Otoño. Javier Estévez

Otoño

El viento se pasea por la tierra como un viajero solitario
y con sus manos torpes y haraganes arranca las hojas a un castaño encorvado por
la sed. Mis pasos crepitan sobre un cementerio de hojas caducas que alfombran
el sendero por el que me abandono. A lo lejos, las agudas siluetas de los
cipreses denuncian la incómoda presencia de un cementerio. Siempre es otoño en
los cementerios. Como las generaciones de las hojas, así son las de los
hombres, escribió nuestro padre Homero.
Javier Estévez

Otoño (reflexión)

Javier Estévez

El viento se pasea por la tierra como un viajero solitario
y con sus manos torpes y haraganes arranca las hojas a un castaño encorvado por
la sed. Mis pasos crepitan sobre un cementerio de hojas caducas que alfombran
el sendero por el que me abandono. A lo lejos, las agudas siluetas de los
cipreses denuncian la incómoda presencia de un cementerio. Siempre es otoño en
los cementerios. Como las generaciones de las hojas, así son las de los
hombres, escribió nuestro padre Homero.

Ya el otoño se derrama irremediablemente sobre un paisaje
socarrado por el sol. Un otoño que se presenta con botánica paciencia. En las
catacumbas de los pinares y los brezales, un regimiento desordenado de nízcalos,
amanitas, boletus y pleurotus esperan
impacientes las primeras lluvias para rasgar la corteza de la tierra y asomar
su cabeza fálica y aparasolada. El salmo de los micólogos: más vale perder una seta
en la vida que la vida por una seta.

 

El cielo es más inalcanzable
que nunca durante el otoño. Mientras el alisio hiberna barren las alturas húmedas
borrascas paridas sobre el Atlántico, sirocos ardientes y continentales y
vientos que bajan del norte armados de frío y oscuridad. El cielo es un escenario surrealista por el
que desfilan atropelladamente nimbos, cirros, cúmulos y estratos.

 

El atardecer se posa
sobre la cornisa del horizonte. Es tiempo de volver. Las gaviotas triangulan el
ocaso mientras que las garcetas abandonan la costa y su basalto para descansar merecidamente
en los márgenes tibios que le ofrece el agua encarcelada de los estanques. Un
mirlo posado sobre la rama curvada de un tarajal acribilla la tarde con su aflautado
canto. Siempre son los últimos en cantar.

 

El mar ensimismado
parece una meseta oceánica y se abandona en las playas y ensenadas cansado de tantas
estulticias y naufragios. Si ahora brotaran encinas sobre su espalda creería
estar sobre un cerro testigo de esa Castilla milenaria.

 

El otoño es la patria del poeta. Desnuda está la tierra, y el
alma aúlla al horizonte pálido como loba famélica.¿Qué buscas poeta, en el
ocaso?.
Otoño es
el tiempo de Machado. Y aunque no lo parezca, amigo, ya es otoño.


 


Y AHORA, QUÉ. Erasmo Quintana

Y AHORA, QUÉ

Erasmo Quintana

CALAFATEANDO

Vivimos,
amigos, en una Comunidad surrealista; lo que sucede en estas islas
asirocadas difícilmente ocurre en otras latitudes. La carretera del
Norte es un triste ejemplo. Y es que nadie se explica que después de
una demanda colectiva de años planteada y denunciada en todas las
formas posibles –los habitantes de La Aldea, Agaete, Gáldar y Guía y
Moya se han echado a la carretera y no han parado hasta Las Palmas de
Gran Canaria, en petición de una calzada o vía en condiciones-.

 

 Y AHORA, QUÉ

Erasmo Quintana

CALAFATEANDO

Vivimos, amigos, en una Comunidad surrealista; lo que sucede en estas islas asirocadas difícilmente ocurre en otras latitudes. La carretera del Norte es un triste ejemplo. Y es que nadie se explica que después de una demanda colectiva de años planteada y denunciada en todas las formas posibles –los habitantes de La Aldea, Agaete, Gáldar y Guía y Moya se han echado a la carretera y no han parado hasta Las Palmas de Gran Canaria, en petición de una calzada o vía en condiciones-; de decenios de olvido y abandono de todas las administraciones, pues su trazado, a excepción de los últimos treinta años en que se buscó la costa y se hicieron los puentes, era de hace dos siglos. El hecho cierto es que las pocas inversiones en infraestructuras de carreteras que han destinado los que nos gobiernan desde Tenerife, se han ido todas al Sur y a la circunvalación de la capital. El Norte, como siempre, en la espera y, por si no es poco el drama que viven los vecinos que tienen que soportar a diario el potro de tormento del tráfico, a los anteriores responsables del Cabildo de Gran Canaria les dio por parir el engendro llamado Rumbo Norte, que no fue sino una auténtica tomadura de pelo, ya que todo ello se tradujo en pintar de blanco los bancales y muros de fincas abandonadas a la orilla de la carretera. 

