Artículo de Juan Dávila

A BRAULIO, MI RECONOCIMIENTO POR SU EXTRAORDINARIA
LABOR

Por Juan Dávila-García




Son ya 33 años oyendo la exitosa e incomparable música
brauliana, y a fe mía que nunca me canso de oírla. Este cantautor paisano y
amigo quizás haya sido en los últimos años el más proclive a endulzarnos con
sus bellas melodías los avatares de la vida cotidiana. Braulio es desde mi
punto de vista el cantante mas internacional de todos cuantos existan en
canarias. Su prolifero repertorio tiene unas connotaciones hiperactivas, el
ensamblaje musical y poético de sus composiciones hacen de las mismas unas
obras con un perfecto desarrollo melódico donde las letras más
significativas riman con una elocuente belleza.

Haciendo un poco de historia, decir que conocí a Braulio
desde que estaba en la cuna su madre Pepita Bautista y mi madre eran muy
buenas amigas, y solían visitarse con relativa frecuencia. Cuando nació en
la visita de rigor tan ejercida en aquellos tiempos acompañe a mi madre y ya
vi en el a un bebe con hechura de hombre de bien, premisa esta que ha sido
el ritual que ha marcado toda su vida. Su padre Antonio García también fue
un buen amigo de mi familia especialmente de mi padre, no en vano
coincidieron algunos años en Cuba, era una excelente persona, caballeroso y
honrado. Le recuerdo cuando el bar Trujillo estaba ubicado en la calle
Medico Estévez y venia ya entrada la tarden-noche a echarse su pisquito de
ron y lo que más llamaba la atención eran las tertulias que mantenía con mi
padre donde siempre salía a relucir como tema central los buenos ratos que
pasaron en Cubita la bella. La infancia de Braulio la cual recuerdo con
total nitidez, fue bastante sencilla aunque hay que reconocer que sus padres
se desvelaron por darle lo mejor, en cuanto a estudios y a otros temas
cotidianos de la vida, que posteriormente le improntaron en su forma de ser,
serio, honesto y especialmente ser un gran amigo de sus amigos, entre estos
recordarle a Manolo conocido por el "estampio".

La música de Braulio es armoniosa y profunda, revestida
de cambios de ritmos de sonoros contrates donde enjuga con bastante
asiduidad las facetas más brillantes de la musicalidad caribeña y
sudamericana en general, boleros, joropos, danzones, rumbas, sambas y otras
formas y ritmos tan arraigados en aquella parte de la mar atlántica. Sus
composiciones revisten un conocimiento depurado de estilos y una
versatilidad infinita de semblanzas que hacen que las mismas sean escuchadas
con verdadero interés por cuantos nos prestamos a ello. La mayoría de sus
canciones son tan ociosamente bellas, en lo referido a la armonía y a las
letras empleadas, que hacen que el estado anímico del oyente varíe en
fracciones de segundos de la tristeza más sublime a la alegría más
dicharachera, el ejemplo más palpable lo tenemos en dos de sus obras más
dignas de escuchar que así lo acreditan por su contenido; Los elegidos
del dolor,
hermosa canción donde Braulio apela al ruinoso mundo de
las drogas y Mi viejo y Cuba, donde con un afecto estridente
relata la connivencia de su querido padre con la isla caribeña, cuya hermosa
melodía esta llena de cambios de ritmos que le dan a la pieza una singular
catadura de extraordinaria obra musical.

Braulio es el cantautor más importante que ha dado
Canarias y a nivel nacional e internacional su caché ha alcanzado unas cotas
insuperables. Su forma de componer es extremadamente rica en matices y lo
mismo le canta a Lolita Pluma que a Tomasín o
nos asombra con el axiomático cachondeo del Rap de la Polla o
el pasodoble dedicado a Pacuco el peninsular.

Braulio inicio su carrera musical, -diríamos que en
serio-, en 1973, ya antes con su guitarra nos deleitaba en el bar del casino
con las innumerables composiciones que ya tenía hechas, algunas nos ponían
los pelos de punta cuando la interpretaba como era La Cerillera,
otras con un gran sentido musical nos transportaba mas allá de nuestras
fronteras. Participo y gano muchos festivales nacionales, tales como el de
Benidorm, Alcobendas, etc., y en el 1976 represento a España en el festival
de Eurovisión, donde a pesar de no haber ganado tuvo un éxito clamoroso.
Consiguió también premios importantes en Alemania y Japón, y en 1983 se fue
a los Estados Unidos. Este país y toda la América Latina le sirvieron de
crisol donde se fundió el resurgir de un extraordinario cantante. Su vida
musical se convirtió en algo tan elocuente que la fama, derivada de su buen
quehacer como cantautor, le hizo pasearse por todos los EE.UU., y Santo
Domingo en olor de multitudes, obteniendo premios de renombre mundial como
el que la concedió la Asociación de Cronistas del Espectáculo de Nueva York
al mejor cantante masculino de 1987. En 1988 Santo Domingo le concedió en
forma de galardón la siguiente trilogía, Mejor Canción, Mejor Interprete y
Mejor Álbum y en 1990 la ciudad de Miami rendida a sus pies le otorgo la
nominación de Cantautor del Año a través de la FM-92.

El viernes día 29 el Auditorio Alfredo Graus en Las
Palmas de Gran Canaria, le da la oportunidad de lucirse una vez más, con el
nombre Apenas treinta y tres años, el citado Auditorio le brinda ese
honor. Le acompañara el grupo Amnesia que lidera Antonio Aguiar con el bajo,
Pepe Mejías al piano y Emilio Sosa como batería, y muchos músicos más que
fueron sus fieles acompañantes en su insigne singladura de extraordinario
cantautor.

Su guitarra y su pluma le dieron vida a elocuentes obras
musicales oídas en todo el mundo por su calidad y que con su presencia
agrandaron los teatros donde tuvo el orgullo de cantar. Eminentes cantantes
han interpretado las composiciones braulianas más significativas, de las
cuales quiero resaltar sin olvidarme del resto de las que componen su
extenso repertorio; Canto a Canarias, Venezuela, Amor Canario del
Recuerdo, Mándese a Mudar, El Corredera, Tenerife, Mujeres las de mi Tierra,
Isla Corazón, La Isa de Todos,
las ya citadas en apartados
anteriores, y muchas más que de mi mente brotan a borbotones que harían
interminable este reconocimiento a este gran paisano, orgullo y paladín de
la tierra guíense.

Mis felicitaciones más encendidas para este buen amigo, y
que el día 29 recibas el reconocimiento y la pleitesía de todos los gran
canarios en tu concierto más esperado por todos los isleños.

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Juan Dávila-García

jocdavila@yahoo.es

Diciembre de 2006.

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 25/07/2021.


Personajes populares 10

PERSONAJES POPULARES DE GUÍA (10)

Por Juan Dávila-García

Sasito


El personaje popular que ahora quiero analizar, lo conocí de siempre.
No obstante lo que voy a relatar se puede situar entre mediados de los
años cuarenta y cincuenta y cinco del pasado siglo XX, que fue cuando más
relación tuve con el.

 



 

Saso García, conocido por Sasito, fue una
persona que mantuvo una gran amistad con todos los jóvenes de mi
generación, especialmente por la relación que nos unía por ser todos
miembros de Acción Católica. Sasito era hijo de Faustinito García del
Pino, que tenía un molino en el Lomo al lado de lo que hoy es la tienda de
Arturo Díaz, además de el estaban sus hermanos Tino y Mercedes, -esposa
esta que fue del General ciego Luís Lodos-. Este entrañable personaje
tenia una mentalidad algo retrograda, no es que fuera retrasado ni mucho
menos solo que sus reacciones solían ser bastantes infantiles. Sus
facultades psicomotrices estaban algo afectadas especialmente en sus
extremidades inferiores que le producía una cierta dificultad para
caminar, cosa que hacía con las puntas de los pies.

