Pedro González-Sosa
PEDRO GONZÁLEZ-SOSA
Es Cronista Oficial de Guía de
Gran Canaria desde el 30 de septiembre de 1980, siendo alcalde José Carlos González Ruiz, e Hijo
Predilecto de la misma desde 1986, cuando ejercía la alcaldía Oscar Bautista
Afonso.ARTÍCULOS -
CONFERENCIAS - RELATOS
Biografía
Néstor Álamo
y Guía de Gran Canaria
(2006)Las andas, el sol y la media luna de plata de la
Virgen de Guía
Su pregón de 1971
El órgano que inauguró Saint-Säens
Libro "LA MÁQUINA"TEXTO DE LA PRESENTACIÓN del libro "Canónigo Gordillo: biografía de un
genio de la discordia" (2001)
Estatuto del Cronista
Miguel Santiago, el hijo de
"maestro Sergio el relojero"
El Colegio de La Inmaculada
Guía de Gran Canaria: los
alcaldes reales desde 1526 hasta 1812 (2003)
El Albercón de la Virgen
(2003)
Por qué no hubo
"desaparecidos" en julio de 1936 en Guía de Gran Canaria
(2003)
El apellido Fernández del Campo de la
marquesa de Arucas procede de Guía
(2003)
Una
anécdota
sobre el trono de la Virgen de Guía
(1998)
Sobre la denominación del
Municipio
(Del libro "Guía de Gran
Canaria: primero Villa, después Ciudad". 1997)
Su pregón para las Fiestas de la Virgen de 1971
El piso de mármol que tiene su iglesia se colocó
entre 1885 y 1889
Infantes Florido: recuerdos de una entrevista en
Sevilla cuando fue preconizado obispo de Canarias en 1967
El palacete RODRÍGUEZ QUEGLES, un magnífico edificio
modernista
El Puente de Verdugo
En 1814 el obispo Verdugo propuso al rey a cinco
canarios para ocupar sedes episcopales en España o AméricaLIBROS PUBLICADOS
SOBRE GUÍA
Canónigo Gordillo: biografía de un genio de la discordia, editado
por el Cabildo de Gran Canaria en 2001, con prólogo del Historiador de La
Habana Eusebio Leal.
Contribución para una historia de Guía de Gran Canaria. Edición del Ayuntamiento de Guía, 1985.
Guía de
Gran Canaria: Primero Villa, después Ciudad (y otras noticias históricas). Edición
del Cabildo Insular de Gran Canaria y del Ayuntamiento de Guía, 1997.
Fundación
de las Ermitas Capillas y Altares de la Parroquia de Guía.
Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria, 1994.
Guía de
Gran Canaria: Historia del Ayuntamiento y de los edificios que fueron sede
institucional. Edita: Ayuntamiento de Santa María de Guía y Cabildo
Insular de Gran Canaria. Año 2001
Guía
de Gran Canaria: la casa donde murió Luján Pérez (allí vivió de
niño y de joven y pasó sus estancias guienses). Edita: Excmo. Ayto. de
Santa María de Guía. Año:1999
Extractos
del Libro Primero de Matrimonios de la Iglesia de Guía (Gran Canaria)
1565-1636. Edita: Excmo Cabildo Insular de G.C. Año: 1985
El
Imaginero José Luján Pérez. Noticias para una biografía del hombre.
Edita: La Caja de Canarias. Año: 1990
El Órgano
de la Iglesia de Santa María de Guía. Edita: Ayuntamiento de Santa
María de Guía. Año: 2003
Guía de Gran Canaria: historia de la Máquina y el cultivo de la caña
Edita: Ayuntamiento de Santa
dulce en el siglo XIX.
María de Guía. Año: 2004.OTROS LIBROS PUBLICADOS
Contribución al estudio sobre la emigración canaria en el siglo XIX.
VI Coloquio de Historia Canario- Americana (1984).Tomo I -1ª Parte
Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 26/05/2006.
Pedro González-Sosa
BIOGRAFÍA DE PEDRO GONZÁLEZ-SOSA
Cronista Oficial de Guía de Gran CanariaPedro González-Sosa nació en
en Guía de Gran Canaria el 13
de junio de 1933, trasladándose con su familia a
Las Palmas sobre 1947, aunque en ningún momento, como se verá, dejó de
vincularse con su tierra natal.
Es diplomado en Periodismo
con el primer ciclo de la Licenciatura aprobado, con el número del Registro Oficial de Periodistas 4.316,
y cronista oficial de Guía de Gran Canaria desde
1980, siendo alcalde José Carlos González Ruiz, e hijo predilecto de la misma
desde 1986, cuando ejercía la alcaldía Oscar Bautista Afonso.Su actividad sobre la investigación
histórica para descubrir aspectos del pasado de Guía se inició, por pura
casualidad, en 1955 cuando hubo de trasladarse desde Las Palmas, donde
residía, a Guía para reponerse de una intervención quirúrgica. Fue en aquel
tiempo, cuando inició sus visitas a los archivos de la iglesia y del
Ayuntamiento, (cuando éste se encontraba todavía en el caserón de la calle de
Enmedio o Pérez Galdós). A partir de aquel momento empezó a enviar al
periódico Falange único que se editaba por las mañanas, pues por la tarde
salía Diario de Las Palmasalgunas croniquillas sobre aspectos históricos de
Guía y de su iglesia, principalmente.
A principios de 1956 "descubrió" que
ese año se cumplía el 200 aniversario del nacimiento de José Luján Pérez y
envió al periódico un artículo invitando a las autoridades provinciales y de
Guía a que organizaran algunos actos con este motivo. El entonces director del
diario, el poeta Ignacio Quintana Marrero, le invitó a que siguiera con una
campaña periodística a tal fin. Así fue como el Ayuntamiento de Las Palmas que
presidía José Ramírez Bethencourt incluyó entre los actos de las fiestas de
San Pedro Mártir una magna exposición de la obra de Luján en la isla. Formó
parte de la comisión constituida al efecto e integrada, además, por José
Miguel Alzola y el biznieto del imaginero Teófilo Naranjo y Martínez de
Escobar, exponiéndose en la catedral 96 imágenes que se trajeron de casi todas
as iglesias de Gran Canaria. Con poco mas de veinte años dio su primera
conferencia titulada "Guía en la vida y en la obra de Luján" aquel mismo 1956
en El Museo Canario en un ciclo organizado por la Sociedad con motivo del
bicentenario de Lujan, junto a otros oradores como Juan Rodríguez Doreste,
José Miguel Alzola y Enrique Marco Dorta, un tinerfeño profesor de arte de la
Universidad de Sevilla.
El entonces alcalde de Guía, Juan
García Mateo, organizó asimismo unos actos que consistieron en una ofrenda
floral ante el monumento del artista con asistencia de todos los municipios y
sociedades científicas y culturales de la isla. En el mismo acto se descubrió
la lapida que todavía existe en la torre del reloj y se inauguró una
exposición de la obra pequeña de Lujan en el entonces llamado "Teatro Viejo".
A partir de entonces siguieron las investigaciones sobre Guía y la publicación
de trabajos en la prensa local, y cabe destacar que fruto de aquellas en 1957
publicó un extenso y documentado trabajo en el que se descubría que la actual
imagen de la Virgen de Guía se intituló anteriormente de Candelaria y era
propiedad de la familia de los Riveroles, que la habían traído de Génova, y
estaba colocada en altar propio en la primitiva iglesia y el cambio se realizó
a principio del siglo XVII en que pasó a ser titular de la parroquia con su
nueva advocación pues la colocada por el fundador Sancho de Vargas era de
talla y de reducidas dimensiones.
Asimismo hace unos cuatro años
localizó documentalmente la casa en la calle Enmedio donde vivió de niño y de
joven, y allí murió en 1815, el imaginero guiense, lugar donde al Ayuntamiento
hizo colocar una lápida conmemorativa..
Incorporado como redactor --jefe de
Información Local-- en el periódico El Eco de Canarias en 1963 desarrolló
desde entonces su labor periodística de todos y de sobra conocida, primero en
este diario para terminar como delegado de la Agencia EFE en Las Palmas en
1988 en su jubilación. Asimismo fue, en las décadas de los años 60 y 70 del
pasado siglo corresponsal, primero, y redactor después en Las Palmas del
Centro Emisor del Atlántico de Radio Nacional de España en Canarias, en el que
cesó voluntariamente.
Es miembro correspondiente de la Real
Academia de la Historia de España desde 1990 y de la Academia Nacional de la
Historia de Venezuela 1987, además de miembro de la Academia de Ciencias
Humanísticas y Relaciones de la República Dominicana. También, miembro del
Instituto de Estudios Canarios, de Tenerife; de El Museo Canario, de Las
Palmas y de la Asociación Canaria de Estudios Históricos "Rey Fernando
Guanarteme", de Las Palmas.
Ha publicado numerosos artículos sobre
temas históricos en periódicos y revistas regionales de Canarias y nacionales.
Su labor investigadora, sobre todo en
lo referente a Guía, le ha lleva do a dar a la luz numerosos libros de tal
forma que ignoramos la existencia de otro guiense que tenga en su haber tan
elevado número de publicaciones sobre la historia y el pasado de nuestro
pueblo.
Ha publicado los siguientes libros:
"Contribución para una historia
de Guía de Gran Canaria", editado en 1985 por el Ayuntamiento de Guía
con prólogo de Manuel Lobo Cabrera."El imaginero Luján Pérez:
noticias para una biografía del hombre", editado en 1990 por la Caja
Insular de Ahorros de Gran Canaria con prólogo de José Miguel Alzola."Trascripción del libro primero
de matrimonios de la iglesia de Guía, (1565-1636)", editado por el
Cabildo Insular en 1995 con prólogo de Francisco Morales Padrón."Fundación de las ermitas,
capillas y altares de la Parroquia de Guía", editado por el Cabildo
de Gran Canaria en 1994 con prólogo de Antonio Bethencourt Massieu."Guía de Gran Canaria. Primero
villa, después ciudad", editado por el Ayuntamiento de Guía en
colaboración con el Cabildo en 1997 con prólogo de la entonces concejal de
Cultura Eloina García Alemán."Canónigo Gordillo: biografía de
un genio de la discordia", editado por el Cabildo de Gran Canaria
en 2001 con prólogo del Historiador de La Habana Eusebio Leal."Historia del Ayuntamiento y de
los edificios que fueron Casas Consistoriales", editado por el
Ayuntamiento de Guía en 2001 con prólogo del concejal de Cultura Erasmo
Quintana Ruiz."Historia de la máquina y el
cultivo de la caña de azúcar en el siglo XIX", editado por el
Ayuntamiento de Guía en 2003 con prólogo de Erasmo Quintana Ruiz)
"El Órgano
de la Iglesia de Santa María de Guía", editado por el Ayuntamiento de Santa
María de Guía. Año: 2003.
Además, tiene entregados a imprenta,
previéndose su publicación durante el año 2006, los siguientes originales:
"El escultor José Luján Pérez.
Noticias para una biografía del hombre" (Segunda edición ampliada a
cargo de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Gobierno
de Canarias al cumplirse en mayo el 250 aniversario del nacimiento del
escultor guiense con Prologo y Presentación a cargo, respectivamente, de
José Miguel Alzota y Jesús Hernández Perera)"Relación Genealógica de Fray
Juan Suárez de Quintana". (Trascripción del original que se encuentra en
El Museo Canario con una amplia biografía del fraile franciscano nacido en
Guía. Contiene la reproducción de numerosas páginas obtenidas del original.
Edición a cargo de la Caja de Canarias, con Prólogo de Juan Gómez-Pamo
Guerra)"Trascripción del libro primero
de bautizos de la iglesia de Guía. 1565-1636)", (Editado por el Servicio
de Publicaciones del Cabildo de Gran Canaria, con Prólogo de Miguel
Rodríguez Díaz de Quintana).Por último, tiene preparada para su
edición la obra "Trascripción del "Diario" del
memorialista guiense Juan Batista Palenzuela"
Guía de Gran Canaria, a 9 de febrero
de 2006.
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Tránsito a tientas
Manuel González Sosa
Tránsito a tientas
Estudio preliminar de Jorge Rodríguez Padrón
LA
PALABRA CONFIADA
En el año 1958, Manuel González Sosa
fundó en Las Palmas una colección poética que, aun teniendo en cuenta su vida
efímera, ocupa un lugar decisivo en la poesía de la última posguerra. Gracias
a los Pliegos de San Borondón -tal era su título- accedió a la vida
pública un grupo de jóvenes poetas que, andando el tiempo, se convierten en
nexo fundamental entre la poesía de posguerra propiamente dicha y las jóvenes
generaciones de poetas nacidos a partir de los años cuarenta. San Borondón
dedicó sus entregas a Felipe Baeza, Arturo Maccanti y Manuel Padorno,
escritores que con el propio González Sosa abandonarán la rigurosa dictadura
de la poesía testimonial inmediatamente anterior (que, en cierto modo, también
ellos cultivaron) y, sin abdicar del compromiso directo con la historia que
aquélla había asumido, ni rechazar tampoco su característica expresividad (la
urgencia, la solicitud, los interrogantes fundamentales de la existencia...),
se esforzarán por imponer a su obra una mayor exigencia reflexiva, una mayor
serenidad, y operar con el lenguaje desde una posición abiertamente
experimental, si bien no todos lo hacen con la misma intensidad. En estos
poetas debe destacarse, por encima de toda otra cosa, la superación de la
contingencia inmediata de los temas y la voluntad metafísica que alienta en su
escritura; la dimensión más profunda y abarcadora que encierran sus
acercamientos a la realidad; el individualismo, en fin, del que todos parten
para avanzar -en un proceso explícitamente conceptual- hacia una plenitud
solidaria derivada de la cada vez más exigente exploración de su tiempo y de
su lenguaje. Una poesía que acepta el reto de la historia, pero que no
renuncia por ello -todo lo contrario- a una perfección estética cada vez más
exigente. A esto se refiere Ventura Doreste cuando, al hablar de Manuel
Padorno, diga que para contar -para desarrollar narrativamente su discurso
poético- el poeta «acude a lo significativamente lírico y utiliza un
procedimiento de eliminación y potenciación, con lo cual se acrece la
intensidad emotiva». Para añadir inmediatamente que Padorno «no describe con
fiel objetividad lo que ve, sino que elige intuíciones y palabras, construye
un verso admirable». Procedimientos todos ellos, como se ve, que exigen una
dejación de lo inmediato, de lo propiamente narrativo, para favorecer la
dimensión poética, trascendente, de la palabra; que exigen igualmente un
esfuerzo intelectual sobre el lenguaje y sobre el poema como unidad
significativa y estructural. Eliminar, elegir, dar intensidad nueva a la
palabra, dejarse poseer de las intuiciones; el poema como ámbito de expresión
lingúística que resulta ser, de esa forma, un ámbito de exploración de la
existencia. Poesía conceptual más que comunicativa, pero nunca insolidaria;
poesía -como escribe Miguel Martinón- «como medio aventurado de indagación y
conocimiento».Pero también será común a estos poetas
la tenaz negativa de todos a publicar con regularidad. En realidad
(exceptuando las plaquettes o breves entregas que hayan publicado), sólo
contamos hasta el momento con uno o dos libros tan sólo de cada uno de ellos
(en el caso de Felipe Baeza, ni siquiera eso). Una negativa que, en gran
medida, debemos entender como consecuencia de la exigente autocrítica con que
afrontan el hecho poético; consecuencia de aceptar el oficio de escritor como
compromiso riguroso y extremo con el lenguaje y consigo mismos; consecuencia,
también, de una constante labor correctora y depuradora de sus textos, de ese
proceso de eliminación y potenciación que tiende a elevar la intensidad
emotiva y a reconquistar la pureza y exactitud de la palabra poética. En otras
ocasiones me he referido a este caso, recurrente en la poesía insular, del
escritor retraído, opuesto a una difusión incondicional de su obra; y he dicho
entonces que tal actitud descubre un escaso afán por asumir la condición de
escritor, una voluntad diletante, ensimismadora, que no responde a la
exigencia de diálogo con el lector que la tarea de escribir impone. He dicho
también que tal vez sea éste uno de los escollos más difíciles de salvar por
el escritor insular, cuando pretende alcanzar una normal difusión de su obra.
