Ricardo de la Cierva en Guía
Un ministro en las Fiestas de 1980
El 9 de agosto de 1980, el entonces Ministro de Cultura, Ricardo de la Cierva, presidió los FuegosFlorales de Guía, celebrados ante un numeroso público en el
teatro municipal. El ministro glosó en el pregón de estos Juegos Florales
cada uno de los cuarteles del blasón de la Ciudad, adaptando cada símbolo a la realidad y a
los problemas de la ciudad, la isla y el Archipiélago.
El ministro fue "mantenedor" de las Fiestas de la Virgen de 1980
El 9 de agosto de 1980, el entonces Ministro de Cultura, don Ricardo de la Cierva, presidió los Fuegos
Florales de Guía, celebrados ante un numeroso público en el
teatro municipal.
El ministro glosó en el pregón de estos Juegos Florales
cada uno de los cuarteles del blasón de la Ciudad, adaptando cada símbolo a la realidad y a
los problemas de la ciudad, la isla y el Archipiélago.
A continuación insertamos el texto íntegro de la intervención del ministro gracias a la transcripción realizada por Miguel Gordillo, concejal de Cultura de Guía en aquella época, en la que ejercía de alcalde José Carlos González Ruiz, y los textos íntegros de los reportajes de prensa publicados en aquellas fechas.
Conferencia de Ricardo de la Cierva en Guía
Diario de Las Palmas del día 090880
La Provincia del día 090880
La Provincia del día 100880Rafael Almeida. Erasmo Quintana
Por Erasmo Quintana
hoy nuestro interés la figura de un excepcional personaje guiense, cuyo
ciclo prolíficamente vital, discurrió en casi todo el siglo XIX y
primer tercio del XX.
Por Erasmo Quintana
Ocupa hoy nuestro interés la figura de un excepcional personaje guiense, cuyo ciclo prolíficamente vital, discurrió en casi todo el siglo XIX y primer tercio del XX. A simple vista, lo que llama la atención del observador en este hijo de Guía es que le hayan reconocido sus muchos méritos en Las Palmas de Gran Canaria, rotulándole una calle que confluye en la plaza de Farray, Guanarteme, y en Guía, lugar donde vio la luz primera y donde murió; donde desarrolló una intensa actividad política siendo alcalde, pasando por el comercio y la agricultura en los que su impronta se vería coronada por el éxito, todo en mejora y beneficio de su pequeño, pero importante solar, no tenga también rotulada una calle que diga perennemente a sus paisanos el gran hombre que fue.Personaje temperamental, inteligente y de insobornable rectitud, llegaría a la alcaldía impelido por la necesidad de reconducir la nave Consistorial, pues tocaba fondo en los arrecifes de la mala administración. (El progreso o el estancamiento de los municipios a ella se debe en gran medida, indudablemente). Época aciaga en la que los comportamientos democráticos se reducían a la más grotesca de las caricaturas: Un alcalde –Agustín Aguilar- elegido por el procedimiento censitario, una vez nombrado, cambiaba su cargo con Salvador Martín Bento, juez en propiedad; y así, de la noche a la mañana quien era juez fue alcalde y quien alcalde, juez.
Hombre íntegro don Rafael Almeida Mateos y honesto a carta cabal, se vería obligado a dejar el cargo por la intriga al uso de la época: Don Antonio López Botas presentaba a don Fernando León y Castillo para diputado a Cortes por el distrito de Guía; don Pedro Acedo, sin la autorización de don Rafael Almeida comprometió a éste con su voto a sabiendas de su filiación republicana. Presentábase un monárquico y un republicano. El alcalde Almeida desautorizaría a su “representante” y dio el apoyo, como era de suponer, al republicano el doctor Miguel Rosas. Esto le granjeó la enemistad con los monárquicos ganadores y, hastiado de intrigas y maquinaciones del más bajo estilo, abandonaría la política para siempre.
Ello no hizo interrumpir sus grandes dotes de hombre de acción. A él se debe en buena cuota el muelle de El Refugio en Las Isletas, convenciendo a don Juan León y Castillo de la idoneidad de su ubicación –que a él se debe y no a su hermano don Fernando la idea del estudio de lo que sería el gran muelle de La Luz-. Hasta el punto, que el político llegó a pedir no lo relacionaran “con tan descabellado proyecto” al conocer el costo presupuestario inicial. La clarividencia de Almeida Mateos quedó pues de manifiesto, pues eran momentos en que se disponían nuevamente a reparar el viejo muelle de San Telmo, derrochando así capital y esfuerzo cada año, ya que el pequeño abrigo era víctima en cada estación invernal de los grandes temporales.
La anécdota de Rafael Almeida, en nuestro parecer más curiosa, es que a él se debe, en parte, la producción a gran escala de la platanera, al menos en lo que a nuestra isla se refiere. Fue con ocasión de la visita que hizo al Archipiélago la inglesa viajera Olivia M. Stone; la que, cuando recaló por Guía, con intención de ver la cueva de la bella Andamana (Cueva pintada de Gáldar), traía carta de presentación a nombre de nuestro importante guiense. Como un buen caballero, éste dispuso todo lo necesario, e incluso acompañó a la inglesa más allá, hasta las tumbas aborígenes del Maipez, en Agaete.
