Personajes populares 40

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OFICIOS TRADICIONALES DE GUÍA

 

Los barberos de la Ciudad de Guía de Gran Canaria

Por Juan Dávila-García


Hoy quiero dedicarles esta pagina a los insignes barberos, -hoy
peluqueros-, que existieron en Guía, y que fueron unos verdaderos
estilistas. Estoy seguro que muchos ciudadanos de nuestro pueblo les
recordaran por las grandes cualidades que como artesanos encumbrados en
estos menesteres les revestía. Estimo interesante citar también aunque sea
de pasada los que hoy todavía siguen ejerciendo tan elegante profesión en
nuestro pueblo aunque por las referencias que tengo son bastante pocos.
Ser barbero al menos en aquellos tiempos implicaba una preparación fuera
de la común ya que eran innumerables los cortes de pelo que los clientes
demandaban. Los había de origen alemán, francés, americano y los netamente
españoles, cada uno tenía su propio estilo en cuanto a su desarrollo, y la
configuración de la cabeza presentaba diferentes formatos, que cuadraban
perfectamente con el pelado solicitado por el cliente.

Los barberos estilistas de aquella época eran muy dados a utilizar la
tijera y la navaja en la mayor parte de cortes que hacían, solo usaban la
maquinilla para limpiar el cuello, ya que todo el trabajo lo realizaban
con estos dos artilugios citados, denominándose esta forma de realizar el
corte, -a punta de tijera o navaja-. La realización requería unos
conocimientos especiales sobre el arte de la peluquería, es significativo
manifestar que todavía muchos profesionales lo hacen hoy aunque ya no con
tanta frecuencia. El uso de la maquinilla eléctrica se ha impuesto
totalmente en detrimento de la tijera y la navaja que solo se usan para
emparejar, hacer los recortes y en algunos casos aislados para la limpieza
del cuello. El desmonte del cuello y la forma tan bonita que se le daba al
mismo denominada disminución –donde la tijera realizaba una gran labor- ya
casi no se utiliza, salvo excepciones el peluquero de hoy lo basa todo en
la maquinilla con sus peines de diferentes calibres, desde el doble cero
hasta el dos. Un peluquero de antaño tardaba en hacer un corte entre
cincuenta minutos y una hora hoy el tiempo se ha reducido a quince o
veinte, los tiempos han variado en función de las herramientas, -antes las
maquinillas eran manuales-, incidiendo también la sencillez de los
diferentes cortes que hoy se hacen, aunque es lógico reconocer que los hay
bastante enjundiosos.

Los barberos de antaño, eran muy versátiles y llevaban a cabo labores
muy relacionadas con la salud más elemental, sacaban muelas, ponían
inyecciones, curaban heridas y hasta hacían sus pinitos en la cirugía más
elemental, como era la de curar forúnculos, tabardillos, juanetes etc. En
consonancia con esta praxis tan común de los barberos, recordar que en el
año 1957 aproximadamente, mi padre le abrió un forunculo que tenia en el
cuello maestro Benigno Rodríguez padre de Joaquín Rodríguez, haciéndole la
cura correspondiente tres veces en semana hasta que la herida cicatrizo y
quedo totalmente curado. Posiblemente como el, estuvo haciendo las
practicas para sacar el titulo de practicante, derechos que cedió a su
primo Bernardo, más necesitado en aquellos tiempos, siempre acredito una
innata facilidad para llevar adelante la practica de esta medicina
rudimentaria.

En Guía desde principios de los tiempos siempre hubieron bastantes
barberías, pero no quiero remontarme a algo tan lejano por eso voy a citar
en un principio la de maestro Pancho Dávila, de finales del siglo XIX,
donde ya en pleno siglo XX ejercieron como tales sus hijos Juan Francisco,
Bernardo y Alberto, mi padre y mi tío Antonio, la misma estaba situada al
lado de la plaza en la casa de Salvador Galván, donde estuvo ubicado hasta
no hace mucho tiempo el banco de Bilbao. Más tarde esta peluquería fue
adquirida por mi padre, trabajando en la misma, mi tío Antonio, -ya
citado-, Fernando Calero y Francisco Estévez conocido por Paco mano. Con
el paso del tiempo fueron apareciendo otras, que conformaron un numeroso
elenco barberistico en Guía, así por ejemplo los hermanos Sosa
Oliva conocido por los pepillillos, que ya habían tenido un gran centro de
estas características en la Habana (Cuba) creo que llamado la Rosa, donde
trabajaban José, Pedro, Vicente, Manuel y mi padre. Al regreso de la isla
caribeña, José y Manuel abrieron sendas barberías en Guía, el primero en
la calle Canónigo Gordillo y el segundo en la plaza de San Roque, Juan
Fernando Aguiar inauguro la suya en Pérez Galdos y su primo Chano en la
misma calle casi limitando con San Roque, frente a la casa donde vivieron
los Corti, Raimundo Díaz en Canónigo Gordillo, mi padre inicio su
singladura en la casa de Salvador Galván, -ya citada-, pasando luego a
Medico Estévez, primero donde esta hoy situada la farmacia de Fernando
Guerra, más tarde en la casa de Pedro Castellanos y finalmente en la casa
de mis tías y en la misma calle más hacia siete la tenia Francisco Mamea,
bastantes años más tarde Carmelo Suárez instalo la suya en la calle
Marques del Muni, frente a la casa de los López, hoy todavía existe pero
convertida en unisex que dirige su hijo José Ramón.

Los barberos de Guía tuvieron por su forma de practicar la profesión
una reconocida y constatada fama, se de la circunstancia de que muchos
personajes que residían en Las Palmas se desplazaban hasta mi pueblo para
cortarse el pelo ya que donde se basaba lo artístico de esta profesión
radicaba esencialmente en esta labor ya que el afeitado era menos
importante. Recuerdo entre los clientes de mi padre que al menos cada
quince días hacían uso de su peluquería viniendo para ello expresamente de
la capital, a Agustín Manrique de Lara y Bravo de Laguna, a los hermanos
Molina Vega, Salvador Díaz, Cayetano Guerra de Aguilar etc. Por aquel
entonces habían en Guía ocho barberías hoy parece ser solo hay dos.

Ya he tenido el placer de citar a los afamados barberos de la época,
ahora estimo oportuno citar a muchos de los aprendices que estos tuvieron,
los cuales se convirtieron en grandes profesionales y con el paso del
tiempo instalaron sus propias peluquerías. Así, tenemos a los Caleros
Fernando y Raúl, Paco mano, Claudio Bautista, Juan Aguiar Moreno, Perico
el barbero, José Vega, José González Sosa, Facundo Santiago, Manolo Román,
Agustín Martín conocido por Tinito, Isaías González Moreno y muchos más.