El ejemplo de los poetas que ahora nos ocupan, si bien participan de esa misma
condición, obedece, y en gran medida, a esos aspectos particulares citados en
primer lugar, y ello los singulariza -sin duda ninguna- frente a sus
coetáneos.Manuel González Sosa (1921) es un caso
característico en este sentido. A su contrastada actividad en favor de la
poesía, que ha sido constante; a su protagonismo como editor de Pliegos de
San Borondón (de esa forma participa y se incluye en las actividades de
este grupo, a pesar de su diferencia de edad), debe añadirse la creación, en
1962, de la sección literaria semanal del Diario de Las Palmas,
«Cartel de las artes y las letras», cuya trayectoria aún hoy se mantiene;
después de pasar por diversas etapas, crisis y alternativas. «Cartel» ha sido,
durante bastantes años, el órgano de expresión de los escritores de la década
del sesenta, lugar de encuentro y de polémica, cuya historia podría explicar,
en no pocos aspectos, las tensiones literarias vividas en esas dos últimas
décadas. Un nuevo intento editorial -también forzosamente breve- fue
protagonizado por González Sosa en 1963: los cuadernillos poéticos de La
fuente que mana y corre. Y a lo largo de todo ese tiempo, la obra poética
propia fue gestándose en el anonimato. Algunos poemas suyos habían visto la
luz en revistas diversas o en las mismas secciones literarias de la prensa
insular, pero muy poco más. Será en 1967 cuando una nueva colección poética,
también con el título de San Borondón, y editada esta vez por el Museo
Canario, al cuidado de Manuel Hernández Suárez, dará a la imprenta el primer
libro de González Sosa: Sonetos andariegos. Constituido por
diecinueve sonetos, escritos entre 1945 y 1963, definitorios de la
personalidad poética de nuestro autor. Estos poemas, y algunos otros
aparecidos -como digo- en publicaciones periódicas, nos han permitido
reconstruir la trayectoria poética de un escritor que a pesar, como veremos,
del interés que la obra tiene, siempre se ha negado a considerarse otra cosa
que un simple amante de la literatura que, ocasionalmente, escribe algunos
poemas.La poesía de Manuel González Sosa se
escribe desde un incuestionable presente, desde una vivencia muy intensa de su
tiempo, situación que por las especiales características de inseguridad,
turbulencia y progresiva deshumanización, obliga al escritor a volverse hacia
su ayer para, a medida que recupera su memoria, su raíz, reflexionar
detenidamente sobre el verdadero sentido de su identidad, no ya individual,
sino como hombre arraigado en una existencia y seguro de ese su inquebrantable
compromiso. Alguna vez, el propio escritor ha declarado cómo la «patria
luminosa y amable; me atrevería a afirmar que enteramente dichosa» de la
infancia dejó en él, como herencia, una «casi altanera certidumbre de que lo
mejor que ellos me ofrecieron sigue vivo y actuante en mí». La poesía, por
tanto, como la propia vida. Poesía ensimismada, que no por ello evasiva, ni
ajena a los problemas cruciales del hombre, ni descuidada en la forma. Ese
conocimiento existencial que se deriva de su obra se instala en el misterio
descubierto en un transcurrir «por geografías interiores», como explica Pedro
Lezcano; un misterio que el poeta se esfuerza por racionalizar, por darle
forma adecuada y exacta, precisa, rigurosa, con una palabra dialógica que
vuelve hacia sí mismo. «González Sosa -continúa Pedro Lezcano- se esfuerza por
conocer y sobre todo por conocerse; pero termina humildemente conforme con su
humana ignorancia, dueño de una sola certeza: esta certeza de que estoy
soñando». La identidad así conseguida es un intercambio, un
reconocimiento, a través del diálogo, de una vivencia unánime (la naturaleza
guarda la respuesta, pero la capacidad del hombre no es suficiente para
«sospechar siquiera qué respuesta/ cela en su voz el mar, el ave, el viento»).
Diálogo entre el poeta y aquellas otras criaturas (personajes o no) que son su
reflejo espejeante; y diálogo también entre el poeta y su doble: protagonista
y testigo, a un tiempo, el escritor formula sus textos desde una segunda
persona, desde un tú de carácter reflexivo, cuya especulación dual concluye en
amarga ironía o en una solícita conversación consigo mismo, en busca del Dios
machadiano, habitante del soliloquio, del convencimiento del amor y del dolor
como sentimientos compartidos y solidarios. Aspectos estos últimos que
González Sosa destaca específicamente en los dos poemas dedicados a Antonio
Machado, uno de ellos incluido en Sonetos andariegos, publicado
el otro en la revista Fablas (julio/agosto, 1970). De ahí la
fuerte expresividad que opone al silencio:¿O una distinta luz mis cicatrices untará? Pero ¿a quién hablo? ¿Acaso sabe el hombre respuestas ciertas? Vaso sólo es de preguntas desaladas. Y lo demás son bocas apretadas.La fuerza de una pregunta que
contrarresta el hermetismo del mensaje que la realidad oculta siempre.
Interrogación ante el misterio de la existencia cotidiana, y explicación
(poética) de las raíces del mismo. Localización del lugar de la palabra allá,
en el territorio de una infancia cuya plenitud ha logrado mantenerse firme a
lo largo del tiempo, y que por eso lo supera, estableciendo una nueva
temporalidad (ahora intelectual, metafísica) en la que el poeta se hace con
aquellos seres que dieron sentido a su vida:No he de pedirte entero tu secreto: si es desierto, o mar, o senda, o cima, o bosque umbrío lo que se ve después. Quiero sentirte para saber si ahí se está despierto.Poesía como la vida. Poesía que es
camino y sabiduría, y que aun contando con el esfuerzo racionalizador del
diálogo, de la distancia conceptual, deja presente la necesidad de recuperar
siempre ese principio, de confirmar la virtud conciliadora y reveladora de la
infancia.Pero este caminar hacia el secreto,
hacia el misterio del conocimiento, se produce gracias a una fuerte excitación
de los sentidos, trasmitida inmediatamente al ritmo con que progresa su
lenguaje («A veces, una súbita fragancia,/ o un cántico de niños, quizá un
trino,/ estremece mi sangre e imagino/ que alborea el milagro. Y crece el
ansia/ de que madure ya. Ya la distancia/ y el tiempo caen a tierra. Un aire
fino/ brota frondas. Allí, aquí estoy soñando/ con el mañana»), puesto que con
la elevación de los sentidos se hace mucho más nítida y absoluta la captación
profunda del conocimiento, de esa sabiduría misteriosa tan arduamente
perseguida. Cuando el poeta confiese -sin que ello suponga restricción de
valor alguno- la cercana influencia en su obra de poetas como Quevedo o San
Juan de la Cruz, de Unamuno o de León Felipe, nos pone en la pista de esa
identidad conceptual, fuertemente intelectualizada, de su obra que sin embargo
fluye con un fervor pasional que no puede ocultar esa fuerte impregnación de
sensualidad; nos pone en la pista de ese sentido místico tan peculiar (místico
en cuanto a persecución del misterio) que la impregna toda; nos confiesa, en
una palabra, su voluntad esencialmente poética, su deseo de alcanzar la
palabra original, inaugural, que define la poesía. Precisamente en un poema
ofrecido a San Juan de la Cruz, escribe:Hasta la propia boca de la fuente traigo mi seco verso y su bautismo ardientemente pido a tu agua pura. Como el tuyo, él discurra bajo el puente del tiempo musitando siempre el mismo aromoso latido de frescura.Nos hallamos, pues, ante una sensualidad
que desborda el sentimiento y concentra y ahonda la meditación reflexiva,
producida a partir de la contemplación de ciertos absortos o desvalidos con
los cuales el poeta se encuentra, bien en la realidad (vid. «Tres poemas
peruanos», en Fablas, noviembre/diciembre 1975) bien en la
expresiva pintura de Antonio Padrón («Qué música secreta de afiladas volutas/
entra por vuestra sangre y va agrandando en incesante siega de latidos/ la
tensa bóveda del éxtasis?»).Como ya he insinuado, el encuentro con
la pureza del lugar y el tiempo (siglos) de la infancia servirá para iluminar
el sentido totalizador y solidario de la experiencia. Lo elemental, «la avidez
y el goce del contacto con la libre Naturaleza», la referencia constante a
elementos desnudos, sencillos y originales (tierra, muro, semilla, vagido...)
se elevará a la categoría de sueño, al nivel metafísico, porque lo anecdótico
rompe sus límites; el espacio se hace absoluto gracias a la voluntad de
transformación poética mostrada por el escritor («Pero sembré los ojos en
lejanos/ cielos que las mantenían más hermosas»), y esa plena identidad
solidaria se establece fuera del tiempo, en un discurrir poético cuyos ritmos
y cuyas presencias inauguran ese orbe deseado.Al publicarse Sonetos andariegos,
hubo quienes dudaron de la oportunidad de reunir, en un mismo libro,
poemas tan arraigados en la insularidad (a la que González Sosa no sólo no ha
renunciado nunca, sino que la expresa con singular eficacia) con otros
explícitamente castellanos por su desnudez y ascetismo, por su condición de
poemas de tierra adentro. Lo que no se comprendió entonces fue que esa fusión
de lugares y personajes aparentemente tan distintos se justificaba, y además
adquiría toda su significación, instalada en esa nueva temporalidad, en ese
espacio metafísico que González Sosa inauguraba con su reflexión poética. Eran
lugares y personajes con los cuales el poeta coincidía a través de un
compartido carácter esencial, gracias a su paralela fuerza en el fluir
interior. «No sólo es el paisaje lo que alienta en sus páginas -escribe Rafael
Morales-, sino también lo que de él ata a la tierra, lo que él significa bajo
el peso interior, íntimo, lo que ahonda en la alegría o la amargura de ir
viviendo, de ir caminando». Nada importa, pues, que el poeta se refiera al
paisaje de Fuerteventura o que se extasíe ante la rudeza de la piedra que ciñe
a la ciudad de Ávila; tanto da que penetre dramáticamente en su propia
existencia, como que se acerque a la herencia dejada tras su muerte por
Unamuno o Machado y reviva sus, por diversas razones, trágicas existencias. La
de González Sosa es una voz que se esfuerza -como la de aquellos escritores,
como la de aquellas tierras- en vivir su aislamiento, en polarizarse entre la
desnudez idéntica de la tierra en que hinca sus raíces y la ligereza y
vibración de absoluto hacia la que tiende siempre su alma y su palabra:Aquí ya sólo falta izar la fuerte ancla de piedra y entregar las velas a los piadosos vientos de la muerte.Con estos versos concluye su poema
«Fuerteventura»: un «aquí» que se repite de forma recurrente, una confianza en
una tierra que no se agota en sí misma, sino que es giro constante provocado
por la luz unánime de ese tiempo encontrado:Todo el paisaje es luz unánime -mentís definitivo de la sombra-. Cielos, lavas, el mar, mi cuerpo juntos arden en una hoguera jubilosa. ............................................................... No tengo ya memoria ni apetencias. Cambié de forma, mas no soy ceniza. Soy una inmensa piedra giratoria.Escribe en otro poema, «Metamorfosis»,
dedicado al paisaje de Lanzarote.De aquí que su lenguaje se revista de un
tono solemne, de una cierta altura literaria, de un prestigio que le confiere
su ritmo reposado y, sobre todo, algo que me parece muy importante subrayar:
de qué manera esta poesía, asentada sin duda en lo conceptuoso, en una palabra
ascética e interrogativa, heredada de poetas como Quevedo o Unamuno, en una
palabra urgida y dramática, asume también la continuidad del modernismo que le
permitirá magnificar la realidad por medio de los sentidos y de la
implantación de una imagen visionaria y de la palabra como conjuro. Tal sucede
en un texto de reciente publicación, «Impromptus de La Umbría», pero observado
ya embrionariamente en poemas anteriores:La hoguera del silencio arde en el huerto. Arrebatada luz el día ordeña. Cerca de un palpitante libro abierto, bajo el durazno en flor, un niño sueña.No en vano la presencia simbolizadora de
la palabra mística de San Juan de la Cruz habita en el centro de esta poesía,
como ya he señalado; y no en vano, tampoco, ese esencialismo conceptista está
cruzado por la peculiar sensualidad irónica del modernismo insular. Valdrá la
pena detenerse en el primero de los textos citados. Se trata, en realidad, de
dos sonetos agrupados bajo ese título común; sonetos que González Sosa libera
sutilmente de su rigor estructural al rimar alternadamente y en asonante los
versos de los cuartetos. Una modificación aparentemente escasa que permite,
sin embargo, al escritor instalarse en otra posición con respecto al texto;
una posición diferente a la observada hasta ahora («Otro es el blanco de mi
búsqueda», escribe en el primero de ellos). Y la sorpresa contemplativa con
que lo inicia establece una relación entre los dos polos de su espacio,
dinámico y sensual, que hallan su punto de confluencia en la propia mirada del
poeta, la distancia perpleja desde la cual observa el mundo:
Contra tu móvil litoral, oh cielo, esta ola vuelca sonrosada espuma. Ola verde parada en el momento de ceder al imán de la llanura.Así, el espacio se matiza con una
extremada sensualidad que es posibilidad, tensión, en el litoral/ llanura, y
que es enriquecido cromatismo en la espuma/ ola. Pero, entre ambos extremos,
como decía, el éxtasis del instante, significado aquí en el apóstrofe «oh
cielo» y en la oportuna atención a ese pararse «en el momento de ceder». Un
espacio no sólo ofrecido a la contemplación, sino al goce, a la vivencia, que
el escritor acepta hasta penetrar decidido sus laberintos:Por la cresta de nácar ya me adentro. Mis pasos por su seno se aventuran. Valvas, espira, laberintos dejo atrás. Otro es el blanco de mi búsqueda.Al ingresar en el misterio que lo
arrastra, como la llanura del cielo a la ola, se produce una nueva vibración
instantánea, en el primer terceto, donde vuelve a fulgurar esa sensualidad
intelectualizada que decíamos: tiempo durativo y tiempo instantáneo dibujan
las dos líneas de fuerza que se conjugan en ese nuevo espacio:El cénit es un ábside de fuego que en incesante ruina se derrumba encima de la concha transparente.Y es precisamente la transparencia lo
que facilita el encuentro con ese nuevo blanco, una transparencia que abatirá
«las piedras que obstruyeron/ el turbio rosetón de mis penumbras». Por eso, el
último verso, en su impresionante imagen posesiva, concluye con una profesión
de fe en la luz: «sorbo esta luz rabiosa y ávidamente». González Sosa, además,
elimina cualquier puntuación en el verso, de modo que el adjetivo «rabiosa»
adjudicado a «luz» puede valer también como adverbio que refuerza la acción
del verbo «sorber». Todo este soneto primero, y no sólo por las formas
verbales, funda un presente, determina un tiempo y un espacio poéticos cuya
sensualidad es la base de toda construcción, que mantiene un equilibrio
sorprendente entre la tensión dinámica contenida en la imagen y la
confirmación extática que aporta la reflexión intelectual del escritor.El otro soneto insiste en la misma
tensión entre dinamismo y estatismo. Pero en vez de referida al espacio,
referida al tiempo (el subtítulo «La estela», ya nos previene de su valor
sucesivo). Un tiempo que gira en una alternativa de creación y destrucción
constantes, iniciándose con ese «segar sin descanso» que conduce al cero, a la
fijación marmórea del suceder. Se inicia, pues, un discurso (la función de los
verbos en presente se destaca ahora de forma especial: «siega sin descanso»,
«tira», «marchita», «edifica», «amasa») que sólo se romperá al final, en la
conclusión encerrada en el último terceto. Pero antes, las dos estrofas
centrales construyen ese ciclo sucesivo del tiempo, por medio de imágenes
paralelas y contrarias: la primera, que perfila ese lento marchitarse, ese
edificar «una nocturna máscara de cera» precisamente con «el zumo de los
siglos», con el residuo que deja ese tiempo. Conviene advertir cómo, en el
primer caso, el mismo «zumo» es el que edifica esa «nocturna máscara», pero
será el tiempo quien amase «con la ceniza» ese nuevo «temblor de belleza». La
«fiebre», los «sueños», las «mejillas» serán así los opuestos de la
enumeración que cierra el primer terceto («tumba su calle espigas, rosas,
alas») que es el resultado (y el poeta los sitúa en el final del ciclo, como
la otra enumeración lo está en el comienzo) de amasar con ceniza «otra vez el
temblor de su belleza»; el resultado de la repetición del ciclo de la vida y
la muerte que se ofrece en una sugestiva relación espejeante. El final del
poema es, sin embargo, sorprendente: a la pujanza igualadora del tiempo, a su
fuerza siempre constructora y siempre destructora, se opondrá la imagen
visionaria de lo que no se nombra, de lo aludido por medio de una metáfora
arriesgada en la que se vuelven a unir lo sensual y lo intelectual, la pasión
y la serenidad, que González Sosa ha aprendido de los místicos:Su furia sólo contra ti fracasa, miel que filtró la solitaria abeja del corazón de Cristo desbandada.La aparición del amor enfrentándose así
a la muerte (del «amor constante más allá de la muerte») anula aquella estela
que el tiempo ha dejado.La poesía de Manuel González Sosa, en
consecuencia, vive de un doble aliento: de una parte, su incontenible fervor,
su pasión por la verdad; de otra, su contenida estructura, su sólida
organización interna. Ya advierte Pedro Lezcano que nuestro poeta no es un
improvisador, que «en reflexiva decantación, va convirtiendo su obra en
vivencia propia». Y Luis Doreste Silva escribió de forma elocuente, al
publicarse Sonetos andariegos: «Improvisador nunca, Manuel
González Sosa, en tanto orfebre. Ciertamente el gran caudal de ternura podría
incitarle. Decantación, siempre...». González Sosa, por mucho que se hunda en
el misterio del mundo, por mucho que se pregunte por (y busque) la esencia
escondida que unifica ese mundo (y al hombre en el mundo) no deja de ser un
poeta confiado, un poeta en quien pervive el fluir inaugural de la infancia y
la memoria iluminadora que hacia ella conduce, aunque, como hemos visto, se
camine con la misma virginidad en otra dirección. Así, su opción por el
soneto, por la ordenación conceptual que el mismo impone y por el desarrollo
rítmico que ofrece, ajustará su escritura a tales pautas. Pero, al mismo
tiempo, el poeta demostrará la vitalidad de su palabra manejando con notable
ductilidad la estructura toda del poema, gracias a la sabia utilización del
encabalgamiento, gracias a la intencionada fragmentación de la sintaxis versal
con pausas, interrogantes o exclamaciones, y gracias también a la valoración
sensual de la palabra con constantes aliteraciones que, curiosamente, atenúan
o suavizan la aspereza e incomodidad de las preguntas, de la tensión
inquietante que lo mueve hacia lo absoluto:Cuando hablo a ver si me responden, tú, callando, me devuelves mi voz sola y ansiosa. Cada imagen o sombra que se posa sobre ti alguna vez, ¿no va a tu fondo y allí se queda para siempre, ilesa? ¿O sólo buceando hacia lo hondo de la riada del tiempo se hace presa?Lamentablemente, la obra poética de
González Sosa es, en estos momentos, una obra prácticamente desconocida.
