Pregón de 1989

8 de abril de 2007 Documentación

DOCUMENTOS
DE INTERÉS PARA 

GUÍA DE GRAN CANARIA

Pregón de las
Fiestas de la Virgen 1989


por

D. 
DON JOSÉ GORDILLO MORENO

         Quiero agradecer públicamente a la
Corporación Municipal y a su Alcalde Presidente el que me hayan elegido
a mí para ser este año el pregonero de nuestras Fiestas habiendo, como
los hay, tantos hijos ilustres que, con más méritos que Yo podían
pregonarlas, ya que mi único mérito es el de ser hijo de este pueblo de
Guía.

          Debo confesar
que en muchas ocasiones por imperativos de mi vida, profesional o
pública, he intervenido y participado en diferentes actos, charlas,
conferencias, congresos o coloquios y, a pesar de ello, en este momento
estoy no solo nervioso sino muy emocionado. Debe ser la emoción que
después de tantos años produce a toda persona el reencuentro con sus
raíces y, el pensar, que habiendo servido tanto y a tantos, es la
primera vez que sirvo a mi pueblo, aunque el servicio sea pequeño, me
enorgullece.

          Yo no sé si
está bien irse del pueblo que uno ama, aunque la marcha, en la mayoría
de las ocasiones no es voluntaria sino obligatoria por circunstancias,
diversas y complejas circunstancias, que la propia vida nos impone; pero
amando todo esto y a lo lejos añorándolo con el deseo de volver. Yo no
he dejado de marcharme y volver, y me parece que de este modo siempre
mantengo la sensación de la permanencia. Como también se mantiene esa
sensación sirviendo de introductor en Granada de los numerosos amigos
que al pasar por aquella ciudad o al residir temporalmente en ella, me
han visitado. Creo que no hay nadie de Guía, y puedo generalizar más, no
hay ningún Canario que haya llamado a mi puerta en Granada y la haya
encontrado cerrada. Todo ello me ha servido para mantenerme unido con mi
tierra y con mi pueblo.

          No quisiera
que éste fuera un pregón al uso, lleno de tópicos o reiteraciones, sé
que es difícil conseguirlo, pero quisiera que fuera una charla entre
amigos para hablar de nuestras cosas, de nuestras fiestas, de nuestra
Virgen.

         Porque es la
Virgen de Guía no solo el centro de nuestra feb, sino también la única
justificación de las fiestas.

          Todos los
años, en los mismos días, nuestro pueblo se engalana y se hace festivo,
solo por rendir culto público a nuestra Patrona, y es esta y no otra, la
razón de los festejos populares. Ha sido así a través del tiempo, lo es
ahora, y lo será en el futuro, mientras nuestro pueblo se siga llamando
Santa María de Guía y la Virgen siga siendo su Patrona.

          No podemos
extrañarnos de ello porque, todos sabemos, que el hecho religioso
siempre ha ido unido a la manifestación popular, o dicho de otra manera,
el hecho religioso se conmemora con júbilo por parte del pueblo.

          En los
pueblos de cultura cristiana.

          ¿Qué otra
cosa fue, por ejemplo, los juegos olímpicos en la antigüedad?.
Manifestaciones deportivas en honor del dios Zeus, allá en Olimpia, la
ciudad que estaba próxima a los Montes Olimpos, donde griegos y romanos
creían que moraban sus dioses, por eso en dicha ciudad se elevó el
templo a Zeus y durante setecientos años, cada cuatro y durante cinco
días, después de dedicar tres de ellos al culto de Zeus, en los dos
últimos días del pueblo gozaba de la manifestación deportiva más
importante de la historia en la antigüedad.  

         Y es que el
hombre, en general, siempre ha tratado de mantenerse unido a algo
superior, algo desconocido, algo que considera trascendente o
sobrenatural, tanto es así que conocemos que el origen de las diferentes
religiones no fue otro que el ritualizar esas manifestaciones que
inmediatamente se unieron a un recreo, una diversión no habitual,
atrayendo, incluso, a gran número de visitantes, desplegando actividades
tradicionales, folclóricas o manifestaciones deportivas.

          En nuestro
pueblo las fiestas, al menos el culto a la Virgen, comienzan al
iniciarse la edad moderna en los albores del siglo XVI, es decir cuando
ya se conocían tecnológicas y su aplicación, como los molinos de agua o
viento, cuando el derecho del mar estaba en auge y, entre comerciantes,
se conocía el contrato de seguros y la letra de cambio; cuando había
aparecido el repentino e impetuoso florecer de la feb religiosa siendo
su exponente las construcciones de las catedrales o iglesias en las
principales ciudades de la cristiandad, unas construidas, la mayoría, en
la edad media y otras terminándose de construir.

