El raído manto azul de la patrona y las dos dalmáticas

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

El raído manto azul de la Patrona y las dos dalmáticas

(Por la transcripción: B. DE V.)

"Vuelvo a recordar que por nombramiento decretado
por el obispo de Canarias, monseñor Pildain y Zapiain, me hice
cargo de la parroquia de Santa María de Guía el 12 de marzo de 1943. Por
muchas circunstancias y entes psicológicos que influían en mi espíritu,
me costó mucho tiempo caer en la cuenta y convencerme de que yo era el
cura, el responsable de esta parroquia, conceptuada en la propia Diócesis
como de gran categoría y, por lo mismo, reservada sólo para las grandes
lumbreras, a todos los niveles. Ello me hizo concebir la idea de que yo
era un "cura de transición". Y fue la causa por la que no
mostraba mucho interés en investigar, a fondo, todos los rincones de la
iglesia, sus dependencias, sus cajoneras, roperos, etc. Así iba
transcurriendo el tiempo, concretándome solamente en cumplir mis deberes
pastorales y parroquiales y arreglar, o corregir, todo aquello que
estuviese deteriorado y a la vista del público, lo que causaba
desagradable impresión y podría ser considerado como exponente de
abandono, dejadez y poco interés por el buen estado de la Casa de Dios
por parte del rector de la misma.

Me parecía que no podía averiguarlo todo, observarlo
todo, investigarlo todo, por si encontraba algo que fuese interesante,
algo de valor material o artístico que, por considerarse ya inservible,
lo hubiesen arrinconado en alguna dependencia, como suele hacerse en
muchas parroquias por los "servidores" de las mismas.

Pero, consciente de mi responsabilidad como cura,
después de varios años me decidí a investigar, a conocer todos los
rincones y dependencias de la Parroquia.

Empecé por desalojar los compartimentos de las
cajoneras de la Sacristía, y cuál fue mi grata sorpresa cuando aparece,
en una de ellas, un manto azul de la Virgen, todo raído, inservible, pero
con unos preciosos bordados en oro lujuriante. Fue para mí el encuentro
de un gran tesoro, aumentado por haber hallado también una capa del Niño
Jesús, blanca, toda raída, pero con artísticos bordados en oro.

Como ya me había dado cuenta de que esta Parroquia no
tenía un juego de casulla y dalmáticas, igualmente enriquecida con
bordados de oro, para las fiestas patronales, sino solamente la casulla
estaba bordada en oro fino y las dos dalmáticas eran de tisú, muy buenas
y preciosas, aunque no sintonizaban con la casulla ni en el color ni en
los adornos -lo que daba lugar a "sonrisitas" y comentarios
burlescos de algunos "vecinos" concebí la idea de que de
confeccionasen dos dalmáticas blancas enriqueciéndolas con los bordados
de oro encontrados en la sacristía, consiguiendo así un terno litúrgico
completo de la misma calidad y riqueza para la Fiesta Mayor.

Al mismo tiempo determiné que con los adornos y
bordados en oro de la capa raída del Niño Jesús, se confeccionase
también una valiosa capa, en color blanco, para el sacerdote revestirse
con ella cuando llevara solemnemente el Viático o la Comunión a los
enfermos y ancianos en tiempo pascual.

Este trabajo y confección de las dalmáticas y capa
del Viático fue encomendado y realizado por las Adoratrices de Las
Palmas, y todos los gastos fueron generosamente sufragados por doña Victoria
Guerra y Guerra de Suárez
, que tiene su residencia habitual en Nueva
York, Estados Unidos.

Estas ricas prendas litúrgicas se hallan expuestas en
las vitrinas del Camarín de la Virgen, donde el público puede
contemplarlas y admirarlas.

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Las memorias de don bruno quintana quintana

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

INTRODUCCIÓN

"Yo, Bruno Quintana y Quintana, presbítero, siendo cura ecónomo
de la Parroquia de Santa Teresa del Niño Jesús, en la barriada de Arenales de la ciudad
de Las Palmas de Gran Canaria, desde el año 1940 fui nombrado por el Obispo Antonio
Pildain y Zapiain cura ecónomo de la Parroquia de Santa María de Guía, de la que me
hice cargo al mes de la designación, el doce de marzo de 1943, sustituyendo al anterior
cura, don Enrique Báez Ruiz, el cual ya había dejado la misma, estando a cargo de ella
el coadjutor don José Rodríguez Rodríguez.

Al llegar a la parroquia sólo me recibió, a las cuatro de la tarde
del día citado, en la Iglesia, el solchantre-sacristán don Manuel Díaz Rivero, que me
entregó las llaves correspondientes a las diversas dependencias del complejo parroquial.
Más tarde fui visitado por el coadjutor antes citado, muy amable y cortés. Durante el
largo tiempo que he regentado esta parroquia acontecieron muchos hechos que, a mi
criterio, merece la pena que sean historiados para perpetua memoria y que pudieran
interesar en años venideros, haciendo resplandecer en estos escritos la verdad de los
mismos, en evitación de equivocadas interpretaciones y tergiversaciones interesadas,
desvirtuando la veracidad de los mismos.

Al hacerme cargo de la Parroquia encontré el templo en buen estado de
conservación; pero, luego, por efecto de mis detenidas observaciones, noté que había
muchas cosas que arreglar para adecentar más y más la casa del Señor. En mayo de aquel
mismo año (1943) empecé por el adecentamiento de las tres puertas del frontis y las dos
laterales del norte y sur del templo, las cuales, siendo de tea, estaban cubiertas por una
densa capa de pintura, adquirida en el transcurso de los años en que, para las fiestas
patronales, eran pintadas.

Encargué al carpintero de esta localidad, don Antonio Aguiar Pérez,
que sucesivamente fuese desmontando los tableros de las mismas y, desponjándolos de la
pintura, los dejase del color natural de la tea.

Los clavos de metal amarillo de la puerta central, que estaban
cubiertos por una buena capa de pintura, fueron también limpios, quedando con un brillo
natural que deslumbraban.

Colocados los tableros de nuevo, presentaban las puertas un aspecto
bellísimo y deslumbrante, pues dándoles el sol causaban admiración e impacto gratísimo
a todos los que las contemplaban. Incluso, vecinos de Gáldar que al pasar por la plaza se
daban cuenta de la belleza de las puertas, se presentaron ante el señor cura de aquella
ciudad, el reverendo don Francisco Hernández Benítez -que me lo contó -, diciéndole:
"Las puertas de la Iglesia de Guía están limpias de pintura y quedaron muy bonitas
de color tea. Y les pusieron clavos de oro. Haga usted lo mismo en las puertas de la
Iglesia de Gáldar".