Aunque haya seguido publicando de forma dispersa y ocasional algunos textos,
pienso que no quedará nunca bien explicada (la nuestra sólo ha pretendido ser
una tentativa inicial) hasta que no sea, primero, ordenada de acuerdo con su
evolución cronológica y, después, publicada en su totalidad. De todas maneras,
valdrá -espero- esta aproximación para entender su poesía en el contexto de su
generación, señalando aquellos rasgos que lo acercan a sus más próximos
compañeros de aventura literaria, y advirtiendo aquellos otros que determinan
los perfiles de su originalidad.JORGE RODRÍGUEZ PADRÓN
AQUEL durazno... Y busco. Y no lo encuentro. Ni aquel cañaveral, ni la palmera que entregaba, sensual, su cabellera al viento que aún retoza. Allá adentro la cosecha de ausencias precipita vaharadas de sombra y va velando las horas que el cenit está incendiando con los jirones de una luz marchita. Pero la muerte es sólo una mudanza. Todo lo acoge bajo los cristales de su fanal la bienaventuranza. Árboles, muros, rostros, cuantas cosas faltan de este paisaje, están, cabales, vivas, en mi recuerdo. Y más hermosas.
TÚNELES, noches, voces con dientes, manos dentro de unos guantes de ortigas, la inmersión de los pasos, qué miserable precio para este don: sentirte sobre un camino, yendo a cualquier parte, ebrio de la luz donde cuaja ese médano en llamas, aquel vuelo flechando el cenit, los dos labios del horizonte, mudos pero afirmando siempre. (De SONETOS ANDARIEGOS, recopilados en 1992)
INTERMEDIO VENEZOLANO EL DORADO NI riesgos ni horizontes huraños te ocultaban. Pero todos salieron a buscarte por foscos rumbos que pagaban su fatiga y su hambre con ubres manaderas de locura o de muerte. ¿Qué venda espesa los cegaba? Porque basta mirar, como yo miro ahora, a la ladera, al huerto, a la barranca, sólo a cualquier orilla del camino, para untar nuestros ojos con tu fulgor y poseerte sin hazañas ni alquimia, araguaney* solar, trémulo cerro de oro vivo. VISITACIÓN AL ORINOCO CRIATURA soy del jable, de un arenal brizado por la espuma incesante del océano, oh río turbio y vasto que lames mi sombra, modelada hoy por la luz del trópico. Déjame que te beba con mis ojos, que llene mi memoria hasta el fondo con tu visión, que absorba por cada poro el vaho de tu pleamar perenne, sabia en raíces, densa de limos germinales, yéndose en mudas ondas pero herida en la entraña del recuerdo por ecos de clamantes umbrías. Así, cuando rehuelle el terrón de mi cepa, seré muro de aljibe, tacto de nube, ensalmo de raudal arrullando la vieja sed del suelo de irisadas cenizas. Grito soy del sequero mendigando tan sólo vaharadas de tu selva de lentas aguas pardas y espesas, Orinoco. Escúchalo y empápame la entraña con tu hálito. (De CUADERNO AMERICANO, 1997)
ENVÉS No eres tú quien recibe el lanzazo fulgente, sino la noche. Entonces, el viaje en vilo cruza un efímero trecho donde tus ojos pueden entrever el paisaje de la ciega aventura. Un círculo murado de horizontes desiertos. Arriba, sólo el hueco de un cielo fugitivo. Y en el nadir, la sombra cayendo en el vacío sin encontrar el eco de una estela o de un vuelo. (De CONTRALUZ ITALIANA, 1988)
LAS GARZAS NUNCA os vi. Siempre quise horadar vuestro nombre y contemplaros cuando bajabais, lentas, hacia uno de mis recuerdos no vividos. QUERENCIA ERIGES tú sin pausas el sino sedicioso. Nunca cesa tu sueño y, aunque quisiera, nunca descansará. Lo cría la belleza del mundo: el miedo a que tus párpados la aniquilen. Los años disipen tus pisadas, olvido y lejanías el eco de tu nombre, mas la memoria quede errabunda en el aire rondando formas, luces, aromas, pulpas, sones, como un humo invisible. (De PARÉNTESIS, 2000)
ANTE UNA CASA EN RUINAS AQUÍ latió la sangre y se fue trasvasando. Día a día ardió el sueño como hoguera secreta. Dolor o gozo antaño a veces abrevaron criaturas ya perdidas en la muerte o las leguas. Alguna, en este instante, de seguro el abrigo de este nidal vejado conmovida recuerda, y echa a andar de repente su memoria a la busca de un tiempo generoso de las horas risueñas. (Entra un pájaro oscuro por la cuenca vacía de la ventana. Cae, repentina, una piedra sobre la tarde. Pasa su tenue mano el viento por el vello erizado del lomo de la puerta.) Mas no hallará siquiera un rastro evanescente esa sombra anhelosa que aquí acaso ahora llega. La dicha se deshace más pronto que las cosas y de sus ascuas queda solamente la ausencia. FORMA simple, tocada de perfección definitiva, boga sobre los hombros, sola la enlutada yacija. Huele a hornos precoces la tarde de la aldea. Hosco cielo rezuma luz de líquida cera sobre una higuera seca, arrodillada junto al muro de piedra. Humos. Vencejos. ...Y la vida tapiando con olvidos un corazón vacío de recuerdos. PORQUE es de noche, hermanos. Para siempre aquí es de noche. En vano encendemos hogueras en las frentes y en las montañas de la tierra. Nunca es la luz. Nunca será la luz aquí, ni aquí veremos la víspera del alba. La inmensa llamarada de los astros y el caudal de los zumos alumbrados en milenios de búsqueda incesante no bastarán para rasgar la venda que anula nuestros ojos. Somos hombres: pájaros de la sombra, ciegos peces rasando las honduras de un océano. Arriba, derramado sobre el cántico del oleaje, un mediodía perenne tal vez arde. Pero quien surja al ámbito de aquella sobrehaz, ya no es la misma criatura abisal. Se deja tantas porciones de sí misma entre las horas, bajo la tierra, en el recuerdo de los otros hermanos, que acaso ávidamente después añoraría la noche, como ahora el día inalcanzable. SÉ que es de noche, pero sé que arde entre las sombras nuestro sueño, y unta de luz los negros ámbitos. Y vemos radiante espuma en las sombrías olas del tiempo, árboles, alas en fuga hacia una aurora, piedras con mar o mediodía, puros cuerpos que premian con largueza en un instante vastos siglos de tedio, nubes, brazos abiertos anchamente como bahías que nos llaman. Nos da, en fin, la abundante sustancia con que hacemos la cotidiana miel de olvidos y el pan que algunos llaman melancólicamente la esperanza. Con las tibias pavesas que se quedan volando en el recuerdo restauramos la lumbre cuando una dura planta o un viento helado nos la apaga. Nada importa la hora en que sea imposible resucitar de nuevo la fiel misericordia de las llamas, porque ya no seremos -y si somos aún, es porque alguien habrá encendido un día que no acaba. PARÁBOLA LA higuera sobre el aire se volcaba quemada por la flama de la tarde. Roto de plenitud, a mi cobarde apetito su fruto se brindaba, y dudando pasé de largo. Pero volví para comerlo. Era testigo del convite fugaz yo solo. El higo no medró para darse al pudridero. Sino frutal marcó también mi suerte. Batida sin cesar, mi sangre cuaja la pulpa que a colmar vendrá la muerte. Que alguien pase a mi lado en el momento de la plena sazón, que me desgaja si no un íntimo enjambre, o quizá el viento. ¿LLEGA un tiempo tal vez en que las manos pierden su vocación de aves rapaces? ¿El corazón se cubre de cenizas antes de que lo escondan bajo tierra? ¿Tenemos nuestra sangre socavada y por sus minas entra cualquier día una lenta marea que nos pudre con narcótica sal las avideces? ¿Vivir es ir juntando ansiosamente sueños, deseos, esperanzas, para abandonarlos luego uno a uno sin que rabia o dolor llenen sus huecos? (¿Vine a cumplirme sólo en este islote móvil y tenue que es mi sombra en fuga y estorban las raíces que hambreaban viciosamente halagos de otros humus?) ¿O todo estriba acaso en que una fuerza misericorde así nos va templando para llegar curtidos a la fragua donde, omnímodo adiós, quemas tu hierro? NO sé, nadie lo sabe, qué palabras, qué texto escribirá en el viento el azar con el zumo caliente de mi sangre. Pero yo sé que al cabo, donde lo escrito cese, punto final, un poco de oscura cal sembrada resumirá mis huellas. Por eso no preciso tercas señales, tanto recordatorio súbito de cuando en cuando, dentro de tanta pulpa, en pena de cada vuelo ebrio hacia otro azul alzado. Allá donde se hunde mi tiempo en precipicio, del aire que ahora habito se exhalará tu breve polvareda sombría. Lo sé. Lo supe siempre, como sé que en mis huesos secretamente anidas. Por eso, no me aceches día a día los sueños mientras mis horas lleguen encinta de otras horas con luz. No necesito predisponer mi boca a tu sabor. Ayúdame, ceniza, a que olvide. LLANTO SOBRE LA NOCHE NO es de un niño esa queja, no puede ser de un niño aunque del pecho de un niño se derrame. Este nocturno llanto salta desde otro odre de dolor más viejo. Sube desde la cueva profunda donde el tiempo va atesorando lágrimas, congojas, sangre, zumos de agonías, lamentos, cada pena incubada bajo la piel del hombre. Del pozo adonde afluye todo el dolor del mundo que allí, lento, fermenta en el vasto sollozo que ahora anega la noche. Sólo gárgola, cauce, leve arcaduz apenas, es la carne del niño. Ella cruje y se agita, pero un enjambre amargo de ajenas voces viene a sonar en su boca. Así una rama tierna tañida por un viento gemebundo. (De TRÁNSITO A TIENTAS, 2002)
FUENTE:
http://es.geocities.com/r_tintachina/mgonzalezsosa.htm
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Cuchillo Canario
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Por
Nicolás Guerra Aguiar
INFONORTEDIGITAL.COM Sábado 17 de Septiembre de 2005
Que un riguroso planteamiento sobre
el origen y denominación del cuchillo canario actual me haya obligado a
reflexionar detenidamente y, al menos, a poner en duda su ascendencia
inglesa resulta, como poco, harto interesante para quien siente la
curiosidad de conocer lo relacionado con su historia y con la lengua. En
efecto: desde hace mucho tiempo he apoyado la teoría de una procedencia
británica que, en resumen, relaciona el anglicismo "knife" (cuchillo de
labranza introducido en Canarias por los ingleses) con el que aquí se
utiliza, naife. O lo que es lo mismo, los canarios adoptaron la
pronunciación extranjera del vocablo lo mismo que pasó, por ejemplo, con
la palabra "kake" (nuestro queque). Por analogía, supuse, nos encontramos
en la misma situación de adaptaciones fonéticas. Pero, en este momento, ya
no estoy tan seguro de que el término se refiera a lo que, en rigor,
llamamos cuchillo canario, o lo que es lo mismo, ¿es el naife el cuchillo
canario tal como lo conocemos hoy?Hace unas semanas, Infonortedigital y arretranco.com (dos periódicos
digitales de mi pueblo, Gáldar), me remitieron a una página en la que se
hablaba de ellos. Llevado por la curiosidad, descubro que no sólo hay muy
interesantes fotografías de algunos mangos (colección particular del
autor), sino que -y es lo que tanto agradezco dado mi desconocimiento del
tema- se completa con una rigurosa información, seria, documentada y
basada en fuentes bibliográficas que van desde los estudios lingüísticos (Corominas,
mi admirado profesor Morera) o literarios (citas de autores canarios que
hablan en su obra sobre el cuchillo) hasta los que se refieren a usos y
costumbres de canarios (Grau-Bassas, Pérez Cruz, Lobo Cabrera). Se
completa con bibliografía sobre cuchillería, armas blancas, navajas, etc.