          En ese
tiempo, cuando en una pequeña ermita comienza el culto a la Virgen
comienza la historia de nuestro pueblo y, los festejos populares, antes
de que Guía fuera municipio independiente, porque de la misma manera que
lo profano va unido al hecho religioso, lo religioso va unido a la
historia de los pueblos. El culto a la Virgen se inicia, pues, en un
tiempo en que la Casa de Dios era la casa de los hombres por coincidir
lo sacro y lo profano; un tiempo en que todo, filosofía, arte y ciencia,
eran siervas de la feb en un místico vasallaje de lo temporal a lo
espiritual generalmente aceptado en toda la Cristiandad. No podemos
olvidar que incluso los hombres del comercio unían a su actividad la
actividad religiosa de tal manera que incluso en nuestra Isla, durante
el siglo XIV se hicieron ocho o diez incursiones de comerciantes
mallorquines, catalanes y genoveses, una veces de paso a Berbería y
otras con asentamientos más o menos estables, y, en uno de ellos, allá
por los años 1.341– 1.345,

vinieron a nuestras
Islas y fundaron dos pequeñas ermitas una de culto a la Virgen
probablemente en la Isleta y otra de culto a San Nicolás en el noroeste,
quizás la Aldea de San Nicolás haya tomado ese nombre de ella, pero en
esta expedición se trajo un número no determinado de aborígenes que en
expediciones anteriores habían sido hecho esclavos, cristianizados y
catalanizados, que sirvieron de contacto e introductores.

          Pero muy
pronto se iniciaran otros tiempos, con la aparición de nuevas ideas, con
otros valores, y comenzaría el distanciamiento espiritual y lo material.

          Nuestras
fiestas, las que pregonamos hoy, no pueden ser diferentes a las de ayer,
en el sentido de conmemoración no en la forma de su manifestación que
deben superarse cada año.

          Son, en este
sentido de conmemoración, un recuerdo colectivo y unánime que nos acerca
al pasado y nos permite recrearnos y afirmarnos en nosotros mismos,
enlazando el pasado y el futuro.

          Las fiestas,
como conmemoración, nos invitan a repetir las mismas cosas, que otros,
antes que nosotros hicieron, o dicho de otra forma, las fiestas nos
indican que nuestra ciudad no nos pertenece del todo porque no depende
únicamente de nuestros actos: nos fueron legadas por nuestros
antepasados y en el futuro, serán otros los que las realicen y seguirán
estando vivas cuando ya de nosotros no quede ni memoria.

          Por eso
nuestras fiestas, estas que estamos pregonando y que hacemos nosotros,
deben tener la doble cualidad de hacernos dignos de quienes nos
precedieron y dignos de nuestros herederos. Por ello, esforcémonos en
hacer de ellas una vivencia compartida por todos, en paz  y libertad,
para que se nos recuerde con gratitud al igual que nosotros recordamos a
quienes nos precedieron. En estos días, además de exaltar a la Virgen
debemos poner amor y fraternidad en nuestras diversiones y, cada uno,
sentirnos responsables de un trozo de ello. Nadie debe sentirse distinto
ni distante, lejos o alejado, y nadie debe sentirse triste y si, esto no
fuera posible, nadie debe sentirse solo en su tristeza.

         Pero, para un
hijo de Guía, lo principal de las fiestas es el culto a nuestra patrona
ya que en su honor se hacen, para solemnizar la devoción que todos sus
hijos sienten por Ella. No tendrían sentido nuestras fiestas anuales sin
rendir culto a la Virgen, serían como un cuerpo sin alma.

          El día 15,
nosotros rendimos honor a la Virgen por ser madre que a todos sabe
acercarse y comprender, que se eleva sin mancha sin  que la contamine la
podredumbre que nos rodea. Devoción y amor que nos limpia de egoísmos,
nos libera de la trampa del materialismo que nos atosiga. Virgen que nos
empuja a trabajar por un mundo más justo done el hermano no tenga cada
vez más lujo a costa del hambre de otro hermano, que nos ayuda a
defender la familia tan necesaria para que la sociedad no se hunda.

          Cuando la
Virgen se pasee por nuestras calles es una buena ocasión para meditar
sobre nuestras infidelidades, nuestros odios, nuestras propias
injusticias, del fango con que salpicamos y de los dolores que
producimos.

          La Virgen
sale a un golpe de conversión auténtica debe conmovernos para hacer de
nuestro pueblo un lugar de reconciliación, de paz y de justicia.

