Lecciones de vida (2006)

Mp


MÚSICA DE PAPAGÜEVOS

LECCIONES DE VIDA



Santiago Gil



Guía no es un lugar en el que el
mar juegue un papel fundamental en la vida diaria de sus habitantes.
Sabíamos que estaba ahí, que según levantáramos la cabeza siempre
encontraríamos el azul del océano cerrando todos los horizontes. Yo el mar
lo conocí en Agaete. Era otra relación con el agua y la brisa marina,
había más cercanía y no se concebía la vida lejos de la costa. En Guía
éramos más de campo, de andar por los barrancos y las calles de adoquines,
más de procesiones, papagüevos y tardes enteras en la plaza conversando e
inventando nuevos mundos sin salir de este mundo, de aquellos mundos.
Estaban Roque Prieto o San Felipe, pero quedaban lejos, y además siempre
había reminiscencias de ahogados y corrientes peligrosas. Nuestro mar era
un mar de leyendas, un Mar del Norte entre acantilados casi británicos y
oleajes que sólo desafiaban los más osados y conspicuos nadadores.

Lo más que se asemejaba al mar en
mi infancia guiense era la arena fría de los terreros de lucha. Cuando yo
era pequeño el terrero estaba en San Roque, justo al lado del Polvorín.
Allí también estaba la herrería de Juan Del Toro. Me acuerdo de estar
mañanas enteras concentrado en los hierros candentes y en la fragua, en
aquella especie de infierno de andar por casa que estaba justo al lado de
lo que se suponía que eran los vestuarios del terrero de lucha.

De niño practiqué la lucha canaria
como un juego. Lo que todos queríamos entonces era caer en la arena para
revolcarnos. Los luchadores se empeñaban en enseñarnos pardeleras y
burras, pero lo que nosotros queríamos era tirarnos en la arena. Si nos
hubieran dejado también hubiéramos construido castillos y volcanes como
los que hacíamos en la playa de Sardina o en la de Agaete, cuando ésta
todavía tenía una parte de arena negra justo debajo de la avenida.

A las luchas siempre entrábamos
gratis. Recuerdo que había una especie de bombillo en el centro del
terrero de San Roque que ahora en la distancia vuelven casi épicos y algo
caribeños mis recuerdos. Conocíamos a todos los luchadores del Ramón
Jiménez, pero si me preguntan no sería capaz de dar el nombre de uno solo
de ellos. Con los años, a partir de los diez o doce, sí recuerdo que el
equipo guiense, unido al Guanarteme, se quedó campeón de Canarias con
puntales como el Pollo de Moya, Santiago Ojeda, Elías el Palmero o el
Pollo de la Plaza. Pero eso ya fue cuando el terrero ya era más
sofisticado y contaba con todas las comodidades en el barranco.

No sé si fue antes o después de
San Roque cuando las luchas se celebraron en lo que es hoy el Teatro
Municipal, justo al lado de la Casa de la Cultura en el calle de la
Cárcel. Allí recuerdo a Tomasín vestido con ropa de brega animando los
prolegómenos de la luchada, y también me acuerdo que venía un luchador que
era de Veneguera que le había salvado la vida a Tomasín cuando éste se
quedó aislado por la marea a principios de los sesenta. Mi madre daba
clases en Veneguera en aquella época y mi abuela y Tomasín le acompañaron
a pasar el año que debía estar casi aislada del resto de la isla. Por lo
visto Tomás se fue a caminar por la costa con la marea baja y se metió en
una cueva de la sólo pudo salir gracias a la ayuda de unos avezados
pescadores. Uno de ellos, como digo, era uno de esos luchadores que luego
siempre que venía por Guía pasaba a saludarnos por mi casa o por casa de
mi abuela.

Las luchas tenían el mismo encanto
que tenía todo el pueblo entonces. Y no es que uno idealice los recuerdos.
No en vano en la infancia es donde está más presente la violencia y el
abuso de los más fuertes y los más galletones, y en Guía, claro está,
había muchos abusadores y muchos cabrones siempre dispuestos a imponer su
ley a fuerza de piñas, patadas o amenazas. Uno trataba de salvarse como
podía, y por suerte, como luego en la vida adulta, los que vamos de buena
gente somos mayoría y de alguna manera terminamos ganando, o por lo menos
buscamos caminos para que nos respeten esos malvados que en la mayoría de
los casos no han hecho que ir cogiendo cuerpo con el paso de los años. Lo
bueno de la Lucha Canaria es que con un par de técnicas bien ejecutadas
podías dejar en la arena a aquellos fortachones que eran todo músculo. La
lucha, además de fuerza, requiere maña y sobre todo inteligencia y afán de
superación, y muchos de aquellos abusadores no tenían más que fuerza
bruta.

Creo que a la Lucha Canaria la
mataron cuando cambiaron la arena de toda la vida por las colchonetas y el
tatami. El olor de la arena, tanto para el público como para el luchador,
tiene unas connotaciones atávicas que nos unen a nuestros antepasados. Lo
otro es más de lo mismo, sofisticación, horas de gimnasio y encima
últimamente hasta consumo de anabolizantes y otras sustancias no menos
dañinas y tramposas.

Los luchadores de entonces eran
como héroes griegos para los niños que contemplábamos atónitos cómo
peleaban en la arena. Muchos de ellos venían directamente de trabajar las
tierras o de poner ladrillos. No había figurines ni chulos ansiosos de
gloria. Algunos luchaban porque ya lo habían hecho antes sus padres y sus
abuelos. Había mucho de tradición y de orgullo en la práctica de este
deporte, y eso precisamente es lo que lo mantenía tan vivo y tan arraigado
entre la gente. Recuerdo llenazos hasta la bandera en San Roque, en el
Teatro Viejo y en el terrero del barranco. Se vivía con auténtica pasión
cada agarrada y los aficionados pagaban sobre la marcha al ganador, sin
trampa ni cartón, duro a duro, aplauso a aplauso. Y esos duros y esos
aplausos los compartía todo el equipo sin privilegios.

Yo, como tantos otros de mi
generación que nos acercamos a este deporte de forma amateur, aprendimos
mucho de la Lucha Canaria, de su nobleza, de su respeto a unas reglas no
necesariamente escritas y sobre todo del respeto al contrario, al que
pierde y queda en el suelo. Esa enseñanza ha sido vital en mi vida: al
contrario que en otros deportes, en la Lucha Canaria el que gana ayuda al
que pierde a levantarse del suelo, y luego el que pierde le da la mano
reconociendo más que la victoria, que en este caso es lo de menos, la
caballerosidad del triunfador. Te enseñan que tan importante es el que
gana como el que pierde, porque todo es una cuestión de azares y de
suertes, y al día siguiente los papeles pueden estar cambiados. Aprendes
que tus logros y tus retos jamás pueden conllevar el hundimiento o la
humillación de otra persona. A veces aprendes con cuatro o cinco fogonazos
en la infancia lo que tardan años en enseñarte los libros o la propia
vida. La del ganador levantando del suelo al derrotado es una imagen que
jamás se me va de la cabeza. Si olvidas esa regla de oro corres el riesgo
de convertirte en un canalla.



Septiembre de 2006.

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 17/01/2021.


Corazones de Tiza (2006)

Mp


MÚSICA DE PAPAGÜEVOS

CORAZONES DE TIZA



Santiago Gil









Los niños de los setenta veíamos escrito nuestro amor
por las paredes y las calles del pueblo. Generalmente lo escribían los
amigos cuando robaban cuatro tizas desgastadas en el colegio. Dibujaban un
corazón y dentro colocaban tu nombre con la novia que ellos creían que te
convenía en ese momento. Nos cuidábamos mucho de desvelar nuestros
enamoramientos. Desde que nombrabas a la deseada ya estaba en boca de todo
el mundo y lo más probable es que en un par de días estuviera escrito por
todas las calles. A veces éramos nosotros mismos, bien escondidos de los
demás y cambiando la letra, los que escribíamos los nombres que nos
interesaban. Era una forma curiosa de declararte o de dejar caer una
noticia a ver qué tal la acogía la susodicha. De todas aquellas parejas
que fueron escribiendo sus comienzos con tizas blancas no creo que se
concretara casi ninguna. Echando la vista atrás creo que sólo una se
mantiene tal y como la trazábamos entonces. Las demás no solían durar más
de dos o tres semanas, y generalmente se quedaban sólo en un rumor, en un
cruce de cómplices miradas o en un par de paseos nerviosos por los
alrededores de la plaza. A veces se podía llegar a la confidencia, pero
poco más. No se escribieron nuestros primeros besos en esos amores que se
trazaban con tiza. Fueron tan efímeros como el propio material que se
utilizaba para los escritos. Se borraban con un par de gotas de lluvia o
con los baldes de agua que tiraban a la calle una vez terminaban de
limpiar las casas. Uno no recuerda hoy ni siquiera los nombres. Sí
mantenemos algunas caras, tal vez un par de gestos, o el recuerdo de los
recaditos en papeles anónimos. Hoy no sabría reconocerlas si me las
tropezara por la calle.

