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LOS TÍTULOS NOBILIARIOS DE CASTILLA
QUE RADICAN EN LAS ISLAS CANARIAS
Por ALEJANDRO C.
MORENO Y MARRERO.Estudiante de
Derecho, U.L.P.G.C.Guía,
a 7 de diciembre de 2004.
Como su propio nombre indica, el propósito de este estudio es abordar de forma
ordenada y cronológica todos y cada uno de los títulos nobiliarios concedidos
por los monarcas españoles a las Islas Canarias. Así, quien no ha escuchado
hablar alguna vez de la Torre de los Condes de la Gomera, la generosidad y
valor de D. Agustín de Herrera y Rojas (Marqués de Lanzarote), la famosa
Tertulia de Nava (reunida en torno al palacio lagunero de D. Tomás de Nava-Grimón,
Marqués de Villanueva del Prado), el radical Marqués de la Florida (D. Luís
Benítez de Lugo y Benítez de Lugo), el máximo responsable de la fundación de
la Universidad de La Laguna (D. Antonio Porlier y Sobranis, Marqués de
Bajamar), el precursor de la Ilustración en Canarias (D. Cristóbal del Hoyo
Solórzano, Marqués de San Andrés y Vizconde de Buen Paso), el patrimonio del
Conde de la Vega Grande, la actividad cívica de D. Valeriano Weyler y Nicolau
(Marqués de Tenerife), la intachable trayectoria política de D. Fernando León
y Castillo (Marqués del Muni) o los hermosos jardines de la Marquesa de Arucas
(Dña. Rosario Massieu y Fernández del Campo, recientemente fallecida). Sin más
dilación, de todo ello y mucho más versará, a grandes rasgos, nuestro trabajo
de hoy.
La noticia más antigua que se
conoce acerca de la existencia de personas investidas en honores y
preeminencias sociales para dar esplendor al trono de los reyes, la
encontramos en la monarquía visigoda, así como en las posteriores monarquías
formadas con el fenómeno de la Reconquista. Este conjunto de personajes
áulicos que rodea al monarca, denominados en los textos de la época con el
nombre de Aula Regis o Palatium Regis, representará lo que en la Edad Moderna
serían los "Grandes de España".A partir del s.XII estos
altos dignatarios, conocidos hasta entonces en Castilla y León como magnates,
y en Cataluña, Aragón y Navarra como barones, comienzan a ser designados con
el calificativo de "ricos hombres" (hombres poderosos). En su calidad de
nobles de elevada posición, gozaban de numerosos privilegios, tales como
exenciones tributarias, jurisdicción de mixto imperio en sus dominios y
atribuciones para efectuar reclutamientos de huestes militares propias. Se
trataba de prestar servicios al monarca por vínculo de vasallaje, y ser
servidos, a su vez, por sus propios vasallos (nobles de inferior jerarquía
llamados infanzones o caballeros).Por aquellos servicios,
principalmente de carácter castrense, prestados por los ricos hombres a sus
monarcas, eran recompensados con el usufructo o propiedad perpetua de grandes
dominios territoriales en los que ejercían poderes quasi plenos. En estos
señoríos, tenían potestad para administrar justicia (excepto en última
instancia, ya que los reyes se guardaban el derecho de apelación de la Corona)
e instituir patronatos eclesiásticos con la prerrogativa de intervenir en la
designación de los ministros de culto que habían de hacerse cargo de iglesias
y capellanías en los territorios que el rey les había concedido.Los ricos hombres, llegaron
a constituir un auténtico grupo social que a comienzos de la Edad Moderna pasa
a ser denominado "Grandeza de España". Formaban la jerarquía superior del
estamento nobiliario titulado. De entre sus muchos privilegios, podríamos
destacar: ocupar determinados cargos en el llamado servicio de etiqueta de la
Corte, tener derecho a acudir siempre en calidad de jefes a las campañas
castrenses en las que tomaran parte, preceder a los prelados en las ceremonias
y tener libre acceso en el Real Palacio.Con el beneplácito de los
monarcas, los Grandes de España alcanzaron un boato muy similar al regio,
llegando a mantener en torno a ellos verdaderas cortes paralelas a la de los
soberanos. Esta posición, a pesar de ser simplemente honorífica, llevaba
consigo una preeminencia política y unas ventajas económicas que explican el
hecho de que durante el llamado Antiguo Régimen fuesen los Grandes de España
los que detentaron los resortes de la gobernación, puesto que, en gran medida,
de ellos dependía que los monarcas nombrasen para altos cargos castrenses o
administrativos a nobles de menor jerarquía, o incluso, a personas no
pertenecientes al estamento nobiliario, pero vinculados unos y otros por algún
lazo de parentesco o servilismo.Desde finales del s.XV, se
han empleado en nuestro país las expresiones "ricos hombres" y "grandes de
España" la una como sinónimo de la otra. La tradición ha considerado a Carlos
I de España, al ser coronado Emperador de Alemania en 1520, quién dio al
término de "grande" un reconocimiento legal; sin embargo, no ha sido posible
encontrar el Real Decreto emanado de la voluntad del monarca donde se recoja
la creación de esta "Grandeza Española".En Canarias, la llamada
clase privilegiada se forma en torno a los grandes señores de las Islas de
Señorío; y a los conquistadores castellanos más relevantes (Castillo, Vergara,
Benítez, Lope Fernández, Sotomayor, Fierro), los miembros pertenecientes a
destacados "albergo" genoveses (Ponte, Sobranis, Lercaro-Justiniani, Rizo,
Grimaldi) y un minoritario grupo de mercaderes flamencos (Monteverde, Massieu,
Van de Walle) de las Islas Realengas. Todos ellos tenían en común la riqueza y
el ejercicio del poder. Esta riqueza provenía, en unos casos, de importantes
fortunas adquiridas antes de su llegada al Archipiélago; y en otros, del
beneficio de los grandes repartimientos. Con el paso del tiempo, este conjunto
tan heterogéneo fue cohesionándose hasta crear una verdadera nobleza local.
