Un nuevo manto verde para La Virgen de Las Marías

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

Un nuevo manto verde para la Virgen de Las Marías

(Por la transcripción: B. DE V.)

Había también en el desván de la Iglesia (lo que hoy
es el bellísimo Camarín) una arqueta de gran tamaño adosada a la pared.
Preguntaba yo qué cosa podía guardarse en ella y me respondían siempre
que en su interior había un manto viejo de la Virgen, pero jamás se me
ocurría abrirla, aunque fuese por curiosidad de ver si tenía valor o no
y también porque me parecía que no era yo el llamado a comprobar lo que
allí se guardaba, o porque suponía que tal manto sería de poco o
ningún valor. Así pasaron veinticinco años sin saber el valor que
pudiera tener el manto, que tan bien guardado estaba.

Pero como la Providencia Divina lo tiene todo dispuesto
-orden, medida y para el tiempo que tiene determinado en sus designios
eternos, llegó el día en que por un arrebato de interés me hice
acompañar de don Miguel Gordillo Díaz, profesor de EGB, y nos
dirigimos a las "Catacumbas", nombre que recibía la parte baja
de la antigua casa de doña Eusebia Armas, donde estaba depositada la
arqueta por haberse iniciado ya las obras de renovación del Camarín.
Entre los dos sacamos la arqueta al patio y, tras abrirla, nos quedamos
asombrados y sobrecogidos de admiración al encontrar un auténtico y
valiosísimo tesoro, encerrado durante tantos años. Yo, que ya me había
dado cuenta de que la Santísima Virgen sólo tenía un sencillo y pobre
manto y traje de color verde para revestirla en las fiestas de Las Marías
y las Ramas vi la posibilidad de encargar la confección de un nuevo manto
y traje verde, enriquecido por todo aquel lujuriante oro de muchas y
variadas formas.

Por eso, al domingo siguiente, fui informando a los
fieles en todas las misas. Les comenté el hallazgo de un tesoro
encontrado en un manto de tisú de plata completamente raído y, por lo
tanto, inservible; manifestándoles al mismo tiempo mi propósito de
encargar su confección y traspasar a un nuevo manto verde todos los
bordados y tejidos de oro, para que lo usara la Virgen en la fiesta de Las
Ramas, porque el que tenía era muy pobre y estaba desteñido por la
acción inexorable de la luz. Insistí en que sólo hacía falta una
persona pudiente y devota de la Virgen que sufragara los cuantiosos gastos
que tal trabajo suponía.

Y aquí llega el momento, el día y la hora que el
Señor y su Santísima Madre tenían determinado para el descubrimiento de
tal tesoro y el destino que se le habría de dar. Terminada la misa de las
diez de la mañana y estando ya en la sacristía, llegó la señorita María
Torrent Galván
manifestándome que doña Milagros Rodríguez
Bolaños de Mauricio
, que se hallaba en el templo, le encargó que me
comunicase que ella se haría cargo de sufragar todos los gastos que el
nuevo manto ocasionara.

En aquella misma semana envié a dicha señora el manto
viejo y raído con todo el oro que contenía para que lo viese y se
hiciese cargo de la belleza y el valor del mismo. Pocos días después me
dirigí a su domicilio para agradecerle su generoso ofrecimiento, tener un
cambio de impresiones y determinar la comunidad religiosa a la que había
de dirigirse para solicitar de la misma, mediante contrato, la confección
del manto verde y traspasar al mismo todo el oro encontrado.

Dicha señora, en un gesto de sinceridad, me declaró
que el día que yo anuncié el hallazgo y solicitaba algún
"mecenas" para sufragar la reconstrucción, ella estaba pensando
en su asiento, en la entrada de la Capilla del Calvario, qué cosa, que
obsequio ofrecería a la Virgen de Guía para hacerle pública
manifestación por un gran favor que, por su mediación, había recibido
en aquellos días anteriores. Al oír mi alocución, exclamó en su
interior: "¡Eso se lo ha inspirado la Virgen; eso es lo que Ella
quiere para que manifieste públicamente mi gratitud por ese gran favor
que me ha obtenido! Por eso, inmediatamente se lo comuniqué para su
conocimiento y satisfacción".

Días después, aquella señora, acompañada de doña Francisca
Estévez Pérez de Mauricio
, viajó al Císter de Teror para
entrevistarse con la abadesa del mismo y exponerle su propósito de que en
dicho convento se confeccionase el traje. La entrevista se llevó a cabo
y, por un malentendido o por temor a un trabajo intenso, manifestaron que
tardaría en hacerlo años.

Dichas señoras regresaron a Guía desalentadas.
Extrañado por tal negativa, les dije que me encargaría de hablar con las
monjas y esperaba que aceptaran el encargo.

El 15 de noviembre de 1969 invité a don Fortunato
Estévez Galván
para que me acompañase a Teror para la entrevista
con la abadesa. Concedida la misma, a través del locutorio le expusimos
nuestro objetivo, dándole cuenta de la anterior visita, de sus resultados
y de la desilusión ante la negativa que aquellas mujeres recibieron. Tras
un amplio cambio de impresiones, definitivamente aceptaron la confección
del manto de la Virgen.

En el mes de diciembre empezaron el delicado trabajo.
Tardaron ocho meses, pues en la primera quincena de julio de 1970 avisaron
a la señora Rodríguez de Mauricio que estaba completamente terminado.
Doña Milagros y su esposo, don Antonio Mauricio Padrón, generosos
patrocinadores de esta maravillosa obra, acudieron al Císter y, en una de
sus dependencias, pudieron contemplar el manto, expuesto de una manera
espectacular, presentando un aspecto -según me contaron- que llegaba a
subyugar a todo aquel que lo contemplaba. Entusiasmados por la belleza y
riqueza artística de la obra, pagaron el doble de lo que habían
convenido el día que las monjas aceptaron llevar a cabo el delicado
trabajo.

Con gran regocijo y satisfacción se trajeron el nuevo
manto a Guía, previéndose que fuera estrenado en las fiestas del 15 de
agosto. Anteriormente, se dejó expuesto en la Iglesia para que todos
pudieran admirarlo. Sin duda, una joya rescatada del olvido y recuperada
para la Virgen.