Y él les contestó que no podía ser porque las puertas del templo
galdense no eran de tableros, sino ensambladas, y no los necesita, ni técnica ni
estéticamente.

Ellos insistieron ofreciéndose a sufragar los gastos de adquirir los
calvos de metal y colocarlos en las puertas, a lo que el cura tuvo que acceder, contra su
voluntad, en bien de la paz con sus feligreses.

He de decir que, cuando llegué a la parroquia, en la cubierta del
templo de Guía, en sus tres naves, pusieron cielorraso (falso techo), que seguramente fue
para evitar la caída de tierra y polvo de los techos que sostenían el tejado. Se me
ocurrió hacer una cata en la Capilla de las Mercedes y comprobé que tenía un buen
artesonado, aunque mutilado en sus componentes para colocar el cielorraso. Por eso
determiné eliminar éste descubriendo todo el artesonado de aquella capilla y de la de
Nuestra Señora del Carmen, encargando al carpintero que hiciese y colocase los tableros
que habían de sustituir a los que estaban deteriorados por la polilla y la humedad. Y las
piezas que faltaban, como eran las piñas talladas y los cordones franciscanos adornados
con puntas de diamante, enmarcaron todo el artesonado, que fue limpiado con aceite de
linaza. Ambas capillas quedaron en muy buenas condiciones y como dos obras de artesanía
que enriquecían el templo. Las piezas de tea que se adquirieron para completar dichos
artesonados fueron donadas por los herederos del poeta Tomás Morales, de sus propiedades
en el pinar de Tirma, cerca de Tamadaba.

El carpintero encargado de estas obras fue el maestro Antonio Aguiar
Pérez".

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Un nuevo manto verde para La Virgen de Las Marías

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

Un nuevo manto verde para la Virgen de Las Marías

(Por la transcripción: B. DE V.)

Había también en el desván de la Iglesia (lo que hoy
es el bellísimo Camarín) una arqueta de gran tamaño adosada a la pared.
Preguntaba yo qué cosa podía guardarse en ella y me respondían siempre
que en su interior había un manto viejo de la Virgen, pero jamás se me
ocurría abrirla, aunque fuese por curiosidad de ver si tenía valor o no
y también porque me parecía que no era yo el llamado a comprobar lo que
allí se guardaba, o porque suponía que tal manto sería de poco o
ningún valor. Así pasaron veinticinco años sin saber el valor que
pudiera tener el manto, que tan bien guardado estaba.

Pero como la Providencia Divina lo tiene todo dispuesto
-orden, medida y para el tiempo que tiene determinado en sus designios
eternos, llegó el día en que por un arrebato de interés me hice
acompañar de don Miguel Gordillo Díaz, profesor de EGB, y nos
dirigimos a las "Catacumbas", nombre que recibía la parte baja
de la antigua casa de doña Eusebia Armas, donde estaba depositada la
arqueta por haberse iniciado ya las obras de renovación del Camarín.
Entre los dos sacamos la arqueta al patio y, tras abrirla, nos quedamos
asombrados y sobrecogidos de admiración al encontrar un auténtico y
valiosísimo tesoro, encerrado durante tantos años. Yo, que ya me había
dado cuenta de que la Santísima Virgen sólo tenía un sencillo y pobre
manto y traje de color verde para revestirla en las fiestas de Las Marías
y las Ramas vi la posibilidad de encargar la confección de un nuevo manto
y traje verde, enriquecido por todo aquel lujuriante oro de muchas y
variadas formas.

Por eso, al domingo siguiente, fui informando a los
fieles en todas las misas. Les comenté el hallazgo de un tesoro
encontrado en un manto de tisú de plata completamente raído y, por lo
tanto, inservible; manifestándoles al mismo tiempo mi propósito de
encargar su confección y traspasar a un nuevo manto verde todos los
bordados y tejidos de oro, para que lo usara la Virgen en la fiesta de Las
Ramas, porque el que tenía era muy pobre y estaba desteñido por la
acción inexorable de la luz. Insistí en que sólo hacía falta una
persona pudiente y devota de la Virgen que sufragara los cuantiosos gastos
que tal trabajo suponía.

Y aquí llega el momento, el día y la hora que el
Señor y su Santísima Madre tenían determinado para el descubrimiento de
tal tesoro y el destino que se le habría de dar. Terminada la misa de las
diez de la mañana y estando ya en la sacristía, llegó la señorita María
Torrent Galván
manifestándome que doña Milagros Rodríguez
Bolaños de Mauricio
, que se hallaba en el templo, le encargó que me
comunicase que ella se haría cargo de sufragar todos los gastos que el
nuevo manto ocasionara.

En aquella misma semana envié a dicha señora el manto
viejo y raído con todo el oro que contenía para que lo viese y se
hiciese cargo de la belleza y el valor del mismo. Pocos días después me
dirigí a su domicilio para agradecerle su generoso ofrecimiento, tener un
cambio de impresiones y determinar la comunidad religiosa a la que había
de dirigirse para solicitar de la misma, mediante contrato, la confección
del manto verde y traspasar al mismo todo el oro encontrado.

Dicha señora, en un gesto de sinceridad, me declaró
que el día que yo anuncié el hallazgo y solicitaba algún
"mecenas" para sufragar la reconstrucción, ella estaba pensando
en su asiento, en la entrada de la Capilla del Calvario, qué cosa, que
obsequio ofrecería a la Virgen de Guía para hacerle pública
manifestación por un gran favor que, por su mediación, había recibido
en aquellos días anteriores. Al oír mi alocución, exclamó en su
interior: "¡Eso se lo ha inspirado la Virgen; eso es lo que Ella
quiere para que manifieste públicamente mi gratitud por ese gran favor
que me ha obtenido! Por eso, inmediatamente se lo comuniqué para su
conocimiento y satisfacción".

Días después, aquella señora, acompañada de doña Francisca
Estévez Pérez de Mauricio
, viajó al Císter de Teror para
entrevistarse con la abadesa del mismo y exponerle su propósito de que en
dicho convento se confeccionase el traje. La entrevista se llevó a cabo
y, por un malentendido o por temor a un trabajo intenso, manifestaron que
tardaría en hacerlo años.

