El Cabildo concede el "Roque Nublo" a los Mayordomos de Las Fiestas de Las Marías
Pedro Rodríguez, alcalde de Guía, ha manifestado, que para el municipio es una gran alegría este reconocimiento que hace la Institución insular, a uno de los colectivos más apreciados por los vecinos de Guía , recordando también que el Ayuntamiento pleno, con unanimidad de todos los grupos políticos representados en el Consistorio, acordó proponer a los Mayordomos de Las Marías, tanto al Roque Nublo que concede el Cabildo, como a Premio Canarias de Cultura Popular que concede el Gobierno regional.
Pedro Rodríguez, alcalde de Guía, ha manifestado, que para el municipio es una gran alegría este reconocimiento que hace la Institución insular, a uno de los colectivos más apreciados por los vecinos de Guía , recordando también que el Ayuntamiento pleno, con unanimidad de todos los grupos políticos representados en el Consistorio, acordó proponer a los Mayordomos de Las Marías, tanto al Roque Nublo que concede el Cabildo, como a Premio Canarias de Cultura Popular que concede el Gobierno regional.
La Fiesta de Las Marías de Guía, fue declarada Bien de Interés Cultural en 2009 tras el expediente iniciado para tal fin por este Ayuntamiento. Se reconocía de esta forma una tradición que en el próximo 2011 cumplirá 200 años de celebración ininterrumpida.
Para ello, desde sus orígenes, esta fiesta cuenta con una junta de organizadores que se denominan “Mayordomos”, descendientes de aquellos antepasados que hace dos siglos ofrecieron a La Virgen de Guía esta fiesta votiva en agradecimiento por haberles librado de la plaga de cigarras que asolaba sus cosechas en el año 1811. Los Mayordomos son los encargados de que anualmente se cumpla lo prometido en su día a La Virgen y velan además porque esta tradición se mantenga fiel a sus orígenes.
Los Mayordomos de la Fiesta de Las Marías de Guía, desarrollan su labor desinteresadamente, y en muchas ocasiones este “título” pasa de generación en generación, teniendo como única premisa el cumplimiento de la promesa y del respeto en todo momento a las tradiciones, y a la recuperación del acervo histórico, en la realización del voto hecho por los antepasados.
Los Mayordomos de la Fiesta de Las Marías de Guía llevan todo el peso de la organización de la Fiesta, ocupándose de todos los detalles desde la bajada de la Rama, la Procesión y posterior Romería, así como del importante programa de actos que organizan cada año.
FUENTE: INFONORTEDIGITAL.COM
ESTRAGOS DE LA EPIDEMIA DE FIEBRE AMARILLA DE 1811
ESTRAGOS DE LA EPIDEMIA DE FIEBRE AMARILLA DE
1811
Pedro
González-Sosa
De todas las
epidemias que azotaron las islas Canarias en el siglo XIX dos fueron las más
cruentas, las que tuvieron gran virulencia, las de mayor incidencia en la
población. Las que causaron mayores estragos: la de fiebre amarilla, de 1811 y
la del cólera morbo de 1851. Al menos ocurrió así en la entonces villa de Guía,
donde fue muy elevado el número de víctimas mortales. Si bien otras epidemias de
fiebre amarilla y de cólera que se presentaron también en el pasado siglo, su
huella se dejó sentir la desolación, aunque en menor proporción, e hizo mella
entre los vecinos.
Las Marías: 1811. Por Sergio Aguiar Castellano
Por Sergio Aguiar
Castellano
Con respecto a la fecha de inicio de esta votiva fiesta, siempre se ha tenido por válida, especialmente en la tradición oral, la de 1811, y seguramente es así porque son fechas que no se olvidan con facilidad, sobre todo porque la cigarra estuvo acompañada de una epidemia de fiebre amarilla que ocasionó una gran mortandad en Guía.
EL HIJO EMIGRANTE DEL POETA BENTO. Por Pedro González-Sosa
EL HIJO EMIGRANTE DEL POETA BENTO
Por Pedro González-Sosa
muy conocida y complicada biografía de Rafael Bento y Travieso, en la
que destaca por encima de todas su faceta de poeta, aunque discutido
muchas veces (que fue inicialmente seminarista, más tarde militar,
alcalde de Guía y secretario de su ayuntamiento y del de Gáldar,
incluso sometido a proceso por el Santo Oficio de la Inquisición por
sus ideas liberales), soportó la ausencia de uno de sus hijos que
emigró a Cuba bastante joven de donde nunca más regresó.
EL HIJO EMIGRANTE DEL POETA BENTO
Por Pedro González-Sosa
La muy conocida y complicada biografía de Rafael Bento y Travieso, en la que destaca por encima de todas su faceta de poeta, aunque discutido muchas veces (que fue inicialmente seminarista, más tarde militar, alcalde de Guía y secretario de su ayuntamiento y del de Gáldar, incluso sometido a proceso por el Santo Oficio de la Inquisición por sus ideas liberales), soportó la ausencia de uno de sus hijos que emigró a Cuba bastante joven de donde nunca más regresó. Bento casó en Guía con Fermina Fernández Martínez, hija del en aquel entonces escribano de la localidad Diego Antonio Fernández del Campo, de cuyo matrimonio nacieron, entre otros vástagos porque algunos no sobrevivieron, Petra, Amalia, Lorenzo y Rafael, falleciendo su esposa víctima de la epidemia de fiebre amarilla que azotó la isla en 1811.
Lorenzo Bento Fernández, que había nacido en 1806 emigró a Cuba en 1828 cuando contaba escasos 22 años, según consta en el testamento del poeta hecho en 1829, de cuya isla caribeña no regresó a su Guía natal y sin que nunca más se tuviera noticias sobre su paradero según manifestaron sus sobrinos Rafael, Francisco, Baldomero y María de Guía Bento Pérez, hijos de la hermana del poeta Amalia casada con Juan Pérez, quienes en 1897 iniciaron procedimiento judicial para reclamar los bienes que el vate había legado en su carta testamentaria al hijo ausente en América. De los datos recogidos por el procurador Serapio Galván Pérez que actúa en nombre de los reclamantes de la herencia conocemos que, efectivamente, consta que se conoce ciertamente que el citado Lorenzo vivía en La Habana porque de 1865 otorga un poder en aquella ciudad ante el escribano José Nicolás Ortega a favor de Pantaleón Rodríguez Hernández (que ya había fallecido en diciembre de 1872), vecino de Las Palmas para dar en arrendamiento los bienes que en la isla poseía el ausente. Sus sobrinos alegaron en el expediente que pudieron averiguar, careciendo de certeza documental, que Lorenzo Bento Fernández casó en La Habana pero que ignoraron con quien y que tampoco habían podido averiguar con certeza si de ese matrimonio nacieron hijos porque "no existe fundamento alguno racional en que basar tal aseveración". Lo que sí sabían es que en la fecha de la reclamación judicial, 1897, si viviera podría tener unos noventa años. Los sobrinos añadieron los bienes que correspondieron al hijo del vate emigrado a Cuba y que se encontraban en aquel momento en "el mayor abandono y a cargo de personas extrañas a la familia".
