la cultura y del arte en nuestro archipiélago, así como animo a todos aquellos que no han tenido la oportunidad de ver ese bonito espectáculo, que se acerquen a esta cuidad en Semana Santa, y contemplen este recorrido procesional, donde los tronos cargados avanzan al paso procesional y al acompañamiento musical que se mezcla con el arte que también refleja el antiguo casco histórico de Guía.

Nathanael Díaz Armas
Santa María de Guía
Semana Santa 2006

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Semana Santa en la ciudad de Luján

Semana Santa en la ciudad de Luján

Guía de Gran
Canaria, patria de José Luján Pérez, como en todo el mundo católico ha venido
celebrando
la Semana Mayor
de la cristiandad con
la Pasión
y Muerte del Hijo de Dios. Ciñéndonos a nuestro entorno hay no obstante algo
que la distingue y hace diferente de capitales, villas y ciudades, y es que fue
en Guía donde vio la luz primera el insigne imaginero.
Por Erasmo Quintana

Semana Santa en la ciudad de Luján

Guía de Gran
Canaria, patria de José Luján Pérez, como en todo el mundo católico ha venido
celebrando
la Semana Mayor
de la cristiandad con
la Pasión
y Muerte del Hijo de Dios. Ciñéndonos a nuestro entorno hay no obstante algo
que la distingue y hace diferente de capitales, villas y ciudades, y es que fue
en Guía donde vio la luz primera el insigne imaginero.
Por Erasmo Quintana

Por tanto el fervor religioso y la emoción contenida del
pueblo al paso de las bellas imágenes que salieron del talento y de su genio, a
él se debe en exclusividad. Consagró su vida a dar realce con depurado arte a
la imaginería de casi todas las islas, poniéndolo a la altura de los Zalcillo,
Alonso Cano y Berruguete. La iglesia de su amada Guía es un pequeño museo de su
obra; así, podemos admirar los dos Crucificados, el del Altar Mayor y el que se
procesiona, la Dolorosa,
el Señor atado a la columna, la
Virgen de las Mercedes, el Señor Predicador, San Sebastián
(en rehabilitación), el Señor Orante en el Huerto y un Crucificado de talla
menor que podemos ver en el Camarín de la Virgen.

Casi todos
los pueblos de Gran Canaria y de las islas, excepción hecha de Hierro y La Palma, veneran en sus
principales iglesias la obra de Luján. No hay un artista canario que pueda parangonarse
con su obra, cuyo mérito se agranda por el hecho de no haber salido de la isla,
salvo el viaje que realizó a Cuba, al parecer interesado en un artilugio movido
por agua, y que pone de manifiesto que nada tenía que ver con su arte. Así
pues, la obra lujaniana es un canto de singularidad y de un individualismo
impresionantes, y nunca se es tan personal como cuando se crea. “El arte
–afirmaba Oscar Wilde- es la forma más intensa de individualismo que ha
conocido el mundo”. En Luján la obra de arte es el resultado único de un
temperamento único; debe su valor y su belleza a que el autor es lo que es:
persona retraída y poco comunicativa. Tal vez por ello el artista logra
alcanzar el infinito individualismo, cuando la obra que está realizando
solamente a impulsos de su inspiración alada, y por los sentimientos más
profundos de su alma de artista.

Con ser
Luján el artista que mayores cotas ha alcanzado en el universo de las artes
canarias, extraña que sepamos tan poco de él. Sus biógrafos, el primero su
yerno, Bartolomé Martínez de Escobar, Santiago Tejera de Quesada y Pedro
González Sosa, pocas noticias nos han podido revelar del Luján Pérez hombre,
predominando más sombras que luces. De personajes de menor monta conocemos el
más mínimo detalle, sin embargo de Luján pinceladas que tan solo nos aproximan,
predominando lagunas que lo envuelven en un espeso misterio. Así, nada
conocemos de sus relaciones sociales y cómo pensaba, aunque el hecho de poseer volúmenes
de La Enciclopedia
de Voltaire alguna pista nos da. Qué le hizo mantenerse soltero a pesar de ser
padre en una época que ello estaba muy mal visto, y hombre de iglesia. Una
miniatura parece sí había, pero desaparecida, por lo que su nieto Amaranto,
bajo la indicación de la hija confeccionó el que conocemos.

Coetáneo de
Wolfgang Amadeus Mozart, pues de ambos se ha celebrado el 250 aniversario,
comparte con éste también que hoy nada sepamos de sus restos. Aquel fue
enterrado en una fosa común, y con Luján no se ponen de acuerdo en si fue
inhumado en la falda de La
Atalaya o en el cementerio de San Roque, hoy desaparecido, y
cuya fachada era obra del artista guiense. Las sombras de misterio que rodean
su figura presiden este 250 Aniversario que Ayuntamiento, Cabildo y Gobierno
Autónomo, así como la Escuela Luján
Pérez, están celebrando, y que han querido que se prolongue hasta el mes de
julio del presente. Actos de diversa índole hay programados, que culminarán con
una magna exposición de la obra lujaniana en la Casa de Colón, la Iglesia y el Teatro Viejo
de Guía de manera simultánea. La importancia de tan gran acontecimiento no
pasará desapercibida por el gran público, que, sin la menor duda, disfrutará.

Erasmo Quintana Ruiz – Concejal de Cultura – Ayuntamiento
de Guía – Gran Canaria. 2007.



Semblanzas y personajes de Guía (III)

Semblanzas y personajes de Guía (III)

Como ya dije,
sigo con este peregrinar, exponiendo con total nitidez las excelencias de
muchos personajes de mi pueblo, los cuales tienen en su haber el comportamiento
ético y moral que reviste a los elegidos, la sindéresis que empleo para
analizarlos sin más, no tienen ningún tipo de nepotismo, si los cito y los
enjuicio, cada uno en el estatus social que le corresponde es porque merecen
ser reconocidos por lo mucho o por lo poco que le dieron a nuestro pueblo, pero
creo que todos en mayor o menor medida supieron darle a Guía sin pedir nada a cambio parte de su tiempo que ya
es bastante.
Por Juan
Dávila-García

  Guía estoy seguro que siempre ha reconocido estos meritos que
subliman al sujeto cuando de manera espontánea apechugan con lo que sea para
que su pueblo luzca por encima de todo y para que su riqueza histórica rebase
con creces cuantos obstáculos encuentren en su caminar hacia la gloria. Y sin
más dilación comenzamos la tarea:

 José Samsó Henríquez,
abogado, terrateniente y militar. Fue un fiel exponente del mecenazgo guíense,
al se debe la construcción del hermoso trono de plata que Nuestra Señora la Virgen de Guía luce con
todo esplendor. Propietario de enormes fincas y numerosos inmuebles en los
municipios de Guía y Gáldar. Como militar destaco de manera elocuente siendo
solamente teniente. Amigo personal de Franco, estuvo en la reunión del Monte de
la Esperanza
días antes del inicio del movimiento, donde dicen se fraguo el golpe de estado.
Llego a ser General Togado del Cuerpo Jurídico del Ejercito y como tal ejerció
durante muchos años en la
Capitanía General de Cataluña con sede en Barcelona.