Si se me permite quiero recordar de manera especial a Paco Montesdeoca
residiendo hoy en Maspalomas donde tiene tres o cuatro peluquerías, dado
su extraordinario palmares, consistentes en los grandes y numerosos
premios obtenidos en cuantos concursos ha participado de índole regional,
nacional e internacional donde siempre ha obtenido la tijera de oro máximo
galardón otorgado a un peluquero en su trayectoria profesional además de
muchos más trofeos, consistentes en copas, estatuillas de oro y plata con
alegorías a la profesión, etc.

Se han hecho muchos trabajos de personajes de Guía, que destacaron por
sus insignes profesiones, herreros, carpinteros, intelectuales,
futbolistas, luchadores, comerciantes, etc., pero jamás se había hecho
nada sobre los barberos o peluqueros, hoy he querido así hacerlo inducido
de manera objetiva por mi buen y entrañable amigo guíense Manolo Moreno
Miranda. Estimo que estos profesionales tan relevantes se lo merecían.

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Juan Dávila-García

jocdavila@yahoo.es

Septiembre 2006.

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 14/12/2009.


Personajes populares 3

PERSONAJES POPULARES DE GUÍA (3)

Por Juan Dávila-García

Hoy me toca hablar de un guíense muy amante de su pueblo, al cual le
revestían una

serie de virtudes de estimadas connotaciones, aunque era algo dado a
practicar el arte

Baco. Su profesión de toda la vida fue la de marchante o tratante de
ganado. Se

recorría las medianías y cumbres de la comarca para comprar reses, que

posteriormente eran sacrificadas en el matadero municipal, poniéndose a
la venta

después en la carnicería que estaba situada detrás de la casa de Miguel
García, donde

últimamente ha vivido la familia Trujillo. Este estimado y querido
personaje era

Antonio Jiménez, conocido por Antonio "Huertas", pseudónimo que le
viene de la

relación con la tal denominada finca propiedad del Condado de la Vega
Grande, y

que regentaba en calidad de arrendataria su hermana Marcelinita, suegra
de

Francisco Miranda Santiago, conocido por Pancho "Serio".

Antonio Huertas, era el sempiterno juerguistas de copas y guitarras,
era muy

extrovertido y simpático hasta la saciedad, especialmente cuanto tenia
más de

una copa. Su bebida predilecta era el ron, siendo muy normal verlo
subir por

la calle Medico Estévez, perfectamente empaquetado con un enorme
pañuelo

rojo en el bolsillo superior de su chaqueta, o una hermosa rosa en su
ojal. El

retorno hacia su casa del siete, -junto a la óptica-, con una "cargasera"
de no

te menees, eso ya era –harina de otro costal-, totalmente desaliñado,
con la camisa

por fuera, la chaqueta mal abrochada los pantalones medio caídos, y del
pañuelo

o de la flor nada de nada. Los que formábamos mi pandilla le dábamos la
lata

y le hicimos más de alguna perrería.

Las juergas de tan elocuente guíense eran de cuatro o cinco días,
localizarlo

era casi imposible, igual estaba en Becerril, la Atalaya o en el
Barranquillo.

Su yerno Pepe Aguiar, se les veía y deseaba para encontrarlo y llevarlo
a

su casa donde le esperaba su hija y su cuñada María Pepa, se había
quedado

viudo relativamente joven. Más tarde se caso con la citada cuñada.

Su gracejo surgía de manera espontánea y la gente que estaba a su
alrededor

sentados en un banco de la plaza o en unos de los bares que
frecuentaba,

tales como el de Pepe Trujillo, el Farol –que era de Alvarito Vega- o
la Golosina,

rompían a reír dada sus elocuentes y graciosas manifestaciones.

En la bifurcación de las calles Medico Estévez y la de la Cárcel,
estaba ubicada

la fonda de Forteza, la misma estaba dirigida por Basilisita, -viuda
del citado señor

Forteza-, padres de Pepe Forteza, insigne miembro de la comunidad
guíense dado

el gran afecto y cariño que siempre mostró hacía Guía, donde desarrollo
una gran

labor social, cultural y deportiva, como Vicepresidente del gran Tirma
C.F. y de la

Rondalla Tirma-Guíense respectivamente. Toda su vida fue un alto
funcionario del

Registro de la Propiedad.

Cuando Antonio Huertas, bajaba por mi calle –la de Medico Estévez-,
bajo los

efectos de una monumental "templaera", sobre las diez u once de la
noche, al pasar

por delante de mi casa, mi madre que como ya manifesté en mi articulo
número 2

de Personajes Populares, disfrutaba haciendo perrerías, -sanas por
supuesto-, le

siseaba –chss…..-, y el bueno de Antonio Huertas casi sin poder
mantener

el equilibrio, se paraba frente a la fonda citada, y comenzaba a
desgranar una

serie de epítetos mal sonantes, -por supuestos-, dirigidos al difunto
Forteza, la

chispa no le permitía discernir, sobre el conocimiento que tenia sobrio
de la

muerte del citado señor, tales como:

"Forteza, h…. de p……, c…….., baja si eres hombre, para que te las veas

con el macho de Antonio Huertas"

Mi madre volvía a sisearle y esto lo ponía más indignado, y aporreando
la

puerta de la fonda, seguía diatribando de manera soez, y cada vez más
fuera

de si. Supongo que algún vecino llamaba a la Guardia Municipal, y

apareciendo por allí una pareja de la misma del servicio de noche que
hacían

los agentes Juan Marques e Hilario Rivero, se lo llevaban a duras a
penas

hasta su casa, para que durmiera la mona.

Por la mañana no se acordaba en absoluto de sus andanzas de la noche

anterior. Resaltar que Antonio Huertas, era un hombre serio, trabajador
y

competente profesional de la marchantería. Jamás observe en el ninguna

palabra mal sonante, era muy respetuoso mientras estaba sobrio, pero
todos

sabemos los efectos que producen la bebida, y cuando se emborrachaba se

disparaba, sin que hubiera forma de pararlo.

En un otoño de la década de los 50, del pasado siglo XX, tuvimos una
invasión

de cigarras, y mientras la gente acudía a los campos ayudar para
espantar a

tales bichos, el borracho como una cuba y con una guitarrilla que tenia

sentado en Plaza Grande cantaba y alegraba su espíritu, totalmente
ajeno a cuanto

estaba sucediendo. Fue un extraordinario personaje del cual guardo
muchos y

gratos recuerdos. Antonio Huertas fue todo un icono entre la gente
popular de

Guía.