Para acreditar el derecho que tenían para hacerse cargo de los bienes de su pariente recurren al entonces vigente artículo 191 del código civil según el cual "pasados 30 años de la desaparición del ausente desde la última noticia recibida y los 90 desde su nacimiento el juez, a instancia de la parte interesada debía declarar la presunción de muerte". Los bienes heredados del poeta por su hijo Lorenzo fueron una hacienda de tierra labradía donde llaman Llano de Parras conocida como El Laurel, topónimos aun vigentes en Guía y un trozo de terreno donde llaman el para nosotros desconocido topónimo las Rosas de Valladares. Nada conocemos del resultado de la petición de los nietos del poeta para recuperar los bienes de su transmarino tío Lorenzo.
Por mera curiosidad agreguemos que nuestro Lorenzo Bento Fernández del Campo fue a su vez sobrino de Andrés Fernández del Campo casado con Bárbara de Medina de cuyo matrimonio vino al mundo, entre otros, Saturnina, matrimoniada con Bruno González Castellano, padres a su vez de María del Rosario González Fernández del Campo, primera marquesa consorte de Arucas por su matrimonio con Ramón Madán, el primero en ostentar el título. A la muerte de éstos sin descendencia heredó el marquesado su sobrina María del Carmen Fernández del Campo, esposa de Felipe Massieu, padres de la recién fallecida María del Rosario Massieu y Fernández del Campo, esposa que fue del marqués de La Florida, que lo ostentaba por herencia de sus progenitores.
Pedro González-Sosa es Cronista Oficial de Guía
FUENTE: PUBLICADO EN LAPROVINCIA.ES (19.09.09)
1773: panorama político, social y económico cuando nace Pedro Gordillo y Ramos

Pedro González-Sosa
Cuando
el 6 de mayo de 1773 vino al mundo en Guía de Gran Canaria el que luego
sería párroco de la iglesia del Sagrario de Las Palmas y más tarde, con
el paréntesis de su etapa de activo patriota y político, canónigo de la
catedral de la Habana, Pedro José Gordillo y Ramos, reinaba en España
Carlos III (1756-1788), considerado, junto con sus ministros, el pleno
triunfo de la Ilustración y de las normas políticas del Despotismo
Ilustrado en la España de su época, segunda mitad del siglo XVIII .
Pedro González-Sosa
Cuando el 6 de mayo de 1773 vino al mundo en Guía de Gran Canaria el que luego sería párroco de la iglesia del Sagrario de Las Palmas y más tarde, con el paréntesis de su etapa de activo patriota y político, canónigo de la catedral de la Habana, Pedro José Gordillo y Ramos, reinaba en España Carlos III (1756-1788), considerado, junto con sus ministros, el pleno triunfo de la Ilustración y de las normas políticas del Despotismo Ilustrado en la España de su época, segunda mitad del siglo XVIII . Empeñado en procurar el bienestar de los españoles, es conocida su preocupación por la europeización del país. Se hizo acompañar en sus tareas de gobierno por destacadas personalidades intelectuales de la época: el conde de Floridablanca, Jovellanos y Cabarrús, entre otros. Importante fue, asimismo, su preocupación por el progreso de España en la industria, la agricultura y la cultura , que recibieron del monarca grandes impulsos. De él es muy conocida la fama, adquirida por las muchas obras realizadas durante su reinado, de que ha sido, en todos los tiempos, el mejor alcalde que ha tenido Madrid.
A finales del siglo XVII el poder ejecutivo del Archipiélago Canario radicaba en el Comandante General, que residía en Santa Cruz de Tenerife y que estaba vinculado a la Real Audiencia cuya sede estaba en Las Palmas de Gran Canaria. Tanto en Gran Canaria como en Tenerife existían los Corregidores, que en el caso de Las Palmas era don Joaquín Montalvo, que además ostentaba el cargo de capitán de guerra de la isla. Existía también el Cabildo (lo que en la actualidad llamamos Ayuntamiento) y el Alcalde Mayor.
En 1773 era Comandante General de Canarias don Miguel López Fernández de Heredia, arribado a las islas en abril de 1768 , que, nada más llegar, pidió un donativo voluntario para concluir el muelle de Santa Cruz de Tenerife, pero como el síndico personero don Amaro González de Mesa y el corregidor don Agustín del Castillo se negaron, el muelle quedó como estaba .
La pobreza económica de las islas y la ruina de su comercio, aconsejaron al Comandante General y al obispo Delgado y Venegas a recurrir a la Corte para hacer llegar las penurias y las necesidades más perentorias para, si no acabar, al menos suavizar la lamentable situación. Se eligió a don Tomás de Nava y Grimón, marqués de Villanueva del Prado, como mensajero a
Madrid, pero la falta de recursos económicos de los pueblos, que no pudieron colaborar en los gastos mínimos para sufragar
el viaje, dejaron al marqués en las islas. Para mayor congoja de los gobernantes, la situación se había visto agravada dos años antes, en 1771, por la aparición de una epidemia de vómito negro importado de las Antillas, que aumentó con la llegada del llamado regimiento de América, introducido por el propio comandante general para establecerse como guarnición. A ello se unió la sequía y el hambre, que aumentaron el desolado panorama, que, no obstante, se vid favorecido con la aportación por el propio Comandante General de cuantiosas limosas repartidas entre los más pobres y el logro de un importante donativo real que sirvió para abastecer de granos a Lanzarote y Fuerteventura, consideradas en la época los graneros de las islas.
Al comandante general Miguel López Fernández de Heredia, por su ascenso a teniente general, le sustituyó Eugenio Fernández de Alvarado, nombrado en septiembre de 1774, y que fue el autor del nuevo arreglo de las milicias para lo que encargó esta reorgannización al coronel Nicolás de Macía Dávalos, que redujo de doce a once regimientos y algunas compañías sueltas de La Gomera y Hierro.
En las islas ya se barruntaban en éste período histórico los enfrentamientos interinsulares entre Gran Canaria y Tenerife: el mismo año del nacimiento de Gordillo Ramos, 1773, se produce la petición, por el Ayuntamiento de La Laguna de que la Real Audiencia se trasladara a aquella ciudad, pero el intento se frustró por la actuación del Fiscal del Supremo Consejo de Castilla, previo informe del Fiscal de la propia Audiencia y del obispo Cervera, que entendieron que debía continuar en Gran Canaria que era la capital de todas las islas, además de la sede del Obispado, Cabildo Catedral, Tribunal de la Inquisición, Subdelegación de las Cruzadas, y por estar en el centro del Archipiélago "poseer buen clima, abundancia de productos alimenticios y no ser norma de buen gobierno despoblar una población de tan buenas condiciones y de derechos adquiridos como la Ciudad de Las Palmas".
Al Comandante General de Canarias le seguía, en categoría protocolaria, el regente de la Real Audiencia cuya sede radicaba, y radica, en Gran Canaria, y que en la época del natalicio de Gordillo ostentaba el cargo don José Antonio Giraldo, sucesor en 1771 de don Pedro Fernández de Villegas que había ascendido al Consejo de Castilla .
En lo religioso, el obispo franciscano Fr. Juan Bautista Cervera , que llegó a las islas en los primeros meses de 1770, ordenó lo necesario para que se cubrieran en la catedral las vacantes existentes de beneficiados. Visitó todas y cada una de las iglesias parroquiales de las islas en dos ocasiones: 1773 y 1776, y exigió en el antiguo colegio de los jesuitas el Seminario Conciliar que denominó de la Purísima Concepción. A él se debe, también, la construcción del hoy vetusto edificio del Hospital de San Martín, y fundó la Real Sociedad Económica de Amigos del País .