La tiza tenía ese encanto del amor, pero también servía
para el insulto o la burla cuando trazaban cualquier barbaridad por las
calles. Lo rayábamos todo, pero nuestros grafitis eran inocuos y no
perduraban ni dañaban las piedras históricas del pueblo. No tenía nada que
ver ese uso de las tizas con el que les dábamos en el colegio cuando nos
mandaban a la pizarra a resolver cualquiera de aquellos problemas
matemáticos que tanto nos descorazonaban. La pizarra era una especie de
escenario del que nos viene a la mayoría el miedo escénico. Resultaba
terrorífico estar delante de toda la clase con una tiza en la mano y sin
saber cómo diablos se resolvían aquellos condenados polinomios de las
narices. Uno lo único que deseaba en esos momentos era que se lo tragara
la tierra.

Luego estaban las tizas que equivalían a armas
arrojadizas y que volaban de un lado para otro cuando no estaba el
maestro, o si éste era despistado o estaba todo el santo día pensando en
los celajes. Un machangazo de tiza lanzado con fuerza y puntería te podía
dejar la cara como los palillos que ponían para que disparáramos con las
escopetas de balines en las casetas de las fiestas. Abrir un paquete nuevo
de tizas era como descubrir una mina. Te sentías medio explorador teniendo
entre los dedos todos aquellos tesoros sin desgastar. Hablo de las tizas
blancas de aristas marcadas. Las de colores, en cambio, eran menos
atractivas, y encima te dejaban la ropa toda manchada a poco que te
despistaras. Las blancas se quitaban con una buena sacudida en la ropa o
metiendo las manos debajo del chorro unos segundos. Pero ya digo que esos
trozos de tizas que iban quedando en la parte baja de la pizarra, o del
encerado, que es como llamaban a la pizarra las profesoras más cursis,
eran las que servían luego para escribir la actualidad amorosa del pueblo
por todas las calles. Pocas veces se escribían con tinta los nombres y las
cuitas que queríamos hacer saber a todo el mundo. De alguna forma teníamos
claro que la tiza era efímera, tan efímera y tan pasajera como la propia
esencia de los amores que contaba. Un mes de enamoramiento entonces podía
equivaler a un par de años de ahora. La tiza era como una especie de
ceniza blanca que iba desapareciendo tan rauda como nuestras proteicas
pasiones. No quedaba nada de ambas. Los escritos se borraban como los
propios amores improvisados. Ni siquiera recordamos los nombres con los
que un día compartimos corazones blancos en las aceras o en los muros de
las casas y de las fincas.

Diciembre de 2006.


Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 22/06/2008.


Pequeña historia de los papagüevos de Guía

DOCUMENTOS DE INTERÉS PARA 

GUÍA DE GRAN CANARIA

PEQUEÑA HISTORIA DE LOS PAPAGÜEVOS

DE GUÍA DE GRAN CANARIA

 

Por ALEJANDRO C. MORENO Y MARRERO.

Estudiante de Derecho, U.L.P.G.C.

Santa María de Guía, a 14 de Septiembre de 2004.

   

     Hablar de los papagüevos de nuestra ciudad es, para muchos, hablar de los mejores papagüevos que actualmente se bailan en toda la isla; sin embargo, otros se inclinan por una segunda opción que señala como tales a los papagüevos de la villa de Agaete, realizados por el prestigioso escultor D. José de Armas.

     Entre los estudiosos de la materia han sido frecuentes las controversias y disputas por demostrar la mayor antigüedad, belleza, originalidad ... de los papagüevos de sus respectivas tierras natales. No es el objeto de este modesto estudio el entrar en semejante discusión, sencillamente, considero que se trata de un fenómeno festivo común a toda Europa, con peculiaridades regionales e influencias mutuas muy difíciles de determinar.

     Como escribiera el periodista y escritor Alfonso O´shanahan, los papagüevos (léase también papahuevos) son los gigantes y cabezudos en la Península (figuras de cartón piedra para la diversión de las fiestas). Los Catedráticos en Filología Española y Románica, respectivamente, Cristóbal Corrales Zumbado y Dolores Corbella, también emplean este vocablo (léase también papagüebo) para hacer referencia a los gigantes y cabezudos; definiéndolos como, figuras que representan a gigantes y enanos de gran cabeza para anunciar y animar las fiestas. El también Catedrático en Filología Española, Marcial Morera, considera que la expresión típicamente canaria "papagüevo" (léase también papahuevo) proviene de "papar" (comer) y "huevo"; cuyo significado, por aplicación metafórica, sería el de "persona simple y crédula o demasiado fácil de engañar". Finalmente, el folklorista e investigador Orlando García Ramos, nos aporta que la voz papahuevos, por palatalización ha de pronunciarse "papagüevos".

     El origen de los gigantes y cabezudos es bastante impreciso; no obstante, todos los testimonios de tradición cristiana occidental coinciden en vincular sus primeras apariciones con los aspectos escenográficos requeridos por las más importantes festividades desde la Edad Media.

     La noticia más antigua hasta hoy conocida muestra la incorporación de gigantes y monstruos simbolizando la idolatría en la procesión del Espíritu Santo en la villa de Allenger (norte de Lisboa) en el año 1263. Se conoce también que en el año 1380 la procesión del Corpus de Barcelona contaba con varios gigantes que representaban a personajes bíblicos. De la misma forma hay datos de que en 1398 un gigante flamenco, concretamente un San Cristóbal, recorrió procesionalmente las calles de Amberes (Bélgica). En cualquier caso, debe rechazarse la idea tradicional que indica que los gigantes y cabezudos de la Península Ibérica, desde donde, como luego veremos, provienen directa o indirectamente nuestros papagüevos, hayan sido traídos desde Italia, con Alfonso V el Magnánimo o desde Flandes, en tiempo de Carlos I.

     La primera referencia que tenemos acerca de la presencia de papagüevos en Canarias al encontramos en el Diario de Anchieta y Alarcón de 1749: "Sucedió un caso gracioso y es que en la pared de la Yglesia de los Remedios que mira a la calle de La Carrera del lado de arriba de la puerta estaba un monifato como el papagüebo yacía como mitra porque decía el D. Vicente que allí como papagüebo tenían al Obispo".

     Esta expresión también aparece recogida en la obra de otros muchos escritores canarios célebres donde, de alguna manera, se certifica la omnipresencia en las Islas de estas simpáticas figuras de carácter festivo:

Viera y Clavijo, "La Idea del Nuevo Congreso" (1766): "Ved aquí que una nueva serie de gacetas va a salir, como una tropa de papahuevos a la plaza". Álvarez Rixo, "Anales del Puerto de la Cruz" (1828): "Por este tiempo todavía se acostumbraba a sacar en la procesión del Corpus, la Tarasca, acompañada de otros figurones denominados papahuevos, los cuales iban delante de la comitiva haciendo mojigangas". Rodríguez Moure, "El ovillo" (1923): "Pero a la chiquillería vocinglera atráiganla los gigantones mascarones de la Tarasca, la Vicha y los Papahuevos, que situados desde por la mañana frente a los graneros del Cabildo junto a la Ermita de San Miguel, donde se guardaban estos armatostes durante el año, esperaban a la Danza de Machachines para precederla". Machado, "La Fantasma del Valle" (1928): "Fijaba Belitre sus ojos en el franjeado horizonte, allá donde el mar y el cielo se ligaban con múltiples bandas rojizas y anaranjadas, y quedabas hecho un papahuevos sin oír a Eugenia". Néstor Álamo, "Tradiciones" (1952): "Una vez compuesto llevaron al papahuevo al pié del árbol del designio, donde lo dejaron casi en posición incitante". Pancho Guerra, "Memorias de Pepe Monagas" (1958): "En Cabildo que se celebró ese mismo día se acordó que se suspendiesen las danzas de muchachas, gigantes y papahuevos y demás con que se celebrase el día del Corpus". Sebastián Sosa Álamo, "Guirres" (1979): "Agaete fue siempre un pueblo republicano. Sus papagüevos siempre bailaron el amadelón".

      La tradición historiográfica moderna mantiene que las primeras comparsas, como se les denomina en la Península, de gigantes y cabezudos aparecen claramente estructuradas allá por 1588; pues, hay constancia de la existencia de un grupo de cuatro gigantes en Toledo que representaban a las cuatro partes del mundo, en señal de la adoración universal de la Sagrada Eucaristía. Así mismo, consideramos que esta formación festiva ha sido imitada con idéntico significado en Barcelona, Valencia, Pamplona y Zaragoza, entre otros lugares. Dicho lo cual, parece claro cómo y con qué finalidad llegan a las Islas las comparsas de gigantes y cabezudos, o como aquí les llamamos, papagüevos.

  Sabido es, que desde tiempos inmemoriales la ciudad de Guía de Gran Canaria ha contado con una afamada y reconocida comparsa o grupo de papagüevos; no obstante, debemos especificar que en esta ocasión, nos detendremos, mayoritariamente, en el estudio de los papagüevos que se bailaron por primera vez en las Fiestas de

   la Virgen de Guía del año 1950, que son aquéllos que, salvo la desaparición en extrañas circunstancias de alguno de ellos, continúan desfilando cada año por las calles de nuestra ciudad en las citadas Fiestas de la Virgen, así como en la Fiesta de las Marías.