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Juan Dávila-García

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Julio 2006.

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Personajes populares 24

PERSONAJES POPULARES DE GUÍA (24)


Manolo Vega, "Manolo el Canuto"

Por Juan Dávila-García

Sin acobardarme lo más mínimo por la execrable critica que hoy día 31
de julio de 2006, he recibido en mi correo electrónico, de un excéntrico y
mal nacido personaje que cobardemente oculta su identidad en el anonimato,
sigo esta singladura que inicie hace ya algún tiempo, sobre los
innumerables personajes que existieron en mi pueblo, algunos de los cuales
se manifestaron con elocuentes testimonios de los más variados contenidos.
Hoy quiero introducirme en la vida de un gran amigo mío y de mi familia,
me refiero a Manolo Vega conocido por el Canuto en un principio, y más
tarde también por el –fatiga-, motivado este ultimo pseudónimo por la
heroicidad que llevo a cabo en un partido de fútbol.

Manolo siempre fue una excelente persona, trabajadora y muy integra,
como carpintero oficio que siempre le conocí desarrollo una labor bastante
interesante, mas tarde se dedico a la pintura de brocha gorda y realizo
como tal buenos trabajos. Pero un día siendo algo mayor, surgió en el seno
de su familia un aciago e irreparable incidente como fue la muerte de su
hijo muy joven y su vida dio un giro de 360 grados. Tan luctuoso acto
ocurrió en Maspalomas donde el parecer alguien atropelló a este joven
guíense, lo que produjo en Manolo un grave trastorno del que nunca se
recuperó.

Con este entrañable amigo compartí ratos muy agradables, ya que era
bastante extrovertido y muy simpático. Pero la vida es así de ingrata y a
el le golpeo donde más le pudo haber dolido, como fue arrebatarle en la
flor de su vida a su querido hijo.

Fue futbolista y posteriormente arbitro de fútbol. Como practicante de
tan elocuente deporte jugo en el Tirma, y en la celebración de un partido
entre este equipo y el Galdense, Manolo se convirtió en el heroe de la
tarde, faltando poco tiempo para la conclusión de la contienda, yendo el
partido cero a cero, Manolo recogiendo una pelota que le envió un
compañero se metió casi dentro de la portería y marco un gol que siempre
tuvo su historia, al observar lo que había hecho, nuestro amigo cayo
fulminado al suelo aquejado de una fuerte fatiga, a partir de ahí siempre
se le conoció por Manolo el Fatiga. Con todos mis respetos para el y para
sus familiares decir que lo que cuento se ajusta a la más estricta
realidad.

Posteriormente una vez dejado la practica del fútbol y pasado el tiempo
se dedico arbitrar aunque de manera interina, ya que solo ejercía como tal
cuando el arbitro oficial nombrado para una determinada contienda no
comparecía por alguna circunstancia, entonces los delegados federativos
presentes en el evento nombrados por la Federación requerían sus servicios
para que ejerciera como tal. Sus actuaciones arbítrales siempre estuvieron
salpicadas de grandes polémicas y en más de una ocasión los aficionados y
los jugadores intentaron agredirle.

Hasta no hace mucho tiempo recuerdo verlo deambulando por el siete,
parándome siempre a charlar con el, me hacían mucha gracia las anécdotas
que me contaba. Como ya he dicho era una persona muy agradable y vivió la
vida con enorme intensidad, de ahí que supiera tanto de la misma. Repetir
que el golpe que se llevo con la perdida de su hijo lo trastorno de tal
manera, que el Manolo Vega que yo conocí siendo niño jamás se pareció al
que años más tarde trate.

Sin embargo siempre supo estar a la altura de las circunstancias y supo
resignarse a tan horrible desgracia, pero ya nunca volvió a ser el Manolo
Vega que todos conocimos.

Su manifiesta popularidad en Guía, significo una etapa en la historia
de nuestro pueblo, por eso lo cito con verdadero afecto y cariño como
personaje popular del mismo.

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Juan Dávila-García

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Agosto 2006.

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Personajes populares 41

OTG


OFICIOS TRADICIONALES DE GUÍA

 

Los marchantes de la Ciudad de Guía
de Gran Canaria

Por Juan Dávila-García


Hoy quiero incidir sobre una profesión que ha desaparecido por la
influencia de los grandes supermercados y otros establecimientos dedicados
a la venta de los productos cárnicos frescos que en otros tiempos solo se
expendían en las llamadas carnicerías regidas y administradas por los
ayuntamientos, aunque los vendedores fueran personas ajenas a la
administración, me refiero a la "marchantería". Esta singular profesión la
ejercían una serie de personas algunos de los cuales se enriquecieron al
amparo de la misma. En Guía los marchantes mas conocidos fueron Antonio
Jiménez conocido por Antonio huertas, Francisco Mendoza conocido por Paco
el totí y su hijo Sendo, Antonio el kikere y su hijo Antonio, Andrés Lujan
y otros. Aunque lucrativa era una profesión muy sacrificada.

El desarrollo de la misma consistía en comprar ganado de todo tipo pero
especialmente el vacuno, para abastecer las necesidades culinarias de la
mayor parte de los ciudadanos de mi pueblo, -supongo que en otros lugares
sería igual-. Para ello los marchantes citados se desplazaban a las
medianías adquirir esta mercancía en vivo, la cual traían posteriormente
al matadero municipal, donde después de sacrificarlas cosa que hacía José
Sánchez conocido por Pepe el cortante, -funcionario municipal-, se
despiezaban, se clasificaban y eran llevadas a la carnicería que estaba
ubicada donde hoy vive la familia de maestro Paco Trujillo para su venta,
hacer constar que esta la llevaban a efecto los propios marchantes los
miércoles y los sábados.

La dificultad que estos profesionales tenían en la mayoría de los
casos, que era muy sacrificada, consistía en desplazarse hasta las
medianías para adquirir las reses y traerlas hasta Guía haciendo ambos
recorridos caminando. Se imaginan traer un toro o una vaca desde Bascamao,
Tres Cruces, Palmital, Ingenio Blanco o de más arriba, con pesos de 400 o
500 kilos o quizás más hasta el matadero que estaba en la parte de abajo
del barranco, sin lugar a dudas era toda una epopeya digna de mención, sin
embargo estas personas lo hacían tres o cuatro veces a la semana y lo
llevaban a cabo con un dignísimo comportamiento y con una profesionalidad
extraordinaria.

