El Teleférico
Por Santiago Gil
No confundamos nuestros pasos con los de la naturaleza. Nosotros crecemos, nos multiplicamos y un buen día decimos adiós, cada cual según haya vivido, más o menos satisfechos en función de nuestras coherencias, nuestros aprovechamientos del tiempo y nuestras propias experiencias vitales. El que siempre está volviendo a la infancia resulta un melancólico insoportable, y el que con cincuenta años se viste como si tuviera diecisiete queda grotesco aunque no lo sepa y piense que sigue siendo un Marlon Brando. Hay que saber cambiar con los tiempos que nos corresponden. Los que se niegan a evolucionar se vuelven rancios y desprenden ese olor a naftalina de las casas viejas y poco ventiladas.
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