Eran tiempos en que decaía el cultivo de la caña de azúcar; época en que la cochinilla estaba igualmente en franco retroceso –como hoy lo está el tomate, por ejemplo-, pues salía al mercado la anilina, tintura química que acabaría desplazándola. Miss Stone, observando un pequeño cercado de bananos contiguo a la Cueva, le dijo cómo no embarcaban esa fruta para Londres, pues era muy estimada allí. A esto le contestaría que la producción era escasa porque los buques venían de tarde en tarde. La viajera le replicó: “No es razón convincente, Sr. Almeida; produzcan ustedes muchas bananas y ya vendrán buques con bastante frecuencia a cargarla y distribuirla por Europa”. –“Tiene usted mucha razón” le contestó. Fue a partir de entonces cuando empezó su trabajo de mentalización, artículos en prensa incluidos, hasta que la idea fue tomando cuerpo y creciendo, creciendo, para llegar a lo que fue: Uno de los primeros productos de nuestra tierra.
Y a todas estas, qué desmemoriados, cicateros y poco agradecidos somos –entre los que me incluyo- con los próceres que ha dado Guía de Gran Canaria. ¿Veremos algún día una calle con su nombre?
Erasmo Quintana.
Agosto de 2007.
Fulanito llamando a su mujer

ANÉCDOTA
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Vídeo de Pedro Forteza contando una anécdota de "fulanito de tal" cuando, estando ingresado en la clínica El Pino, telefonea al bar del pueblo para que le den un recado a su mujer, ya que en su casa no hay teléfono.
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Cuestión de fe. Erasmo Quintana
Relato corto

Por Erasmo Quintana
El
Supremo Hacedor de todas las cosas, sin que yo haga nada para
merecerlo, ha sido sumamente bondadoso conmigo: Me ha dado una
excelente compañera de fatigas y cuatro hijos que me han hecho ser más
responsable de lo que era cuando no estaban en este mundo. Siendo aún
pequeños solía disponer el tiempo necesario para dedicarlo enteramente
a ellos, y, acompañados su madre, dábamos por ahí con relativa
frecuencia paseos en nuestro coche para que se me oxigenaran, cosa que
les hacía mucha ilusión.
Relatos cortos (6)
Erasmo QuintanaEl Supremo Hacedor de todas las cosas, sin que yo haga nada para merecerlo, ha sido sumamente bondadoso conmigo: Me ha dado una excelente compañera de fatigas y cuatro hijos que me han hecho ser más responsable de lo que era cuando no estaban en este mundo. Siendo aún pequeños solía disponer el tiempo necesario para dedicarlo enteramente a ellos, y, acompañados su madre, dábamos por ahí con relativa frecuencia paseos en nuestro coche para que se me oxigenaran, cosa que les hacía mucha ilusión.
Uno de esos días, mi hija la menor, con ocho años no cumplidos y en esos momentos preparándose para la primera comunión, con el desparpajo propio de sus pocos años me sorprendió haciendo la siguiente pregunta mientras el autor de sus días iba atento al volante: -Papá, ¿por qué yo no veo a Dios? A lo cual contesté: - Dios no es visible a nuestros ojos, pero sí podemos adivinarlo, o verlo si tú quieres, a través de su inmensa e inalcanzable obra; Dios está en todas partes, y el lugar donde se le va a rezar y a pedirle algo importante es en las iglesias.
Mientras esto como pude contestaba (que es lo que siempre me enseñaron), comprendí que no iba a bastarle. En efecto no quedó su curiosidad infantil del todo satisfecha, porque inmediatamente me espetó algo contrariada: - Yo no lo veo en ninguna parte, papá, y en las iglesias, son estatuas las que hay, o cuadros, representándolo. Insistí diciéndole que en las iglesias hay una lamparita siempre encendida, que es el Santísimo, y allí está Él continuamente presente; y que cada vez que se celebra una misa entrega su cuerpo y su sangre, todo por su infinito amor a nosotros. De soslayo y por el retrovisor pude observar que hacía un mohín que la delataba, por lo que pude adivinar en ella una cierta reacción mezcla de frustración y desencanto, a lo que me dije para lo cóncavo de mi corazón: - ¡Es mucho para sus pocos años!
Desde aquel día no hice sino desear que cuando tuviera más edad, pueda ver a Dios en la ola que rompe en la roca; en la brisa que mueve la hoja; en la mariposa que va, coqueta, posándose leve de ésta a aquella rosa. En el pinzón azul, que azaroso, protege su nido; en la cara del niño en su cuna dormido. En el abuelo contemplativo y paciente esperando su “hora”; en el joven, que inflamado de ilusión temblorosa, requiebra a la moza. En la alegría, la pena tenebrosa; en las esperanzas rotas. En esos por-qué, para-qué, a-dónde de nuestra existencia. En el desaliento, en fin, y la euforia loca, y en esos insondables abismos del alma quiero que vea a Dios, como su padre.
Erasmo Quintana Ruiz agosto-2007
Pacolín y su padre
Pedro Forteza, en el papel de Pacolín
EN VIDEO
Publicamos un vídeo de Pedro Forteza contando una anécdota de Pacolín.

















