Villa Melpómene

«Camille Saint-Saëns soy yo»

En su nueva novela, el autor se sumerge en la vida del compositor galo durante sus estancias en Gran Canaria

Por Carmen Delia Aranda
Villa Melpómene es el recuerdo más vivo que queda de las estancias de Camille Saint-Saëns en Gran Canaria. La vieja casona roja, que permanece erguida junto a las cuatro plataneras que han sobrevivido a la depredación urbanística de la Isla, da nombre a la novela con la que Santiago Gil ha querido devolver a la vida al músico francés en Canarias.

«Camille Saint-Saëns soy yo»

En su nueva novela, el autor se sumerge en la vida del compositor galo durante sus estancias en Gran Canaria

Por Carmen Delia Aranda

Villa
Melpómene es el recuerdo más vivo que queda de las estancias de Camille
Saint-Saëns en Gran Canaria. La vieja casona roja, que permanece
erguida junto a las cuatro plataneras que han sobrevivido a la
depredación urbanística de la Isla, da nombre a la novela con la que
Santiago Gil ha querido devolver a la vida al músico francés en
Canarias.

«No hemos sabido darle la importancia que tenía. En 20 años vino siete veces. ¡Alguien que estaba en el centro del mundo! Amigo de Tchaikovsky, de Monet, de los impresionistas, cuando París era París. Y dejaba todo aquello y venía a Gran Canaria a incomunicarse por completo», afirma el escritor Santiago Gil acerca de la excepcional rareza que supuso tener en la Isla al compositor Camille Saint-Saëns en algunos intervalos invernales entre 1889 y 1909.

Para saldar esa deuda con la memoria y satisfacer una curiosidad que le ha acompañado casi desde la infancia, Gil se embarcó en una ficción sobre el paso por Guía del autor de la Danza Macabra a través de su huella más perenne, la llamativa finca ubicada junto a la autovía del Norte, donde pasaba largas temporadas el músico francés.

Su curiosidad por el compositor nació de niño. En el casco de Guía, había calles con nombres oficiales conocidas por otros más populares -calle del Agua, de Enmedio...-, otras con nombres de personajes ilustres; Suárez Galván, Pérez Galdós y, junto a ellas, una calle de nombre impronunciable, Camille Saint-Saëns. «Chocaba mucho con los nombres habituales que escuchabas en los años 70. Sabía que había inaugurado el órgano de Guía, pero le das la importancia que le da un niño que mira las cosas a su alrededor», afirma.

Pasados los años, llegó a él a través de su música y empezó a indagar sobre su personalidad. «Era un tipo con muchas aristas, con muchas dobles y triples vidas y alguien que estaba, en un momento determinado, en el centro de la cultura, del mundo, y desde allí se viene a un pueblo perdido de Gran Canaria», resalta el escritor cuya curiosidad se acrecentó cuando supo lo difícil que era llegar a Gran Canaria entre finales del siglo XIX y principios del XX.

«Galdós, en aquella época, creo que solo vino dos veces por lo duro que era venir desde Madrid. Saint-Säens viene desde París. Deja la ciudad para hacer ese trayecto en trenes y barcos hasta Las Palmas, para luego subir a Arucas, bajar a Bañaderos... Había que hacer un gran trayecto para llegar a Guía», comenta Gil, cuya expectación no dejaba de crecer a medida que iba acercándose al personaje. «La pregunta es: ¿qué venía buscando este hombre?».

Y la personal y ficticia respuesta a esta cuestión es la que se puede encontrar en las páginas de este novela digital publicada por ATTK Ediciones, con portada ilustrada por Augusto Vives. «Intenté entender a Camille Sain-Saëns y su proceso creativo en un lugar que yo conozco muy bien, que es mi lugar, y con otro personaje que se movía en el mismo espacio y en el tiempo en que yo me muevo», explica el autor acerca del otro protagonista de su obra, un biógrafo hispano-francés que viaja a la Isla tras el rastro del músico.
«Cito a Flaubert: Madame Bovary c`est moi. Camille Saint-Saëns también soy yo. Y el biógrafo que lo escribe, y cada uno de los personajes que se asoman a esta novela», confiesa el autor para puntualizar que todo lo que allí se narra, real o ficticio, es producto de su memoria y su imaginación.