     Según palabras de D. Pedro González Sosa, cronista oficial de Guía de Gran Canaria: "sólo le basta cerrar los ojos para ver los cuatro papagüevos que aquí se bailaban antes de la llegada de los estrenados en Agosto de 1950". Pocos más son los datos que se tiene acerca de aquellos viejos o primitivos papagüevos que, seguramente, como ha ocurrido a lo largo de la historia en otras muchas poblaciones de nuestro país, debieron ser sustituidos como consecuencia su mal estado. Dicho esto, nos parece interesante comentar que hemos encontrado un documento gráfico, cedido por Paco Rivero, que data del año 1926, concretamente, de la Fiesta de las Marías del mencionado año, donde, nunca mejor dicho, quedó retratado entre las gentes uno aquellos viejos papagüevos de los que hablaba nuestro cronista. Para tratar de ubicarles algo más, simplemente decir que, la fotografía fue tomada desde la Plaza Grande hacía la fachada principal de la Iglesia de Guía; y que en ella se puede observar a la Virgen de Guía asomada a la puerta de su parroquia y a las gentes de la época bailando La Rama (festividad votiva que, según el Dr. Déniz Grek, tiene su origen allá por 1811), entre quienes, como antes indicábamos, se encuentra situado el papagüevo. La figura del papaguëvo no se puede apreciar claramente; sin embargo, después de una minuciosa investigación, me atrevería a afirmar que se trata de un Rey Moro; pues, allá por esta época, los reyes (moros y cristianos) eran los personajes que, casi de manera exclusiva, se bailaban en la mayoría de los pueblos de España. Referente a los viejos papagüevos, sólo nos que decir que, el historiador D. José Fernando Moreno Molina, nos comentaba que, según la tradición oral, desde antaño cada Mayordomo de la Fiesta de las Marías (organizador de esta fiesta y título que se transmite de forma patrilineal) tenía un papagüevo propio que se encargaba de engalanar y bailar todos los años en el día de la celebración de dicha festividad.

     Como decíamos anteriormente y, una vez dejada atrás la problemática de la identidad de aquel viejo papagüevo, a continuación trataremos de centrarnos en los "papagüevos de 1950".

     Para nuestras gentes, las Fiestas de la Virgen del año 1950 han sido, sin lugar a dudas, las "más esplendorosas" que hasta hoy se recuerdan. Parece ser que todo estaba preparado al mínimo detalle y, especialmente, rebosante de un buen gusto. Quizá por ello, fue este año y no otro cuando se trajeron los nuevos papagüevos, pues como es sabido, fueron parte importante de las citadas fiestas.

     Según datos extraídos del "Expediente: Fiestas de la Virgen de 1950" del Archivo Municipal de Guía de Gran Canaria; los papagüevos habían sido encargados por la Corporación Municipal, presidida por D. Juan García Mateos, a la Fábrica barcelonesa "El Ingenio". Esta tienda fue fundada en 1838 por la prestigiosa familia de escultores Escalé. Debido a ciertas circunstancias se traspasa en 1920 a Delfi Homs, quien siguiendo la tradición, continuó con la producción de figuras de cartón piedra. En la actualidad, el establecimiento es regentado por Dª Rosa Cardona Homs, nieta de Delfi Homs.

     No me gustaría acabar este apartado, sin antes comentarles que, es tal mi amor por los papagüevos de nuestra ciudad, que, curiosamente, hace unos meses, cuanto estaba investigando y documentándome para la realización del presente estudio, pude averiguar que aquella fábrica, desde donde llegaron los papagüevos de 1950, aún permanecía abierta. Para no cansarles, el caso es que, ese mismo día logré ponerme en contacto con ellos, consiguiendo que me enviaran desde Barcelona una réplica exacta del Groucho Marx que, acompañado de sus hermanos, todavía se baila todos los años por la calles del municipio y, por supuesto, guardo y disfruto en mi casa.     

     Dicho lo cual, en pocos años se había pasado de los cuatro papaguëvos primitivos a los cerca de veinte traídos desde Barcelona. Aquella pléyade de figuras gigantes había dejado boquiabiertos a mayores y, seguramente, aterrorizados a pequeños, pero siempre haciendo las delicias del respetable con su inconfundible danza. Los nuevos papagüevos serían la envidia de toda la isla. Estarían inspirados en personajes conocidos que, de alguna manera, formaban parte de la moda del momento. Al hilo de esto y, como escribiera el pamplonés Javier Itúrbide, experto en gigantes y cabezudos, hay que decir que, históricamente, los gigantes siempre han estado relacionados con personajes conocidos, pertenecientes a la nobleza, de leyenda ..., en definitiva, marcando las distancias entre ellos y nosotros, es decir, las gentes de a pié; sin embargo, no ocurriría lo mismo con los cabezudos, pues, éstos siempre han estado ligados a representar "personajes populares del lugar". Continuando con los papagüevos de 1950, mencionar que entre ellos cabe destacar a: Silvana Pampanini, Carmen Miranda, los tres Hermanos Marx, el Gordo y el Flaco, el Abuelo, el Cocinero, el Turco, la Niña, el Negro, la Gitana, el Campesino ... Como indicábamos en palabras anteriores, en las últimas décadas del pasado siglo, varios de estos papagüevos desaparecieron en extrañas circunstancias, otros se rompieron ..., con lo que se tuvo que trabajar raudamente para paliar esas importantes pérdidas. Es entonces cuando entran en escena las tres obras realizadas por un artesano local (el Guardia, el Arbitro y la Canaria); y posteriormente, los cinco papagüevos venidos desde Zaragoza (la Bruja, el Diablo, la Vieja, Popeye y el Payaso), ciudad que desde tiempos del propio Goya, disfrutaba de su comparsa de gigantes y cabezudos de la misma forma que lo hace hoy.

     A modo de anécdota, comentar que el monarca Carlos III, curiosamente, en 1780 prohibió, por Real Orden, la presencia de papagüevos en las procesiones religiosas.

     Solo nos resta decir que nuestros papagüevos se configuran como personajes enraizados en la tradición festiva popular y que han logrado salvarse de una casi generalizada desaparición de las costumbres y prácticas antañonas de las que, dicho sea de paso, va quedando muy poca cosa.

  

 BIBLIOGRAFÍA EMPLEADA:

 Amades, Joan: Gigantes de Barcelona. Barcelona, 1983.

 Baleztena, Ignacio: Comparsas de Gigantes y Cabezudos. Pamplona, 1963.

 Corrales Zumbado, Cristóbal: Tesoro Lexicográfico del Español de Canarias. La Laguna 1996.

 Corrales Zumbado, Cristóbal y Corbella Díaz, Dolores: Diccionario Histórico del Español de Canarias. La Laguna, 2001.

 Galván Tudela, Alberto: Las Fiestas Populares Canarias. Tenerife, 1987.

 García Ramos, Orlando: Voces y Frases de las Islas Canarias. Santa Brígida 1991.

 González, Luis Antonio y Martínez, Ignacio: Historia de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Zaragoza. Zaragoza, 1989.

 Guerra, Pancho: Memorias de Pepe Monagas. Madrid, 1958.

 Itúrbide, Javier: Pequeña Historia de los Gigantes de Estella. Pamplona, 1995.

 Morera, Marcial: Diccionario Histórico-Etimológico del Habla Canaria. La Laguna, 2001.

 O´shanahan, Alfonso: Gran Diccionario del Habla Canaria. Las Palmas, 1995.


Pedro González-Sosa. Semblanza biográfica

Guía de Gran Canaria
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BIOGRAFÍA LITERARIA DE PEDRO GONZÁLEZ-SOSA

Cronista Oficial de Guía de Gran Canaria

Pedro González-Sosa nació en Guía en 1933, trasladándose a Las Palmas de Gran Canaria sobre 1947, aunque en ningún momento, como se verá en las líneas que siguen, dejó de vincularse con su querida tierra natal.

Su actividad sobre la investigación histórica para descubrir aspectos del pasado de Guía se inició, por pura casualidad, en 1955 cuando hubo de trasladarse desde Las Palmas, donde residía, a Guía para reponerse de una intervención quirúrgica. Fue en aquel tiempo cuando inició sus visitas a los archivos de la Iglesia y del Ayuntamiento (cuando éste se encontraba todavía en el caserón de la calle de Enmedio o Pérez Galdós). A partir de aquel momento empezó a enviar al periódico Falange -único que se editaba por las mañanas, pues de tarde salía Diario de Las Palmas- algunas croniquillas sobre aspectos históricos de Guía de su Iglesia, principalmente.

A principios de 1956 "descubrió" que ese año se cumplía el 200 aniversario del nacimiento de José Luján Pérez y envió al periódico un artículo invitando a las autoridades provinciales y de Guía a que organizaran algunos actos con este motivo. El entonces director del diario, el poeta Ignacio Quintana Marrero, le invitó a que siguiera con una campaña periodística a tal fin. Así fue como el Ayuntamiento de Las Palmas, que presidía José Ramírez Bethencourt incluyó entre los actos de las fiestas de San Pedro Mártir una magna exposición de la obra de Luján en la isla. Formó parte de la comisión constituida al efecto e integrada, además, por José Miguel Alzola y el biznieto del imaginero Teófilo Naranjo y Martínez de escobar, exponiéndose en la Catedral 96 imágenes que se trajeron de casi todas las iglesias de Gran Canaria.