 Manuel
Fernández-Oliva y Pérez, natural de la Orotava, conocido por el Capitán, casado con
María Hernández Jiménez. Como militar alcanzó el grado de capitán de Infantería
y como tal estuvo destinado en el Regimiento de Guía. Fue alcalde de nuestro
pueblo en una época difícil ya que estaba reciente la finalización de la Guerra Civil y la hambruna
primaba por doquier. También estuvo en la reunión del Monte de la Esperanza.

 José Bolaños
Suárez, hijo de Marcelino Bolaños y María Suárez. Militar, aparejador,
farmacéutico-analista y profesor del Instituto de Guía. Estaba en posesión de
importantes condecoraciones. Como militar llego a ser Comandante en el
Regimiento Mixto de Ingenieros con sede en La Cuesta Tenerife, se retiro del ejército
siendo bastante joven, acogiéndose para ello en una Ley que le permitía acceder
a puestos civiles de la
Administración del Estado. Fue alcalde de nuestro pueblo y en
honor a la verdad decir que realizó como tal una gran labor.

 Ignacio
Arencibia Miranda, Perito industrial, director y profesor del Instituto de Guía
y alcalde. Llego a la dirección del Instituto cuando este aún se denominaba
Laboral de la mano de Juan Simavilla Blanco sustituyendo a este como Director
del mismo, como tal ejerció durante muchos años, su labor al frente de este
Centro docente fue muy loable consiguiendo que la Dirección General
de Enseñanza Laboral dependiente del Ministerio de Trabajo dotara al mismo de
gran cantidad de material. Su singladura como Alcalde fue muy alabada ya que
supo estar a la altura de las circunstancias, hizo grandes favores a mucha
gente necesitada. Siendo joven se manifestó como un gran atleta formando parte
del equipo de la Escuela Industrial
de Las Palmas que compitió en varios campeonatos de España.

 Pedro Rodríguez
Pérez, militar, Diplomado de Estado Mayor. Nació en el Albercón de la Virgen, en una casa que
estaba situada frente al taller de Manuel Armas, su hermano Geño conocido por
el manco –ya que en realidad le faltaba un brazo- fue durante muchos años examinador
para la obtención del carnet de conducir. Era primo hermano de los reinas, de
Geño Aguiar y de Geño León y sus hermanos. Llego a ser General de Artillería,
durante la Guerra Civil
destacó en varias misiones luciendo ya la estrella de alférez con solo 17 años
lo que le significo le fueran concedidas varias condecoraciones. Que se sepa y
de los generales, jefes y oficiales nacidos en Guía fue el único que ostento el
fajín celeste que lo acreditaban como diplomado del Estado Mayor del Ejercito.

 Antonio
Sarmiento, natural de Tejeda, llego a Guía destinado al Regimiento existente en
aquellos tiempos en nuestro pueblo. Casado con una hermana de Luisito Pérez,
tuvo tres hijos, Lutgarda y los gemelos Antonio y Manolo Sarmiento Pérez, llego
alcanzar dentro del ejercito la graduación de Capitán de Infantería-

 José González
Moreno, conocido por Pepe el rubio, hijo de José el lindo y de Dionisia Moreno,
se caso con Consuelo Álamo hija de José Girior. Insigne musicólogo, interprete,
fundador y director. Inicio su caminar como tal en la Rondalla de los
Clavellinas allá por los años 40 con solo diez años participando en un concurso
local. Formo parte de AF Tirma-Guíense y en el grupo rítmico Tirma. Intento
reorganizar a la Agrupación Estrella
y Guía fracasando en el intento dado los celos a los que algunos de sus
componentes lo sometieron, aburrido y cansado de tanta desidia abandono el
intento. Miembro relevante de la
Orquesta de Pulso y Púa del Real Club Victoria como
bandurrista. Ha compuesto varias piezas cortas basadas en aires de ciotis y
berlinas, asimismo le ha hecho con los aires propios de nuestra tierra
bastantes himnos dedicados a la
Virgen de Guía. Ha fundado y dirigido varias agrupaciones en las
Meleguinas,

el Madroñal y la de San Juan de Dios. En la actualidad
dirige con bastante acierto una gran agrupación en Lomo Blanco –la cual también
fundo-, llamada Atiramana. De los folkloristas vivos nacidos en Canarias es muy
posible que tenga el palmito de ser el mejor como tocador de la bandurria,
versátil y polifacético toca todos los instrumentos de cuerdas, incluidos entre
ellos en timple y el bajo.

 José Carlos
González Ruiz, hijo de Severo González y hermano de Manolo y Michi. Casado con
Antonia Teresa León Pérez. Abogado, profesor, actor y alcalde. Como profesional
del Derecho se inicio en un litigio defendiendo a Miguel León contra Paco Ayala
defendido por Miguel García, ni que decir tiene que desde el estrado manifestó
una capacidad intelectual digna de encomio ganándole el pleito al significado
Miguel García el abogado por antonomasia de Guía en aquellos tiempos. Fue
profesor en Gáldar y Guía en sus respectivos institutos de tratados Políticos.
Como actor brillo desde mediados de los años cuarenta a los cincuenta, cuando
bajo la dirección de Luís Corti interpreto varias obras donde actuaron también
Andrés Guerra, Ulises Miranda y otros. Más tarde y juntamente con el citado
Ulises Miranda formo una pareja cómica que tuvo éxitos muy sonados, solo
actuaban en actos benéficos. Sin lugar a dudas fue un buen alcalde de nuestro
pueblo.