Dichas señoras regresaron a Guía desalentadas.
Extrañado por tal negativa, les dije que me encargaría de hablar con las
monjas y esperaba que aceptaran el encargo.

El 15 de noviembre de 1969 invité a don Fortunato
Estévez Galván
para que me acompañase a Teror para la entrevista
con la abadesa. Concedida la misma, a través del locutorio le expusimos
nuestro objetivo, dándole cuenta de la anterior visita, de sus resultados
y de la desilusión ante la negativa que aquellas mujeres recibieron. Tras
un amplio cambio de impresiones, definitivamente aceptaron la confección
del manto de la Virgen.

En el mes de diciembre empezaron el delicado trabajo.
Tardaron ocho meses, pues en la primera quincena de julio de 1970 avisaron
a la señora Rodríguez de Mauricio que estaba completamente terminado.
Doña Milagros y su esposo, don Antonio Mauricio Padrón, generosos
patrocinadores de esta maravillosa obra, acudieron al Císter y, en una de
sus dependencias, pudieron contemplar el manto, expuesto de una manera
espectacular, presentando un aspecto -según me contaron- que llegaba a
subyugar a todo aquel que lo contemplaba. Entusiasmados por la belleza y
riqueza artística de la obra, pagaron el doble de lo que habían
convenido el día que las monjas aceptaron llevar a cabo el delicado
trabajo.

Con gran regocijo y satisfacción se trajeron el nuevo
manto a Guía, previéndose que fuera estrenado en las fiestas del 15 de
agosto. Anteriormente, se dejó expuesto en la Iglesia para que todos
pudieran admirarlo. Sin duda, una joya rescatada del olvido y recuperada
para la Virgen.

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El sepulcro, de armas y 50.000 pesetas

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

EL SEPULCRO, DE ARMAS Y 50.000 PESETAS

El Sepulcro, una maravilla que costó 50.000 pesetas

"Doña Eusebia de Armas Almeida, hija de esta parroquia, captando
un lamento mío, hecho público en misa, de que esta Parroquia no poseyese para la Semana
Santa un Sepulcro, o urna, y un Cristo Yacente digno de la patria del mejor imaginero
canario de todos los tiempos, José Luján Pérez, donó el actual, valioso y artístico
Sepulcro, tallado en madera por el artista e imaginero -natural de Agaete y pariente de la
donante-, don José de Armas Medina, que grabó en el mismo doce escenas de la Pasión de
Cristo, rematadas por los doce apóstoles y culminando el mismo con los cuatro personajes
del Calvario y, en el centro, el ángel del dolor sosteniendo la Cruz. Es del mismo
artista el maravilloso y bellísimo Cristo Yacente. He de decir que la obra la empezó en
un taller de Las Palmas, ubicado en la calle Travieso, aunque luego, al ser contratado
para trabajar en Madrid -en el Monumento del Valle de los Caídos-, se la llevó con él
para, en los ratos libres, continuar tallándola en la capital de España. Más tarde
regresó a Gran Canaria, donde la terminó de tallar y policromar el Cristo, entregándolo
todo por cincuenta mil pesetas, cantidad en que la había contratado con la señora
donante.

El día 7 de abril de 1946, después de haber sido expuesta en el
edificio de la Caja Insular de Ahorros de la calle Triana -donde causó al público gran
admiración - fue traída a Guía y, a las diez y media de la mañana -en el Colegio Santa
María, situado en el edificio que fue del Sindicato Agrícola del Norte-, fue bendecida
por el párroco que esto escribe, en presencia de la Virgen de los Dolores de Luján que,
en su trono y acompañada de una ingente multitud, fue llevada a este emotivo acto.

Posteriormente fueron llevados los tronos al templo parroquial,
abarrotado de fieles, donde se celebró una función religiosa y predicó elocuentemente
el famoso orador salesiano reverendo padre Juan.

Ese mismo año ya salió el Santo Sepulcro el Viernes Santo, ante la
admiración de todos por ser, según los entendidos y técnicos en anatomía, el mejor de
Canarias. La consideraban una maravillosa obra de arte que no tiene igual en las islas.

Finalizados los cultos de Semana Santa, fue colocado en la capilla que
se halla junto al bautisterio, que debió ser acondicionada, ya que antes estaba dedicada
a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, con un retablo de ningún valor artístico en el
que estaba colocado un cuadro de dicha Virgen, pintado por la señorita Magdalena Aguiar
Pérez, hija de esta parroquia.

En los lados del citado retablo estaban un cuadro de San Alfonso María
Ligorio y otro de San Gabriel de la Dolorosa, realizados por la misma pintora. Estos
últimos, de poco artístico, fueron colocados en una dependencia de la Sacristía".

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La extraña desaparición de santiago el mayor del sepulcro

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

La extraña desaparición de Santiago el Mayor del Sepulcro

El artístico y valioso sepulcro del Cristo Yaciente, obra maestra y
maravillosa ejecutada para esta parroquia por el eximio escultor canario
don José de Armas Medina, se halla rematado por doce bellísimas
imágenes con aire barroco representativas de todos los apóstoles. Cada
una de veintidós centímetros de alto, al igual que los cuatro personajes
del Calvario.

Como dicha imágenes estaban colocadas solamente sostenidas por un taco
de madera, todos los años con motivo de la Semana Santa, se retiraban del
mismo días antes para someterlas a una limpieza a fondo, liberándolas
así del polvo que se incrustaba en los pliegues de los paños de las
mismas. Allá por el año 1.973, con el fin de llevar a cabo dicha tarea,
empezamos a retirar las imágenes y notamos que faltaba precisamente la de
Santiago el Mayor...

Nos quedamos perplejos, apenados, pero acordamos guardar absoluto
silencio, no dando publicidad al hecho, para evitar el escándalo que de
ello se sigue, averiguando si fue robado o desaparecido.

Y si alguien, admirando el conjunto artístico de la obra, se daba
cuenta de que faltaba una de las imágenes de los apóstoles y preguntaba
por ella, para no darle cariz de alarma se le contestaba, sencillamente,
humorísticamente, que era muy natural que faltase una imagen, pues ya
saben ustedes que Judas Iscariote se marchó a concertar con los fariseos
la entrega de Jesús y el precio de la misma, y por lo tanto está vacío
su sitio. Con esta explicación humorística se reían y la cosa no pasaba
adelante averiguando si fue robada o no.