Al respecto citar que un buen amigo mío llamado Paco Trujillo, le saco
punta a este defecto de Sasito sin menospreciarlo y mucho menos con el fin
de burlarse o dañarle en lo referido a su persona, que constituía una
frase con el siguiente contenido, decía Paco:

-saben Vds., cual es el colmo de un zapatero ponerle tacones a los
zapatos de Sasito-, y efectivamente así era pues como ya he dicho solo
utilizaba la punta de calzado para caminar. Era un lector empedernido, sus
títulos preferidos, los constituían los TBEOS, las historias del Capitán
Trueno, el Jabato, el Pirata Negro, las novelas de Marcial Lafuente
Estefanía, Fidel Prado, Billy Barnes, Doc Savage, la Sombra y otros de
similares características.

Por encargo de Don Bruno, cura párroco de Guía por aquellas fechas,
-aproximadamente las citadas al inicio-, Sasito era el censurador oficial
de la parroquia y quien calificaba los números de las películas que se
proyectaban en el Cine Hespérides, que iban desde el 1 al 4, pasando por 3
con R, que significaba tres con reparo. Al efecto Sasito asistía a la
proyección de prueba de los filmes que se iban a proyectar y el los
calificaba a su libre albedrío, los jóvenes siempre discrepábamos de esas
puntuaciones que se ponía en un tablón de anuncios dispuesto al efecto en
la puerta de la iglesia.

Esos números que Sasito le daba a las películas, tenían el siguiente
significado: el 1 apta para todos, el 2 no apta para menores, el 3 apta
solo para mayores con relación a su edad y capacidad intelectual, el 3 con
reparo se consideraba peligrosa para todos y el 4 no apta para nadie. Como
ya he dicho a nosotros los jóvenes que teníamos entre 15 y 18 años nos
resultaba cómica la determinación de Sasito, pero es de justicia decir que
la mayoría de los parroquianos de la época aceptaban sin rechistar la
decisión numeraria del personaje en cuestión y acataban las mismas. Casi a
finales de los años cuarenta llegaron a la pantalla del cine de Guía,
películas bastantes escandalosas para los momentos que vivíamos, tales
como Gilda, con Rita Hayword y Glen Ford, Bedelía, Las Zapatillas Rojas,
Casablanca, etc., que Sasito puntuó de manera determinante con un 4. Decir
al respecto que la gente de mi pueblo no se tomo muy al pie de la letra
este número fatídico y los llenazos en el cine fueron de los que hacen
historia.

Sasito marcó sin lugar a dudas una página grandilocuente dentro de la
historiografía de Guía, era un personaje singular, cariñoso, afectivo y
cuando salíamos del Colegio nos reuníamos con el en la plaza Chica, donde
nos contaba las batallas más inverosímiles de cuanto había leído aquel
día.


El poder de convocatoria de Sasito


Los pequeños y los jóvenes le teníamos un gran apreció y lo pasábamos
muy bien junto a el, pese a sus limitaciones era una verdadera
enciclopedia, consecuencia lógica de ser una persona que siempre estaba
leyendo, aunque lo que leyera no tuviera connotaciones literarias de gran
relevancia. Le recuerdo muy bien sobre todo aquella risita burlona que a
veces empleaba. Cuando nos reuníamos para jugar a "pincha la uva" el nos
hacía de "partenaire", sentado en su banco preferido sostenía entre sus
pies al primero de la fila, ni que decir tiene que cuando alguno de
nosotros nos caíamos hacía fiesta y se reía con una sinceridad pasmosa.

Sin lugar a dudas Sasito debe figurar con luz propia entre los
personajes populares de nuestro amado pueblo por las grandes virtudes que
les revestían ya que fue un gran protector y consejero de todos los niños
y jóvenes que a el nos acercábamos. Me ha emocionado sinceramente
recordarlo, pero de verdad que me he sentado bien así hacerlo.


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Juan Dávila-García

jocdavila@yahoo.es

Julio 2006.

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 10/12/2009.


Artículo de Pedro González Sosa

DOCUMENTOS
DE INTERÉS PARA 

GUÍA DE GRAN CANARIA


Por alusiones



POR QUÉ  NO  HUBO “DESAPARECIDOS” EN  JULIO 1936  EN GUÍA DE GRAN CANARIA


Por Pedro González-Sosa (*)

        
Hace unas noches, en un programa de una de las televisiones locales  -creo que
el Canal 8—un conocido galdense, Antonio Padrón Cabrera,  me “reprochó” en
tono cordial  por qué no me había ocupado en calidad de cronista oficial de
Guía de Gran Canaria en destacar el papel jugado por un político guiense de
entonces --curiosamente adepto al régimen establecido tras el 18 de julio--
para garantizar la supervivencia de algunos paisanos --los llamados “rojos”--
que se habían destacado en contra del “espiritu” que animó el levantamiento
militar que acabó con el gobierno del Frente Popular (coalición de
republicanos de izquierda, comunistas y socialistas) en 1936.


       La alusión  me animó a  investigar inmediatamente
en el archivo municipal y en la memoria de algunas personas octogenarias que
aún viven en Guía para obtener los datos precisos, habida cuenta de que cuando
ocurrieron los hechos  en 1936 apenas hacía un mes que yo había cumplido tres
años  de edad. Poco podía  conocer directamente de lo acontecido, pero los
viejos papeles y el recuerdo de los que todavía hoy nos acompañan con vida a
pesar de sus muchos años, han ayudado  a rememorar una aproximación  de lo
ocurrido.


         Efectivamente. Todavía hoy se recuerda en
Guía que fue la gestión catalogada, entonces y ahora en la localidad, como
valiente de un alcalde –o todavía, creo, teniente de alcalde cuando ocurrieron
los hechos—nombrado por el llamado “bando nacional”, es decir, afin a los
promotores del levantamiento, la que impidió que en nuestra localidad no se
registrara ningún “desaparecido” como ocurrió en la mayoría de los pueblos por
la intervención  personas que sacaban, dicen, de sus casas a los “contrarios”
para llevarlos a campos de concentraciones –los que tuvieron esa suerte—o a
lugares de donde nunca más salieron con vida, otros.


         Pero creo conveniente conocer,  inicialmente,
cual era la situación político-municipal de Guía en las semanas anteriores al
18 de Julio de 1936 y en los meses que siguieron después. El último pleno
celebrado por la corporación del Frente Popular tuvo lugar el 15 de julio y,
curiosamente, el acta aparece sin firmar por sus protagonistas porque es
práctica habitual hacerlo en la siguiente sesión una vez que redactada por el
secretario sea leída y aprobada. Y, lógicamente, esta corporación ya no tuvo
oportunidad de reunirse posteriormente porque el levantamiento militar
ocurrido tres días después  lo desalojó del
Ayuntamiento.                          


         La citada sesión del 15 de julio fue presidida
por el alcalde del Frente Popular Severino Rodríguez Alemán, y formaban parte
de la corporación Nicolás González Santana, Maximiano Osorio Ortega, Manuel
González Estevez, Vidal Arencibia García, José Alemán Godoy, José Moreno
Suárez, Luis Rivero Luzardo y Domingo Guerra Rodríguez. Actuó de secretario,
en calidad de interino, el que lo era de la corporación Mariano Atienza y Ruiz
quien, precisamente, presentó un escrito de dimisión no por causas políticas,
sino porque había obtenido la plaza con titularidad en el ayuntamiento de la
villa de Agaete.


         Entre los muchos asuntos tratados en la sesión
figura la adquisición, en un establecimiento de la calle León y Castillo de
Las Palmas, de “fotografías de prohombres y mártires de la República y el
Socialismo”, según recogió el fedatario oficial en el pleno ordinario: se
trataba de los retratos de Galán y García Hernández, Pablo Iglesias, Carlos
Marx (el secretario escribió “March”), Largo Caballero, Franchy y Roca,
Fernando de los Ríos y algunos más.