Los medios para lograrlo fueron, entre otros, la fijación de un estatuto
privilegiado, la creación de linajes mediante la institución del mayorazgo y
la transmisión hereditaria de cargos. El tránsito de la aristocracia canaria a
la verdadera nobleza se produce al generalizarse la transmisión hereditaria de
cargos y honores; así como, la vinculación de los bienes patrimoniales al
mayorazgo. En cualquier caso, la consolidación de esta clase social se ha
solido identificar con el establecimiento obligatorio de lazos familiares
entre sus miembros, proceso endogámico bastante habitual entre el patriciado
de la Baja Andalucía.La primera referencia
nobiliaria que radica en Canarias de la que se tiene conocimiento fidedigno es
la de Condes de la Gomera. Este título fue concedido en 1487 por los
Reyes Católicos a D. Diego García de Herrera y a su esposa Dña. Inés Peraza de
las Casas, Señores de las Islas Canarias. De un lado, D. Diego de Herrera, I
Conde de la Gomera, era hijo de D. Pedro García de Herrera, Rico-ome (léase
rico hombre) y Mariscal de Castilla, Señor de Ampudia y Capitán General de
Xeréz de la Frontera, y de Dña. María de Ayala, Señora del Estado y de la Casa
de Ayala; y de otro, Dña. Inés Peraza de las Casas, I Condesa de la Gomera,
había nacido fruto del matrimonio entre Hernán Peraza (el Viejo) y Dña. Inés
de las Casas. La actividad desplegada por Diego de Herrera, en representación
y defensa de los derechos señoriales de su esposa (hija y heredera de Hernán
Peraza), fue bastante continuada y enérgica. Su primera acción importante fue
la recuperación de Lanzarote, cuyos vecinos, tras desalojar a los portugueses
en 1450, se habían alzado contra el señorío pidiendo su pase al realengo.
Pacificadas las islas conquistadas, Herrera realizó diversas incursiones en
Gran Canaria y Tenerife, levantando torres en Añaza (actual Puerto de la Cruz,
Tenerife) y Gando (Gran Canaria). Desde 1459, las pretensiones portuguesas le
obligaron a defender el señorío. Ese mismo año el Capitán luso Diego de Silva
atacó Lanzarote y Gran Canaria, sin embargo, logró saldar ese episodio con el
casamiento de Silva con su hija María de Ayala. Según la historiografía, el
mandato de Diego de Herrera se caracterizó por su dureza con los hombres del
señorío. La Corona, finalmente, decidió pasar a la conquista de las restantes
islas, comprando los derechos que los Herrera-Peraza tenían sobre ellas. El
título de Conde de la Gomera es confirmado, según Real Decreto de 18 de julio
de 1670, en favor de D. Guillén Peraza de Ayala y Rojas, por la Reina
Gobernadora Dña. Mariana de Austria. El 2 de octubre de 1985 se expidió carta
de sucesión en favor de Dña. María Cotoner y Martos, hermana del Marqués de
Adeje.Las mercedes de Conde
y Marqués de Lanzarote son otorgadas, según Reales Decretos de 9 de
septiembre de 1567 y de 1 de mayo de 1584, respectivamente, a D. Agustín de
Herrera y Rojas, Señor de Lanzarote y Fuerteventura, por Felipe II. Según
Viera y Clavijo, nuestro más ilustre historiador, D. Agustín de Herrera
"estaba adornado de méritos personales que le hacían digno de mandar todas las
Canarias y no era incapaz de conquistarlas de nuevo". Era hijo de D. Pedro
Fernández de Saavedra y Dña. Constanza de Sarmiento. Casó en primeras nupcias
con Dña. Inés Benítez de las Cuevas, hija de D. Pedro Ponte, de quien no tuvo
descendencia. Con la lanzaroteña Bernardina de Cabrera tuvo dos hijas
ilegítimas, llamadas Juana y Constanza de Herrera, casada esta última con D.
Gonzalo Argote de Molina. En 1588 contrajo matrimonio en Madrid con Dña.
Mariana Henríquez Manrique de la Vega, de quien tuvo un hijo que detentó su
mismo nombre y le sucedería en el señorío. De su actividad político-militar
podemos destacar: sus constantes entradas en Berbería y su mando en Madeira
como Capitán General de esa Isla. D. Agustín de Herrera y Rojas se presenta
como una de las figuras más sobresalientes en la historia de las islas
señoriales. Viera y Clavijo dice, nuevamente, de él "fue este personaje un
caballero dotado de todas las excelentes cualidades que hacen el verdadero
mérito de un hombre de mundo, y quizá ningún canario le excedió en
generosidad, en valor, en grandeza de alma, en nobleza de pensamientos, en
actividad y conducta". Su muerte tiene lugar en Teguise (Lanzarote) en 1598.
El título Marqués de Lanzarote se expidió, mediante carta de sucesión, el 24
de febrero de 1967 en favor de D. Luís Benítez de Lugo y Massieu, hijo de D.
Luís Benítez de Lugo y Ascanio (Marqués de la Florida) y Dña. Rosario Massieu
y Fernández del Campo (Marquesa de Arucas), recientemente fallecida.El título de Marqués de
Celada es concedido, según Real Decreto de 8 de septiembre de 1614, a D.
Alonso Fernández de Córdoba y Figueroa, Mayordomo Mayor del Rey y Comendador
de la Orden de Calatrava, por S.M. el Rey Felipe II. D. Alonso Fernández de
Córdoba, I Marqués de Celada, era hijo del Marqués de Villafranca y la
Marquesa de Priego. El 16 de marzo de 1956 se expidió carta sucesoria en favor
de D. Diego Benítez de Lugo y Ascanio (hermano del Marqués de la Florida)
casado con la Marquesa de Ibarra, Dña. María Ascanio y Poggio.Hasta 1640, los monarcas
españoles fueron poco generosos a la hora de otorgar la dignidad de la
grandeza (si bien debemos decir que cuando accede al trono Felipe II, los
primitivos grandes que había en España hasta entonces llegaron a duplicarse),
pero a partir del citado año, coincidiendo con el máximo apogeo de esta clase
social, los reyes Felipe IV primero, y Carlos II después, se mostrarían
bastante pródigos en otorgar "Grandezas de España".En el año 1666 se conceden
a Canarias varias dignidades nobiliarias.En primer lugar, el título de
Marqués de Adeje (léase también Adexe), concedido, según Real Decreto de
15 de abril de 1666, a D. Juan Bautista de Ponte-Fonte y Pagés, Maestre de
Campo y Alcaide del Castillo de Adeje, por el monarca Carlos II. El 31 de mayo
de 1994 se expidió carta de sucesión en favor de D. Nicolás Cotoner y Martos,
hermano de la Condesa de la Gomera.En segundo lugar, el de
Marqués de Acialcázar, concedido, según Real Decreto de 16 de abril de
1666, a D. Baltasar López de Vergara y Grimón, Señor de la Villa de Acialcázar,
por Carlos II. El 10 de julio de 1953 se expidió carta de sucesión en favor
de D. Gonzalo de Quintana y Nelson.En tercer y último lugar, el de
Marqués de Villanueva del Prado, concedido, según Real Decreto de 16 de
noviembre de 1666, a D. Tomás de Nava y Grimón, Regidor Perpetuo de la Isla de
Tenerife, por Carlos II. Entre los personajes más importantes de esta casa
nobiliaria hay que destacar la figura de D. Tomás de Nava-Grimón y Porlier
(1734-79), V Marqués de Villanueva del Prado. Era hijo de Pedro Antonio de
Nava-Grimón y Aguilar (IV Marqués de Villanueva del Prado) y de su esposa Dña.