 Luís Lodos y
Saenz de Urturiz, casado con Mercedes García, hija de Faustinito el del molino,
tuvo tres hijos, Luís –fallecido-, Javier, General de Brigada del Ejercito del
Aire y Miriam. Militar y Habilitado de Clases Pasivas. Tuvo el honor de liberar
Guía en el año 1936 al mando de una sección de ametralladoras, iniciando el
asalto en las medianías de la
Cuesta de Silva, esta acción militar estuvo apoyada por mar
por la cañonera de la armada llamada Arcila. En una acción de guerra durante la
cruzada nacional, la cual consistió en mantener una posición hasta que llegaran
refuerzos, quedo ciego, pero con orgullo y valentía mantuvo la misma, lo que le
valió se le concediera la Medalla Militar
Individual del Primera Clase, medalla que con la hidalguía que siempre le
revistió le otorgo e impuso a la Santisima
Virgen de Guía con todos los honores dimanantes de tan
significada condecoración en un acto muy emocionante. Como consecuencia de la
perdida de visión paso a figurar en el Cuerpo de Mutilados del Ejercito
llegando a ser Presidente Provincial del mismo. Siendo ya General de Brigada se
constituyo en Habilitado de Clases Pasivas. Estaba en posesión de otras
importantes condecoraciones entre estas destacar la
Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo.

 Espero que
estas semblanzas y personajes de Guía sean del agrado de cuantos los lean,
dándome por satisfecho si así fuera. Y sin más dilación me pongo a realizar la
cuarta entrega.

jocdavila@yahoo.es



El otro Luján

EL OTRO LUJÁN

Por Javier Estevez

¡Qué curioso!, esto es como el cometa Halley que nos visita cada 70 y tantos
años; en unos pocos metros cuadrados tenemos dos lujanes Si, si, que ya sé que
el viejo se muda para la Casa de La Cultura, pero, por ahora, el paisaje es el
que es, ¿o no? Sinceramente, a mí me gusta muchísimo el nuevo Luján, moderno,
con cierto aire altivo, de genio; este luján tiene alma, personalidad,
geito, como dirían los nuestros, descansando en una equilibrada peana
de acero cortén, aprovechando la base de cantería de la vieja e ignota fuente.

EL OTRO LUJÁN

Por Javier Estevez

¡Qué curioso!, esto es como el cometa Halley que nos visita cada 70 y tantos
años; en unos pocos metros cuadrados tenemos dos lujanes Si, si, que ya sé que
el viejo se muda para la Casa de La Cultura, pero, por ahora, el paisaje es el
que es, ¿o no? Sinceramente, a mí me gusta muchísimo el nuevo Luján, moderno,
con cierto aire altivo, de genio; este luján tiene alma, personalidad,
geito, como dirían los nuestros, descansando en una equilibrada peana
de acero cortén, aprovechando la base de cantería de la vieja e ignota fuente.

Lástima la piedra blanca. Recuerdo que hace unos años hubo césped, un prado de
gramíneas vegetando en medio de la piedra gris y fría de basalto. Un bonito
contraste. Una lástima que no se conservara hasta la actualidad. Además, la
situación es perfecta: mirando al reloj, su dádiva al pueblo de Guía, y al
Templo parroquial como si quisiera velar noche y día, invierno y verano, por sus
esculturas que viven en el interior. Ya me imagino la próxima semana santa, el
reencuentro de Luján frente a frente,cara a cara, con su Dolorosa, con su Cristo
atado a la columna, con su Cristo del Huerto, tras una separación de casi dos
siglos...

 
Un secreto: me dará cierta tristeza perder de vista al viejo
Colón, qué digo, Luján. (el subconsciente me falla, lo siento). En cierto modo,
es un hito inexcusable de mi paisaje vital. ¡Je!, ahora flota en mi memoria
aquel episodio en el que un viejo amigo (entenderán el anonimato), borracho como
una cuba, se subió hasta el busto de Luján y sentose a horcajadas frente a él.
La postura era un poco provocativa, la verdad, pero el viejo Luján,
afortunadamente, es de piedra en todos los sentidos. Lo gracioso fue que estuvo
más de una hora platicando con él. Bueno, bueno, más que conversación fue
soliloquio. O cuando juntábamos, durante las largas y frías noches guienses, dos
o tres bancos en torno al viejo busto y nos daban las mil y quinientas hablando
y hablando sobre cosas intrascendentales, imprecisas y perecederas. Mientras, el
único sonido era el ulular del alisio subiendo y bajando calles, el mesurado y
blando tañido de las campanas que nos recordaba, a modo de pepito grillo.
nuestra indolencia por regresar; pero siempre seguíamos allí, enfrascados en el
rítmico chasquido que producían las pipas al liberarlas con nuestros dientes de
su salada carcasa, y el grillo, que en su eterna esquina cantaba su eléctrica y
monótona canción (que se llama soledad...)

 
Por cierto, ahora que se ha cerrado definitivamente el duelo
Luján - Colón, pregunto yo: ¿que hubiese sido lo ideal, busto o escultura a
cuerpo entero? Es broma, es broma.

Javier Estévez. 19 de abril de 2007.

FUENTE: Blog de Javier Estévez

VER GALERÍA DE FOTOS DE PACHI RIVERO



Semblanzas y personajes de Guía (II)

Semblanzas y personajes de Guía (II)

Continuando con este reportaje que inicie
el 19 de diciembre del 2006, hoy quiero retomar de nuevo este trabajo,
analizando a más personajes de mi pueblo y a otros que llegando al mismo muy
jóvenes se acoplaron sin ningún tipo de problemas a la forma de vivir y sentir
de nuestra ciudad, acreditando un amor fraternal por todo lo nuestro.
Por Juan Dávila-García.
   Todos
contrajeron matrimonio con jóvenes –en aquel entonces- de nuestro terruño y se
consagraron y acreditaron como defensores a ultranza del sentir patriotero que
tanto dignifica a los guíenses. En la mayor parte de los casos su llegada no
fue fortuita ya que vinieron destinados al Regimiento del Guía y más tarde al
Batallón, ambos cuerpos de ejército que le dieron a Guía una gran brillantez y
una notoria fama en el terreno de lo castrense. Al igual que en el trabajo
anterior voy a intentar hacer una semblanza de cada personaje afinando lo más
posible en su desarrollo personal y social. Iniciando esta segunda parte con:

 José Luís Jiménez Domínguez, hermano de
Ramón –insigne medico-, Guillermina mujer de Mr. Harris y de María Luísa esposa
del abogado Miguel García Lorenzo. Arquitecto de profesión, ejerció como tal en
Las Palmas, donde lucio como un eminente profesional. Cuando se celebraba en
Guía en Corpus Christi, su extraordinaria mano de dibujante quedaba reflejada
en la alfombra que trazaba y luego dirigía que abarcaba toda la calle Medico
Estévez. Siempre demostró y acreditó su amor por el pueblo que lo vio nacer

 Antonio Rodríguez González, conocido por
Antonio marina, hijo de Manuel Rodríguez y de Marina González Álamo, hermano de
Manuel, María de Guía y de Marcos Rodríguez González, casado con Milagros
González Miranda. Perito Aparejador y Militar. En ambas profesiones tuvo un
encumbrado currículum, como aparejador fue el gerente de la empresa de Ramón
Beamonte del Río, constructor madrileño que entre otras obras realizó la
fabrica de cemento con su correspondiente muelle en Arguineguín. Como militar
se retiro pronto acogiéndose a una Ley que le permitía a los militares acceder
a cargos públicos, aunque no fue su caso. Durante algunos años con la categoría
de Comandante de Artillería mando el Parque de dicha unidad ubicado a la subida
de Tafira. Fue condecorado en muchas ocasiones por su distinguida trayectoria
militar.