(Martínez del Peral y otros).Tras la amplísima información sobre el particular, le escribí a su autor
(don Alejandro Moreno Marrero), felicitándolo por su trabajo y por haberlo
dado a conocer. Supuse, obviamente, que se trataba de algún señor ya
maduro y del interior de alguna isla. Grande -y satisfactoria- fue mi
sorpresa: Alejandro Moreno es un joven universitario de veintipocos años
y, además, paisano cebollero, de La Montaña. Pronto estuve en su casa
(acompañado de mi mujer) y, de verdad, nos quedamos admirados no sólo por
el exquisito mimo con que cuida y atiende las casi setenta bellísimas
piezas de distintos tamaños sino porque conoce, al detalle, la historia de
cada una (algunas, de doscientos años), la escuela del cuchillero del que
procede cada unidad, los elementos usados para su confección, las
características de las incrustaciones (es capaz de localizar al autor por
las mismas)...Cuando, cuchillo en mano, empezó a explicamos su teoría de la procedencia
morisco-cristiana (Toledo y Albacete, fundamentalmente), me detuve en sus
argumentos técnicos y recordé que, en efecto, los moriscos (musulmanes que
se quedaron en tierras peninsulares tras las conquistas de los cristianos)
habían sido excelentes artesanos y dominaban el labrado y tratamiento de
los metales. Sin duda alguna, a pesar de las diferencias en la estructura
externa (lo que le hace suponer que hubo adaptación a las necesidades del
canario), la minuciosidad en la ornamentación retrotrae a la actividad
artística morisca, recreadora de mínimos elementos decorativos que, en
conjunto, crean armónica belleza y matemática conjunción. No se trata, en
efecto, de la desordenada acumulación de simples elementos embellecedores,
colocados al azar o en desorden. No: muy al contrario, la rigurosa
simetría y adecuada proporción de las partes crean, en la sencillez de su
relación, serena hermosura, relajante impacto visual que traduce, incluso,
una manera de sentir la vida tal como la define la filosofía árabe.Y todo eso, y mucho más, aprendí en la visita que le hice a mi paisano.
Por eso apunté más arriba que mantengo la procedencia fonética del término
relacionado, estrictamente, con un cuchillo canario: no pongo en duda la
identificación "knife" / naife, pero sí tengo ya mis reservas sobre si a
lo que en Canarias llamamos como tal (naife) se refiere escrupulosamente
al cuchillo canario que hoy se maneja. Puede ser -y entro ya en la pura
especulación- que, en efecto, hubiera algún tipo de cuchillo en Canarias
(naife) parecido al que introdujeron los ingleses. Pero que el actual, el
que hoy se define como tal, parece mucho más próximo a los confeccionados
por los mozárabes es algo de lo que no tengo la menor duda. Conclusión a
la que he llegado, por supuesto, después de las explicaciones de Alejandro
Moreno.La página que Alejandro tiene en internet con su tío don Norberto Marrero
(profesor en la facultad de Medicina, La Laguna) ha recibido en poco
tiempo cinco mil visitas, lo cual traduce no sólo el gran interés de
nuestros paisanos por lo que a sus tradiciones se refiere, sino, y sobre
todo, la seriedad investigadora que ofrece a los interesados porque no se
basa en especulaciones gratuitas, sino en el exhaustivo rigor que ha de
marcar las investigaciones.Alegra, en fin, saber que nuestros jóvenes se interesan por elementos
definidores de nuestra cultura, de nuestro acervo histórico. Y satisface
más, si cabe, tenerlos como paisanos cebolleros. Al menos, a mí.
Una opinión de Nicolás
Guerra Aguiar
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La batalla de los quesos
LA BATALLA DE LOS QUESOS
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Esta famosa batalla, que En sí, la batalla como Nos cuentan las Parece ser que para la Afeó en efecto "Mucho me afrenta y avergüenza que un hombre de tu estirpe, apellidado Y aquí es donde entra en En esta oportunidad la Pero fue tan intensa y Por parte de los ¿Cuál fue el resultado Y esta fue la perdición Ya se habrá imaginado el Como era de esperar, la ----------- NOTA:
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Consideraciones sobre el origen del cuchillo canario
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Por ALEJANDRO C. MORENO Y MARRERO
Santa María de Guía, a 22 de febrero de 2005Para los estudiosos, hablar del origen y procedencia del
Cuchillo Canario suele presentarse como una tarea ciertamente conflictiva e
incómoda. Sobre ello, como ya hemos apuntado en otras ocasiones, mucho es lo
que hay que decir y escaso lo que se podría afirmar. Sea como fuere, el
propósito de este estudio es añadir algo de luz a una cuestión que durante
muchos años ha mantenido en vilo a cuchillólogos y coleccionistas, así como
también a todos aquellos que nos consideramos amantes de lo nuestro.Según indica el Diccionario Etimológico
de Juan Corominas, la palabra cuchillo procede del latín "cultellus"
(instrumento cortante formado por una hoja de acero de un solo corte con un
mango de metal, madera, etc). El cuchillo es algo tan antiguo como la propia
humanidad. Su aparición se pierde en la oscuridad de los
tiempos. Históricamente, ha sido un elemento consustancial al hombre. Para
bien o para mal, el cuchillo siempre ha tenido un importante papel en la
supervivencia de la raza humana. Una de las características que diferencian al
homo sapiens del resto de los seres humanos es el uso de herramientas hechas
por él mismo. Desde la prehistoria existen pruebas de que el hombre primitivo
fabricaba este tipo de utensilios para subsistir y, en ocasiones, destruir; o
bien para defenderse de la naturaleza, de los animales o de sus congéneres.
La historia del cuchillo empieza en la
Edad de Piedra. En un principio, fueron fabricados en cuerno, hueso o madera;
sin embargo, posteriormente se descubrieron materiales más duros y resistentes
(pedernal, sílex y obsidiana). Los arqueólogos sostienen que los cuchillos
utilizados en la Época Clásica por los griegos y los romanos distaban muy poco
de los que usamos en la actualidad. Hasta finales del s.XVI, el cuchillo tuvo
una doble utilidad: cuchillo y tenedor, pues servía a la vez para cortar los
alimentos y para llevarlos a la boca.El progreso de la cuchillería se produce
como consecuencia del episodio de las Cruzadas (los métodos más avanzados de
forja y temple del acero practicados en Oriente fueron adoptados por Europa).
Desde entonces se ha considerado a la Industria Cuchillera española,
influenciada casi en su totalidad por las formas de gusto árabe (no hay que
olvidar que los musulmanes estuvieron casi ocho siglos
asentados en España), como
una de las más importantes potencias armeras del mundo. Dentro de ella,
los centros cuchilleros más afamados fueron Toledo y Albacete, ciudades donde
la fabricación de las armas blancas había sido heredada de los árabes.Según el prof. Ocete Rubio, "cuando
los castellanos llegaron a las Islas Canarias, los aborígenes aún utilizaban
armas fabricadas de obsidiana". Sobre el origen y procedencia del Cuchillo
Canario existen varias teorías diferenciadas entre sí. Algunos investigadores
sostienen que fueron los ingleses quienes lo trajeron a las islas.
Personalmente, dado que hasta ahora ha sido imposible hallar en la Industria
Cuchillera británica un tipo de cuchillo similar al canario, debo decir que no
estoy nada de acuerdo con esta primera afirmación. Dicho esto, lo que si que
se ha considerado originario de Inglaterra es la expresión "naife"; pues, como
todos sabrán, ella proviene del vocablo inglés "knife" (nombre con el que los
británicos llegados a las islas desde el s.XVI denominaban al cuchillo y que,
como escribiera el prof. Marcial Morera, entró a nuestras gentes por el oído,
con lo que se ha reproducido su pronunciación y no su escritura). Otros
estudiosos del tema dicen que, por las peculiares características del mango,
el Cuchillo Canario proviene del norte de África. Nada es lo que tengo que
añadir a esta segunda teoría. Según la tradición oral, hay también quienes no
descartan la idea de que el Cuchillo Canario pueda tener su origen en la isla
de Cuba. Acerca de esta hipótesis he de comentar que la respeto inmensamente,
pero no la comparto; ya que, estarán conmigo, en que este planteamiento cae
por su propio peso. Sin embargo, curiosamente tenemos conocimiento fidedigno
que desde las islas se enviaban Cuchillos Canarios hacia la "Perla del Caribe"
(Cuba). Esto lo hemos conocido merced a lo expresado en un documento fechado
en marzo de 1882, en Guía de Gran Canaria, donde se dice de forma literal
"yo D. Juan de León Aguiar, vecino de esta Ciudad, recibí D. Francisco Martín
Bento, como apoderado de D. Juan González Boza, con el objeto de remitir por
mi medio a Dña. María de los Dolores González y López, hija del D. Juan
González y residente en La Habana, una cajita con diferentes prendas de oro,
dos hoces y tres Cuchillos Canarios, por un importe de ciento noventa y
cinco reales de vellón"; así como en otro, donde unos meses más tarde la
citada María de los Dolores González escribe desde Cuba confirmando haber
recibido lo que le fue enviado desde Canarias.
Con respecto a la cronología del
Cuchillo Canario ocurre algo similar a lo acaecido con su origen y
procedencia. Así, mientras unos mantienen que es adoptado por la población
insular desde el s.XVIII como complemento a su vestimenta; otros afirman que
su presencia en Canarias no se remonta más allá de mediados del s.XIX (inicios
del cultivo del plátano).En cualquier caso, una vez abordadas
todas las posibles teorías acerca del origen y procedencia del Cuchillo
Canario a las que hemos tenido acceso; particularmente,
y tras una minuciosa investigación sobre ello, considero
que el origen del Cuchillo Canario está en aquellos territorios peninsulares
donde permanecieron los árabes después de finalizada la Reconquista. Para
mayores señas, me atrevería a afirmar que se encuentra focalizado o localizado
en las regiones de Toledo y Albacete, ciudades donde, como escribiera Martínez
del Peral, la fabricación de los cuchillos proviene de los moriscos, hábiles
artesanos en el labrado y tratamiento de los metales. El Dctor. Grau-Bassas,
en su obra "Usos y Costumbres de la Población Campesina de Gran Canaria",
escribía "los cabos de los cuchillos tienen un hermoso aspecto llenos
completamente de embutidos de gusto árabe". Por otro lado, conocemos que
en Canarias, según una factura fechada en abril de 1892 donde fueron recogidos
todos lo objetos que se llevaron desde Guía de Gran Canaria a la Exposición
Fiesta de las Flores (lugar donde se daban cita lo más destacados artesanos de
la época) celebrada en Las Palmas de Gran Canaria, ha sido siempre algo
habitual la importación de hojas de cuchillo procedentes de la Fábrica de
Toledo. Así, en dicha factura puede leerse, entre otras cosas, que "D. José
Batista y González (padre del insigne cuchillero guiense "Maestro Vicente
Batista) llevó tres cuchillos, de los cuales, dos de ellos eran con hoja
del país y cabo de cuerno e incrustaciones en plata; y el tercero de ellos,
con hoja de la Fábrica de Toledo con incrustaciones en oro y plata".
Dicho lo cual, a mi juicio, el Cuchillo Canario es simplemente el resultado de
la evolución sufrida en las islas por el Cuchillo Hispanoárabe que en Canarias
fue modificado como consecuencia de las nuevas tareas que tendría que
desempeñar (cultivo del plátano, picado para los animales ). Este cuchillo
mudéjar fue introducido en el Archipiélago con la llegada de los propios
conquistadores castellanos, así como, por la gran afluencia de comerciantes y
mercaderes foráneos venidos a nuestra tierra. Según el prof. Lobo Cabrera,
desde el s.XVI existen noticias de la presencia en Canarias de armas blancas
de procedencia peninsular. Concretamente, nos habla de "una espada
toledana, una daga, cinco navajas y treinta cuchillos de cabos prietos"
que en el año 1570 son enviadas a Las Palmas de Gran Canarias desde la
provincia de Cádiz. Así las cosas, todo cabe indicar que desde entonces el uso
del Cuchillo Hispanoárabe, como ocurriera siglos atrás en las principales
ciudades españolas, se hizo bastante popular entre la población insular. Con
el transcurrir de los tiempos, este tipo de cuchillo de ascendencia morisca
fue modificando algunos de sus elementos definitorios para ser sustituidos por
otros realizados por nuestros artesanos locales con la intención de satisfacer
las necesidades del hombre canario. El proceso evolutivo o modificador fue
bastante duradero, pues hasta aproximadamente mediados del s.XIX no puede
hablarse de un Cuchillo Canario propiamente dicho o definido por completo. El
prof. Sosa Álamo, respaldando aún más nuestra teoría, escribe "es muy
posible que en un principio el origen del Cuchillo Canario fuese Toledo; y que
luego enraizó en nuestra isla, donde ha pasado a formar parte de nuestro
acervo cultural, y donde ha quedado y permanece". La británica Olivia
Stone, a su paso por la ciudad grancanaria de Telde, debió encontrar buena
prueba de ello, ya que su libro de viajes está ilustrado con un Cuchillo
Canario que, dada su similitud, podría ser fácilmente confundido con una Faca
toledana o con un Cuchillo albacetense. Por último, el estudioso José Antonio
Pérez Cruz, en su obra sobre la vestimenta tradicional grancanaria, recoge
"el cabo, como parte más considerada del naife, ofrece una interminable gama
de dibujos de inspiración árabe o morisca " En la actualidad, el Cuchillo
Canario aún conserva muchos de aquellos primitivos rasgos de marcada
ascendencia hispanoárabe, morisca, mudéjar, musulmana o peninsular (motivos
florales o vegetales, jaqueados, dameros, ajedrezados ), pues, como dice el
refranero popular, "por más que se quiera, nadie puede negar su raza".
Si más, a modo de conclusión final,
considero que el origen y procedencia del Cuchillo Canario se encuentra en los
árabes que tras la Reconquista se establecieron en las ciudades de Toledo y
Albacete; no obstante, lo verdaderamente importante es que a día de hoy
podemos hablar de él como algo nuestro, como algo que ha pasado de generación
en generación, como algo con lo que todos nos sentimos identificados, como
algo digno de admiración ; en definitiva, como el Cuchillo de Canarias, o si
se me permite la expresión, de la Isla de la Gran Canaria.
NOTA: LOS
CUCHILLOS CANARIOS QUE ILUSTRAN EL PRESENTE TRABAJO PERTENECEN A LA COLECCIÓN
PARTICULAR DEL AUTOR.
BIBLIOGRAFÍA
1) Corominas, Joan:
"Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana". Madrid, 2003.
2) Donoso-Cortés, Ricardo;
Martínez del Peral y Fortón, Rafael y Alonso Gargallo, Pilar:
"Una Mirada a la Historia de la Cuchillería de Albacete".
Albacete, 1994.
3) González, Hilario:
"La Fábrica de Armas Blancas de Toledo". Valencia, 1996.
4) Grau-Bassas, Víctor: "Usos
y Costumbres de la Población Campesina de Gran Canaria". Las Palmas, 1980.