Era necesario abastecer de carne fresca al municipio, y estos
personajes conscientes de tal necesidad desarrollaban su labor a sabiendas
de lo complejo y gravoso que resultaba dedicarse a la marchantería, pero
ejercer la misma tenía una parte positiva como era los beneficios
económicos que les dejaban la compraventa de los animales y posteriormente
la venta al detalle de la carne y de todos los órganos vitales de los
mismos algunos de los cuales se servían en los bares ricamente preparados.

En un principio el despiece de una res era como un ritual, se le
cortaba la cabeza una ve desollada y se tiraba al recipiente de los
desperdicios, lo mismo se hacía con otras partes del animal, pero la
llegada a Guía de muchos peninsulares destinados al batallón y otros
cargos oficiales, nos hicieron ver que todo era aprovechable y así la
gente de mi pueblo comenzó a degustar, los callos, las criadillas, los
sesos, los riñones, las asaduras y todo se aprovechaba. Recordar a un
veterinario cordobés que hubo en Guía allá por los años sesenta Rafael
Rivas Toledo, el cual nos animaba a que probáramos cada día algo nuevo de
los animales que se mataban y que el supervisaba e inspeccionaba fuera de
la especie que fuese.

Los marchantes fueron unos profesionales de primer orden, ganaron
dinero sin lugar a dudas, pero se desgastaron físicamente dada las enormes
caminatas que se daban, en pos de conseguir animales a mejor precio, igual
estaban en Montaña Alta y alguien les decía que en Juncalillo se estaba
vendiendo un animal cuyo valor era más bajo y sin pensárselo mucho se
lanzaban camino adelante con el fin de obtenerlo. Eran asiduos visitantes
de cuantas ferias de ganado se celebraban en la isla, con el fin de
sopesar precios y adquirir alguna pieza que se les pusiera a tiro. Hoy ya
no tienen razón de ser la mercantilización y comercialización de los
productos cárnicos en las grandes superficies nos han privado de tan
elocuente y distinguida profesión, eran unos verdaderos practicantes del
regateo, que buscaban con esta manera de comportarse los mejores precios a
la hora de adquirir un animal.

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Juan Dávila-García

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Septiembre 2006.

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Personajes populares 4

PERSONAJES POPULARES DE GUÍA (4)

Por Juan Dávila-García

 

Al enterarme hoy del fallecimiento de Oscar Bautista, ex alcalde de mi
pueblo y gran amigo, -aprovecho este momento para hacerles patente a su
mujer e hijos mi mas afectiva y cariñosa condolencia-, me vino a la
memoria el entrañable recuerdo de su padre Antoñito Bautista, conocido por
Antoñito el de la Botica, personaje muy popular y querido por su sapiencia
en tratados de química orgánica y que trabajo toda la vida en la farmacia
de Augusto Hernández, -posteriormente de su yerno Pepe Bolaños, más tarde
y en la actualidad de Isabel Luaces-. Antoñito, fue un experto tratadista
de las formulas magistrales, muchas de las cuales hacia por su propia
cuenta y otras recetadas por algún que otro medico local o provincial.
Incluso tenia en la trasbotica un laboratorio de un alto valor, por el
contenido del mismo, -matraces, pipetas, probetas, todo tipo de
recipientes, morteros, basculas de precisión y gran cantidad de productos
químicos y medicinales-, que utilizaba para llevar adelante su elocuente
faceta de sanador, -no era medico y tampoco farmacéutico-, la experiencia
y sus estudios le hicieron manifestarse como un extraordinario curador de
gran cantidad de patologías.

Le recuerdo muy bien pues solía visitar con mucha frecuencia la citada
farmacia, con el fin de adquirir medicamentos para mi madre aquejada desde
muy joven de un asma intrínseca, flores de buenas noches, papelillos del
Dr. Andréu etc.

Antoñito, sanaba infinidad de enfermedades de más o menos calado, desde
una exacerbada alopecia, pasando por tabardillos, callos, forúnculos,
catarros, gripes, bronquitis, gota, pequeñas quemaduras, heridas,
hemorroides, fiebre, fístulas, gonorreas leves etc. El sistema empleado
por tan elocuente "científico", era hacer jarabes, pócimas, cremas,
ungüentos, aguas químicamente tratadas para lavarse y muchas cosas más. En
la enorme mesa central del citado laboratorio, tenia siempre a mano unos
voluminosos libros manuscritos por el, donde constaba de manera detallada
sus recetas y la relación de los productos a emplear en cada patología que
se le presentaba o que algún cliente de la farmacia le solicitaba, el
beneplácito del titular farmacéutico hacia sus experimentos y confección
de medicamentos era total.

Antoñito Bautista, además de esta elocuente virtud, era todo un
caballero, serio, honesto y honrado a carta cabal, no obstante de vez en
cuando hacía reír a los que solicitábamos sus servicios con anécdotas
cuyos contenidos eran jocosos y hasta divertidos.

Hoy donde la existencia de ingente cantidad de sanadores, santeras,
babalaos, que utilizando medios bastante rudimentarios como son hierbas y
otros afines, o practicando la cartomancia, la quiromancia, etc., -para
ellos mi elocuente reconocimiento por el bien que hacen-, estimo
interesante resaltar que la forma de sanar de Antoñito, tenían un alto
valor y rigor científico, ya que los productos que utilizaba en la
confección de sus formulas, procedían de los mas significados laboratorios
farmacéuticos, tales como Abelló, Pfizer, Bayer, Roche, Admiral, Boringer,
todos ellos de reconocida fama mundial.

Recordarlo me produce una cierta emoción, máxime por la gran amistad
que me unió a sus hijos especialmente a Fernando y Oscar, (ambos
fallecidos). El trato exquisito que el citado personaje le daba a los
clientes de la farmacia, hacían que esta al menos en aquellos tiempos
fuera la que más vendiera. El tandem que formaban D. Augusto y Antoñito,
funcionaba a la perfección y el entendimiento entre ambos, -respetando las
distancias-, era perfecto.

Las personas se deben enjuiciar por sus actos y no por la riqueza, la
cultura o los títulos. La labor social que Antoñito Bautista desarrollo en
Guía fue grandilocuente, y en la exposición que aquí hago de una de sus
facetas más brillantes, además como la de padre, hijo, etc., estimo lo
hacen merecedor del reconocimiento de mis paisanos, a los cuales les digo
que miren hacia el municipio limítrofe, y observen como con una incidencia
menor en lo referido a personajes ilustres y populares, saben reconocerles
a estos sus meritos y valores, sin cortapisas y alardeando de ello. Seamos
consecuentes.

