Estancia de Dña. Catalina de Riberol en la Villa de Guía de Gran Canaria
Estancia de Dña. Catalina de Riberol en la Villa de Guía de Gran Canaria (relato)
Por ALEJANDRO C. MORENO y MARRERO
PRÓLOGO DE NICOLÁS GUERRA AGUIAR
de un drama romántico se tratara, algo a la manera de “Werther”, de
“Don Álvaro o la fuerza del sino” o de “Los amantes de Teruel”, aunque
la acción la sitúa el autor en la primera mitad del siglo XVI,
asistimos en esta novela corta a la dramatización de un amor imposible
que conduce, inexorablemente, a la violencia, a la muerte, quizás
traído a mano por el destino fatal, por el sino trágico, que rompe la
felicidad de una pareja campesina a pesar de que parecía que había
conseguido todo a lo que en la vida puede aspirar: juventud, pasión
amorosa, amor, un hijo que la solidifica y que hace olvidar,
definitivamente, aquellos otros amores prohibidos porque él pertenece a
un estrato social villano, nada señorial.
Por ALEJANDRO C. MORENO y MARREROPRÓLOGO DE NICOLÁS GUERRA AGUIAR
Como si de un drama romántico se tratara, algo a la manera de “Werther”, de “Don Álvaro o la fuerza del sino” o de “Los amantes de Teruel”, aunque la acción la sitúa el autor en la primera mitad del siglo XVI, asistimos en esta novela corta a la dramatización de un amor imposible que conduce, inexorablemente, a la violencia, a la muerte, quizás traído a mano por el destino fatal, por el sino trágico, que rompe la felicidad de una pareja campesina a pesar de que parecía que había conseguido todo a lo que en la vida puede aspirar: juventud, pasión amorosa, amor, un hijo que la solidifica y que hace olvidar, definitivamente, aquellos otros amores prohibidos porque él pertenece a un estrato social villano, nada señorial.
Pasiones amorosas de otra pareja (él, el mismo villano anterior; ella, egregia señorita) que lleva tiempo viéndose a escondidas, que embriaga sus cuerpos con los vapores de la juventud y del deseo, del inicial amor acaso. Pero relaciones ilícitas, imposibles por el muy riguroso condicionante social: ella es la hija de un hombre de Leyes que llega a ser el personaje más importante de la Villa de Guía. Él, por el contrario, no es más que un peón, un don nadie, por más que su corazón rebose los más serenos y nobles sentimientos. Pero es la sociedad rígida, rigurosa, la que impone las normas. No hay posibilidad de transgresiones, por más que se trate de la felicidad de una hija, la única, educada en el más absoluto acatamiento a lo que sus padres deciden.
Y por eso, cuando la descubren en los brazos del amante -no se trata, por supuesto, del aspirante rico de Agaete- todo se viene abajo, todo se destruye y se encauza su vida, por más que ello signifique la desestabilización psíquica, la necesidad de una celda inquisitorial, de unas cadenas que la unan a la fría e impersonal estancia.
Hay sentimientos de no plenitud cuando se tiene la felicidad al alcance de la mano y surge algo que impide la recreación; corazones que se desbocan ante los roces carnales y que palpitan más allá de las continencias; venganzas con sangre inocente derramada porque el cuerpo del niño no es fruto de su propio parto; locuras y desequilibrios psíquicos que se dan la mano, como en sino fatal, con la imposibilidad de ser feliz.
Y a la manera romántica, la poderosa presencia de la muerte se va sintiendo a medida que pasan las páginas porque sabemos que algo violento ha de suceder, los lectores son conscientes de que no todo puede ser tan sencillo, tan simple, tan natural como es el natural amor entre dos jóvenes que se conocen y se desean.
Y desde el comienzo, un ser misterioso o, mejor, tres seres misteriosos que llegan de muy lejos, de la Italia mediterránea, que a pesar de sus riquezas, de sus posesiones, de sus negocios ya asentados, deciden embarcar y dejarlo todo –poder, dominio, relaciones sociales, presencia dominante- para encerrarse en Guía, en la Villa canaria, de costumbres, usos, maneras, lenguas distintas.
¿Por qué? ¡Ah! Eso lo sabremos solo al final, como en las tragedias románticas
En la Real Ciudad de Gáldar, Viernes 20 de Julio de 2007
La estancia de Dña. Catalina de Riberol en la Villa de Guía de Gran Canaria
En la mañana del 12 de abril de 1527 llegaba a la Villa de Guía, procedente de la ciudad italiana de Génova, el letrado D. Luís de Riberol y Fierro acompañado de su esposa Dña. Constanza Sopranis de Figueroa y de la señorita Dña. Catalina de Riberol y Sopranis, única hija del matrimonio.
D. Luís de Riberol había estudiado la carrera de Leyes en la Facultad de Derecho de la prestigiosa Universidad de Bolonia y pertenecía a una acomodada familia de comerciantes genoveses que construyeron una enorme fortuna debido a las ganancias obtenidas de la explotación y venta de la, por entonces, tan demandada caña de azúcar.
El matrimonio formado por D. Luís de Riberol y Dña. Constanza de Sopranis, al poco tiempo de haber establecido su residencia en la Villa de Guía, mandó levantar una inmensa casona de dos plantas y sótano en la calle de Enmedio, exactamente, en el solar donde, siglos más tarde, sería edificada la llamada “Casa de los Aguilares” (hoy “Casa de las Artesanías”).
El frontis de aquella casona estaba hermosamente adornado por un escudo heráldico en el que figuraban los apellidos Riberol (léase Ribarollo) y Sopranis (grafiado también Sobranis e, incluso, Soberanis). En la primera planta del edificio, tras pasar el zaguán, se llegaba a un amplio patio interior de estilo andalusí mediante el cual se accedía, por una puerta, al suntuoso despacho de D. Luís de Riberol, por otra, a las caballerizas (situadas al fondo del patio) y, por la puerta que llevaba hacia la trasera de la casa, a un jardín con huerta repleta de especies vegetales que la familia había traído consigo desde Italia. Luego, junto al patio, existían unas escaleras -casi interminables- que llegaban al segundo piso del edificio, lugar destinado a las habitaciones personales y dormitorios de los moradores de la vivienda.
El patriarca de la familia había abierto en esta localidad el primer despacho de abogacía del que se tienen noticias. D. Luís de Riberol, debido a su buen hacer profesional como letrado y, sobre todo, a la amabilidad que mostraba con todos sus convecinos, logró ganarse el cariño y respeto del pueblo guiense. Se convirtió, en muy poco tiempo, en uno de los personajes más destacados e influyentes de la municipalidad. Y es que, en 1531, ya figura como Alcalde Real de la Villa de Guía.
Mientras tanto, su mujer y su hija, de 17 años, dedican gran parte de su tiempo libre -que es, prácticamente, todo el día- a organizar las tertulias vespertinas que tenían lugar, muy a menudo, en el enorme jardín de la casa. Por aquellas reuniones de las artes y las letras pasó, según dejaron escritas las plumas de diversos cronistas de la época, gran parte de intelectualidad insular, además de otros muchos personajes relevantes que se encontraban de visita por el Archipiélago.