Pero el hecho tenía que comentarlo con alguien por si encontraba
alguna solución o pista de su desaparición. Y en cierta ocasión le dije
a don Miguel García Lorenzo y a su distinguida esposa,
doña María Teresa Saavedra Galván, que pasaban una temporada en
la Playa de las Nieves de Agaete. Ellos, lamentando también el hecho de
que sustrajeran la imagen de Santiago el Mayor del Sepulcro, dejando
mutilada la gran obra de arte, me prometieron habla con el autor de la
misma, don José de Armas, que pasaba también temporadas en dicha playa,
por si quería tallar otra imagen del apóstol citado y llenar así aquel
vacío que no había dejado Judas, sino algún aprovechado.

En efecto, Don José de Armas, al enterarse de tal desafuero, tomó
mucho interés en deshacer el entuerto y vino a Guía para tomar medidas y
así tallar una nueva imagen, porque, según dijo, antes de morir quería
dejar completa su obra, que tanto quería y visitaba con frecuencia.
Tallón la imagen de Santiago del mismo tamaño que las otras, aunque más
estilizada y con aire de estilo bizantino.

En poco tiempo la realizó y él mismo, acompañado de su distinguida
señora, vino a Guía a entregarla y colocarla en el sepulcro con claras
muestras de regocijo y alegría, compartida con nosotros, al ver su mejor
obra artística completada de nuevo.

Fue un obsequio generoso, pues don José de Armas no quiso cobrar nada
y sólo aceptó el insignificante obsequio de dos botellas de licor. Los
fieles, al enterarse de este "nuevo" Santiago el Mayor para el
Sepulcro del Cristo yaciente, desfilaban ante él para admirar la bella
obra.

Luego, para evitar que en adelante no siguiesen expoliando el conjunto,
orgullo de la Parroquia de Santa María de Guía, se determinó que las
pequeñas imágenes –tanto de los apóstoles como los cuatro ángeles
colocados en las esquinas y las otras cinco imágenes, que rematan el
Sepulcro-, se fijasen al mismo bien atornilladas, de modo que resultase
difícil apoderarse de ellas. Y hasta ese día, ocho de junio de mil
novecientos ochenta y uno, se halla esta grandiosa obra completa y en
perfecto estado de conservación en la capilla, primera de la derecha al
entrar al templo parroquial.

Que Dios conserve para siempre esta obra de arte, exponente claro del
talento de su autor, don José de Armas Medina, y del gesto espléndido y
gracioso de doña Eusebia de Armas Almeida, viuda del
general de la Guardia Civil, don Ignacio López de Ogayar, a
la parroquia de sus amores, Santa María de Guía.

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Nace la fundación "eusebia armas"

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

NACE LA FUNDACIÓN "EUSEBIA ARMAS"

BRUNO QUINTANA QUINTANA

(Por la transcripción: B. de V.)

Otro de los hechos que merece ser relatado para perpetua memoria y para
que, quedando todo esclarecido, brille siempre la verdad y sólo la verdad sobre la
realización del mismo y del destino que desde un principio se le dio, fue la
determinación decidida y enérgica de doña Eusebia Armas Almeida, viuda del general de
la Guardia Civil, don Ignacio López de Ogayar, de destinar todos sus bienes para llevar a
cabo la fundación de una "obra benéfica" para atender, instruir y promocionar
a los niños pobres de esta ciudad de Guía y de toda la comarca. Enterado don Eduardo
Benítez Inglot, señor de gran reciedumbre canaria, de que el obispo doctor Pildain y
Zapiain me había nombrado cura de Guía, se apresuró a encontrarse conmigo para
felicitarme por ser nombrado responsable de una parroquia que era considerada de gran
categoría en los círculos sociales y clericales de la Diócesis, y también para
entregarme una tarjeta de presentación para la ilustre dama, de doña Eusebia, a quien le
unía gran amistad y que podría ayudarme mucho para el culpo e innovaciones que pudiera
llevar a cabo en la parroquia. Así las cosas, a los pocos días de tomar posesión le
envié la tarjeta a dicha señora, pidiéndole, al mismo tiempo, audiencia para saludarla.
Ella puso en juego todos los cánones de la cortesía y finura que le distinguían y la
entrevista se llevó a cabo.

Y siguieron una serie de visitas, en las que doña Eusebia me hizo
confidente de todos sus planes y proyectos benéficos en los que habría de invertir todos
sus bienes y haberes, puesto que no tenía herederos forzosos de ninguna clase.

Me contó que su difunta madre, doña Eusebia Almeida González, había
tenido mucho interés en fundar una guardería infantil -como las había visto en sus
viajes realizados por la Península y Europa- y que ella quería realizar el pensamiento
de su madre. Después de algunas consideraciones, pude disuadirla, convenciéndola de que
esas fundaciones eran más bien propias para las poblaciones de grandes centros
industriales, donde se hacían imprescindibles las guarderías para albergar a los hijos
pequeños mientras sus madres trabajaban en talleres u otras industrias, pero que en una
ciudad y comarca eminentemente agrícolas y relativamente de poca población, no era
necesaria tal institución.

Doña Eusebia lo comprendió y desistió de su inicial propósito.

Luego quiso construir un colegio para niñas pobres regentado por las
Hijas de la Caridad, a lo que objeté que habiendo sido fundado por doña Dolores de Sosa
Suarez un colegio por las Madres Dominicas para atender no sólo a las hijas de las
familias pudientes, sino también a las hijas de las familias modestas, y que desde hace
años estaba desarrollando una labor docente, no era conveniente ni procedente crear otro
centro en la misma línea de enseñanza, porque dada la poca población escolar femenina
no podía vivir los dos. En cambio, los varones, una vez terminado el periodo escolar,
quedaban a la deriva, desasistidos, sin un centro de postgrado que le marcase una ruta y
les señalizara una meta para abrirse paso en la vida.

Así lo comprendió la bondadosa señora y desistió de su proyecto.
Inmediatamente después, con verdadero entusiasmo, se entregó a la tarea de programar la
fundación de un centro docente de artes y oficios, donde la juventud habría de forjar un
porvenir halagüeño, prometedor en la escala de valores, lo que redundaría en beneficio
de todos. Y para regentar tal centro, nadie mejor -le manifesté- que la Congregación de
Padres Salesianos, que para esta tarea tan humanitaria la había fundado Don Bosco.