Juan Dávila-García

jocdavila@yahoo.es

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Juan Dávila-García

jocdavila@yahoo.es

Julio 2006.

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Personajes populares 25

PERSONAJES POPULARES DE GUÍA (25)


Alberto Dávila Ossorio, "Albertito"

Por Juan Dávila-García

Movido por las peticiones que me han hecho desde Guía, por teléfono y a
través del correo electrónico, muchos paisanos, algunos conocidos y otros
no, los cuales argumentan que fueron alumnos de Albertito, me he visto
impelido, y muy a pesar mío, hablar hoy de Alberto Dávila Ossorio,
extraordinario músico, que formo parte durante muchos años de diferentes
agrupaciones y orquestas, empezando por la Tirma que fundó don Teofilo
Morales y Martínez de Escobar, continuando con la Guayarmina,
Tirma-Guíense, Pulso y Púa del Real Club Victoria, Banda Municipal de Las
Palmas y finalmente como Director de la Banda Municipal de Guía. Como
interprete fue un excelente guitarrista y también un grandilocuente
clarinetista, como tal llego a ser el número uno y principal de la citada
banda Municipal de Las Palmas.

Alberto jamás se cohibió ante una partitura por muy difícil que fuese.
Como concertista-guitarra, interpreto grandes obras pero sentía una gran
predilección por la música de Francisco Tárrega (1852), -a quien se le
debe el prestigio actual de la guitarra, la cual recupero como instrumento
de concierto-. Oí Alberto "en petit comité" en infinidad de ocasiones,
interpretar de este gran músico-compositor, sus numerosas obras,
destacando entre estas: Lagrimas, Alborada, Capricho árabe, Danza mora,
Variaciones sobre el carnaval de Venecia, Pavanas y otras introducciones
de obras de Händel, Mozart, Chopín, Albéniz, etc.
Este "petit….." que
cito tenía lugar en la sociedad de la Tirma-Guíense, pero el ya había
paseado su sapiencia por diferentes teatros de la provincia.

Para llegar a ser clarinete principal de la Banda Municipal de Las
Palmas, dirigida en aquellos tiempos (primera década de los años 40), por
Don Agustín Hernández, tuvo que intervenir en un concurso oposición, donde
intervinieron innumerables clarinetistas de toda la provincia, Alberto
actúo con el número 11, la obra a interpretar era una polca de doble
picado, -termino usado en el argot musical-, denominada Perita en dulce,
ni que decir tiene que después de su intervención el jurado seleccionador,
dio por terminada la prueba, manifestándole a los músicos que faltaban por
intervenir la elocuente y significativa frase, -"La prueba se da por
terminada ya hemos encontrado lo que queríamos
"-, constituyéndose
Alberto desde aquel instante en clarinete principal de la citada banda.

Conocí a muchos directores al frente de la banda de Guía, y estando la
misma formada por grandes y preclaros músicos, jamás ninguno se atrevió a
poner en el atril las extraordinarias obras de Richard Wagner, Alberto en su ultima etapa
como máximo responsable de tan elocuente banda así lo hizo, recordar un
concierto que la misma dio en la Plaza Grande una víspera de la Virgen del
año 1966, entre las obras que ejecutaron, que creo recordar fueron cuatro,
dos al menos eran composiciones del insigne compositor teutón, -Tannhäuser
y el Holandés errante-, las otras dos fueron la Gran Vía y la marcha
militar Doble Águila ambas de autores españoles.

Aproximadamente en el año 1952, Alberto Dávila paso a formar parte de
la Orquesta de Pulso y Púa del Real Club Victoria de Las Palmas, su gran
exquisitez como guitarrista, le llevo junto con otros compañeros de Guía,
a constituirse como integrante de tan extraordinario conjunto, jamás
igualado en Canarias. Recordar que cuando la citada Orquesta debuto en el
teatro Pérez Galdós, estaba actuando en el mismo un grupo operístico
italiano de renombre internacional, cuando la formación del Club Victoria
finalizó su actuación, el director del citado grupo, reconociendo la valía
de tan insigne orquesta, hizo el siguiente comentario, -bravísimo, las
bandurrias y mandolinas parecen violines, los laúdes violoncelos y las
guitarras bajos-. Entre bambalinas fui testigo de excepción de tan
grandilocuente comentario, ya que mi padre me llevaba a todos los
conciertos que la orquesta victorista interpretaba en Las Palmas y otros
pueblos de la provincia.

Alberto, ha sido un icono digno a tener en cuenta en nuestra querida
ciudad, en su faceta de virtuoso músico, y estimo debía constituir un
ejemplo a seguir por muchos jóvenes que intentan abrirse camino en este
incuestionable arte. Sus alumnos le llamaban Albertito, nunca le gusto ser
tratado de otra manera, era su humilde forma de comportarse. Todavía en
Guía existen algunos jóvenes que fueron alumnos suyos, los cuales más de
una vez me han comentado, la forma tan especial que tenía de enseñar. No
era propenso a violentarse o enfadarse si alguno fallaba en sus tareas,
muy al contrario les animaba a seguir adelante. Sus hijos nunca fueron
proclives a seguir los pasos de su padre, ninguno se hizo músico, aunque
me he enterado que tiene al menos dos nietos que son unos virtuosos
instrumentistas, -sin poderlo afirmar con la exactitud que quisiera-, pero
alguien me ha comentado que forman parte de la gran banda Municipal de
Música que hoy tiene Gáldar.

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Juan Dávila-García

jocdavila@yahoo.es

Agosto 2006.

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Personajes populares 42

PERSONAJES POPULARES DE GUÍA (42)


Francisco Miranda Santiago, conocido como Pancho Serío

Por Juan Dávila-García


Cuando se habla de personajes populares de un determinado lugar, es de
bien nacidos recordar con verdadero afecto a los seres que por su
virtuosismo destacaron y que de forma autodidacta se hicieron así mismo.
Es el caso del que fue un gran amigo de mi familia y del que suscribe, muy
estimado y apreciado en Guía, me refiero a Francisco Miranda Santiago
conocido cariñosamente como Pancho Serío. Este hombre de honorable
comportamiento, se hizo así mismo, y en la rama de la floricultura llego a
poseer unos conocimientos teóricos-prácticos de tal calibre que lo
convirtieron en Profesor titular de tan complicada materia en el Instituto
de Guía, donde desarrollo una labor docente extraordinaria.