         Iniciada la rebelión, precisamente en Las
Palmas por el general Franco el 18 de julio siguiente, y destituida la corporación de
izquierdas que gobernaba desde las elecciones de febrero del mismo 1936,  han
de pasar dos semanas para la constitución del nuevo Ayuntamiento nombrado por
los nuevos gobernantes. El 1 de agosto siguiente el Gobierno Civil  nombró
“alcalde-presidente de la Comisión gestora según escrito del 30 de julio” a
Nicolás Molina Martín y miembros (concejales) de la misma a Miguel León Jorge,
Basilio Ramírez García, Félix Marcelo Guerra y Juan Guerra Alemán.  El 9 de
agosto el Gobierno Civil, siempre según las atas municipales de Guía, designa
como “delegado gubernativo y alcalde-presidente de la Comisión gestora” al
capitán Faustino Pérez y Pérez, aumentando el número de concejales con  el
nombramiento de Cayetano Guerra Alemán, Juan Padrón Molina y Pablo Díaz
Castellano, actuando de secretario interino Prudencio Estévez Galván. El nuevo
mandatario municipal designa primer teniente de alcalde a Basilio Ramírez
García, segundo a Miguel León Jorge y tercero a Félix Marcelo Guerra.


               Faustino Pérez preside por última vez un
pleno el 18 de septiembre en que cesa en el cargo porque en su calidad de
militar es reclamado para incorporarse activamente al Ejército, y es nombrado
accidentalmente como presidente de la citada Comisión gestora municipal
Cayetano Guerra Alemán, que lo fue hasta el 6  de noviembre en que preside su
última sesión como tal.  En la sesión del 25 de noviembre aparece como alcalde
interino Basilio Ramírez que continúa con esa denominación hasta la sesión del
18 de junio de 1937, a partir de cuya fecha el secretario omite en las actas
la denominación “interino” para presentarlo simplemente como “alcalde”, y en
calidad de tal sigue ejerciendo sus funciones hasta el 15 de octubre 
siguiente. Finalmente, en la sesión del 3 de noviembre de 1937 se nombra “por
la autoridad competente” nuevo presidente-alcalde de la todavía denominada
Comisión gestora a Francisco Ayala Jiménez.



                                                            * *  *


        Expuesta con todo rigor y de acuerdo con los
datos aportados por las actas municipales la situación político-municipal 
poco antes y poco después del 18 de julio de 1936, vayamos entonces a intentar
conocer la razón por la que en Guía no hubo ninguna persona “desaparecida”,
contrariamente a lo ocurrido en otras localidades  donde sus poblaciones se
vieron, dicen los cronistas que han estudiado el tema, bastante diezmadas.


        En el tema de las personas detenidas  en razón de
sus ideales políticos de izquierda es preciso aclarar que hubo, me cuentan,
dos etapas en la isla de Gran Canaria. En la primera, que tiene lugar
inmediatamente después del 18 de julio,  ocurre que las también primeras
detenciones son, dicen algunas personas de avanzada edad,  confusas y hasta
sin control, razón por la que en la mayoría de las localidades grancanarias se
propicia que la suerte de los detenidos  sea muy variada y  que, en algunos
casos, --¿la mayoría?—se produzca su “desaparición”. En esta primera etapa de
confusión y “sin control” es cuando interviene en Guía la persona que evitó,
como luego se verá, que ninguno de sus paisanos corriera la mala fortuna de
estar entre los que desaparecieron.


        La segunda etapa se produce pocas semanas
después,  tres meses como máximo,  en la que el control se hace más efectivo
y, al menos con respecto a Guía,  poseemos fotocopia de oficios en que se
anuncia al Ayuntamiento el traslado de detenidos hacia Gando e, incluso, con
relación de los trasladados.


             En la primera de las etapas habríamos de
situar, entre otros detenidos, a Fabio Álamo Hernández que fue trasladado
inicialmente a La Isleta y posteriormente en Gando. En la segunda conocemos,
por fotocopia de un oficio que se nos ha facilitado de fecha  12 de noviembre
de 1936, los nombres de veinte personas de izquierda trasladados “al campo de
concentración” y entre los que figuran Francisco Miranda Santiago, (conocido
cariñosamente en Guía como “Pancho Serío”)  Gregorio Rodríguez Díaz, (también
conocido como “Goyo o “Goyito” y que años mas tarde sería chofer y hombre de
confianza del general Auditor guiense José Samsó Henríquez), Antonio García
Moreno,  Manuel González Estévez,  Agustín Arencibia Miranda y otros. 


      Aunque alguna vez se ha citado el nombre del
capitán Faustino Pérez

y Pérez como el protagonista de la valiente decisión de evitar las
“desapariciones” en los primeros momentos del alzamiento militar del 18 de
julio,  los relatos de algunos octogenarios guienses que gozan, --y ojalá lo
sea por muchos años—de excelente memoria, matizan que fue en la época de la
breve alcaldía del capitán Faustino cuando su primer teniente de alcalde
Basilio Ramírez García el que se enfrentó a los  que desde Las Palmas fueron a
Guía a detener a  destacados hombres de la izquierda que con anterioridad al
18 de julio y después de esa fecha, habían mantenido vivo su pensamiento
político sin renuncia de sus convicciones. Personas respetables que, con el
paso del tiempo después de abandonar los centros donde fueron internados en
los llamados “campos de concentración”, una vez libres se integraron en la
vida social y hasta económica de la localidad.


            Que fue Basilio Ramírez, persona de confianza del nuevo régimen
por lo que es muy significativa su postura,  el que se enfrentó a las personas
que habían ido para llevarse a los republicanos, socialistas y comunistas, lo
atestigua mucha gente  de la localidad. Incluso uno de los represaliados,
Fabio Álamo Hernández fallecido hace pocos años, aseguró en algunas ocasiones,
según nos recuerdan sus hijos, que fue la intervención de “maestro Basilio”,
como cariñosamente se le conocía en Guía, el que “exigió” en los momentos
iniciales a los que habían ido a retenerlos que firmaran las listas en las que
figuraban los nombres de las personas detenidas. Nos cuenta también uno de los
familiares directos de nuestro protagonista, por haberlo oído contar algunas
veces, que la primera vez que llegó el camión a Guía para trasladar a los
detenidos, cuando éstos incluso ya estaban en el carruaje, Ramírez se encaró a
los “enviados” y, plantándose delante de la camioneta, aseguró que del pueblo
no saldría nadie sin que le firmaran la lista de los trasladados. Y dicen que
fueron  estas firmas  las que garantizarían la integridad física de los
detenidos y aseguraba el respeto a sus vidas, porque era el aval de que habían
sido entregados a personas con nombres y apellidos.


           La decisión de Basilio Ramírez en aquel momento primer teniente de
alcalde, fue secundada, seguramente, por los alcaldes interinos o accidentales
Faustino Pérez y Cayetano Guerra y, desde luego, por otros falangistas  de la
época entre los que se encontraba el que, al parecer, era entonces Jefe de
Falange en Guía y practicante de la localidad Alfonso Pozuelo. También por
otras “fuerzas vivas”,  personas de respetadísima reputación y nada sospechosa
de los nuevos gobernantes, que le animaron a ello, muchos de cuyos nombres
conocemos.


                                                           * * *


    Y para quitarle dramatismo al tema habida cuenta de que han transcurrido
setenta años y la reconciliación ha llegado a los españoles, no nos resistimos
a referir una graciosa anécdota. Cuando era niño y vivíamos en Las Barreras de
Guía, nuestra madre –que formaba parte de una familia católico-practicante—nos
contaba que aquel año de 1936 las autoridades municipales de izquierda
prohibieron, o pretendieron prohibir, en junio la tradicional procesión del
Corazón de Jesús. Entonces, los fieles practicantes  adaptaron a la música de
un popular cántico religioso en honor del Sagrado Corazón los siguientes
versos:



                                                       Corazón Santo



                                                       tú no saldrás,



                                                       porque no quiere



                                                       maestro Vidal,



                                                       Pepito “meco”



                                                       maestro Nolasco,



                                                       Fabio, Ruperto



                                                       y el sacristán
.


