El testamento de doña eusebia y la llegada de los salesianos

5 de diciembre de 2006 Documentación

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

 

EL TESTAMENTO DE DOÑA EUSEBIA Y LA LLEGADA DE
LOS SALESIANOS

BRUNO QUINTANA QUINTANA

(Por la transcripción: B. de V.)

"Dejada, pues, constancia del sentir y de la determinación de
doña Eusebia Armas acerca de la entidad jurídica a quien había de dejar sus bienes para
su benéfica fundación, continúo manifestando que aquella misma tarde del día en que su
médico le dijo que arreglase todos sus asuntos para que adquiriera salud, marchamos a Las
Palmas, a las quince horas, acompañados de don Juan Castellano Suarez, señor muy
entendido en estos menesteres de fincas y aguas -quien fue más tarde administrador de sus
bienes, nombrado por ella misma-, para acudir al despacho de don Antonio Limiñana López;
acompañándonos también el Doctoral de la Catedral de Canarias, don Tomás Ventura, gran
perito en Derecho Canónico y Civil. Fuimos recibidos por el letrado y, previos los
saludos y presentaciones de rigor, doña Eusebia empieza a exponer sus presentimientos
acerca del testamento que deseaba redactar, deseando que fuese el exponente de sus
auténticos deseos y de sus proyectos para el futuro.

El señor abogado le sacó de sus oscuros presentimientos,
manifestándole:

-Usted, señora, es y será siempre, mientras viva, dueña absoluta de
todos sus bienes. Y por la misma razón, puede hacer y deshacer, vender o comprar,
regalar, revocar o anular todo lo que usted quiera y en todo momento, a pesar del
testamento que usted otorgue en cualquier tiempo. Esta manifestación llenó de tanta paz
y satisfacción a la señora, que inmediatamente dispuso, ante todos los presentes, que
Limiñana se encargara de recoger sus deseos y redactase el testamento. Esta fue la razón
por la que doña Eusebia permaneció en Las Palmas por espacio de quince días, durante
los cuales se fue redactando el testamento tal cual ella lo deseaba.

Cuando todo estuvo expresado a plena satisfacción suya, se redactó
definitivamente y se llevaron a cabo todos los trámites legales ante notario, para darle
validez.

De esta forma, doña Eusebia Armas, que se hallaba en pleno y normal
uso de sus facultades mentales -como todos comprobamos- y con lúcida expresión de juicio
por medio de su fácil palabra, otorgó libremente un testamento que había de ser roca
inamovible de la Fundación Benéfica, que era su más cariciada ilusión.

Una de las cláusulas que más le satisfizo fue donde se determinaba
que para llevar a cabo la labor benéfica, se prefería a la Congregación Salesiana, por
ser constitucionalmente fundada para promocionar en artes y oficios a la juventud modesta.
Y si esta Congregación no aceptaba llevar a efecto esta labor, se invitase a otra, y así
hasta agotarlas todas. Y si, al final, ninguna aceptaba, el Obispo de Canarias podía
valerse de sacerdotes diocesanos para realizar esta obra.

Es más, si estos escaseaban, podría efectuarla por medio de peritos o
maestros seglares. La redacción de este testamento fue del agrado de todos, mereciendo
incluso la felicitación del Provincial de los Salesianos y del Obispo Pildain y Zapiain,
por la gran visión con que fue concebido.

Así las cosas, los Padres Salesianos aceptaron fundar o hacerse cargo
de esta obra mediante un contrato que suscribieron las dos partes, coincidiendo además
con la fundación de Teror por la misma Congregación, pues así lo exigió el obispo.

Vinieron los Salesianos a Guía el 24 de julio de 1955, domingo, siendo
recibidos con gran regocijo por el pueblo en masa ante el templo parroquial de Santa
María de Guía, a las diez de la mañana, estando también presentes las autoridades
municipales y judiciales. Entraron al templo entre repiques de campanas y a los acordes de
la trompetería del órgano, que interpretaba marchas triunfales. Con el amplio templo
abarrotado de fieles, a las once de la mañana empezó una solemnísima función, haciendo
de preste el que luego habría de ser primer director del colegio, el reverendo don
Guillermo Navarro, natural de Tejeda. Asistió también al acto el reverendo padre
Doblado, Provincial de dicha Congregación.

Terminada la función, desde la Iglesia salió en procesión la imagen
de San Juan Bosco, acompañada de la de María Auxiliadora, seguidos ambos tronos de las
autoridades y una gran multitud de fieles, que se dirigieron al grandioso edificio de tres
plantas erigido en la finca de la fundadora.

Al llegar al patio de la entrada principal del Colegio, dirigí a todos
los presentes una cución, diciendo, entre otras cosas: "El áureo libro de la
historia cultural de esta muy noble e hidalga ciudad de Guía, se abre hoy de nuevo para
escribir, con trazos firmes y rutilantes, una de sus páginas más bellas, más hermosas
que quedarán grabadas con caracteres indelebles en la generación actual con proyección
beneficiosa en las futuras, dejando una estela luminosa de sabor, de cultura, de progreso
que, a pesar de los avatares de la vida, de los tiempos, mantendrán a la ciudad en la
avanzada de los pueblos cultos".

Felicité al pueblo, día la bienvenida a los padres Salesianos y
agradecía la entrega de la benefactora. Y allí, en el nuevo colegio, quedó alojada una
pequeña comunidad salesiana, encargada de realizar entre la juventud de esta ciudad y de
la comarca la obra benéfica que se pretendía con la Fundación".

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Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 27/09/2003.


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