Cuando el niño Gordillo viene al mundo, los canónigos del Cabildo Catedral de Canarias ya estaban pensando en la ampliación del templo catedralicio; no ocultaban su preocupación, porque el edificio era insuficiente para albergar a los fieles que acudían a los cultos, sobre todo en las grandes solemnidades. No hay que repetir que en la época, la mayor parte del tiempo y de la vida cotidiana, aparte de los sobresaltos de índole político y alguna que otra epidemia que diezmaba la población, giraba en torno a la Iglesia, sus templos y sus cultos.
Hubo de transcurrir cinco años hasta que en 1780 el Deán don Jerónimo de Róo propusiera al Cabildo catedralicio la necesidad de utilizar los fondos capitulares para acometer una nueva, necesaria y grandiosa obra. Al principio se pensó en una reforma que no recomendó el ingeniero don Miguel Hermosilla, y fue entonces cuando se decide encargar los planos del nuevo templo al arquitecto y canónigo, dignidad de Tesorero, don Diego Nicolás Eduardo, cuyo proyecto fue aprobado por la Real Academia de San Fernando. Durante diez años se trabajó en las obras del nuevo templo cuya dirección última, por fallecimiento de Eduardo, corrió a cargo de su discípulo, escultor y también arquitecto, José Luján Pérez, que talló algunas imágenes para el templo, como los doce Apóstoles que figuran en el Cimborrio, la Virgen de la Antigua y San José, entre otras. En 1805 se pudo decir la primera misa en la nueva iglesia, siendo obispo el grancanario don Manuel Verdugo.
Finalmente, con respecto a Guía de Gran Canaria, suelo natal de don Pedro Gordillo y Ramos, es obligado señalar que la villa empezó a ser tal a partir de la fundación por Sancho de Vargas de una pequeña ermita dedicada a Santa María de Guía, cuyos primeros trabajos para levantarla están documentados en 1505 y su conclusión en 1509 . A partir de aquí fue notorio el progreso y evolución social y económica experimentado hasta convertirse, a partir del siglo XVII, en uno de los núcleos grancanarios con mayor desarrollo. Baste señalar que cuando don José de Viera y Clavijo escribe su Historia de Canarias , ya casi concluida en 1763, y cuya primera edición está fechada en Madrid entre 1772, -un año antes del nacimiento de Gordillo- y 1783, Viera hace un elogio de las virtudes naturales y del gran desarrollo de la localidad: "[Está] como a media de Gáldar, es sitio alegre, sano, llano y de buenas aguas. Institúlase villa y sin duda es el pueblo mejor y de más lustre después de la capital...". Guía dedicó principalmente su desarrollo económico a la agricultura, con campos bien cuidados y productivos, y en dos etapas diferentes de su historia la caña de azúcar jugó un papel destacado: durante el siglo XVI en que había en la localidad uno de los más importantes ingenios de la zona, el de los Riberoles en el hoy llamado pago de "Ingenio Blanco" , y a finales del siglo XIX cuando unos ingleses establecieron en el llamado Lomo de Guillén una fábrica de azúcar que propició extensas plantaciones de la caña , cuya actividad duró hasta los años treinta de este siglo. Guía tuvo asimismo, entre finales del S. XVII y casi todo el XVIII, importantes comercios y renombradas industrias artesanas, destacando los herreros, cuyo conjunto dio origen al topónimo antiguo de la "calle de los Herreros", y las famosas fábricas de sombreros de lana, sobre cuyo particular desarrollo pueden citarse como fuentes documentales las actas de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas que recoge la gran actividad de esta industria guiense. Uno de estos artesanos sombrereros fue, precisamente, José Gordillo, padre del canónigo aquí biografiado, que tenía una de estas industrias en los bajos de su casa en la citada calle de los Herreros.
En 1773, año en el que nace Gordillo, era beneficiado de Guía don Baltasar José Rodríguez Déniz y Quintana . A este beneficiado se debe algunas obras de ampliación del templo, como, las de elevación de los techos y terminación del frontis. atribuido a Luján Pérez. Precisamente, en la visita pastoral realizada a Guía en 1772 por don Gaspar de Montesdeoca en nombre del obispo Cervera quien recomienda la realización de algunas obras en la iglesia, de tal forma que seis años más tarde todavía se hacían aquéllas, pues el prelado don José Joaquín Herrera tuvo que hacer en 1778 la visita pastoral a la cercana iglesia del Hospicio, "donde se hacen los oficios de la parroquia a causa de estarse acrecentando el frontis de la iglesia...", señala una nota en el libro correspondiente de Visitas Pastorales.
En la misma época del nacimiento de Gordillo estaba establecido en Guía un Regimiento de Infantería, radicado allí desde que en 1573 se crean los Tercios de Milicias de Canarias en que se admite el alistamiento desde los 16 años hasta la edad avanzada. Tercios que en Gran Canaria estaban establecidos en Las Palmas, Telde y Guía. Convertidos en Regimientos a partir de los inicios del S. XVIII, el de Guía lo mandaba en 1773 don Marcos Falcón en su calidad de coronel mayor, y como segundo en graduación, don Blas Sánchez Ochando, llamado sargento ayudante mayor.
No nos ha sido posible conocer el nombre del alcalde de Guía en la época del natalicio de Gordillo porque no figura documentación respecto a la misma en el archivo municipal. Habría de contarse son la suerte de encontrar en algún testimonio notarial su identidad si, al comparecer aquel por cualquier circunstancia, como mandatario del documento o testigo del acto, el escribano hubiese hecho constar su condición de alcalde local.
Este es, muy en síntesis, el panorama político, social y económico de la época en la que viene al mundo Pedro Gordillo Ramos en la España de finales del S. XVIII, pero muy principalmente el que ofrecían Gran Canaria y su ciudad natal, Guía de Gran Canaria, en 1773 cuando se iniciaba a la vida el niño que luego sería, dicen, protegido de Viera y Clavijo, y después seminarista, sacerdote y cura del Sagrario, además de político quisquilloso y contumaz patriota grancanario, para acabar sus días como arcediano en la lejana catedral habanera.
NOTA: TEXTO EXTRAÍDO DEL LIBRO DE PEDRO GONZÁLEZ-SOSA "CANÓNIGO GORDILLO: UN GENIO DE LA DISCORDIA"
Luján: su obra y Guía
Existen
muchas pruebas de que Luján se sintió siempre vinculado
sentimentalmente a su pueblo natal. Como testimonio definitivo está esa
maestra de afecto contenida en su testimonio: «Declaro, que a impulsos
del amor que profeso al pueblo de Guía, por ser mi patria.. .>>. Por Pedro González-Sosa
Por Pedro González-Sosa.Existen
muchas pruebas de que Luján se sintió siempre vinculado
sentimentalmente a su pueblo natal. Como testimonio definitivo está esa
maestra de afecto contenida en su testimonio: «Declaro, que a impulsos
del amor que profeso al pueblo de Guía, por ser mi patria.. .>>.