Francisco Miranda en un principio albañil, -creo-, se posiciono en la
finca de la Huerta, -propiedad del Condado de la Vega Grande-, de la cual
era arrendataria su suegra Marcelinita Jiménez, iniciando una verdadera
revolución en la ciencia floral de la cual llego a ser una verdadera
institución. En un principio se hizo con una extraordinaria biblioteca
referida a tan colorida materia y más tarde de manera generalizada la
constituyo en una de las más importantes de Guía y creo que de la
provincia. Los jardines que bordeaban la citada finca donde la mano de
Pancho se recreaba tenia unas connotaciones babilónicas y su colección de
crotos tenían la virtud de ser una de las más importantes de las
existentes en las islas canarias. Todos los años con motivo de la
festividad del Corpus, esta ingente exposición floral lucía de manera
brillante y elocuente en las graditas de las Iglesia y eran la admiración
de cuanta gente visitaba Guía con motivo de tan significada fiesta donde
el protagonismo lo tenían las bellas alfombras que los guienses solíamos
realizar.

Cuando Marcelinita se vio mayor le cedió a Pancho el arrendamiento de
tan importante finca a la cual este supo sacarle el máximo rendimiento
especialmente en el cultivo de las plataneras, pero su gran afición, la
floral, siguió imperando y su dedicación a ella era cada vez más elocuente
practicando toda clase de injertos de diferentes especies que le daban
como resultado unos ejemplares "híbridos" de delicada textura, tales como
claveles, rosas, flores del mundo, violetas, etc.

La vida de Pancho, por desgracia no fue siempre feliz, tuvo sus
problemas en el año 1936, fue torturado, apaleado y en más de una ocasión
le hicieron orinar sangre. Recuerdo oírle decir a mi madre que Mercedes
Ossorio su mujer, -parienta nuestra-, llegaba a mi casa muy tempranito y
le contaba todos los sufrimientos que Pancho había padecido durante la
noche en el patio de la heredad, donde se llevaban a efecto los maltratos,
más tarde fue llevado al campo de concentración en Gando. Parece ser que
el paso del tiempo cicatrizo aquellas heridas y los rencores de aquellos
años y Pancho que era un señor de los pies a la cabeza, reinicio su vida
con enorme sacrificio llegando a ser una persona muy querida y respetada
en Guía, los desvelos por ayudar a sus convecinos fue una premisa que
siempre le revistió.

A su manera Pancho fue un intelectual, sus constantes estudios y
experimentos con las flores y las plantas le dotaron de una alta
preparación, además era un lector empedernido de las obras literarias más
emblemáticas, su enorme biblioteca así lo acreditaba. No compraba libros
por lucirlos, lo hacía porque le encantaba la lectura, y en las muchas
ocasiones que fui a su casa ubicada en el callejón sin salida –frente al
cine Hespérides-, lo pude comprobar.

Francisco Miranda Santiago, el amigo, de caballeroso comportamiento,
estimo tiene también su hueco en esta galería que conforman los Personajes
Populares de Guía, por ello lo he citado con todo el afecto que siempre le
profese, fue un hombre de nobles sentimientos y de una impoluta honradez.
Reconocerle sus meritos implican el agradecimiento a quien siempre estuvo
dispuesto a colaborar en cuantos eventos se celebraron en Guía y que
requirieron de su participación. Sería lógico y natural que los guienses
le recordásemos con verdadero cariño por lo que significo para nuestro
pueblo, Pancho fue un verdadero patriota defensor a ultranza de todo lo
nuestro, y jamás tuvo temor de así manifestarlo.

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Juan Dávila-García

jocdavila@yahoo.es

Septiembre 2006.

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 10/12/2009.


Personajes populares 12

PERSONAJES POPULARES DE GUÍA (12)



Pepito Martín

Por Juan Dávila-García

Allá por los años cuarenta y cinco y posteriores, -tal vez hasta
finales de la década de los cincuenta-, el almacén de los Betancores en
Guía estaba regentado por José Martín conocido por todos como Pepito
Martín, que lucía un enorme mostacho muy de acorde con su gran humanidad.
Amante de los perros, siempre se hacía acompañar por un perro negro de
enormes proporciones, -creo que de la raza San Bernardo-, al igual que
otro que tuvo posteriormente pero este mezclado de color blanco y negro.
Pepito Martín siempre estuvo respaldado por el encargado general del
almacén de empaquetado que era Miguel Armas, -que fue durante muchos años
el insigne portero del mítico Tirma C.F.- Este personaje al que le quiero
dedicar hoy mi relato era muy enamoradizo y tuvo más de un fracaso
sentimental, hasta que ya bastante mayor se casó con una joven de Agaete.

Vivía junto con su hermana Linita y Antonia Rodríguez en el callejón de
León, en un hermoso caserón cuya arquitectura tenía una gran relación con
las edificaciones coloniales de épocas pasadas, con un hermoso patio
engalanado con unas frondas de enorme belleza y elocuente contenido. En
los risquetes frente a la zapatería de maestro Pedro Porin, tenía una casa
la cual era usada comúnmente como vestuario de los jugadores del citado
club de fútbol del cual era presidente y también para otros menesteres
bastantes menos edificantes.

Aproximadamente en el año 1946, arribo a un burdel de la Atalaya, una
prostituta procedente de Las Palmas, llamada Matelle, la cual constituía
un compendio de hermosura y belleza fuera de lo común, ni que decir tiene
que se enamoro locamente de ella y se la llevo a vivir a su casa citada de
los risquetes. A esta mujer preciosa de cuerpo, la revestía también una
gran facilidad para cantar, y así lo acreditó en diferentes ocasiones en
algunas serenatas donde acompañada de mi padre, mi primo Alberto, Pepiyiyo
y Mariano Chirivella, se exhibieron en la ventana de mi casa y en muchas
casas más de Guía. Fue tal la locura de amor que sintió por ella que llego
hasta proponerle matrimonio, cosa que ella acepto aparentemente de manera
provisional, pues cuando llego la hora de iniciar los preparativos para la
boda, incluso con la casa amueblada y ordenada para la cohabitación,
Matelle se rajo, y mi padre que era muy prolifero a contar musicalmente
cuanto aconteceres se le pusieran por delante les dedico una copla, que
decía: "Y ahora dice Matelle que no se casa con los muebles comprados y
Pepe en casa". Recuerdo oírle cantar esta copla con ritmo de isas, folias
y malagueñas, a Juan el claca en muchas ocasiones en parrandas privadas,
pues mi padre nunca permitió que la misma saliera a la calle y fuera del
dominio de todos los cantadores de la época.