Con este nuevo jarro de agua fría del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, anulando nuevamente las obras del desdoblamiento del Norte, ¿ahora, qué? ¿Quién da explicaciones? ¿Se puede seguir condenando a miles de ciudadanos, que diariamente tienen que desplazarse a la capital, donde desempeñan su trabajo, consumiendo combustible, que es un disparate con el “para y arranca” de las interminables caravanas en las horas punta? ¿Quién o quienes son los responsables directos de esta descomunal chapuza? ¿Qué técnicos estudian y diseñan un proyecto de tan vital importancia sin tener en cuenta lo que dispone la Ley para estos casos, simplemente? Todo ello imputable a quienes deben saber de estas cosas, y jamás podrán alegar ignorancia, porque ya se sabe que la Ley no exime a nadie por su desconocimiento. Por tanto, son muchos los interrogantes que el administrado se hace. ¿Ha sido todo esto casualidad, o algo sibilinamente buscado? A un lego en la materia o cualquier persona que no tenga muchos estudios no le cabe en la cabeza y se pregunta: ¿Cómo va a caminar un tren si no está encima de los raíles?

Artículo original, no resumido por razón de espacio, publicado en LA PROVINCIA el miércoles, 17 de octubre - 2007




Fuera de juego



FUERA DE JUEGO
Por Santiago Gil

Me ha pasado muchas veces a lo largo de la vida. Un buen
día te ves en una ciudad extraña o en la sala de embarque de un
aeropuerto y te preguntas qué estás haciendo y hacia dónde estás
conduciendo tus pasos cada vez más apurados y estresantes. Pero también
te pasa al lado de tu casa, o cuando la muerte te golpea de cerca, o en
esos días que amanecen tristes incluso antes de que tú despiertes y
entres a formar parte de la comedia diaria.
 

FUERA DE JUEGO
Música de Papagüevos II

Santiago Gil
            


Me ha pasado muchas veces a lo largo de la vida. Un buen día te ves en una ciudad extraña o en la sala de embarque de un aeropuerto y te preguntas qué estás haciendo y hacia dónde estás conduciendo tus pasos cada vez más apurados y estresantes. Pero también te pasa al lado de tu casa, o cuando la muerte te golpea de cerca, o en esos días que amanecen tristes incluso antes de que tú despiertes y entres a formar parte de la comedia diaria. Te ves en fuera de fuego, como si no entendieras nada de lo que pasa y como si te hubieran dejado a la intemperie, solo y desangelado en mitad de un campo que no te pertenece.