Pero ese amor no se quedó sólo en sentimiento; fue ligo más. En muchas ocasiones lo confirmó con hechos de cuyas consecuencias se siguen beneficiando todavía los habitantes de Guía. Así, por ejemplo, el único reloj de torre que existe que en aquella ciudad que cuenta y marca el paso del tiempo, se debe a un rasgo generoso del artista que, a pesar de hallarse radicado en Las Palmas, siempre vio en los problemas de su pueblo algo que le atañía muy de cerca.
La manda testamentaria por la que Luján dona el reloj nos habla con harta elocuencia no solamente de su patrimonio, sino también de su sincera preocupación por el bienestar de sus paisanos. Porque él no lega el reloj llevado del deseo vanidoso de ganarse la gratitud de los guienses o para darle notoriedad a su nombre. «Es mi voluntad declara- se ponga un reloj en una de las torres de aquella iglesia parroquial, a fin de que los vecinos disfrutaran de este beneficio y puedan arreglar las distribuciones de sus aguas, que es de tanto interés para la agricultura y para no causar disturbios ni desavenencias entre sus partícipes. Con su regalo contribuía, además, a poner remedio a un estado de cosas que con frecuencia alteraba la armonía de la pequeña comunidad y, en más de una ocasión, con alborotos en los que si la sangre no llegó a las acequias, poco faltó para ello. Para poder colocar el reloj se tuvo que terminar la segunda torre de la iglesia -pues hasta entonces ésta sólo tenía la del campanario-, y debido a las penurias de la parroquia y del ayuntamiento, se recurrió a establecer un impuesto entre los vecinos más pudientes. Felizmente la torre se pudo acabar; el reloj se adquirió en Inglaterra, y una vez aquí se instaló coincidiendo con la visita pastoral que hizo a la entonces villa el obispo don Judas José de Romo, en 1838.
El reloj, sin embargo no estaba completo; le faltaba la campana, y desde La Habana, donde era canónigo arcediano, don Pedro José Gordillo hizo posible su adquisición mediante un donativo en dinero. En el día de la bendición, se le puso a la campana los nombres de María, por la patrona de Guía y Petra por el donante. Las primeras campanadas que sonaron, al mediodía, fueron seguidas de dobles en recuerdo del imaginero, fallecido en 1815.
Hay más pruebas del patriotismo de Luján con respecto a Guía. Según José Miguel Alzola, las imágenes de la Dolorosa y del Cristo a la Columna con que cuenta aquella parroquia, se deben a otro rasgo generoso del escultor. Las había hecho para Telde, pero viendo que se retrasaba demasiado el cobro de las mismas, una noche, acompañado de algunos paisanos, se trasladó a la población sureña, las rescató e hizo que fueran llevadas a su pueblo de nacimiento.
El Señor en el Huerto es otro regalo suyo. La génesis de esta obra es pintoresca y reveladora de la gran confianza que el artista tenía en sí mismo. Cuentan que durante una de sus estancias guienses, le llevaron sus paisanos la talla del Cristo de la Oración que debía de estar muy deteriorado, porque en un gesto que le retrataba perfectamente, la partió en dos de un hachazo. Sorprendidos, y seguramente alarmados ante semejante estropicio, los comisionados hicieron ver al estatuario que la Semana Santa era inminente y que la efigie destruida necesariamente habría de salir en procesión. Luján los tranquilizó diciéndoles: «Váyanse tranquilos, para entonces yo les haré otro mejor». Y tal como lo prometió lo hizo; aquel año el retablo de la Semana Santa guiense se enriqueció con otra nueva muestra del arte del gran imaginero.
Suyo es también el Crucificado que forma parte del Calvario de la capilla de su nombre en la iglesia de Guía y que ahora sale en la procesión del Viernes Santo. Lo talló en la tribuna de la entonces iglesia del Hospicio, y de ello sí que hay constancia documental en los libros de la Fábrica parroquia1 guiense. Originariamente lo hizo para ser colocado en el segundo cuerpo del retablo del altar mayor que también es obra suya- pero después pasó a ser un paso de la Semana Santa. En su lugar se colocó, y aún está, un no menos admirable Crucificado, obra también debida a él, pero de su primera etapa. En Guía está también el San Sebastián que talló para la ermita de su nombre, hoy en el camarín de la iglesia.
Además, existió en aquella iglesia un tabernáculo en el altar mayor hasta mediados del siglo XIX, y que tenía un pequeño crucifijo que hoy está igualmente en el camarín de la Virgen. Este tabernáculo tuvo también su historia. Quiso el párroco de Guía, don Juan Suárez Aguilar, colocar en el centro del presbiterio, en el altar mayor, el tabernáculo encargado por su antecesor, don Francisco Almeida, con limosnas que había dado doña Ignacia de Silva. Pero se opuso a ello don Blas Sánchez Ochando, yerno de don Marcos Falcón, militar de aquel Regimiento y figura preeminente de la localidad, alegando que en ese lugar su familia poseía en propiedad algunas sepulturas. Ante esta circunstancia, el obispo, don Manuel Verdugo, pidió a Luján un informe, porque, dice en el escrito, «bajo su dirección está informado haberse hecho el tabernáculo». La contestación del imaginero no se hizo esperar y, pese a la amistad con la familia Sánchez Ochando, Luján firma el siguiente informe: «José Luxán y Pérez, en vista del informe que se le pide por S.1. dice que es cierto haberse fabricado el Tabernáculo que se expresa, en tiempo del Beneficiado don Francisco Almeida con limosna que para ello dejó doña Ignacia de Silva, bajo la idea de colocarlo en medio de la capilla mayor, a fin de dar al coro que queda por atrás, la debida extensión y la mejor vista y comodidad al Pueblo. Porque es indudable que puesto en semejan te sitio no quedará capilla ni ángulo de la Iglesia desde donde no se descubra la Realidad, que es lo principal que debe procurarse en los templos; y de no hacerlo así se faltaría indispensablemente al plan con que se trazó, y por consiguiente a la comodidad del clero, que se tuvo presente y a la mejor cabida del Pueblo; pues, mal puede servir de obstáculo a lo más útil y cómodo al Pueblo, y al clero, el sepulcro de un particular que según se expresa, no fue concedido sino solamente para don Marcos Falcón y su consorte, que ya fallecieron y por tanto no debe tener más uso, especialmente cuando ya en dicha iglesia no se entierra a nadie de tres años a esta parte, sino en el cementerio que está fuera del pueblo». La respuesta del prelado fue concluyendo: «-Habiendo visto la carta y el informe que antecede. Dixo: que se coloque el nuevo tabernáculo en la iglesia parroquia1 de Guía conforme al Plan con que ha sido trazado». El tabernáculo, que fue pintado y dorado por José Ossavarry, permaneció en aquella iglesia hasta mediado el siglo XIX en que se desmontó para darle al retablo del altar principal mayor vistosidad. Mientras el tabernáculo estuvo colocado, la imagen de la Patrona, que actualmente figura en la hornacina central, se exhibía en el altar de la derecha o de la epístola, hoy conocido como el del Carmen.