«Lo quiero dejar claro para que no haya malentendidos. Villa Melpómene no es un trabajo periodístico, ni una biografía, ni una investigación. Es una novela, una recreación. Una supuesta mentira que haces pasar por verdad, porque, a veces, a través de la mentira es como llegas a la verdad, en la vida o en la literatura», recalca .

Su propósito fue, a partir de lo que conoció sobre su vida y sus tragedias personales,  «situarlo en Guía y ser él un tiempo. Creo que cualquiera puede ser cualquiera», asegura sobre su experiencia al escribirlo. «No sabía qué Camille me iba a encontrar. Solía escribir con su música de fondo. Estuve obsesionado con el personaje seis u ocho meses antes de escribir. Eso es algo -confiesa Gil- que no me ha pasado nunca».

De hecho, Gil sostiene que metiéndose en la piel de distintos personajes a través de la lectura y la escritura «no te haces más inteligente, sino mejor persona, en el sentido de que te conviertes en el otro. Entiendes al bueno, al malo, al santo, al canalla, al bendito, al varón, a la mujer, al niño... Te conmueves y te duele, pero quizás -abunda el escritor- te ayude a entender el mundo en el que vives».

Aunque Gil aborda la homosexualidad de Saint-Saëns, no la enfoca desde la parte más oscura y previsible: la hipótesis de que el francés hubiera venido a la Isla en busca de sexo con efebos de condición humilde. Una práctica habitual entre muchos artistas franceses de la época que huían al sur para satisfacer su sexualidad desbocada. «No quise jugar con eso, pero sí con su condición de homosexual. En todos los trabajos que he leído sobre él se reconoce su homosexualidad», explica Santiago Gil, que apunta que Saint-Saëns, tras perder a sus dos hijos a corta edad, abandonó a su mujer, a la que no volvió a ver; tuvo un affaire con Tchaikovsky y un amante, el adinerado Albert Libon.

Sin embargo, en Villa Melpómene, Gil nos presenta a un compositor menos oscuro, que intenta encontrarse a sí mismo a través de largas caminatas por la costa Norte y que compone inspirado por el recuerdo del paisaje y de los sonidos del mar y de los pájaros de esa zona de la Isla.

Algunos personajes que rodean a los protagonistas de la novela son ficticios. «Creas un escenario para que el personaje sea creíble», comenta Gil. Sin embargo, a través de este libro, el guiense ha querido homenajear a personas reales que, de una forma u otra, han formado parte de su vida. «Los amigos que hace el biógrafo en Guía son dos grandes amigos míos que fallecieron: Carlos Aguiar y Luis Castellano, siempre estábamos juntos cuando tenía entre 15 y 18 años», comenta el escritor, que los describe tal y como eran: intelectualmente inquietos y buenos conversadores.

También son reales el bibliotecario, Sergio Aguiar, y Juan Manuel Godoy, el vendedor de cupones albino que huye del sol en la Plaza de Guía. «Es un tipo encantador», asegura el escritor.

El padre de Gil -un niño que corretea en una tienda de quesos en la entrada de Guía- es otro figurante real de su novela; al igual que su tatarabuelo, Anselmo Bautista, que aparece en calidad de alcalde de la localidad, y su abuelo, Cenobio García Bautista, corresponsal de varios diarios de la Isla y fundador de La voz del Norte.  «Me gusta partir de la realidad. Gáldar existe, Guía existe, Agaete existe, Melpómene existe pero, en medio de la realidad, crear la ficción para que sea lo más creíble posible», abunda el escritor que recientemente ha visitado la casa roja donde se alojaba el compositor galo por invitación de su amigo, el comerciante francés  Juan Ladeveze y Redonnet. «Hace unos meses -relata el escritor- fui a Guía con un amigo historiador y me dijo que su padre se crió al lado de Melpómene. Me contó: ¿sabes que mi padre jugaba allí y que veían papeles escritos en otros idiomas y páginas pautadas. Y lo tiraban y lo rompían. No se valoraba nada. Todo lo que había de él se quedó allí».