5) Lobo Cabrera, Manuel: "Gran
Canaria e Indias durante los primeros Austrias". Madrid, 1990.
6) Martínez del Peral y Fortón,
Rafael: "Las Armas Blancas en España e Indias". Madrid, 1992.
7) Martínez del Peral y Fortón,
Rafael: "Los Cuchilleros de Albacete en los siglos XVII y XVIII".
Madrid, 1993.
8) Morera, Marcial:
"Diccionario Histórico Etimológico del Habla Canaria". Islas Canarias,
2001.
9) Mouret, Jean-Noël: "El
Mundo de los Cuchillos". Barcelona, 1996.
10) Noiret, Michel: "Cuchillos
y Navajas". Barcelona, 2000.
11) Ocete Rubio, Rafael: "Las
armas Blancas en España". Madrid, 1988.
12) Pascual, Mariana (de) y
Sánchez Ferrer, José: "Cuchillería, Arte y Patrimonio de Castilla La
Mancha". Albacete, 2004.
13) Pérez Cruz, José Antonio:
"La Vestimenta Tradicional en Gran Canaria". Las Palmas de Gran Canaria,
1996
14) Sach, Jan: "Enciclopedia
ilustrada de las Armas Blancas". Madrid, 1999.
15) Sánchez Ferrer, José:
"Introducción al Estudio de la Cuchillería Artística de Albacete".
Albacete, 2001.
16) Sosa Álamo, Sebastián:
"Catálogo de la Exposición sobre el Cuchillo Canario celebrada en el Casino de
Las Palmas". Las Palmas", 1998.
17) Stone, Olivia: "Tenerife y
su Seis Satélites". Las Palmas, 1995.
Otras fuentes consultadas
18) Archivo particular de Alejandro C.
Moreno y Marrero.19) Fondo Documental Pedro Bautista
Hernández (Archivo Municipal de Guía de Gran Canaria).
Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 26/05/2006.
El Cuchillo Canario: tradición e identidad
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Por ALEJANDRO C. MORENO Y MARRERO
Santa María de Guía, Diciembre de 2005
El Cuchillo Canario ha sido
desde antaño una herramienta indispensable para el agricultor y ganadero
grancanario. Su origen está en las Industrias cuchilleras de Toledo y
Albacete, ciudades donde se establecieron los árabes una vez finalizada la
Reconquista. Muchos autores consideran que el Cuchillo Canario es adoptado
por la población insular como complemento a su vestimenta desde el s.XVIII;
sin embargo, otros investigadores sostienen que realmente su presencia en
Canarias no se remota más allá de mediados del s.XIX (inicios del cultivo
del plátano). La localización geográfica de sus fabricantes siempre estuvo
relacionada con el platanar (Guía, Gáldar, Arucas y Telde). Con el
transcurrir de los tiempos el Cuchillo Canario ha pasado de ser aquel
instrumento íntimamente ligado al ajuar de nuestros abuelos a ser
considerado una verdadera pieza de orfebrería. En la actualidad, tenemos
el honor de contar con un gran elenco de maestros cuchilleros que nos
garantizan la total y absoluta pervivencia en las islas de esta tan
arraigada tradición. Así, el Cuchillo Canario, erróneamente llamado
naife, se configura como uno de los más importantes símbolos de nuestra
identidad y/o cultura popular canaria, una cultura que entre todos hemos
hecho y de la cual debemos sentirnos inmensamente orgullosos.
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ALEJANDRO C. MORENO Y MARRERO
nace en la ciudad de Gáldar.
Cursa sus primeros estudios en el C.P. Antonio Padrón de Gáldar.
Posteriormente, prosigue su formación académica en el I.B. Saulo Torón del
mismo municipio, donde tiene como profesores a Antonio J. Cruz y Saavedra
y a Celso Oliva Sosa. Todo ello lo combina con los estudios de piano y
guitarra en la Escuela Municipal de Música de Gáldar, y luego en la
Escuela Municipal de Música de Santa María de Guía, donde recibe clases de
manos de los profesores Víctor Batista yEs miembro de la Tertulia Agustín Espinosa, así como autor de varias
publicaciones: "Maestro Vicente Batista Léon y su contribución al mundo de
la cuchillería en Canarias" (2003, infonortedigital); "El monumento al
Cuchillo Canario" (2004, Infonortedigital); "Pequeña historia de los
papagüevos de Guia de G.C." (2004, Infonortedigital); Los títulos
nobiliarios de Castilla que radican en las Islas Canarias" (2005,
Infonortedigital); "Origen y procedencia del Cuchillo Canario" (2005,
Infonortedigital); "El Cuchillo Canario, arte popular" (2005, Revista
digital BienMesabe) y "Consideraciones generales sobre el Cuchillo
Canario" (2005, Revista de etnografía El Pajar). Ahora, nos presenta su
último trabajo titulado Estudio Jurídico del Cuchillo Canario".También es Director de www.CuchilloCanario.com , cuchillólogo,
especialista y coleccionista de Cuchillos Canarios (posee una colección de
alrededor de unas 70 piezas de los siglos XIX, XX y XXI).En la actualidad, cursa estudios de Derecho en la Facultad de Ciencias
Jurídicas de la Universidad de Las Palmas de G.C.Lleva varios años preparando la publicación de un minucioso trabajo de
investigación sobre el Cuchillo Canario que muy pronto saldrá a la luz.
Otras fuentes consultadas
18) Archivo particular de Alejandro C.
Moreno y Marrero.19) Fondo Documental Pedro Bautista
Hernández (Archivo Municipal de Guía de Gran Canaria).-----------------------------------
EL CANÓNIGO GORDILLO, MI PARIENTE.
Miércoles 07 de Diciembre de 2005En las siguientes líneas, como curiosidad, trataré de
exponer grosso modo el resultado obtenido de una pequeña investigación
acerca de una de las ramas de mi familia; pues, felizmente, he logrado
averiguar que estoy emparentado con el ilustre personaje dieciochista
D. PEDRO J. GORDILLO y RAMOS, quién, como todos sabemos, fuera
Presidente de las Cortes de Cádiz de 1812. Dña. Inés Gordillo y Ramos
(hermana del Canónigo) casó con D. Agustín Luján (pariente del prestigioso
imaginero José Luján Pérez). De este matrimonio nace Dña. Juana Luján
Gordillo, casada con su primo D. Juan Gordillo. Hijo de este casamiento
fue D. José Luján Gordillo, quien casó con Dña. Antonia Vitoria
(descendiente de D. Juan de Vitoria y Vélez, suegro del Capitán Quesada).
De este matrimonio nació D. Cayetano Gordillo Vitoria, quien casó con Dña.
Dolores Lucía Vega Bermúdez. Hijo de este casamiento fue D. Cayetano
Gordillo Vega, matrimoniado con Dña. Matilde Martell Pérez. De este enlace
nació Dña. Cristobalina Gordillo Martell casada con D. Luís Norberto
Marrero Bolaños. Hija de este matrimonio sería Dña. María del Carmen
Marrero Gordillo, quién casó con D. Manuel Moreno Miranda. Finalmente,
fruto de este casamiento nace
Alejandro C. Moreno y Marrero
FUENTE:
WWW.INFONORTEDIGITAL.COM
Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 26/05/2006.
Texto íntegro del amplio suplemento que le dedicó el periódico LA PROVINCIA
IN MEMORIAM HOMENAJE A UN
HISTÓRICO DEL PERIODISMO CANARIO: Falleció Santiago Betancort Brito
La despedida emocionada de algunos de sus
mejores amigos
Portada
del diario LA PROVINCIA del 18 de enero
de 2006
El último adiós.
Información de LA PROVINCIA del 19 de enero de 2006
El último APUNTE
de Santiago para CANAL 9 TELEVISIÓN
Pasión por el
periodismo.
Por Amado Moreno
Gran
periodista, amigo inolvidable. Por Guillermo
García-Alcalde
Hasta luego, querido amigo.
Por Lorenzo OlartePura sangre del periodismo. Por Antonio Cruz Domínguez
In
Memoriam, Santiago.
Por Onelio RamosHasta siempre, Santiago. Por Pedro González Sosa
Un maestro, uno de los imprescindibles.
Por Santiago GilDejas tu impronta en nuestras vidas. Por José Abraham Domínguez
Santiago Betancort Brito, el apunte de un adiós. Por Juan José
LaforetLuto en la docencia. Por José Manuel Vega
Santiago, adiós amigo. Por Sebastián Sarmiento Domínguez
SUPLEMENTO PUBLICADO PORLOS DÍAS
18, 19 Y 20 DE ENERO DE 2006
Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 26/05/2006.
Los títulos nobiliarios que radican en Canarias
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LOS TÍTULOS NOBILIARIOS DE CASTILLA
QUE RADICAN EN LAS ISLAS CANARIAS
Por ALEJANDRO C.
MORENO Y MARRERO.Estudiante de
Derecho, U.L.P.G.C.Guía,
a 7 de diciembre de 2004.
Como su propio nombre indica, el propósito de este estudio es abordar de forma
ordenada y cronológica todos y cada uno de los títulos nobiliarios concedidos
por los monarcas españoles a las Islas Canarias. Así, quien no ha escuchado
hablar alguna vez de la Torre de los Condes de la Gomera, la generosidad y
valor de D. Agustín de Herrera y Rojas (Marqués de Lanzarote), la famosa
Tertulia de Nava (reunida en torno al palacio lagunero de D. Tomás de Nava-Grimón,
Marqués de Villanueva del Prado), el radical Marqués de la Florida (D. Luís
Benítez de Lugo y Benítez de Lugo), el máximo responsable de la fundación de
la Universidad de La Laguna (D. Antonio Porlier y Sobranis, Marqués de
Bajamar), el precursor de la Ilustración en Canarias (D. Cristóbal del Hoyo
Solórzano, Marqués de San Andrés y Vizconde de Buen Paso), el patrimonio del
Conde de la Vega Grande, la actividad cívica de D. Valeriano Weyler y Nicolau
(Marqués de Tenerife), la intachable trayectoria política de D. Fernando León
y Castillo (Marqués del Muni) o los hermosos jardines de la Marquesa de Arucas
(Dña. Rosario Massieu y Fernández del Campo, recientemente fallecida). Sin más
dilación, de todo ello y mucho más versará, a grandes rasgos, nuestro trabajo
de hoy.
La noticia más antigua que se
conoce acerca de la existencia de personas investidas en honores y
preeminencias sociales para dar esplendor al trono de los reyes, la
encontramos en la monarquía visigoda, así como en las posteriores monarquías
formadas con el fenómeno de la Reconquista. Este conjunto de personajes
áulicos que rodea al monarca, denominados en los textos de la época con el
nombre de Aula Regis o Palatium Regis, representará lo que en la Edad Moderna
serían los "Grandes de España".A partir del s.XII estos
altos dignatarios, conocidos hasta entonces en Castilla y León como magnates,
y en Cataluña, Aragón y Navarra como barones, comienzan a ser designados con
el calificativo de "ricos hombres" (hombres poderosos). En su calidad de
nobles de elevada posición, gozaban de numerosos privilegios, tales como
exenciones tributarias, jurisdicción de mixto imperio en sus dominios y
atribuciones para efectuar reclutamientos de huestes militares propias. Se
trataba de prestar servicios al monarca por vínculo de vasallaje, y ser
servidos, a su vez, por sus propios vasallos (nobles de inferior jerarquía
llamados infanzones o caballeros).Por aquellos servicios,
principalmente de carácter castrense, prestados por los ricos hombres a sus
monarcas, eran recompensados con el usufructo o propiedad perpetua de grandes
dominios territoriales en los que ejercían poderes quasi plenos. En estos
señoríos, tenían potestad para administrar justicia (excepto en última
instancia, ya que los reyes se guardaban el derecho de apelación de la Corona)
e instituir patronatos eclesiásticos con la prerrogativa de intervenir en la
designación de los ministros de culto que habían de hacerse cargo de iglesias
y capellanías en los territorios que el rey les había concedido.Los ricos hombres, llegaron
a constituir un auténtico grupo social que a comienzos de la Edad Moderna pasa
a ser denominado "Grandeza de España". Formaban la jerarquía superior del
estamento nobiliario titulado. De entre sus muchos privilegios, podríamos
destacar: ocupar determinados cargos en el llamado servicio de etiqueta de la
Corte, tener derecho a acudir siempre en calidad de jefes a las campañas
castrenses en las que tomaran parte, preceder a los prelados en las ceremonias
y tener libre acceso en el Real Palacio.Con el beneplácito de los
monarcas, los Grandes de España alcanzaron un boato muy similar al regio,
llegando a mantener en torno a ellos verdaderas cortes paralelas a la de los
soberanos. Esta posición, a pesar de ser simplemente honorífica, llevaba
consigo una preeminencia política y unas ventajas económicas que explican el
hecho de que durante el llamado Antiguo Régimen fuesen los Grandes de España
los que detentaron los resortes de la gobernación, puesto que, en gran medida,
de ellos dependía que los monarcas nombrasen para altos cargos castrenses o
administrativos a nobles de menor jerarquía, o incluso, a personas no
pertenecientes al estamento nobiliario, pero vinculados unos y otros por algún
lazo de parentesco o servilismo.Desde finales del s.XV, se
han empleado en nuestro país las expresiones "ricos hombres" y "grandes de
España" la una como sinónimo de la otra. La tradición ha considerado a Carlos
I de España, al ser coronado Emperador de Alemania en 1520, quién dio al
término de "grande" un reconocimiento legal; sin embargo, no ha sido posible
encontrar el Real Decreto emanado de la voluntad del monarca donde se recoja
la creación de esta "Grandeza Española".En Canarias, la llamada
clase privilegiada se forma en torno a los grandes señores de las Islas de
Señorío; y a los conquistadores castellanos más relevantes (Castillo, Vergara,
Benítez, Lope Fernández, Sotomayor, Fierro), los miembros pertenecientes a
destacados "albergo" genoveses (Ponte, Sobranis, Lercaro-Justiniani, Rizo,
Grimaldi) y un minoritario grupo de mercaderes flamencos (Monteverde, Massieu,
Van de Walle) de las Islas Realengas. Todos ellos tenían en común la riqueza y
el ejercicio del poder. Esta riqueza provenía, en unos casos, de importantes
fortunas adquiridas antes de su llegada al Archipiélago; y en otros, del
beneficio de los grandes repartimientos. Con el paso del tiempo, este conjunto
tan heterogéneo fue cohesionándose hasta crear una verdadera nobleza local.
Los medios para lograrlo fueron, entre otros, la fijación de un estatuto
privilegiado, la creación de linajes mediante la institución del mayorazgo y
la transmisión hereditaria de cargos. El tránsito de la aristocracia canaria a
la verdadera nobleza se produce al generalizarse la transmisión hereditaria de
cargos y honores; así como, la vinculación de los bienes patrimoniales al
mayorazgo. En cualquier caso, la consolidación de esta clase social se ha
solido identificar con el establecimiento obligatorio de lazos familiares
entre sus miembros, proceso endogámico bastante habitual entre el patriciado
de la Baja Andalucía.La primera referencia
nobiliaria que radica en Canarias de la que se tiene conocimiento fidedigno es
la de Condes de la Gomera. Este título fue concedido en 1487 por los
Reyes Católicos a D. Diego García de Herrera y a su esposa Dña. Inés Peraza de
las Casas, Señores de las Islas Canarias. De un lado, D. Diego de Herrera, I
Conde de la Gomera, era hijo de D. Pedro García de Herrera, Rico-ome (léase
rico hombre) y Mariscal de Castilla, Señor de Ampudia y Capitán General de
Xeréz de la Frontera, y de Dña. María de Ayala, Señora del Estado y de la Casa
de Ayala; y de otro, Dña. Inés Peraza de las Casas, I Condesa de la Gomera,
había nacido fruto del matrimonio entre Hernán Peraza (el Viejo) y Dña. Inés
de las Casas. La actividad desplegada por Diego de Herrera, en representación
y defensa de los derechos señoriales de su esposa (hija y heredera de Hernán
Peraza), fue bastante continuada y enérgica. Su primera acción importante fue
la recuperación de Lanzarote, cuyos vecinos, tras desalojar a los portugueses
en 1450, se habían alzado contra el señorío pidiendo su pase al realengo.