 Cenobio García Bautista, conocido en Guía
por Cenobito, casado con Barbarita Díaz Moreno, padre entre otros del gran
Tomasin y de Santiago el charlot de Las Palmas, durante toda su vida fue
funcionario del ayuntamiento de Guía. En su juventud se le considero un gran
actor a nivel local y formo junto con Néstor Álamo, –al cual posteriormente
repudió decía que por su falta de patriotismo- Tina Álamo, su hermano Paco,
Margot Suárez, Juan García Mateos y otros, una gran compañía de teatro que
actuaba en Guía con motivo de las fiestas. Se cuenta que era tal el encono que
le tenía a Néstor, que un día en el restaurante llamado La Golosina ubicado en la
plaza chica y que era propiedad de Isidro Pérez, quiso tomarse un vino, Blas
Pérez le ofreció uno cuya marca era Pal Pino, a lo cual Cenobito muy iracundo
contesto –pal pino, no para el coño de su madre-.

 Blas Saavedra Galván, hijo de Blas
Saavedra dueño del cine Hesperides, casado con Daría Ayala Molina, durante
muchos años fue teniente provisional de Infantería. Pronto se retiro de la
milicia y se dedico a llevar sus negocios entre ellos la administración del
cine. Ha sido sin lugar a dudas uno de los más importantes mayordomos de las
fiestas de las Marías, ya ciego delego esa función en su hijo José Miguel, pero
así y todo, todos los años celebraba esta efeméride junto a su familia en Guía.

 Salvador García Alvarado, hijo del Notario
de Guía Salvador García, abogado, oficial provisional y Delegado e Inspector
del Trabajo de la Delegación Provincial
de Las Palmas. Siempre fue una persona muy vinculado al régimen franquista y al
Movimiento Nacional del que fue Consejero Provincial durante muchos años. Según
rumores que siempre circularon en nuestro pueblo en su época de estudiante en
Barcelona habitaron en el otros ideales, que le creo problemas a muchos jóvenes
de nuestro pueblo a los cuales embauco con sus peroratas en el Centro Obrero.

 Celia Sosa García, hija de José Sosa
Oliva, conocido por Pepiyiyo, casada con Pedro Domínguez García, maestro
también y madre de Celia María, María Agustina (fallecida) y de Pedro
(psiquiatra) Domínguez Sosa. Maestra de Escuela, música y cantante clásica.
Descolló de manera elocuente en estas tres facetas que la revestían. Sus
exhibiciones como cantante fueron muy elocuentes y los asistentes a sus
innumerables conciertos llevados a cabo en los diferentes teatros de la zona,
se identificaron con su forma de expresar el bell canto y de manera elocuente
alabaron sus virtudes en estos menesteres. Virtuosa instrumentista con la
mandoliná, siendo muy jovencita don Teofilo Morales y Martínez de Escobar la
incorporo a su orquesta de pulso y púa denominada Tirma.

 Dulce María Guerra Alemán, casada con
Prudencio Estévez, madre entre otros de Araceli, Luís Fernando, Esther, Delia,
Nena e Isolina. Encumbrada profesora de música, con orientación pianistica.
Durante toda su vida impartió clases en su estudio a jóvenes que con el paso
del tiempo se han convertido en relevantes concertistas. Quizás haya sido la
mejor directora y organizadora de coros-sacros en Guía y que posiblemente jamás
hayan sido superados y ni tan siquiera igualados.

 Santiago Bañolas Pasano, de origen
catalán, arribo a Guía como sargento-educando, cuando en esta estaba ubicado el
Regimiento de su nombre del cual era Coronel Jefe su hermano Antonio, mientras
que su hermano Miguel era Teniente Coronel Jefe del CMR. Contrajo matrimonio
con Luísa Reina González y tuvo los siguientes hijos: Gonzalo, muerto en
campaña con el grado de alférez, Laura, Milagrosa, Fernando, que fue oficial de
la guardia de Franco, Gloria, Pilar, Santiago, (padre del actual alcalde de
Guía Fernando Bañolas Bolaños) y Margot. Destaco como militar llegando alcanzar
el grado de Comandante, habiendo dejado el ejercito fue hasta su jubilación
funcionario del Ministerio de Educación y Ciencias destinado en el instituto de
Guía.

 Dado lo extenso de personajes dignos de
ser analizados que existieron en mi pueblo, quiere dejar aquí esta segunda
parte para que sea publicada e iniciando seguidamente la tercera que vera la
luz muy pronto. Espero que estas vivencias que aquí expongo sean del agrado de
los lectores y para que sirva como ilustración y ampliación a la impresionante
historiografía de Guía de Gran Canaria.

 jocdavila@yahoo.es


"Scala en Hi Fi"


Música de Papagüevos

Por Santiago Gil

Hay fotos que nos presentan horteras. En los setenta hubo una
estética muy chirriante y muy dada a los colorines. A nosotros nos vistieron
también con esa estática y todos tenemos fotografías que dan fe de ese escarnio
al buen gusto y a la armonía
. 