Con poco más de veinte anos dio su primera conferencia titulada “Guía en la vida y en la obra de Luján” aquel mismo 1956 en el Museo Canario, en un ciclo organizado por la Sociedad con motivo del bicentenario de Luján, junto a otros oradores como Juan Rodríguez Doreste, José Miguel Alzola y Enrique Marco Dorta, un tinerfeño profesor de arte de la Universidad de Sevilla.

El entonces alcalde de Guía, Juan García Mateo, organizó asimismo unos actos que consistieron en una ofrenda floral ante el monumento del artista con asistencia de todos los municipios y sociedades científicas y culturales de la isla. En el mismo acto se descubrió una placa, que todavía existe, en la torre del reloj y se inauguró una exposición de la obra pequeña de Luján en el desde entonces llamado "Teatro Viejo". A partir de este evento siguieron las investigaciones sobre Guía y la publicación de trabajos en la prensa local, y cabe destacar que, fruto de aquellas de 1957, publicó un extenso y documentado trabajo en el que se descubría que la actual imagen de la Virgen de Guía se intituló anteriormente de Candelaria y era propiedad de la familia de los Riveroles, que la habían traído de Génova, y estaba colocada en el altar propio en la primitiva iglesia y el cambio se realizó a principio del siglo XVII en que pasó a ser titular de la parroquia con su nueva advocación, pues la colocada por el fundador Sancho de Vargas era su talla de reducidas dimensiones.

Asimismo, hace unos cuatro años localizó documentalmente la calle de En medio donde volvió de niño y joven, y allí murió en 1815, el imaginero guiense, lugar donde el Ayuntamiento hizo colocar una lápida conmemorativa.

Incorporado como redactor-jefe de Información Local en el periódico El Eco de Canarias de 1963, desarrolló desde entonces su labor periodística de todos y de sobra conocida, primero en este diario, para terminar como delegado de la agencia EFE en Las Palmas del Centro Emisor del Atlántico de Radio Nacional de España en Canarias, en el que cesó voluntariamente.

Es Cronista Oficial de Guía de Gran Canaria desde 1980, siendo alcalde José Carlos González Ruiz, e Hijo Predilecto de la misma desde 1986, cuando ejercía la alcaldía Oscar Bautista Afonso.

Es miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia de España desde 1990 y de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela 1987, además de miembro la Academia de Ciencias Humanísticas y Relaciones de la Republica Dominicana. También, miembro del Instituto de Estudios Canarios, de Tenerife, de El Museo Canario, de Las Palmas y de la Asociación Canaria de Estudios Históricos “Rey Fernando Guanarteme” de Las Palmas.

Ha publicado numerosos artículos sobre temas históricos en periódicos y revistas regionales de Canarias y nacionales.

Su labor investigadora, sobre todo en lo referente a Guía, le ha llevado a dar a luz numerosos libros, de tal forma, que ignoramos la existencia de otro hijo de Guía que tenga en su haber tan elevado número de publicaciones sobre la historia y el pasado más reciente de nuestro pueblo.

A los hechos hay que remitirse. Ha publicado los siguientes libros:

  • Contribución para una historia de Guía de Gran Canaria. (Editado en 1985 por el Ayuntamiento de Guía, con prólogo de Manuel Lobo Cabrera).
  • El imaginero Luján Pérez: Noticias para una biografía del hombre. (Editado por la Caja Insular de Ahorros de Canarias, con prólogo de José Miguel Alzola).
  • Trascripción del libro primero de matrimonios de la iglesia de Guía, 1565 – 1636. (Editado en 1995 por el Cabildo Insular de Gran Canaria, con prólogo de Francisco Morales Padrón).
  • Fundación de las ermitas, capillas y altares de la Parroquia de Guía. (Editado por el Cabildo de Gran Canaria en 1994, con prólogo de Antonio Betancourt Massieu).
  • Guía de Gran Canaria. Primero villa, después Ciudad. (Editado por el Ayuntamiento de Guía en colaboración con el Cabildo, en 1997, con prólogo de la entonces concejal de Cultura Eloína García Alemán).
  • Canónigo Gordillo: Biografía de un genio de la discordia. (Editado por el Cabildo de Gran Canaria en 2001, con prólogo del Historiador de la Habana, Eusebio Leal Spengler).
  • Historia del Ayuntamiento y de los edificios que fueron Casas Consistoriales. (Editado por el Ayuntamiento de Guía en 2001, con prólogo del concejal de Cultura, Erasmo Quintana Ruiz).
  • Guía de Gran Canaria: Historia de La Máquina y el cultivo de la caña dulce en el siglo XIX (2004)

 Tiene asimismo preparado para su inmediata publicación:

  • Trascripción con biografía y abundantes notas, de la “Relación Genealógica” de Fray Juan Suárez de Quintana. Y
  • Trascripción del “Diario” del memorialista guiense Juan Batista Palenzuela.

Guía, enero de 2006.

 

info@guiadegrancanaria.org

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Guía de Gran Canaria y su Artesanía

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GUÍA DE GRAN CANARIA

Guía de Gran Canaria y su artesanía

Por Juan Dávila García

Desde tiempos inmemoriales este pueblo situado al noroeste de la isla de Gran Canaria ha cultivado diferentes modos de la artesanía canaria por excelencia desde los elementos más básicos desarrollados en sus innumerables herrerías (recordemos las de Juan García Lorenzo y sus hijos, Juan Cristóbal, José, conocido por Pepe el herrero, y Camilo), ubicada en un principio en el lugar conocido por Pinto, donde hoy está situado el edificio Atlántida en el que está situado el Banco de Bilbao, para más señas.

Más tarde, al final de la calle Marqués del Muni, posteriormente al lado del bar Trujillo detrás de la plaza Chica y finalmente, en la ribera del barranco, la de Manuel Ossorio en San Roque, por debajo del cementerio, a quien acompañaba su hijo Rafael, fallecido muy joven en una reyerta callejera, ocurrida en día 1 de noviembre, festividad de todos los santos; la de Juan Ossorio, conocido Juan Pina, donde también trabajaban sus sobrinos, Paco y Rafael Torres Osorio, situada en la calle 18 de Julio, la de Juan del Toro Osorio, radicada en la misma calle, pero ya a la altura de San Roque, y por último, la de Cuco el de Adela en las proximidades de la Cuesta de Caraballo.

Estos especialistas y labrantes del hierro hacían verdaderas maravillas con el contumaz metal, trabajándolo y moldeándolo a mano, dándole formas de herraduras, cuchillos, hoces, azadas (sachos), picos ruedas de carros, fijas y otros enseres tan necesarios en la agricultura de la zona. Algunos estaban altamente cualificados en las labores de la fundición, y hacían mediante la licuación en el crisol de los metales elegidos y posteriormente, mediante moldes recubiertos con arena negra muy comprimida, verdaderas obras de arte como llaves muy complejas para estanques (maretas) y presas, puliéndolas una vez conformadas a base de la utilización de las limas de distintas magnitudes, faena esta muy enjundiosa y complicada.

En estas tareas estimo recordar el buen quehacer de Cristóbal y Camilo García Ossorio.

También eran expertos cuchilleros, desde mucho tiempo atrás, recordando inicios posteriores como los del maestro Vicente Batista y su hijo Vicente conocidos por los Birranos, que desarrollaron en su pueblo natal una encomiable labor cuchillera, continuándola más tarde en Las Palmas, a donde se trasladaron. Recordar los extraordinarios cuchillos que hacía Cristóbal García Ossorio, posiblemente el mejor cuchillero de la zona en aquella época, y que vendía en exclusividad Santiago Gil Cabrera, en su bodega situada en el Siete, entre las calles Médico Estévez y Marqués del Muni, a los turistas y visitantes que por allí pasaban. Con motivo de la visita de los príncipes de España a la Isla, Cristóbal García hizo por encargo un cuchillo ornamentando su cabo en oro y marfil.

Hacía buenos cuchillos también Rafael Osorio, pero su trayectoria profesional quedó truncada con su súbita muerte ocurrida a muy temprana edad. Rafael Torres Ossorio también fue un encumbrado labrante de cuchillos y así lo demostró desde la herrería de su tío Juan Pina, desde donde se convirtió en investigador experimentado del tema y llegó incluso a impartir clases sobre el arte de la cuchillería en diferentes pueblos de las islas. Por último Juan del Toro Ossorio y Cuco el de Adela infundieron otra tipología al mentado cuchillo.

