Inicio arrow Crónicas del Ayer arrow Música de papaguevos arrow "La pachorra de los caracoles" Ciudad de Guía, 23 de septiembre de 2017

  Share on facebook Share on twitter

"La pachorra de los caracoles" PDF Imprimir E-Mail
Calificación del usuario: / 0
MaloBueno 
miércoles, 18 de abril de 2007

Música de Papagüevos

Por Santiago Gil

Ahora que todo parece que se ha acelerado y que se acabaron los sosiegos y las saudades del pasado, quisiera recordar la pachorra sabia y sempiterna de los caracoles de mi infancia. De vez en cuando me los tropiezo en los campos y en los jardines justo después de la lluvia. 

No sé si son los mismos porque no conozco la esperanza de vida de un caracol ni si son capaces de desplazarse decenas de kilómetros con su lenta velocidad constante. La sensación es que siguen siendo los mismos que miraba de niños en los campos guienses. Me imagino que yendo tan despacio y sin agobios la vida se les hará más larga, o al menos les cundirá mucho más que a nosotros, eternos acelerados sin saber hacia dónde nos dirigimos a esa velocidad cada día más vertiginosa e hilarante con la que estamos desperdiciando la propia esencia de nuestra vida.

Pocas veces nos deteníamos de niño, pero cuando lo hacíamos era porque realmente merecía la pena. Los caracoles nos paraban en los caminos. No nos salía la sádica conducta infantil de ir destrozando todo lo que uno se encuentra por delante. Con los caracoles teníamos piedad y nos sentábamos en las piedras o en los riscos a esperar que salieran de sus caparazones. Aparecían poco a poco los cuernos, desconfiados, y luego salía todo el cuerpo de espuma que se desplazaba como un buda relajado por la tierra mojada. Alguna vez he escrito poemas sobre los caracoles y su sabia noción del tiempo. Ya digo que de niños jamás se nos ocurrió pisarlos, y al que lo hacía le largábamos dos tortazos o una buena reprimenda. Éramos sensibles y observadores. Nos parábamos delante de los caracoles como mismo lo hacíamos mirando los sapos de las maretas, las mariposas de abril o los contornos nevados del Teide que se nos aparecía en mitad de la tarde según mirábamos al horizonte. Uno no sabía entonces que estaba aprendiendo cosas de la vida que no iba a olvidar nunca, y todavía hoy sigue sorprendiéndome aquella saudade mágica de los caracoles. Luego estaban los burgaos de las costas, pero éstos eran más prosaicos y apenas se movían de las rocas. Los nuestros, los chuchangos, podían ser enormes y extender sus cuerpos de espuma por el barro llevando tras de sí esa casa que todos desearíamos llevar siempre a cuestas cuando nos perdemos por el mundo. Hoy sigo teniendo cuidado con mis pasos cuando camino sobre la tierra mojada. Me pongo de mal humor cuando en un despiste siento el crujido de algún caparazón hecho añicos y el dolor silente del caracol moribundo. Me gusta observarlos y aprehender su noción del tiempo y sus ritmos cotidianos. Uno quisiera sacarle la misma esencia que le sacan ellos a la vida. Ir despacio es una forma de exprimir el tiempo y de no dejar que nos agote y nos desespere con su paso veloz, vertiginoso e insensible. Ahora los ritmos los marcan otros, y desde que nos despistamos nos perdemos lejos del acontecer tranquilo y sabio de la naturaleza. Por eso nos cuesta tanto encontrar el norte. En ese sentido escribir también es una manera de detener o refrenar el tiempo. Cada paso que damos debería tener una gran importancia; sin embargo andamos insensibles, dejándonos llevar, sin enterarnos ni dónde pisamos ni por qué lo estamos haciendo. Vivimos exactamente igual, y cuando nos empezamos a dar cuenta la mitad de nuestra vida ya se nos ha escapado entre los dedos. Por eso hay que volver al caparazón de nuestros propios recuerdos de vez en cuando, caminar con ellos, valorarlos, y moverlos lentamente a medida que nos movemos nosotros. Eso es lo que hacen los caracoles cuando arrastran sus caparazones. Van despacio porque llevan toda su vida tras de sí, y la mueven con esa pachorra que también estilaban nuestros antepasados para sacarle más partido a su existencia. No debemos dejar de observarlos cuando salen a los campos después de la lluvia. Su bendita lentitud nos puede ayudar a salvarnos. Ellos también llegan a su destino, pero no se mueren antes tratando de correr como locos por los campos. Han aprendido a no suicidar ni un solo minuto de su tiempo.