Éramos divertidos pero no nos caracterizábamos precisamente por la pulcritud o el pijerío de nuestras vestimentas. Nos poníamos cualquier cosa y nos largábamos a la calle a corretear y a ver mundo, todo ese mundo tan cercano y al mismo tiempo tan aventurero que vivíamos entonces. Uno cierra los ojos y recuerda las ropas que llevábamos a misa los domingos y la verdad es que dan ganas de llorar. No sé si se acuerdan de los zapatos charolados, de los pantalones de campanas, de los pulóver de cuello alto con colores que mejor no reseñar o de aquellos enormes cinturones tachonados que parecían recién sacados de un spaghetti western cutre. Y luego estaban los peinados, a lo que saliera, o queriendo formar rizos con el pelo mojado y una sacudida capilar. No había mucho más donde elegir y uno, la verdad, tampoco reparaba entonces en esas menudencias del vestir y la buena presencia. De hecho las restricciones del agua jugaban a nuestro favor y sólo nos obligaban a pasar por la ducha o la bañera un par de veces a la semana. Entonces se acababa el agua cada dos por tres. Parece mentira que eso ocurriera hace tan pocos años, pero lo normal era que nos quedáramos sin agua varios días y que nuestra obsesión fuera el sonido de las tuberías o el del bidón llenándose en la azotea. Nos criamos valorando el agua como el oro, y aún hoy creo que la gente de mi generación es incapaz de ver cómo se malgasta y quedarse como si tal cosa. El agua es la vida, y en aquellos años tuvimos ocasión de aprenderlo. Por eso nos encantaba tanto la piscina, y por eso supuso lo que supuso la apertura de las piscinas en el barranco: aquello era para nosotros como una especie de parque temático para los niños de hoy, agua por todas partes y a todas horas, un mundo de sensaciones maravillosas cuando margullábamos o nos tirábamos el día entero zascandileando entre las corcheas y los sumideros, siempre a la vera del bueno de Benino o se Suso el campanera, dos seres emblemáticos y queridos donde los haya para los niños de los setenta.

Nunca dejaré de quedarme alelado mirando y oyendo los motores de la piscina del barranco: era como bajar a la bodega de los grandes trasatlánticos, y luego estaba el olor, esa mezcla de cloro y desinfectantes que hacía que el agua perdiera su condición inodora y quedara asociada para siempre con la aventura y el verano. No era como el mar, no digo que ni mejor ni peor, pero eran otros baños y otras formas de entender la cercanía del agua. Fuimos felices en esas piscinas, felices y también horteras con aquellos zuecos que se pusieron de moda una época y que todavía hoy no sé cómo diablos éramos capaces de calzar a todas horas. Menos mal que entonces apenas había cámaras, y que cuando nos cogía Paco Rivero solía ser peinaditos y arreglados en los cumpleaños o en las fiestas de guardar. Si entonces hubiera las posibilidades de inmortalización inmediata que tenemos hoy en día estaríamos realmente aviados.

El culmen de las horteradas de esos años eran las Scalas en Hi Fi. Cada fiesta que se preciara tenía que tener entre sus atractivos un festival de imitaciones musicales en condiciones. Había verdaderos clásicos que interpretaban distintos amigos del pueblo. No voy a decir nombres por no afrentar a nadie, pero aún soy capaz de recrear como si los estuviera viendo ahora mismo a quienes imitaban a los Village People con el famoso In the Navy o a los que se transmutaban en Tequila para dar vida a Ariel Rot y compañía en el Rock de la Cárcel. Esos podríamos decir que eran los grandes clásicos junto con las imitaciones de John Travolta y Olivia Newton Yong en Fiebre del Sábado Noche o Grease, o la de los Bee Gees con aquel Tragedy que levantaba a la gente de sus asientos. Cada grupo tenía su público, lo mismo que los imitadores, y aún recuerdo el terrero de luchas hasta la bandera siguiendo los movimientos, espamódicos y epilépticos, y las imitaciones de los travoltines guienses. Por eso digo que éramos un poco cutres, pero habría que aclarar que quedaban muchos años para que llegara el karaoke, y que lo más vanguardista que teníamos entonces era el programa Aplauso con la Juventud Baila y todos aquellos friquis que reinaban en las discotecas de sus respectivos pueblos.

La Scala en Hi Fi tenía un punto rancio que visto desde la distancia puede que fuera precisamente lo que la hacía atractiva; ese aire y el sempiterno deseo de ser otro. En eso creo que nos hemos ido superando. Pero de vez en cuando tengo pesadillas y todavía me veo metido en una Scala en Hi Fi como las de aquellos años: me sorprendo moviendo la boca e imitando lo que viven otros. Como para disimular que yo soy realmente yo y que controlo mi vida y mis circunstancias orteguianas, hago como que todo va bien y sonrío siempre que tengo ocasión, pero tengo miedo a que termine la música y se acabe la magia. En esos sueños, que en el fondo no son más que trasuntos de nuestras propias vidas, nos vemos seguros e importantes sólo por el hecho de estar vivos. Caminamos, amamos, comemos y de vez en cuando nos damos un baño en la playa. Y a lo mejor no estamos haciendo más que una scala en hi fi de la vida de otro, y finalmente todo es mentira. Entonces era más o menos igual, pero para los que imitaban y para los que veíamos el espectáculo desde las gradas todo aquello formaba parte de una verdad irrefutable, tan verdad como lo pueda ser hoy nuestra propia vida. O tan mentira. Nunca se sabe. Pero por si acaso dejemos que siga sonando la música. De papagüevos, por supuesto.

 Abril de 2007.




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"La pachorra de los caracoles"


Música de Papagüevos

Por Santiago Gil

Ahora que todo parece que se ha acelerado y que se
acabaron los sosiegos y las saudades del pasado, quisiera recordar la
pachorra sabia y sempiterna de los caracoles de mi infancia. De vez en
cuando me los tropiezo en los campos y en los jardines justo después de
la lluvia.
 

No sé si son los mismos porque no conozco la esperanza de vida de un caracol ni si son capaces de desplazarse decenas de kilómetros con su lenta velocidad constante. La sensación es que siguen siendo los mismos que miraba de niños en los campos guienses. Me imagino que yendo tan despacio y sin agobios la vida se les hará más larga, o al menos les cundirá mucho más que a nosotros, eternos acelerados sin saber hacia dónde nos dirigimos a esa velocidad cada día más vertiginosa e hilarante con la que estamos desperdiciando la propia esencia de nuestra vida.