Además de las obras de artesanía que hacían los herreros citados en lo concerniente a la forja y fundición del hierro y otros metales, Guía contaba también con innumerables talleres de carpintería, donde se hacían trabajos exquisitos por su configuración y por la utilización de maderas nobles como el ikumen, la tea, la riga, el roble, etc. De estos talleres salían verdaderas obras de arte que tenían la tesitura de pilas canarias, confesionarios de iglesias, alcobas y comedores altamente diseñados, donde brillaban excelentes tallas y torneados, realizados por nobles profesionales, que le daban el entorno brillo y color, y así teníamos a los más relevantes, entre otros, maestros Agustín Alemán Álamo, Benito Álamo y sus hijos, Ignacio y Benito, Salvador Moreno, Juanito Caballero, cuyo hijo en la actualidad, Juan José Caballero Rodríguez, se ha manifestado desde hace algunos años como un artista encomiable de la talla, desarrollando una labor extraordinaria e incluso en medios docentes, donde nos muestra sus cofres, sus arcones y otros productos de alto valor artístico, que se cotizan en el mercado y exposiciones de manera ostensible, realzando así el contenido crematístico que dimana de su obra; Miguel y Geño Abreu Roque, Manuel Aguiar, Pepe Triguero, los hermanos Arencibia Alemán (Pedro, Benedicto y Agustín), en sus principios y que luego se instalaron en Guanarteme, Manuel Pérez, Juan Díaz, y en la actualidad, Raul Santiago, conocido por Lule, que realiza unos muebles domésticos maravillosos.

Guía de Gran Canaria ha sido un compendio de cultura y arte, a través de los tiempos, sus músicos, actores y artesanos han paseado su nombre por todos los lugares, y en ellos se ha reconocido el grandilocuente bagaje de un pueblo que, inmerso en una lejana isla en el medio del Atlántico, ha puesto una pica en Flandes, con los versos de su poeta Bento y las esculturas de Luján Pérez.

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Publicado en el periódico La Provincia el 19.XI.02


El apellido Fernández del Campo de la marquesa de Arucas procede de Guía

 

El apellido Fernández del
Campo de la marquesa de Arucas procede de Guía

  Por Pedro González-Sosa

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Maestro Vicente Batista y
León, y su Contribución al Mundo de la Cuchillería en Canarias
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(2003)
 

Estudio
jurídico sobre el Cuchillo Canario
  Por Alejandro C. Moreno y Marrero
(2005)
 

El Monumento
al Cuchillo Canario
  Por Alejandro C. Moreno y Marrero
(2004)
 

A Dacio Ferrera

 

Por
Juan Dávila García

(2005)
 

Los títulos
nobiliarios que radican en Canarias
  Por Alejandro C. Moreno y Marrero
(2004)
 

Sobre el Juzgado de
Guía, la historia se repite

 
Por
Sergio Aguiar Castellano

(2004)
 

Cuchillo Canario
  Por Nicolás Guerra Aguiar
(2005)
   
 


 ENLACES

 


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El Norte Competitivo. Documento histórico

DOCUMENTOS DE INTERÉS PARA 

GUÍA DE GRAN CANARIA

El norte quiere ser competitivo

Daida I. Rodríguez. CANARIAS7. 090505.
Arucas

Listas del paro interminables, red comunicaciones de mala calidad, ayuntamientos con deudas de millones de euros. El panorama de la comarca norte de Gran Canaria no es muy halagüeño por eso la Mancomunidad sueña con ese plan de competitividad que promete sacarles del agujero.
El Norte de Gran Canaria gritó ¡Basta ya! al olvido sistemático de las distintas administraciones el pasado 18 de abril. 20.000 personas se echaron a la calle y la reacción fue inmediata, esa misma semana Manuel Godoy, presidente de la Mancomunidad del Norte, se llevó debajo del brazo la promesa del consejero regional de Economía, José Carlos Mauricio, de firmar en junio un plan de competitividad para la comarca. El borrador ya está listo y la espina dorsal muy clara: agua, energía y carreteras. Los objetivos de este plan son la mejora de infraestructuras, el fomento del desarrollo, la formación y las nuevas tecnologías y la necesidad de cambios normativos que den cobertura integral al plan y se pretende llevarlos a cabo entre los años 2005 y 2010.Infraestructuras. El primer paso que quiere dar la Mancomunidad es la mejora de las comunicaciones. El Norte necesita mejorar la red viaria pero también quiere ampliar el Puerto de Las Nieves en Agaete para potenciar el corredor norte como generador de comunicación interinsular. El desarrollo necesita de un adecuado suministro energético. Para ello la Mancomunidad espera que la Consejería regional de Industria, dirigida por Luis Soria, les autorice la construcción de un parque eólico que garantice dicho suministro. El agua es otro de los problemas a los que se tiene que enfrentar la zona. La idea del plan es crear una Empresa Mixta de Gestión de Agua conformada por el Consejo Insular de Aguas y la Mancomunidad para participar en la gestión y en la toma de decisiones sobre este bien estratégico y paliar en los posible las deficiencias existentes de suministro y turismo. Por otro lado, está previsto la creación de un complejo arquitectónico que sea un referente y fuente para dependencias como una sala de información y desarrollo turístico, centro de interpretación patrimonial o aulas de formación. Lo único que queda por saber es dónde. El turismo es el sector que más se quiere potenciar en la comarca norte. Prácticamente todo el plan gira alrededor de esta alternativa económica. Turismo rural, verde, medioambiental, de camping, náutico, de golf, de salud, de cascos históricos, arqueológico, cultural, promoción y publicidad. Todo vale para lograr convertirse en un núcleo turístico que no tenga nada que envidiar al Sur. Industria. Mucho hay que hacer en todos los campos y la industria y el comercio no se podían quedar atrás. El plan calcula que se necesitan un millón de metros cuadrados para establecer una zona industrial competitiva en la comarca para atraer inversiones que generen empleo y riquezas y que incluirá una zona residencial. También se buscan 50 hectáreas para potenciar el nexo interinsular del Puerto de Las Nieves. En cuanto al sector comercial la idea principal es la construcción de una gran superficie.Se constituirá una Sociedad para el Desarrollo Agrícola del Norte. Con ella se quiere mejorar las opciones de los agricultores y permitir los cultivos en los espacios protegidos. La Mancomunidad también quiere potenciar de nuevo la ganadería como actividad económica del Norte estableciendo varios polígonos ganaderos, uno comarcal y siete municipales. La pesca tampoco puede quedar la última de la lista por lo que la acuicultura también será una importante actividad económica.

Nuevas tecnologías

Es imprescindible para el desarrollo del Norte una buena formación y la aplicación de las nuevas tecnologías. Con estas dos armas se puede alcanzar el objetivo de reducir la enorme lista de paro de la comarca y mejorar la rentabilidad de los negocios. Lograr la total cobertura ADSL y Wi-Fi en el conjunto de la Mancomunidad y crear cursos de formación para empresarios, empleados y colectivos desfavorecidos es imprescindible para lograr un futuro en el Norte. Además, se pedirá colaboración a la ULPGC.

Mucho que hacer en poco tiempo

Turismo rural. Es el sector que cuenta con mayor número de proyectos dentro del plan. Se crearán casas y hoteles rurales, un aula de la naturaleza, actividades turísticas en espacios protegidos, zonas de camping. Se potenciará además el turismo naútico con muelles deportivos en Agaete, Guía y La Aldea.
Golf. Finalmente se han propuesto tres campos de golf de 18 hoyos en Guía, Gáldar y Arucas, unidos a urbanizaciones de alto standing. Además, se fomentará el turismo de salud con la construcción de tres clínicas, villas independientes y balnearios.

Cascos históricos. Hay que aprovechar el potencial histórico-artístico de los cascos históricos de Arucas, Guía, Gáldar y Teror. Además, tampoco hay que olvidar recursos arqueológicos como El Cenobio de Valerón, la Cueva Pintada, El Paypés y La Guancha.

Rutas. Tres rutas serán el buque insignia de la promoción de la comarca. La ruta del queso de Gáldar, Guía y Moya, Los Barrancos y la ruta del Pino por los municipios de Teror, Valleseco y Firgas.

Transporte. Si se quiere que los turistas vayan, se necesita una red de transporte público de calidad para que puedan acceder a los recursos que pretende ofrecer la comarca norte.

Promoción. Sin conocimiento no hay éxito. Por ello, se realizarán campañas de promoción teniendo en cuenta que ha de ser de todo lo que esté en servicio


Sobre su infancia en Guía

 

LUJÁN PÉREZ Y GUÍA DE GRAN CANARIA


FAMILIA E INFANCIA


José Luján Pérez nació en el guiense pago de Las
Tres Palmas,
el día 9 de mayo de 1756. Fue hijo de un matrimonio de labradores regularmente
acomodado y el segundo de cinco hermanos: José Domingo, nacido, como
todos, en Guía, el 28 de julio de 175 y que murió muy niño; Carlos
Fernando, nacido el 4 de octubre de 1760; María José, venida al mundo el
24 de junio de 1765 y Juan José, que fue bautizado en 1769. Los padres,
José Luján Bolaños y Ana Pérez Sánchez, fueron casados en Guía por el
entonces beneficiado de la parroquia don Baltasar José Rodríguez Déniz y
Quintana, el 3 de abril de 175 1, asistiendo como testigos don Alonso de
Olivares, Pedro Correa y Francisco Navarro, hermano de ella, todos vecinos
del mismo pueblo. El padre del imaginero murió en Las Palmas el 7 de
agosto de 1807 y, por expreso deseo de su hijo, fue enterrado delante del
altar de la Virgen de La Antigua, en la Catedral, cuando todavía estaba en
la hornacina una antigua imagen de esta advocación que fue sustituida por
la soberbia escultura que ahora existe allí, y que el imaginero comenzó a
cincelar en agosto de 1808 por encargo del Cabildo Catedral. La imagen fue
entregada al Cabildo, después de muerto el artista, por su hermano Carlos,
en 1815.