PUBLICADO EN CANARIAS 7 el 09/06/2015

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Fuentes públicas en Guía de Gran Canaria


UN ESTUDIO DE SERGIO AGUIAR CASTELLANO

Fuentes públicas en Guía de Gran Canaria


En
sesión ordinaria celebrada por el Ayuntamiento de Guía el 8 de
diciembre de 1892, el entonces alcalde Pedro Bautista Hernández propone
al pleno corporativo la realización de  un  estudio  para  que las aguas
de “La Cuarta”, que eran de propiedad municipal durante el día (las
noches correspondían a otros propietarios), pudieran ser utilizadas en
el abastecimiento de la población.
Fuentes públicas en Guía de Gran Canaria



Por Sergio Aguiar Castellano

En sesión ordinaria celebrada por el Ayuntamiento de Guía el 8 de diciembre de 1892, el entonces alcalde Pedro Bautista Hernández propone al pleno corporativo la realización de  un  estudio  para  que las aguas de “La Cuarta”, que eran de propiedad municipal durante el día (las noches correspondían a otros propietarios), pudieran ser utilizadas en el abastecimiento de la población.

El primer paso se dará en julio de 1893 cuando se encarga el proyecto correspondiente a Julián Cirilo Moreno (agrimensor  y ayudante de obras del Puerto de la Luz, y con vínculos con Guía donde había vivido durante su niñez y juventud), y que se denominará: Proyecto de conducción y distribución de las aguas potables de “La Cuarta” en la Ciudad de Guía.

Según la memoria del proyecto: «No hay en esta Ciudad fuentes públicas, ni es posible establecerlas con el reparto actual; y el vecindario se ve obligado a procurarse con gran molestia, el agua de su consumo, de la acequia que conduce las del Heredamiento de la Vega Mayor de Gáldar, cuyo tomadero se encuentra más allá del extremo bajo de la población…».

Este proyecto contemplaba encauzar las aguas que se originaban en tres nacientes, situados a 2,8 Km de la población, y que discurrían a cielo abierto por el cauce del Barranquillo del Conde (también denominado de Cardoso o de los Toneleros), cayendo en el Barranco de Guía donde se incorporaban con las de la acequia de la Vega Mayor, discurriendo unidas hasta la “Casilla de Reparto” situada junto al Molino de La Tahonilla (Molino de Lita). Y desde este punto el agua de la Cuarta discurría por el Callejón del Molino, entrando en la ciudad por la Calle del Agua (hoy Luis Suárez Galván), desde donde se repartía por el resto de las calles de la población discurriendo en pequeñas acequias descubiertas para atender al riego de las huertas y jardines.

TEXO COMPLETO


La importancia de tener una universidad. Pedro González-Sosa

La importancia de tener una universidad

                                                            

Pedro González-Sosa
  

La aprobación por
el Parlamento de Canarias de la implantación de la Universidad Privada
Fernando Pessoa marca dos hechos docentes  señalados -se diría que
históricos- para la ciudad de Guía de Gran Canaria, logro alcanzado
después de varios años de gestiones iniciados por el anterior alcalde
Fernando Bañolas y que concluyen en el mandato del actual Pedro
Rodríguez para quien la aprobación significa un hecho importante no solo
para Guía sino que se convierte en una gran oportunidad para la zona
Norte de la isla de Gran Canaria.
La importancia de tener una universidad


Guía de Gran Canaria: dos logros docentes históricos
1950: el primer Instituto Laboral de España
2014: Implantacion de la Universidad Fernando Pessoa

                                                                                                                                 
Pedro González-Sosa

(Cronista Oficial de Guía)
  
La aprobación por el Parlamento de Canarias de la implantación de la Universidad Privada Fernando Pessoa marca dos hechos docentes  señalados --se diría que históricos- para la ciudad de Guía de Gran Canaria, logro alcanzado después de varios años de gestiones iniciados por el anterior alcalde Fernando Bañolas y que concluyen en el mandato del actual Pedro Rodríguez para quien la aprobación significa un hecho importante no solo para Guía sino  que se convierte en una gran oportunidad para la zona Norte de la isla de Gran Canaria.