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El sepulcro, de armas y 50.000 pesetas

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

EL SEPULCRO, DE ARMAS Y 50.000 PESETAS

El Sepulcro, una maravilla que costó 50.000 pesetas

"Doña Eusebia de Armas Almeida, hija de esta parroquia, captando
un lamento mío, hecho público en misa, de que esta Parroquia no poseyese para la Semana
Santa un Sepulcro, o urna, y un Cristo Yacente digno de la patria del mejor imaginero
canario de todos los tiempos, José Luján Pérez, donó el actual, valioso y artístico
Sepulcro, tallado en madera por el artista e imaginero -natural de Agaete y pariente de la
donante-, don José de Armas Medina, que grabó en el mismo doce escenas de la Pasión de
Cristo, rematadas por los doce apóstoles y culminando el mismo con los cuatro personajes
del Calvario y, en el centro, el ángel del dolor sosteniendo la Cruz. Es del mismo
artista el maravilloso y bellísimo Cristo Yacente. He de decir que la obra la empezó en
un taller de Las Palmas, ubicado en la calle Travieso, aunque luego, al ser contratado
para trabajar en Madrid -en el Monumento del Valle de los Caídos-, se la llevó con él
para, en los ratos libres, continuar tallándola en la capital de España. Más tarde
regresó a Gran Canaria, donde la terminó de tallar y policromar el Cristo, entregándolo
todo por cincuenta mil pesetas, cantidad en que la había contratado con la señora
donante.

El día 7 de abril de 1946, después de haber sido expuesta en el
edificio de la Caja Insular de Ahorros de la calle Triana -donde causó al público gran
admiración - fue traída a Guía y, a las diez y media de la mañana -en el Colegio Santa
María, situado en el edificio que fue del Sindicato Agrícola del Norte-, fue bendecida
por el párroco que esto escribe, en presencia de la Virgen de los Dolores de Luján que,
en su trono y acompañada de una ingente multitud, fue llevada a este emotivo acto.

Posteriormente fueron llevados los tronos al templo parroquial,
abarrotado de fieles, donde se celebró una función religiosa y predicó elocuentemente
el famoso orador salesiano reverendo padre Juan.

Ese mismo año ya salió el Santo Sepulcro el Viernes Santo, ante la
admiración de todos por ser, según los entendidos y técnicos en anatomía, el mejor de
Canarias. La consideraban una maravillosa obra de arte que no tiene igual en las islas.

Finalizados los cultos de Semana Santa, fue colocado en la capilla que
se halla junto al bautisterio, que debió ser acondicionada, ya que antes estaba dedicada
a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, con un retablo de ningún valor artístico en el
que estaba colocado un cuadro de dicha Virgen, pintado por la señorita Magdalena Aguiar
Pérez, hija de esta parroquia.

En los lados del citado retablo estaban un cuadro de San Alfonso María
Ligorio y otro de San Gabriel de la Dolorosa, realizados por la misma pintora. Estos
últimos, de poco artístico, fueron colocados en una dependencia de la Sacristía".

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La extraña desaparición de santiago el mayor del sepulcro

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

La extraña desaparición de Santiago el Mayor del Sepulcro

El artístico y valioso sepulcro del Cristo Yaciente, obra maestra y
maravillosa ejecutada para esta parroquia por el eximio escultor canario
don José de Armas Medina, se halla rematado por doce bellísimas
imágenes con aire barroco representativas de todos los apóstoles. Cada
una de veintidós centímetros de alto, al igual que los cuatro personajes
del Calvario.

Como dicha imágenes estaban colocadas solamente sostenidas por un taco
de madera, todos los años con motivo de la Semana Santa, se retiraban del
mismo días antes para someterlas a una limpieza a fondo, liberándolas
así del polvo que se incrustaba en los pliegues de los paños de las
mismas. Allá por el año 1.973, con el fin de llevar a cabo dicha tarea,
empezamos a retirar las imágenes y notamos que faltaba precisamente la de
Santiago el Mayor...

Nos quedamos perplejos, apenados, pero acordamos guardar absoluto
silencio, no dando publicidad al hecho, para evitar el escándalo que de
ello se sigue, averiguando si fue robado o desaparecido.

Y si alguien, admirando el conjunto artístico de la obra, se daba
cuenta de que faltaba una de las imágenes de los apóstoles y preguntaba
por ella, para no darle cariz de alarma se le contestaba, sencillamente,
humorísticamente, que era muy natural que faltase una imagen, pues ya
saben ustedes que Judas Iscariote se marchó a concertar con los fariseos
la entrega de Jesús y el precio de la misma, y por lo tanto está vacío
su sitio. Con esta explicación humorística se reían y la cosa no pasaba
adelante averiguando si fue robada o no.

Pero el hecho tenía que comentarlo con alguien por si encontraba
alguna solución o pista de su desaparición. Y en cierta ocasión le dije
a don Miguel García Lorenzo y a su distinguida esposa,
doña María Teresa Saavedra Galván, que pasaban una temporada en
la Playa de las Nieves de Agaete. Ellos, lamentando también el hecho de
que sustrajeran la imagen de Santiago el Mayor del Sepulcro, dejando
mutilada la gran obra de arte, me prometieron habla con el autor de la
misma, don José de Armas, que pasaba también temporadas en dicha playa,
por si quería tallar otra imagen del apóstol citado y llenar así aquel
vacío que no había dejado Judas, sino algún aprovechado.

En efecto, Don José de Armas, al enterarse de tal desafuero, tomó
mucho interés en deshacer el entuerto y vino a Guía para tomar medidas y
así tallar una nueva imagen, porque, según dijo, antes de morir quería
dejar completa su obra, que tanto quería y visitaba con frecuencia.
Tallón la imagen de Santiago del mismo tamaño que las otras, aunque más
estilizada y con aire de estilo bizantino.

En poco tiempo la realizó y él mismo, acompañado de su distinguida
señora, vino a Guía a entregarla y colocarla en el sepulcro con claras
muestras de regocijo y alegría, compartida con nosotros, al ver su mejor
obra artística completada de nuevo.

Fue un obsequio generoso, pues don José de Armas no quiso cobrar nada
y sólo aceptó el insignificante obsequio de dos botellas de licor. Los
fieles, al enterarse de este "nuevo" Santiago el Mayor para el
Sepulcro del Cristo yaciente, desfilaban ante él para admirar la bella
obra.

Luego, para evitar que en adelante no siguiesen expoliando el conjunto,
orgullo de la Parroquia de Santa María de Guía, se determinó que las
pequeñas imágenes –tanto de los apóstoles como los cuatro ángeles
colocados en las esquinas y las otras cinco imágenes, que rematan el
Sepulcro-, se fijasen al mismo bien atornilladas, de modo que resultase
difícil apoderarse de ellas. Y hasta ese día, ocho de junio de mil
novecientos ochenta y uno, se halla esta grandiosa obra completa y en
perfecto estado de conservación en la capilla, primera de la derecha al
entrar al templo parroquial.

Que Dios conserve para siempre esta obra de arte, exponente claro del
talento de su autor, don José de Armas Medina, y del gesto espléndido y
gracioso de doña Eusebia de Armas Almeida, viuda del
general de la Guardia Civil, don Ignacio López de Ogayar, a
la parroquia de sus amores, Santa María de Guía.