La partida de defunción del padre del imaginero se
encuentra en el desaparecido Libro 6 de los de Defunciones de la antigua
iglesia del Sagrario (hoy de San Agustín) que se guardan en el Archivo
Diocesano. El libro desapareció, nos han informado, en el traslado que se
hizo de San Agustín al citado Archivo, desde luego después de 1974, año en
que lo relacionó Francisco Morales Padrón en un inventario que hizo de
todos los libros sacramentales de las iglesias de la Diócesis de Canarias.
Pero quien escribe, antes de su pérdida, tuvo tiempo de consultarlo alguna
vez, advirtiendo que allí indicaba que el fallecido era viudo, cuando en
realidad su esposa, Ana Pérez Sánchez, le sobrevivió algunos años más y
murió en Guía, donde fue enterrada en 1812 en el cementerio de La
Atalaya, aquel que se había bendecido para los muertos de la epidemia de
fiebre amarilla de 1811.

El beneficiado de turno olvidó inscribir en el libro
correspondiente la partida de bautismo de María José, la hermana de Luján,
por lo que el padre hubo de tramitar en 1793 un expediente para subsanar
la omisión. En él fue necesaria la testificación de varios vecinos, entre
otros Ana de Quintana, que fue quien llevó la niña a la pila, recordando
también, dice en su declaración, que aquel mismo día nació en Guía una
niña llamada Juana, hija de Antonio Herrera, señalando el juez instructor
comisionado que de la información recogida resulta que María José de los
Dolores Luján Pérez nació el 24 de mayo de 1765 y que fue bautizada al día
siguiente. Para salvar las contradicciones en que incurrieron la madre de
la niña, Ana Pérez, y la mujer que la llevó a bautizar, respecto de la
hora del nacimiento, se acuerda hacer constar que fue «por la noche del
dicho día 24 y por no haber en estos pueblos reloj público para asegurarse
en la hora terminan te de su nacimiento.

Es curioso advertir cómo en casi todos estos hermanos
destacó alguna faceta no vulgar; singularidad que tuvo su expresión cimera
luminosa en el talento artístico de Luján Pérez y su revés negativo en el
pobre Juan José, que era, según un documento coetáneo, fatuo e inhábil;
es decir, lisiado de cuerpo y de espíritu. Respecto al otro hermano
del imaginero, Carlos, hasta nosotros han llegado noticias que hablan de
una acusada hurañía que contrastaba con su habilidad para la labra de la
madera, que aplicó de modo especial a la decoración de yugos y otros
instrumentos de labranza.

A la hora de hablar de la familia Luján Pérez sería
injusto que silenciáramos el nombre del presbítero don Fernando Sánchez
Navarro, hermano de su madre, y que se constituyó de por vida -y aún
después de muerto- en el ángel tutelar de sus sobrinos. Su protección
comienza desde que aquéllos nacen, pues de todos es padrino de pila, y su
celo cariñoso le lleva, en el momento de otorgar testamento ante el escribano de Guía Miguel Álvarez Oramas, a condicionar el disfrute
de sus bienes al cuidado y manutención de Juan José, el sobrino
malaventurado. Dadas estas premisas, acaso no sea fantasioso aventurar que
el juvenil Luján Pérez encontró decisivos alientos en el corazón y en la
bolsa de su tío.

En el testamento del presbítero Sánchez Navarro se
descubre la buena posición económica de que disfrutaba, ya que cuando se
refiere a la declaración de terrenos, señala como bienes suyos «por
diversas compras que he hechos abundantes terrenos, aparte de otros
habidos por herencia de su padre, tal uno «situado en la parte de arriba
lindando con Los Nogales, que linda también con el camino real que va a
Artenara, con la Degollada de la Bruma y que viene a dar sobre las
fuentes. Declara don Fernando por sus únicos y universales herederos a su
hermana, Ana Sánchez y a su cuñado José Luján Bolaños, padres del artista.
En caso de quedar sin sucesión, los bienes deberían pasar a los hijos de
su hermano Francisco. Pero en todos los casos sujeta esta disposición
testamentaria a la obligación de pagar los tributos, y «también de
mantener hasta su fallecimiento a Juan José, mi sobrino, fatuo e inhábil
de poder mantenerse, aunque sea hombres.

Luján Pérez nació, pues, en el seno de una regularmente
situada familia de labradores. Su nacimiento en el pago de Las Tres
Palmas, fue accidental, en época en que sus padres estaban en la casa de
la finca familiar. Por documentos de entonces puede conocerse que la
residencia habitual de la familia era una casa que tenían en el casco de
Guía, en la calle de Enmedio (conocida también como la de San Antonio y de
los Malrubios), en la que murieron él, su madre y sus hermanos Carlos y
María José.

Es muy probable que Luján Pérez, niño, ya viviera en
Las Tres Palmas ya en la calle de Enmedio de la localidad, fuera instruido
de las primeras letras en la Escuela que habían creado en el Hospicio los
franciscanos, al lado de la iglesia levantada, a principios de 1700, en el
lugar donde naciera la famosa monja sor Catalina de San Mateo.

José Luján Bolaños, padre del escultor, no
circunscribía su actividad a la agricultura, sino que también participó en
la política local. En un documento ante el escribano
Pedro Tomás Aríñez, en relación con el arrendamiento a medias de tierras
labradías donde llaman el Cortijo de la Caldera y de Las Mesas,
consta que era Diputado Regidor de la villa.

A partir de los datos de su nacimiento y confirmación,
la noticia que conocemos relativa a la primera época de la vida de Luján,
es de carácter legendario, y es una anécdota muy divulgada que don Juan
Batista Palenzuela tomó de labios de un primo del escultor. Don Juan
Batista fue un caballero guiense de larga vida- murió a los cien años en
1933- y también de largo amor por las cosas de su pueblo.

Él fue durante muchísimo tiempo algo así como el
oráculo de la tradición guiense. El libro de Santiago Tejera y la
biografía de Gordillo escrita por el señor Moya se surtieron
abundantemente en el arsenal de noticias de su memoria. Y fue una lástima
que no tuviera don Juan Batista mayor afición de la que tuvo a la
escritura, pues de seguro hubiera rescatado del olvido mucho material
histórico y anecdótico del que hoy nos sentimos tan necesitados.

«Refieren parientes muy cercanos -escribió don Juan en
un cuaderno de notas- que a los nueve años fue llevado Luján por su madre
a la ermita de Fontanales a hacer la primera comunión. Estaba encargado de
la ermita un frayle que no debía ser tonto por lo que ocurrió: mientras su
madre hablaba con el sacerdote en la sacristía, el niño quedó como
extasiado ante la imagen de San Bartolomé, y, al salir el frayle
acompañado de su madre y pararse junto al niño dijo éste que le gustaba
mucho el santo, agregando que él «haría uno como éste, pero si tuviera mi
cuchillo». Le regaló el cura una navaja y Luján quedó comprometido a
hacerle un San Bartolomé, prometiéndole el sacerdote un regalo. Se vino
Luján a su casa y cogió un trozo de madera de escobón; y a los quince días
volvió con su preciosa copia del santo, pero tan exacta, con tanto
parecido en los mínimos detalles, que el frayle exclamó: «esto no es
cosa humana. Aquí está la mano de Dios». Y al momento cogió al
niño y se fue con él al Cabildo de Las Palmas y le expuso lo ocurrido y
el mismo Cabildo se ocupó de la educación del pequeño».

Huelga decir que el relato debe más a la leyenda que a
la historia. Porque quien influyó cerca de la familia de Luján para que
éste fuera llevado de Guía a Las Palmas a iniciarse en los estudios
artísticos, fue, a lo que parece, don Blas Sánchez Ochando, teniente del
Regimiento de Guía de las Milicias Provinciales, que casó con dama
guiense muy principal.