          El día 15,
central de nuestras fiestas, cuando con el último frescor de la mañana y
nuestro pueblo se repliegue en sí mismo para empezar a vivir su día más
importante del año, como hace un lustro o quizás como hace un siglo y,
nosotros como buenos hijos, estaremos en las calles para darle calor
humano. Ella debe entrar en nuestros corazones a pesar de la brecha que
se está abriendo en el culto, público o privado, debe sentir nuestra
filial adoración.

          Por ello no
debemos contentarnos con mirar la procesión desde los balcones, o desde
la plaza o desde las aceras, debemos unirnos íntimamente a la Virgen con
devoción.

          Y cuando la
procesión termine y la Virgen entre en la Iglesia después de su paso por
nuestras calles, no debe quedarse solo en unas horas de emoción, emoción
sin duda sincera y sentida, pero que debemos hacer fecunda, acrecentando
nuestro amor a Dios, a la Virgen, a nuestras familias a nuestros
hermanos.

          La Virgen en
la Iglesia y desde la soledad de su camarín, nos espera todo el año,
espera nuestra visita como madre para que le ofrezcamos nuestras
oraciones, le hablemos de nuestras cosas, nuestras penas y alegrías,
problemas, fracasos y triunfos, y para que le hagamos nuestras
peticiones. Es la madre de todos, y a todos quiere de la misma manera,
sin preferencias y tal cual somos. Recibámosla en nuestros corazones
como la recibió Juan en el Calvario, y démosle todo lo mejor que
tengamos. Como dijo el poeta anónimo,


                             Tiene gran pena mi alma,


                            Yo nací para quererte a Ti


                            bendita patrona.


                            Si me ofrecieran el mundo


                            con él te haría una corona.

          Por desgracia
existe una ola contraria a las manifestaciones externas del culto, pero
no pueden caer en desuso porque son necesarias y agradables a Dios.
Siendo el mismo Jesús recibido muchas veces con algarabías y cantos y
por grandes muchedumbres y siéndole ello recriminado por algunos, les
dijo…”si este pueblo calla, si estos niños callan, hasta las piedras
hablarán”…

         No vemos la
procesión de la Virgen como una pompa innecesaria o imposición de la
jerarquía, veámosla como un fervoroso homenaje de amor de los hijos de
este pueblo que hace siglos se acogieron a su advocación y patrocinio, y
creo que esta expresión sana de feb pública y populares el mejor
patrimonio de nuestro pueblo.

          Para
nosotros, los días de las fiestas, suponen una gran ilusión en los niños
y jóvenes, y en los que somos menos jóvenes supone un recuerdo
nostálgico de nuestra infancia y juventud, porque ¿quién no recuerda con
cariño e ilusión algunas vivencias de nuestra niñez o de la juventud?.

          Yo recuerdo
que esperábamos el inicio de las fiestas que siempre se hacía, según los
programas oficiales, con el desfile de las comparsas de gigantes y
cabezudos amenizados por la banda municipal, pero que para nosotros eran
los “papahuevos” donde toda la chiquillería bailaba, evitando los
manotazos de los gigantes, y cantando aquello de “ola ya vienen los
papahuevos”. Y ese día, a desde por la mañana con diana llamadas
floreadas, se tiraban voladores, y ya habían llegado los turroneros
ofreciéndolos de azúcar o de gofio, y las mesas con las barajas donde un
habilidoso nos dejaba sin dinero, o con el ratón indio, que eran juegos
permitidos y serían los orígenes, supongo, de las actuales salas de
juego.

          Y el día de
las carrozas, desfilando por todas las calles, de las que no solo nos
sentimos orgullosos llegando a decir que eran las mejores y que ni en
Las Palmas se hacían iguales, sino también las considerábamos nuestras,
porque el que mas o el que menos, todos contribuíamos en sus
construcciones.

          Y la víspera,
siempre los fuegos, que no eran castillos de artificios como ahora, sino
hechos en el pueblo, pólvora quemada que entre mas humo echaba mas
agradaba a los niños y sobre todo si eran muy ruidosos, y mientras
tanto, la velada amenizada por la banda de música subida en el
tabladillo, mientras los espectadores se paseaban en la plaza grande,
los mayores se sentaban en la puerta del casino o la plaza chica para
beber cerveza helada y nosotros los turrones, galletas y helados o
gaseosas de bolillas que era agua colorada endulzada con sacarina, y así
aguantábamos hasta que se quemaban los fuegos y al final decíamos …
mejores que los de Gáldar…

          Y al
siguiente día, de mañana, a esperar la salida de la Virgen, todos de
estreno, el que podía, y otros, aguantando las bromas pesadas de los
amigos porque ese día se ponían pantalones largos y se pasaba de la
niñez a la pubertad dolo por las medidas de los pantalones, y al
terminar la procesión esperando la traca o calenda, que eran unos
petardos muy ruidosos que se ponían en las escaleras de la iglesia,
delante de la Virgen y cuando empezaban a estallar cronometrábamos su
duración para ver si era mayor que la del año pasado y si hacía más
ruido, y entre los petardazos y el humo que echaban, algunas veces la
Virgen no se veía.

