Inicio arrow Crónicas del Ayer arrow Cronicas del Ayer arrow Rafael Almeida y Olivia M. Stone, impulsores de la cañadulce y el plátano. Pedro González-Sosa Ciudad de Guía, 20 de noviembre de 2017

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domingo, 24 de noviembre de 2013
Rafael Almeida y Olivia M. Stone, impulsores en la introducción del cultivo de la cañadulce y el plátano en el norte de Gran Canaria
                                                                                  

Pedro González-Sosa (*)
                                                                                     
Rafaael Almeida Mateo fue un guiense que se distinguió por su talento e iniciativas agrarias, muchas de cuyas ideas que se llevaron a cabo resultaron de gran provecho.  Se le consideró en su tiempo como hombre incansable en política (que incluyó la de ser alcalde de aquella localidad norteña), agricultura y todo aquello que significara mejoras para Gran Canaria y de forma especial para su pueblo, Guía. Viajero infatigable durante más de veinte años por toda América se encontraba en Filadelfia cuando la anilina desplazó a la cochinilla como colorante principal para las telas,  en cuyo cultivo se cimentaba hasta entonces --tercer tercio del siglo XIX-- la economía agrícola de nuestra isla.  

Historiábamos hace algunos años --concretamente en 2004-- en el libro editado por el ayuntamiento guiense "Historia de la Máquina y el cultivo de la cañadulce en Gran Canaria", el papel que protagonizó  Rafael Almeida Mateo en el inicio, a finales del XIX, del cultivo de la caña de azúcar a consecuencia de aquella crisis del hasta entonces floreciente cultivo del insecto que se nace y cría en la tunera hasta  entonces  y que disecado y  reducido a polvo servía para dar color a las telas enla industria tintorera.
   
Se encontraba, en efecto, en Filadelfia cuando ocurrió en las islas que un fuerte vendaval "lavó" las tuneras e hizo estragos en el cultivo de la  cochinilla, noticias que llegaron a Gran Bretaña y Francia, surgiendo la especulación que fue provocando la aparición y uso de la anilina de forma generalizada de forma que su comercialización a bajísimos precios hizo insostenible en las islas su producción. En estas circunstancias regresó Almeida a La Habana, pues desde su juventud se había instalado y trabajado durante muchos años en la isla caribeña, recibiendo de sus amigos cubanos la sugerencia de lo provechoso que suponía derivar la agricultura isleña al cultivo de la caña de azúcar de quienes recibió una importante partida de trozos  para su plantación, cosa que inicio nada más regresar al tiempo que sugenría a los agricultores a emular su empeño.

El mismo Rafael Almeida lo refiere en las Memorias, a modo de Recuerdos, que dejó escritas, episodio refiere así, cuyo pasaje transcribimos:
"En una reunión en Baltimore vimos las telas teñidas con la tinta artificial "anilina y quedamos sorprendidos por la hermosura y carácter de la tinta. "Entonces dije ´esta tinta va a ser la ruina para el archipiélago pues matará "sin duda alguna el cultivo de la cochinilla, principal fuente de riqueza de "aquel país´. Entonces regresé a Canarias por la vía de Cuba y esto fue una "feliz concurrencia pues en un convite que me dieron algunos amigos "antiguos de La Habana se habló de todo y entre otras cosas celebró mucho "cierto amigo la riqueza desarrollada con el cultivo de la cochinilla. En tal "motivo entramos a discutir respecto al cultivo más ventajoso como debía "reemplazarse a la cochinilla y todos fuimos de parecer que debía "adoptarse el de la caña de azúcar y varios dueños que allí estaban me "brindar"on algunas cajas de caña para plantar. Y al llegar a mi casa de "regreso a Canarias me dedique con marcado empeño a preparar el terreno "y plantar la caña".