Don Blas había nacido en Murcia, y este dato hace
suponer que fuera el ejemplo de su paisano Salzillo el que le movió a
preocuparse porque no se desperdiciaran las aptitudes que apuntaban en el
muchacho nacido en Las Tres Palmas. Uno se pregunta: sin la
presencia de este avisado murciano en el Guía de 1700 y pico, aislado, en
un ambiente sin tradición artística, se hubiera acertado a encauzar
adecuadamente las aptitudes de Luján Pérez? Es cierto que, según los
resultados, sus cualidades eran de las que no pueden ser sofocadas por
ningún género de limitaciones, pero no es menos verdad que sin la
formación básica y los estímulos de toda clase que recibió en Las Palmas,
probablemente no hubiera pasado de ser uno de los tantos fabricantes
de santos que brotaron en las islas, un amañado, sin duda con
más habilidad y gusto que los otros, más artista si se quiere, pero de
ninguna manera el maestro que llegó a ser. Su hazaña más sonada hubiera
sido tal vez muy por el estilo de aquella que protagonizó un sacristán con
ínfulas de gran organista, paisano suyo, que en cierta ocasión, después de
escuchar nada menos que a Saint-Saens que interpretaba unos impromptus
en el órgano de la iglesia de Guía -estrenado por el músico y
compositor francés a finales de 1900- exclamó con despectiva suficiencia:
«Este señor de música no sabe ni papa Acerca de quién pudo
aleccionar a Luján desde su llegada a Las Palmas, se citan varios nombres,
destacando sobremanera por la importancia del descubrimiento el del
maestro San Guillermo, dato que debemos a José Miguel Alzola, quien
encontró entre los viejos papeles de don Domingo Déniz la noticia de que
«el primero que en la provincia trabajó en la escultura con gusto y
delicadeza es el conocido, aún vulgar y tradicionalmente, San Guillermo,
excelente tallista, natural de Gran Canaria, que aleccionó a Luján Pérez,
cuyo
discípulo señaladamente aventajó a su maestro,. Tampoco debe
olvidarse las enseñanzas de dibujo que recibió de don Cristóbal Afonso, ni
las que obtuvo en la entonces recién creada Escuela de Dibujo, fundada en
1782 por el Deán Jerónimo de Roo, o en aquella otra Escuela gratuita de
Dibujo de Las Palmas, patrocinada por la Real Sociedad Económica de Amigos
del País, donde aprendería los primeros y rudimentarios
conocimientos arquitectónicos. Dada su edad, es muy posible que Luján
fuera compañero de infancia de los hermanos Montesdeoca y, andando el
tiempo, trató íntimamente a otros guienses que como él ocuparon puestos
sobresalientes en la historia de la isla y de los que consta su estima por
el escultor: entre otros, don Pedro José Gordillo y Ramos, el canónigo
inteligente arriscado que llegó a ser Presidente de las Cortes de Cádiz, y
el poeta Rafael Bento y Travieso, quizás mucho más interesante por su vida
complicada que por los méritos de su obra.

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TEXTO EXTRAÍDO DEL LIBRO DE PEDRO
GONZÁLEZ-SOSA "EL IMAGINERO JOSÉ LUJÁN PÉREZ, NOTICIAS PARA UNA BIOGRAFÍA
DEL HOMBRE. 1990".

 

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 16/11/2006.


Desde Guía (1920). Por Joaquín Gil Rodríguez

DOCUMENTOS DE INTERÉS PARA 

GUÍA DE GRAN CANARIA

DESDE GUÍA

 Por J.  Gil Rodríguez

En el templo parroquial de esta ciudad se están efectuando importantes reformas con objeto de ornamentarlo y adornarlo con más esplendor, consistentes en la colocación de ventanales de artística vidriera estilo renacimiento, de la acreditada fábrica Maumejeán de Madrid, en número de once; llamando poderosamente la atención los que representa a Ntra. Sra. de Santa María de Guía, que es un fiel retrato de la referida imagen con las vestiduras y adornos con que se le tributa culto en las grandes solemnidades, hecho con tal maestría y perfección que es de admirar la corrección del dibujo y la combinación de los colores de suaves tonos que arroban y elevan el espíritu del creyente transportándolo a otras regiones de purísima luz, y de Ntra. Sra. de las Mercedes, exacta reproducción de la notable escultura del inmortal imaginero natural de Guía Luján Pérez. Son también de bastantes mérito artístico las que presentan a san José, Santa Teresa de Jesús y de María y dios medallones alegóricos, uno mostrando la Iglesia en frágil barquilla y el otro un Stella Maris. La luz al atravesar estos ventanales es de tal policromía que produce una sensación inerranable en la vista del que los contempla. Dando al interior del templo un encantador aspecto.

El altar mayor ha sido construido de nuevo con escalinata de mármol blanco, frontal del mismo material de Egipto color rosa con un hermoso medallón en el centro sobre el que está grabado en blanco el Monograma de Santa María de Guía, cuatro columnas pareadas, ejecutadas también en mármol blanco con delicados capiteles de hojas de acanto sostienen el ara formada por un tablero de la misma sustancia de más de dos metros de longitud por uno de anchura resultando, un todo bastante hermoso.

Por todo el tiempo se ha colocado un zócalo de más de un metro de altura de mosaico en colores haciendo juego con el pavimento de mármol, que poseía este templo, ofreciendo un agradable conjunto.

El Baptisterio es de nueva construcción, aprovechando lo que en otro tiempo fue depósito de difuntos, durante las exequias, en el será colocado un lienzo al óleo representando al bautismo del Salvador por San Juan Bautista a orillas del Jordán con las figuras de tamaño natural, pues las dimensiones de este cuadro serán dos y medio metros de altura por dos de ancho, siendo copia del de Murillo que existe en la Catedral de Sevilla, hecho por el R.P. del Inmaculado Corazón de María, Isaac Retes. Hermosean además, este Baptisterio un artístico artesonado imitación antigua, zócalo y piso de mosaico de precioso colores, dedicándose la capilla del antiguo Baptisterio al culto de la Virgen bajo la advocación de Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro.

Todas estas reformas serán coronadas con la solemne consagración de este suntuoso templo, para lo cual y con arreglo a Rúbricas ya se han colocado doce cruces de mármol por las paredes de la Iglesia, que será ungida con el Santo Crisma por el  Excmo. Sr. Obispo de la Diocésis, Doctor Marquina, el día 15 del corriente, solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen, patrona y titular de la ciudad de Guía y su templo.

Rematarán estas obras la colocación de dos lápidas de mármol, una a cada entrada del templo, en que se esculpirán para perpetua memoria las fechas en que el mismo fue erigido y la de su consagración.

Dignas de encomio e imitación son las obras realizadas en el templo parroquial de Sta. María de Guía, bajo la dirección de su celoso párroco Dr. Martín Morales, que atento siempre al esplendor del culto, no ceja en su empeño de colocar a su iglesia a la altura de las más bellas y hermosas de estas islas con la piadosa cooperación de sus feligreses que expontaneamente le han ofrecido su protección, sabiendo de alguna persona, tan caritativa, que ha prometido costear el dorado de todo el gran retablo del altar mayor.

 J.  Gil Rodríguez

Guía 7 de agosto de 1920

FUENTE: DIARIO DE LAS PALMAS  martes 10 de agosto de 1920 (Museo Canario)

 


Su obra y Guía

 

LUJÁN PÉREZ Y GUÍA DE GRAN CANARIA

SU OBRA

Existen muchas pruebas de que Luján se sintió siempre
vinculado sentimentalmente a su pueblo natal. Como testimonio definitivo
está esa maestra de afecto contenida en su testimonio: «Declaro, que a
impulsos del amor que profeso al pueblo de Guía, por ser mi patria..

.>>. Pero ese amor no se quedó sólo en sentimiento; fue ligo más. En
muchas ocasiones lo confirmó con hechos de cuyas consecuencias se siguen
beneficiando todavía los habitantes de Guía. Así, por ejemplo, el único
reloj de torre que existe que en aquella ciudad que cuenta y marca el paso
del tiempo, se debe a un rasgo generoso del artista que, a pesar de
hallarse radicado en Las Palmas, siempre vio en los problemas de su pueblo
algo que le atañía muy de cerca.

La manda testamentaria por la que Luján dona el reloj
nos habla con harta elocuencia no solamente de su patrimonio, sino también
de su sincera preocupación por el bienestar de sus paisanos. Porque él no
lega el reloj llevado del deseo vanidoso de ganarse la gratitud de los
guienses o para darle notoriedad a su nombre. «Es mi voluntad
declara- se ponga un reloj en una de las torres de aquella iglesia
parroquial, a fin de que los vecinos disfrutaran de este beneficio y
puedan arreglar las distribuciones de sus aguas, que es de tanto interés
para la agricultura y para no causar disturbios ni desavenencias entre sus
partícipes. Con su regalo contribuía, además, a poner remedio a un estado
de cosas que con frecuencia alteraba la armonía de la pequeña comunidad y,
en más de una ocasión, con alborotos en los que si la sangre no llegó a
las acequias, poco faltó para ello. Para poder colocar el reloj se tuvo
que terminar la segunda torre de la iglesia -pues hasta entonces ésta sólo
tenía la del campanario-, y debido a las penurias de la parroquia y del
ayuntamiento, se recurrió a establecer un impuesto entre los vecinos más
pudientes. Felizmente la torre se pudo acabar; el reloj se adquirió en
Inglaterra, y una vez aquí se instaló coincidiendo con la visita pastoral
que hizo a la entonces villa el obispo don Judas José de Romo, en 1838.

El reloj, sin embargo no estaba completo; le faltaba la
campana, y desde La Habana, donde era canónigo arcediano, don Pedro José
Gordillo hizo posible su adquisición mediante un donativo en dinero. En el
día de la bendición, se le puso a la campana los nombres de María,
por la patrona de Guía y Petra por el donante. Las primeras
campanadas que sonaron, al mediodía, fueron seguidas de dobles en recuerdo
del imaginero, fallecido en 1815.