Pepito Martín, fue una excelente persona, caballeroso, gentil y muy
servicial, pero tenía esa irremediable afición, el gusto excesivo por las
mujeres. Fue un significado personaje en Guía y se implico bastante en la
vida social de nuestro querido pueblo, al cual desde la presidencia del
Tirma C.F., le dio una gran pujanza ya que consiguió con este
extraordinario equipo sonados triunfos que repercutieron de manera
ostensible en la semblanza de los guíenses, que disfrutábamos con el
desarrollo que los miembros del mismo acreditaban en la cancha.

Durante muchos años ejerció como gerente o regente de los Hermanos
Betancores, en la zona, y desde ese puesto privilegiado ayudo a muchas
familias, otorgando puestos de trabajo a gran cantidad de gentes. Tenía la
virtud del "mecenas" e hizo elocuentes favores de toda índole.

A la hora del aperitivo se iba a la bodega de Santiago Gil Cabrera y no
se si por esnobismo, o porque era un buen "gourmet", se tomaba sus copitas
de coñac "Magno", algo privativo para la mayoría de los ciudadanos de a
pie en aquellos tiempos ya que se trataba de un oloroso de elevado precio.
Era elocuente su forma de apreciar el hermoso color ámbar de tan preciado
licor el cual saboreaba con connotaciones sibaritistas.

En fin que Pepito Martín, ejerció en Guía una gran labor que muchos
habitantes de nuestro pueblo todavía recuerdan, no en vano se implico
socialmente en la vida cultural del mismo y cuando todavía los Carnavales
estaban proscritos muchas veces presto los salones del almacén para que en
los mismos se celebrasen extraordinarios bailes de mascaras, donde de
manera muy natural intervenía, animando a las gentes a que pasasen a
divertirse. Dada la gran amistad que le unía con mi familia especialmente
con mi tía Lorenza y mi padre, siempre se le tuvo un gran aprecio en el
seno de la misma. Nunca fue asiduo visitante del casino, su singladura
estaba lejos de ser un comparsa más en el mismo, el iba a lo suyo y de
verdad que supo sacarle partida a la vida.

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Juan Dávila-García

jocdavila@yahoo.es

Julio 2006.

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 10/12/2009.


Personajes populares 6

PERSONAJES POPULARES DE GUÍA (6)

Por Juan Dávila-García

Hoy voy a referirme a una señora ¡porque no¡, algo retrasada
psíquicamente, y que ejerció toda su vida como barrendera municipal junto
con otras dos, Pepita a la que le decían "la de los ojos malos", pues toda
su vida tuvo problemas en este órgano de vital importancia y la otra
Lolita, de la Atalaya, a la cual se la conocía por "la cojita". Me refiero
a Candelaria García conocida por "Lala". Mi madre muchas veces cuando
hacia limpieza general en nuestra casa la solía llamar para que realizara
tal función, pero la pobre mujer al no ser completa, no realizaba la tarea
que se le encomendaba todo lo bien deseado, no obstante mi madre por pena
siempre la seguía llamando. Le daba el desayuno y le pagaba una cantidad
de dinero por el trabajo realizado, cosa que la infeliz agradecía
infinitamente.

Cuando empezaba a romper el día ya se oía en la calle el trasteo de las
barrenderas. Posiblemente el simple hecho de adecentar las calles de mi
pueblo no tuviera mayor transcendencia, a la hora de molestar a los
vecinos que pudieran estar descansando, pero era evidente que las
discusiones y las peleas entre ellas si. La retahíla de palabras mal
sonantes empleadas por las ínclitas, -obviamente por su falta de educación
cívica al menos-, y la estridencia de sus voces producían un gran malestar
a esas horas tan interspectívas, en estas peleas de connotaciones
barriobajeras destacaba por encima la voz chillona y estridente de Lala,
que hablando casi a media lengua, hacia prevalecer su mayor constitución
física, su juventud y la violencia derivada de sus pocas luces.

Lala fue una madre muy fecunda, no recuerdo exactamente cuanto hijos
tuvo, pero si puedo decir que fueron muchos, y posiblemente todos de
diferentes padres. Muchos personajes de Guía, aprovechándose de sus
necesidades económicas y de su tara psíquica, la embarazaron muchas veces,
por cuatro cuartos, aunque había que tener mucho estomago para así
hacerlo, pero la vida en aquellos tiempos era muy dura y los elementos
citados carecían de escrúpulos al respecto, y siendo ella muy joven la
hicieron una desgraciada. No era una mala mujer desde el punto de vista de
la semántica que se emplea para definir a estas personas, era solo una
incipiente subnormal de lo cual muchos hombres sacaron provecho sin
comprometerse a nada.

Cuando para las fiestas se habilitan los servicios que estaban en el
cuartel de Falange que lindaba con la plaza Chica o de Lujan Pérez, el
ayuntamiento la ponían a ella al cuidado de los mismos, y allí me consta,
muchos vecinos de mi pueblo con una moral desvirtuada y aberrante
aprovechaban la coyuntura, para hacerle un chiquillo más. Lala fue una
victima de la época, como tantas otras mujeres de la comarca, pero con la
única diferencia de que estas ultimas aprovecharon la circunstancia para
constituirse en amantes bien pagadas y lujosamente engalanadas, de algún
que otro ricachón de mi pueblo, mientras que la pobre Lala nunca paso de
ser una barrendera mal pagada, ya que sus pocas luces le impidieron
acceder a la opulencia de las otras. Procedía de una buena familia, sus
hermanos y hermanas tenían una situación cómoda, como honrados
trabajadores que eran y muy estimados en Guía, ella debió ser la excepción
posiblemente sin quererlo ya que su atrofiada mente le impidió ser de otra
manera.

Conocí a casi la totalidad de sus hijos, pero sobre todo al mayor, este
fue un dechado de virtudes y siempre estuvo muy relacionado con algunas
personas de mi pueblo que tenían cargos relevantes relacionados con
empresas agrarias y de regantes. Juntos solían salir al campo los domingos
a coger pájaros pintos, verderones y linaceros, además era el encargado de
una suntuosa finca ubicada en Santa Elena, propiedad de un terrateniente
de la época que le tenía una gran estima y afecto por su constatada
honradez. Además fue un extraordinario portero de fútbol que jugo en el
Guíense de la Atalaya, en una época que este barrio de Guía contó con un
gran equipo y con destacados futbolistas.