Abril de 2007.

Abril de 2007.






IR A LA WEB DE SANTIAGO GIL

Modificado el ( jueves, 26 de abril de 2007 )
 
 
 



INFORMACIÓN RELACIONADA

ESPECIAL 1811-2011

En 1811 regía el pueblo, en calidad de Alcalde Real, don José Almeida Domínguez, y destacaban como figuras preeminentes nacidas en Guía tres nombres propios que han pasado a la historia de Canarias: el escultor José Lujan Pérez, el canónigo y diputado Pedro José Gordillo, y el militar y poeta Rafael Bento y Travieso.

Por otro lado, de todas las epidemias que azotaron las islas Canarias en el siglo XIX, Guía sufrió especialmente ese mismo año una de las que causaron mayores estragos, la fiebre amarilla.

Y por si fuera poco, en pleno padecimiento de los efectos de la epidemia apareció una nueva plaga, la de langosta, que arrasó materialmente todo lo que estaba plantado y que hizo protagonizar a los vecinos de las medianías guienses aquella famosa promesa de que si les libraba el Cielo de la plaga, cada año sacarían a la Virgen de Guía en procesión. Cumplióse el ruego, llovió tanto en la comarca que las aguas acabaron con la cigarra y desde entonces en Guía se celebra cada septiembre la votiva y popular Fiesta de "Las Marías"

Ver reportaje >>


V Í D E O S - D E - 2 0 0 8
 
CRÓNICAS DEL AYER
A treinta años del fallecimiento de Mr. Leacock

Por Augusto Álamo Suárez, Ingeniero agrícola, y Sergio Aguiar Castellano, Archivero Municipal de Guía

Cuando el empresario agrícola, David J. Leacock, popularmente conocido como Mr. Leacock, fallece el 22 de abril de 1980, hace ahora treinta años, desaparece una de las figuras más destacadas y emblemáticas de la historia de la comarca norte de Gran Canaria en el siglo XX.

Leer más...
 

LA MUESTRA ESTARÁ ABIERTA HASTA OCTUBRE
Leacock, Harris y Douglas, memoria imborrable de la agricultura canaria

Amado Moreno

Con una singular y lograda exposición abierta anoche en la Casa de la Cultura, el ayuntamiento de Guía rinde justo homenaje estos días a tres destacad,os empresarios ingleses del pasado: David J. Leacock, Douglas Charles Fenoulhet y Anthony Harris. Avanzado el siglo XIX y después en el XX, los tres fueron decisivos en el impulso del cultivo y exportación de plátanos y tomates canarios.
Leer más...
 
Centenario del Hospital de San Roque

Pedro González-Sosa
Cronista oficial

Se celebra el lunes 10 de agosto, dentro de los actos del programa preparado por el ayuntamiento con motivo de sus fiestas patronales, el primer centenario de la implantación en Guía de Gran Canaria del que constituyó el también primer hospital allí abierto para el servicio no solo de la población guiense sino de aquella zona.
Leer más...
 


LOS DIEZ DUROS
Por Santiago Gil

No nos acordamos de nuestros primeros pasos, pero sí de nuestro primer amor y de todos aquellos estrenos que han ido marcando el destino de nuestra existencia. Yo, por ejemplo, recuerdo cada Jueves Santo el primer sueldo de mi vida. Fue después de misa, hace más de treinta años. Cobramos diez duros por dejarnos lavar los pies en una función religiosa con la iglesia de Guía totalmente atiborrada y con todo el boato de don Bruno y el sacristaneo de los meapilas de aquellos años.  
Leer más...
 
AUDIOS AL INSTANTE (1)

Uso de cookies

Esta Web utiliza cookies propias y de terceros, para permitir el acceso y mejorar nuestros servicios, y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso.
 
Más información aquí
Navegando por nuestro sitio aceptas los términos de la web

Quienes somos //  Mapa web //  Aviso legal //  Política de privacidad