             En los últimos años de su vida  --falleció hace pocos--  Fabio
Álamo solía sentarse diariamente en un banco de la calle de Triana en una
tertulia de gentes de Guía y de Las Palmas. Cuando pasábamos a su lado nos
llamaba para contarnos anécdotas, curiosidades y comentar cosas de nuestro
pueblo común. Yo solía recordarle, de vez en cuando, lo relatado por nuestra
madre y le recitaba el cántico que por “pegadizo” nos quedó en la memoria
desde niño. Y él, con una sonrisa bonachona, aceptaba la anécdota y se
sumergía en sus recuerdos. Nunca nos lo reprochó.  No era para menos porque
pasados más de sesenta años, él también recordaba como muy lejana ya aquella
época suya de juventud, aunque nunca renunció a sus ideales políticos.


                                                        * *
*                                                 


          Esta es, simple y asépticamente contada, --y según nos lo han
contado--  una parte de la Historia casi reciente de Guía. Dicho lo cual,
respondemos así al amigo galdense que se quejaba del silencio y de la
injusticia con que Guía ha pagado la determinación del entonces primer
teniente de alcalde, Basilio Ramírez García --escasos días después del 18 de
julio de 1936-- que propició que muchos guienses conservaran sus vidas. Por
ello el Ayuntamiento debe reconsiderar el silencio de tantos años y dedicar a
“maestro Basilio” una calle en alguna de las nuevas urbanizaciones que nacen
en la localidad  y en reconocimiento de la que ha sido considerada por la
mayoría como valiente decisión del protagonista de esta historia.



 
*
Pedro González-Sosa es cronista de Guía de Gran Canaria
 

 PUBLICADO
EN DIARIO LA PROVINCIA DEL 6 DE ABRIL DE 2003.

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Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 22/06/2003.


Artículo de

FÉLIX MARCELO, ARTÍFICE DE LA NO DESAPARICIÓN DE
VECINOS DE GUÍA EN EL 1936

Por Juan Dávila-García

Mirando en la página web, del Ayuntamiento de mi querido y entrañable
pueblo Guía de Gran Canaria, he leído con elocuente avidez, como suelo
hacer siempre diariamente, por si en la misma hubiera algo nuevo
relacionado, con su historia o sobre la vida cotidiana y placentera de mi
tan reverenciado terruño, aunque desde hace bastantes años que falto de
el, pero que siempre lo llevo en mi corazón. Y observó un trabajo o
crónica cuyo autor es mi pariente Pedro González-Sosa, Cronista Oficial de
la Ciudad, referido a la –no desaparición en el año 1936 de ciudadanos de
Guía-. Siento enormemente discrepar con el en algunos puntos de la citada
crónica, por estimar que, aunque su contenido es elocuente y se ajusta
sobremanera a la realidad, ignora la intervención trascendental del Jefe
de Milicias de Guía por aquellas fechas, el patriota guíense Félix
Marcelo.

La extraordinaria actuación de tan celebrado paisano, en evitación de
que ocurriera en nuestro pueblo, lo que si ocurrió en Gáldar y con mayor
virulencia en Agaete, especialmente en el Valle en un caserío conocido por
el Lugar de Enfrente. Es evidente que la intervención del Alcalde en
funciones por aquella época Basilio Ramírez, tuvo también es este aspecto
un papel importante, para que los genocidios cometidos en muchos pueblos
de la isla, como en lo ya citados no ocurrieran en Guía.

Pero el verdadero adalid, -basado en su cargo- y en su forma de
proceder, algunas veces violentas, especialmente frente al execrable
comportamiento del responsable de tantas desapariciones, el Sargento
Comandante del Puesto de la Guardia Civil de Gáldar, conocido como el
Sargento Olegario (valga la redundancia) y también en su portentosa
corpulencia física (más de 1,90 de estatura y ciento y pico kilogramos de
peso), fue Félix Marcelo, que diariamente comparecía con las primeras
luces del día, en el cuartel de la Benemérita, situado en la calle Medico
Estévez numero 16, edificio donde hoy tiene o tenia el despacho Pepe
Carlos (desconozco si sigue ejerciendo la abogacía), con el fin de adverar
los roles o listas de los presos políticos guienses que a esa hora salían
camino del Campo de Concentración en Gando, hacinados e uno o varios
camiones. El admirado paisano, le exigía, de manera violenta en muchas
ocasiones al citado Sargento si se ponía chulo, e incluso llego a
amenazarlo de muerte, si al retorno de Gando no le entregaba las
relaciones debidamente selladas y firmadas por el Jefe del Campo, como
justificación de que todo el proceso de traslado y recepción de tales
presos, habían sido completamente correcto y sin ninguna irregularidad,
haciéndole hincapié, que la veracidad de las listas salidas de Guía se
correspondieran exactamente, con las traídas al regreso, punteando el
mismo nombre por nombre.

Félix Marcelo, no fue un hombre de retaguardia, hizo en Guía lo que
tuvo que hacer por que la imperiosa necesidad, así lo requería y gracias a
su extraordinaria energía, constatada fortaleza y a su bendita violencia
(en algunos casos), no permitió juntamente con Basilio Ramírez, que de los
presos políticos de Guía, que estuvieron en el campo de concentración,
ninguna mujer se sintiera viuda y ningún hijo huérfano. Félix Marcelo, en
estas comparecencias diarias que hacía al cuartel de la Guardia Civil, en
más de alguna ocasión la llevo a cabo con mas de 40º de fiebre.

Cuando leo las relaciones de los nombrados hijos predilectos de mi
pueblo, casi sin quererlo me río para mi adentro y recuerdo sin poderlo
remediar aquella premisa tan elocuente –de ni están todos los que son
ni son todos los que están
-. Recordemos la encomiable labor que estos
dos paisanos realizaron en unos momentos tan críticos y en otros ignorados
hijos de nuestro pueblo. Félix Marcelo, como ya decía no fue un hombre de
retaguardia, en su momento se incorporo a la contienda y llego a lucir con
orgullo elocuente en su pecho la estrella de Alférez de Complemento. Pido
disculpas por esta supuesta ingerencia, que solo ha tenido como objeto
impartir la justicia debida y el reconocimiento veraz a una paisano
grandilocuente, como así a quedado demostrado.

jocdavila@yahoo.es

Abril 2006.

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 05/08/2020.


Artículo de

 

SOBRE LOS NO DESAPARECIDOS EN GUÍA

Por Alfonso M. Pozuelo González.

En primer lugar mi más enhorabuena por la pagina, y conociendo a quien
la coordina, Antonio Aguiar, me alegro enormemente por que se que lo hace
con cariño, entusiasmo y profesionalidad.

Soy nieto de D. Alfonso Pozuelo, fallecido hace ya bastantes
años, el cual solicito destino desde la península hacia las colonias
españolas en África, pero que al llegar a Gran Canaria, lo recibió un
amigo suyo, medico de Guía, y ya no salio de esta Isla.

Se instalo en Guía como practicante,
casado con Dña. Isabel García y con sus dos hijos,
Baldomero (mi padre) y Rafael Pozuelo, ambos fallecidos, y residieron en
la calle Luís Suárez Galván, mas conocida como Calle del Agua, en el nº 41
o 43, donde vivió también, años más tarde, la familia de un comerciante de
ultramarinos llamado D. Juan Ojeda.

Refiriéndome al asunto "No desaparecidos en Guía 1936-1939",
quiero manifestar que me parecen de lo más interesante, sobre todo por el
valor histórico y el recuerdo hacia las personas que intervinieron en el
mismo. En el articulo publicado en La Provincia (6.04.2003), por D. Pedro
Glez. Sosa, ya menciona a mi abuelo, el cual era Jefe Local de Falange en
Guía, como una de las personas que secundaron la decisión de D. Basilio
Ramírez. Pero es que anteriormente, D. Luís León Barreto, también publico
un amplio articulo en La Provincia, el domingo 21.08.1983, con el titulo
"Los puentes volados", en el cual hace mención también a mi abuelo,
diciendo: "El valle de Agaete vio el luto. En Guía no hubo un solo
muerto. Cuentan que el jefe local de Falange, Alfonso Pozuelo, un
practicante peninsular con fama de hombre valeroso, no permitió que de
allí saliera nadie que no fuera debidamente requerido por la autoridad.
Pozuelo pedía oficios escritos y sellados que aquella pandilla de
insurgentes vengativos casi nunca tuvo. <<Si no me traen los nombres con
explicación del destino, pongo a rebato las campanas y les echo el pueblo
encima>>, pudo decir en aquellas madrugadas inciertas"

Me imagino que si lo han nombrado en ambos artículos, y que ambos
periodistas habrán recibido la información a través de las personas
mayores del lugar, con veinte años de diferencia entre ambos reportajes,
mi abuelo, D. Alfonso Pozuelo Moreno, habrá tenido una participación
directa en la NO desaparición de personas en Guía durante la Guerra Civil
Española, por lo que considero que se merece un agradecimiento por parte
del Excmo. Aytmo. De Santa María de Guía.