          Por la tarde
la esperada y más famosa, para nosotros, batalla de flores, la mejor de
las islas y el día mas visitado por los forasteros, donde se hacían
algunas gamberradas porque algunos las bolas en vez de confetis, eran
caseras y las llenaban de cartón o las hacían duras con el fin de,
anónimamente, fastidiar al prójimo.

          Hubo años que
actuaban grupos folclóricos, rondallas locales famosas y algunas
forasteras invitadas y hasta orfeones de Las Palmas.

          Y las
fiestas, para muchos, eran la ocasión para decidirse a pasear con alguna
chica y empezar unas relaciones, que en la mayoría de los casos
terminaba en boda.

          Creo que
quién llega a las fiestas sin añoranza del pasado es porque no tuvo
juventud o no supo ser joven.

          Pero las
fiestas, aunque suenen a tópico, constituyen la llama viva de unas
tradiciones inmemoriales que debemos que debemos impulsar año tras año
hacia el futuro.

          Aparentemente
al llegar la conmemoración de la Virgen y de San Roque, todos los años
parecen iguales, pero la realidad es distinta, porque el corazón humano
nunca palpita al mismo ritmo ni las ilusiones permiten que se apaguen
sus luces; y es que en la vida de los pueblos hay momentos que son
jalones marcados de trascendencia que son recuerdos de antaño, y no hay
hogar en Guía que no deje de encender amores a su pasado llenos de
recuerdos que ya no están en el tiempo pero sí en la realidad, en la
memoria, en los corazones y, así vemos, como los tópicos poseen una
fuerza de futuro renovador y las nostalgias y añoranzas se convierten en
ilusiones esperanzadas.

          Guía debe
ofrecer a los forasteros que nos visitan un paisaje reñido con las
prisas, un paisaje estático para que siga siendo como es, como ha sido y
como queremos que sea en el futuro, rompiendo horizontes nuevos con
nuevas realidades que acrecienten el patrimonio que ya tenemos. Y estas
fiestas de la Virgen que la tradición ha unido a las de San Roque, nunca
se han quedado para nosotros solos sino que las hemos ofrecido a los
forasteros, porque Guía es fiestas narcotiza al visitante con su
hermosura, con su elegancia, con su silencio y con su hospitalidad.

          Saludemos a
los visitantes, a los nuestros, a los hijos de Guía que por diversos
motivos residen  en otros lugares pero que aprovechan estos días para
encontrarse con su pueblo, con sus familiares, con sus amigos. Nunca han
dejado de pensar en su pueblo desde la distancia inevitable.

          Y saludemos
con gran afecto a los que sin ser hijos del pueblo nos visitan cada año
o por vez primera, porque aquí tienen sus amigos y encuentran una ciudad
viva, tolerante y festiva, que les hará pasar, sin duda unas horas
gratas y agradables de sana diversión. Porque Guía en fiestas es ella
misma.

          Los que
organizan las fiestas deben pensar que los que nos precedieron
cumplieron con su deber y, nosotros, cuando terminen estas fiestas que
pregonamos, debemos cumplir con el nuestro, para que la historia del
pueblo siga adelante, como dijo el poeta,


                             Todo pasa todo queda


                            pero lo nuestro es pasar.


                            Pasar haciendo caminos


                            caminos sobre la mar.

          Al ser el día
de la Virgen, la conmemoración de la Asunción de nuestra Señora, creo
que podíamos dedicar a la Virgen como primer acto de adoración unos
párrafos de la oración que el papa Pío XII pronunció el día antes de la
proclamación solemne y universal del Dogma el día 1 de noviembre de
1.950 y dirigida a la Virgen de Guía…  Virgen de Guía, tenemos la
certeza de que tus ojos, que han llorado la tierra regada por la sangre
de Jesús se volverán hacia nosotros, hacia este mundo atormentado por
las guerras, persecuciones, opresiones de los justos y de los débiles y
entre las tinieblas de este valle de lágrimas esperamos de tu celeste
luz y de Tú luz de piedad, alivio para las penas de nuestros corazones.-

IR A LA PÁGINA
PRINCIPAL

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 13/09/2003.


Santa María de Guía

Dedicados a la preservación, estudios y divulgación del rico patrimonio histórico y cultural del municipio de Santa María de Guía de Gran Canaria. El Archivo Vivo de Historia y Tradición


© 2024 Santa María de Guía – Archivo Vivo de Historia y Tradición