En fin que recordar a Candelaria García "Lala" para mi ha sido un
placer, pues me ha transportado a mi infancia y juventud, de las cuales
tan buenos recuerdos tengo. Posiblemente mi pandilla y yo le hiciéramos
alguna perrería, pero como todas las nuestras tenían unos sentimientos
nobles y nunca de connotaciones dañinas. Lala fue dentro de los personajes
populares de Guía, un icono, quizás no estuviera revestida por la
grandilocuencia de otros, pero su forma de hablar y su poco raciocinio la
hacían a veces decir cosas simpáticas, menos cuando estaba "enfurruñada",
en este ultimo caso se convertía en un ser violento y capaz de arremeter
contra cualquiera que se le pusiera por delante. Tal vez las nuevas
generaciones de mi pueblo no la conocieron pero existió y marco un hito,
-tal vez intranscendental-, pero vivió y murió en Guía.

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Juan Dávila-García

jocdavila@yahoo.es

Julio 2006.

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 16/12/2009.


Personajes populares 43

OTG


OFICIOS TRADICIONALES DE GUÍA

 

Los zapateros de la Ciudad de Guía
de Gran Canaria

Por Juan Dávila-García


Desde tiempos remotos los diferentes gremios integrados por los
artesanos especializados en diferentes oficios, tuvieron un preponderante
papel en la economía de una comarca, de una ciudad, pueblo o simplemente
de una villa. Eran muchas las profesiones que conformaban estos distintos
grupos e incluso existían calles donde radicaban exclusivamente los
prototipos de una determinada profesión y que eran conocidas más por el
nombre de estas que por el propio patronímico de las mismas.

Guía no fue una excepción, y en la misma abundaron grandes
profesionales especializados en múltiples materias, que tuvieron una gran
resonancia a nivel insular y regional y en algunos casos como el de la
"cuchillería" y "quesería", su fama ha tenido repercusiones de índole
internacional. Hoy quiero dedicarle este nuevo trabajo al gremio de los
zapateros, que en un momento determinado fue muy prolifero en nuestro
pueblo. Existiendo entre estos, grandes y extraordinarios realizadores y
constructores de todo tipo de calzado, quien destaco de manera elocuente y
que marco una época de ilustre catalogación en tan complicado menester.
Estos expertos artesanos iniciaban su trabajo partiendo de la demanda del
cliente, el cual le exponía, la forma y el material a utilizar en la
confección de lo que demandaban, el profesional tomaba las medidas
oportunas utilizando las plantillas y las hormas que estaban debidamente
homologadas con respecto a las medidas de cada pie fuera femenino o
masculino. Una vez terminada esta primera e indispensable fase, se
iniciaba la segunda que consistía en confeccionar el calzado demandado
usando para ello todas las herramientas precisas para que el acabado fuera
lo más perfecto posible.

Una de las facetas más importantes a llevar a cabo era la maceración de
las suelas para que cogiera mayor flexibilidad y consistencia, y que se
hacia utilizando una plantilla triangular de hierro plana en su anverso
donde el zapatero después de mojar adecuadamente con agua la suela la
golpeaba durante un buen periodo de tiempo con un martillo de cabeza
circular amplia conocido como "martilla". Otro ritual era el cosido de la
pieza, -los zapateros guienses tenían la virtud de confeccionar el calzado
cosido a mano-, solo utilizaban el tachéado en la botas que hacían cuyo
uso primordial tenían que ver con las faenas del campo. La liturgia para
llevar adelante el citado cosido era muy compleja, ya que la iniciación al
mismo se hacía preparando el hilo, el cual enredaban con la mano
utilizando como base parte de la pierna en el espacio comprendido entre la
rodilla y el muslo, una vez que el mismo adquiría la consistencia debida
lo enceraban con una cera especial e iniciaban el cosido a dos manos,
presionando con bastante fuerza para que el amarre fuera persistente. Todo
ello lo hacían con el material utilizado para la confección del zapato
dentro de la horma. Los materiales utilizados variaban según la petición
del cliente, así como el color, los más usados era el cuero en general, el
charol, las pieles de diferentes animales, que le daban un aspecto de
elocuente belleza al objeto fabricado. Muchos vecinos de mi pueblo se
hacían los zapatos por encargo, que solían tener unos precios elevados, ya
que los formatos pedidos requerían una dedicación por parte del
profesional bastante más comprometida y delicada.

Guía llego a tener de manera simultanea hasta diez o quince zapaterías,
donde además de la confección de los diferentes tipos de calzados se
hacían también las reparaciones de los mismos, -o remiendos-, consistente
en poner punteras, palas, tacones, tapas y tapillas y otras de menor
importancia.

Antes de finalizar este trabajo y a modo de reconocimiento quiero citar
algunos de estos profesionales, que le dieron a Guía una gran importancia
dada su dedicación y el gusto que empleaban para llevar adelante tan
brillante profesión. Muchos de los personajes que voy a citar quizás ya no
sean conocidos por la gente de mi pueblo, pero es de bien nacidos
reconocer su virtuosa labor, que de alguna forma engrandeció el devenir de
nuestro terruño. Voy a intentar hacerlo por orden de antigüedad en el
ejercicio de la profesión aunque la mayor parte de ellos fueron coetáneos.
Todos tienen la nominación de maestros por eso voy a obviar repetir esta
palabra cada vez que los vaya citando. Así tenemos a:

Mariano Calcines y su hijo Mariano, Pancho –padre del joyero Pantaleón
Suárez-, y Pedro Suárez, -padre de Yoyo y Pepe Suárez Ossorio platero y
joyero respectivamente este ultimo residente en Tenerife-, Pancho
–conocido por maestro Pancho el cartero- y Antonio Ossorio, Antonio Dávila
–mi abuelo paterno-, Pedro Estévez conocido por Porin, Pancho Castellanos,
José Vega conocido por Pepe el sordo, Faustino Suárez conocido por el
carro y su hijo Juan, Domingo en la calle Trasera, Salvador Bautista
conocido por el tunera, Bartolo Oliva, Marcelino Mendoza, Sebastián Martín
conocido por Chano el reinosá, Lito, los lecheros Pepe y Santiago, Manolo
Roque, Antonio Bautista y posiblemente muchos más.

A todos ellos mi reconocimiento más sincero y mi afectuoso saludo para
los que todavía viven.

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Juan Dávila-García

jocdavila@yahoo.es

Septiembre 2006.

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Santa María de Guía

Dedicados a la preservación, estudios y divulgación del rico patrimonio histórico y cultural del municipio de Santa María de Guía de Gran Canaria. El Archivo Vivo de Historia y Tradición


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