Pocas veces nos deteníamos de niño, pero cuando lo hacíamos era porque realmente merecía la pena. Los caracoles nos paraban en los caminos. No nos salía la sádica conducta infantil de ir destrozando todo lo que uno se encuentra por delante. Con los caracoles teníamos piedad y nos sentábamos en las piedras o en los riscos a esperar que salieran de sus caparazones. Aparecían poco a poco los cuernos, desconfiados, y luego salía todo el cuerpo de espuma que se desplazaba como un buda relajado por la tierra mojada. Alguna vez he escrito poemas sobre los caracoles y su sabia noción del tiempo. Ya digo que de niños jamás se nos ocurrió pisarlos, y al que lo hacía le largábamos dos tortazos o una buena reprimenda. Éramos sensibles y observadores. Nos parábamos delante de los caracoles como mismo lo hacíamos mirando los sapos de las maretas, las mariposas de abril o los contornos nevados del Teide que se nos aparecía en mitad de la tarde según mirábamos al horizonte. Uno no sabía entonces que estaba aprendiendo cosas de la vida que no iba a olvidar nunca, y todavía hoy sigue sorprendiéndome aquella saudade mágica de los caracoles. Luego estaban los burgaos de las costas, pero éstos eran más prosaicos y apenas se movían de las rocas. Los nuestros, los chuchangos, podían ser enormes y extender sus cuerpos de espuma por el barro llevando tras de sí esa casa que todos desearíamos llevar siempre a cuestas cuando nos perdemos por el mundo. Hoy sigo teniendo cuidado con mis pasos cuando camino sobre la tierra mojada. Me pongo de mal humor cuando en un despiste siento el crujido de algún caparazón hecho añicos y el dolor silente del caracol moribundo. Me gusta observarlos y aprehender su noción del tiempo y sus ritmos cotidianos. Uno quisiera sacarle la misma esencia que le sacan ellos a la vida. Ir despacio es una forma de exprimir el tiempo y de no dejar que nos agote y nos desespere con su paso veloz, vertiginoso e insensible. Ahora los ritmos los marcan otros, y desde que nos despistamos nos perdemos lejos del acontecer tranquilo y sabio de la naturaleza. Por eso nos cuesta tanto encontrar el norte. En ese sentido escribir también es una manera de detener o refrenar el tiempo. Cada paso que damos debería tener una gran importancia; sin embargo andamos insensibles, dejándonos llevar, sin enterarnos ni dónde pisamos ni por qué lo estamos haciendo. Vivimos exactamente igual, y cuando nos empezamos a dar cuenta la mitad de nuestra vida ya se nos ha escapado entre los dedos. Por eso hay que volver al caparazón de nuestros propios recuerdos de vez en cuando, caminar con ellos, valorarlos, y moverlos lentamente a medida que nos movemos nosotros. Eso es lo que hacen los caracoles cuando arrastran sus caparazones. Van despacio porque llevan toda su vida tras de sí, y la mueven con esa pachorra que también estilaban nuestros antepasados para sacarle más partido a su existencia. No debemos dejar de observarlos cuando salen a los campos después de la lluvia. Su bendita lentitud nos puede ayudar a salvarnos. Ellos también llegan a su destino, pero no se mueren antes tratando de correr como locos por los campos. Han aprendido a no suicidar ni un solo minuto de su tiempo.

Abril de 2007.

Abril de 2007.




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Luján: su obra y Guía

Luján: su obra y Guía

Existen
muchas pruebas de que Luján se sintió siempre vinculado
sentimentalmente a su pueblo natal. Como testimonio definitivo está esa
maestra de afecto contenida en su testimonio: «Declaro, que a impulsos
del amor que profeso al pueblo de Guía, por ser mi patria.. .>>.
Por Pedro González-Sosa

Luján: su obra y Guía

Por Pedro González-Sosa.

Existen
muchas pruebas de que Luján se sintió siempre vinculado
sentimentalmente a su pueblo natal. Como testimonio definitivo está esa
maestra de afecto contenida en su testimonio: «Declaro, que a impulsos
del amor que profeso al pueblo de Guía, por ser mi patria.. .>>.
 

Pero ese amor no se quedó sólo en sentimiento; fue ligo más. En muchas ocasiones lo confirmó con hechos de cuyas consecuencias se siguen beneficiando todavía los habitantes de Guía. Así, por ejemplo, el único reloj de torre que existe que en aquella ciudad que cuenta y marca el paso del tiempo, se debe a un rasgo generoso del artista que, a pesar de hallarse radicado en Las Palmas, siempre vio en los problemas de su pueblo algo que le atañía muy de cerca.

La manda testamentaria por la que Luján dona el reloj nos habla con harta elocuencia no solamente de su patrimonio, sino también de su sincera preocupación por el bienestar de sus paisanos. Porque él no lega el reloj llevado del deseo vanidoso de ganarse la gratitud de los guienses o para darle notoriedad a su nombre. «Es mi voluntad declara- se ponga un reloj en una de las torres de aquella iglesia parroquial, a fin de que los vecinos disfrutaran de este beneficio y puedan arreglar las distribuciones de sus aguas, que es de tanto interés para la agricultura y para no causar disturbios ni desavenencias entre sus partícipes. Con su regalo contribuía, además, a poner remedio a un estado de cosas que con frecuencia alteraba la armonía de la pequeña comunidad y, en más de una ocasión, con alborotos en los que si la sangre no llegó a las acequias, poco faltó para ello. Para poder colocar el reloj se tuvo que terminar la segunda torre de la iglesia -pues hasta entonces ésta sólo tenía la del campanario-, y debido a las penurias de la parroquia y del ayuntamiento, se recurrió a establecer un impuesto entre los vecinos más pudientes. Felizmente la torre se pudo acabar; el reloj se adquirió en Inglaterra, y una vez aquí se instaló coincidiendo con la visita pastoral que hizo a la entonces villa el obispo don Judas José de Romo, en 1838.

El reloj, sin embargo no estaba completo; le faltaba la campana, y desde La Habana, donde era canónigo arcediano, don Pedro José Gordillo hizo posible su adquisición mediante un donativo en dinero. En el día de la bendición, se le puso a la campana los nombres de María, por la patrona de Guía y Petra por el donante. Las primeras campanadas que sonaron, al mediodía, fueron seguidas de dobles en recuerdo del imaginero, fallecido en 1815.

Hay más pruebas del patriotismo de Luján con respecto a Guía. Según José Miguel Alzola, las imágenes de la Dolorosa y del Cristo a la Columna con que cuenta aquella parroquia, se deben a otro rasgo generoso del escultor. Las había hecho para Telde, pero viendo que se retrasaba demasiado el cobro de las mismas, una noche, acompañado de algunos paisanos, se trasladó a la población sureña, las rescató e hizo que fueran llevadas a su pueblo de nacimiento.

El Señor en el Huerto es otro regalo suyo. La génesis de esta obra es pintoresca y reveladora de la gran confianza que el artista tenía en sí mismo. Cuentan que durante una de sus estancias guienses, le llevaron sus paisanos la talla del Cristo de la Oración que debía de estar muy deteriorado, porque en un gesto que le retrataba perfectamente, la partió en dos de un hachazo. Sorprendidos, y seguramente alarmados ante semejante estropicio, los comisionados hicieron ver al estatuario que la Semana Santa era inminente y que la efigie destruida necesariamente habría de salir en procesión. Luján los tranquilizó diciéndoles: «Váyanse tranquilos, para entonces yo les haré otro mejor». Y tal como lo prometió lo hizo; aquel año el retablo de la Semana Santa guiense se enriqueció con otra nueva muestra del arte del gran imaginero.