Doña Eusebia Armas, persona de preclara inteligencia, de recto y firme
criterio, se había percatado bien del gran alcance de mi modesta sugerencia y la aceptó
íntegramente, pero me manifestó que tal obra fundacional habría de realizarse después
de su fallecimiento. Para ello habría de crearse un Patronato -integrado por las personas
más significadas, por su honorabilidad y cargos, de esta ciudad y del Obispado- que
llevase a efecto sus mandas testamentarias; a lo que yo, respetuosamente, le repliqué
que, por amor a Dios y a los niños, no lo determinase así, porque la historia -en esta
línea- está llena de mandas testamentarias que no se cumplieron después de la muerte
del testador, porque la flaqueza humana, revestida de malicia y ambición, no lo
permitió. Que por amor a Dios realizase esa gran obra benéfica en vida y que la viese
funcionando antes de morir; lo que para ella sería una gran alegría y moriría con gran
gozo y paz, dejando su gran obra caritativa en plena actividad y haciendo realidad los
fines benéficos que ella se había propuesto. A esto accedió también con mucho agrado,
porque comprendió el alcance de mi observación y réplica.

Y para conseguirlo, se propuso encargar inmediatamente a un arquitecto
que, asesorándose con la Congregación Salesiana, proyectara los planos del edificio que,
ubicado en terrenos de su finca, junto a la carretera de La Atalaya, habría de
construirse para llevar a efecto en él sus propósitos benéficos para la juventud de
Guía y de la zona Noroeste.

La ilustre dama eligió para ello al arquitecto de
Las Palmas don Fermín Suarez Valido, quien tomó de inmediato las medidas del terreno.
Además, en uno de sus viajes a Barcelona, visitó el Colegio Salesiano de Sarriá para
informarse de la disposición y distribución de las aulas de acuerdo con los métodos
didácticos y fines que persigue la citada Congregación.

Tardó el arquitecto tres años en concluir los
planos, aunque, una vez entregados, las obras fueron adjudicadas a la empresa constructora
de don Miguel Fernández de la Torre, que en un tiempo breve construyó un hermoso y
elegante edificio, con gran complacencia y contento de doña Eusebia, que veía convertido
en realidad lo que poco antes era una bella ilusión.

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El cristo de la centenaria cruz del "calvario"

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

El Cristo de la centenaria Cruz del "Calvario"

En la pág. 158 de las memorias de don Bruno Quintana Quintana, dedica
especial atención a la historia profesional del escultor Cayetano
Guerra Aguiar, donde destaca todos los pasos desde que empezó
los estudios en el Colegio de las Dominicas hasta que, terminado el
Bachillerato, pasó por universidades de Madrid, Barcelona y Zaragoza,
donde estudió Ciencias Exactas, y, nuevamente en Gran Canaria, obtuvo la
licenciatura en Bellas Artes y empezó a dedicarse a la docencia. Dos
obras narra don Bruno en sus impresiones, rodeadas de curiosidad y
emotividad...

Una de las primeras obras escultóricas que don Cayetano Guerra
Aguiar
ejecutó fue un pequeño busto, de singular belleza, de su hijo
Cayetano, de 4 años, para ser colocado en la hornacina de la Virgen de
Guía, frente a su sagrada imagen y a la derecha de la misma. Y, en
efecto, allí está colocado, en la base de la jamba.

La segunda obra que ha realizado, que nosotros sepamos hasta el
momento, de mayor envergadura, ha sido un Cristo Crucificado, de regular
tamaño –1,50 metros-, de línea clásica y perfecta armonía, que
esculpió en el año 1.982 en caoba, que luego no policromó sino que
trató con una substancia especial y secreta, inspirada por su depurada
técnica, que le imprime una tonalidad uniforme de original belleza mucho
a los observadores, sobre todo a los entendidos en arte.

La Cruz en que fijó o "clavó" el Cristo es de tea muy
curtida por la acción del sol, humedad, viento, etc. Tiene más de un
siglo y estaba colocada en el "Calvario" o poyo existente en
Berbería, lugar cercano al Albercón de la Virgen, a la vera de la
carretera general primitiva donde antiguamente los vecinos de San Felipe,
El Hormiguero, Gallego y otros barrios de Guía colocaban los féretros de
los fallecidos en los mismos, mientras la comitiva fúnebre descansaba la
larga caminata. De la citada Cruz, por la acción de los elementos, se
desprendieron los brazos, y habiéndose percatado de tal deterioro el
vecino de Guía y propietario, don Guillermo Domínguez Padrón,
retiró el pie vertical y los brazos de la citada cruz, conservándola
con gran veneración en la casa solariega que poseía muy cerca, en
Barranco Hondo. Con gran diligencia, digna de encomio, adquirió una nueva
cruz de tea que colocó en el lugar, donde aún permanece, y luego
bendije.

Al enterarse este señor de que don Cayetano Guerra estaba esculpiendo
un Cristo Crucificado, le visitó y, entusiasmado por la obra de arte que
ejecutaba, generosamente l e ofreció la Cruz que conservaba en su casa,
pues comprobó que dado el tamaño de la imagen ésta encajaba
perfectamente en ella. Y dadas las huellas que los elementos habían
dejado grabadas en la misma, imprimía al conjunto un matiz de antigüedad
y de sobriedad. El escultor, muy complacido, aceptó tan valioso don.

Terminado el Cristo y reconstruida la Cruz, sigilosamente fueron
llevados por los señores don José Benítez Rodríguez y don Carmelo
García García
al templo parroquial, para en su momento oportuno y
colocados en su sitio, dar la sorpresa al público. La Cruz con el Cristo
fue subida a la Sala de Luján, ubicada en el Camarín, y en la testera de
la misma lo colocaron, enmarcado por dos piezas de morera, bellamente
talladas por el fino ebanista don Juan Serrano Moreno.

El día de julio de 1.982, terminada la misa de las siete y media de la
tarde, invité a todos los fieles a que asistiesen a la bendición del
Cristo Crucificado, obra maravillosa del escultor don Cayetano Guerra,
quien me lo regaló como cura de esta parroquia y que yo, con profunda
gratitud, lo dono a la parroquia que he regentado durante 39 años.
Bendije el Cristo, siendo los padrinos los tres hijos del escultor:
Cayetano, de 12 años; María de Guía, de 8, y Marta de 6. Asistió
también la esposa del artista, doña Aurora Artal Fernández,
aunque no lo hizo el escultor por cuestión temperamental o modestia...