Entre una cosa y otra, Dña. Catalina de Riberol ya se acercaba a la edad casadera y sus padres, como se hacía comúnmente en aquellos tiempos, decidieron buscarle un pretendiente. El elegido para contraer matrimonio con la joven fue D. Rigoberto Cairasco, un importante banquero de origen genovés que, desde hacía algunos meses, residía en la Villa marinera de Agaete. No hay duda de que, en la opinión de los que iban a ser sus suegros, el Sr. Cairasco era lo que se denominaba un buen partido pues, debido a que su familia había sido muy bien tratada en los repartimientos de tierras procedentes de la época de la Conquista de las Islas, aunaba en su persona uno de los patrimonios más importantes del momento. Pero entre los muchos, muchísimos, inconvenientes que la hermosa Catalina halló en el terrateniente se encontraba el hecho de que D. Rigoberto le doblaba la edad varias veces y, por si esto fuera poco, carecía de atractivo alguno.
Ante semejante situación, la muchacha se negó con total y absoluta rotundidad a matrimoniarse con semejante individuo ya que, al parecer, llevaba algunos meses viéndose a escondidas con un apuesto joven labrador llamado Francisco García, natural de la Villa de Guía e hijo de una familia muy humilde de jornaleros.
Fueron varios los años que la pareja estuvo viéndose sin que sus padres pudieran percatarse de nada anormal hasta que, un día, D. Luís de Riberol y Fierro -ante el extraño comportamiento de su niña- envió a Silvestre Rodríguez (el jardinero) a seguirla, puesto que la joven todas las mañanas salía a la misma hora sin que nadie supiera hacia donde se dirigía.
Este episodio sería, sin duda, un importante punto de inflexión en sus vidas, pues el jardinero -tras seguir a Dña. Catalina de Riberol hasta una hacienda cercana a la Ermita de San Sebastián propiedad del patricio guiense D. Gaspar Suárez de Medina, lugar de trabajo de su amado- vio besarse a la pareja. Tal y como era de esperar, Silvestre Rodríguez corrió con la noticia a su señor, quien entró en cólera y fue, raudo y veloz, en busca de su hija.
D. Luís, acompañado de varios hombres a caballo, llegó a la hacienda y se percató de que, junto a establo, se hallaba Catalina acaramelada con su enamorado Francisco García, con lo que, sin apenas mediar palabra, tomó a la muchacha del brazo y la llevó de regreso a casa.
Mucho tiempo fue el que pasó la joven Catalina castigada en su habitación, absolutamente incomunicada con el mundo exterior. Su amado, Francisco, cada día pasaba frente a su casa en el trayecto de ida y venida a su lugar de trabajo, pero nada sabía de ella. La tristeza y la melancolía estaban menguando la vida del labrador. Apenas comía. No tenía ganas de seguir viviendo.
Pero, tras casi siete años de tristeza, Francisco García conoció a María de los Remedios González, una guapísima joven de esbelta figura, melena al viento y unos ojazos verdes con la que nuestro hombre aprendería a amar de nuevo. La hermosa muchacha trabajaba al servicio de la familia Suárez de Medina, dueños de la hacienda donde también lo hacía Francisco.
María de los Remedios, desde un primer momento, se enamoró perdidamente del labrador y, al poco tiempo, quedó embarazada. La pareja estaba radiante de felicidad. Todo iba maravillosamente bien. Francisco, auque aún no había olvidado del todo los momentos de felicidad vividos junto a su anterior amada, estaba embelesado con su nuevo amor.
Mientras, Catalina de Riberol, debido al encierro en su habitación y también a que entre sus parientes había ciertos antecedentes de desequilibrio mental, enfermó muy gravemente de la cabeza. Aquella patología le venía heredada por la rama de su madre, ya que tanto la abuela como un tío de Catalina habían fallecido tras haber perdido el juicio en extrañas circunstancias.
Fue tal el desquiciamiento mental que sufrió, que sus padres se vieron obligados a construir en el sótano una especie de mazmorra protegida con unos fuertes barrotes de hierro para allí aislar a su hija demente, pues se mostraba bastante agresiva.
Al mismo tiempo que esto ocurría en la Casa Riberol-Sopranis, Francisco estaba inmensamente ilusionado con el nacimiento de su hijo, su primer hijo. En esto, el día 8 de Diciembre de 1548, María de los Remedios González daba a luz a un varón que llevaría también el nombre de Francisco, como su padre. Este hecho hizo que el labrador olvidara, de forma definitiva, lo que había ocurrido en su relación anterior y se centrara en la crianza de su niño, quien había heredado la belleza y los ojos verdes de su madre, además de la gracia y simpatía de su padre.
Catalina, por su parte, se encontraba apresada en aquella fría y oscura mazmorra del sótano. Se hallaba sujeta a la pared con unas gruesas cadenas. Tenía la fuerza de una bestia indomable, por lo que era necesario que los médicos, casi a diario, pasaran por allí para observar su estado y, especialmente, atenuar sus continuos ataques de histeria.
Sin embargo, con el paso del tiempo, Catalina mejoró ostensiblemente en sus facultades psíquicas. Ahora, los episodios de desequilibrio mental se alternarían con los momentos de cierta lucidez. Todo ello y, por supuesto, el visto bueno de los médicos que la estaban tratando, hicieron que sus padres tomaran la decisión de trasladarla de nuevo a su habitación, en la segunda planta de la vivienda. Su mejoría fue considerable.
D. Luís de Riberol y su esposa, Dña. Constanza, veían con buenos ojos que su hija hiciera, nuevamente, vida normal pero, eso sí, dentro de su casa de la calle de Enmedio, edificio que también daba al llamado callejón de León.
Dña. Catalina, muy mejorada pero nunca lo bien que sus padres e, incluso, los propios médicos creían, estaba casi todo el día mirando desde detrás de los cristales de la ventana de su habitación, hacia la calle. Su aspecto físico era escalofriante. Sus ojos, visiblemente enrojecidos, se presentaban como los únicos anunciantes de lo que podía suceder.
A pesar de este panorama, el 21 de enero de 1549, Francisco García casaba en el templo de la Villa de Guía con su prometida María de los Remedios González. Diariamente y ajeno a todo, el matrimonio pasaba calle de Enmedio arriba y abajo en el trayecto que, luego tomando el callejón Esquivel (callejón que, actualmente, va desde la calle de Enmedio hasta la zona cercana a los Juzgados), le llevaba hacia la finca en la cual ambos trabajaban, como decíamos, propiedad de D. Gaspar Suárez de Medina y ubicada por las inmediaciones de la Ermita de San Sebastián.
La feliz pareja, residente entonces en una casa muy humilde de la calle de la Carnicería, iba ocasionalmente a su trabajo acompañada de su hijo de pocos años de edad, al que le encantaba jugar con los animales de la finca (vacas, cabras, ovejas, conejos, gallinas...): Francisquito se había convertido en la alegría de aquella hacienda. Era lo que se denomina un niño despierto y espabilado, pues, con frecuencia, hacía preguntas a los mayores impropias de su edad. Era una ricura.