La Virgen de las Mercedes, tenida como una de sus más bellas obras y tallada en un solo tronco de madera de cedro, la hizo por encargo de don Lorenzo Montesdeoca, uno de los hermanos Montesdeoca, los ilustres clérigos guienses que fueron fraternales amigos del escultor. Fue bendecida el 24 de septiembre de 1802, el día de su fiesta litúrgica. Aunque Tejera afirma en su biografía de Luján que con esta imagen se instauró en Guía el culto a la advocación mariana de La Merced, lo cierto es que tal devoción ya tenía su tradición, como lo demuestra el que en un inventario de 1782 se hable de «una imagen de las Mercedes, que está en su altar, frente al de ánimas>>.
Finalmente, es bastante presumible que algunas de las imágenes con que cuenta Guía -y alguna otra localidad del Norte de la isla- las tallara Luján en un hipotético taller que la tradición oral dice que tuvo en el llamado callejón de León. Hace años, una persona de mi familia, ya desaparecida, me contaba una anécdota sobre Luján que parece abonar vagamente esa suposición. En cierta ocasión dos carboneros que pasaban por el callejón de León, se detuvieron ante la puerta del estudio de Luján para contemplar al artista, que trabajaba en una obrecilla que, según la versión más generalizada, representaba un pájaro posado sobre una espiga completamente ‘erguida. Después de admirar por un momento la destreza del escultor, uno de los carboneros comentó algo al oído de su compañero y éste, de pronto, soltó ruidosamente una carcajada que de inmediato contagió al otro maúro. Sorprendido, casi molesto, Luján preguntó a los carboneros la razón de tanto regocijo. «Es que nos hace mucha gracia que una espiga no se cambe con el peso del pájaro», contestaron.
El maestro, reconociendo lo atinado de la observación de los palurdos, acabó por arrojar la figurita contra el suelo. Hasta aquí el cuento, que tiene todas las apariencias de ser una leyenda aplicada a nuestro artista. De todas formas, no queda más remedio que reconocer que el epílogo de la anécdota tiene la impronta del carácter de Luján Pérez, que, a juzgar por otras cosas que de él sabemos, además de un genio, debió de ser bastante genioso.
Respecto a que Luján fuera el autor de los planos del frontis de la iglesia de Guía, uno tiene la sospecha de que se trata de una atribución infundada, aunque en papeles impresos conste esta pretendida paternidad. En contra de la atribución aducida, se sabe que la fecha de los planos data de 1780, época en la que el artista apenas si tenía 24 años de edad, y en la que, por consiguiente, y a menos que se haga más luz sobre su etapa formativa, no se hallaba en condiciones de realizar un trabajo del mérito de éste, aunque ya después, muy posteriormente, sus trabajos de arquitectura en otros templos (el principal, la conclusión de la catedral de Las Palmas) lo califiquen también como un consumado arquitecto. Acaso, y en eso coincidimos con el desaparecido profesor de Historia de Arte, Miguel Tarquis, Luján Pérez fuera autor tan sólo del proyecto del cuerpo superior de la parte central del frontis, ya que la torre del reloj se concluyó ya muerto el artista, en 1838.
Finalmente, existe una prueba más del amor del imaginero por su tierra natal. Y está recogida -como la manda para la compra del reloj- en su testamento. Se refiere a su declaración sobre lo prevenido respecto al fin de sus bienes si, llegado el momento, hubieran fallecido todos sus herederos directos; esto es, sus hermanos y sus hijos.
Sus bienes, entonces, quedarían para la dotación de cuna Escuela de primeras letras en la villa de Guía, con cargo de dar papel y demás a los niños pobres, costa de bancos, etc.»
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TEXTO EXTRAÍDO DEL LIBRO DE PEDRO GONZÁLEZ-SOSA "EL IMAGINERO JOSÉ LUJÁN PÉREZ, NOTICIAS PARA UNA BIOGRAFÍA DEL HOMBRE. 1990".
Luján: familia e infancia
José
Luján Pérez nació en el guiense pago de Las Tres Palmas, el día 9 de
mayo de 1756. Fue hijo de un matrimonio de labradores regularmente
acomodado y el segundo de cinco hermanos. Por Pedro González-Sosa
Por Pedro González-Sosa José
Luján Pérez nació en el guiense pago de Las Tres Palmas, el día 9 de
mayo de 1756. Fue hijo de un matrimonio de labradores regularmente
acomodado y el segundo de cinco hermanos: José Domingo, nacido, como
todos, en Guía, el 28 de julio de 1754 y que murió muy niño; Carlos
Fernando, nacido el 4 de octubre de 1760; María José, venida al mundo
el 24 de junio de 1765 y Juan José, que fue bautizado en 1769.
Los padres, José Luján Bolaños y Ana Pérez Sánchez, fueron casados en Guía por el entonces beneficiado de la parroquia don Baltasar José Rodríguez Déniz y Quintana, el 3 de abril de 175 1, asistiendo como testigos don Alonso de Olivares, Pedro Correa y Francisco Navarro, hermano de ella, todos vecinos del mismo pueblo. El padre del imaginero murió en Las Palmas el 7 de agosto de 1807 y, por expreso deseo de su hijo, fue enterrado delante del altar de la Virgen de La Antigua, en la Catedral, cuando todavía estaba en la hornacina una antigua imagen de esta advocación que fue sustituida por la soberbia escultura que ahora existe allí, y que el imaginero comenzó a cincelar en agosto de 1808 por encargo del Cabildo Catedral. La imagen fue entregada al Cabildo, después de muerto el artista, por su hermano Carlos, en 1815.
La partida de defunción del padre del imaginero se encuentra en el desaparecido Libro 6 de los de Defunciones de la antigua iglesia del Sagrario (hoy de San Agustín) que se guardan en el Archivo Diocesano. El libro desapareció, nos han informado, en el traslado que se hizo de San Agustín al citado Archivo, desde luego después de 1974, año en que lo relacionó Francisco Morales Padrón en un inventario que hizo de todos los libros sacramentales de las iglesias de la Diócesis de Canarias. Pero quien escribe, antes de su pérdida, tuvo tiempo de consultarlo alguna vez, advirtiendo que allí indicaba que el fallecido era viudo, cuando en realidad su esposa, Ana Pérez Sánchez, le sobrevivió algunos años más y murió en Guía, donde fue enterrada en 1812 en el cementerio de La Atalaya, aquel que se había bendecido para los muertos de la epidemia de fiebre amarilla de 1811.
El beneficiado de turno olvidó inscribir en el libro correspondiente la partida de bautismo de María José, la hermana de Luján, por lo que el padre hubo de tramitar en 1793 un expediente para subsanar la omisión. En él fue necesaria la testificación de varios vecinos, entre otros Ana de Quintana, que fue quien llevó la niña a la pila, recordando también, dice en su declaración, que aquel mismo día nació en Guía una niña llamada Juana, hija de Antonio Herrera, señalando el juez instructor comisionado que de la información recogida resulta que María José de los Dolores Luján Pérez nació el 24 de mayo de 1765 y que fue bautizada al día siguiente. Para salvar las contradicciones en que incurrieron la madre de la niña, Ana Pérez, y la mujer que la llevó a bautizar, respecto de la hora del nacimiento, se acuerda hacer constar que fue «por la noche del dicho día 24 y por no haber en estos pueblos reloj público para asegurarse en la hora terminan te de su nacimiento.