No es mi intención polemizar quienes se merecen o no un agradecimiento
o distinción sobre el tema en cuestión. Creo que toda persona que intento
de alguna manera, del bando que fuera, salvar vidas humanas de amigos,
familiares o vecinos, por temas políticos y revanchismo, se merecen que
Guía los tenga en el recuerdo.

Junio de 2006.

Alfonso M. Pozuelo González.

alfonsopozuelo@hotmail.com

 

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Nace la fundación "eusebia armas"

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

NACE LA FUNDACIÓN "EUSEBIA ARMAS"

BRUNO QUINTANA QUINTANA

(Por la transcripción: B. de V.)

Otro de los hechos que merece ser relatado para perpetua memoria y para
que, quedando todo esclarecido, brille siempre la verdad y sólo la verdad sobre la
realización del mismo y del destino que desde un principio se le dio, fue la
determinación decidida y enérgica de doña Eusebia Armas Almeida, viuda del general de
la Guardia Civil, don Ignacio López de Ogayar, de destinar todos sus bienes para llevar a
cabo la fundación de una "obra benéfica" para atender, instruir y promocionar
a los niños pobres de esta ciudad de Guía y de toda la comarca. Enterado don Eduardo
Benítez Inglot, señor de gran reciedumbre canaria, de que el obispo doctor Pildain y
Zapiain me había nombrado cura de Guía, se apresuró a encontrarse conmigo para
felicitarme por ser nombrado responsable de una parroquia que era considerada de gran
categoría en los círculos sociales y clericales de la Diócesis, y también para
entregarme una tarjeta de presentación para la ilustre dama, de doña Eusebia, a quien le
unía gran amistad y que podría ayudarme mucho para el culpo e innovaciones que pudiera
llevar a cabo en la parroquia. Así las cosas, a los pocos días de tomar posesión le
envié la tarjeta a dicha señora, pidiéndole, al mismo tiempo, audiencia para saludarla.
Ella puso en juego todos los cánones de la cortesía y finura que le distinguían y la
entrevista se llevó a cabo.

Y siguieron una serie de visitas, en las que doña Eusebia me hizo
confidente de todos sus planes y proyectos benéficos en los que habría de invertir todos
sus bienes y haberes, puesto que no tenía herederos forzosos de ninguna clase.

Me contó que su difunta madre, doña Eusebia Almeida González, había
tenido mucho interés en fundar una guardería infantil -como las había visto en sus
viajes realizados por la Península y Europa- y que ella quería realizar el pensamiento
de su madre. Después de algunas consideraciones, pude disuadirla, convenciéndola de que
esas fundaciones eran más bien propias para las poblaciones de grandes centros
industriales, donde se hacían imprescindibles las guarderías para albergar a los hijos
pequeños mientras sus madres trabajaban en talleres u otras industrias, pero que en una
ciudad y comarca eminentemente agrícolas y relativamente de poca población, no era
necesaria tal institución.

Doña Eusebia lo comprendió y desistió de su inicial propósito.

Luego quiso construir un colegio para niñas pobres regentado por las
Hijas de la Caridad, a lo que objeté que habiendo sido fundado por doña Dolores de Sosa
Suarez un colegio por las Madres Dominicas para atender no sólo a las hijas de las
familias pudientes, sino también a las hijas de las familias modestas, y que desde hace
años estaba desarrollando una labor docente, no era conveniente ni procedente crear otro
centro en la misma línea de enseñanza, porque dada la poca población escolar femenina
no podía vivir los dos. En cambio, los varones, una vez terminado el periodo escolar,
quedaban a la deriva, desasistidos, sin un centro de postgrado que le marcase una ruta y
les señalizara una meta para abrirse paso en la vida.

Así lo comprendió la bondadosa señora y desistió de su proyecto.
Inmediatamente después, con verdadero entusiasmo, se entregó a la tarea de programar la
fundación de un centro docente de artes y oficios, donde la juventud habría de forjar un
porvenir halagüeño, prometedor en la escala de valores, lo que redundaría en beneficio
de todos. Y para regentar tal centro, nadie mejor -le manifesté- que la Congregación de
Padres Salesianos, que para esta tarea tan humanitaria la había fundado Don Bosco.

Doña Eusebia Armas, persona de preclara inteligencia, de recto y firme
criterio, se había percatado bien del gran alcance de mi modesta sugerencia y la aceptó
íntegramente, pero me manifestó que tal obra fundacional habría de realizarse después
de su fallecimiento. Para ello habría de crearse un Patronato -integrado por las personas
más significadas, por su honorabilidad y cargos, de esta ciudad y del Obispado- que
llevase a efecto sus mandas testamentarias; a lo que yo, respetuosamente, le repliqué
que, por amor a Dios y a los niños, no lo determinase así, porque la historia -en esta
línea- está llena de mandas testamentarias que no se cumplieron después de la muerte
del testador, porque la flaqueza humana, revestida de malicia y ambición, no lo
permitió. Que por amor a Dios realizase esa gran obra benéfica en vida y que la viese
funcionando antes de morir; lo que para ella sería una gran alegría y moriría con gran
gozo y paz, dejando su gran obra caritativa en plena actividad y haciendo realidad los
fines benéficos que ella se había propuesto. A esto accedió también con mucho agrado,
porque comprendió el alcance de mi observación y réplica.

Y para conseguirlo, se propuso encargar inmediatamente a un arquitecto
que, asesorándose con la Congregación Salesiana, proyectara los planos del edificio que,
ubicado en terrenos de su finca, junto a la carretera de La Atalaya, habría de
construirse para llevar a efecto en él sus propósitos benéficos para la juventud de
Guía y de la zona Noroeste.

La ilustre dama eligió para ello al arquitecto de
Las Palmas don Fermín Suarez Valido, quien tomó de inmediato las medidas del terreno.
Además, en uno de sus viajes a Barcelona, visitó el Colegio Salesiano de Sarriá para
informarse de la disposición y distribución de las aulas de acuerdo con los métodos
didácticos y fines que persigue la citada Congregación.

Tardó el arquitecto tres años en concluir los
planos, aunque, una vez entregados, las obras fueron adjudicadas a la empresa constructora
de don Miguel Fernández de la Torre, que en un tiempo breve construyó un hermoso y
elegante edificio, con gran complacencia y contento de doña Eusebia, que veía convertido
en realidad lo que poco antes era una bella ilusión.

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El cristo de la centenaria cruz del "calvario"

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

El Cristo de la centenaria Cruz del "Calvario"

En la pág. 158 de las memorias de don Bruno Quintana Quintana, dedica
especial atención a la historia profesional del escultor Cayetano
Guerra Aguiar, donde destaca todos los pasos desde que empezó
los estudios en el Colegio de las Dominicas hasta que, terminado el
Bachillerato, pasó por universidades de Madrid, Barcelona y Zaragoza,
donde estudió Ciencias Exactas, y, nuevamente en Gran Canaria, obtuvo la
licenciatura en Bellas Artes y empezó a dedicarse a la docencia. Dos
obras narra don Bruno en sus impresiones, rodeadas de curiosidad y
emotividad...

Una de las primeras obras escultóricas que don Cayetano Guerra
Aguiar
ejecutó fue un pequeño busto, de singular belleza, de su hijo
Cayetano, de 4 años, para ser colocado en la hornacina de la Virgen de
Guía, frente a su sagrada imagen y a la derecha de la misma. Y, en
efecto, allí está colocado, en la base de la jamba.