Pero aquella situación de paz y sosiego daría un giro inesperado la noche del 14 de Septiembre de 1553, cuando Catalina de Riberol -sabedora de todo ello y corroída por los celos- aprovechó que su madre, Dña. Constanza de Soberanis, estaba en misa y que sus cuidadoras se hallaban en la huerta, para escapar de su habitación. La hora de paso de la familia de labradores se acercaba y, al verlos venir a lo lejos, fue a la cocina en busca de un cuchillo. Fuera de sí y cuchillo en mano se dirigió -como alma que lleva el diablo- a la calle y, cuando se hallaban hacia media altura del callejón Esquivel, los abordó bruscamente y por sorpresa.
La tragedia se respiraba en el ambiente. Catalina, descalza y vestida con un largo traje blanco de corte medieval, se hallaba tan desmejorada física y psíquicamente que se mostraba casi irreconocible. En esto, sin mediar palabra alguna, asestó una cuchillada letal al niño de apenas 5 años, quién cayó muerto al suelo. Acto seguido, intentó hacer lo mismo con su padre -el amor que nunca pudo olvidar- pero, en vista de que no lo consiguió, fue en busca de María de los Remedios, a quién si lograría dar varias cuchilladas en el abdomen y que fallecería desangrada a los pocos minutos.
Ante semejante escena y, especialmente, alertados por el griterío que salía del callejón Esquivel, muchos vecinos se dieron cita en el lugar provistos de palos y piedras. Entonces, Catalina de Riberol, asustada, echó a correr risquetes abajo en dirección al Barranco.
Estuvo varios días desaparecida pero el 18 de Septiembre de 1553 fue descubierta por la Guardia Militar escondida en la cueva que existe junto al lugar donde, actualmente, se encuentra la Presa de las Garzas. Desde entonces, aquella excavación en la roca fue denominada “Cueva de Catalina de Riberol”, en alusión a aquel episodio.
Dña. Catalina de Riberol y Sopranis fue juzgada y condenada a muerte. Su ejecución tuvo lugar el día 2 de Agosto de 1554 en la horca que se instaló, para la ocasión, en la Plaza Mayor de la Villa de Guía de Gran Canaria. Todo el pueblo estuvo presente en aquel ajusticiamiento, el único que se recuerda en esta municipalidad.
Sus padres marcharon nuevamente a Génova. Jamás se supo de ellos, a excepción de lo escrito en una carta que, desde Italia, Dña. Constanza de Sopranis envió a Fray Juan de Mendoza (su confesor espiritual) y en la que decía que se sentía culpable de lo ocurrido ya que, debido a un despiste suyo, hubo varias muertes, incluida la de su hija Catalina. Además, en otro fragmento de la mencionada misiva, rogaba a su destinatario que hiciera llegar a las gentes de Guía que se encontraba muy apenada y avergonzada ante lo sucedido.
A todo esto, las investigaciones policiales averiguaron, décadas después, que el motivo real por el cual la familia Riberol-Sopranis vino a las Islas Canarias, había sido con el afán de proteger a su hija de la justicia genovesa pues, curiosamente, Dña Catalina de Riberol, cuando sólo era una adolescente, asesinó a una prima suya a la que tenía celos.
Desde que ocurrió el suceso del Callejón Esquivel ya han pasado alrededor de cinco siglos; no obstante, se comenta que, en dicho lugar, ciertas noches se ve vagar la figura espectral de una mujer de mediana edad ataviada con vestimentas propias del s.XVI y que lleva de la mano a un niño pequeño que llora.
ALEJANDRO C. MORENO y MARRERO
En Guía de Gran Canaria, Domingo 15 de julio de 2007
NOTA DEL AUTOR: Este texto responde a lo que, en sentido literario, se ha denominado “relato corto”. Por ello, quisiera dejar bien claro que la historia que hoy he tratado de contar, nunca sucedió en la vida real sino que, por suerte, ha surgido de mi imaginación y, consiguientemente, es una total y absoluta ficción. Eso sí, me gustaría aclarar que intenté no caer en incongruencias de tipo temporal, es decir, todo el desarrollo de la trama se ajusta perfectamente al contexto histórico habido en el momento en el que he situado la narración (s.XVI).
AGRADECIMIENTOS: Al Prof. NICOLÁS GUERRA AGUIAR, mi querido y admirado amigo, no sólo por haber accedido a escribirme el prólogo (en mi opinión, una verdadera delicia) sino por sus oportunísimas indicaciones y observaciones, además de por la precisa corrección final del trabajo. Y, por supuesto, también a JAVIER ESTÉVEZ DOMÍNGUEZ por la magnífica fotografía que me facilitó para la portada del libro. A los dos, muchísimas gracias. Les estoy infinitamente agradecido.
IMAGEN PORTADA:
Vista del Callejón Esquivel con la Casa de los Aguilares al fondo.
Fotografía realizada por JAVIER ESTÉVEZ DOMÍNGUEZ (2007).
Cuando llevábamos un sueño en cada trenza
"Cuando llevábamos un sueño en cada trenza"
Una historia de deseos rotos
Libro de Eugenio Suárez-Galbán Guerra
Esta obra de costumbrismo social narra las desventuras de un grupo de
amigas que han despertado de los sueños de la infancia y de una monja
especialmente brillante resignada a vivir los designios de Dios. Kailas
Editorial presenta Cuando llevábamos un sueño en cada trenza, una obra
escrita con agudeza que hará recordar al lector los sueños incumplidos
de la niñez.
Libro de Eugenio Suárez-Galbán GuerraEsta obra de costumbrismo social narra las desventuras de un grupo de amigas que han despertado de los sueños de la infancia y de una monja especialmente brillante resignada a vivir los designios de Dios. Kailas Editorial presenta Cuando llevábamos un sueño en cada trenza, una obra escrita con agudeza que hará recordar al lector los sueños incumplidos de la niñez.
Eugenio Suárez-Galbán Guerra describe con gran expresividad la evolución de España desde la posguerra a través de las reuniones de un grupo de amigas de clase baja en el bar de toda su vida, la tasca de Lucio y Pancracia.
Los años han pasado para Pili, Puri, Trini, Mari... y los sueños de la infancia se han desvanecido. Las aspiraciones artísticas de Pili terminaron cuando oposita a policía municipal y la religiosidad de Puri desapareció cuando se convierte en prostituta. Trini creyó un día en el matrimonio perfecto y Mari sigue insatisfecha con su vida. Juntas recuerdan las experiencias que han compartido entre risas y lágrimas.
La trama oscila con una estructura perfecta donde los personajes se intercalan con la voz de una monja octogenaria, ilustrada y liberal en la dictadura de Franco, que plantea sus dudas a un dios que le ha dado una vida llena de renuncias. Desubicada en nuestro tiempo, se revela contra la vejez que intenta quitarle el ingenio que tuvo en el pasado.