Antes de bendecir el Cristo, dirigiéndome a los asistentes, leí el
siguiente escrito, que quedará como documento fehaciente para la historia
parroquial: "Yo Bruno Quintana Quintana, cura de Santa María de
Guía, he recibido del eximio escultor don Cayetano Guerra Aguiar,
licenciado en Bellas Artes y catedrático de Dibujo en el Instituto de
Guía, natural y vecino de esta ciudad, un Cristo Crucificado de 1,50
metros de tamaño, sin policromar, esculpido en caoba, como obsequio a mi
persona. Yo, profundamente agradecido, en plena conformidad con el
escultor, lo dono a la Parroquia para que sea colocado permanentemente en
el Camarín de la Virgen, enmarcado por dos grandes piezas de morera
tallada por el fino ebanista, muy apreciado, don Juan Serrano Moreno. Se
fijó el simbólico precio de cinco pesetas por esta valiosa entrega,
significativas de las cinco principales llagas de Jesucristo, manantiales
inagotables de gracia y vida para todos los humanos de buena
voluntad".

El escultor, actualmente está terminando una imagen de San Francisco
de Asís, casi de un metro, con un maravilloso y clásico tratado de
paños. Fue un encargo que le hizo, hace tiempo, el ingeniero de Montes
don Manuel Díaz Cruz. También esculpió un bello busto de su
padre, don Juan Guerra Galván, que regaló a su madre doña Reyes
Aguiar Guerra
. Posee una buena colección de figuras pequeñas, de
línea clásica, que realizaba como estudios escultóricos; p.e., un
discóbolo, una dolorosa, niños, etc.

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Una entrevista con monseñor salgarminaga

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

UNA ENTREVISTA CON MONSEÑOR
SALGARMINAGA

Las dudas de la benefactora y el consejo de monseñor BRUNO QUINTANA
QUINTANA

(Por la transcripción: B. de V.)

"Pese a haber sido construido el nuevo edificio
que albergaría el Colegio Salesianos, doña Eusebia Armas no había dispuesto todos sus
asuntos en orden a la redacción del testamento de todos sus bienes y a la constitución
del Patronato que había de regir esta Fundación Benéfica, con gran peligro de que, dada
su avanzada edad (más de setenta años), muriese intestable, pues siempre se mostraba
reacia a admitir las sugerencias encaminadas -con limpia intención- a que pusiese en
regla todas sus cosas para evitar la posibilidad de que sus bienes cayesen en otras manos,
frustrando así los beneficios sociales que, de llevarse a cabo la institución, de su
gran obra se derivarían. Su resistencia a testar provenía de la equivocada idea que se
había forjado en su mente de que, desde el momento que lo hiciera, ya no podría disponer
libremente de sus bienes y podría verse, algún día, en la triste situación de vivir de
la caridad de los demás, como -decía- le había sucedido a una señora de Las Palmas, al
dejar sus bienes cuantiosos a una obra benéfico-religiosa.

Pero, un buen día, encontrándose enferma con muchas molestias
corporales, llamó inmediatamente a su médico de cabecera, don Ramón Jiménez
Domínguez, quien, al observar su enfermedad, notó que era más bien psíquica que
fisiológica, y entonces -me contó ella- diagnosticó:

-Usted no tiene enfermedad alguna, sino una grave preocupación que la
está matando. Usted, doña Eusebia, ¿ha arreglado el asunto de sus bienes dejándolos
todos legalizados y con el destino que usted quiera darles?

-¡Oh!, no, don Ramón -contestó ella-.

A lo que el médico replicó:

-Pues si usted quiere ponerse buena, arregle lo antes posible el futuro
de todas sus riquezas y se pondrá buena.

Ese mismo día, casi inmediatamente a la entrevista con su médico, se
presentó doña Eusebia en la Casa Parroquial, muy preocupada, contándome todo lo que le
había dicho don Ramón y explicándome que deseaba, cuanto antes, hacer su testamento y
arreglar todos sus asuntos en orden a la fundación benéfica. Pero como había muerto su
abogado, don Rafael Cabrera, para ella no había otro letrado que le inspirase confianza.
Dándome cuenta de la gran trascendencia del momento, pues de él dependía el que se
llevase a cabo la obra benéfica proyectada o que todo a su muerte pasase al Tesoro
Público del Estado por no tener herederos forzosos y morir intestada, rápidamente le
propuse: -¿Quiere usted ir esta tarde mismo a Las Palmas para que un abogado la oriente y
empiece a poner todo en regla?

Aunque haya muerto don Rafael Cabrera, hay en Las Palmas muy buenos,
sabios y honrados abogados, que saben interpretar y plasmar dentro de los cánones de un
testamento sus intenciones y proyectos.

Entre ellos tiene usted a don Antonio Limiñana López, muy católico,
inteligente y competente en asuntos eclesiásticos concordados, y que es, además, el
abogado del Obispado.

-Pues sí -contestó doña Eusebia-. Vamos esta tarde mismo al despacho
de ese abogado, para de una vez salir de este estado de ánimo en que me hallo y vivir
tranquila.

Pero antes tengo que hacer constar el propósito firme, inquebrantable,
que alimentaba en su mente la señora, de no entregar sus bienes, ni para fines
benéficos, a ninguna Congregación religiosa, por el pánico que sentía de verse
desatendida como, decía, le había sucedido a una señora de Las Palmas. Aunque yo le
decía que sólo era fantasía popular, alegatos de la gente y que nada de eso era cierto,
no le convencí y se mantuvo firme en su decisión. También abrigaba el temor de que la
Congregación religiosa a la que ella pudiera dejarle todos sus bienes para desarrollar en
esta parroquia y las vecinas su obra benéfica en favor de la juventud económicamente
humilde, enajenase los mismos para invertir en otras poblaciones, dejando a toda esta
comarca privada de tan grandes beneficios.

Por aquellos días había venido a Canarias Sor María del Camino,
general de la Congregación religiosa Misioneras Parroquiales, reciente fundación llevada
a cabo por el padre Rufino Aldabalde en San Sebastián, la cual, uniéndole gran amistad
con doña Eusebia -por haber compartido el inmenso dolor de perder a sus maridos
simultáneamente, fusilados por los enemigos de España en 1936 en dicha ciudad vasca-,
quiso pasarse ocho días en su compañía, coyuntura que aprovechó doña Eusebia para
cambiar impresiones y consultarle cómo había de llevar a cabo la fundación y a nombre
de quien habría de dejar todos sus bienes para su sostenimiento.