Pacificadas las islas conquistadas, Herrera realizó diversas incursiones en
Gran Canaria y Tenerife, levantando torres en Añaza (actual Puerto de la Cruz,
Tenerife) y Gando (Gran Canaria). Desde 1459, las pretensiones portuguesas le
obligaron a defender el señorío. Ese mismo año el Capitán luso Diego de Silva
atacó Lanzarote y Gran Canaria, sin embargo, logró saldar ese episodio con el
casamiento de Silva con su hija María de Ayala. Según la historiografía, el
mandato de Diego de Herrera se caracterizó por su dureza con los hombres del
señorío. La Corona, finalmente, decidió pasar a la conquista de las restantes
islas, comprando los derechos que los Herrera-Peraza tenían sobre ellas. El
título de Conde de la Gomera es confirmado, según Real Decreto de 18 de julio
de 1670, en favor de D. Guillén Peraza de Ayala y Rojas, por la Reina
Gobernadora Dña. Mariana de Austria. El 2 de octubre de 1985 se expidió carta
de sucesión en favor de Dña. María Cotoner y Martos, hermana del Marqués de
Adeje.Las mercedes de Conde
y Marqués de Lanzarote son otorgadas, según Reales Decretos de 9 de
septiembre de 1567 y de 1 de mayo de 1584, respectivamente, a D. Agustín de
Herrera y Rojas, Señor de Lanzarote y Fuerteventura, por Felipe II. Según
Viera y Clavijo, nuestro más ilustre historiador, D. Agustín de Herrera
"estaba adornado de méritos personales que le hacían digno de mandar todas las
Canarias y no era incapaz de conquistarlas de nuevo". Era hijo de D. Pedro
Fernández de Saavedra y Dña. Constanza de Sarmiento. Casó en primeras nupcias
con Dña. Inés Benítez de las Cuevas, hija de D. Pedro Ponte, de quien no tuvo
descendencia. Con la lanzaroteña Bernardina de Cabrera tuvo dos hijas
ilegítimas, llamadas Juana y Constanza de Herrera, casada esta última con D.
Gonzalo Argote de Molina. En 1588 contrajo matrimonio en Madrid con Dña.
Mariana Henríquez Manrique de la Vega, de quien tuvo un hijo que detentó su
mismo nombre y le sucedería en el señorío. De su actividad político-militar
podemos destacar: sus constantes entradas en Berbería y su mando en Madeira
como Capitán General de esa Isla. D. Agustín de Herrera y Rojas se presenta
como una de las figuras más sobresalientes en la historia de las islas
señoriales. Viera y Clavijo dice, nuevamente, de él "fue este personaje un
caballero dotado de todas las excelentes cualidades que hacen el verdadero
mérito de un hombre de mundo, y quizá ningún canario le excedió en
generosidad, en valor, en grandeza de alma, en nobleza de pensamientos, en
actividad y conducta". Su muerte tiene lugar en Teguise (Lanzarote) en 1598.
El título Marqués de Lanzarote se expidió, mediante carta de sucesión, el 24
de febrero de 1967 en favor de D. Luís Benítez de Lugo y Massieu, hijo de D.
Luís Benítez de Lugo y Ascanio (Marqués de la Florida) y Dña. Rosario Massieu
y Fernández del Campo (Marquesa de Arucas), recientemente fallecida.El título de Marqués de
Celada es concedido, según Real Decreto de 8 de septiembre de 1614, a D.
Alonso Fernández de Córdoba y Figueroa, Mayordomo Mayor del Rey y Comendador
de la Orden de Calatrava, por S.M. el Rey Felipe II. D. Alonso Fernández de
Córdoba, I Marqués de Celada, era hijo del Marqués de Villafranca y la
Marquesa de Priego. El 16 de marzo de 1956 se expidió carta sucesoria en favor
de D. Diego Benítez de Lugo y Ascanio (hermano del Marqués de la Florida)
casado con la Marquesa de Ibarra, Dña. María Ascanio y Poggio.Hasta 1640, los monarcas
españoles fueron poco generosos a la hora de otorgar la dignidad de la
grandeza (si bien debemos decir que cuando accede al trono Felipe II, los
primitivos grandes que había en España hasta entonces llegaron a duplicarse),
pero a partir del citado año, coincidiendo con el máximo apogeo de esta clase
social, los reyes Felipe IV primero, y Carlos II después, se mostrarían
bastante pródigos en otorgar "Grandezas de España".En el año 1666 se conceden
a Canarias varias dignidades nobiliarias.En primer lugar, el título de
Marqués de Adeje (léase también Adexe), concedido, según Real Decreto de
15 de abril de 1666, a D. Juan Bautista de Ponte-Fonte y Pagés, Maestre de
Campo y Alcaide del Castillo de Adeje, por el monarca Carlos II. El 31 de mayo
de 1994 se expidió carta de sucesión en favor de D. Nicolás Cotoner y Martos,
hermano de la Condesa de la Gomera.En segundo lugar, el de
Marqués de Acialcázar, concedido, según Real Decreto de 16 de abril de
1666, a D. Baltasar López de Vergara y Grimón, Señor de la Villa de Acialcázar,
por Carlos II. El 10 de julio de 1953 se expidió carta de sucesión en favor
de D. Gonzalo de Quintana y Nelson.En tercer y último lugar, el de
Marqués de Villanueva del Prado, concedido, según Real Decreto de 16 de
noviembre de 1666, a D. Tomás de Nava y Grimón, Regidor Perpetuo de la Isla de
Tenerife, por Carlos II. Entre los personajes más importantes de esta casa
nobiliaria hay que destacar la figura de D. Tomás de Nava-Grimón y Porlier
(1734-79), V Marqués de Villanueva del Prado. Era hijo de Pedro Antonio de
Nava-Grimón y Aguilar (IV Marqués de Villanueva del Prado) y de su esposa Dña.
Felipa Magdalena Porlier y Sopranis (hermana del que luego sería I Marqués de
Bajamar). D. Tomás de Nava-Grimón y Porlier fue Regidor Perpetuo del Cabildo
Tinerfeño y Diputado de la Corte. Pertenecía al grupo de los canarios
ilustrados. Su contribución a la cultura en las islas fue bastante
enriquecedora: era el anfitrión de la conocida Tertulia de Nava, conjunto de
sabios reunidos en torno a su palacio de Santa Catalina (La Laguna) que
pasaron de comentar los sucesos cotidianos de la ciudad a las discusiones
sobre sus estudios, lecturas e ideas; y el impulsor de la Real Sociedad
Económica de Amigos del País de Tenerife. No menos importante fue su hijo D.
Alonso de Nava-Grimón y Benítez de Lugo (1759-1832, VI Marqués de Villanueva
del Prado), considerado uno de los más significativos oligarcas canarios. D.
Alonso de Nava-Grimón, poseedor de una vasta cultura y viajero por Francia y
España, fue un teórico del mercantilismo y el verdadero artífice del Jardín
Botánico de La Orotava; así como Presidente de la Junta Suprema de 1808, donde
expresó como nadie los postulados reformistas y los límites de su grupo
social. El título de Marqués de Villanueva del Prado se expidió, mediante
carta de sucesión, el 22 de octubre de 1968 en favor de D. Manuel de Quintana
y Sáenz.La dignidad de Marqués
de Torre Hermosa es concedida, según Real Decreto de 5 de agosto de 1671,
a D. José de Mesa y Llarena Lugo-Calderón, Caballero de Calatrava y Regidor
Perpetuo de la Isla de Tenerife, por Carlos II. El 18 de febrero de 1970 se
expidió carta de sucesión en favor de D. Leopoldo Cólogan y Osborne, Marqués
de la Candia.La merced de Marqués de
la Fuente de Las Palmas es concedida, según Real Decreto de 16 de octubre
de 1679, a D. Diego de Dotelo Jorba-Calderón Franiel Montes de Oca Henestrosa
Ribera y Velásquez de Cuéllar, Caballero de Calatrava, por Carlos II. El 8 de
enero de 1985 se expidió carta de sucesión en favor de D. Elicio Lecuona y
Rodríguez.El título de Marqués de
la Breña es concedido, por Real Decreto de 8 de noviembre de 1679, a D.
Diego de Alvarado-Bracamonte y Vergara Crespo y Grimón por Carlos II. Según
Fernández de Bethencourt, D. Diego de Alvarado, I Marqués de la Breña, era
hijo homónimo del Gobernador de las islas de Tenerife y La Palma D. Diego de
Alvarado Bracamonte. Fue Maestre de Campo de un tercio levantado en Canarias
con destino a la defensa del Imperio de Europa y América, General de
Artillería y Ministro del Consejo de Guerra. El título de Marqués de la Breña
se expidió, mediante carta de sucesión, el 7 de mayo de 1969 en favor de Dña.
María Salamanca y Laffite.El título de Marqués de
Villafuerte es otorgado, por Real Decreto de 29 de noviembre de 1680, a D.
Francisco de Molina y Lugo Llarena y Carrasco por D. Carlos II. El 20 de junio
de 1904 se expidió carta de sucesión en favor de Dña. María del Carmen de
León-Huerta y Cólogan.La dignidad de Marqués
de la Florida es concedida, según Real Decreto de 24 de septiembre de
1685, a D. Francisco del Hoyo y Calderón Lugo y Benítez de Vergara, Regidor
Perpetuo de Tenerife, por Carlos II. En esta casa nobiliaria destaca
sobremanera la figura de D. Luís Benítez de Lugo y Benítez de Lugo (1837-76),
VIII Marqués de la Florida. El "radical Marqués de la Florida", como así lo
denominara Marcos Guimerá Peraza, era hijo primogénito de D. Luís Jerónimo
Benítez de Lugo y del Hoyo Solórzano (VII Marqués de la Florida, que había
heredado el título de su padre D. Luís Bonifacio del Hoyo y Lugo Sotomayor) y
Dña. Elena Benítez de Lugo y Urstusáustegui. El título de Marqués de la
Florida se expidió, mediante carta de sucesión, el 20 de julio de 1940 en
favor de D. Luís Benítez de Lugo y Ascanio (X Marqués de la Florida), casado
con Dña. Rosario Massieu y Fernández del Campo, Marquesa de Arucas,
recientemente fallecida.La merced de Conde del
Valle de Salazar es concedida, según Real Decreto de 21 de enero de 1686,
a D. Cristóbal Lázaro Salazar de Frías Espinosa Abarca del Hoyo y Alzola,
Maestre de Campo y Caballero de Calatrava, por Carlos II. D. Cristóbal
Salazar, I Conde del Valle de Salazar, nace en La Laguna el 31 de marzo de
1645. Sus padres fueron D. Cristóbal de Frías Salazar y Dña. Inés Espinosa y
Hoyos. En 1671 ingresó en la Orden de Calatrava. Desempeñó el cargo de
Gobernador del Castillo de Sanlúcar de Barrameda. Casó con Dña. María de Ayala
y Rojas, hermana del VIII Conde de la Gomera, de la que no tuvo descendencia
alguna. Murió en Milán en 1716. El título de Conde del Valle de Salazar se
expidió, mediante carta de sucesión, el 16 de marzo de 1925 en favor de Dña.
Laura Salazar de Frías y Benítez de Lugo, Marquesa viuda de la Villa de San
Andrés y Vizcondesa de Buen Paso.El título de Conde del
Palmar es otorgado, por Real Decreto de 22 de noviembre de 1686, a D.
Pedro de Ponte y Llarena Hoyo y Calderón por el monarca español Carlos II. D.
Pedro de Ponte y Llarena, nacido en Garachico (La Palma), tomó parte en las
campañas de Portugal y Flandes, haciéndose famoso por su audacia. El rey
premió su servicio asignándole la Capitanía General de Tierra Firme y la
presidencia de la Real Audiencia de Panamá, primero; y concediéndole el título
de Conde del Palmar, después; a la vez que premiaba a su hermano con la
concesión del marquesado de la Quinta Roja. El Gobierno de D. Pedro de Ponte y
Llarena, I Conde del Palmar, se caracterizó por su intemperancia con las
personas. Había intentado abusar de D. Cristóbal, I Conde del Valle de
Salazar, de D. Juan del Hoyo, su propio primo y Marqués de Siete Fuentes, y de
otros muchos caballeros de su alrededor. Nuestro mayor historiador D. José
Viera y Clavijo escribe, en su Historia de las Islas Canarias, que a D. Pedro
de Ponte y Llarena se le acusaba "la viva ansia de tomar dinero por todos los
caminos posibles, costumbre que trajo de Panamá; dar los empleos militares y
de rentas a los suyos; descuidar lo que le tocaba, por atender a lo que no era
de su incumbencia, abuso que se halla en muchas partes". El título de Conde
del Palmar se expidió, mediante carta de sucesión, el 28 de agosto de 1976 en
favor de otro D. Pedro de Ponte y Llarena.La dignidad de Marqués
de la Quinta Roja es otorgada, según Real Decreto de 17 de julio de 1689,
a D. Cristóbal de Ponte y Juárez Llarena y Calderón, hermano del anterior, por
S.M. el Rey Carlos II. El 9 de marzo de 1964 se expidió carta de sucesión en
favor de D. José Augusto de Ponte y Méndez de Lugo.El título de Marqués de
Bajamar (léase también Baxamar) es concedido en Perú, según Real Decreto
de 12 de marzo de 1791, a D. Antonio Porlier y Sobranis Ruth y Dutaris, por el
monarca español Carlos IV. D. Antonio Porlier, I Marqués de Bajamar, era hijo
de D. Esteban Porlier, Cónsul de Francia en Tenerife, y de Dña. Rita de la Luz
Sobranis. Nació en La Laguna en 1722. Después de una corta estancia en Sevilla
(en compañía de su hermana mayor, la Marquesa de la Florida), regresa a su
ciudad natal donde comienza sus estudios de Teología y Artes. En 1748 se
licenció en Leyes por la Universidad de Salamanca. Posteriormente, marcha a
Madrid donde trabó gran amistad con destacados intelectuales, a cuyas
tertulias y salones concurrió demostrando en ellos las condiciones que
atesoraba y le llevaron al puesto de Fiscal en la Real Audiencia de Lima
(Perú). Luego, sería llamado a España para ocupar el cargo de Fiscal Supremo
en el Real Consejo de Indias. Carlos III le concedió la cruz de Caballero de
su Real Orden. En 1780 ascendió al puesto de Consejero de la citada Cámara,
siendo en 1887 Secretario de Estado y del Despacho Universal de Gracia y
Justicia de Indias (cargo equivalente al de un Ministro del Gobierno de hoy).
En relación con las islas, D. Antonio Porlier había conseguido en 1792 que se
concediera el derecho a una universidad (Universidad de La Laguna). El I
Marqués de Bajamar pertenece a la segunda generación de ilustrados canarios.