Eugenio Suárez-Galbán Guerra es profesor universitario en diferentes universidades internacionales. Además acredita una larga trayectoria, de más de treinta años, como crítico, ensayista novelista y poeta. Obtuvo el Premio Sésamo 1982 con Balada de la guerra hermosa. Ha publicado también Como una brisa triste y Los potros de bárbaros atilas y otros cuentos.
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VER EL PREGÓN DE SUAREZ-GALBÁN EN LAS FIESTAS DE LA VIRGEN DE 2001
La Comarca Noroeste, en el corredor de la muerte. Antonio Aguiar
La Comarca Noroeste, en el corredor de la muerte
veo a nuestra comarca como consecuencia de la nueva suspensión de la
Variante de Bañaderos. Hasta la misma denominación "Corredor del
Norte", generalmente utilizada, parece una broma macabra para una zona
que fue el granero de la isla hasta la llegada del turismo. Antonio Aguiar
Antonio Aguiar
Así veo a nuestra comarca como consecuencia de la nueva suspensión de la Variante de Bañaderos. Hasta la misma denominación "Corredor del Norte", generalmente utilizada, parece una broma macabra para una zona que fue el granero de la isla hasta la llegada del turismo.Hace pocos días salió a la luz la enésima sentencia que paraliza la Variante del Norte. Desgraciadamente, los peores augurios se confirmaron y el proyecto de nuevo trazado por el interior propuesto en su día por la Mancomunidad del Norte, es irrealizable, lo que prolonga indefinidamente el sufrimiento de los habitantes de la Comarca Noroeste, cuya paciencia y pacifismo son dignos de elogio. Ya se conocen casos en los que residentes en la zona han optado por trasladar su domicilio hacia el centro-capital, ante una situación cuya solución vislumbran lejos en el tiempo.
El problema radica -obviamente- en la colisión de intereses existente en el seno de la Mancomunidad del Norte. Basta con leer las declaraciones de los alcaldes, cuyo tono varía en función de la mayor o menor afectación a sus municipios. No nos engañemos: la Mancomunidad del Norte no va a poder resolver este problema. Sin entrar a cuestionar su utilidad en otros asuntos, es evidente que, en este caso, Arucas no tiene los mismos intereses que La Aldea o Agaete, Gáldar, Guía o Moya. Arucas, legítimamente, quiere recuperar parte del trazado de la carretera vieja para ocio y promoción turística, pero no es admisible que esos intereses se superpongan a los de toda una comarca cuyo desarrollo se ve frenado por la inacabada autovía del norte; tal es así, que el actual Alcalde de Arucas coincide con BEN MAGEC en la propuesta de soterramiento del tramo entre Quintanilla y El Portillo, alternativa irrealizable, tanto económica como técnicamente. Por si fuera poco, la obra de soterramiento implicaría el cierre temporal de la actual vía por unos tres años, lo que rallaría en el ensañamiento con la población del Noroeste Grancanario.
CRUCE DE ARUCAS - BAÑADEROS
Desde hace años hay, en el tramo CRUCE DE ARUCAS – BAÑADEROS, tres carriles, uno de ellos aprovechando los arcenes, lo que debilita la seguridad del tráfico y ocasiona numerosos accidentes y atascos. Prueba de la contraposición de intereses lo constituye la ausencia de arcenes y mediana en este tramo, lo que ha imprimido siempre una áurea de provisionalidad a la vía, para justificar la -imposible- ejecución de la “requeteanulada” Variante de Bañaderos, poniendo al límite de la desesperación a los residentes en la Comarca Noroeste.No olvidemos que el trazado de la vía que sufrimos en la actualidad fue expropiado hace más de 35 años y el proyecto de desdoblamiento aprobado hace más de diez años. Ello permitiría aprovechar los carriles ya existentes y cumplir con la Ley de Directrices. La experiencia demuestra que el nuevo trazado, por el interior, está condenado al fracaso. Los intereses en presencia propiciarán una y otra vez recursos judiciales que conseguirán el aplazamiento “sine die” del nuevo corredor del norte.
La situación es de tal magnitud que si la Mancomunidad del Norte no desiste del proyecto de Variante de Bañaderos anulado, los municipios de la Comarca Noroeste deberían plantearse la segregación de la actual Mancomunidad del Norte y recuperar la vieja idea de la Mancomunidad del Noroeste para, desde ella, reivindicar con uñas y dientes la solución inmediata del problema.
PROPUESTA
En definitiva, como se trata de aportar soluciones factibles, me permito sugerir las siguientes:
TRAMO PAGADOR - BAÑADEROS
- Quitar los semáforos
- Poner pasos de peatones aéreos
- Cerrar la rotonda de San Andrés en las horas punta, de forma que el tráfico sea continuado.
- Elevar el límite de velocidad a 80 km/h en el sentido Norte-Las Palmas. Si el argumento para poner un ridículo límite de 50 en una vía interurbana se basó en la cercanía de un núcleo de población, entendemos que en los carriles mas alejados, los que discurren hacia la capital, una vez instalados los pasos peatonales aéreos, podría elevarse el límite de velocidad.
- Simultáneamente, llevar a cabo al obra de cuatro carriles "como Dios manda", sobre la misma via.
TRAMO BAÑADEROS - CRUCE DE ARUCAS
- Sencilla y llanamente, construir el ansiado CUARTO CARRIL, con arcenes y mediana seguros.
- Mientras se acomete la obra, secundamos la propuesta de que se retome la antigua reversibilidad de los carriles en este tramo mediante la utilización de señales luminarias u otras en horas punta.
EPÍLOGO
No obstante, somos conscientes de que queda otro punto negro: el túnel Julio Luengo. La congestión Norte-Las Palmas en este túnel entre las 7:00 y las 9:00 de la mañana demuestra que ni la Variante ni la duplicación solucionarán definitivamente los problemas de las colas en este horario. Pero la solución propuesta, unido a la duplicación -ya en construcción- del tramo PAGADOR-GUÍA, aliviaría bastante la situación.
TEXTO: Antonio Aguiar.
16 de octubre de 2007.
FOTOS: LA PROVINCIA
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Actualmente hay tres carriles, uno de ellos aprovechando los arcenes, debilitando la seguridad del tráfico y donde se han producido numerosos accidentes y atascos. La duplicación significaría la construcción de 4 carriles, 2 en cada sentido separados por una mediana y 2 arcenes en condiciones de seguridad acordes a las leyes viales y carreteras.
Este proyecto fue aprobado hace más de 10 años y licitado, donde finalmente, se indemnizó al constructor por no llevarse a cabo, para así facilitar el proyecto de la variante de Bañaderos, ahora anulado judicialmente.
Antonio Hdez, portavoz de los ecologistas, cree que si la Mancomunidad del Norte quiere solucionar el problema de la carretera de Bañaderos tiene que usar el actual trazado, ya expropiado desde hace más de 35 años y proyecto aprobado de desdoblamiento desde hace más de diez años, aprovechando así los carriles ya existentes y cumplir con la Ley de Directrices que así lo establece.
Solicitan que se inicie ya la reversibilidad de los carriles en tramos con vías impares mediante la utilización de señales luminarias u otras en horas punta, para así descongestionar el tráfico en la dirección Las Palmas-Norte.