Felipa Magdalena Porlier y Sopranis (hermana del que luego sería I Marqués de
Bajamar). D. Tomás de Nava-Grimón y Porlier fue Regidor Perpetuo del Cabildo
Tinerfeño y Diputado de la Corte. Pertenecía al grupo de los canarios
ilustrados. Su contribución a la cultura en las islas fue bastante
enriquecedora: era el anfitrión de la conocida Tertulia de Nava, conjunto de
sabios reunidos en torno a su palacio de Santa Catalina (La Laguna) que
pasaron de comentar los sucesos cotidianos de la ciudad a las discusiones
sobre sus estudios, lecturas e ideas; y el impulsor de la Real Sociedad
Económica de Amigos del País de Tenerife. No menos importante fue su hijo D.
Alonso de Nava-Grimón y Benítez de Lugo (1759-1832, VI Marqués de Villanueva
del Prado), considerado uno de los más significativos oligarcas canarios. D.
Alonso de Nava-Grimón, poseedor de una vasta cultura y viajero por Francia y
España, fue un teórico del mercantilismo y el verdadero artífice del Jardín
Botánico de La Orotava; así como Presidente de la Junta Suprema de 1808, donde
expresó como nadie los postulados reformistas y los límites de su grupo
social. El título de Marqués de Villanueva del Prado se expidió, mediante
carta de sucesión, el 22 de octubre de 1968 en favor de D. Manuel de Quintana
y Sáenz.La dignidad de Marqués
de Torre Hermosa es concedida, según Real Decreto de 5 de agosto de 1671,
a D. José de Mesa y Llarena Lugo-Calderón, Caballero de Calatrava y Regidor
Perpetuo de la Isla de Tenerife, por Carlos II. El 18 de febrero de 1970 se
expidió carta de sucesión en favor de D. Leopoldo Cólogan y Osborne, Marqués
de la Candia.La merced de Marqués de
la Fuente de Las Palmas es concedida, según Real Decreto de 16 de octubre
de 1679, a D. Diego de Dotelo Jorba-Calderón Franiel Montes de Oca Henestrosa
Ribera y Velásquez de Cuéllar, Caballero de Calatrava, por Carlos II. El 8 de
enero de 1985 se expidió carta de sucesión en favor de D. Elicio Lecuona y
Rodríguez.El título de Marqués de
la Breña es concedido, por Real Decreto de 8 de noviembre de 1679, a D.
Diego de Alvarado-Bracamonte y Vergara Crespo y Grimón por Carlos II. Según
Fernández de Bethencourt, D. Diego de Alvarado, I Marqués de la Breña, era
hijo homónimo del Gobernador de las islas de Tenerife y La Palma D. Diego de
Alvarado Bracamonte. Fue Maestre de Campo de un tercio levantado en Canarias
con destino a la defensa del Imperio de Europa y América, General de
Artillería y Ministro del Consejo de Guerra. El título de Marqués de la Breña
se expidió, mediante carta de sucesión, el 7 de mayo de 1969 en favor de Dña.
María Salamanca y Laffite.El título de Marqués de
Villafuerte es otorgado, por Real Decreto de 29 de noviembre de 1680, a D.
Francisco de Molina y Lugo Llarena y Carrasco por D. Carlos II. El 20 de junio
de 1904 se expidió carta de sucesión en favor de Dña. María del Carmen de
León-Huerta y Cólogan.La dignidad de Marqués
de la Florida es concedida, según Real Decreto de 24 de septiembre de
1685, a D. Francisco del Hoyo y Calderón Lugo y Benítez de Vergara, Regidor
Perpetuo de Tenerife, por Carlos II. En esta casa nobiliaria destaca
sobremanera la figura de D. Luís Benítez de Lugo y Benítez de Lugo (1837-76),
VIII Marqués de la Florida. El "radical Marqués de la Florida", como así lo
denominara Marcos Guimerá Peraza, era hijo primogénito de D. Luís Jerónimo
Benítez de Lugo y del Hoyo Solórzano (VII Marqués de la Florida, que había
heredado el título de su padre D. Luís Bonifacio del Hoyo y Lugo Sotomayor) y
Dña. Elena Benítez de Lugo y Urstusáustegui. El título de Marqués de la
Florida se expidió, mediante carta de sucesión, el 20 de julio de 1940 en
favor de D. Luís Benítez de Lugo y Ascanio (X Marqués de la Florida), casado
con Dña. Rosario Massieu y Fernández del Campo, Marquesa de Arucas,
recientemente fallecida.La merced de Conde del
Valle de Salazar es concedida, según Real Decreto de 21 de enero de 1686,
a D. Cristóbal Lázaro Salazar de Frías Espinosa Abarca del Hoyo y Alzola,
Maestre de Campo y Caballero de Calatrava, por Carlos II. D. Cristóbal
Salazar, I Conde del Valle de Salazar, nace en La Laguna el 31 de marzo de
1645. Sus padres fueron D. Cristóbal de Frías Salazar y Dña. Inés Espinosa y
Hoyos. En 1671 ingresó en la Orden de Calatrava. Desempeñó el cargo de
Gobernador del Castillo de Sanlúcar de Barrameda. Casó con Dña. María de Ayala
y Rojas, hermana del VIII Conde de la Gomera, de la que no tuvo descendencia
alguna. Murió en Milán en 1716. El título de Conde del Valle de Salazar se
expidió, mediante carta de sucesión, el 16 de marzo de 1925 en favor de Dña.
Laura Salazar de Frías y Benítez de Lugo, Marquesa viuda de la Villa de San
Andrés y Vizcondesa de Buen Paso.El título de Conde del
Palmar es otorgado, por Real Decreto de 22 de noviembre de 1686, a D.
Pedro de Ponte y Llarena Hoyo y Calderón por el monarca español Carlos II. D.