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Nace la fundación "eusebia armas"

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

NACE LA FUNDACIÓN "EUSEBIA ARMAS"

BRUNO QUINTANA QUINTANA

(Por la transcripción: B. de V.)

Otro de los hechos que merece ser relatado para perpetua memoria y para
que, quedando todo esclarecido, brille siempre la verdad y sólo la verdad sobre la
realización del mismo y del destino que desde un principio se le dio, fue la
determinación decidida y enérgica de doña Eusebia Armas Almeida, viuda del general de
la Guardia Civil, don Ignacio López de Ogayar, de destinar todos sus bienes para llevar a
cabo la fundación de una "obra benéfica" para atender, instruir y promocionar
a los niños pobres de esta ciudad de Guía y de toda la comarca. Enterado don Eduardo
Benítez Inglot, señor de gran reciedumbre canaria, de que el obispo doctor Pildain y
Zapiain me había nombrado cura de Guía, se apresuró a encontrarse conmigo para
felicitarme por ser nombrado responsable de una parroquia que era considerada de gran
categoría en los círculos sociales y clericales de la Diócesis, y también para
entregarme una tarjeta de presentación para la ilustre dama, de doña Eusebia, a quien le
unía gran amistad y que podría ayudarme mucho para el culpo e innovaciones que pudiera
llevar a cabo en la parroquia. Así las cosas, a los pocos días de tomar posesión le
envié la tarjeta a dicha señora, pidiéndole, al mismo tiempo, audiencia para saludarla.
Ella puso en juego todos los cánones de la cortesía y finura que le distinguían y la
entrevista se llevó a cabo.

Y siguieron una serie de visitas, en las que doña Eusebia me hizo
confidente de todos sus planes y proyectos benéficos en los que habría de invertir todos
sus bienes y haberes, puesto que no tenía herederos forzosos de ninguna clase.

Me contó que su difunta madre, doña Eusebia Almeida González, había
tenido mucho interés en fundar una guardería infantil -como las había visto en sus
viajes realizados por la Península y Europa- y que ella quería realizar el pensamiento
de su madre. Después de algunas consideraciones, pude disuadirla, convenciéndola de que
esas fundaciones eran más bien propias para las poblaciones de grandes centros
industriales, donde se hacían imprescindibles las guarderías para albergar a los hijos
pequeños mientras sus madres trabajaban en talleres u otras industrias, pero que en una
ciudad y comarca eminentemente agrícolas y relativamente de poca población, no era
necesaria tal institución.

Doña Eusebia lo comprendió y desistió de su inicial propósito.

Luego quiso construir un colegio para niñas pobres regentado por las
Hijas de la Caridad, a lo que objeté que habiendo sido fundado por doña Dolores de Sosa
Suarez un colegio por las Madres Dominicas para atender no sólo a las hijas de las
familias pudientes, sino también a las hijas de las familias modestas, y que desde hace
años estaba desarrollando una labor docente, no era conveniente ni procedente crear otro
centro en la misma línea de enseñanza, porque dada la poca población escolar femenina
no podía vivir los dos. En cambio, los varones, una vez terminado el periodo escolar,
quedaban a la deriva, desasistidos, sin un centro de postgrado que le marcase una ruta y
les señalizara una meta para abrirse paso en la vida.

Así lo comprendió la bondadosa señora y desistió de su proyecto.
Inmediatamente después, con verdadero entusiasmo, se entregó a la tarea de programar la
fundación de un centro docente de artes y oficios, donde la juventud habría de forjar un
porvenir halagüeño, prometedor en la escala de valores, lo que redundaría en beneficio
de todos. Y para regentar tal centro, nadie mejor -le manifesté- que la Congregación de
Padres Salesianos, que para esta tarea tan humanitaria la había fundado Don Bosco.

Doña Eusebia Armas, persona de preclara inteligencia, de recto y firme
criterio, se había percatado bien del gran alcance de mi modesta sugerencia y la aceptó
íntegramente, pero me manifestó que tal obra fundacional habría de realizarse después
de su fallecimiento. Para ello habría de crearse un Patronato -integrado por las personas
más significadas, por su honorabilidad y cargos, de esta ciudad y del Obispado- que
llevase a efecto sus mandas testamentarias; a lo que yo, respetuosamente, le repliqué
que, por amor a Dios y a los niños, no lo determinase así, porque la historia -en esta
línea- está llena de mandas testamentarias que no se cumplieron después de la muerte
del testador, porque la flaqueza humana, revestida de malicia y ambición, no lo
permitió. Que por amor a Dios realizase esa gran obra benéfica en vida y que la viese
funcionando antes de morir; lo que para ella sería una gran alegría y moriría con gran
gozo y paz, dejando su gran obra caritativa en plena actividad y haciendo realidad los
fines benéficos que ella se había propuesto. A esto accedió también con mucho agrado,
porque comprendió el alcance de mi observación y réplica.

Y para conseguirlo, se propuso encargar inmediatamente a un arquitecto
que, asesorándose con la Congregación Salesiana, proyectara los planos del edificio que,
ubicado en terrenos de su finca, junto a la carretera de La Atalaya, habría de
construirse para llevar a efecto en él sus propósitos benéficos para la juventud de
Guía y de la zona Noroeste.

La ilustre dama eligió para ello al arquitecto de
Las Palmas don Fermín Suarez Valido, quien tomó de inmediato las medidas del terreno.
Además, en uno de sus viajes a Barcelona, visitó el Colegio Salesiano de Sarriá para
informarse de la disposición y distribución de las aulas de acuerdo con los métodos
didácticos y fines que persigue la citada Congregación.

Tardó el arquitecto tres años en concluir los
planos, aunque, una vez entregados, las obras fueron adjudicadas a la empresa constructora
de don Miguel Fernández de la Torre, que en un tiempo breve construyó un hermoso y
elegante edificio, con gran complacencia y contento de doña Eusebia, que veía convertido
en realidad lo que poco antes era una bella ilusión.

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El cristo de la centenaria cruz del "calvario"

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

El Cristo de la centenaria Cruz del "Calvario"

En la pág. 158 de las memorias de don Bruno Quintana Quintana, dedica
especial atención a la historia profesional del escultor Cayetano
Guerra Aguiar, donde destaca todos los pasos desde que empezó
los estudios en el Colegio de las Dominicas hasta que, terminado el
Bachillerato, pasó por universidades de Madrid, Barcelona y Zaragoza,
donde estudió Ciencias Exactas, y, nuevamente en Gran Canaria, obtuvo la
licenciatura en Bellas Artes y empezó a dedicarse a la docencia. Dos
obras narra don Bruno en sus impresiones, rodeadas de curiosidad y
emotividad...

Una de las primeras obras escultóricas que don Cayetano Guerra
Aguiar
ejecutó fue un pequeño busto, de singular belleza, de su hijo
Cayetano, de 4 años, para ser colocado en la hornacina de la Virgen de
Guía, frente a su sagrada imagen y a la derecha de la misma. Y, en
efecto, allí está colocado, en la base de la jamba.