Suyo es también el Crucificado que forma parte del Calvario de la capilla de su nombre en la iglesia de Guía y que ahora sale en la procesión del Viernes Santo. Lo talló en la tribuna de la entonces iglesia del Hospicio, y de ello sí que hay constancia documental en los libros de la Fábrica parroquia1 guiense. Originariamente lo hizo para ser colocado en el segundo cuerpo del retablo del altar mayor que también es obra suya- pero después pasó a ser un paso de la Semana Santa. En su lugar se colocó, y aún está, un no menos admirable Crucificado, obra también debida a él, pero de su primera etapa. En Guía está también el San Sebastián que talló para la ermita de su nombre, hoy en el camarín de la iglesia.

Además, existió en aquella iglesia un tabernáculo en el altar mayor hasta mediados del siglo XIX, y que tenía un pequeño crucifijo que hoy está igualmente en el camarín de la Virgen. Este tabernáculo tuvo también su historia. Quiso el párroco de Guía, don Juan Suárez Aguilar, colocar en el centro del presbiterio, en el altar mayor, el tabernáculo encargado por su antecesor, don Francisco Almeida, con limosnas que había dado doña Ignacia de Silva. Pero se opuso a ello don Blas Sánchez Ochando, yerno de don Marcos Falcón, militar de aquel Regimiento y figura preeminente de la localidad, alegando que en ese lugar su familia poseía en propiedad algunas sepulturas. Ante esta circunstancia, el obispo, don Manuel Verdugo, pidió a Luján un informe, porque, dice en el escrito, «bajo su dirección está informado haberse hecho el tabernáculo». La contestación del imaginero no se hizo esperar y, pese a la amistad con la familia Sánchez Ochando, Luján firma el siguiente informe: «José Luxán y Pérez, en vista del informe que se le pide por S.1. dice que es cierto haberse fabricado el Tabernáculo que se expresa, en tiempo del Beneficiado don Francisco Almeida con limosna que para ello dejó doña Ignacia de Silva, bajo la idea de colocarlo en medio de la capilla mayor, a fin de dar al coro que queda por atrás, la debida extensión y la mejor vista y comodidad al Pueblo. Porque es indudable que puesto en semejan te sitio no quedará capilla ni ángulo de la Iglesia desde donde no se descubra la Realidad, que es lo principal que debe procurarse en los templos; y de no hacerlo así se faltaría indispensablemente al plan con que se trazó, y por consiguiente a la comodidad del clero, que se tuvo presente y a la mejor cabida del Pueblo; pues, mal puede servir de obstáculo a lo más útil y cómodo al Pueblo, y al clero, el sepulcro de un particular que según se expresa, no fue concedido sino solamente para don Marcos Falcón y su consorte, que ya fallecieron y por tanto no debe tener más uso, especialmente cuando ya en dicha iglesia no se entierra a nadie de tres años a esta parte, sino en el cementerio que está fuera del pueblo». La respuesta del prelado fue concluyendo: «-Habiendo visto la carta y el informe que antecede. Dixo: que se coloque el nuevo tabernáculo en la iglesia parroquia1 de Guía conforme al Plan con que ha sido trazado». El tabernáculo, que fue pintado y dorado por José Ossavarry, permaneció en aquella iglesia hasta mediado el siglo XIX en que se desmontó para darle al retablo del altar principal mayor vistosidad. Mientras el tabernáculo estuvo colocado, la imagen de la Patrona, que actualmente figura en la hornacina central, se exhibía en el altar de la derecha o de la epístola, hoy conocido como el del Carmen.

La Virgen de las Mercedes, tenida como una de sus más bellas obras y tallada en un solo tronco de madera de cedro, la hizo por encargo de don Lorenzo Montesdeoca, uno de los hermanos Montesdeoca, los ilustres clérigos guienses que fueron fraternales amigos del escultor. Fue bendecida el 24 de septiembre de 1802, el día de su fiesta litúrgica. Aunque Tejera afirma en su biografía de Luján que con esta imagen se instauró en Guía el culto a la advocación mariana de La Merced, lo cierto es que tal devoción ya tenía su tradición, como lo demuestra el que en un inventario de 1782 se hable de «una imagen de las Mercedes, que está en su altar, frente al de ánimas>>.

Finalmente, es bastante presumible que algunas de las imágenes con que cuenta Guía -y alguna otra localidad del Norte de la isla- las tallara Luján en un hipotético taller que la tradición oral dice que tuvo en el llamado callejón de León. Hace años, una persona de mi familia, ya desaparecida, me contaba una anécdota sobre Luján que parece abonar vagamente esa suposición. En cierta ocasión dos carboneros que pasaban por el callejón de León, se detuvieron ante la puerta del estudio de Luján para contemplar al artista, que trabajaba en una obrecilla que, según la versión más generalizada, representaba un pájaro posado sobre una espiga completamente ‘erguida. Después de admirar por un momento la destreza del escultor, uno de los carboneros comentó algo al oído de su compañero y éste, de pronto, soltó ruidosamente una carcajada que de inmediato contagió al otro maúro. Sorprendido, casi molesto, Luján preguntó a los carboneros la razón de tanto regocijo. «Es que nos hace mucha gracia que una espiga no se cambe con el peso del pájaro», contestaron.

El maestro, reconociendo lo atinado de la observación de los palurdos, acabó por arrojar la figurita contra el suelo. Hasta aquí el cuento, que tiene todas las apariencias de ser una leyenda aplicada a nuestro artista. De todas formas, no queda más remedio que reconocer que el epílogo de la anécdota tiene la impronta del carácter de Luján Pérez, que, a juzgar por otras cosas que de él sabemos, además de un genio, debió de ser bastante genioso.

Respecto a que Luján fuera el autor de los planos del frontis de la iglesia de Guía, uno tiene la sospecha de que se trata de una atribución infundada, aunque en papeles impresos conste esta pretendida paternidad. En contra de la atribución aducida, se sabe que la fecha de los planos data de 1780, época en la que el artista apenas si tenía 24 años de edad, y en la que, por consiguiente, y a menos que se haga más luz sobre su etapa formativa, no se hallaba en condiciones de realizar un trabajo del mérito de éste, aunque ya después, muy posteriormente, sus trabajos de arquitectura en otros templos (el principal, la conclusión de la catedral de Las Palmas) lo califiquen también como un consumado arquitecto. Acaso, y en eso coincidimos con el desaparecido profesor de Historia de Arte, Miguel Tarquis, Luján Pérez fuera autor tan sólo del proyecto del cuerpo superior de la parte central del frontis, ya que la torre del reloj se concluyó ya muerto el artista, en 1838.

