La desaparición
del trabajo artesano está lejos aún en el horizonte. Al menos eso
parece, cuando muchos jóvenes se están orientando de nuevo a
trabajos de este tipo, ya sea manteniendo una tradición familiar, ya
sea por iniciativa propia, ya sea por una mezcla de ambas cosas. Tal
es el caso de Francisco Torres, artesano de 40 años, que fabrica
cuchillos canarios de gran calidad y cuidado
Rafael Torres (padre) y Paco Torres
diseño, tal como
hiciera su padre, ya fallecido, en el taller que comparte
con su cuñado en Guía. Rodeado de un gran número de estos cuchillos que
expone allí mismo y de todas sus herramientas, construyó un bastón de
madera de ébano cuyo mango, con piezas de cuerno y de metal, ha sido
elaborado con la misma técnica que el cabo de un cuchillo canario. Era un
pensamiento de mi padre, que en paz descanse,, comenta, y me puse a
hacerlo. El resultado de un producto que combina el trabajo tradicional,
la creación y el diseño innovador le valió, precisamente, el Premio
Especial Regional de artesanía de Canarias.
Desde los 16 años
empecé con esto y me gustaba, asegura, aunque su padre ya había intentado
introducirlo en los secretos de la labor cuando tenía 12. Pero a esa edad
yo pensaba en otras cosas, sonríe. Francisco Torres no deja de fabricar
cuchillos, dedicación que le permite vivir, aunque no siempre los venda
inmediatamente. Teniendo un stock almacenado siempre podrá hacer frente
a pedidos grandes, para congresos y cosas así, argumenta. Y es que la
mitad, si no más, de los cuchillos que fabrica, no son para el trabajo en
el campo. Los cuchillos de corte, como los llama, van siendo sustituidos
por un nuevo uso, más urbano: los abrecartas.
Hijo y nieto de
herreros, este artesano cuchillero que combina el diseño tradicional de
unos cabos con otros más modernos, explica que algunos clientes hacen
ciertas comprobaciones para asegurarse de la calidad de las diferentes
partes del cuchillo, sobretodo los que hacen el encargo. Son cosas de
viejos,, señala, al explicar las costumbres de los más veteranos en las
labores agrícolas, como mirar a la luz el cabo o hacer sonar la hoja con
la uña. Los jóvenes ya no actúan así, no hacen tantas comprobaciones.