La iniciativa de Almeida al respecto caló en el ánimo de los agricultores guienses que fueron cmulando aquel empeño y surgiendo poco a poco hasta convertir la zona en un gran cañaveral de forma que en 1888 cerca de cincuenta agricultores de Guía, Gáldar y algunos de Agaete se comprometieron a plantar la caña con un total de 119 fanegadas que sirvieron más tarde como materia prima para la fábrica de azúcar levantada  en la zona del Becerril por una empresa inglesa que finalmente acabo, a principios del XX, en manos de la familia Leacok.

Fracasada, de nuevo, la etapa del cultivo de la caña, la zona noroeste de la isla se vio emplazada a la búsqueda de otros que dieran resultados económicos beneficiosos y fue cuando nació la era del plátano al punto de convertir la zona, desde Arucas hasta Agaete, en una admirable alfombra verde hoy desgraciadamente desaparecida cubriendo aquellas tierras con grandes extensiones de bananos. Y en este empeño también fue prodigiosa la iniciativa de Rafael  Almeida quien recogió de la escritora inglesa Olivia M. Stone la idea de generalizar el cultivo de  esta fruta
  
El mismo Rafael Almeida lo refiere así en sus Memorias:
"En el cultivo del plátano o banano tuve también una gran participación
" [,,,,] pues se presentó aquí en Las Palmas una señora inglesa que de allá "de Inglaterra me vino recomendada. Esta señora y su esposo venían con al "propósito de obtener datos para escribir una obra sobre el archipiélago y "como manifestaron deseos de conocer toda la isla me brindé para "acompañarles. Empezamos por el norte y al llegar a Gáldar deteniéndonos "en aquella villa para ver y examinar unas grutas que allí existían con "restos aun de los antiguos canarios. Una vez pedido el permiso del dueño "de la finca echamos abajo una pared y por unos agujeros nos metimos con "unos faroles que conseguimos examinando toda la cueva y recogiendo "algunas pinturas. Cuando salimos nos sentamos a la sombra de unos "árboles a descansar  cuando la tal miss Tone(?) observó unas matas de "plátanos de los cercados que habia al otro lado del cercado. Me pregunto "si eran bananas y le dije que sí y entonces me dijo que como así no "embarcábamos esa fruta para Londres, pues era una fruta muy estimada "allí. Le contesté que era muy escasa y como los buques ingleses venían de "tarde en tarde no era posible el negocio. Y me contestó 'eso no es una "razón convincente señor Almeida, produzcan ustedes muchas bananas y ya "vendrán buques a cargar con bastante frecuencia. Tiene mucha razón, "contesté', y no eché en saco roto su oportuna  observación y entonces "escribí muchos artículos y la idea tomó cuerpo y ha venido creciendo hasta "llegar a lo que es hoy el primer producto de Canarias".

La escritora inglesa a que se refiere en su relato Almeida era Olivia M. Stone quien, en su amplio relato viajero por las islas recogido en su libro "Tenerife y sus satélites", también recoge la circunstancia de su encuentro con Almeida:

"Estando en  Guía, después de desayunar, vimos a otro caballero para "quien teníamos una carta de presentación que  resultó ser don Rafael "[Almeida]  que vino amablemente a vernos porque la noche anterior a "nuestra llegada no pudimos verle, y nos llevó a ver el casino y la iglesia y "salimos para Gáldar donde visitamos la cueva que estábamos ansiosos de "conocer...", refiriéndose, como se sospechará, a la hoy conocida como Cueva Pintada, sobre la que la escritora refiere que  "la cueva principal es "casi rectangular y la otra nueva, a la derecha de está, también está "pintada. Las pinturas están en secciones, cubriendo casi toda la cueva en "tramos de diez pulgadas de ancho".
  
Queda constancia, pues, de la influencia que tuvieron Almeida y Olivia  en la introducción de la cañadulce y el plátano en el norte de Gran Canaria, cada uno en su respectiva intervención.
                          

(Pedro González-Sosa es Cronista Oficial Guía de Gran Canaria).
 
Modificado el ( jueves, 05 de diciembre de 2013 )
 
 
 



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