Finalmente, existe una prueba más del amor del imaginero por su tierra natal. Y está recogida -como la manda para la compra del reloj- en su testamento. Se refiere a su declaración sobre lo prevenido respecto al fin de sus bienes si, llegado el momento, hubieran fallecido todos sus herederos directos; esto es, sus hermanos y sus hijos.

Sus bienes, entonces, quedarían para la dotación de cuna Escuela de primeras letras en la villa de Guía, con cargo de dar papel y demás a los niños pobres, costa de bancos, etc.»

--------------

TEXTO EXTRAÍDO DEL LIBRO DE PEDRO GONZÁLEZ-SOSA "EL IMAGINERO JOSÉ LUJÁN PÉREZ, NOTICIAS PARA UNA BIOGRAFÍA DEL HOMBRE. 1990".





Monaguillo rojo


Música de Papagüevos

Por Santiago Gil

La infancia es una patria surrealista. Todo podía pasar. Éramos
crédulos y fantasiosos, bullangueros, y devotos de las tradiciones cuando en
éstas se cruzaban los disfraces, los protagonismos o las devociones.
 

Nuestro objetivo era llevar la camiseta del Guía en un partido de alevines, meternos debajo de los papagüevos, improvisar disfraces o salir a las calles vestidos de monaguillos. A mí lo de monaguillo en la iglesia no me iba mucho. Alguna vez ejercí, pero me aburría sobremanera, y no compensaba el toque de la campanilla cuando llegaba el momento de las bendiciones los sermones interminables de don Bruno. Lo de monaguillo era algo fetén cuando salías a la calle, sobre todo cargando con el incensiario o con aquellas palmatorias que abrían las procesiones. No era fácil conseguir ropa de monaguillo. Pasaba como con los papagüevos, que al final eran los más galletones y los pelotas los que imponían su ley (la infancia es como la vida: casi siempre ganan los más fuertes o los petimetres que halagan y pelotean a quien haga falta para no perder chance). A lo mejor te dejaban la ropa para una procesión menor entre semana, pero no para el día de la Virgen, para Corpus o para el Viernes Santo. La decepción y la impotencia me llevaron a pedirle a mi madre que me comprara una ropa de monaguillo. No era lo mismo que conseguirla en la iglesia, pero al menos no tendría que mirar la procesión desde la acera. Me prepararon una ropa de monaguillo roja y blanca para Corpus. Yo salí muy ufano pisando las alfombras junto a los monaguillos oficiales. No llevaba nada pero estaba en el centro de la fiesta, y además en Corpus, que tenía el plus añadido de pisar el serrín, las chiripitas y los dibujos de sal primero que nadie. Don Bruno hacía la vista gorda a mi apócrifa presencia. Se veía que no le gustaba mucho que yo viniera con el uniforme desde mi casa, pero como éramos pocos claudicaba y nos dejaba salir en procesión. Al Corpus supongo que le siguió el Corazón de Jesús, la Virgen de Guía, San Roque, Santa Lucía y San Sebastián. Ya se habían acostumbrado a mi presencia rojiblanca y me dejaban llevar parte del atrezzo procesional, incluido el incensario que daba gloria bendita olerlo de cerca. Todo fue bien hasta la primera Semana Santa. Me estaba reservando para el día grande. No quise salir ni el martes con el Cristo de la Columna ni el miércoles con la procesión del Encuentro. Yo tenía todas las miras puestas en el Viernes Santo. Los jueves era otro cantar, y la lucha por el protagonismo y por una moneda de diez duros se libraba en el interior de la iglesia: había que estar desde las dos o las tres de la tarde haciendo méritos para ser uno de los doce elegidos en el lavatorio de pies: me tocó alguna vez, y de hecho creo que fue el primer trabajo remunerado de mi vida, para que luego digan que la iglesia no alienta el capitalismo y la mercadotecnia: nos daban diez duros a cada uno de los doce apóstoles y salíamos escopeteados al quiosco a ponernos hasta arriba de golosinas. Pero ya digo que el día grande era el Viernes Santo con todas las imágenes de Luján Pérez en la calle. Yo tenía previsto colocarme entre el Sepulcro y la Dolorosa, que eran las dos representaciones más solemnes del paso procesional. Ya me veía con mi flamante ropa de monaguillo encarnada en medio de la banda y las autoridades, serio pero pendiente de las bromas de los amigos que se quedaran fuera de la fiesta en las aceras. No le dije nada a nadie y me fui a mi casa sobre las cinco de la tarde a ponerme la ropa. Ya cuando bajaba por la calle del Agua noté algunas miradas irónicas y más de una sonrisa. Nadie me dijo nada. Atravesé la entrada de la iglesia ya atestada de gente. Todos iban enlutados, negros o grises, con compungidos gestos, y no había más color que el cielo azul y mi radiante ropa festera de monaguillo encarnado. Aún recuerdo la cara de don Bruno cuando me vio colocarme al lado de la Dolorosa de Luján un par de minutos antes de que bajara las escalinatas de la iglesia. No sé si me llegó a dar algún tirón de orejas, pero sí me acuerdo de su iracundo cabreo por pensar que un chiquillo de siete u ocho años se estaba burlando de la muerte de Cristo. Me mandó a mi casa con cajas destempladas. Yo no entendí lo que pasó hasta muchos años después. No sabía por qué no valía la misma ropa que había llevado ya en varias procesiones ante la mirada pía de los feligreses y la aceptación del sacerdocio oficial de mi pueblo. No recuerdo tarde tan triste como aquélla en la que subía las cuestas camino de San Roque como un Adán recién expulsado del paraíso; de hecho la famosa imagen de Adán y Eva que aparecía en los libros de religión siempre me recordó a mí mismo aquella tarde aciaga de primavera recorriendo las calles que en unos minutos pisarían los santos y los monaguillos blanquinegros. Una vez me cambié de ropa y salí a la calle a ver la procesión desde la acera todos me preguntaban que cómo se me había ocurrido vestirme con colores alegres, y encima de rojo, para asistir al entierro de Jesucristo. Puede que yo dijera que no iba a ningún entierro sino a una procesión, aunque creo que lo único que hacía era quedarme pasmado delante de los integristas que recriminaban mis buenas intenciones piadosas. Desde ese día renuncié a mi vocación de monaguillo y de paso a querer ser cura. Me quedé con la parafernalia siempre colorista y festiva del fútbol o de los carnavales, y con los juegos en la calle. La iglesia siempre fue sinónimo de obligación y de solemnidades que quedaban fuera del conocimiento y de la bonhomía; por eso desde que pude salí corriendo.

Abril de 2007.




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