La segunda obra que ha realizado, que nosotros sepamos hasta el
momento, de mayor envergadura, ha sido un Cristo Crucificado, de regular
tamaño –1,50 metros-, de línea clásica y perfecta armonía, que
esculpió en el año 1.982 en caoba, que luego no policromó sino que
trató con una substancia especial y secreta, inspirada por su depurada
técnica, que le imprime una tonalidad uniforme de original belleza mucho
a los observadores, sobre todo a los entendidos en arte.

La Cruz en que fijó o "clavó" el Cristo es de tea muy
curtida por la acción del sol, humedad, viento, etc. Tiene más de un
siglo y estaba colocada en el "Calvario" o poyo existente en
Berbería, lugar cercano al Albercón de la Virgen, a la vera de la
carretera general primitiva donde antiguamente los vecinos de San Felipe,
El Hormiguero, Gallego y otros barrios de Guía colocaban los féretros de
los fallecidos en los mismos, mientras la comitiva fúnebre descansaba la
larga caminata. De la citada Cruz, por la acción de los elementos, se
desprendieron los brazos, y habiéndose percatado de tal deterioro el
vecino de Guía y propietario, don Guillermo Domínguez Padrón,
retiró el pie vertical y los brazos de la citada cruz, conservándola
con gran veneración en la casa solariega que poseía muy cerca, en
Barranco Hondo. Con gran diligencia, digna de encomio, adquirió una nueva
cruz de tea que colocó en el lugar, donde aún permanece, y luego
bendije.

Al enterarse este señor de que don Cayetano Guerra estaba esculpiendo
un Cristo Crucificado, le visitó y, entusiasmado por la obra de arte que
ejecutaba, generosamente l e ofreció la Cruz que conservaba en su casa,
pues comprobó que dado el tamaño de la imagen ésta encajaba
perfectamente en ella. Y dadas las huellas que los elementos habían
dejado grabadas en la misma, imprimía al conjunto un matiz de antigüedad
y de sobriedad. El escultor, muy complacido, aceptó tan valioso don.

Terminado el Cristo y reconstruida la Cruz, sigilosamente fueron
llevados por los señores don José Benítez Rodríguez y don Carmelo
García García
al templo parroquial, para en su momento oportuno y
colocados en su sitio, dar la sorpresa al público. La Cruz con el Cristo
fue subida a la Sala de Luján, ubicada en el Camarín, y en la testera de
la misma lo colocaron, enmarcado por dos piezas de morera, bellamente
talladas por el fino ebanista don Juan Serrano Moreno.

El día de julio de 1.982, terminada la misa de las siete y media de la
tarde, invité a todos los fieles a que asistiesen a la bendición del
Cristo Crucificado, obra maravillosa del escultor don Cayetano Guerra,
quien me lo regaló como cura de esta parroquia y que yo, con profunda
gratitud, lo dono a la parroquia que he regentado durante 39 años.
Bendije el Cristo, siendo los padrinos los tres hijos del escultor:
Cayetano, de 12 años; María de Guía, de 8, y Marta de 6. Asistió
también la esposa del artista, doña Aurora Artal Fernández,
aunque no lo hizo el escultor por cuestión temperamental o modestia...

Antes de bendecir el Cristo, dirigiéndome a los asistentes, leí el
siguiente escrito, que quedará como documento fehaciente para la historia
parroquial: "Yo Bruno Quintana Quintana, cura de Santa María de
Guía, he recibido del eximio escultor don Cayetano Guerra Aguiar,
licenciado en Bellas Artes y catedrático de Dibujo en el Instituto de
Guía, natural y vecino de esta ciudad, un Cristo Crucificado de 1,50
metros de tamaño, sin policromar, esculpido en caoba, como obsequio a mi
persona. Yo, profundamente agradecido, en plena conformidad con el
escultor, lo dono a la Parroquia para que sea colocado permanentemente en
el Camarín de la Virgen, enmarcado por dos grandes piezas de morera
tallada por el fino ebanista, muy apreciado, don Juan Serrano Moreno. Se
fijó el simbólico precio de cinco pesetas por esta valiosa entrega,
significativas de las cinco principales llagas de Jesucristo, manantiales
inagotables de gracia y vida para todos los humanos de buena
voluntad".

El escultor, actualmente está terminando una imagen de San Francisco
de Asís, casi de un metro, con un maravilloso y clásico tratado de
paños. Fue un encargo que le hizo, hace tiempo, el ingeniero de Montes
don Manuel Díaz Cruz. También esculpió un bello busto de su
padre, don Juan Guerra Galván, que regaló a su madre doña Reyes
Aguiar Guerra
. Posee una buena colección de figuras pequeñas, de
línea clásica, que realizaba como estudios escultóricos; p.e., un
discóbolo, una dolorosa, niños, etc.

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Una entrevista con monseñor salgarminaga

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

UNA ENTREVISTA CON MONSEÑOR
SALGARMINAGA

Las dudas de la benefactora y el consejo de monseñor BRUNO QUINTANA
QUINTANA

(Por la transcripción: B. de V.)

"Pese a haber sido construido el nuevo edificio
que albergaría el Colegio Salesianos, doña Eusebia Armas no había dispuesto todos sus
asuntos en orden a la redacción del testamento de todos sus bienes y a la constitución
del Patronato que había de regir esta Fundación Benéfica, con gran peligro de que, dada
su avanzada edad (más de setenta años), muriese intestable, pues siempre se mostraba
reacia a admitir las sugerencias encaminadas -con limpia intención- a que pusiese en
regla todas sus cosas para evitar la posibilidad de que sus bienes cayesen en otras manos,
frustrando así los beneficios sociales que, de llevarse a cabo la institución, de su
gran obra se derivarían. Su resistencia a testar provenía de la equivocada idea que se
había forjado en su mente de que, desde el momento que lo hiciera, ya no podría disponer
libremente de sus bienes y podría verse, algún día, en la triste situación de vivir de
la caridad de los demás, como -decía- le había sucedido a una señora de Las Palmas, al
dejar sus bienes cuantiosos a una obra benéfico-religiosa.

Pero, un buen día, encontrándose enferma con muchas molestias
corporales, llamó inmediatamente a su médico de cabecera, don Ramón Jiménez
Domínguez, quien, al observar su enfermedad, notó que era más bien psíquica que
fisiológica, y entonces -me contó ella- diagnosticó:

-Usted no tiene enfermedad alguna, sino una grave preocupación que la
está matando. Usted, doña Eusebia, ¿ha arreglado el asunto de sus bienes dejándolos
todos legalizados y con el destino que usted quiera darles?

-¡Oh!, no, don Ramón -contestó ella-.