La citada general, después de retirarse a su habitación para invocar
al Espíritu Santo, contestó:

-Yo creo que tú debes hablar con monseñor Salgarminaga, que de
regreso de Buenos Aires pasará por Gando en esta semana. Nosotras tenemos que hablar con
él y ... siendo muy versado en asuntos de fundaciones benéficas, él te puede orientar e
informar con gran precisión.

El día señalado fueron al aeropuerto y doña Eusebia tuvo una
entrevista muy cordial con monseñor. Le contó todos sus proyectos y Salgarminaga
contestó:

-Usted, señora, deje todos sus bienes en nuda propiedad al Obispado de
Canarias con la inherente obligación de llevar a cabo los fines benéficos que usted se
propone con la fundación que tiene proyectada, porque el Obispado es la única entidad
que permanece estable en medio de los vaivenes de las tempestades sociales o políticas, y
en las revoluciones de este estilo en las que suelen usurpar los bienes de la Iglesia.
Cuando las cosas vuelven a la normalidad, el Obispado reclama sus bienes usurpados y, por
lo general, se los devuelven, pudiendo seguir cumpliendo los fines benéficos para los que
fueron legados, cosa que no suele ocurrir con las comunidades religiosas...".

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La patrona de la ciudad, alcaldesa mayor perpetua

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

La Patrona de la ciudad, alcaldesa mayor perpetua

En el transcurso de estos últimos cuarenta años, los elocuentes
panegiristas de las glorias de la Santísima Virgen de Guía, en sus
fiestas patronales del quince de agosto, hacían hincapié en un hecho
trascendental que recogió Marín y Cubas en uno de los capítulos
de su libro sobre la historia de Canarias, revelando que la primera misa
celebrada en La Isleta por el Deán Bermúdez, acompañando a Juan
Rejón
y demás expedicionarios que venían a conquistar la isla, fue
en honor a Nuestra Señora de Guía. Dijo el historiador en el libro
citado: ".....Llegaron a la Gran Canaria, a dar fondo, de madrugada a
el salir la luna, con silencio, al puerto de Las Isletas, el día 24 de
junio de el señor San Juan Bautista", "...Dixo el Deán la
Primª misa de la luz a nuestra Sª de Guía en la playa de la Ysleta,
después de dixeron otras".

Entre los elocuentes oradores a los que me refería al principio, uno
fue don José Rodríguez Rodríguez, vicario, coadjutor que
fue de esta parroquia desde el año 1.938 a 1.943, y a quien tanto le debe
Guía por el enorme impulso que imprimió a la cultura en todas las clases
sociales de esta comarca, erigiendo, con gran esfuerzo y entusiasmo -en
colaboración con el licenciado farmacéutico don Juan Izquier Monagas
y don Vicente Barea Mota, teniente del ejército- el colegio de
Segunda Enseñanza "Santa María", de cuyas aulas salió una
pléyade de jóvenes que emprendieron, con grandes conocimientos básicos,
sus carreras académicas y universitarias, y que hoy, ocupando elevados
puestos en la sociedad, son honra de su ciudad.

Pero volviendo a los oradores, el 15 de agosto de 1.976, fue el
reverendo don Nicolás Godoy Herrera el que, en su documentadísimo
y elocuente panegírico, glosó esta gloriosa efeméride de la primera
misa del Deán Bermúdez.

Todos aceptábamos muy complacidos y satisfechos estos datos
históricos que nos exponían –sin darles mayor trascendencia en el
devenir de los días de esta Parroquia y Ciudad, que fueron
"bautizados" con el glorioso nombre de Santa María de Guía-,
hasta que llegaron a cumplirse los quinientos años de la fundación de
Las Palmas de Gran Canaria, efectuada, precisamente, por Juan Rejón al
fondear y desembarcar en La Isleta, estableciendo al dirigirse hacia el
sur su Real de Las Palmas, en la margen derecha del riachuelo Guiniguada,
concretamente el 24 de junio de 1.478.

Al ser aireada y celebrada esta gloriosa efeméride por el Ayuntamiento
de la capital de la provincia, hice caer en la cuenta a las autoridades de
Guía que también se cumplía medio milenio de la celebración de la
primera misa en honor de Nuestra Señora de Guía. Por tal motivo, el
Ayuntamiento de esta ciudad, a cuyo frente estaba el alcalde José
Carlos González Ruiz
, se percató de la importancia de esta fecha
histórica y, en sesión celebrada el día 27 de julio de 1.978, acordó
por unanimidad lo siguiente, según copia de dicho acuerdo que solicité y
que transcribo literalmente en esta crónica para perpetua memoria:

"Don Francisco Bethencourt Toribio, secretario del
Ayuntamiento de Santa María de Guía de Gran Canaria, certifica: Que el
pleno de este Ayuntamiento, en sesión celebrada el día 27 de julio del
presente año, acordó por unanimidad: Asuntos de la presidencia. Moción
del señor alcalde sobre nombramiento de la Virgen de Guía como Alcaldesa
Mayor Perpetua. Se dio lectura a la moción sobre la posibilidad de
acordar el nombramiento de la Santísima Virgen Santa María de Guía como
Alcaldesa Mayor Perpetua de la ciudad, dado que en este año se cumplen
los quinientos años de la fundación de la ciudad de Las Palmas de Gran
Canaria y dado que también, hace quinientos años, según fuentes
históricas, se celebró la primera misa en La Isleta ante una imagen de
Santa María de Guía. Por unanimidad se acordó aceptar la moción y
nombrar Alcaldesa Mayor Perpetua de la Ciudad a la Santísima Virgen de
Guía, facultándose al alcalde para organizar los actos y para que se le
haga el nombramiento el próximo día 15 de agosto, día de la
Patrona".