Según Marcos Guimerá Peraza, de sus retratos (no numerosos pero suficientes) y
de su firma, se puede extraer que era un hombre de mucho carácter, de genio
fuerte, de gran tesón y un temperamento muy nervioso. D. Antonio Porlier fue
miembro de las Reales Academias de la Lengua Española, de la Historia de
España y de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. La Real Sociedad
Económica de Amigos del País de Tenerife lo designó su Director, cargo que
desempeñó durante varios años. Se ha considerado a Porlier un excelente
representante de las virtudes cívicas e intelectuales, por las que se
distinguió en una época muy complicada y en la que también se hicieron famosos
otros ilustres canarios. Fue un gran patriota, un hombre digno y trabajador
que vio ensombrecidos los últimos años de su vida por la tormentosa situación
política, en la cual, por su alto cargo, se vio envuelto (fallece en 1813). El
título de Marqués de Bajamar se expidió, mediante carta de sucesión, el 10 de
octubre 1974 en favor de D. Antonio Francisco de Paula Porlier y Jarava.El título de Conde de
Siete Fuentes es concedido, por Real Decreto de 18 de septiembre de 1698,
a D. Juan del Hoyo Solórzano y Sotelo Gallegos y Jorba, Caballero de
Calatrava, por S.M. el Rey Carlos II. D. Juan del Hoyo Solórzano, I Conde de
Siete Fuentes, era hijo de D. Gaspar del Hoyo Solórzano y Dña. Ana Jacinta de
Sotomayor; y hermano de D. Cristóbal del Hoyo y Solórzano (I Marqués de la
Villa de San Andrés y Vizconde de Buen Paso). Casó con Dña. Ana Sánchez. Fue
Capitán de Fragata y Gobernador del Castillo de La Habana, donde residió por
un período cercano a los veinte años. El título de Conde de Siete Fuentes se
expidió, mediante carta de sucesión, el 8 de noviembre de 1963 en favor de D.
Ildefonso Salazar y Frías del Hoyo Solórzano.Con los albores del s.XVIII,
y la llegada de Felipe V, primer monarca de la Dinastía Borbón en el trono
español, se situará en 113 las grandezas otorgadas en España, número
considerable que la gratitud de dicho soberano se encargaría de incrementar.
De estas 113 grandezas, serían alrededor de unas 16 las que, hasta entonces,
radican en las Islas Canarias.Las dignidades de
Marqués de la Villa de San Andrés y Vizconde de Buen Paso
recaerían, según Real Decreto de 10 de febrero de 1708, en la persona de D.
Cristóbal del Hoyo Solórzano y Sotomayor Alzola y Fonte Topete y Massieu,
concedidas por S.M. el Rey D. Felipe V. D. Cristóbal del Hoyo Solórzano, I
Marqués de San Andrés y Vizconde de Buen Paso, fue un espíritu inquieto,
resuelto, curioso, rebelde..., pero sobre todo, el verdadero precursor de la
Ilustración en Canarias. Nace el 31 de diciembre de 1677 en Tazacorte (La
Palma). Sus padres fueron D. Gaspar del Hoyo, Caballero de la Orden de
Calatrava y Capitán General de la Nueva Andalucía, y su esposa Dña. Jacinta
Montemayor. Pasó su juventud en la isla de La Palma, donde hizo sus primeros
estudios. Luego se trasladaría a Europa, recorriendo Inglaterra, Francia,
Holanda, Portugal y España. Estuvo varios años residiendo en París disfrutando
de la vida ociosa, disipada y libre de la nobleza de entonces. En 1716, cuando
contaba 38 años de edad, regresa a su España y se instala en la isla de
Tenerife, lugar donde habitaba una parte de su familia. Allí tuvo la desgracia
de encontrase con su sobrina, la señorita Dña. Leonor del Hoyo, de la que se
enamora con la ligereza propia de su carácter, y de quien perece ser, fue
correspondido. Fijó entonces su residencia en Icod. La inclinación del Marqués
de San Andrés a la implacable y sangrienta crítica que nada respeta, le había
ocasionado graves disgustos con el clero, amigos e incluso con la Inquisición.
El placer de decir chiste oportuno, para lo que poseían una gracia inimitable,
le lanzó muchas veces en las más funestas imprudencias. En cualquier caso, el
origen de sus futuras desgracias sería una carta que escribió a su sobrina y
que enseñó a D. Lucas Conejero, Obispo de la Diócesis. D. Cristóbal del Hoyo y
Solórzano, como consecuencia de ello, fue aprisionado una noche del 4 de
diciembre de 1732 en uno de los más apartados calabozos del Castillo de Paso
Alto, principal fortaleza del entonces lugar de Santa Cruz de Tenerife.
Permaneció allí encerrado alrededor de unos 8 años, sin embargo, después de
unas aventuras rocambolescas, logró escapar y pasar a la isla de Madeira.
Desde ahí, pasó a Lisboa, para luego avecindarse en Madrid, en cuya ciudad
contrae matrimonio y permanece unos 17 años. Finalmente, regresa de nuevo
Tenerife, donde muere hacia 1762. D. Cristóbal del Hoyo y Solórzano es,
posiblemente, el mejor poeta canario del s.XVIII (neoclasicismo en Canarias) y
su prosa, por su vigor y originalidad, recuerda, según los expertos, al mejor
Quevedo. El título de Marqués de la Villa de San Andrés se expidió, mediante
Real carta de sucesión, el 20 de julio de 1979 en favor de D. Felipe del Hoyo
y Machado. La merced nobiliaria de Vizconde de Buen Paso fue expedida,
mediante carta de sucesión, el 15 de abril de 1983 en favor de Dña. María
Adela del Hoyo-Solórzano y Lorenzo-Cáceres.El título de Marqués del
Toro es otorgado en Venezuela, por Real Decreto de 26 de septiembre de
1732, a D. Bernardo Rodríguez del Toro (nacido en Teror, Gran Canaria), por
Felipe V. El 14 de agosto de 1975 se expidió carta sucesoria en favor de Dña.
María Cristina Méndez y Morales.El título de Marqués de
la Casa Boza es concedido en Perú, según Real Decreto de 11 de julio de
1736, a D. Jerónimo de Boza Lima y Pacheco-Solís por S.M. el Rey D. Felipe V.
D. Jerónimo de Boza Lima, I Marqués de la Casa Boza, nace en La Laguna en
1683. Fue Caballero de la Orden de Santiago, Coronel de Caballería, Gobernador
y Alcalde de Lima, donde muere en 1749. El título de Marqués de la Casa Boza
se expidió, mediante carta de sucesión, el 6 de mayo de 1960 en favor de D.
Francisco de Mendoza y Canaval.La merced de Marqués de
la Candia es otorgada, según Real Decreto de 22 de abril de 1739, a D.
Cristóbal Joaquín de Franchi y Benítez de Lugo, por Carlos III. D. Cristóbal
de Franchi, I Marqués de la Candia y del Sauzal, nace en La Orotava en 1700.
Como Coronel de los tercios aragoneses, intervino en 1736 en las Conquistas de
Nápoles y Sicilia. Casó en Sevilla con Dña. Teresa Tous de Monsalve, hermana
del III Marqués de Tous y de la Cueva del Rey. Alcanzó el grado de Teniente
General. Fue Gobernador General de Castelnuovo, Capitán General de Granada,
Inspector General de las Milicias de Canarias, Ministro en Dinamarca y
Embajador en Portugal. Murió en Sevilla, sin descendencia, el 12 de agosto de
1766. El marquesado de la Candia fue heredado por su sobrino D. Segundo de
Franchi y Llarena. El título de Marqués de la Candia es confirmado, según Real
Decreto de 2 de marzo de 1818, en favor de Dña. Rosalía Pía de Franchi y
Villalba, por Fernando VII. El 23 de marzo de 1956 se expidió carta de
sucesión en favor de D. Leopoldo Cólogan y Osborne, Marqués de Torre Hermosa.
El título de Marqués del
Sauzal es otorgado, por Real Decreto de 10 de febrero de 1745, a D.
Cristóbal Joaquín Franchi y Benítez de Lugo, I Marqués de la Candia, por
Felipe V. Como indicábamos al estudiar al Marqués de la Candia, D. Cristóbal
de Franchi, murió en Sevilla sin descendencia, siendo heredado el título de
Marqués del Sauzal por su hermano D. Juan Bautista Franchi y Benítez de Lugo.
El 4 de mayo de 1951 se expidió carta de sucesión en favor de D. Bernardo
Cólogan y Ascanio.La merced de Marqués de
la Casa Hermosa es concedido, según Real Decreto de 30 de octubre de 1766,
a D. Francisco Mesa y Ponte Pagés Castilla y Machado por Carlos III. El 31 de
diciembre de 1957 se expidió carta de sucesión en favor de Dña. Elvira
García-Mesa y Aguado de Palma.La dignidad de Marqués
de Guisla Guiselín es otorgado, por Real Decreto de 23 de junio de 1776, a
Juan Domingo de Guisla y Boot Salazar de Frías y Abreu, Caballero de Santiago
y Regidor de la Isla de La Palma, por Carlos III. El título de Marqués de
Guisla Guiselín se expidió, mediante carta de sucesión, el 20 de agosto de
1977en favor de D. Tomás Van de Walle y Sotomayor, nacido en Las Palmas de
Gran Canaria en 1949 e hijo de D. Louis Van de Walle y Aguilar (Ingeniero
Aeronáutico) y su esposa Dña. Mercedes de Sotomayor y Van de Walle.El título de Conde de la
Vega Grande de Guadalupe es concedido, por Real Decreto de 23 de
septiembre de 1777, a D. Fernando Bruno del Castillo Ruíz de Vergara y
Castillo Cabeza de Vaca y Cairasco de Figueroa, por el monarca Carlos III. D.
Fernando Bruno del Castillo-Ruíz de Vergara, I Conde de la Vega Grande, era
hijo del célebre historiador D. Pedro Agustín del Castillo y Ruíz de Vergara
(Alférez Mayor de Canarias, Regidor Perpetuo y Decano de su Ayuntamiento,
Alcaide del Castillo de la Luz de Las Palmas, Corregidor y Capitán de Guerra
de la Isla, Patrono del Convento de San Pedro Mártir) y de su esposa Dña.
Jerónima del Castillo y Cabeza de Vaca. Casó con Dña. Luisa Amoreto Manrique,
de la importante familia sureña de los Amoretos. En esta casa nobiliaria es de
destacar la figura de D. Agustín del Castillo y Bethencourt, IV Conde de la
Vega Grande, último Alférez Mayor de Gran Canaria y Caballero de Calatrava.
Nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1805. En su persona se ejemplifica el
proceso de aburguesamiento de la terratenencia decimonónica. Se esforzó
enormemente en para superar las formas caducas de explotación de la tierra y
adaptar la economía rural al triunfante espíritu capitalista. Fue miembro de
las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País de Santa Cruz de Tenerife
y de Las Palmas de Gran Canaria. Siendo comisario regio de agricultura,
promovió diversas actividades económicas como la cría del gusano de seda y la
caña de azúcar. Como uno de los más significativos líderes del Partido
Canario, tuvo una gran influencia política durante el período 1843-68: ejerció
como Senador Vitalicio e influyó notablemente en la concesión de los Puertos
Francos y en la división provincial de 1852. D. Agustín del Castillo muere, en
1870, en la misma ciudad que le vio nacer. Según el escritor Domingo de
Laguna, también es digno de mención su sobrino D. Cristóbal del Castillo y
Manrique de Lara, canario de abolengo, inteligente, desprendido y, sobre todo,
muy amante de su tierra. Este personaje nace en Las Palmas de Gran Canaria el
14 de julio de 1818. Era hijo de D. Diego del Castillo y Bethencourt y de su
esposa Dña. Elvira Manrique de Lara y Cabrera, de la poderosa línea de los
lezonales de Fuerteventura. Por sus ideas conservadoras, y para la mejor
defensa de los intereses de Gran Canaria, se afilió al partido cuya Jefatura
era ejercida por D. Juan Bravo Murillo. En distintas elecciones fue Diputado a
Cortes, recabando dos veces la división de provincia, y obteniendo, junto a su
tío, el antes mencionado D. Agustín del Castillo, la beneficiosa concesión de
los Puertos Francos, desde entonces existente en nuestro Archipiélago. D.
Cristóbal del Castillo sería Diputado provincial en 1844 y Alcalde de Las
Palmas de Gran Canaria en 1858. Casó en 1845 con su prima hermana Dña. Luisa
Manrique de Lara y Manrique de Lara, hija de D. Agustín Manrique de Lara y del
Castillo y de Dña. María de los Dolores Manrique de Lara y Cabrera. Formó con
D. Antonio López Botas y su pariente D. Fernando León y Castillo (Marqués del
Muni) un magnífico triunvirato político. Fue Caballero de Calatrava, Caballero
Maestrante de la Real Caballería de Sevilla, y condecorado con la Cruz de la
Orden de Isabel la Católica. Igualmente, fue Abogado de los Tribunales de
Reino y Secretario honorario de la Reina Dña. Isabel II. D. Cristóbal del
Castillo y Manrique de Lara fue un político sin tacha alguna y dejó tras de sí
una estela de hombre recto, amante como el que más de Gran Canaria, a la que
legó una enorme fortuna. Murió en Telde el 28 de febrero de 1871, sin haber
dejado descendencia. El título de Conde de la Vega Grande de Guadalupe se
expidió, mediante carta de sucesión, el 27 de agosto de 1977 en favor del D.
Alejandro del Castillo y Bravo de Laguna, casado con Dña. María del Carmen
Benítez de Lugo y Massieu, hija del Marqués de la Florida (D. Luís Benítez de
Lugo y Ascanio) y de Dña. Rosario Massieu y Fernández del Campo, Marquesa de
Arucas, recientemente fallecida.La merced de Marqués del
Buen Suceso es concedida, por Real Decreto de 14 de marzo de 1783, a D.
Bartolomé Francisco Hernández Naranjo y Gutiérrez del Castillo (nacido en Las
Palmas de Gran Canaria) por Carlos III.El título de Marqués de
Santa Lucía es otorgado, según el Real Decreto de 1 de julio de 1819, a D.
Francisco de Borja de León Molina Huerta y Graaf, Regidor Perpetuo de
Tenerife, por S.M. el Rey D. Fernando VII. El 29 de abril de 1970 se expidió
carta de sucesión en favor de D. Estanislao Brotons de Ascanio.La dignidad de Conde de
Lucena es concedida, por Real Decreto de 25 de julio de 1847, a D.
Leopoldo O´Donnel y Jorris por Isabel II. D. Leopoldo O´Donnell nació en Santa
Cruz de Tenerife el 12 de enero de 1809. Sus padres fueron D. Carlos O´Donnell
Anetham, Teniente de Rey, y Dña. Josefa Jorris, una cartagenera que había sido
camarista de la Reina. Su infancia la pasó muy cerca de su padre y, según Ibo
Alfaro (uno de sus biógrafos), desde muy joven se le entreveía una decidida
tendencia a la carrera de las armas. En 1819 ingresa en el ejército con el
grado de subteniente, desempeñando sus deberes en el Regimiento de Artillería.
El 19 de abril de 1828 ascendió a Capitán. Casó con la catalana Dña. Manuela
Bargés. La primera guerra carlista supondrá el desarrollo de una fulgurante
carrera para nuestro personaje. Su destacado papel en esta empresa le permitió
ser ascendido a Coronel de Infantería. Según Real Cédula de 5 de diciembre de
1834, es galardonado con la Cruz Laureada de San Fernando. Tras un año
apartado de los frentes de combate a causa de una herida sufrida, en 1835 fue
elegido Comandante de la Guardia. En 1836 se le confió el mando del Regimiento
de Gerona. Su gran actuación en la batalla de Unza contra los carlistas le
supuso su segunda Cruz Laureada de San Fernando. Un año más tarde, por su
comportamiento en Fuenterrabía e Irún, recibió la Gran Cruz de Isabel la
Católica. El 7 de agosto de 1937, es designado General del Cuerpo del Ejército
de la Costa Cantábrica. Ese mismo año, por sus proezas al mando de este
cuerpo, es ascendido, a propuesta del General Espartero, a Mariscal de Campo.