A mí esa sensación de orfandad y de desarraigo me lleva directamente al primer partido federado que jugué con la camiseta del Guía. No sé qué edad tendría, pero no creo que pasara de los ocho años. Entonces no había cadena de filiales, ni entrenamientos sistemáticos, ni mucho menos clases teóricas en las que nos enseñaran las claves y los intríngulis del fútbol. Aprendíamos a jugar en las calles, las maretas vacías y en las canchas bacheadas que había por el pueblo. Lo de ir al campo de La Atalaya, que entonces era el oficial y el único más o menos decente que había en el pueblo, eran palabras mayores. Detrás de esos primeros equipos de fútbol de la Unión Deportiva Guía estaba siempre el bueno de Paquito Gordillo. Yo creo que hasta compraba las camisetas y las botas que nos daban en aquellos primeros encuentros federados. Por lo menos los bocadillos y las botellas de agua sí las pagaba de su bolsillo. Se movía por la pasión futbolera, y ejercía de directivo, entrenador, delegado de campo y padre putativo de todos nosotros. Nos íbamos a La Atalaya o a Barrial y nos distribuíamos en el campo como buenamente podíamos o cabíamos. Recuerdo el primer partido más o menos serio. Jugábamos contra La Atalaya y cuando Paquito me preguntó que de qué quería jugar yo le dije que de delantero centro. Sonaba bien lo de delantero centro del Guía, y además me hermanaba con Santillana, Quini o Carlos, un jugador del Bilbao que creo que fue el goleador de la Liga de aquel año. Entré en la segunda parte con una camiseta que me llegaba a las rodillas y me fui directamente a la zona del punto de penalti. No recuerdo nada más que los gritos de Paquito desde la grada para que me viniera al centro del campo. Yo le decía que no, que quería meter goles y que además allí estaba solo, sin ningún defensa alrededor que me marcara. Nadie me había explicado lo que era el fuera de juego, y si lo habían hecho yo me había enterado de bien poco. Sólo quería estar para meter goles, y lo demás, las reglas del juego y las estrategias, me importaba una higa. No sé cómo acabó aquella escena surrealista. Recuerdo que se me acercó el árbitro y que trató de explicarme la situación, pero no hubo manera de sacarme de las inmediaciones del área. A lo mejor volvía un momento a mi campo, pero desde que veía que el balón iba para delante ya estaba colocado nuevamente detrás de los defensas. Todos eran mucho mayores que yo y tenían claras las cuatro reglas básicas del fútbol. Me sentía fatal siendo un incomprendido, y no sé si me expulsó el árbitro o si el pobre Paquito me sacó del campo lo más rápido que pudo para evitar el ridículo. Aprendí lo que era el fuera de juego un poco más adelante y ya pude jugar partidos siguiendo las normas establecidas. Nosotros, cuando jugábamos por las calles o los campos improvisados, jamás contábamos con el fuera de juego, y me imagino que por eso aquellos encuentros eran tan entretenidos y terminaban casi siempre con marcadores de más de dos dígitos. Las reglas encorsetan siempre las pasiones y los divertimentos.

Para mí el fuera de juego, por más que lo entienda y que sepa cómo se evita, siempre será aquella sensación de orfandad e incomprensión que tuve una mañana de sábado en el campo de La Atalaya. Salvando las distancias, es la misma que uno se encuentra muchas veces en la lucha diaria de la supervivencia. Cada vez son más las veces en que los acontecimientos que observo a mi alrededor me dejan igual de desorientado y perdido. No entiendo muchas de las cosas que están pasando por cotidianas. Me niego a aceptar, por ejemplo, la manipulación, el abuso o la desigualdad. Yo veo que los demás juegan, y que encima te piden que te quites de en medio, o que te metas en su campo para ser como ellos. Y cuando no lo haces te ves como perdido y extraviado en medio de un mundo que no reconoces y no entiendes. Entonces era un juego, y resultaba hasta divertido y anecdótico. Ahora, en cambio, me descorazona cada vez más esa sensación de quedarte en fuera de juego en medio de una vorágine cotidiana que te sobrepasa y que trata de someterte a todas horas. Por eso me quedaré siempre con la libertad de los partidos sin árbitros que jugaba en la calle. No es que en la vida preconice la anarquía, pero cada día echo más de menos el poder disfrutar de la libertad como me plazca. Y si lo haces, lo más probable es que te acabe expulsando inmediatamente cualquiera de los árbitros moralistas que se te aparecen por todas partes. Jugamos, sí, pero casi siempre sin imaginación y sin alegría. No nos dejan hacer lo que queramos. Sólo pretendemos meter goles y ser felices. Tenemos que negarnos a la especulación y a la renuncia del divertimento y del espectáculo. Tanto en la vida como en el deporte.

Noviembre de 2007.

IR A LA WEB DE SANTIAGO GIL


Diseño gráfico de José Miguel Valdivia.




El carrusel de los lunes



EL CARRUSEL DE LOS LUNES
Por Santiago Gil

Cuando se escribe se quiere detener el tiempo. Pero por
más comas que le pongamos al texto el tiempo ni se detiene ni deja de
dibujar sus rastros en nosotros y en todas las cosas que nos rodean. Ya
lo decía el poeta: nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Otra cosa son los fogonazos que nos permiten husmear las brasas casi
apagadas de otros tiempos.
 