El Instituto Laboral de 1950

Dos de los primeros Centros de Enseñanza Media y Profesional popularmente conocidos como Institutos Laborales que se crearon en España a mediados del pasado siglo se pusieron en marcha en Gran Canaria, concretamente el primero en Guía y un par de años después otro en Telde, ambos en la modalidad agrícola y ganadera, que constaba de cinco cursos, además de estudios dedicados a la enseñanza agraria y física y química aplicada a la agricultura, destacando las prácticas experimentales que tenían supremacía sobre lo teórico para lo que dispondrían de Granjas Agrícolas Experimentales.

En 1950, ante la movilización general que solicitaba el entonces Ministerio de Educación Nacional -del que era titular Joaquín Ruiz Giménez-, en el preámbulo de la Ley que había presentado a las en aquella época llamadas Cortes sobre creación de Institutos Laborales, el entonces alcalde de la ciudad norteña Juan García Mateo en su interés por ofrecer a los vecinos cualquier tipo de enseñanza media, solicitó la creación de uno de estos Institutos en la especialidad agrícola y ganadera (aunque también se impartían clases complementarias de carpintería y metal), en aquella localidad que le fue concedido en el mes de mayo de aquel mismo año, para lo que el ayuntamiento se comprometió a ceder el edificio que habitaba hasta aquel momento el Colegio Santa María, a la entrada del pueblo y que había sido tiempo atrás cuartel del batallón allí guarnecido, además de varias hectáreas de terreno en el barrio de La Atalaya para destinarlo a la preceptiva y necesaria Granja Agrícola Experimental, aparte una subvención adicional para el profesorado que nombrara el citado departamento ministerial y el material necesario para la puesta en marcha del primer curso.

Era, pues, el primer centro de este tipo que se ponía en marcha en Canarias, al que se le puso el nombre de 'Sancho de Vargas', en cuyo primer curso 1951-52, según los datos logrados de la prensa local de entonces que no cita su nombre, la directora era una profesora, suponemos que lo fue la que ya ejercía como docente en el colegio Encarnación Reverter, y en cuyo claustro figuraba también el recientemente fallecido Victorio Rodríguez como profesor de dibujo que fue el autor del que aparece como ilustración, (el propio edificio del centro) en la portada de las Memorias editadas en los primeros años. En 1954-55 aparece dirigiéndolo Juan Simavilla y a partir de 1955-56 Ignacio Arencibia Miranda que lo fue durante muchos años y también alcalde de la localidad de 1968 a 1975. ¿Hasta cuando se denominaron aquellos centros Institutos Laborales? Hasta 1967 en tiempos del ministro Lora Tamayo que promulgó la ley por la que se unificaban los Bachilleratos General y Laboral, declarándose a extinguir los últimos que se transforman en Institutos Técnicos de Enseñanza Media imponiéndose el llamado Bachillerato General.

La Universidad Fernando Pessoa

La aprobación de la implantación de la nueva Universidad Privada en la localidad guiense supone una oportunidad no solo para los que viven en el municipio sino para la dinamitación económica de toda la zona pues su implantación tiene como objetivo un alumnado de 2.500 jóvenes que pueden venir, incluso, de otros países, en palabras del alcalde Pedro Rodríguez.  La nueva Universidad, según las primera impresiones, se instalará provisionalmente, hasta la construcción de un edificio propio,  en lo que fue antaño sede del Colegio Santa María y más tarde el Instituto, en la carretera general, próáimo a la ermita de San Sebastián.

 
Como objetivos primordiales figuran la inplantación de las Facultades de la Salud, (Odontología, Enfermería, Psicología); Ciencias Humanas (Antropología, Ciciencias de la Comunciación, Criminología); Ciencias y Tecnología (Ingenieria de las Energías Renovables y de la Producción y Gestión de la Calidad), entre otros estudios, así como Escuelas de Estudios de Posgrado e Investigación, además de poder alcanzar Masters y Doctorado, según las primeras notas que a vuela pluma y para festejar este acontecimiento docente, se nos hacen llegar de modo apresurado.
 


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