Con motivo de sus brillantes e ininterrumpidos servicios prestados a la Reina
María Cristina en dicha Guerra, es nuevamente recompensado con la Cruz de San
Fernando. En 1839 se le designa para el mando del Ejército del Centro y para
Capitán General de los reinos de Aragón, Valencia y Murcia. Antes de finalizar
1839 ya era Teniente General. No es fácil encontrar una carrera tan fulgurante
como la suya en la historia militar española. En 1840, D. Leopoldo O´Donnell,
por discrepancias con el Duque de la Victoria, se vio obligado a emigrar a
Francia. Regresó a España en 1844 para ser nombrado Capitán General de La
Habana. Las aspiraciones políticas de O´Donnell comienzan hacia 1851. El
tinerfeño es nombrado Ministro de Guerra y forma un partido político llamado
"Unión Liberal", que jugaría un papel importante en los años venideros. Así,
constituido el Gobierno en torno a los dos personajes más importantes del
momento, en el ámbito político fueron configurándose las diferencias
doctrinales entre los progresistas que apoyaban a Espartero y los moderados de
la Unión Liberal que seguían a O´Donnell. La falta de entendimiento entre
ambos, llevó a Espartero a dimitir de su cargo quedando la presidencia en
manos de general canario durante tres meses, siendo luego sustituido por
Narváez. Sin embargo, ante las manifestaciones populares, la Reina se vio
obligada a llamarlo de nuevo, manteniéndose en la presidencia del Gobierno
hasta 1864. Después de cinco años en el gobierno, el desgaste se hizo
ostensible. Los acosos llegaron incluso por parte de antiguos colaboradores,
lo que, entre otras cosas, le hizo dimitir hacia 1863. Fue D. Leopoldo, gran
amigo personal de Napoleón III, quien invitaba a menudo al matrimonio
O´Donnell a su palacio de Compiegne. La muerte le sorprendió el 15 de
noviembre de 1867. La Infanta Dña. Luisa Fernanda, cuñada de la Reina,
escribió a su viuda lo siguiente: "la nación ha perdido un buen español, el
Ejército un buen general y el trono constitucional, un baluarte para un día de
peligro". Proféticas palabras, porque poco después Isabel II tuvo que
abandonar España. El título de Conde de Lucena se expidió, mediante carta de
sucesión, el 31 de diciembre de 1957 en favor de D. Hugo O´Donnell y Estrada.
El título de Duque de
Tetuán es concedido, según Real Decreto de 27 de abril de 1860, a D.
Leopoldo O´Donnell y Jorris, I Conde de Lucena, por S.M. la Reina Dña. Isabel
II. El 23 de marzo de 1953 se expidió carta de sucesión en favor de D.
Leopoldo O´Donnell y Lara.El título de Marqués de
Bérriz es otorgado el 6 de enero de 1876 por Carlos VII de Borbón,
Pretendiente a la Corona Real, a D. Elicio Bérriz y Román. Nace en Santa Cruz
de Tenerife en 1827. Fue Comandante del Departamento de la Habana, Director
del Parque de Artillería y de la Escuela Militar de Tiro de Puerto Rico. En
1873 obtuvo su retiro del Ejército, incorporándose ese mismo año al ejército
carlista. Fue Comandante General de Vizcaya y Ayudante de Campo del
pretendiente a la Corona Carlos VII de Borbón, quien le confirió el cargo de
Secretario de Estado y Ministro de Guerra y la grandeza de Marqués de Bérriz.
Finalizada la guerra emigró a Francia, acogiéndose en 1877 a la ley de
amnistía. La protocolización del marquesado de Bérriz se exhibió ante el
Cónsul General de España en Génova el 20 de febrero de 1957 en favor de D.
Vicente de Cárdenas y Vicent.La dignidad de Conde de
Madan es concedido en Cuba, por Real Decreto de 15 de octubre de 1880, a
D. Agustín Madan y Madan, Licenciado en Leyes, por Alfonso XII. D. Agustín
Madan, I Conde de Madan, era hijo de D. Joaquín Madan y Gutiérrez (nacido en
La Habana) y de su esposa, a la vez que prima hermana, Dña. Josefa Madan y
Lenard.El título de Marqués de
Tenerife es otorgado, según Real Orden de 12 de octubre de 1887, a D.
Valeriano Weyler y Nicolau por S.M. la Reina regente Dña. María Cristina de
Austria. D. Valeriano Weyler, I Marqués de Tenerife, nace en Palma de Mallorca
el 17 de septiembre de 1838. Era hijo del médico madrileño D. Fernando Weyler
y Laviña. Fue Capitán General de Canarias, Baleares, Filipinas, Burgos,
Navarra, Vascongadas, Cataluña, Cuba y Madrid; así como Senador por Málaga y
por Canarias, Senador vitalicio por designación Real, Jefe del Estado Mayor
Central del Ejército y Ministro de Guerra, cargo que llegó a simultanear con
el de Ministro de Marina. En Canarias desarrolló una gran actividad cívica,
pues, según palabras D. Francisco Viera, Alcalde republicano de Santa Cruz de
Tenerife, "durante los seis años que ejerció el mando militar de Canarias, la
obra realizada por el que había de ser hijo adoptivo de esta capital dejó
honda huella entre nosotros. Su recuerdo es imperecedero". La capital
tinerfeña le debe a D. Valeriano Weyler gran parte de su moderna fisonomía:
varias de sus mejores calles, la construcción de la Capitanía General, el
Hospital Militar, el establecimiento de las líneas de vapores interinsulares,
el tendido del cable telegráfico con la Península, la urbanización de la plaza
que leva su nombre, etc. Murió el 20 de octubre de 1930, en la ciudad que le
había visto nacer (Palma de Mallorca). Tras el fallecimiento del general, el
título de Marqués de Tenerife fue heredado por su hijo D. Fernando Weyler
Santacana (Comandante de Caballería, Doctor en Derecho, académico numerario de
la Real Jurisprudencia y escritor). El 23 de enero de 1953 se expidió carta de
sucesión en favor de D. Fernando Weyler y López de Puga.La merced de Conde Santa
Pola es concedido, según Real Decreto de 28 de julio de 1892, a D. Juan
Bautista de Antequera-Bobadilla y Angosto, por la Reina regente Dña. María
Cristina de Austria. D. Juan de Antequera-Bobadilla y Angosto, I Conde de
Santa Pola, era hijo del lagunero D. Juan Bautista de Antequera y Bobadilla
(Senador del Reino, Consejero de Estado y Ministro de Marina), y de su esposa
Dña. Atanasia Angosto Sapizburú. El título de Conde de Santa Pola se expidió,
mediante carta de sucesión, el 18 de abril de 1979 en favor de D. Juan de
Antequera y Jordán de Urries.El título de Marqués de
Santa Susana, del que existen antecedentes en el Archivo General del
ministerio de Justicia, es concedida, por Real Decreto de 27 de febrero de
1893, a D. Antonio Benítez de Lugo y de la Cantera, por la Reina Regente Dña.
María Cristina de Austria.La dignidad de Marqués
del Muni es otorgada, según Real Decreto de 19 de octubre de 1900, a D.
Fernando León y Castillo Olivares y Falcón, Senador del Reino, por la Reina
regente Dña. María Cristina de Austria. D. Fernando León y Castillo, I Marqués
del Muni, nace en Telde (Gran Canaria) el 30 de noviembre de 1842. Estudió en
el colegio de San Agustín, donde coincidió con Benito Pérez Galdós. En 1860
viaja a Madrid para estudiar la carrera de Derecho. Desde muy joven había sido
un ávido lector, deseoso de cultivar ciencias y artes que le permitieran
desarrollar y enriquecer su espíritu. En 1866 se licencia en Derecho. Fue un
gran orador, quizá pomposo y grandilocuente pero nunca vacío; sabía lo que
decía y lo decía bien, pues preparaba minuciosamente sus discursos. Su primer
triunfo como orador lo obtuvo en un debate sobre la abolición de la
esclavitud. En 1872 fue elegido para representar al distrito gran canario de
Guía en las Cortes. Su victoria más señalada en la Cámara tuvo lugar en 1887
al discutirse la ley civil, sesión en la que León y Castillo representó al
Partido Liberal. Su nombre se ha recordado como uno de los más grandes
tribunos que hubo en España en el último tercio del s.XIX (época de oro de la
elocuencia española). La Carrera política de nuestro personaje fue breve,
fecunda y brillante. Cuando tenía 26 años edad fue nombrado Gobernador Civil
de Granada. Después estuvo al frente del Gobierno Civil de Valencia. Ya como
Diputado hizo varios ascensos en su trayectoria política. Así, fue
subsecretario de ultramar y en 1881 ministro de este departamento en el
Gobierno presidido por Sagasta. Desde su puesto en el Gobierno pudo apoyar las
aspiraciones para la Construcción del Puesto de la Luz, que ya defendiera años
atrás. El proyecto del Puerto salió adelante y en 1883 comenzó a construirse
el que sería pilar fundamental de la economía en la vida de Gran Canaria. Como
Ministro de Ultramar llevó a cabo reformas en las colonias que persistían bajo
el dominio español: Cuba y Filipinas. En el cargo de Ministro de la
Gobernación consagró su atención a las cuestiones sociales, todavía poco
entendidas por España. Tras ser nombrado Embajador en París, quizá el mayor
cargo de representación de España en el extranjero por entonces, su talento
político se reveló bajo un nuevo aspecto. Allí desarrolló una política
dirigida a captar las simpatías de Francia e, indirectamente, el respeto de
Europa. Durante muchos años asistió en París a los grandes acontecimientos que
modificaron la situación de España y de Europa, sobre todo en el último
período de su misión diplomática, que coincidió con la Primera Guerra Mundial.
Junto a la defensa del papel de España en el norte de África, le tocó
garantizar la neutralidad española durante la gran conflagración. Estos fueron
los dos ejes de la política exterior española de la época, que llevó León y
Castillo con gran inteligencia y habilidad. Este canario ilustre fue una
figura muy destacada de la política nacional y siempre tuvo una más que
señalada presencia en los problemas políticos de su tierra. D. Fernando León y
Castillo murió en Biarritz en 1818. El título de Marqués del Muni se expidió,
mediante carta de sucesión, el 21 de diciembre de 1956 en favor de la señora
Dña. María del Pino León y Castillo y Manrique de Lara.El título de Marqués de
Arucas es concedido, por Real Decreto de 29 de abril de 1911, a D. Ramón
Madan y Uriondo Cambreleng y Duggi, Caballero Gran Cruz al Mérito Agrícola,
por Alfonso XIII. D. Ramón Madan, I Marqués de Arucas, era hijo de D. Juan
José Madan y Cambreleng, y de su segunda esposa, hermana de la primera, Dña.
Isabel de Uriondo y Duggi. El origen de este marquesado se remonta a 1859,
fecha en la que el mayorazgo de Arucas es dividido en dos partes. Una de
ellas, fue comprada por el D. Alfonso Gourié Álvarez, y la otra por D. Bruno
González Castellano, padre de Dña. María del Rosario González y Fernández del
Campo (quien heredaría todo el patrimonio). Dña. María del Rosario casó con
el tinerfeño D. Ramón Madan y Uriondo, a quien, como indicábamos
anteriormente, le sería concedido el marquesado en 1911. Este matrimonio no
dejó descendencia, con lo que el título pasó a su sobrina, y posteriormente, a
una hija de ésta, Dña. María del Carmen Fernández del Campo y Madan (casada en
1915 con D. Felipe Massieu de la Rocha). El marquesado de Arucas ha sido
ostentado desde el 25 de octubre de 1973 por la hija nacida de este
matrimonio, Dña. Rosario Massieu y Fernández del Campo (casada con D. Luís
Benítez de Lugo y Ascanio, Marqués de la Florida), recientemente fallecida.
El título de Condesa de
Rodríguez de Azero y Salazar de Santa María de Abona es otorgado, según
Bula de S.S. el Papa Pío XII de 1 de julio de 1950, a Dña. María de las
Mercedes Rodríguez de Azero, autorizado por Decreto de 3 de agosto de 1957.En España, a día de hoy
existen aproximadamente unos 390 títulos nobiliarios legalmente ostentados. De
ellos, alrededor de unos 37 fueron los concedidos por la Corona de Castilla a
las Islas Canarias; no obstante, conviene destacar que entre la doctrina aún
no existe un acuerdo unánime a la hora de cifrar en un número concreto las
dignidades habidas en nuestro país.Antes de finalizar, me
gustaría dedicar este pequeño trabajo a la memoria del insigne tratadista
nobiliario D. Francisco Fernández de Bethencourt, canario ilustre y fundador
de la Historia Genealógica Moderna en España; a la figura de D. Juan Régulo
Pérez, reimpulsor de esta disciplina en las islas; así como a todas aquellas
personas que, directa o indirectamente, han contribuido para que este estudio
se haya podido hacer realidad.
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Antigüedades de las Islas Afortunadas. Madrid, 1991.VIERA Y CLAVIJO, Joseph:
Noticias de la Historia General de las Islas Canarias. Santa Cruz de Tenerife,
1982.
Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 22/02/2006.
material gráfico comenzará a digitalizarse en los próximos meses.
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Santa María de Guía
Fiestas de la Virgen, Agosto 2004
HOMENAJE
A PACO RIVERO
NOTARIO GRÁFICO DE GUÍAPaco
Rivero (1944-2003) se interesó por el mundo de la fotografía y la imagen
desde su infancia. A los 7 años tenia su primera máquina fotográfica. A
los 18 años se instala como profesional en su primer estudio en la calle
Médico Estévez de Guía.Comenzó
su carrera profesional en 1962 y con el entusiasmo que le caracterizaba
se interesó por los concursos fotográficos, en los que obtuvo infinidad
de premios y galardones, tanto de carácter local, como insular,
provincial, regional, nacional e internacional.A finales
de los años 60 comienza a colaborar en diversos medios de comunicación,
como El Eco de Canarias. En los años 70 se incorpora al mundo de la
radio, siendo corresponsal en el norte de la isla de Radio Cadena
Española, Radio Atlántico y Radio Nacional de España.
En
el campo de la música, Paco Rivero fue el precursor y director del
Festival de la Canción del Norte, que organizó durante doce ediciones
(VER NOTA
ACLARATORIA)Pero su
mayor aportación es la labor de rescate y mantenimiento de la memoria
histórica de este pueblo con la recopilación y realización de cientos de
fotografías y cortometrajes que ayudarán a las generaciones venideras a
entender la evolución de Guía, a conocer sus edificios, su vida
cultural, sus festejos, su artesanía, en definitiva la idiosincrasia del
pueblo guiense desde finales del siglo XIX.Una gran
parte de este material gráfico es obra personal suya. Paco Rivero, hasta
su fallecimiento en 2003, y ahora su hijo Pachi, fiel seguidor de la
tradición de su padre, han tenido la generosidad de poner siempre a
disposición del Ayuntamiento todo ese material fotográfico, que todos
hemos podido visualizar en las exposiciones públicas organizadas
principalmente con ocasión de las Fiestas de la Virgen.AUTOR:
Antonio Aguiar Díaz (VER TEXTO COMPLETO).FUENTE:
INFONORTEDIGITAL.COM.Guía, a 9 de agosto de 2004.
VER EL TEXTO DE BRAULIO
VER TEXTO
DE ANTONIO AGUIAR
Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 31/08/2004.