Es curioso advertir cómo en casi todos estos hermanos destacó alguna faceta no vulgar; singularidad que tuvo su expresión cimera luminosa en el talento artístico de Luján Pérez y su revés negativo en el pobre Juan José, que era, según un documento coetáneo, fatuo e inhábil; es decir, lisiado de cuerpo y de espíritu. Respecto al otro hermano del imaginero, Carlos, hasta nosotros han llegado noticias que hablan de una acusada hurañía que contrastaba con su habilidad para la labra de la madera, que aplicó de modo especial a la decoración de yugos y otros instrumentos de labranza.
A la hora de hablar de la familia Luján Pérez sería injusto que silenciáramos el nombre del presbítero don Fernando Sánchez Navarro, hermano de su madre, y que se constituyó de por vida -y aún después de muerto- en el ángel tutelar de sus sobrinos. Su protección comienza desde que aquéllos nacen, pues de todos es padrino de pila, y su celo cariñoso le lleva, en el momento de otorgar testamento ante el escribano de Guía Miguel Álvarez Oramas, a condicionar el disfrute de sus bienes al cuidado y manutención de Juan José, el sobrino malaventurado. Dadas estas premisas, acaso no sea fantasioso aventurar que el juvenil Luján Pérez encontró decisivos alientos en el corazón y en la bolsa de su tío.
En el testamento del presbítero Sánchez Navarro se descubre la buena posición económica de que disfrutaba, ya que cuando se refiere a la declaración de terrenos, señala como bienes suyos «por diversas compras que he hechos abundantes terrenos, aparte de otros habidos por herencia de su padre, tal uno «situado en la parte de arriba lindando con Los Nogales, que linda también con el camino real que va a Artenara, con la Degollada de la Bruma y que viene a dar sobre las fuentes. Declara don Fernando por sus únicos y universales herederos a su hermana, Ana Sánchez y a su cuñado José Luján Bolaños, padres del artista. En caso de quedar sin sucesión, los bienes deberían pasar a los hijos de su hermano Francisco. Pero en todos los casos sujeta esta disposición testamentaria a la obligación de pagar los tributos, y «también de mantener hasta su fallecimiento a Juan José, mi sobrino, fatuo e inhábil de poder mantenerse, aunque sea hombres.
Luján Pérez nació, pues, en el seno de una regularmente situada familia de labradores. Su nacimiento en el pago de Las Tres Palmas, fue accidental, en época en que sus padres estaban en la casa de la finca familiar. Por documentos de entonces puede conocerse que la residencia habitual de la familia era una casa que tenían en el casco de Guía, en la calle de Enmedio (conocida también como la de San Antonio y de los Malrubios), en la que murieron él, su madre y sus hermanos Carlos y María José.
Es muy probable que Luján Pérez, niño, ya viviera en Las Tres Palmas ya en la calle de Enmedio de la localidad, fuera instruido de las primeras letras en la Escuela que habían creado en el Hospicio los franciscanos, al lado de la iglesia levantada, a principios de 1700, en el lugar donde naciera la famosa monja sor Catalina de San Mateo.
José Luján Bolaños, padre del escultor, no circunscribía su actividad a la agricultura, sino que también participó en la política local. En un documento ante el escribano Pedro Tomás Aríñez, en relación con el arrendamiento a medias de tierras labradías donde llaman el Cortijo de la Caldera y de Las Mesas, consta que era Diputado Regidor de la villa.
A partir de los datos de su nacimiento y confirmación, la noticia que conocemos relativa a la primera época de la vida de Luján, es de carácter legendario, y es una anécdota muy divulgada que don Juan Batista Palenzuela tomó de labios de un primo del escultor. Don Juan Batista fue un caballero guiense de larga vida- murió a los cien años en 1933- y también de largo amor por las cosas de su pueblo.
Él fue durante muchísimo tiempo algo así como el oráculo de la tradición guiense. El libro de Santiago Tejera y la biografía de Gordillo escrita por el señor Moya se surtieron abundantemente en el arsenal de noticias de su memoria. Y fue una lástima que no tuviera don Juan Batista mayor afición de la que tuvo a la escritura, pues de seguro hubiera rescatado del olvido mucho material histórico y anecdótico del que hoy nos sentimos tan necesitados.
«Refieren parientes muy cercanos -escribió don Juan en un cuaderno de notas- que a los nueve años fue llevado Luján por su madre a la ermita de Fontanales a hacer la primera comunión. Estaba encargado de la ermita un frayle que no debía ser tonto por lo que ocurrió: mientras su madre hablaba con el sacerdote en la sacristía, el niño quedó como extasiado ante la imagen de San Bartolomé, y, al salir el frayle acompañado de su madre y pararse junto al niño dijo éste que le gustaba mucho el santo, agregando que él «haría uno como éste, pero si tuviera mi cuchillo». Le regaló el cura una navaja y Luján quedó comprometido a hacerle un San Bartolomé, prometiéndole el sacerdote un regalo. Se vino Luján a su casa y cogió un trozo de madera de escobón; y a los quince días volvió con su preciosa copia del santo, pero tan exacta, con tanto parecido en los mínimos detalles, que el frayle exclamó: «esto no es cosa humana. Aquí está la mano de Dios». Y al momento cogió al niño y se fue con él al Cabildo de Las Palmas y le expuso lo ocurrido y el mismo Cabildo se ocupó de la educación del pequeño».
Huelga decir que el relato debe más a la leyenda que a la historia. Porque quien influyó cerca de la familia de Luján para que éste fuera llevado de Guía a Las Palmas a iniciarse en los estudios artísticos, fue, a lo que parece, don Blas Sánchez Ochando, teniente del Regimiento de Guía de las Milicias Provinciales, que casó con dama guiense muy principal.
Don Blas había nacido en Murcia, y este dato hace suponer que fuera el ejemplo de su paisano Salzillo el que le movió a preocuparse porque no se desperdiciaran las aptitudes que apuntaban en el muchacho nacido en Las Tres Palmas. Uno se pregunta: sin la presencia de este avisado murciano en el Guía de 1700 y pico, aislado, en un ambiente sin tradición artística, se hubiera acertado a encauzar adecuadamente las aptitudes de Luján Pérez? Es cierto que, según los resultados, sus cualidades eran de las que no pueden ser sofocadas por ningún género de limitaciones, pero no es menos verdad que sin la formación básica y los estímulos de toda clase que recibió en Las Palmas, probablemente no hubiera pasado de ser uno de los tantos fabricantes de santos que brotaron en las islas, un amañado, sin duda con más habilidad y gusto que los otros, más artista si se quiere, pero de ninguna manera el maestro que llegó a ser. Su hazaña más sonada hubiera sido tal vez muy por el estilo de aquella que protagonizó un sacristán con ínfulas de gran organista, paisano suyo, que en cierta ocasión, después de escuchar nada menos que a Saint-Saens que interpretaba unos impromptus en el órgano de la iglesia de Guía -estrenado por el músico y compositor francés a finales de 1900- exclamó con despectiva suficiencia: «Este señor de música no sabe ni papa Acerca de quién pudo aleccionar a Luján desde su llegada a Las Palmas, se citan varios nombres, destacando sobremanera por la importancia del descubrimiento el del maestro San Guillermo, dato que debemos a José Miguel Alzola, quien encontró entre los viejos papeles de don Domingo Déniz la noticia de que «el primero que en la provincia trabajó en la escultura con gusto y delicadeza es el conocido, aún vulgar y tradicionalmente, San Guillermo, excelente tallista, natural de Gran Canaria, que aleccionó a Luján Pérez, cuyo discípulo señaladamente aventajó a su maestro,. Tampoco debe olvidarse las enseñanzas de dibujo que recibió de don Cristóbal Afonso, ni las que obtuvo en la entonces recién creada Escuela de Dibujo, fundada en 1782 por el Deán Jerónimo de Roo, o en aquella otra Escuela gratuita de Dibujo de Las Palmas, patrocinada por la Real Sociedad Económica de Amigos del País, donde aprendería los primeros y rudimentarios conocimientos arquitectónicos. Dada su edad, es muy posible que Luján fuera compañero de infancia de los hermanos Montesdeoca y, andando el tiempo, trató íntimamente a otros guienses que como él ocuparon puestos sobresalientes en la historia de la isla y de los que consta su estima por el escultor: entre otros, don Pedro José Gordillo y Ramos, el canónigo inteligente arriscado que llegó a ser Presidente de las Cortes de Cádiz, y el poeta Rafael Bento y Travieso, quizás mucho más interesante por su vida complicada que por los méritos de su obra.
