LAS VIDRIERAS DE LA IGLESIA DE GUÍA. Pedro González-Sosa
Pedro González-Sosa
Los actos con que la iglesia de Arucas está celebrando el centenario dela colocación de la primera piedra de su templo incluyen las noticias
sobre las hermosas vidrieras que Francisco Gourié encargó a la famosa
fabrica francesa de Mauméjean, que se colocaron en 1916, han
actualizado las otras vidrieras que, cuatro años después, se estrenaron
igualmente en la iglesia de Guía por encargo de su inolvidable párroco
José Martín Morales.
Pedro González-Sosa
Los actos con que la iglesia de Arucas está celebrando el centenario de la colocación de la primera piedra de su templo incluyen las noticias sobre las hermosas vidrieras que Francisco Gourié encargó a la famosa fabrica francesa de Mauméjean, que se colocaron en 1916, han actualizado las otras vidrieras que, cuatro años después, se estrenaron igualmente en la iglesia de Guía por encargo de su inolvidable párroco José Martín Morales. Es evidente que el beneficiado guiense aprovechó los conocimientos y contactos que Gourié tenía de la fábrica gala, una de las más famosas en su género entre finales del siglo XIX y principios del XX que tenía fábricas en España, para hacer su encargo, pues quería se lucieran en agosto de 1920 con motivo de la consagración del templo por el obispo Marquina, por cuyo motivo acometió importantes obras de mejora en el templo. Y, a propósito, en Gran Canaria sólo hay seis templos consagrados: además de la catedral en 1871, lo fueron los de Teror, Tirajana, Guía, Gáldar y Telde.
Entre las obras de mejora que acometió el párroco Martín Morales en aquella ocasión para lo que contó con la colaboración económica y material de los vecinos, y una muy importante de la familia Galván avecindada en La Habana, figuran las hermosas vidrieras realizadas igualmente por la casa Mauméjean con diversas representaciones alegóricas sagradas. Aunque el profesor Javier Campos Oramas al referirse a las vidrieras de la iglesia guiense en un magnífico artículo publicado en la revista de la Universidad Vegueta dice que a principios de los años noventa localizó en aquel archivo parroquial una libreta negra en la que el párroco anotaba los pagos efectuados por las vidrieras, el traslado de aquella dependencia de una a otra habitación hace ya algunos años y la recolocación posible de su documentación nos ha privado por el momento de localizar dichas cuentas, aunque no desmayaremos. En 1990 Javier Campos cotejó aquellos gastos y pudo deducir que costaron cerca de 8.000 pesetas de las de entonces. Curiosamente, los huecos en los testeros de las paredes para la colocación de las vidrieras fueron realizados por maestro Basilio Ramírez, que luego fue alcalde, ayudado seguramente por uno o varios peones.
La iglesia de Guía tiene ocho artísticas vidrieras realizadas también por la casa de los hermanos Mauméjean. Son de gran tamaño con representación de varias advocaciones marianas y de otros santos y alegorías. Entre las primeras destacan, como es natural, las que representan y reproducen fielmente las imágenes de la Virgen de Guía y la Virgen de las Mercedes de Luján Pérez que allí se veneran y que están colocadas en lo alto de las dos puertas laterales. Otras dos en los testeros, al principio de dichas naves laterales, que representan a San José y a Santa Teresa y en la llamada capilla del Calvario aparecen otras dos con reproducciones del Corazón de Jesús y Corazón de María. Finalmente, en el frontis principal de la iglesia y al inicio de las dos naves laterales, casi a la altura del coro, están colocadas otras dos igualmente de gran tamaño y que tienen en su centro dos medallones representando a la iglesia sobre una frágil barquilla y un Stella Maris.