A lo que el médico replicó:

-Pues si usted quiere ponerse buena, arregle lo antes posible el futuro
de todas sus riquezas y se pondrá buena.

Ese mismo día, casi inmediatamente a la entrevista con su médico, se
presentó doña Eusebia en la Casa Parroquial, muy preocupada, contándome todo lo que le
había dicho don Ramón y explicándome que deseaba, cuanto antes, hacer su testamento y
arreglar todos sus asuntos en orden a la fundación benéfica. Pero como había muerto su
abogado, don Rafael Cabrera, para ella no había otro letrado que le inspirase confianza.
Dándome cuenta de la gran trascendencia del momento, pues de él dependía el que se
llevase a cabo la obra benéfica proyectada o que todo a su muerte pasase al Tesoro
Público del Estado por no tener herederos forzosos y morir intestada, rápidamente le
propuse: -¿Quiere usted ir esta tarde mismo a Las Palmas para que un abogado la oriente y
empiece a poner todo en regla?

Aunque haya muerto don Rafael Cabrera, hay en Las Palmas muy buenos,
sabios y honrados abogados, que saben interpretar y plasmar dentro de los cánones de un
testamento sus intenciones y proyectos.

Entre ellos tiene usted a don Antonio Limiñana López, muy católico,
inteligente y competente en asuntos eclesiásticos concordados, y que es, además, el
abogado del Obispado.

-Pues sí -contestó doña Eusebia-. Vamos esta tarde mismo al despacho
de ese abogado, para de una vez salir de este estado de ánimo en que me hallo y vivir
tranquila.

Pero antes tengo que hacer constar el propósito firme, inquebrantable,
que alimentaba en su mente la señora, de no entregar sus bienes, ni para fines
benéficos, a ninguna Congregación religiosa, por el pánico que sentía de verse
desatendida como, decía, le había sucedido a una señora de Las Palmas. Aunque yo le
decía que sólo era fantasía popular, alegatos de la gente y que nada de eso era cierto,
no le convencí y se mantuvo firme en su decisión. También abrigaba el temor de que la
Congregación religiosa a la que ella pudiera dejarle todos sus bienes para desarrollar en
esta parroquia y las vecinas su obra benéfica en favor de la juventud económicamente
humilde, enajenase los mismos para invertir en otras poblaciones, dejando a toda esta
comarca privada de tan grandes beneficios.

Por aquellos días había venido a Canarias Sor María del Camino,
general de la Congregación religiosa Misioneras Parroquiales, reciente fundación llevada
a cabo por el padre Rufino Aldabalde en San Sebastián, la cual, uniéndole gran amistad
con doña Eusebia -por haber compartido el inmenso dolor de perder a sus maridos
simultáneamente, fusilados por los enemigos de España en 1936 en dicha ciudad vasca-,
quiso pasarse ocho días en su compañía, coyuntura que aprovechó doña Eusebia para
cambiar impresiones y consultarle cómo había de llevar a cabo la fundación y a nombre
de quien habría de dejar todos sus bienes para su sostenimiento.

La citada general, después de retirarse a su habitación para invocar
al Espíritu Santo, contestó:

-Yo creo que tú debes hablar con monseñor Salgarminaga, que de
regreso de Buenos Aires pasará por Gando en esta semana. Nosotras tenemos que hablar con
él y ... siendo muy versado en asuntos de fundaciones benéficas, él te puede orientar e
informar con gran precisión.

El día señalado fueron al aeropuerto y doña Eusebia tuvo una
entrevista muy cordial con monseñor. Le contó todos sus proyectos y Salgarminaga
contestó:

-Usted, señora, deje todos sus bienes en nuda propiedad al Obispado de
Canarias con la inherente obligación de llevar a cabo los fines benéficos que usted se
propone con la fundación que tiene proyectada, porque el Obispado es la única entidad
que permanece estable en medio de los vaivenes de las tempestades sociales o políticas, y
en las revoluciones de este estilo en las que suelen usurpar los bienes de la Iglesia.
Cuando las cosas vuelven a la normalidad, el Obispado reclama sus bienes usurpados y, por
lo general, se los devuelven, pudiendo seguir cumpliendo los fines benéficos para los que
fueron legados, cosa que no suele ocurrir con las comunidades religiosas...".

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La patrona de la ciudad, alcaldesa mayor perpetua

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

La Patrona de la ciudad, alcaldesa mayor perpetua

En el transcurso de estos últimos cuarenta años, los elocuentes
panegiristas de las glorias de la Santísima Virgen de Guía, en sus
fiestas patronales del quince de agosto, hacían hincapié en un hecho
trascendental que recogió Marín y Cubas en uno de los capítulos
de su libro sobre la historia de Canarias, revelando que la primera misa
celebrada en La Isleta por el Deán Bermúdez, acompañando a Juan
Rejón
y demás expedicionarios que venían a conquistar la isla, fue
en honor a Nuestra Señora de Guía. Dijo el historiador en el libro
citado: ".....Llegaron a la Gran Canaria, a dar fondo, de madrugada a
el salir la luna, con silencio, al puerto de Las Isletas, el día 24 de
junio de el señor San Juan Bautista", "...Dixo el Deán la
Primª misa de la luz a nuestra Sª de Guía en la playa de la Ysleta,
después de dixeron otras".

Entre los elocuentes oradores a los que me refería al principio, uno
fue don José Rodríguez Rodríguez, vicario, coadjutor que
fue de esta parroquia desde el año 1.938 a 1.943, y a quien tanto le debe
Guía por el enorme impulso que imprimió a la cultura en todas las clases
sociales de esta comarca, erigiendo, con gran esfuerzo y entusiasmo -en
colaboración con el licenciado farmacéutico don Juan Izquier Monagas
y don Vicente Barea Mota, teniente del ejército- el colegio de
Segunda Enseñanza "Santa María", de cuyas aulas salió una
pléyade de jóvenes que emprendieron, con grandes conocimientos básicos,
sus carreras académicas y universitarias, y que hoy, ocupando elevados
puestos en la sociedad, son honra de su ciudad.

Pero volviendo a los oradores, el 15 de agosto de 1.976, fue el
reverendo don Nicolás Godoy Herrera el que, en su documentadísimo
y elocuente panegírico, glosó esta gloriosa efeméride de la primera
misa del Deán Bermúdez.

Todos aceptábamos muy complacidos y satisfechos estos datos
históricos que nos exponían –sin darles mayor trascendencia en el
devenir de los días de esta Parroquia y Ciudad, que fueron
"bautizados" con el glorioso nombre de Santa María de Guía-,
hasta que llegaron a cumplirse los quinientos años de la fundación de
Las Palmas de Gran Canaria, efectuada, precisamente, por Juan Rejón al
fondear y desembarcar en La Isleta, estableciendo al dirigirse hacia el
sur su Real de Las Palmas, en la margen derecha del riachuelo Guiniguada,
concretamente el 24 de junio de 1.478.