Pedro de Ponte y Llarena, nacido en Garachico (La Palma), tomó parte en las
campañas de Portugal y Flandes, haciéndose famoso por su audacia. El rey
premió su servicio asignándole la Capitanía General de Tierra Firme y la
presidencia de la Real Audiencia de Panamá, primero; y concediéndole el título
de Conde del Palmar, después; a la vez que premiaba a su hermano con la
concesión del marquesado de la Quinta Roja. El Gobierno de D. Pedro de Ponte y
Llarena, I Conde del Palmar, se caracterizó por su intemperancia con las
personas. Había intentado abusar de D. Cristóbal, I Conde del Valle de
Salazar, de D. Juan del Hoyo, su propio primo y Marqués de Siete Fuentes, y de
otros muchos caballeros de su alrededor. Nuestro mayor historiador D. José
Viera y Clavijo escribe, en su Historia de las Islas Canarias, que a D. Pedro
de Ponte y Llarena se le acusaba "la viva ansia de tomar dinero por todos los
caminos posibles, costumbre que trajo de Panamá; dar los empleos militares y
de rentas a los suyos; descuidar lo que le tocaba, por atender a lo que no era
de su incumbencia, abuso que se halla en muchas partes". El título de Conde
del Palmar se expidió, mediante carta de sucesión, el 28 de agosto de 1976 en
favor de otro D. Pedro de Ponte y Llarena.La dignidad de Marqués
de la Quinta Roja es otorgada, según Real Decreto de 17 de julio de 1689,
a D. Cristóbal de Ponte y Juárez Llarena y Calderón, hermano del anterior, por
S.M. el Rey Carlos II. El 9 de marzo de 1964 se expidió carta de sucesión en
favor de D. José Augusto de Ponte y Méndez de Lugo.El título de Marqués de
Bajamar (léase también Baxamar) es concedido en Perú, según Real Decreto
de 12 de marzo de 1791, a D. Antonio Porlier y Sobranis Ruth y Dutaris, por el
monarca español Carlos IV. D. Antonio Porlier, I Marqués de Bajamar, era hijo
de D. Esteban Porlier, Cónsul de Francia en Tenerife, y de Dña. Rita de la Luz
Sobranis. Nació en La Laguna en 1722. Después de una corta estancia en Sevilla
(en compañía de su hermana mayor, la Marquesa de la Florida), regresa a su
ciudad natal donde comienza sus estudios de Teología y Artes. En 1748 se
licenció en Leyes por la Universidad de Salamanca. Posteriormente, marcha a
Madrid donde trabó gran amistad con destacados intelectuales, a cuyas
tertulias y salones concurrió demostrando en ellos las condiciones que
atesoraba y le llevaron al puesto de Fiscal en la Real Audiencia de Lima
(Perú). Luego, sería llamado a España para ocupar el cargo de Fiscal Supremo
en el Real Consejo de Indias. Carlos III le concedió la cruz de Caballero de
su Real Orden. En 1780 ascendió al puesto de Consejero de la citada Cámara,
siendo en 1887 Secretario de Estado y del Despacho Universal de Gracia y
Justicia de Indias (cargo equivalente al de un Ministro del Gobierno de hoy).
En relación con las islas, D. Antonio Porlier había conseguido en 1792 que se
concediera el derecho a una universidad (Universidad de La Laguna). El I
Marqués de Bajamar pertenece a la segunda generación de ilustrados canarios.
Según Marcos Guimerá Peraza, de sus retratos (no numerosos pero suficientes) y
de su firma, se puede extraer que era un hombre de mucho carácter, de genio
fuerte, de gran tesón y un temperamento muy nervioso. D. Antonio Porlier fue
miembro de las Reales Academias de la Lengua Española, de la Historia de
España y de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. La Real Sociedad
Económica de Amigos del País de Tenerife lo designó su Director, cargo que
desempeñó durante varios años. Se ha considerado a Porlier un excelente
representante de las virtudes cívicas e intelectuales, por las que se
distinguió en una época muy complicada y en la que también se hicieron famosos
otros ilustres canarios. Fue un gran patriota, un hombre digno y trabajador
que vio ensombrecidos los últimos años de su vida por la tormentosa situación
política, en la cual, por su alto cargo, se vio envuelto (fallece en 1813). El
título de Marqués de Bajamar se expidió, mediante carta de sucesión, el 10 de
octubre 1974 en favor de D. Antonio Francisco de Paula Porlier y Jarava.El título de Conde de
Siete Fuentes es concedido, por Real Decreto de 18 de septiembre de 1698,
a D. Juan del Hoyo Solórzano y Sotelo Gallegos y Jorba, Caballero de
Calatrava, por S.M. el Rey Carlos II. D. Juan del Hoyo Solórzano, I Conde de
Siete Fuentes, era hijo de D. Gaspar del Hoyo Solórzano y Dña. Ana Jacinta de
Sotomayor; y hermano de D. Cristóbal del Hoyo y Solórzano (I Marqués de la
Villa de San Andrés y Vizconde de Buen Paso). Casó con Dña. Ana Sánchez. Fue
Capitán de Fragata y Gobernador del Castillo de La Habana, donde residió por
un período cercano a los veinte años. El título de Conde de Siete Fuentes se
expidió, mediante carta de sucesión, el 8 de noviembre de 1963 en favor de D.
Ildefonso Salazar y Frías del Hoyo Solórzano.Con los albores del s.XVIII,
y la llegada de Felipe V, primer monarca de la Dinastía Borbón en el trono
español, se situará en 113 las grandezas otorgadas en España, número
considerable que la gratitud de dicho soberano se encargaría de incrementar.
De estas 113 grandezas, serían alrededor de unas 16 las que, hasta entonces,
radican en las Islas Canarias.Las dignidades de
Marqués de la Villa de San Andrés y Vizconde de Buen Paso
recaerían, según Real Decreto de 10 de febrero de 1708, en la persona de D.
Cristóbal del Hoyo Solórzano y Sotomayor Alzola y Fonte Topete y Massieu,
concedidas por S.M. el Rey D. Felipe V. D. Cristóbal del Hoyo Solórzano, I
Marqués de San Andrés y Vizconde de Buen Paso, fue un espíritu inquieto,
resuelto, curioso, rebelde…, pero sobre todo, el verdadero precursor de la
Ilustración en Canarias. Nace el 31 de diciembre de 1677 en Tazacorte (La
Palma). Sus padres fueron D. Gaspar del Hoyo, Caballero de la Orden de
Calatrava y Capitán General de la Nueva Andalucía, y su esposa Dña. Jacinta
Montemayor. Pasó su juventud en la isla de La Palma, donde hizo sus primeros
estudios. Luego se trasladaría a Europa, recorriendo Inglaterra, Francia,
Holanda, Portugal y España. Estuvo varios años residiendo en París disfrutando
de la vida ociosa, disipada y libre de la nobleza de entonces. En 1716, cuando
contaba 38 años de edad, regresa a su España y se instala en la isla de
Tenerife, lugar donde habitaba una parte de su familia. Allí tuvo la desgracia
de encontrase con su sobrina, la señorita Dña. Leonor del Hoyo, de la que se
enamora con la ligereza propia de su carácter, y de quien perece ser, fue
correspondido. Fijó entonces su residencia en Icod. La inclinación del Marqués
de San Andrés a la implacable y sangrienta crítica que nada respeta, le había
ocasionado graves disgustos con el clero, amigos e incluso con la Inquisición.