El problema de la congestión Norte-Las Palmas lo representan el túnel de Julio Luengo y la altísima densidad de tráfico que se da en ésta vía entre las 7:00 y las 9:00 de la mañana, lo que demuestra que ni la Variante ni la duplicación solucionarán los problemas de las colas en este horario. El cuarto carril que está a punto de comenzarse su ejecución, la Mancomunidad impuso que no tuviera arcenes ni mediana, para así mantener la condición de provisionalidad y justificar la Variante de Bañaderos.
Pedimos que se realice este proyecto provisional, que incluya arcenes y mediana para garantizar la seguridad del tráfico y las personas y a la Mancomunidad del Norte que desista del proyecto de Variante de Bañaderos puesto que está anulado y no se podrá realizar nunca.
Recomiendan como solución definitiva sea soterrado el tramo de Bañaderos, que consiste en construir la vía enterrada desde Quintanilla hasta El Portillo, para esconder la carretera y realizar una zona de ocio y disfrute en el espacio ocupado, tal y como prometió el alcalde de Arucas en su programa electoral.
Consideramos que los alcaldes llevan actuando de forma irresponsable desde hace más de 10 años, que deben asumir sus responsabilidades y no pueden hacer esperar 20 años más a los ciudadanos del norte. Esta sentencia podrá tener repercusiones sobre otros proyectos viarios planteados en el Plan Insular de Gran Canaria, por ser insostenibles frente a la Ley de Directrices y no aprovechar las vías ya existentes.
FOTO: LA PROVINCIA
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Por Javier Estévez
Por sentido común, siempre me he sentido republicano. He llegado a
entender las derivadas, las integrales, la tabla periódica de los
elementos y hasta ciertos problemas de física cotidiana. Sin embargo,
a la monarquía, por mucho que me esfuerce, no la entenderé jamás.
Cuando cursé el bachiller, uno de los pocos episodios de la historia
nacional que más llamaron mi atención fue, sin duda, la II República.
Por Javier EstévezPor sentido común, siempre me he sentido republicano. He llegado a entender las derivadas, las integrales, la tabla periódica de los elementos y hasta ciertos problemas de física cotidiana. Sin embargo, a la monarquía, por mucho que me esfuerce, no la entenderé jamás. Cuando cursé el bachiller, uno de los pocos episodios de la historia nacional que más llamaron mi atención fue, sin duda, la II República. No tengo dudas de que el 14 de abril de 1931, el nacimiento de la España republicana, fue un acontecimiento histórico irrepetible. La proclamación de la II República Española encarnó el sueño de un país capaz de ser mejor que sí mismo, y reunió en un solo esfuerzo a todos los españoles que aspiraban a un porvenir de democracia y de modernidad, de libertad y de justicia, de educación y de progreso, de igualdad y de derechos universales para todos sus conciudadanos.
Pese a la brevedad de su vida, la II República desarrolló en múltiples campos de la vida pública una labor ingente, que asombró al mundo y situó a España en la vanguardia social y cultural. Entre sus inquietudes, bastaría citar la reforma agraria, el sufragio femenino, los avances en materia legislativa de toda índole, la separación efectiva de poderes, las constantes y modernísimas iniciativas destinadas a difundir la cultura hasta en las comarcas más remotas, el decidido impulso de la investigación científica o el florecimiento ejemplar no sólo de la educación, sino también de la asistencia sanitaria pública; aquel bello propósito generó insospechadas realidades, que habrían sido capaces de cambiar la vida de un pueblo condenado a la pobreza, la sumisión y la ignorancia por los mismos poderes -los grandes propietarios, la facción más reaccionaria del Ejército y la jerarquía de la Iglesia Católica- que se apresuraron a mutilarlo de toda esperanza.
Los intelectuales tuvieron un protagonismo especial durante la Segunda República. La gran mayoría apoyó sin fisuras la política reformista del gobierno de Azaña y colaboró en la acción de extensión cultural del Gobierno republicano. Algunas compañías teatrales, integradas por actores profesionales y estudiantes, visitaron pueblos apartados del país llevando las principales obras del repertorio teatral español. La más conocida de ellas fue La Barraca, un proyecto personal del poeta García Lorca.
Las Misiones Pedagógicas, germen de las actuales Universidades Populares, tuvieron un objetivo similar: la difusión de la cultura entre una población mayoritariamente analfabeta: bibliotecas ambulantes, conferencias, charlas, recitales de poesía, proyecciones de películas, exposiciones con reproducciones de obras del Museo del Prado, y un afortunado etcétera.
La generación del 27 pasó al primer plano durante el periodo republicano. El grupo de poetas fue excepcional. Basta simplemente con mencionar a sus integrantes: Dámaso Alonso, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Miguel Hernández y García Lorca. A veces siento que sus letras alimentan mucho más que el pan.
Siempre me he preguntado si mi pueblo, Guía de Gran Canaria, fue impermeable a esos anhelos de cambio y de prosperidad, a esa deflagración cultural sin precedentes que se extendía por toda la geografía nacional.
Afortunadamente, la publicación del semanario guiense La Voz del Norte, entre enero de 1931 y octubre de 1932 permite acercarse y fotografiar la realidad municipal y comarcal durante el nacimiento y los primeros pasos de este periodo republicano.
Gracias a la labor impagable de Sergio Aguiar Castellano y María del Carmen Mendoza Hernández, hemos podido reunir, seleccionar y exponer muchas páginas de este semanario. De este modo, la exposición “Guía de Gran Canaria a través del semanario La Voz del Norte: 1931-1932”, que se inaugura el próximo lunes 15 de octubre a las 19:30 en la Casa de la Cultura, trata de ilustrar las inquietudes culturales, políticas, sociales de muchos guienses, encabezados por los próceres Juan García Mateos, Néstor Álamo y Miguel Santiago, que lejos de mostrarse impenetrables a las nuevas expectativas que se abrían en el horizonte político, cultural, social y económico, extendieron e ilustraron sus inquietudes a través de esta publicación.
Temas tan actuales como las necesarias reformas educativa y agraria, el papel de la mujer en política y en la sociedad, la perenne crisis del plátano o los hábitos alimenticios de la población, colmaban, hace setenta y seis años, los editoriales y muchas columnas de esta publicación. También se hacían hueco entre las portadas y artículos expuestos en páginas interiores, reflexiones sobre políticas forestales, la preocupación por el estado de las arboledas y cavilaciones en torno a la evolución urbanística de la entonces Guía republicana. Todo aderezado con apasionados poemas, sugerentes anuncios publicitarios e interesantes curiosidades de la vida cotidiana municipal, que muestran , a través de las letras, las quimeras y las legítimas aspiraciones de un pueblo que, como otros muchos, una noche se acostó monárquico y despertó, con la alborada, republicano y soñador.