Al ser aireada y celebrada esta gloriosa efeméride por el Ayuntamiento
de la capital de la provincia, hice caer en la cuenta a las autoridades de
Guía que también se cumplía medio milenio de la celebración de la
primera misa en honor de Nuestra Señora de Guía. Por tal motivo, el
Ayuntamiento de esta ciudad, a cuyo frente estaba el alcalde José
Carlos González Ruiz
, se percató de la importancia de esta fecha
histórica y, en sesión celebrada el día 27 de julio de 1.978, acordó
por unanimidad lo siguiente, según copia de dicho acuerdo que solicité y
que transcribo literalmente en esta crónica para perpetua memoria:

"Don Francisco Bethencourt Toribio, secretario del
Ayuntamiento de Santa María de Guía de Gran Canaria, certifica: Que el
pleno de este Ayuntamiento, en sesión celebrada el día 27 de julio del
presente año, acordó por unanimidad: Asuntos de la presidencia. Moción
del señor alcalde sobre nombramiento de la Virgen de Guía como Alcaldesa
Mayor Perpetua. Se dio lectura a la moción sobre la posibilidad de
acordar el nombramiento de la Santísima Virgen Santa María de Guía como
Alcaldesa Mayor Perpetua de la ciudad, dado que en este año se cumplen
los quinientos años de la fundación de la ciudad de Las Palmas de Gran
Canaria y dado que también, hace quinientos años, según fuentes
históricas, se celebró la primera misa en La Isleta ante una imagen de
Santa María de Guía. Por unanimidad se acordó aceptar la moción y
nombrar Alcaldesa Mayor Perpetua de la Ciudad a la Santísima Virgen de
Guía, facultándose al alcalde para organizar los actos y para que se le
haga el nombramiento el próximo día 15 de agosto, día de la
Patrona".

Bien informado, pues, de este acuerdo municipal tan grato y de tanta
trascendencia histórica para esta Parroquia, me puse en comunicación
casi de inmediato con el señor alcalde para tratar de este interesante
asunto y programar los actos y los pormenores que habían de efectuarse
para, de una manera solemne y pública, declarar oficialmente Alcaldesa
Mayor Perpetua a nuestra Patrona, y al mismo tiempo hacerle entrega del
bastón de mando, símbolo de esta alta dignidad y cargo. Después de un
amplio cambio de impresiones, acordamos llevar a cabo el acto en las
fiestas patronales. El día quince de agosto de 1.978, a las doce horas,
con asistencia en pleno de la Corporación Municipal, y con la grata
presencia del alcalde de Santa Lucía de Tirajana, don Manuel Sánchez
Araña
; el alcalde de Gáldar, don Antonio Cambres Jiménez; el
alcalde de Agaete, don José Antonio García Álamo; y el alcalde
de San Nicolás de Tolentino, don Celestino Suárez Espino, dio
comienzo la solemnísima función religiosa concelebrada, presidida por el
párroco que esto escribe y los presbíteros don Andrés de la Nuez
Rodríguez
, párroco de Ingenio; don Francisco Rodríguez y Rodríguez,
párroco de Guanarteme; don José Rodríguez y Rodríguez, delegado
diocesano de Cáritas; don Teodoro Rodríguez y Rodríguez,
párroco de San Juan Bautista de Telde; don Agustín Chil Estévez,
párroco de Gáldar; don Santiago Godoy Herrera, párroco de
San Isidro de Gáldar; don Higinio Guerra Arencibia, párroco de La
Atalaya de Guía; don Manuel Déniz Déniz, párroco de Agaete; don
Leonilo Molina Ruiz, párroco de San Nicolás de Tolentino;
don Pedro Monzón Suárez, párroco de la Montaña de Gáldar; don Santiago
Suárez León
, párroco de Montaña Alta de Guía; don Fernando
Quintana Quintana
, capellán del Hospital de San Roque (Guía) y
hermano de este cronista; don Rafael Izquier Hernández,
vicario-coadjutor de esta parroquia; don Manuel Reyes Brito,
formador del Seminario Menor; Don Nicolás Godoy Herrera, párroco
de San Antonio y San Lorenzo de Las Palmas; don Jorge Cabrera,
coadjutor de San Agustín de Las Palmas; y don Antonio Hernández
Rivero
, beneficiado y notario eclesiástico. Fue precisamente este
último quien tuvo a su cargo el panegírico, glosando la efeméride. Y,
en el Ofertorio, el alcalde, don José Carlos González Ruiz,
hizo la ofrenda solemne del nombramiento de la Virgen como Alcaldesa.

Desde entonces, la Virgen ha salido a las calles de la ciudad con su
bastón de mando, de rica madera y mango de oro, que fue donado por don Luis
Fernando Estévez Guerra
, y sus hermanas, que lo poseían sus padres,
ya difuntos, por su herencia de su pariente don Francisco Martín Bento
–procurador de tribunales y pariente del Poeta Bento-, que lo
donó al abuelo paterno del señor Estévez Guerra, don Salustiano
Estévez Martín
, médico que fue por muchos años de este municipio.
Este valioso bastón está expuesto en la vitrina de prendas de la Virgen,
en el Camarín, y solo se coloca en el trono en las fiestas patronales del
quince de agosto. La Patrona, junto a su imagen, permanentemente tiene
colocado otro bastón de buena madera y mango de plata, que donaron don José
Molina Martín
y su esposa doña Francisca González Reina.

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El testamento de doña eusebia y la llegada de los salesianos

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

EL TESTAMENTO DE DOÑA EUSEBIA Y LA LLEGADA DE
LOS SALESIANOS

BRUNO QUINTANA QUINTANA

(Por la transcripción: B. de V.)

"Dejada, pues, constancia del sentir y de la determinación de
doña Eusebia Armas acerca de la entidad jurídica a quien había de dejar sus bienes para
su benéfica fundación, continúo manifestando que aquella misma tarde del día en que su
médico le dijo que arreglase todos sus asuntos para que adquiriera salud, marchamos a Las
Palmas, a las quince horas, acompañados de don Juan Castellano Suarez, señor muy
entendido en estos menesteres de fincas y aguas -quien fue más tarde administrador de sus
bienes, nombrado por ella misma-, para acudir al despacho de don Antonio Limiñana López;
acompañándonos también el Doctoral de la Catedral de Canarias, don Tomás Ventura, gran
perito en Derecho Canónico y Civil. Fuimos recibidos por el letrado y, previos los
saludos y presentaciones de rigor, doña Eusebia empieza a exponer sus presentimientos
acerca del testamento que deseaba redactar, deseando que fuese el exponente de sus
auténticos deseos y de sus proyectos para el futuro.