Bien informado, pues, de este acuerdo municipal tan grato y de tanta
trascendencia histórica para esta Parroquia, me puse en comunicación
casi de inmediato con el señor alcalde para tratar de este interesante
asunto y programar los actos y los pormenores que habían de efectuarse
para, de una manera solemne y pública, declarar oficialmente Alcaldesa
Mayor Perpetua a nuestra Patrona, y al mismo tiempo hacerle entrega del
bastón de mando, símbolo de esta alta dignidad y cargo. Después de un
amplio cambio de impresiones, acordamos llevar a cabo el acto en las
fiestas patronales. El día quince de agosto de 1.978, a las doce horas,
con asistencia en pleno de la Corporación Municipal, y con la grata
presencia del alcalde de Santa Lucía de Tirajana, don Manuel Sánchez
Araña
; el alcalde de Gáldar, don Antonio Cambres Jiménez; el
alcalde de Agaete, don José Antonio García Álamo; y el alcalde
de San Nicolás de Tolentino, don Celestino Suárez Espino, dio
comienzo la solemnísima función religiosa concelebrada, presidida por el
párroco que esto escribe y los presbíteros don Andrés de la Nuez
Rodríguez
, párroco de Ingenio; don Francisco Rodríguez y Rodríguez,
párroco de Guanarteme; don José Rodríguez y Rodríguez, delegado
diocesano de Cáritas; don Teodoro Rodríguez y Rodríguez,
párroco de San Juan Bautista de Telde; don Agustín Chil Estévez,
párroco de Gáldar; don Santiago Godoy Herrera, párroco de
San Isidro de Gáldar; don Higinio Guerra Arencibia, párroco de La
Atalaya de Guía; don Manuel Déniz Déniz, párroco de Agaete; don
Leonilo Molina Ruiz, párroco de San Nicolás de Tolentino;
don Pedro Monzón Suárez, párroco de la Montaña de Gáldar; don Santiago
Suárez León
, párroco de Montaña Alta de Guía; don Fernando
Quintana Quintana
, capellán del Hospital de San Roque (Guía) y
hermano de este cronista; don Rafael Izquier Hernández,
vicario-coadjutor de esta parroquia; don Manuel Reyes Brito,
formador del Seminario Menor; Don Nicolás Godoy Herrera, párroco
de San Antonio y San Lorenzo de Las Palmas; don Jorge Cabrera,
coadjutor de San Agustín de Las Palmas; y don Antonio Hernández
Rivero
, beneficiado y notario eclesiástico. Fue precisamente este
último quien tuvo a su cargo el panegírico, glosando la efeméride. Y,
en el Ofertorio, el alcalde, don José Carlos González Ruiz,
hizo la ofrenda solemne del nombramiento de la Virgen como Alcaldesa.

Desde entonces, la Virgen ha salido a las calles de la ciudad con su
bastón de mando, de rica madera y mango de oro, que fue donado por don Luis
Fernando Estévez Guerra
, y sus hermanas, que lo poseían sus padres,
ya difuntos, por su herencia de su pariente don Francisco Martín Bento
–procurador de tribunales y pariente del Poeta Bento-, que lo
donó al abuelo paterno del señor Estévez Guerra, don Salustiano
Estévez Martín
, médico que fue por muchos años de este municipio.
Este valioso bastón está expuesto en la vitrina de prendas de la Virgen,
en el Camarín, y solo se coloca en el trono en las fiestas patronales del
quince de agosto. La Patrona, junto a su imagen, permanentemente tiene
colocado otro bastón de buena madera y mango de plata, que donaron don José
Molina Martín
y su esposa doña Francisca González Reina.

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Guia de Gran Canaria

LAS MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

Bolaroja.gif (334 bytes) INTRODUCCIÓN
Bolaroja.gif (334 bytes) CRUCE DE CARTAS TRAS LA RETIRADA DE NÉSTOR ÁLAMO DEL CAMARÍN
Bolaroja.gif (334 bytes) EL SEPULCRO, DE ARMAS Y
50.000 PESETAS
Bolaroja.gif (334 bytes) NACE LA FUNDACIÓN
"EUSEBIA ARMAS"
Bolaroja.gif (334 bytes) UNA ENTREVISTA CON
MONSEÑOR SALGARMINAGA
Bolaroja.gif (334 bytes) EL TESTAMENTO DE DOÑA
EUSEBIA Y LA LLEGADA DE LOS SALESIANOS
Bolaroja.gif (334 bytes) EL RUMOR SOBRE LA NULIDAD
DEL TESTAMENTO DE DOÑA EUSEBIA
Bolaroja.gif (334 bytes) EL OBISPO PILDAIN Y LA
MARCHA DE LOS SALESIANOS
Bolaroja.gif (334 bytes) DOSCIENTOS KILOS DE PLATA
PARA EL TRONO DE LA VIRGEN
Bolaroja.gif (334 bytes) AQUEL ESPECTÁCULO DEL 15
DE AGOSTO DE 1955
Bolaroja.gif (334 bytes) Y SURGIÓ LA IDEA DEL
ARTÍSTICO CAMARÍN
Bolaroja.gif (334 bytes) UNA OBRA SALIDA DE LA
GENEROSIDAD DEL PUEBLO
Bolaroja.gif (334 bytes) EL ARZOBISPO DE SEVILLA
PRESIDIÓ LA INAUGURACIÓN DEL CAMARÍN
Bolaroja.gif (334 bytes) UN RECUERDO PARA LAS
MISIONES POPULARES
Bolaroja.gif (334 bytes) LA
VIRGEN DE FÁTIMA EN LA "Cuevita del Brezal"
Bolaroja.gif (334 bytes) FUEGO EN
EL CAMARÍN, UN MISTERIO SIN ACLARAR
Bolaroja.gif (334 bytes) UN
RASGO GENEROSO QUE AGRADEZCO A LA CIUDAD
Bolaroja.gif (334 bytes) EL
RAÍDO MANTO AZUL DE LA PATRONA Y LAS DOS DALMÁTICAS
Bolaroja.gif (334 bytes) UN
NUEVO MANTO VERDE PARA LA VIRGEN DE LAS MARÍAS
Bolaroja.gif (334 bytes) LA
EXTRAÑA DESAPARICIÓN DE SANTIAGO EL MAYOR DEL SEPULCRO
Bolaroja.gif (334 bytes) EL
CRISTO DE LA CENTENARIA CRUZ DEL "CALVARIO"
Bolaroja.gif (334 bytes) LA
PATRONA DE LA CIUDAD, ALCALDESA MAYOR PERPETUA
Bolaroja.gif (334 bytes) UN
RETRATO AL ÓLEO DEL DOCTOR DON JOSÉ BLANCO
Bolaroja.gif (334 bytes) MI
DESPEDIDA Y DESEO: QUE MIS RESTOS REPOSEN BAJO LAS BÓVEDAS DEL
SANTUARIO DE LA VIRGEN


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