Hay más pruebas del patriotismo de Luján con respecto a
Guía. Según José Miguel Alzola, las imágenes de la Dolorosa y del Cristo a
la Columna con que cuenta aquella parroquia, se deben a otro rasgo
generoso del escultor. Las había hecho para Telde, pero viendo que se
retrasaba demasiado el cobro de las mismas, una noche, acompañado de
algunos paisanos, se trasladó a la población sureña, las rescató e hizo
que fueran llevadas a su pueblo de nacimiento.

El Señor en el Huerto es otro regalo suyo. La génesis
de esta obra es pintoresca y reveladora de la gran confianza que el
artista tenía en sí mismo. Cuentan que durante una de sus estancias
guienses, le llevaron sus paisanos la talla del Cristo de la Oración que
debía de estar muy deteriorado, porque en un gesto que le retrataba
perfectamente, la partió en dos de un hachazo. Sorprendidos, y seguramente
alarmados ante semejante estropicio, los comisionados hicieron ver al
estatuario que la Semana Santa era inminente y que la efigie destruida
necesariamente habría de salir en procesión. Luján los tranquilizó
diciéndoles: «Váyanse tranquilos, para entonces yo les haré otro mejor». Y
tal como lo prometió lo hizo; aquel año el retablo de la Semana Santa
guiense se enriqueció con otra nueva muestra del arte del gran imaginero.

Suyo es también el Crucificado que forma parte del
Calvario de la capilla de su nombre en la iglesia de Guía y que ahora sale
en la procesión del Viernes Santo. Lo talló en la tribuna de la entonces
iglesia del Hospicio, y de ello sí que hay constancia documental en los
libros de la Fábrica parroquia1 guiense. Originariamente lo hizo para ser
colocado en el segundo cuerpo del retablo del altar mayor que también es
obra suya- pero después pasó a ser un paso de la Semana Santa. En su lugar
se colocó, y aún está, un no menos admirable Crucificado, obra también
debida a él, pero de su primera etapa. En Guía está también el San
Sebastián que talló para la ermita de su nombre, hoy en el camarín de la
iglesia.

Además, existió en aquella iglesia un tabernáculo en el
altar mayor hasta mediados del siglo XIX, y que tenía un pequeño crucifijo
que hoy está igualmente en el camarín de la Virgen. Este tabernáculo tuvo
también su historia. Quiso el párroco de Guía, don Juan Suárez Aguilar,
colocar en el centro del presbiterio, en el altar mayor, el tabernáculo
encargado por su antecesor, don Francisco Almeida, con limosnas que había
dado doña Ignacia de Silva. Pero se opuso a ello don Blas Sánchez Ochando,
yerno de don Marcos Falcón, militar de aquel Regimiento y figura
preeminente de la localidad, alegando que en ese lugar su familia poseía
en propiedad algunas sepulturas. Ante esta circunstancia, el obispo, don
Manuel Verdugo, pidió a Luján un informe, porque, dice en el escrito,
«bajo su dirección está informado haberse hecho el tabernáculo». La
contestación del imaginero no se hizo esperar y, pese a la amistad con la
familia Sánchez Ochando, Luján firma el siguiente informe: «José Luxán y
Pérez, en vista del informe que se le pide por S.1. dice que es
cierto haberse fabricado el Tabernáculo que se expresa, en tiempo del
Beneficiado don Francisco Almeida con limosna que para ello dejó doña
Ignacia de Silva, bajo la idea de colocarlo en medio de la capilla mayor,
a fin de dar al coro que queda por atrás, la debida extensión y la mejor
vista y comodidad al Pueblo. Porque es indudable que puesto en semejan te
sitio no quedará capilla ni ángulo de la Iglesia desde donde no se
descubra la Realidad, que es lo principal que debe procurarse en los
templos; y de no hacerlo así se faltaría indispensablemente al plan con
que se trazó, y por consiguiente a la comodidad del clero, que se tuvo
presente y a la mejor cabida del Pueblo; pues, mal puede servir de
obstáculo a lo más útil y cómodo al Pueblo, y al clero, el sepulcro de un
particular que según se expresa, no fue concedido sino solamente para don
Marcos Falcón y su consorte, que ya fallecieron y por tanto no debe tener
más uso, especialmente cuando ya en dicha iglesia no se entierra a nadie
de tres años a esta parte, sino en el cementerio que está fuera del
pueblo». La respuesta del prelado fue concluyendo: «-Habiendo visto la
carta y el informe que antecede. Dixo: que se coloque el nuevo tabernáculo
en la iglesia parroquia1 de Guía conforme al Plan con que ha sido
trazado». El tabernáculo, que fue pintado y dorado por José Ossavarry,
permaneció en aquella iglesia hasta mediado el siglo XIX en que se
desmontó para darle al retablo del altar principal mayor vistosidad.
Mientras el tabernáculo estuvo colocado, la imagen de la Patrona, que
actualmente figura en la hornacina central, se exhibía en el altar de la
derecha o de la epístola, hoy conocido como el del Carmen.

La Virgen de las Mercedes, tenida como una de sus más
bellas obras y tallada en un solo tronco de madera de cedro, la hizo por
encargo de don Lorenzo Montesdeoca, uno de los hermanos Montesdeoca, los
ilustres clérigos guienses que fueron fraternales amigos del escultor. Fue
bendecida el 24 de septiembre de 1802, el día de su fiesta litúrgica.
Aunque Tejera afirma en su biografía de Luján que con esta imagen se
instauró en Guía el culto a la advocación mariana de La Merced, lo cierto
es que tal devoción ya tenía su tradición, como lo demuestra el que en un
inventario de 1782 se hable de «una imagen de las Mercedes, que está en su
altar, frente al de ánimas>>.

Finalmente, es bastante presumible que algunas de las
imágenes con que cuenta Guía -y alguna otra localidad del Norte de la
isla- las tallara Luján en un hipotético taller que la tradición oral dice
que tuvo en el llamado callejón de León. Hace años, una persona de mi
familia, ya desaparecida, me contaba una anécdota sobre Luján que parece
abonar vagamente esa suposición. En cierta ocasión dos carboneros que
pasaban por el callejón de León, se detuvieron ante la puerta del estudio
de Luján para contemplar al artista, que trabajaba en una obrecilla que,
según la versión más generalizada, representaba un pájaro posado sobre una
espiga completamente ‘erguida. Después de admirar por un momento la
destreza del escultor, uno de los carboneros comentó algo al oído de su
compañero y éste, de pronto, soltó ruidosamente una carcajada que de
inmediato contagió al otro maúro. Sorprendido, casi molesto, Luján
preguntó a los carboneros la razón de tanto regocijo. «Es que nos
hace mucha gracia que una espiga no se cambe con el peso del
pájaro», contestaron.

El maestro, reconociendo lo atinado de la observación
de los palurdos, acabó por arrojar la figurita contra el suelo. Hasta aquí
el cuento, que tiene todas las apariencias de ser una leyenda aplicada a
nuestro artista. De todas formas, no queda más remedio que reconocer que
el epílogo de la anécdota tiene la impronta del carácter de Luján Pérez,
que, a juzgar por otras cosas que de él sabemos, además de un genio, debió
de ser bastante genioso.

Respecto a que Luján fuera el autor de los planos del
frontis de la iglesia de Guía, uno tiene la sospecha de que se trata de
una atribución infundada, aunque en papeles impresos conste esta
pretendida paternidad. En contra de la atribución aducida, se sabe que la
fecha de los planos data de 1780, época en la que el artista apenas si
tenía 24 años de edad, y en la que, por consiguiente, y a menos que se
haga más luz sobre su etapa formativa, no se hallaba en condiciones de
realizar un trabajo del mérito de éste, aunque ya después, muy
posteriormente, sus trabajos de arquitectura en otros templos (el
principal, la conclusión de la catedral de Las Palmas) lo califiquen
también como un consumado arquitecto. Acaso, y en eso coincidimos con el
desaparecido profesor de Historia de Arte, Miguel Tarquis, Luján Pérez
fuera autor tan sólo del proyecto del cuerpo superior de la parte central
del frontis, ya que la torre del reloj se concluyó ya muerto el artista,
en 1838.

Finalmente, existe una prueba más del amor del
imaginero por su tierra natal. Y está recogida -como la manda para la
compra del reloj- en su testamento. Se refiere a su declaración sobre lo
prevenido respecto al fin de sus bienes si, llegado el momento, hubieran
fallecido todos sus herederos directos; esto es, sus hermanos y sus hijos.

Sus bienes, entonces, quedarían para la dotación de
cuna Escuela de primeras letras en la villa de Guía, con cargo de dar
papel y demás a los niños pobres, costa de bancos, etc.»

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TEXTO EXTRAÍDO DEL LIBRO DE PEDRO GONZÁLEZ-SOSA "EL
IMAGINERO JOSÉ LUJÁN PÉREZ, NOTICIAS PARA UNA BIOGRAFÍA DEL HOMBRE. 1990".

 

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 16/11/2006.


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