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NOTA: TEXTO EXTRAÍDO DEL LIBRO DE PEDRO GONZÁLEZ-SOSA "EL IMAGINERO JOSÉ LUJÁN PÉREZ, NOTICIAS PARA UNA BIOGRAFÍA DEL HOMBRE. 1990".
María Petra (El Reloj). SOBRE EL LEGADO DE LUJÁN PÉREZ
María Petra, al son de las horas
Nuestroinsigne imaginero D. José Luján Pérez, no sólo nos legó su abundante y
excelsa obra escultórica, sino también que su última voluntad fue la
donación del reloj de la parroquia. La vida en nuestra ciudad palpita bajo el bienhechor influjo de los sones de la campana de nuestro reloj. Y así mismo, bajo su influjo, hemos querido revivir su historia. Nuestro insigne imaginero D. José Luján Pérez, no sólo nos legó su abundante y excelsa obra escul-tórica, sino también que su última voluntad fue la donación del reloj de la parroquia. Por Joaquín Rodríguez.
María Petra, al son de las horas
Por Joaquín Rodríguez.
Nuestro
insigne imaginero D. José Luján Pérez, no sólo nos legó su abundante y
excelsa obra escultórica, sino también que su última voluntad fue la
donación del reloj de la parroquia.
La vida en nuestra ciudad palpita bajo el bienhechor influjo de los sones de la campana de nuestro reloj. Y así mismo, bajo su influjo, hemos querido revivir su historia.
Nuestro insigne imaginero D. José Luján Pérez, no sólo nos legó su abundante y excelsa obra escul-tórica, sino también que su última voluntad fue la donación del reloj de la parroquia:
«Declaro que, a impulsos del amor y afecto que profeso al pueblo de Guía por ser mi patria, es mi voluntad se ponga un reloj en una de las torres de aquella Iglesia Parroquial a fin de que sus vecinos disfruten ese benefi-cio y puedan arreglar la distribu-ción de sus aguas que es de tanto interés para la agricultura y para no causar disturbios ni desave-nencias entre sus partícipes, a cuyo fin he mandado entregar mil pesos»
Y su voluntad se cumplió. Hubo reloj. Pero faltaba que sus horas no tan sólo se viesen, sino que fuesen oídas. Y también hubo sonido: D Pedro José Gordillo y Ramos, hijo preclaro de esta ciudad y Arcediano de la Catedral de la Habana, regaló la campana destina-da al reloj.
Buscando datos sobre estos hechos, encontramos en el Libro de Mandatos del Archivo Parroquial y, en el folio 27 vto., lo siguiente:
«Santa Visita Pastoral a la Villa de Guía, 6 de Octubre de 1836.
El Iltmo. Sr. D. Judas José Romo, Obispo de Canarias...
... En el día 9 a las doce de la mañana, bendijo S. S. I. la cam-pana que regaló D. Pedro Gordi-llo, Arcediano titular de la Igle-sia; y mandó S. I. que se pusiese a disposición del Ayuntamiento para que se colocase en la torre. Esta ceremonia de la Bendición que se hizo según S. I. en treinta y cuatro minutos»
Según otros informes se le dio los nombres de MARIA por ser la Patrona, y PETRA, por el del do-nante.
Aproximadamente dos años después, el día 26 de julio de 1838, fue solemnemente inaugurado. En tal ocasión, el Ilustre Canónigo y doctoral de la Santa Iglesia Cate-dral de Canarias, D. Graciliano Afonso, compuso el siguiente sone-to:
CON MESURADO PASO, BLANDO, LENTO
MIDES EL TIEMPO, OH PÉNDOLA CANORA,
EL QUE INSACIABLE CON AFÁN DEVORA
TRAS SIGLO TANTO EL VOLADOR MOMENTO.
TÚ MARCAS SU VIVIR AL GRAN TALENTO
Y EN LA CIMA DE OLVIDO ASOLADORA
TAMBIÉN RODAR VERÁS LA ARPA SONORA
QUE AL HÉROE ENSALZA Y ENCADENA EL VIENTO.
¿Y ALLÍ ESTARÁS TAMBIÉN, LUJÁN SUBLIME?
¿HASTA DE TU CINCEL NO HABRÁ MEMORIA?
¿TU PATRIA AHOGARÁ LA VOZ QUE GIME
PERDIENDO DE TU GENIO LA ALTA GLORIA?
GUÍA, NO LLORES, QUE VIRTUD EXIME.
MUERA EL PATRIOTA Y DÉ SU DON LA HISTORIA.
Y, hora tras hora, durante dos siglos ha venido marcando la pauta de nuestra vida hasta llegar al año 1956.
El día 9 de mayo de ese año, 1956, tuvieron lugar los actos con-memorativos de su bicentenario. Actos que dieron comienzo con el repique de campanas comenzando a las doce del día y repetido cada hora, inmediatamente que dejaba de sonar el reloj parroquial, hasta el toque de oración, siendo una evo-cación del que tuvo lugar el citado día 28 de octubre de 1836, con motivo de la bendición del reloj.
Al día siguiente, 10 de mayo se descubrió en el frontis de la torre que alberga el reloj, una lápida conmemorativa. Intervino en este acto, el finado D. Luis Doreste Silva, ilustre escritor y poeta, que leyó unos sonetos alusivos.
Desde entonces, el reloj, la campana y la lápida nos recuerda, en el transcurso del tiempo, que su existencia se debe al gran artista guiense el reloj; y al ilustre Dr. D. Pedro Gordillo, la campana.
Campana que sigue sonando, marcando las horas su reloj, y nues-tra ciudad, sigue palpitando. Gozo-sa ahora, por la celebración de sus Fiestas Patronales.
JOAQUÍN RODRÍGUEZ
EL ECO DE CANARIAS
14 de agosto de 1971
NOTA ACTUALIZADA: Este artículo se publicó enriquecido con una fotografía de la torre del reloj y otra de D. Salustiano Alamo (experto profesional local) repasando los grafismos de la esfera del reloj; ambas del añorado Paco Rivero.
