Anoche hablamos con la luna
Intenso concierto el de Pepe Mejías y Mari Nati Saavedra
noche el salón de actos del Casino de Gáldar, que, vestido únicamente con un
piano de media cola y las voces de Pepe Mejías y Mari Nati Saavedra, brilló
como nunca. Dos enamorados de la música popular muy queridos en el noroeste
grancanario. Sin pretenderlo, el acto se convirtió en una
reivindicación del espíritu cultural por parte de todo el noroeste grancanario
a la par que un homenaje a dos históricos para los que la
música ha ocupado gran parte de su experiencia vital.Por Teresa Robayna y Antonio Aguiar.
Anoche hablamos con la luna
El bolero, desde la experiencia: intenso concierto el de Pepe Mejías y Mari Nati Saavedra
La canción es ala y ave; es movimiento
sonoro en despliegue por el espacio, es palabra retenida por la memoria y es
también gesto y palpitación. Esas
cualidades la hacen un material dúctil, capaz de generar intercambios
culturales.
El Bolero es sin duda una de las manifestaciones más
propias y personales de nuestro ser colectivo y aún con su difusión y
universalización sigue siendo uno de los fenómenos que identifican y
homogenizan esa noción de ‘latinoamericano’, porque el Bolero, a pesar de sus
raíces europeas, es definitivamente algo latino y aunque lo ubiquemos a veces
en Cuba o el Caribe es un patrimonio colectivo que toca e involucra desde Canarias
a México, pasando por Argentina, y llega, inclusive a Brasil; podemos concebir
un Latin Jazz o un Rock Latino (o Rock en Español), pero es difícil imaginar un
Bolero francés o inglés.
Más de trescientas personas llenaron el jueves por la
noche el salón de actos del Casino de Gáldar, que, vestido únicamente con un
piano de media cola y las voces de Pepe Mejías y Mari Nati Saavedra, brilló
como nunca. Dos enamorados de la música popular muy queridos en el noroeste
grancanario. Sin pretenderlo, el acto se convirtió en una reivindicación del
espíritu cultural por parte de todo el noroeste grancanario a la par que un
homenaje a dos históricos para los que la música ha ocupado gran parte de su
experiencia vital.
Entre olas y arenas, Pepe Mejías y Mari Nati Saavedra nos dijeron
en Tres palabras Cómo fue la
Historia de un amor: la de todos; a ritmo de bolero, con un
recorrido por los mejores temas de todos los tiempos. Un repertorio, exquisitamente
escogido, compuesto por una veintena de temas entre los que destacamos
Miénteme, La hiedra, Soy lo prohibido, Historia de un amor, No te importe saber
o Tú me acostumbraste. Durante una hora y media, sin interrupciones,
disfrutamos de dos excelentes voces talladas desde el sentimiento, la
elegancia, la experiencia y el buen gusto.
Como cierre, Pepe y Mari Nati cantaron a dúo “Un
compromiso”. Y ciertamente lo fue, ya que, a petición del público, tuvieron que
repetir. La sorpresa de la noche, como colofón a la agradable velada musical,
consistió en la presentación de un tema original compuesto por Pepe -solo piano- que, una
vez más, puso de manifiesto las excelentes cualidades de Mejías como pianista y, como pudimos comprobar, también como compositor.
Un concierto, el del Casino de Gáldar, que invita a la
reflexión.
El presentador del acto, Juan Carlos Sosa, que estuvo impecable,
manifestó su deseo de que este evento nos haga pensar que vale la pena adquirir
Un compromiso: el de continuar por esta senda de dinamización musical y
cultural, en general.
Guía, a 6 de julio de 2007.
Teresa Robayna y Antonio Aguiar, para GUIADEGRANCANARIA.ORG
¿Nos merecemos la vida? Por Javier Estévez
¿Nos merecemos la vida?
Por Javier Estévez.
Sé que el título de esta disertación puede parecer unpoco tremebundo, hasta funesto. Lo sé. Sin embargo, lo único que he
hecho es darle forma interrogativa a una contundente reflexión
realizada hace unas semanas por el escritor lusitano José Saramago.
Evaluó, el nobel luso en una interesantísima entrevista, el origen y
las consecuencias de las acciones y actitudes del ser humano actual. Y
esa apreciación finalizó con esta contundente y textual afirmación: “No
nos merecemos la vida”.
Por Javier Estévez.A Gloria Betancort.