El señor abogado le sacó de sus oscuros presentimientos,
manifestándole:

-Usted, señora, es y será siempre, mientras viva, dueña absoluta de
todos sus bienes. Y por la misma razón, puede hacer y deshacer, vender o comprar,
regalar, revocar o anular todo lo que usted quiera y en todo momento, a pesar del
testamento que usted otorgue en cualquier tiempo. Esta manifestación llenó de tanta paz
y satisfacción a la señora, que inmediatamente dispuso, ante todos los presentes, que
Limiñana se encargara de recoger sus deseos y redactase el testamento. Esta fue la razón
por la que doña Eusebia permaneció en Las Palmas por espacio de quince días, durante
los cuales se fue redactando el testamento tal cual ella lo deseaba.

Cuando todo estuvo expresado a plena satisfacción suya, se redactó
definitivamente y se llevaron a cabo todos los trámites legales ante notario, para darle
validez.

De esta forma, doña Eusebia Armas, que se hallaba en pleno y normal
uso de sus facultades mentales -como todos comprobamos- y con lúcida expresión de juicio
por medio de su fácil palabra, otorgó libremente un testamento que había de ser roca
inamovible de la Fundación Benéfica, que era su más cariciada ilusión.

Una de las cláusulas que más le satisfizo fue donde se determinaba
que para llevar a cabo la labor benéfica, se prefería a la Congregación Salesiana, por
ser constitucionalmente fundada para promocionar en artes y oficios a la juventud modesta.
Y si esta Congregación no aceptaba llevar a efecto esta labor, se invitase a otra, y así
hasta agotarlas todas. Y si, al final, ninguna aceptaba, el Obispo de Canarias podía
valerse de sacerdotes diocesanos para realizar esta obra.

Es más, si estos escaseaban, podría efectuarla por medio de peritos o
maestros seglares. La redacción de este testamento fue del agrado de todos, mereciendo
incluso la felicitación del Provincial de los Salesianos y del Obispo Pildain y Zapiain,
por la gran visión con que fue concebido.

Así las cosas, los Padres Salesianos aceptaron fundar o hacerse cargo
de esta obra mediante un contrato que suscribieron las dos partes, coincidiendo además
con la fundación de Teror por la misma Congregación, pues así lo exigió el obispo.

Vinieron los Salesianos a Guía el 24 de julio de 1955, domingo, siendo
recibidos con gran regocijo por el pueblo en masa ante el templo parroquial de Santa
María de Guía, a las diez de la mañana, estando también presentes las autoridades
municipales y judiciales. Entraron al templo entre repiques de campanas y a los acordes de
la trompetería del órgano, que interpretaba marchas triunfales. Con el amplio templo
abarrotado de fieles, a las once de la mañana empezó una solemnísima función, haciendo
de preste el que luego habría de ser primer director del colegio, el reverendo don
Guillermo Navarro, natural de Tejeda. Asistió también al acto el reverendo padre
Doblado, Provincial de dicha Congregación.

Terminada la función, desde la Iglesia salió en procesión la imagen
de San Juan Bosco, acompañada de la de María Auxiliadora, seguidos ambos tronos de las
autoridades y una gran multitud de fieles, que se dirigieron al grandioso edificio de tres
plantas erigido en la finca de la fundadora.

Al llegar al patio de la entrada principal del Colegio, dirigí a todos
los presentes una cución, diciendo, entre otras cosas: "El áureo libro de la
historia cultural de esta muy noble e hidalga ciudad de Guía, se abre hoy de nuevo para
escribir, con trazos firmes y rutilantes, una de sus páginas más bellas, más hermosas
que quedarán grabadas con caracteres indelebles en la generación actual con proyección
beneficiosa en las futuras, dejando una estela luminosa de sabor, de cultura, de progreso
que, a pesar de los avatares de la vida, de los tiempos, mantendrán a la ciudad en la
avanzada de los pueblos cultos".

Felicité al pueblo, día la bienvenida a los padres Salesianos y
agradecía la entrega de la benefactora. Y allí, en el nuevo colegio, quedó alojada una
pequeña comunidad salesiana, encargada de realizar entre la juventud de esta ciudad y de
la comarca la obra benéfica que se pretendía con la Fundación".

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Un retrato al óleo del doctor don josé blanco

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

Un retrato al óleo del doctor don José Blanco

Bien conocidas y admiradas han sido siempre por todos los hijos de
Guía la personalidad social y el prestigio profesional, como doctor en
medicina y cirujano, de don José Blanco Hernández. Su cultura
irradiaba por casi todas las esferas del saber, al igual que su fama como
médico, que aleteaba por todos los pueblos del Archipiélago canario y
por muchos de la Península. Su admiración por las Bellas Artes esa
grande, sobre todo por la pintura, a la que dedicaba gran parte de sus
ratos de ocio.

Pero mi recuerdo para él va hacia algo cercano a la Parroquia de
Guía. Don José, sintiéndose muy complacido por las obras de
restauración y embellecimiento del Camarín de la Virgen de Guía que
llevaba a efecto un grupo de personas entusiastas por la renovación del
templo parroquial y sus estancias –el grupo "Amigos del
Camarín"- y los jóvenes artista naturales de esta Parroquia que
realizaban verdaderas obras de arte, quiso rendir un sencillo homenaje de
admiración y recuerdo a todos los que cooperaron a que fuese una realidad
la maravillosa renovación y enriquecimiento artístico de esta zona donde
permanece la Virgen. Y para ello determinó, por su cuenta y riesgo,
realizar un retrato al óleo de este párroco. Lo pintó en su domicilio
de la calle León y Castillo-Marqués del Muni y se complacía mucho,
cuando alguien acudía a su despacho de galeno, en preguntarle a quién se
parecía el personaje diseñado y plasmado en el lienzo. Cuando el
visitante acertaba, se llenaba de íntima satisfacción, adivinada por sus
gestos y el elocuente rictus de su semblante.

Ya terminado el retrato, su autor grabó en el reverso del mismo la
siguiente leyenda, que copio a la letra: Reverendo señor don Bruno
Quintana y Quintana. Párroco de Santa María de Guía. Durante su mandato
desde 1.943: Trono del Sepulcro y Cristo Yaciente, talla en madera de don José
de Armas Medina
, donativo de la Excma. Sra. Doña Eusebia de Armas
Almeida
. Trono de la Virgen y Baldaquino de plata repujada, donativo
del Excmo. Sr. Don José Samsó Henríquez. Camarín de la Virgen y
obras complementarias ejecutadas con donativos populares, inspiradas y
dirigidas por Don Néstor Álamo Hernández. Colaboraron: Señorita
Juana López Moreno, pintora; don Fortunato Estévez Galván, don Francisco
Miranda Santiago
y don Juan Serrano Moreno, tallista.
Todos de esta ciudad de Santa María de Guía. Hecho y donado –el
cuadro- a la parroquia por don José Blanco Hernández, doctor en Medicina
y Cirugía. Noviembre de 1.967".