"EntonceS". Angela Ramos

Sección dedicada a la poesía escrita por guienses

"EntonceS"
Ángela Ramos

Sección dedicada a la poesía escrita por guienses
Ángela Ramos
"EntonceS"
y entonces
di de bruces
contra tus labios asustados
y me quedé atrapada
en una noche anónima
y tuve miedo entonces
del tacto de tus manos,
de tu piel solitaria,
de tu cuerpo sin nombre
pero al pasar los días
las semanas tejieron
una tela ligera
sobre nuestra confianza
y empecé a sentirte
tan cercano y tan dentro
que construí un refugio
bajo tu pupila gris
pero luego te ibas
como si te escaparas
o como si fuera yo
quien temiera tenerte
y no pude evitar
el temor a tus labios
y fui escapando entonces
de ti como fuego
desde entonces a veces
te construyo en la sombra,
te recuerdo y te toco
con mis dedos de sueño
y así vuelves entonces
a cubrirme de besos,
a quererme y hablarme
de tus ansias de mí
pero al despertar te veo
siendo sueño del sueño,
siendo sombra en la noche,
siendo deseo sin fin.
COMENTARIO
La autora, natural de Guía de Gran Canaria, se inició precozmente en el mundo literario. Con nueve años ganó un concurso de relatos dedicado al libro, y ya en el Instituto de esta localidad, donde realizó sus estudios de bachillerato, despuntaba cada año por su dedicación a la escritura, lo que le reportó premios provinciales convocados por el Ministerio de Cultura.
Con el paso de los años, la autora, ya asentada en La Laguna, donde estudió Filosofía y Periodismo, obtuvo en 1991 y 1993 el Primer Premio en el Certamen de Cuentos organizado por la Dirección General de Juventud del Gobierno de Canarias y, en 1992, el accésit en el Concurso de Cuentos de la Caja General de Ahorros de Canarias.
Durante esos años, también tuvo la oportunidad de trasladarse a Francia, donde colaboró en Radio Francia Internacional sin abandonar la literatura.
Su anterior libro llevaba por título "Faltó la primavera".
Javier Estévez.
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Pablo Artiles
Por Alejandro C. Moreno y Marrero
Desafortuna- damente, esta ciudad de Santa María de Guía siempre ha sido bastante proclive a encumbrar a las alturas a personajes muy variopintos carentes de cualquier tipo de interés y, por el contrario, a negarle los méritos a aquellas personalidades que en realidad sí que los merecen.
PABLO
ARTILES, UN POETA GUIENSE EN EL OLVIDO
Por Alejandro C. Moreno y Marrero
Desafortunadamente, esta ciudad de Santa María de
Guía siempre ha sido bastante proclive a encumbrar a las alturas a personajes muy
variopintos carentes de cualquier tipo de interés y, por el contrario, a negarle
los méritos a aquellas personalidades que en realidad sí que los merecen. Por
ello, si se nos permite, en esta ocasión nos gustaría acercarnos al prolífico poeta
y escritor guiense Pablo Artiles, una de las más destacadas figuras de las
letras canarias del pasado siglo y que, sin embargo, a día de hoy es un
completo desconocido en su pueblo natal.
Así, Pablo Artiles Rodríguez (Guía de Gran Canaria 1906 –
Las Palmas de Gran Canaria 1983), estudia en el Seminario de Las Palmas de Gran
Canaria, lugar desde donde -al concluir sus estudios de bachillerato- marcha a la Universidad
Gregoriana de Roma. En esta prestigiosa universidad se Doctora
en Escolástica y en Sagradas Escrituras, realiza la Licenciatura en Filosofía
y Letras (obteniendo el número uno en las oposiciones a la Cáthedra de Lengua
Italiana) y, además, alcanza el Doctorado en Derecho y la Licenciatura de
Teología.
Pero a pesar de sus múltiples titulaciones académicas, no
hay duda de que lo que verdaderamente nos ha llevado a profundizar en la figura
de Pablo Artiles es su riquísima y extensa obra literaria. En este sentido, entre
sus libros publicados se encuentran: “De Gran Canaria a Roma” (1935), “Isla
Azul” (1937), “Espigas” (1946), “Luz y Leyenda” (1948), “Cumbres arriba”
(1951), “Las campanas son de bronce” (1967), “Doce campanadas” (1972), etc.
Asimismo, dejó escritos cientos de artículos en prensa e innumerables colaboraciones
en antologías literarias.
Según algunos estudiosos, existe una valiosa colección aún
inédita de cuadernillos que contiene varios diarios, relaciones de viajes,
descripciones de paisajes insulares, novelas históricas, cuentos de ambiente
canario y otros muchos escritos poéticos (prosa) y variedad de composiciones en
verso, con una recopilación de romances sobre hechos históricos de Canarias y
episodios nacionales. Por otro lado, Pablo Artiles también recopiló una gran
cantidad de palabras del lenguaje popular canario, letras de cantares del
pueblo, romances e infinidad de cantos infantiles.
Es la ilusión tan dorada
Como la espuma del mar:
Cuando la vas a tocar
Es espuma, espuma… y nada.
Aquella estrella fugaz
Que en noche oscura brilló
En mi pecho se encendió
Como un mensaje de paz.
Y aunque era una ilusión
Que por el cielo cruzaba
Con la poca luz que daba
Alumbró mi corazón.
Y aquí le tengo prendida,
Y el alma toda se enciende,
Y de modo que sorprende,
Me está causando una herida.
Y está mi pecho encendido
De tibia luz sonrosada,
Entre despierto y dormido.
Tengo estrellas como flores,
En el corazón brillantes,
Como rosas o diamantes
De matizados colores.
Fugas estrella dorada,
Quien te pudiera tener
Siempre en el pecho clavada.
Esta ilusión tan dorada
Como la espuma del mar:
Cuando la vas a tocar,
Es espuma, espuma… y nada.
(Poema de Pablo
Artiles titulado “Estrellas e ilusiones”)
A su regreso a las Islas Canarias, Pablo Artiles ejerció
el sacerdocio en diversas Parroquias del Archipiélago, fue Director de la Escuela de Magisterio de
Las Palmas de Gran Canaria y profesor en diversos centros de enseñanza.
En fin, tras muchísimo tiempo de
ostracismo en esta ciudad que le viera nacer hace ya 101 años, esperamos y
deseamos haber hecho justicia con la figura del insigne poeta y escritor guiense
Pablo Artiles, alguien que -como se ha podido observar a lo largo del presente
artículo- ha hecho méritos más que suficientes para que hoy le hayamos dedicado
estas líneas a su trayectoria como hombre de letras y, por supuesto, también como
guiense ilustre. Para él vaya nuestro recuerdo, nuestro total y absoluto
reconocimiento, nuestro modesto homenaje.