El placer de decir chiste oportuno, para lo que poseían una gracia inimitable,
le lanzó muchas veces en las más funestas imprudencias. En cualquier caso, el
origen de sus futuras desgracias sería una carta que escribió a su sobrina y
que enseñó a D. Lucas Conejero, Obispo de la Diócesis. D. Cristóbal del Hoyo y
Solórzano, como consecuencia de ello, fue aprisionado una noche del 4 de
diciembre de 1732 en uno de los más apartados calabozos del Castillo de Paso
Alto, principal fortaleza del entonces lugar de Santa Cruz de Tenerife.
Permaneció allí encerrado alrededor de unos 8 años, sin embargo, después de
unas aventuras rocambolescas, logró escapar y pasar a la isla de Madeira.
Desde ahí, pasó a Lisboa, para luego avecindarse en Madrid, en cuya ciudad
contrae matrimonio y permanece unos 17 años. Finalmente, regresa de nuevo
Tenerife, donde muere hacia 1762. D. Cristóbal del Hoyo y Solórzano es,
posiblemente, el mejor poeta canario del s.XVIII (neoclasicismo en Canarias) y
su prosa, por su vigor y originalidad, recuerda, según los expertos, al mejor
Quevedo. El título de Marqués de la Villa de San Andrés se expidió, mediante
Real carta de sucesión, el 20 de julio de 1979 en favor de D. Felipe del Hoyo
y Machado. La merced nobiliaria de Vizconde de Buen Paso fue expedida,
mediante carta de sucesión, el 15 de abril de 1983 en favor de Dña. María
Adela del Hoyo-Solórzano y Lorenzo-Cáceres.El título de Marqués del
Toro es otorgado en Venezuela, por Real Decreto de 26 de septiembre de
1732, a D. Bernardo Rodríguez del Toro (nacido en Teror, Gran Canaria), por
Felipe V. El 14 de agosto de 1975 se expidió carta sucesoria en favor de Dña.
María Cristina Méndez y Morales.El título de Marqués de
la Casa Boza es concedido en Perú, según Real Decreto de 11 de julio de
1736, a D. Jerónimo de Boza Lima y Pacheco-Solís por S.M. el Rey D. Felipe V.
D. Jerónimo de Boza Lima, I Marqués de la Casa Boza, nace en La Laguna en
1683. Fue Caballero de la Orden de Santiago, Coronel de Caballería, Gobernador
y Alcalde de Lima, donde muere en 1749. El título de Marqués de la Casa Boza
se expidió, mediante carta de sucesión, el 6 de mayo de 1960 en favor de D.
Francisco de Mendoza y Canaval.La merced de Marqués de
la Candia es otorgada, según Real Decreto de 22 de abril de 1739, a D.
Cristóbal Joaquín de Franchi y Benítez de Lugo, por Carlos III. D. Cristóbal
de Franchi, I Marqués de la Candia y del Sauzal, nace en La Orotava en 1700.
Como Coronel de los tercios aragoneses, intervino en 1736 en las Conquistas de
Nápoles y Sicilia. Casó en Sevilla con Dña. Teresa Tous de Monsalve, hermana
del III Marqués de Tous y de la Cueva del Rey. Alcanzó el grado de Teniente
General. Fue Gobernador General de Castelnuovo, Capitán General de Granada,
Inspector General de las Milicias de Canarias, Ministro en Dinamarca y
Embajador en Portugal. Murió en Sevilla, sin descendencia, el 12 de agosto de
1766. El marquesado de la Candia fue heredado por su sobrino D. Segundo de
Franchi y Llarena. El título de Marqués de la Candia es confirmado, según Real
Decreto de 2 de marzo de 1818, en favor de Dña. Rosalía Pía de Franchi y
Villalba, por Fernando VII. El 23 de marzo de 1956 se expidió carta de
sucesión en favor de D. Leopoldo Cólogan y Osborne, Marqués de Torre Hermosa.
El título de Marqués del
Sauzal es otorgado, por Real Decreto de 10 de febrero de 1745, a D.
Cristóbal Joaquín Franchi y Benítez de Lugo, I Marqués de la Candia, por
Felipe V. Como indicábamos al estudiar al Marqués de la Candia, D. Cristóbal
de Franchi, murió en Sevilla sin descendencia, siendo heredado el título de
Marqués del Sauzal por su hermano D. Juan Bautista Franchi y Benítez de Lugo.
El 4 de mayo de 1951 se expidió carta de sucesión en favor de D. Bernardo
Cólogan y Ascanio.La merced de Marqués de
la Casa Hermosa es concedido, según Real Decreto de 30 de octubre de 1766,
a D. Francisco Mesa y Ponte Pagés Castilla y Machado por Carlos III. El 31 de
diciembre de 1957 se expidió carta de sucesión en favor de Dña. Elvira
García-Mesa y Aguado de Palma.La dignidad de Marqués
de Guisla Guiselín es otorgado, por Real Decreto de 23 de junio de 1776, a
Juan Domingo de Guisla y Boot Salazar de Frías y Abreu, Caballero de Santiago
y Regidor de la Isla de La Palma, por Carlos III. El título de Marqués de
Guisla Guiselín se expidió, mediante carta de sucesión, el 20 de agosto de
1977en favor de D. Tomás Van de Walle y Sotomayor, nacido en Las Palmas de
Gran Canaria en 1949 e hijo de D. Louis Van de Walle y Aguilar (Ingeniero
Aeronáutico) y su esposa Dña. Mercedes de Sotomayor y Van de Walle.El título de Conde de la
Vega Grande de Guadalupe es concedido, por Real Decreto de 23 de
septiembre de 1777, a D. Fernando Bruno del Castillo Ruíz de Vergara y
Castillo Cabeza de Vaca y Cairasco de Figueroa, por el monarca Carlos III. D.