La segunda obra que ha realizado, que nosotros sepamos hasta el
momento, de mayor envergadura, ha sido un Cristo Crucificado, de regular
tamaño –1,50 metros-, de línea clásica y perfecta armonía, que
esculpió en el año 1.982 en caoba, que luego no policromó sino que
trató con una substancia especial y secreta, inspirada por su depurada
técnica, que le imprime una tonalidad uniforme de original belleza mucho
a los observadores, sobre todo a los entendidos en arte.

La Cruz en que fijó o "clavó" el Cristo es de tea muy
curtida por la acción del sol, humedad, viento, etc. Tiene más de un
siglo y estaba colocada en el "Calvario" o poyo existente en
Berbería, lugar cercano al Albercón de la Virgen, a la vera de la
carretera general primitiva donde antiguamente los vecinos de San Felipe,
El Hormiguero, Gallego y otros barrios de Guía colocaban los féretros de
los fallecidos en los mismos, mientras la comitiva fúnebre descansaba la
larga caminata. De la citada Cruz, por la acción de los elementos, se
desprendieron los brazos, y habiéndose percatado de tal deterioro el
vecino de Guía y propietario, don Guillermo Domínguez Padrón,
retiró el pie vertical y los brazos de la citada cruz, conservándola
con gran veneración en la casa solariega que poseía muy cerca, en
Barranco Hondo. Con gran diligencia, digna de encomio, adquirió una nueva
cruz de tea que colocó en el lugar, donde aún permanece, y luego
bendije.

Al enterarse este señor de que don Cayetano Guerra estaba esculpiendo
un Cristo Crucificado, le visitó y, entusiasmado por la obra de arte que
ejecutaba, generosamente l e ofreció la Cruz que conservaba en su casa,
pues comprobó que dado el tamaño de la imagen ésta encajaba
perfectamente en ella. Y dadas las huellas que los elementos habían
dejado grabadas en la misma, imprimía al conjunto un matiz de antigüedad
y de sobriedad. El escultor, muy complacido, aceptó tan valioso don.

Terminado el Cristo y reconstruida la Cruz, sigilosamente fueron
llevados por los señores don José Benítez Rodríguez y don Carmelo
García García
al templo parroquial, para en su momento oportuno y
colocados en su sitio, dar la sorpresa al público. La Cruz con el Cristo
fue subida a la Sala de Luján, ubicada en el Camarín, y en la testera de
la misma lo colocaron, enmarcado por dos piezas de morera, bellamente
talladas por el fino ebanista don Juan Serrano Moreno.

El día de julio de 1.982, terminada la misa de las siete y media de la
tarde, invité a todos los fieles a que asistiesen a la bendición del
Cristo Crucificado, obra maravillosa del escultor don Cayetano Guerra,
quien me lo regaló como cura de esta parroquia y que yo, con profunda
gratitud, lo dono a la parroquia que he regentado durante 39 años.
Bendije el Cristo, siendo los padrinos los tres hijos del escultor:
Cayetano, de 12 años; María de Guía, de 8, y Marta de 6. Asistió
también la esposa del artista, doña Aurora Artal Fernández,
aunque no lo hizo el escultor por cuestión temperamental o modestia...

Antes de bendecir el Cristo, dirigiéndome a los asistentes, leí el
siguiente escrito, que quedará como documento fehaciente para la historia
parroquial: "Yo Bruno Quintana Quintana, cura de Santa María de
Guía, he recibido del eximio escultor don Cayetano Guerra Aguiar,
licenciado en Bellas Artes y catedrático de Dibujo en el Instituto de
Guía, natural y vecino de esta ciudad, un Cristo Crucificado de 1,50
metros de tamaño, sin policromar, esculpido en caoba, como obsequio a mi
persona. Yo, profundamente agradecido, en plena conformidad con el
escultor, lo dono a la Parroquia para que sea colocado permanentemente en
el Camarín de la Virgen, enmarcado por dos grandes piezas de morera
tallada por el fino ebanista, muy apreciado, don Juan Serrano Moreno. Se
fijó el simbólico precio de cinco pesetas por esta valiosa entrega,
significativas de las cinco principales llagas de Jesucristo, manantiales
inagotables de gracia y vida para todos los humanos de buena
voluntad".

El escultor, actualmente está terminando una imagen de San Francisco
de Asís, casi de un metro, con un maravilloso y clásico tratado de
paños. Fue un encargo que le hizo, hace tiempo, el ingeniero de Montes
don Manuel Díaz Cruz. También esculpió un bello busto de su
padre, don Juan Guerra Galván, que regaló a su madre doña Reyes
Aguiar Guerra
. Posee una buena colección de figuras pequeñas, de
línea clásica, que realizaba como estudios escultóricos; p.e., un
discóbolo, una dolorosa, niños, etc.

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Una entrevista con monseñor salgarminaga

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

UNA ENTREVISTA CON MONSEÑOR
SALGARMINAGA

Las dudas de la benefactora y el consejo de monseñor BRUNO QUINTANA
QUINTANA

(Por la transcripción: B. de V.)

"Pese a haber sido construido el nuevo edificio
que albergaría el Colegio Salesianos, doña Eusebia Armas no había dispuesto todos sus
asuntos en orden a la redacción del testamento de todos sus bienes y a la constitución
del Patronato que había de regir esta Fundación Benéfica, con gran peligro de que, dada
su avanzada edad (más de setenta años), muriese intestable, pues siempre se mostraba
reacia a admitir las sugerencias encaminadas -con limpia intención- a que pusiese en
regla todas sus cosas para evitar la posibilidad de que sus bienes cayesen en otras manos,
frustrando así los beneficios sociales que, de llevarse a cabo la institución, de su
gran obra se derivarían. Su resistencia a testar provenía de la equivocada idea que se
había forjado en su mente de que, desde el momento que lo hiciera, ya no podría disponer
libremente de sus bienes y podría verse, algún día, en la triste situación de vivir de
la caridad de los demás, como -decía- le había sucedido a una señora de Las Palmas, al
dejar sus bienes cuantiosos a una obra benéfico-religiosa.

Pero, un buen día, encontrándose enferma con muchas molestias
corporales, llamó inmediatamente a su médico de cabecera, don Ramón Jiménez
Domínguez, quien, al observar su enfermedad, notó que era más bien psíquica que
fisiológica, y entonces -me contó ella- diagnosticó:

-Usted no tiene enfermedad alguna, sino una grave preocupación que la
está matando. Usted, doña Eusebia, ¿ha arreglado el asunto de sus bienes dejándolos
todos legalizados y con el destino que usted quiera darles?

-¡Oh!, no, don Ramón -contestó ella-.

A lo que el médico replicó:

-Pues si usted quiere ponerse buena, arregle lo antes posible el futuro
de todas sus riquezas y se pondrá buena.

Ese mismo día, casi inmediatamente a la entrevista con su médico, se
presentó doña Eusebia en la Casa Parroquial, muy preocupada, contándome todo lo que le
había dicho don Ramón y explicándome que deseaba, cuanto antes, hacer su testamento y
arreglar todos sus asuntos en orden a la fundación benéfica. Pero como había muerto su
abogado, don Rafael Cabrera, para ella no había otro letrado que le inspirase confianza.
Dándome cuenta de la gran trascendencia del momento, pues de él dependía el que se
llevase a cabo la obra benéfica proyectada o que todo a su muerte pasase al Tesoro
Público del Estado por no tener herederos forzosos y morir intestada, rápidamente le
propuse: -¿Quiere usted ir esta tarde mismo a Las Palmas para que un abogado la oriente y
empiece a poner todo en regla?

Aunque haya muerto don Rafael Cabrera, hay en Las Palmas muy buenos,
sabios y honrados abogados, que saben interpretar y plasmar dentro de los cánones de un
testamento sus intenciones y proyectos.

Entre ellos tiene usted a don Antonio Limiñana López, muy católico,
inteligente y competente en asuntos eclesiásticos concordados, y que es, además, el
abogado del Obispado.

-Pues sí -contestó doña Eusebia-. Vamos esta tarde mismo al despacho
de ese abogado, para de una vez salir de este estado de ánimo en que me hallo y vivir
tranquila.