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"La Espístola". Javier Estévez
LA EPÍSTOLA
Por Javier Estévez
amarilla nos mata, nos reduce, nos angustia. La desesperanza empieza a
filtrarse entre nosotras: aún no hay síntomas de debilitamiento de la
misma. Lejos de atenuar, creemos que se encuentra en su paroxismo: el
pasado mes de noviembre fallecieron 106 vecinos; Guía se despuebla, se
exaspera. Es tal nuestra desesperación que hoy me ha parecido ver hasta
a los adoquines de nuestras calles contagiados, a pesar de su
naturaleza basáltica. Nada se le resiste a esta epidemia.¡Es terrible,
José!
LA EPÍSTOLA

Javier Estévez PRÓLOGO
Antes de leer mi microrrelato, creo necesario aclarar ciertos hechos que en él se relatan y que facilitarán su comprensión:
1. En agosto del año 1811 aparece en la entonces villa de Guía la tan terrible epidemia de la fiebre amarilla. Murieron, sólo en la villa, es decir, en el actual conjunto histórico, 267 personas, entre hombres y mujeres, mayores y niños.
2. En este año de 1811 regía el pueblo, en calidad de alcalde real, don José Almeida Domínguez y destacaban como figuras preeminentes nacidas en Guía tres nombres propios que han pasado a la historia de Canarias: José Luján Pérez, Pedro José Gordillo y Rafael Bento Travieso.
3. En agosto de 1811, José Luján Pérez se encontraba trabajando en su vivienda-taller de Las Palmas, emplazada en la calle de Las Monjas, en el barrio de Vegueta. Gordillo y Ramos estaba en Cádiz, pues había sido elegido diputado en sus cortes. Y Rafael Bento Travieso seguía viviendo en Guía, casado con doña Fermina Fernández.
4. Durante la epidemia, y en Guía, en la calle de En medio, vivían Ana Pérez Sánchez, madre de José Luján Pérez, y una hermana y hermano de éste.
5. La epidemia estuvo controlada a partir de febrero de 1812.
6. El resto de la historia es pura ficción.
En la villa de Guía de Gran Canaria, a 8 de diciembre de 1811
TEXTO DE "LA EPÍSTOLA"
Mi querido José:
La fiebre amarilla nos mata, nos reduce, nos angustia. La desesperanza empieza a filtrarse entre nosotras: aún no hay síntomas de debilitamiento de la misma. Lejos de atenuar, creemos que se encuentra en su paroxismo: el pasado mes de noviembre fallecieron 106 vecinos; Guía se despuebla, se exaspera. Es tal nuestra desesperación que hoy me ha parecido ver hasta a los adoquines de nuestras calles contagiados, a pesar de su naturaleza basáltica. Nada se le resiste a esta epidemia.¡Es terrible, José!
Es cierto que nos movemos en la frontera de la vida, pero no nos queda más remedio; alguien debe liderar e intentar poner orden y cordura en este caos de quejidos, de ayes y lamentos, de desgarradores llantos y demenciales gestos. Es un escenario desolador, pavoroso, horrible.
A pesar de este paisaje, tus hermanos no cesan ni un instante en colaborar, ora con los vecinos infectados, ora en trabajos de necesario saneamiento. Ambos son admirables; estoy muy orgullosa de ellos. Carlos trabaja en la realización de un campo santo en el arrabal de la Atalaya, y María José ayuda noche y día en el interior de la parroquia, convertida por nosotras en un improvisado hospital. A las autoridades políticas y sanitarias, quiero imaginar que contagiadas por el miedo y la histeria colectiva, lo único que se les ha ocurrido es redactar un estúpido y estéril bando señalando a la mujer como única culpable y posible transmisora de esta terrible epidemia que nos azota. ¡Dios mío, desde los tiempos de Eva cargando con este sambenito!¿Cuándo nos libraremos de esta injusta y viril sentencia sobre nuestra culpabilidad? Como bien sabrás (creo que te lo apunté en la misiva que te hice llegar en septiembre), fue esa mujer, María Guadalupe, quien introdujo la fiebre en la población. A partir de ella, se contagiaron y murieron sus padres y abuelas materna y paterna, hasta sumar, a día de hoy, unos doscientos los vecinos ya fallecidos.
Como te exponía, tu hermana hace un trabajo encomiable, al borde siempre del desvanecimiento, parece infatigable. Ayuda a los enfermos que nosotras recluimos en la parroquia. Los infectados, aquejados de altas fiebres, escalofríos, múltiples dolores, vómitos y la icteria que les caracteriza, son atendidos por nosotras exclusivamente. Hace meses que ningún hombre entra en nuestro espontáneo sanatorio. ¡Como si fuéramos a contagiarlos! Hay que ser necio, la verdad.
¿Por qué elegimos el Templo Parroquial? . Era necesario asegurar el aislamiento de la población afectada para evitar así la extensión de la enfermedad. Ante la inoperancia de las autoridades, este grupo de mujeres, al que tu hermana y yo nos adscribimos fervientemente, se ha constituido en la única ayuda y esperanza que tienen los enfermos y los que aún parecen saludables. Afortunadamente, no todos mueren; los que sobreviven necesitan bastante atención, por lo que permanecen unas semanas más entre nosotras.
Si se empeñan en acusar a la mujer como la única causante de los males que arrastra la humanidad, si bien es cierto que en una mujer se inició esta epidemia, no será otro género que el femenino el que trate de aplacarla, de aislarla, de vencerla. Sé que lo conseguiremos. Tengo fe absoluta en ello y ya me conoces José, no hay fuerza (ni medicina) más potente que la fe. Además, por algo tiene esta virtud espiritual género femenino.
Por cierto, José, quería que supieras que entre tantos muertos, ha fallecido Fermina Fernández, esposa de tu tan admirado y querido poeta Rafael Bento y Travieso. Éste, ha enloquecido; destrozado por tan agudo y sincero dolor, el poeta ha recorrido, vehementemente, las calles blasfemando y culpando a Dios, nuestro señor, de su desgracia. Tuvo que intervenir parte del Regimiento militar para detenerlo. Al parecer, partirá pronto a Sevilla, donde esperemos que consiga rehacer su ahora apátrida vida.
Debo despedirme, José, mi querido José. Te echamos mucho de menos, y sobre todo, rezamos diariamente para que Dios conserve tu salud. Ojalá podamos verte pronto y sano por casa.
Tu madre, que siempre te quiere y espera:
Ana Pérez Sánchez.
El Canónigo Gordillo en Cuba
El Canónigo Gordillo en Cuba

Por Sergio Aguiar
Conferencia impartida por Sergio Aguiar Castellano en el Salón del Plenos del Ayuntamiento de Guía, en las Fiestas de la Virgen de 1994, con motivo del 150 aniversario de la muerte de Pedro Gordillo y Ramos, Canónigo Gordillo.
El Canónigo Gordillo en Cuba

Por Sergio Aguiar
Conferencia
impartida por Sergio Aguiar Castellano en el Salón del Plenos del
Ayuntamiento de Guía, en las Fiestas de la Virgen de 1994, con motivo
del 150 aniversario de la muerte de Pedro Gordillo y Ramos, Canónigo
Gordillo.
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Sergio Aguiar Castellano |
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Licenciado en Filología Hispánica. Universidad de La Laguna. |
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Especialista Universitario en Archivística. UNED.
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