Fernando Bruno del Castillo-Ruíz de Vergara, I Conde de la Vega Grande, era
hijo del célebre historiador D. Pedro Agustín del Castillo y Ruíz de Vergara
(Alférez Mayor de Canarias, Regidor Perpetuo y Decano de su Ayuntamiento,
Alcaide del Castillo de la Luz de Las Palmas, Corregidor y Capitán de Guerra
de la Isla, Patrono del Convento de San Pedro Mártir) y de su esposa Dña.
Jerónima del Castillo y Cabeza de Vaca. Casó con Dña. Luisa Amoreto Manrique,
de la importante familia sureña de los Amoretos. En esta casa nobiliaria es de
destacar la figura de D. Agustín del Castillo y Bethencourt, IV Conde de la
Vega Grande, último Alférez Mayor de Gran Canaria y Caballero de Calatrava.
Nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1805. En su persona se ejemplifica el
proceso de aburguesamiento de la terratenencia decimonónica. Se esforzó
enormemente en para superar las formas caducas de explotación de la tierra y
adaptar la economía rural al triunfante espíritu capitalista. Fue miembro de
las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País de Santa Cruz de Tenerife
y de Las Palmas de Gran Canaria. Siendo comisario regio de agricultura,
promovió diversas actividades económicas como la cría del gusano de seda y la
caña de azúcar. Como uno de los más significativos líderes del Partido
Canario, tuvo una gran influencia política durante el período 1843-68: ejerció
como Senador Vitalicio e influyó notablemente en la concesión de los Puertos
Francos y en la división provincial de 1852. D. Agustín del Castillo muere, en
1870, en la misma ciudad que le vio nacer. Según el escritor Domingo de
Laguna, también es digno de mención su sobrino D. Cristóbal del Castillo y
Manrique de Lara, canario de abolengo, inteligente, desprendido y, sobre todo,
muy amante de su tierra. Este personaje nace en Las Palmas de Gran Canaria el
14 de julio de 1818. Era hijo de D. Diego del Castillo y Bethencourt y de su
esposa Dña. Elvira Manrique de Lara y Cabrera, de la poderosa línea de los
lezonales de Fuerteventura. Por sus ideas conservadoras, y para la mejor
defensa de los intereses de Gran Canaria, se afilió al partido cuya Jefatura
era ejercida por D. Juan Bravo Murillo. En distintas elecciones fue Diputado a
Cortes, recabando dos veces la división de provincia, y obteniendo, junto a su
tío, el antes mencionado D. Agustín del Castillo, la beneficiosa concesión de
los Puertos Francos, desde entonces existente en nuestro Archipiélago. D.
Cristóbal del Castillo sería Diputado provincial en 1844 y Alcalde de Las
Palmas de Gran Canaria en 1858. Casó en 1845 con su prima hermana Dña. Luisa
Manrique de Lara y Manrique de Lara, hija de D. Agustín Manrique de Lara y del
Castillo y de Dña. María de los Dolores Manrique de Lara y Cabrera. Formó con
D. Antonio López Botas y su pariente D. Fernando León y Castillo (Marqués del
Muni) un magnífico triunvirato político. Fue Caballero de Calatrava, Caballero
Maestrante de la Real Caballería de Sevilla, y condecorado con la Cruz de la
Orden de Isabel la Católica. Igualmente, fue Abogado de los Tribunales de
Reino y Secretario honorario de la Reina Dña. Isabel II. D. Cristóbal del
Castillo y Manrique de Lara fue un político sin tacha alguna y dejó tras de sí
una estela de hombre recto, amante como el que más de Gran Canaria, a la que
legó una enorme fortuna. Murió en Telde el 28 de febrero de 1871, sin haber
dejado descendencia. El título de Conde de la Vega Grande de Guadalupe se
expidió, mediante carta de sucesión, el 27 de agosto de 1977 en favor del D.
Alejandro del Castillo y Bravo de Laguna, casado con Dña. María del Carmen
Benítez de Lugo y Massieu, hija del Marqués de la Florida (D. Luís Benítez de
Lugo y Ascanio) y de Dña. Rosario Massieu y Fernández del Campo, Marquesa de
Arucas, recientemente fallecida.La merced de Marqués del
Buen Suceso es concedida, por Real Decreto de 14 de marzo de 1783, a D.
Bartolomé Francisco Hernández Naranjo y Gutiérrez del Castillo (nacido en Las
Palmas de Gran Canaria) por Carlos III.El título de Marqués de
Santa Lucía es otorgado, según el Real Decreto de 1 de julio de 1819, a D.
Francisco de Borja de León Molina Huerta y Graaf, Regidor Perpetuo de
Tenerife, por S.M. el Rey D. Fernando VII. El 29 de abril de 1970 se expidió
carta de sucesión en favor de D. Estanislao Brotons de Ascanio.La dignidad de Conde de
Lucena es concedida, por Real Decreto de 25 de julio de 1847, a D.
Leopoldo O´Donnel y Jorris por Isabel II. D. Leopoldo O´Donnell nació en Santa
Cruz de Tenerife el 12 de enero de 1809. Sus padres fueron D. Carlos O´Donnell
Anetham, Teniente de Rey, y Dña. Josefa Jorris, una cartagenera que había sido
camarista de la Reina. Su infancia la pasó muy cerca de su padre y, según Ibo
Alfaro (uno de sus biógrafos), desde muy joven se le entreveía una decidida
tendencia a la carrera de las armas. En 1819 ingresa en el ejército con el
grado de subteniente, desempeñando sus deberes en el Regimiento de Artillería.
El 19 de abril de 1828 ascendió a Capitán. Casó con la catalana Dña. Manuela
Bargés. La primera guerra carlista supondrá el desarrollo de una fulgurante
carrera para nuestro personaje. Su destacado papel en esta empresa le permitió
ser ascendido a Coronel de Infantería. Según Real Cédula de 5 de diciembre de
1834, es galardonado con la Cruz Laureada de San Fernando. Tras un año
apartado de los frentes de combate a causa de una herida sufrida, en 1835 fue
elegido Comandante de la Guardia. En 1836 se le confió el mando del Regimiento
de Gerona. Su gran actuación en la batalla de Unza contra los carlistas le
supuso su segunda Cruz Laureada de San Fernando. Un año más tarde, por su
comportamiento en Fuenterrabía e Irún, recibió la Gran Cruz de Isabel la
Católica. El 7 de agosto de 1937, es designado General del Cuerpo del Ejército
de la Costa Cantábrica. Ese mismo año, por sus proezas al mando de este
cuerpo, es ascendido, a propuesta del General Espartero, a Mariscal de Campo.