Sé que el título de esta disertación puede parecer un poco tremebundo, hasta funesto. Lo sé. Sin embargo, lo único que he hecho es darle forma interrogativa a una contundente reflexión realizada hace unas semanas por el escritor lusitano José Saramago. Evaluó, el nobel luso en una interesantísima entrevista, el origen y las consecuencias de las acciones y actitudes del ser humano actual. Y esa apreciación finalizó con esta contundente y textual afirmación: “No nos merecemos la vida”.
Mientras le doy vueltas y vueltas al tema, no deja de resonar de manera permanente en mi cabeza esa sentencia del filósofo inglés Thomas Hobbes, Homo homini lupus, “el hombre es un lobo para el hombre”, parafraseando a la que en su día, hace más de dos mil doscientos años, creara el dramaturgo latino Plauto: Lupus est homo homini non homo. Creo que me voy atrever a modificarla en los albores del siglo XXI. Homo homini tiranosaurius, es decir, el hombre es un tiranosaurio para el hombre.
La creencia en que la globalización y la liberalización del mercado eran las claves para la reducción de la pobreza, de las injusticias, de las desigualdades, ha resultado ser la mayor falacia en la historia de la humanidad; y para muestra, un botón: ahora mismo, mientras tan sólo un 2% de la población mundial disfruta de más del 80% de las riquezas que este planeta genera, existen 1.000 millones de personas que viven con sólo 1 euro al día y la mitad de la población mundial, esto es, 3.000 millones de personas, de seres humanos, sobreviven con tan sólo 2 euros diarios. ¿Somos o no somos unos tiranos?
Pero no voy a hacer de pepito grillo ni voy a ponerme a enumerar todos y cada uno de los problemas generados por nuestro modelo de desarrollo: me consta que todos los sabemos. Es el efecto positivo de tirar más de tres horas diarias de nuestro tiempo frente a la tele o navegando por ese turbio océano llamado internet. Amén de la nada desdeñable virtud de esta sociedad sensacionalista que hace de las desgracias y catástrofes (eso si, siempre ajenas) las delicias de la atolondrada audiencia; en definitiva, que estamos bien enterados de cuales son los problemas que generamos, a pesar de que seamos expertos en sorderas selectivas e interesadas y miremos siempre hacia otro lado como si el problema no fuera nunca con nosotros.
En cierto modo, hay momentos en los que coincido con Saramago: no nos merecemos la vida.
En este triste panorama, en esta oscuridad inmensa, surgen, afortunadamente, como pequeñas constelaciones personas que no conocen el descanso y hacen de lo que algunos consideran utopías, su realidad. Viven trabajando en pos de la igualdad entre congéneres, por la definitiva abolición de la pobreza, por la paz. Ayudar a los demás, a quien realmente te necesita, ¿no es hermoso escuchar tanta humanidad en tan pocas palabras?
Entre la pesimista pero fundada afirmación de Saramago, y la lucha por estos sueños de igualdad que aún residen en el espíritu de muchas personas, me decanto por estos últimos. No me cabe ninguna duda de que las utopías de hoy serán las realidades del mañana, y si no, cuéntenle a un sufrido proletario de las numerosas industrias decimonónicas que pululaban por Europa, que llegaría el día en que cualquier trabajador de su país tendría regulada la jornada laboral por un convenio colectivo, que tendría derecho en caso de despido a un subsidio por desempleo, y que podría disfrutar de unas vacaciones pagadas, amén de la sanidad y educación gratuitas. En efecto, una realidad actual que fue un horizonte en el pasado. De sueños inalcanzables a derechos incuestionables.
El genial Bertolt Bretch afirmó una vez algo así como que en la vida hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay quienes luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.
Canto a la Libertad. Gloria Betancort Brito
¿Donde encontrar la libertad?
Gloria Betancort Brito
Observo el
ambiente, y la estampa que presenta llena de contradicciones, me hace detener
ante los protagonistas principales; rostros sonrientes por sus logros; rostros
desencantados y hasta rabiosos contemplando los suspensos o reclamando las
notas; padres sorprendidos; profesores ansiando el bien merecido descanso…
CANTO A LA LIBERTAD

Gloria Betancort Brito
Por fin, JUNIO a
las puertas, las vacaciones de verano se apresuran y el ambiente se impregna de
sorpresa, de sueños de esperanzas; las calles cercanas a los colegios e
institutos cobran nueva vida; se diría que el gris de invierno
sombrío y nostálgico, da paso al azul claro y atrevido, para que la vida fluya
a borbotones. Es tiempo de recoger la cosecha y dejar reposar el año escolar
con los triunfos y fracasos.