El templo posee, asimismo, tres pequeñas vidrieras de poco valor artístico y sin que posean representaciones pictóricas y con escaso colorido, situadas dos en la capilla de San José y una en la que actualmente está el Sepulcro y que en el año 1920 estaba dedicada al Perpetuo Socorro. Javier Campos apunta, porque no pudo localizar datos en aquel archivo parroquial, que las vidrieras de la iglesia de Gáldar presuntamente fueron realizadas igualmente por la tantas veces citada empresa francesa.
PUBLICADO EN LA PROVINCIA
Esplendores. Santiago Gil
PSICOGRAFÍAS
“Nos creemos la medida de todas las cosas”
Esplendores
Santiago Gil
Creíamos que este último invierno no se iba a terminar nunca. Los que
vivimos en las Medianías hemos llegado casi a las puertas de junio con
el frío de diciembre o las lluvias de febrero. Probablemente siempre
haya sido más o menos así, pero nuestra olvidadiza memoria se empeña en
decir lo contrario, y una y otra vez estamos con la matraquilla de que
nunca había llovido como este año, de que jamás había habido una ola de
calor igual o de que el viento nunca había soplado con tanta fuerza y
sonidos tan extraños.
“Nos creemos la medida de todas las cosas”
Esplendores
Santiago GilCreíamos que este último invierno no se iba a terminar nunca. Los que vivimos en las Medianías hemos llegado casi a las puertas de junio con el frío de diciembre o las lluvias de febrero. Probablemente siempre haya sido más o menos así, pero nuestra olvidadiza memoria se empeña en decir lo contrario, y una y otra vez estamos con la matraquilla de que nunca había llovido como este año, de que jamás había habido una ola de calor igual o de que el viento nunca había soplado con tanta fuerza y sonidos tan extraños. No nos damos cuenta que lo pasa con los vientos es que ya no los escuchamos sin tener la tele o la radio de fondo. Nada que ver con lo que oíamos en las casas de nuestras abuelas, con aquellos sonidos de coruja o de grillos y aquel viento que no dejaba de ulular toda la noche. Antes llovía lo mismo, e incluso me atrevería a decir que llovía mucho más, y caían granizos cada dos por tres que cuajaban en los jardines para que nosotros creyéramos que era nieve. También el calor era similar, y si fuéramos capaces de mirar con honestidad el pasado nos daríamos cuenta de que se llevaban peor aquellas oleadas de aire caliente que nos arrastraban a la playa a las tantas de la noche para tratar de escapar del fuego ambiental que no nos dejaba conciliar el sueño. Pero preferimos olvidar para convertir la vida en un espectáculo diario. Nos creemos la medida de todas las cosas.
Sí es verdad que cuando llueve como ha llovido este año los paisajes de la isla se vuelven impresionantes. Todo está verde y florido en nuestros campos. Los tajinastes, las retamas o las flores de mayo alfombran los horizontes de cualquier valle. Por eso nos viene tan bien cada otoño y cada invierno. Nos vale para saber que todo pasa, que lo que es barro, hielo y tallo seco y pelado se vuelve, si se aguanta el tiempo necesario, incluso más bello de lo que era antes. En invierno nos parece siempre mentira la primavera, y en primavera nos olvidamos de las inclemencias del invierno. Es lo mismo que nos sucede a nosotros con nuestro devenir cotidiano. En medio de las tormentas que estamos viviendo creemos que sólo nos espera el Apocalipsis, pero ya ha habido borrascas peores antes de venir nosotros, y siempre termina saliendo el sol y cambiando milagrosamente lo que parecía imposible de regenerarse. Nuestro paisaje debe ser una metáfora a la que agarrarnos en estos tiempos que parecen tan caóticos y desnortados. Ya vendrán mejores días. Y luego pasará como con esta última primavera, que a mayores lluvias mayores esplendores. Todas esas alegrías que están por llegar serán más intensas que las que veníamos viviendo sin darnos cuenta de lo afortunados que éramos cuando estábamos habitando tan cerca del paraíso.
CICLOTIMIAS
Los cuadros también acaban pareciéndose a los ojos que los han ido mirando.
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