Con motivo de sus brillantes e ininterrumpidos servicios prestados a la Reina
María Cristina en dicha Guerra, es nuevamente recompensado con la Cruz de San
Fernando. En 1839 se le designa para el mando del Ejército del Centro y para
Capitán General de los reinos de Aragón, Valencia y Murcia. Antes de finalizar
1839 ya era Teniente General. No es fácil encontrar una carrera tan fulgurante
como la suya en la historia militar española. En 1840, D. Leopoldo O´Donnell,
por discrepancias con el Duque de la Victoria, se vio obligado a emigrar a
Francia. Regresó a España en 1844 para ser nombrado Capitán General de La
Habana. Las aspiraciones políticas de O´Donnell comienzan hacia 1851. El
tinerfeño es nombrado Ministro de Guerra y forma un partido político llamado
"Unión Liberal", que jugaría un papel importante en los años venideros. Así,
constituido el Gobierno en torno a los dos personajes más importantes del
momento, en el ámbito político fueron configurándose las diferencias
doctrinales entre los progresistas que apoyaban a Espartero y los moderados de
la Unión Liberal que seguían a O´Donnell. La falta de entendimiento entre
ambos, llevó a Espartero a dimitir de su cargo quedando la presidencia en
manos de general canario durante tres meses, siendo luego sustituido por
Narváez. Sin embargo, ante las manifestaciones populares, la Reina se vio
obligada a llamarlo de nuevo, manteniéndose en la presidencia del Gobierno
hasta 1864. Después de cinco años en el gobierno, el desgaste se hizo
ostensible. Los acosos llegaron incluso por parte de antiguos colaboradores,
lo que, entre otras cosas, le hizo dimitir hacia 1863. Fue D. Leopoldo, gran
amigo personal de Napoleón III, quien invitaba a menudo al matrimonio
O´Donnell a su palacio de Compiegne. La muerte le sorprendió el 15 de
noviembre de 1867. La Infanta Dña. Luisa Fernanda, cuñada de la Reina,
escribió a su viuda lo siguiente: "la nación ha perdido un buen español, el
Ejército un buen general y el trono constitucional, un baluarte para un día de
peligro". Proféticas palabras, porque poco después Isabel II tuvo que
abandonar España. El título de Conde de Lucena se expidió, mediante carta de
sucesión, el 31 de diciembre de 1957 en favor de D. Hugo O´Donnell y Estrada.
El título de Duque de
Tetuán es concedido, según Real Decreto de 27 de abril de 1860, a D.
Leopoldo O´Donnell y Jorris, I Conde de Lucena, por S.M. la Reina Dña. Isabel
II. El 23 de marzo de 1953 se expidió carta de sucesión en favor de D.
Leopoldo O´Donnell y Lara.El título de Marqués de
Bérriz es otorgado el 6 de enero de 1876 por Carlos VII de Borbón,
Pretendiente a la Corona Real, a D. Elicio Bérriz y Román. Nace en Santa Cruz
de Tenerife en 1827. Fue Comandante del Departamento de la Habana, Director
del Parque de Artillería y de la Escuela Militar de Tiro de Puerto Rico. En
1873 obtuvo su retiro del Ejército, incorporándose ese mismo año al ejército
carlista. Fue Comandante General de Vizcaya y Ayudante de Campo del
pretendiente a la Corona Carlos VII de Borbón, quien le confirió el cargo de
Secretario de Estado y Ministro de Guerra y la grandeza de Marqués de Bérriz.
Finalizada la guerra emigró a Francia, acogiéndose en 1877 a la ley de
amnistía. La protocolización del marquesado de Bérriz se exhibió ante el
Cónsul General de España en Génova el 20 de febrero de 1957 en favor de D.
Vicente de Cárdenas y Vicent.La dignidad de Conde de
Madan es concedido en Cuba, por Real Decreto de 15 de octubre de 1880, a
D. Agustín Madan y Madan, Licenciado en Leyes, por Alfonso XII. D. Agustín
Madan, I Conde de Madan, era hijo de D. Joaquín Madan y Gutiérrez (nacido en
La Habana) y de su esposa, a la vez que prima hermana, Dña. Josefa Madan y
Lenard.El título de Marqués de
Tenerife es otorgado, según Real Orden de 12 de octubre de 1887, a D.
Valeriano Weyler y Nicolau por S.M. la Reina regente Dña. María Cristina de
Austria. D. Valeriano Weyler, I Marqués de Tenerife, nace en Palma de Mallorca
el 17 de septiembre de 1838. Era hijo del médico madrileño D. Fernando Weyler
y Laviña. Fue Capitán General de Canarias, Baleares, Filipinas, Burgos,
Navarra, Vascongadas, Cataluña, Cuba y Madrid; así como Senador por Málaga y
por Canarias, Senador vitalicio por designación Real, Jefe del Estado Mayor
Central del Ejército y Ministro de Guerra, cargo que llegó a simultanear con
el de Ministro de Marina. En Canarias desarrolló una gran actividad cívica,
pues, según palabras D. Francisco Viera, Alcalde republicano de Santa Cruz de
Tenerife, "durante los seis años que ejerció el mando militar de Canarias, la
obra realizada por el que había de ser hijo adoptivo de esta capital dejó
honda huella entre nosotros. Su recuerdo es imperecedero". La capital
tinerfeña le debe a D. Valeriano Weyler gran parte de su moderna fisonomía:
varias de sus mejores calles, la construcción de la Capitanía General, el
Hospital Militar, el establecimiento de las líneas de vapores interinsulares,
el tendido del cable telegráfico con la Península, la urbanización de la plaza
que leva su nombre, etc. Murió el 20 de octubre de 1930, en la ciudad que le
había visto nacer (Palma de Mallorca). Tras el fallecimiento del general, el
título de Marqués de Tenerife fue heredado por su hijo D. Fernando Weyler
Santacana (Comandante de Caballería, Doctor en Derecho, académico numerario de
la Real Jurisprudencia y escritor). El 23 de enero de 1953 se expidió carta de
sucesión en favor de D. Fernando Weyler y López de Puga.La merced de Conde Santa
Pola es concedido, según Real Decreto de 28 de julio de 1892, a D. Juan
Bautista de Antequera-Bobadilla y Angosto, por la Reina regente Dña. María
Cristina de Austria. D. Juan de Antequera-Bobadilla y Angosto, I Conde de
Santa Pola, era hijo del lagunero D. Juan Bautista de Antequera y Bobadilla
(Senador del Reino, Consejero de Estado y Ministro de Marina), y de su esposa
Dña. Atanasia Angosto Sapizburú. El título de Conde de Santa Pola se expidió,
mediante carta de sucesión, el 18 de abril de 1979 en favor de D. Juan de
Antequera y Jordán de Urries.El título de Marqués de
Santa Susana, del que existen antecedentes en el Archivo General del
ministerio de Justicia, es concedida, por Real Decreto de 27 de febrero de
1893, a D. Antonio Benítez de Lugo y de la Cantera, por la Reina Regente Dña.