Pero antes tengo que hacer constar el propósito firme, inquebrantable,
que alimentaba en su mente la señora, de no entregar sus bienes, ni para fines
benéficos, a ninguna Congregación religiosa, por el pánico que sentía de verse
desatendida como, decía, le había sucedido a una señora de Las Palmas. Aunque yo le
decía que sólo era fantasía popular, alegatos de la gente y que nada de eso era cierto,
no le convencí y se mantuvo firme en su decisión. También abrigaba el temor de que la
Congregación religiosa a la que ella pudiera dejarle todos sus bienes para desarrollar en
esta parroquia y las vecinas su obra benéfica en favor de la juventud económicamente
humilde, enajenase los mismos para invertir en otras poblaciones, dejando a toda esta
comarca privada de tan grandes beneficios.

Por aquellos días había venido a Canarias Sor María del Camino,
general de la Congregación religiosa Misioneras Parroquiales, reciente fundación llevada
a cabo por el padre Rufino Aldabalde en San Sebastián, la cual, uniéndole gran amistad
con doña Eusebia -por haber compartido el inmenso dolor de perder a sus maridos
simultáneamente, fusilados por los enemigos de España en 1936 en dicha ciudad vasca-,
quiso pasarse ocho días en su compañía, coyuntura que aprovechó doña Eusebia para
cambiar impresiones y consultarle cómo había de llevar a cabo la fundación y a nombre
de quien habría de dejar todos sus bienes para su sostenimiento.

La citada general, después de retirarse a su habitación para invocar
al Espíritu Santo, contestó:

-Yo creo que tú debes hablar con monseñor Salgarminaga, que de
regreso de Buenos Aires pasará por Gando en esta semana. Nosotras tenemos que hablar con
él y ... siendo muy versado en asuntos de fundaciones benéficas, él te puede orientar e
informar con gran precisión.

El día señalado fueron al aeropuerto y doña Eusebia tuvo una
entrevista muy cordial con monseñor. Le contó todos sus proyectos y Salgarminaga
contestó:

-Usted, señora, deje todos sus bienes en nuda propiedad al Obispado de
Canarias con la inherente obligación de llevar a cabo los fines benéficos que usted se
propone con la fundación que tiene proyectada, porque el Obispado es la única entidad
que permanece estable en medio de los vaivenes de las tempestades sociales o políticas, y
en las revoluciones de este estilo en las que suelen usurpar los bienes de la Iglesia.
Cuando las cosas vuelven a la normalidad, el Obispado reclama sus bienes usurpados y, por
lo general, se los devuelven, pudiendo seguir cumpliendo los fines benéficos para los que
fueron legados, cosa que no suele ocurrir con las comunidades religiosas...".

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La patrona de la ciudad, alcaldesa mayor perpetua

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

La Patrona de la ciudad, alcaldesa mayor perpetua

En el transcurso de estos últimos cuarenta años, los elocuentes
panegiristas de las glorias de la Santísima Virgen de Guía, en sus
fiestas patronales del quince de agosto, hacían hincapié en un hecho
trascendental que recogió Marín y Cubas en uno de los capítulos
de su libro sobre la historia de Canarias, revelando que la primera misa
celebrada en La Isleta por el Deán Bermúdez, acompañando a Juan
Rejón
y demás expedicionarios que venían a conquistar la isla, fue
en honor a Nuestra Señora de Guía. Dijo el historiador en el libro
citado: ".....Llegaron a la Gran Canaria, a dar fondo, de madrugada a
el salir la luna, con silencio, al puerto de Las Isletas, el día 24 de
junio de el señor San Juan Bautista", "...Dixo el Deán la
Primª misa de la luz a nuestra Sª de Guía en la playa de la Ysleta,
después de dixeron otras".

Entre los elocuentes oradores a los que me refería al principio, uno
fue don José Rodríguez Rodríguez, vicario, coadjutor que
fue de esta parroquia desde el año 1.938 a 1.943, y a quien tanto le debe
Guía por el enorme impulso que imprimió a la cultura en todas las clases
sociales de esta comarca, erigiendo, con gran esfuerzo y entusiasmo -en
colaboración con el licenciado farmacéutico don Juan Izquier Monagas
y don Vicente Barea Mota, teniente del ejército- el colegio de
Segunda Enseñanza "Santa María", de cuyas aulas salió una
pléyade de jóvenes que emprendieron, con grandes conocimientos básicos,
sus carreras académicas y universitarias, y que hoy, ocupando elevados
puestos en la sociedad, son honra de su ciudad.

Pero volviendo a los oradores, el 15 de agosto de 1.976, fue el
reverendo don Nicolás Godoy Herrera el que, en su documentadísimo
y elocuente panegírico, glosó esta gloriosa efeméride de la primera
misa del Deán Bermúdez.

Todos aceptábamos muy complacidos y satisfechos estos datos
históricos que nos exponían –sin darles mayor trascendencia en el
devenir de los días de esta Parroquia y Ciudad, que fueron
"bautizados" con el glorioso nombre de Santa María de Guía-,
hasta que llegaron a cumplirse los quinientos años de la fundación de
Las Palmas de Gran Canaria, efectuada, precisamente, por Juan Rejón al
fondear y desembarcar en La Isleta, estableciendo al dirigirse hacia el
sur su Real de Las Palmas, en la margen derecha del riachuelo Guiniguada,
concretamente el 24 de junio de 1.478.

Al ser aireada y celebrada esta gloriosa efeméride por el Ayuntamiento
de la capital de la provincia, hice caer en la cuenta a las autoridades de
Guía que también se cumplía medio milenio de la celebración de la
primera misa en honor de Nuestra Señora de Guía. Por tal motivo, el
Ayuntamiento de esta ciudad, a cuyo frente estaba el alcalde José
Carlos González Ruiz
, se percató de la importancia de esta fecha
histórica y, en sesión celebrada el día 27 de julio de 1.978, acordó
por unanimidad lo siguiente, según copia de dicho acuerdo que solicité y
que transcribo literalmente en esta crónica para perpetua memoria:

"Don Francisco Bethencourt Toribio, secretario del
Ayuntamiento de Santa María de Guía de Gran Canaria, certifica: Que el
pleno de este Ayuntamiento, en sesión celebrada el día 27 de julio del
presente año, acordó por unanimidad: Asuntos de la presidencia. Moción
del señor alcalde sobre nombramiento de la Virgen de Guía como Alcaldesa
Mayor Perpetua. Se dio lectura a la moción sobre la posibilidad de
acordar el nombramiento de la Santísima Virgen Santa María de Guía como
Alcaldesa Mayor Perpetua de la ciudad, dado que en este año se cumplen
los quinientos años de la fundación de la ciudad de Las Palmas de Gran
Canaria y dado que también, hace quinientos años, según fuentes
históricas, se celebró la primera misa en La Isleta ante una imagen de
Santa María de Guía. Por unanimidad se acordó aceptar la moción y
nombrar Alcaldesa Mayor Perpetua de la Ciudad a la Santísima Virgen de
Guía, facultándose al alcalde para organizar los actos y para que se le
haga el nombramiento el próximo día 15 de agosto, día de la
Patrona".