Luego me lo envió acompañado de una carta autógrafa en la que
expresa sus deseos acerca del mismo, por lo que, para conocimiento de
todos, la transcribo literalmente:

"20 de septiembre de 1.969. Reverendo señor don Bruno Quintana.
Mi respetable y muy querido amigo: Mi salud precaria me ha impedido ir a
ésa como eran mis deseos. Como no sé cuál será mi porvenir, me permito
con estas letras acepte el modesto trabajo que hice don la pretensión de
hacer un retrato al óleo de usted. De haber sido una obra de arte hubiese
elevado mis pretensiones al máximum de mis deseos. De que fuese colocado
en el Camarín de la Virgen, cuyas obras usted tanto ayuda. Caso que
hubiese dificultades recíbalo usted –y con ello me honraría mucho-
como un modesto obsequio".

Esta fue la carta, impregnada de bondad y cortesía, del famoso doctor
y también pintor don José Blanco, con la que me manifestó su última
voluntad respecto del retrato al óleo de este modesto párroco, realizado
a impulsos de su entusiasta admiración por la obra, que él califica de
maravillosa, llevada a término en el Camarín. Nosotros, por gratitud y
por satisfacer sus deseos –y porque los expertos y entendidos en pintura
artística la han considerado una obra bien lograda, con viva expresión y
correcto trato de paños-, determinamos colocar el cuadro en el espacio
que existe sobre la puerta de la entrada a la "Sala de prendas de la
Virgen" y, junto al retrato de referencia, la carta autógrafa –en
un sencillo marco- como documento fehaciente de la última voluntad del
ilustre doctor.

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El obispo pildain y la marcha de los salesianos

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

EL OBISPO PILDAIN Y LA MARCHA DE LOS SALESIANOS

BRUNO QUINTANA QUINTANA

(Por la transcripción B. de V.)

Por la Comunidad salesiana de Guía desfilaron muchos miembros de la
Congregación que a ella vinieron destinados con propósitos bien "definidos". Y
en una de estas "regencias", ocurrió un caso insólito que ocasionó malestar
en todos los sectores sociales de esta ciudad y en el mismísimo seno de la Comunidad
Salesiana. Por el Gobierno de la Nación se decretó que en varias comarcas se creasen las
denominadas escuelas hogares, correspondiendo una a Guía. Las autoridades locales tenían
que procurar un edificio adecuado para sus fines. Y en la búsqueda de tal edificio,
comprendieron que ninguno mejor que el Colegio Salesianos.

Sin pensarlo mucho se pusieron en contacto con el director del mismo y
llegaron a un acuerdo, implantándose la Escuela Hogar en el edificio de la
"Fundación Eusebia Armas", que ya, por el fallecimiento de la aquella y en
virtud del testamento otorgado, pertenecía por entero al Obispado de Canarias. Todo esto
se efectuó sin contar, sin consultar nada en absoluto, con el señor Obispo, como era
lógico, lo legal o, por lo menos, por cortesía. Pildain y Zapiain se enteró por un
miembro de la Inspección de Primera Enseñanza de esta "ilegal" implantación y
pidió a la inspección copia de todos los trámites y decisiones llevadas a cabo con este
motivo, por lo que quedó enterado de todo lo que se había realizado "a
espaldas" suyas para establecer en dicho edificio la Escuela Hogar.

En una ocasión en que el Obispo tuvo que personarse en Guía para
firmar ante el notario las escrituras relativas a unas fincas legadas al Seminario en San
Nicolás de Tolentino, se encontró con una fiesta escolar de fin de curso, con la Plaza
del General Franco abarrotada de público. Al percatarse las autoridades que estaban en el
acto de que monseñor Pildain subía las escaleras del templo, se acercaron a saludarle,
entrando posteriormente en la iglesia, donde oró brevemente.

A la salida, se acercó a saludarle el director de los Salesianos.

Al verlo el señor obispo, estando yo presente, le dijo:

-¿Ustedes tienen establecida una Escuela Hogar en el edificio de la
Fundación de doña Eusebia?

A lo que el director contestó:

-No señor, no.

El obispo, visiblemente afectado por esta rotunda negativa, replicó:

-¿De modo que usted niega una cosa que sabe positivamente que es
cierta? Yo tengo en mi poder copia de todos los documentos que se han tramitado con motivo
de establecer allí la Escuela Hogar y usted me lo niega.

Este proceder del director en ocultar la verdad de los hechos
consumados y fehacientes, provocó tal reacción en el espíritu del señor Obispo que,
aprovechando la oportunidad de la fiesta escolar que se iba a celebrar; él, tan amante de
los niños, y la invitación del señor alcalde para que dirigiese su autorizada palabra
desde el estrado preparado para las autoridades, con su peculiar elocuencia y persuasión
pronunció un fogoso discurso poniendo en evidencia la verdad de la Fundación benéfica
llevada a cabo por la señora doña Eusebia Armas y la tergiversación de los fines de la
misma realizada por los encargados de dar cumplimiento a ellos, según las disposiciones
de la fundadora y el contrato firmado entre ambos. Terminó diciendo que si tales
encargados no cumplían con esas disposiciones concordadas, "estaban de más en
Guía".

Esto causó un poco de revuelo entre el público asistente, surgiendo
comentarios muy variados según el criterio y punto de vista de cada uno de los oyentes.

Vino la calma, las "aguas" volvieron a su cauce pero siguen
"remansadas" en esta Fundación, contentándose los encargados con la primera
enseñanza sin querer que se implante la enseñanza de artes y oficios como era la
intención y los deseos de la fundora Eusebia Armas Almeida, para promocionar a los hijos
de las familias modestas que no tenían medios económicos para estudios superiores.

Así siguen las cosas llevando una vida lánguida y de espera en dicho
colegio hasta este momento (18 de marzo de 1971) en que escribo...

Y sucedió lo que se preveía: por esa misma vida lánguida que
llevaban en dicho colegio los padres salesianos, vino el colapso y el colegio se
clausuró. Voluntariamente, los padres se marcharon, no sin antes renunciar al
"derecho de preferencia" que le concedía el testamento de la fundadora para
llevar a efecto los fines benéficos que con la fundación se proponía la misma y
disolver la comunidad que se organizó al hacerse cargo del citado colegio, extremos que
les exigió el señor Obispo por medio del administrador de la citada obra, don Antonio
Limiñana López, al dejar ellos -como hemos dicho voluntariamente- esta labor benéfica.
Así pues, los Salesianos se marcharon de Santa María de Guía el primero de agosto de
1971 en la persona del que fue último director, don Modesto Cabano.

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