BIBLIOGRAFÍA Y OTRAS
FUENTES CONSULTADAS:
ARTILES, Joaquín y QUINTANA
MARRERO, Ignacio: “Historia de la
literatura canaria”. Las Palmas de Gran Canaria, 1978. ARTILES RODRÍGUEZ, Pablo: “De Gran Canaria a Roma”. Las Palmas de
Gran Canaria, 1936. ARTILES RODRÍGUEZ, Pablo: “Espigas, ensayos sobre motivos de
Gran Canaria”
(prólogo de D. Joaquín de Entrambasaguas). Las Palmas de Gran Canaria, 1946. ARTILES
RODRÍGUEZ, Pablo: “Las campanas son de
bronce”. Madrid, 1967. ARTILES RODRÍGUEZ, Pablo: “Léxico
canario de las voces y expresiones populares usadas en la novela titulada Las
campanas son de bronce". Madrid, 1968. ARTILES RODRÍGUEZ, Pablo: “Luz y leyenda”. Las Palmas de Gran
Canaria, 1948. NUEZ CABALLERO, Sebastián (de la): “Contemporary poetry from the Canary Islands” (Antología de la poesía
canaria del siglo XX). Londres, 1992. QUINTANA, José: “Poetas de las
Islas Canarias (siglo XX)”. Bilbao, 1970. RODRÍGUEZ PADRÓN, Jorge: “La narrativa en Canarias”. Islas
Canarias, 2002. RODRÍGUEZ PADRÓN, Jorge: “Primer
ensayo para un diccionario de la literatura en Canarias”. Islas Canarias,
1992.
La obra de la nueva carretera del Norte saca a la luz una necrópolis aborigen
La obra de la nueva carretera del Norte saca a la luz una necrópolis aborigen
Elseguimiento arqueológico que se lleva a cabo a las obras de duplicación
de la nueva carretera del Norte en el tramo de la autovía de Guía a El
Pagador (Moya) ha permitido sacado a la luz una necrópolis prehispánica
en las cuevas del acantilado de San Felipe. La consejerías de Obras
Públicas del Gobierno de Canarias y de Cultura del Cabildo de Gran
Canaria y la empresa Arqueocanarias han fijado un plan de actuación
para proteger la zona y extraer los restos.
El seguimiento arqueológico que se lleva a cabo a las obras de duplicación de la nueva carretera del Norte en el tramo de la autovía de Guía a El Pagador (Moya) ha permitido sacado a la luz una necrópolis prehispánica en las cuevas del acantilado de San Felipe. La consejerías de Obras Públicas del Gobierno de Canarias y de Cultura del Cabildo de Gran Canaria y la empresa Arqueocanarias han fijado un plan de actuación para proteger la zona y extraer los restos.La cercanía con el conjunto aborigen del Cenobio de Valerón, el Tagoror del Gallego, las cuevas habitacionales de Morro del Verdugado y la Montañeta de Moya hacían predecir “destacado potencial patrimonial” de la costa Norte. Con estos precedentes, la posibilidad de que surgieran nuevos restos prehispánicos en toda esta zona, conocida con el vocablo aborigen de Lairaga, eran especialmente elevadas cuando se comenzaron los trabajos de la nueva autovía.
El seguimiento del trazado por el que discurrirá la nueva autovía ha permitido sacar a la luz los primeros vestigios prehispánicos ligados a una necrópolis localizada en cuevas y solapones en los acantilados de la playa de San Felipe, aunque de momento es muy pronto para fijar su verdadera antigüedad.
La empresa Arqueocanarias han censado 33 cuevas con potencialidad arqueológica para “ser tenidas en consideración” en las llamadas Cuevas de San Felipe, en Guía, para cuyo descubrimiento se requirió la colaboración de una empresa especializada en trabajos en altura para descender por los riscos en esta zona que se verá afectada por la carretera en construcción.
HORNO DE CAL. Dentro de las cuevas, los arqueólogos localizaron huesos humanos en superficie en una de las cuevas y restos de muros de cerramiento en la boca de las cavidades, que son “característicos de este tipo de depósitos funerarios”. Chely Marrero, de Arqueocanarias, corrobora que estos restos son anteriores a la Conquista, aunque deberá establecerse la antigüedad exacta, y no descarta la localización de utensilios de la época.
La Consejería de Obras Públicas del Gobierno canario y la de Cultura del Cabildo han fijado una serie de acciones en colaboración con la empresa responsable del seguimiento para excavar las zonas de mayor interés y proteger las cuevas y solapones más destacados.
Obras Públicas también ha aprobado un plan de actuación para la recuperación del sendero aborigen de San Felipe, que está afectado parcialmente por unas obras de una compañía telefónica. Precisamente, en esta zona se localizó un antiguo horno de cal de tipología común, que también será acotado para su conservación.
FUENTE: LA PROVINCIA. 07.10.07
El arco iris

EL ARCO IRIS
Por Santiago Gil
calles mojadas, resol en las fachadas de algunas casas y aquella
sensación de apego absoluto a la naturaleza. Levantabas la vista y te encontrabas el semicírculo
festivo coronando todo el cielo del pueblo. Uno se sentía entonces un
tipo casi mitológico.
Música de Papagüevos II

Santiago GilUn buen día apareció el arco iris. Frío en los huesos, calles mojadas, resol en las fachadas de algunas casas y aquella sensación de apego absoluto a la naturaleza. Levantabas la vista y te encontrabas el semicírculo festivo coronando todo el cielo del pueblo. Uno se sentía entonces un tipo casi mitológico. Y preguntaba cómo nacía el arco iris, de dónde venía y por qué se diluía hasta desaparecer en unos pocos minutos. Hay una foto fija con reflejos de color que se me ha grabado para siempre. No creo que nadie sea inmune al paso del arco iris, sobre todo del primer arco iris. Forma parte de esos milagros que quizá no valoramos en su justa medida. No es un dibujo del hombre ni tiene que ver con el avance de la ciencia. Lo crea la propia naturaleza partiendo de la nada. Colorea nuestros celajes y de paso acaba vistiendo de technicolor nuestros propios recuerdos.
Siempre me ha resultado surrealista esa combinación de lluvia y sol que precede a los arco iris. Esté donde esté siempre lo busco tratando de recuperar aquella luz primera que tanto marcó nuestra noción de la belleza. Lo he visto en muchas ciudades del mundo, arco iris inmensos, desafiantes y algunos casi milagrosos. Pero ninguno puede ser comparado con el que un buen día nos cogió por sorpresa en las calles del pueblo. Nos quedamos marcados para siempre por esas primeras luces de colores que iluminaron nuestros juegos y nuestros atónitos ojos siempre expectantes y atentos a todos los milagros que acontecían a su alrededor.
Aún tenemos mucho que aprender de la naturaleza. De entrada, deberíamos asumir cuanto antes la naturalidad con la que pasan las estaciones, sin estridencias ni grandes alharacas, lo mismo que esa mezcla de fuego y agua que precede al arco iris. Cuentan que quien lo ve se aproxima a la suerte o al final de los malos tiempos. Creo que viene de Noé y del diluvio universal. En el fondo no hemos cambiado mucho desde entonces, y a pesar de las estaciones espaciales y el internet seguimos siendo igual de vulnerables a las inclemencias del tiempo o del destino. Recuerdo las grandes granizadas de la infancia, las calles con piedras de hielo por todas partes, y aquel sueño recurrente que teníamos todos con la nieve. Nunca cayó nieve en nuestras calles, pero con cuatro granizos ya casi nos veíamos esquiando. Al final, en vista de la decepción, nos acabábamos lanzando bolones unos contra otros hasta manchar de barro y de grasa el hielo que se diluía entre los adoquines. Lo fugaz del granizo lo aproxima en mi mitología infantil a la presencia del arco iris. Eran situaciones que se daban poco, realmente excepcionales, y sobre todo inesperadas y festivas. He ahí el origen del milagro: lo imprevisto, y al mismo tiempo efímero, sigue siendo lo único que nos despabila de la modorra cotidiana.