EL CARRUSEL DE LOS LUNES
Música de Papagüevos II

Santiago Gil
            


Cuando se escribe se quiere detener el tiempo. Pero por más comas que le pongamos al texto el tiempo ni se detiene ni deja de dibujar sus rastros en nosotros y en todas las cosas que nos rodean. Ya lo decía el poeta: nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Otra cosa son los fogonazos que nos permiten husmear las brasas casi apagadas de otros tiempos. A mí me ha pasado hoy con el soniquete de los programas deportivos de los domingos por la tarde. Todavía hoy me gusta poner de fondo el sonido de los goles y el apasionamiento de los comentaristas que hablan desde San Mamés, el Santiago Bernabéu o Balaídos. Las tardes de domingo siempre tenían de fondo el nombre de épicos futbolistas y de estadios que recitábamos de carrerilla. Entonces la Unión Deportiva Las Palmas también participaba en el festín de los grandes, aunque para seguir al equipo amarillo contábamos con voces más familiares y cercanas como las de Antonio Lemus, Pascual Calabuig, Nanino Díaz Cutillas o Segundo Almeida. La radio estaba siempre de fondo, sin molestar ni en nuestros juegos ni en las conversaciones de nuestros mayores, y sólo se reparaba en ella cuando llegaba un gol importante o faltaban pocos minutos para culminar alguna gesta deportiva.

Hoy he vuelto a dejar que el sonsonete del Carrusel Deportivo aligere la tristeza del domingo por la tarde. Y sobre la marcha he viajado en el tiempo a los lunes por la mañana camino del colegio del barranco. No recordaba desde hacía años al señor en silla de ruedas que estaba siempre en el callejón que está frente al cine Hespérides. Tú corrías barranco abajo, o bien andabas dando vueltas por los alrededores de la plaza, y siempre te lo encontrabas en su silla de hierros con un gran aparato de radio apostado a su lado. Nos contaban que había tenido un accidente de moto. Solíamos preguntarle a su hijo Álvaro por los detalles de ese accidente, pero el chiquillo trataba siempre de cambiar de tema y de improvisar cualquier juego que contribuyera a no remover sufrimientos. El recuerdo de este señor y de las torturas mañaneras de los lunes me lo ha traído el fútbol. Desde nuestra clase se escuchaba siempre de fondo el carrusel deportivo del domingo anterior. El padre de Álvaro lo grababa y lo escuchaba los lunes por la mañana como si viviera el domingo. La estampa era algo surrealista: mientras nosotros tratábamos de memorizar la tabla del siete, de fondo escuchábamos los goles de Kempes o de Morete como si fueran en directo. Todo el pueblo, cuando alguna vez salías del colegio a media mañana, parecía marcado por la tristeza de los lunes. Me pasa lo mismo cuando estoy en cualquier ciudad del mundo, incluso aunque ande de vacaciones. Es como si el malhumor, el miedo y el bajón anímico de la gente se concretara en el color del cielo y en la energía del ambiente. Pero en medio de esas sensaciones, lo único que ponía luz y alegría era el sonido diferido del carrusel deportivo que salía de la radio de aquel señor de la silla de ruedas. Por un momento creías que era posible el milagro de regresar atrás, pero luego seguían las clases, los exámenes y el deseo de que las horas pasaran cuanto antes para volver a casa o a los juegos de la calle. Al mediodía, cuando salíamos del colegio y dejábamos atrás el puente del barranco, todavía estaban los partidos en pleno auge. Yo creo que ponía las cintas varias veces, y alguna vez, se comprende que con necesidad de olvidar un poco más la grisura cotidiana, las ponía en mitad de la semana. Nos parecía una cosa de locos. Incluso puede que nos burláramos de sus nostalgias futboleras; pero resultaba mágico verlo celebrar los goles o emocionarse como si no supiera de sobra lo que iba a pasar. Supongo que sería una de sus defensas ante el tedio y ante la impotencia de verse postrado en una silla. Sonreía y se emocionaba. Y de alguna manera viajaba a otra realidad más acogedora. Intentaba quedarse en el domingo todo el rato. En el fondo era lo que también soñábamos todos. Nunca queríamos salir del domingo ni del carrusel de juegos y de sueños que nos regalaba la fiesta y la inexistencia de horarios y de obligaciones. Hoy me han dado ganas de grabar el carrusel deportivo para ponérmelo cualquier día de la semana en el mp3 camino del trabajo. Aquel hombre sabía soñar los domingos. Supongo que porque no le quedaba otro remedio. Ahora que han pasado los años lo he acabado entendiendo. Entonces su empeño radiofónico parecía algo fuera de toda lógica. Sé que, al igual que ocurre con las comas y los puntos cuando escribes un texto, no podré detener el tiempo que va pasando ante nosotros cada vez más raudo y menos intenso. Pero sí que podría colocar algunas luces festivas en el camino que va quedando atrás. Y algunas voces. Nunca tendrían la misma intensidad del directo, pero al menos me permitirían soñar y esbozar una sonrisa beatífica por lo feliz que he sido y por la buena gente que he ido conociendo en este viaje. Si me dejaran, elegiría la misma sonrisa de aquel hombre triste que se creía sus propias mentiras para poder seguir sobreviviendo.