Observo el
ambiente, y la estampa que presenta llena de contradicciones, me hace detener
ante los protagonistas principales; rostros sonrientes por sus logros; rostros
desencantados y hasta rabiosos contemplando los suspensos o reclamando las
notas; padres sorprendidos; profesores ansiando el bien merecido descanso…
El CURSO ESCOLAR
llega a su fin, se nota a la legua; el último minuto da paso a las ilusiones y
proyectos; a los buenos deseos, por un lado o al hastío y el ocio sin
contenidos, por el otro.
Pensando en todo
esto, retorno inesperadamente a mi infancia, a mi juventud; ¡qué distinto era
todo!. Ciertamente, predominaba el “ordeno y mando” y la exigencia y la dureza
iban de la mano de la constancia y la acogida cálida de la familia;
tiempos en los que, cada uno intentaba dar respuesta, lo mejor posible, a su
cometido. Me tocó en suerte vivir en una
familia de padres maestros, donde no quedaba más remedio que “apretar” para
ganarse el futuro, donde la exigencia y ciertos límites eran arropados por la
ternura y acogida de la familia; aliciente
más que suficiente para seguir la
andadura de la vida.
Volviendo a mis recuerdos me acerco a los
primeros pasos de maestra…alumnos preocupados por la educación, padres interesados por sus hijos. La ESCUELA, LA FAMILIA Y EL PUEBLO FORMABAN UN
CONJUNTO ARMONIOSO Y DINÁMICO que daba fuerzas a los acontecimientos y
situaciones cotidianas de la vida. Todos sabíamos en que barco íbamos y hacia
donde nos dirigíamos. El itinerario de la EDUCACIÓN era cosa de todos y entre todos, aunque
no constaba en las programaciones, se forjaba la persona.
Pasaron los años y
aparecieron otras necesidades, dedicar más atención al camino andado por cada
educando, a sus situaciones y circunstancias personales, a educar con más
suavidad, con menos dureza, a procurar que tal educación , no frustrara a
nadie, a acercar los contenidos a sus capacidades. Realmente, cada época
necesita dar las respuestas adecuadas a las realidades humanas en ellas.
El tiempo pasó y, lo que quiso ser respuesta al fracaso escolar de cierta
época, se convirtió en LEY SUPREMA de los padres; de tal modo que, algunos
llegaban a decir que sus hijos no podían
con los estudios y optaban por la LEY DEL
MÍNIMO ESFUERZO o por llenarles de caprichos para que no se traumatizaran.
Hoy con pena y algo de rabia, observo
los resultados: alumnos que maltratan a sus compañeros, alumnos que cambian de
colegio por esta causa, padres que atacan a los profesores injustamente por
defender actitudes negativas de sus hijos, alumnos que no dan golpe, padres que
todo lo permiten… Así. ¿qué podemos esperar?, ¿dónde encontrar la libertad?
Padres, adultos,
educadores, políticos se nos presenta un reto con urgencia y el primer paso
para alcanzarlo es aclararnos primero nosotros; miremos como están siendo
nuestros acompañamientos a la infancia y a la juventud, dediquemos más tiempo a
acompañarlos desde lo que son; sepamos ponerles límites para que vayan formando
su personalidad y puedan vivir con los demás; ayudémosle a escapar de esta
sociedad competitiva y bulímica; estemos con ellos para que en el futuro sean
los defensores de valores como la responsabilidad, el respeto, la convivencia,
la dignidad, la VIDA.
“No nacemos educadores, aprendemos educando, acompañando, exigiendo lo que hay
que exigir. No todo vale. Si damos todos los caprichos porque si, si no hay
límites en la infancia y juventud, además de fastidiar la vida a los demás, no
tendrá nunca conciencia de sus propia necesidades y por tanto, de su identidad.
Más diálogo, más voluntad, más entrega, más esfuerzo. Algún día ellos nos lo
agradecerán y si no, la vida misma en una agradable canción se encargará de
hacernos gozar de la verdadera LIBERTAD.
“NACEMOS MUJERES Y
HOMBRES, PERO DEVENIMOS HUMANOS”
(André Compte Esponville)
Como dice una vieja canción hagamos con el futuro un canto
a la ESPERANZA
para lograr tiempos que traigan en sus manos esa gran utopía que es la FRATERNIDAD, padres,
educadores, adultos, políticos…CANTEMOS A LA LIBERTAD, potenciando
estructuras, ambientes…, en los que nuestra infancia y juventud crezcan en los
valores que les harán lograr las personas que tienen que ser.
APOSTEMOS
POR ELLOS