Octubre de 2007.
Diseño gráfico de José Miguel Valdivia.
Los niños con botas

LOS NIÑOS CON BOTAS
Por Santiago Gil
planos. A lo mejor sería lo más deseable para andar por el mundo. Tal
vez la naturaleza, que es sabia y actúa según los principios de Darwin,
no quiere que nos asentemos a la tierra y pisemos seguros sobre ella,
entre otras cosas porque el planeta cada vez está más complicado de
pisar.
Música de Papagüevos II

Santiago GilSupongo que muchos niños seguirán naciendo con los pies planos. A lo mejor sería lo más deseable para andar por el mundo. Tal vez la naturaleza, que es sabia y actúa según los principios de Darwin, no quiere que nos asentemos a la tierra y pisemos seguros sobre ella, entre otras cosas porque el planeta cada vez está más complicado de pisar. Pero yo quiero recordar los pies planos de cuando nosotros éramos niños. Había mucha obsesión con el tema, y supongo que los medios para moldear la planta de los pies no estarían tan avanzados como hoy en día. Sólo así se entiende el paisaje de botas decimonónicas y cantosas por las calles de nuestra infancia.
Nos enseñaron a valorar cada uno de nuestros pasos sobre la tierra. Yo creo que el mismo par de botas duró toda la infancia. Vale que los pies crecen y todas esas cosas, pero es que yo me recuerdo con las mismas botas, siempre remendadas y rotas de tanto fútbol, tratando de correr o de saltar por la calles del pueblo. Todos estábamos anclados a las mismas formas y a los mismos cueros. Y no sé hasta qué punto serían las mismas que ya habían usado nuestros padres y nuestros abuelos. Para mí que eran las mismas, y a lo mejor fue por ahí por donde heredamos el pasado, que ya se sabe que en la planta de los pies están las conexiones con todo el cuerpo, incluido el cerebro y por tanto la memoria y el recuerdo.
Uno es lo que pisa y donde pisa, y también cómo pisa. Nuestro sueño recurrente era estar con playeras o con botas de fútbol todo el día, pero nos decían que para que eso pudiera llegar a suceder teníamos que llevar plantillas, y por tanto botas, durante varios años. Ahora, la verdad, veo a los niños con playeras casi desde que son bebés, con lo cual quisiera que alguien me explicara aquel sadismo podológico que nos aplicaron a nosotros.
Pesaban un quintal y uno se avergonzaba de ellas en todas partes. Lo que hacíamos era tratar de romperlas a golpe de balonazos y de golpear piedras por las calles y los barrancos. No había nada más desalentador que jugar un partido de fútbol con las jodidas botas frenando los sueños de los pies por marcar goles antológicos o inventar regates imposibles y memorables. Casi preferíamos jugar descalzos, y de hecho es lo que hacíamos muchas veces. Las botas fuera de los pies parecían parte del atrezzo de una película muda, y también contribuyen a que nuestros recuerdos sigan siendo en blanco y negro.
Pero con las botas estaban las zapaterías, aquel olor y aquel mundo mágico de cueros, clavos y trabajo artesano que nos encantaba mirar durante horas. Yo solía frecuentar la de San Roque, la de la calle del Medio y la de la calle de la Cárcel, aunque por cercanía estaba casi siempre en la que regentaba Manolo en San Roque con la ayuda de Juan el Guardia. Eran parte de nuestro paisaje cotidiano, puertas que se mantenían abiertas junto con las de los bares, las tiendas o las barberías en donde se improvisaban tertulias y la vida se iba escribiendo manual y pausadamente. Nosotros íbamos cada dos por tres para que remendaran nuestras botas polvorientas y callejeras que acababan luego entre cientos de zapatos de todos los tiempos numerados y con un profundo olor a betún. Yo creo que en aquellas zapaterías se fueron quedando los zapatos de más de un muerto que no tuvo tiempo de volver a recuperar sus pasos perdidos. Había zapatos por todas partes, y trozos de cuero y de suela, y clavos, y aquellos bancos en los que nos encantaba sentarnos desde que el zapatero se movía a buscar cualquier herramienta. Hoy lo de los zapatos está unido a la propia asepsia de estos tiempos, y al despilfarro de cambiar sobre la marcha lo que está ajado o deteriorado. Entonces se arreglaba todo, y con un poco de maña y otro poco de voluntad los objetos duraban varios años. De buena gana, sin embargo, habríamos hecho desaparecer aquellas botas que nosotros conocíamos despectivamente como potrancas. Nos acabaron marcando el paso más de lo que imaginamos, y de alguna manera uniformaron nuestras correrías y nuestras caminatas aventureras. Para mí que todos teníamos los pies planos, y apenas recuerdo a alguien que no calzara al menos por unos meses esas botas que generaron tantas burlas y tantas bromas pesadas y malévolas. El problema seguro que estaba más relacionado con el tamaño de las plantillas, que en eso sí reconozco que hemos mejorado una barbaridad. Pero sigo siendo un sentimental, y por tanto no puedo dejar de recordar con cierto cariño y complicidad los muchos pasos que di por el mundo con aquellas botas de cuero marrón que casi formaban parte de mi propio cuerpo. De hecho, cuando recuerdo mi infancia, me veo más con botas que con dedos en los pies. Nos amenazaban con no sé cuántos defectos futuros si no formábamos bien el puente de los pies, y entonces sí es verdad que éramos mucho más aprensivos y menos rebeldes con las leyendas urbanas y sanitarias que venían heredándose desde hacía cientos de años. Igual tenían razón y nos han ayudado a mantener el equilibrio de nuestros pasos cuando parecía imposible que soportáramos los embates del destino o de la mala suerte. Nos anclaron bien a la tierra, y nos enseñaron a caminar con pasos cortos y contundentes. También se nos quedó grabado por esos rincones perdidos e ignotos de nuestros cerebros que en caso de desgaste siempre podemos cambiar la suela y empezar de nuevo. No nos creíamos lo de las leguas del gato con botas. Nos parecía una charranada y una cosa de dibujos animados cursis y redichos. Nosotros éramos los verdaderos caminantes con botas. Y no sé si hubo milagro o no, pero sí que no nos recordaríamos igual de no haber mediado la estética y el peso de las botas en nuestros pies. Todavía hoy, cuando miro hacia abajo con ánimo de trascender o de encontrar respuestas, parece que las veo andando conmigo por las resbaladizas y peligrosas calles de esta farsa en que se ha convertido la vida.
Octubre de 2007.
Diseño gráfico de José Miguel Valdivia.









