Arbolado y carreteras en Guía de Gran Canaria

25 de marzo de 2009 Espacios de Guía

Arbolado y carreteras en Guía de Gran Canaria

A comienzos de la década de los ochenta,

una joven psicóloga guiense atendía a
un anciano en un centro hospitalario de
Las Palmas de Gran Canaria.
Al enterarse éste de su procedencia,
se dirigió a ella y le preguntó con cierta curiosidad:

– Dígame joven. ¿Aún existe
esa magnífica arboleda
a la salida de Guía?.


Con
este capítulo, dedicado al Lomo Guillén, se inicia una serie de pequeños
pero ilustrados trabajos sobre el arbolado y las carreteras en el
municipio de Guía de Gran Canaria.
A raíz de la conquista
castellana de las Islas Canarias, y especialmente en Gran Canaria,
comenzó una intensa deforestación de los montes y arboledas espontáneas
que tuvo, entre sus principales consecuencias paisajísticas, la
desaparición del arbolado del escenario insular. Árbol que no frutea, a
la chimenea. Esta mentalidad netamente productivista y que aún pervive
en un segmento importante de la cultura insular grancanaria, consiguió
eliminar del paisaje todas aquellas especies arbóreas que carecían de
valor alimenticio o maderero, convirtiendo a la isla en un páramo
desolador desnutrido de sombras y bosques.
Arbolado y carreteras en Guía de Gran Canaria

                                      A comienzos de la década de los ochenta,

una joven psicóloga guiense atendía a
un anciano en un centro hospitalario de
Las Palmas de Gran Canaria.
Al enterarse éste de su procedencia,
se dirigió a ella y le preguntó con cierta curiosidad:

– Dígame joven. ¿Aún existe
esa magnífica arboleda
a la salida de Guía?.



Con este capítulo dedicado al Lomo Guillén, se inicia una serie de pequeños pero ilustrados trabajos sobre el arbolado y las carreteras en el municipio de Guía de Gran Canaria.

A raíz de la conquista castellana de las Islas Canarias, y especialmente en Gran Canaria, comenzó una intensa deforestación de los montes y arboledas espontáneas que tuvo, entre sus principales consecuencias paisajísticas, la desaparición del arbolado del escenario insular. Árbol que no frutea, a la chimenea. Esta mentalidad netamente productivista y que aún pervive en un segmento importante de la cultura insular grancanaria, consiguió eliminar del paisaje todas aquellas especies arbóreas que carecían de valor alimenticio o maderero, convirtiendo a la isla en un páramo desolador desnutrido de sombras y bosques.

Sin embargo, durante el siglo XIX comienzan a alzarse voces que demandan el fomento del arbolado por los numerosos beneficios que aportan no sólo desde un punta de vista estético, sino ambiental y hasta económico. Es entonces, cuando comienzan a realizarse las primeras plantaciones de árboles no frutales ni forestales en la isla. No es aventurado afirmar que con la construcción de nuevas carreteras en la isla, volvieron los árboles al paisaje insular.

La primera normativa que con carácter general se promulgaría en España en materia de arbolado y caminos, fue en 1802, estando al frente de la Inspección General de Caminos y Canales, el canario Agustín de Betancourt. Se trata de las Ordenanzas que el Rey nuestro Señor manda se observen para la construcción de los nuevos Caminos y plantíos de árboles laterales a ellos.

VER TEXTO ÍNTEGRO

Por Sergio Aguiar Castellano y Javier Estévez.




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