Bien informado, pues, de este acuerdo municipal tan grato y de tanta
trascendencia histórica para esta Parroquia, me puse en comunicación
casi de inmediato con el señor alcalde para tratar de este interesante
asunto y programar los actos y los pormenores que habían de efectuarse
para, de una manera solemne y pública, declarar oficialmente Alcaldesa
Mayor Perpetua a nuestra Patrona, y al mismo tiempo hacerle entrega del
bastón de mando, símbolo de esta alta dignidad y cargo. Después de un
amplio cambio de impresiones, acordamos llevar a cabo el acto en las
fiestas patronales. El día quince de agosto de 1.978, a las doce horas,
con asistencia en pleno de la Corporación Municipal, y con la grata
presencia del alcalde de Santa Lucía de Tirajana, don Manuel Sánchez
Araña
; el alcalde de Gáldar, don Antonio Cambres Jiménez; el
alcalde de Agaete, don José Antonio García Álamo; y el alcalde
de San Nicolás de Tolentino, don Celestino Suárez Espino, dio
comienzo la solemnísima función religiosa concelebrada, presidida por el
párroco que esto escribe y los presbíteros don Andrés de la Nuez
Rodríguez
, párroco de Ingenio; don Francisco Rodríguez y Rodríguez,
párroco de Guanarteme; don José Rodríguez y Rodríguez, delegado
diocesano de Cáritas; don Teodoro Rodríguez y Rodríguez,
párroco de San Juan Bautista de Telde; don Agustín Chil Estévez,
párroco de Gáldar; don Santiago Godoy Herrera, párroco de
San Isidro de Gáldar; don Higinio Guerra Arencibia, párroco de La
Atalaya de Guía; don Manuel Déniz Déniz, párroco de Agaete; don
Leonilo Molina Ruiz, párroco de San Nicolás de Tolentino;
don Pedro Monzón Suárez, párroco de la Montaña de Gáldar; don Santiago
Suárez León
, párroco de Montaña Alta de Guía; don Fernando
Quintana Quintana
, capellán del Hospital de San Roque (Guía) y
hermano de este cronista; don Rafael Izquier Hernández,
vicario-coadjutor de esta parroquia; don Manuel Reyes Brito,
formador del Seminario Menor; Don Nicolás Godoy Herrera, párroco
de San Antonio y San Lorenzo de Las Palmas; don Jorge Cabrera,
coadjutor de San Agustín de Las Palmas; y don Antonio Hernández
Rivero
, beneficiado y notario eclesiástico. Fue precisamente este
último quien tuvo a su cargo el panegírico, glosando la efeméride. Y,
en el Ofertorio, el alcalde, don José Carlos González Ruiz,
hizo la ofrenda solemne del nombramiento de la Virgen como Alcaldesa.

Desde entonces, la Virgen ha salido a las calles de la ciudad con su
bastón de mando, de rica madera y mango de oro, que fue donado por don Luis
Fernando Estévez Guerra
, y sus hermanas, que lo poseían sus padres,
ya difuntos, por su herencia de su pariente don Francisco Martín Bento
–procurador de tribunales y pariente del Poeta Bento-, que lo
donó al abuelo paterno del señor Estévez Guerra, don Salustiano
Estévez Martín
, médico que fue por muchos años de este municipio.
Este valioso bastón está expuesto en la vitrina de prendas de la Virgen,
en el Camarín, y solo se coloca en el trono en las fiestas patronales del
quince de agosto. La Patrona, junto a su imagen, permanentemente tiene
colocado otro bastón de buena madera y mango de plata, que donaron don José
Molina Martín
y su esposa doña Francisca González Reina.

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El testamento de doña eusebia y la llegada de los salesianos

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

EL TESTAMENTO DE DOÑA EUSEBIA Y LA LLEGADA DE
LOS SALESIANOS

BRUNO QUINTANA QUINTANA

(Por la transcripción: B. de V.)

"Dejada, pues, constancia del sentir y de la determinación de
doña Eusebia Armas acerca de la entidad jurídica a quien había de dejar sus bienes para
su benéfica fundación, continúo manifestando que aquella misma tarde del día en que su
médico le dijo que arreglase todos sus asuntos para que adquiriera salud, marchamos a Las
Palmas, a las quince horas, acompañados de don Juan Castellano Suarez, señor muy
entendido en estos menesteres de fincas y aguas -quien fue más tarde administrador de sus
bienes, nombrado por ella misma-, para acudir al despacho de don Antonio Limiñana López;
acompañándonos también el Doctoral de la Catedral de Canarias, don Tomás Ventura, gran
perito en Derecho Canónico y Civil. Fuimos recibidos por el letrado y, previos los
saludos y presentaciones de rigor, doña Eusebia empieza a exponer sus presentimientos
acerca del testamento que deseaba redactar, deseando que fuese el exponente de sus
auténticos deseos y de sus proyectos para el futuro.

El señor abogado le sacó de sus oscuros presentimientos,
manifestándole:

-Usted, señora, es y será siempre, mientras viva, dueña absoluta de
todos sus bienes. Y por la misma razón, puede hacer y deshacer, vender o comprar,
regalar, revocar o anular todo lo que usted quiera y en todo momento, a pesar del
testamento que usted otorgue en cualquier tiempo. Esta manifestación llenó de tanta paz
y satisfacción a la señora, que inmediatamente dispuso, ante todos los presentes, que
Limiñana se encargara de recoger sus deseos y redactase el testamento. Esta fue la razón
por la que doña Eusebia permaneció en Las Palmas por espacio de quince días, durante
los cuales se fue redactando el testamento tal cual ella lo deseaba.

Cuando todo estuvo expresado a plena satisfacción suya, se redactó
definitivamente y se llevaron a cabo todos los trámites legales ante notario, para darle
validez.

De esta forma, doña Eusebia Armas, que se hallaba en pleno y normal
uso de sus facultades mentales -como todos comprobamos- y con lúcida expresión de juicio
por medio de su fácil palabra, otorgó libremente un testamento que había de ser roca
inamovible de la Fundación Benéfica, que era su más cariciada ilusión.

Una de las cláusulas que más le satisfizo fue donde se determinaba
que para llevar a cabo la labor benéfica, se prefería a la Congregación Salesiana, por
ser constitucionalmente fundada para promocionar en artes y oficios a la juventud modesta.
Y si esta Congregación no aceptaba llevar a efecto esta labor, se invitase a otra, y así
hasta agotarlas todas. Y si, al final, ninguna aceptaba, el Obispo de Canarias podía
valerse de sacerdotes diocesanos para realizar esta obra.

Es más, si estos escaseaban, podría efectuarla por medio de peritos o
maestros seglares. La redacción de este testamento fue del agrado de todos, mereciendo
incluso la felicitación del Provincial de los Salesianos y del Obispo Pildain y Zapiain,
por la gran visión con que fue concebido.

Así las cosas, los Padres Salesianos aceptaron fundar o hacerse cargo
de esta obra mediante un contrato que suscribieron las dos partes, coincidiendo además
con la fundación de Teror por la misma Congregación, pues así lo exigió el obispo.

Vinieron los Salesianos a Guía el 24 de julio de 1955, domingo, siendo
recibidos con gran regocijo por el pueblo en masa ante el templo parroquial de Santa
María de Guía, a las diez de la mañana, estando también presentes las autoridades
municipales y judiciales. Entraron al templo entre repiques de campanas y a los acordes de
la trompetería del órgano, que interpretaba marchas triunfales. Con el amplio templo
abarrotado de fieles, a las once de la mañana empezó una solemnísima función, haciendo
de preste el que luego habría de ser primer director del colegio, el reverendo don
Guillermo Navarro, natural de Tejeda. Asistió también al acto el reverendo padre
Doblado, Provincial de dicha Congregación.

Terminada la función, desde la Iglesia salió en procesión la imagen
de San Juan Bosco, acompañada de la de María Auxiliadora, seguidos ambos tronos de las
autoridades y una gran multitud de fieles, que se dirigieron al grandioso edificio de tres
plantas erigido en la finca de la fundadora.

Al llegar al patio de la entrada principal del Colegio, dirigí a todos
los presentes una cución, diciendo, entre otras cosas: "El áureo libro de la
historia cultural de esta muy noble e hidalga ciudad de Guía, se abre hoy de nuevo para
escribir, con trazos firmes y rutilantes, una de sus páginas más bellas, más hermosas
que quedarán grabadas con caracteres indelebles en la generación actual con proyección
beneficiosa en las futuras, dejando una estela luminosa de sabor, de cultura, de progreso
que, a pesar de los avatares de la vida, de los tiempos, mantendrán a la ciudad en la
avanzada de los pueblos cultos".

Felicité al pueblo, día la bienvenida a los padres Salesianos y
agradecía la entrega de la benefactora. Y allí, en el nuevo colegio, quedó alojada una
pequeña comunidad salesiana, encargada de realizar entre la juventud de esta ciudad y de
la comarca la obra benéfica que se pretendía con la Fundación".

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Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 27/09/2003.


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