Noviembre de 2007.

IR A LA WEB DE SANTIAGO GIL


Diseño gráfico de José Miguel Valdivia.




LA PRIMERA DAMA. Erasmo Quintana

LA PRIMERA DAMA

Erasmo Quintana

CALAFATEANDO

Ángela
Mena, hoy por hoy primera dama de Canarias por su condición de esposa
de nuestro presidente Paulino Rivero, se nos ha dado a conocer grosso
modo a todos los canarios en un buen reportaje que le hicieron en el nº
72 de TOP Canarias. Esta conquense -que es maestra de escuela como su
marido-, lleva treinta años casada, con dos hijos en el mundo, y la
verdad sea dicha nadie lo diría.

 LA PRIMERA DAMA

Erasmo Quintana

CALAFATEANDO

Ángela Mena, hoy por hoy primera dama de Canarias por su condición de esposa de nuestro presidente Paulino Rivero, se nos ha dado a conocer grosso modo a todos los canarios en un buen reportaje que le hicieron en el nº 72 de TOP Canarias. Esta conquense -que es maestra de escuela como su marido-, lleva treinta años casada, con dos hijos en el mundo, y la verdad sea dicha nadie lo diría. En la entrevista se despacha con soltura, eludiendo elegantemente ir al fondo de las preguntas algo comprometidas para no ser políticamente incorrecta tal como a su actual estatus adquirido de consorte corresponde, pero también se ve a lo lejos que es una persona con una rica vida interior, además de culta y con una gran sensibilidad. Confiesa que le gusta la pintura, los viajes y que le ilusiona lo que está haciendo en favor de situaciones de exclusión social. Yo no creo que esta posición que adopta ante los problemas, a los que se tiene que enfrentar por su condición de concejala de Cohesión y Bienestar Social, Cultura, Mujer, Emigración e Inmigración y Participación Ciudadana en el ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, sea motivo de desencuentros con su esposo en la intimidad de la alcoba, pues ya se sabe lo progresista que se debe ser casi por necesidad en estas áreas, y lo de derechas que es el ex alcalde de El Sauzal, perfecto defensor de los intereses de la oligarquía y el gran capital tinerfeño, como tampoco se le esconde a nadie que ATI es el representante de la derecha insular, por lo que en Tenerife no les hace mucha falta el Partido Popular: ellos allí hace tiempo que ya tienen “sus” valedores de la derecha a quien dar el voto. 

Con lo bien que iba la entrevista, la primera dama acaba desbarrando, tal vez influida por la delicada responsabilidad que detenta, y fue en los dos temas capitales que nos afectan como Comunidad. La entrevistadora le pregunta a bocajarro por la Ley Electoral y ella se sale en plan fino por la tangente, resultando de su respuesta un ni fu ni fa. La otra fue en la que contestó lacónicamente: “El pleito insular no existe”. Es decir, que para ella y el gobierno CC-PP el pleito insular no aparece por ningún lado; es virtual, un fantasma. El que ATI se ha ido haciendo con casi todos los medios audiovisuales; que estemos siendo gobernados desde Tenerife, triplicado el número de funcionarios; que tengan el Parlamento allí; que hayan desmontado aquí organismos relacionados con la Cultura y el Turismo montándolos de nuevo en Tenerife con otros nombres; se hayan cargado de un plumazo el Festival de Cine de Las Palmas; posean allí muchos más aparatos para el tratamiento del cáncer, etc., etc., todo ello, tontos que somos todos, es virtual.

Texto original, no abreviado por razón de espacio, publicado en LA PROVINCIA
el miércoles, 31-octubre-07

 
 




Santa María de Guía

Dedicados a la preservación, estudios y divulgación del rico patrimonio histórico y cultural del municipio de Santa María de Guía de Gran Canaria. El Archivo Vivo de Historia y Tradición


© 2024 Santa María de Guía – Archivo Vivo de Historia y Tradición