María Cristina de Austria.La dignidad de Marqués
del Muni es otorgada, según Real Decreto de 19 de octubre de 1900, a D.
Fernando León y Castillo Olivares y Falcón, Senador del Reino, por la Reina
regente Dña. María Cristina de Austria. D. Fernando León y Castillo, I Marqués
del Muni, nace en Telde (Gran Canaria) el 30 de noviembre de 1842. Estudió en
el colegio de San Agustín, donde coincidió con Benito Pérez Galdós. En 1860
viaja a Madrid para estudiar la carrera de Derecho. Desde muy joven había sido
un ávido lector, deseoso de cultivar ciencias y artes que le permitieran
desarrollar y enriquecer su espíritu. En 1866 se licencia en Derecho. Fue un
gran orador, quizá pomposo y grandilocuente pero nunca vacío; sabía lo que
decía y lo decía bien, pues preparaba minuciosamente sus discursos. Su primer
triunfo como orador lo obtuvo en un debate sobre la abolición de la
esclavitud. En 1872 fue elegido para representar al distrito gran canario de
Guía en las Cortes. Su victoria más señalada en la Cámara tuvo lugar en 1887
al discutirse la ley civil, sesión en la que León y Castillo representó al
Partido Liberal. Su nombre se ha recordado como uno de los más grandes
tribunos que hubo en España en el último tercio del s.XIX (época de oro de la
elocuencia española). La Carrera política de nuestro personaje fue breve,
fecunda y brillante. Cuando tenía 26 años edad fue nombrado Gobernador Civil
de Granada. Después estuvo al frente del Gobierno Civil de Valencia. Ya como
Diputado hizo varios ascensos en su trayectoria política. Así, fue
subsecretario de ultramar y en 1881 ministro de este departamento en el
Gobierno presidido por Sagasta. Desde su puesto en el Gobierno pudo apoyar las
aspiraciones para la Construcción del Puesto de la Luz, que ya defendiera años
atrás. El proyecto del Puerto salió adelante y en 1883 comenzó a construirse
el que sería pilar fundamental de la economía en la vida de Gran Canaria. Como
Ministro de Ultramar llevó a cabo reformas en las colonias que persistían bajo
el dominio español: Cuba y Filipinas. En el cargo de Ministro de la
Gobernación consagró su atención a las cuestiones sociales, todavía poco
entendidas por España. Tras ser nombrado Embajador en París, quizá el mayor
cargo de representación de España en el extranjero por entonces, su talento
político se reveló bajo un nuevo aspecto. Allí desarrolló una política
dirigida a captar las simpatías de Francia e, indirectamente, el respeto de
Europa. Durante muchos años asistió en París a los grandes acontecimientos que
modificaron la situación de España y de Europa, sobre todo en el último
período de su misión diplomática, que coincidió con la Primera Guerra Mundial.
Junto a la defensa del papel de España en el norte de África, le tocó
garantizar la neutralidad española durante la gran conflagración. Estos fueron
los dos ejes de la política exterior española de la época, que llevó León y
Castillo con gran inteligencia y habilidad. Este canario ilustre fue una
figura muy destacada de la política nacional y siempre tuvo una más que
señalada presencia en los problemas políticos de su tierra. D. Fernando León y
Castillo murió en Biarritz en 1818. El título de Marqués del Muni se expidió,
mediante carta de sucesión, el 21 de diciembre de 1956 en favor de la señora
Dña. María del Pino León y Castillo y Manrique de Lara.El título de Marqués de
Arucas es concedido, por Real Decreto de 29 de abril de 1911, a D. Ramón
Madan y Uriondo Cambreleng y Duggi, Caballero Gran Cruz al Mérito Agrícola,
por Alfonso XIII. D. Ramón Madan, I Marqués de Arucas, era hijo de D. Juan
José Madan y Cambreleng, y de su segunda esposa, hermana de la primera, Dña.
Isabel de Uriondo y Duggi. El origen de este marquesado se remonta a 1859,
fecha en la que el mayorazgo de Arucas es dividido en dos partes. Una de
ellas, fue comprada por el D. Alfonso Gourié Álvarez, y la otra por D. Bruno
González Castellano, padre de Dña. María del Rosario González y Fernández del
Campo (quien heredaría todo el patrimonio). Dña. María del Rosario casó con
el tinerfeño D. Ramón Madan y Uriondo, a quien, como indicábamos
anteriormente, le sería concedido el marquesado en 1911. Este matrimonio no
dejó descendencia, con lo que el título pasó a su sobrina, y posteriormente, a
una hija de ésta, Dña. María del Carmen Fernández del Campo y Madan (casada en
1915 con D. Felipe Massieu de la Rocha). El marquesado de Arucas ha sido
ostentado desde el 25 de octubre de 1973 por la hija nacida de este
matrimonio, Dña. Rosario Massieu y Fernández del Campo (casada con D. Luís
Benítez de Lugo y Ascanio, Marqués de la Florida), recientemente fallecida.
El título de Condesa de
Rodríguez de Azero y Salazar de Santa María de Abona es otorgado, según
Bula de S.S. el Papa Pío XII de 1 de julio de 1950, a Dña. María de las
Mercedes Rodríguez de Azero, autorizado por Decreto de 3 de agosto de 1957.En España, a día de hoy
existen aproximadamente unos 390 títulos nobiliarios legalmente ostentados. De
ellos, alrededor de unos 37 fueron los concedidos por la Corona de Castilla a
las Islas Canarias; no obstante, conviene destacar que entre la doctrina aún
no existe un acuerdo unánime a la hora de cifrar en un número concreto las
dignidades habidas en nuestro país.Antes de finalizar, me
gustaría dedicar este pequeño trabajo a la memoria del insigne tratadista
nobiliario D. Francisco Fernández de Bethencourt, canario ilustre y fundador
de la Historia Genealógica Moderna en España; a la figura de D. Juan Régulo
Pérez, reimpulsor de esta disciplina en las islas; así como a todas aquellas
personas que, directa o indirectamente, han contribuido para que este estudio
se haya podido hacer realidad.
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