Las reposteras – dulceras de Guía. Por Sergio Aguiar Castellano
Las reposteras – dulceras de Guía
los españoles, se convirtió, debido a sus abundantes aguas, en una zona
eminentemente agrícola. Convirtiéndose en un modelo productivo
perfectamente adaptado al escalonamiento ecológico de su jurisdicción:
unas zonas bajas de regadío para cereales menudos, millo y frutales; y
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Las reposteras – dulceras de Guía

Por Sergio Aguiar Castellano
Guía de Gran Canaria, desde la conquista por parte de los españoles, se convirtió, debido a sus abundantes aguas, en una zona eminentemente agrícola. Convirtiéndose en un modelo productivo perfectamente adaptado al escalonamiento ecológico de su jurisdicción: unas zonas bajas de regadío para cereales menudos, millo y frutales; y unas medianías subhúmedas destinadas a la producción de papas, millo y productos pecuarios.
Cuando a principios del siglo XVIII las parras comenzaron a dejar de ser cultivos especulativos de exportación por la pérdida de los mercados europeos consumidores de caldos canarios, es cuando se afianza, aún más, el modelo de producción de autoconsumo. Esta producción se basaba fundamentalmente en el millo, los cereales menudos, las papas – cuya producción se consolida en la medianía subhúmeda- y en la ganadería con sus carnes, leche y el ya afamado queso de flor (AGUIAR; 2005).
Como es lógico pensar, la obtención de la harina para la producción de pan y otros productos, como dulces, estuvo íntimamente vinculado a la existencia de molinos, por lo que desde los primeros años de la conquista de Canarias este sector tuvo una abundante reglamentación, regulándose, desde entonces, el empleo por parte de los tahoneros del almud y medio almud (me (Unidad de medida de áridos y a veces de líquidos, de valor variable según las épocas y las regiones).En Canarias las equivalencias entre las pesas y las medidas usadas antiguamente no eran en todas partes las mismas, Así, Guía tenía sus peculiaridades: el medio almud equivalía a 2, 84 litros y la fanega superficial de 7,511 1/8 varas cuadradas castellanas, es decir 52,482925 áreas. El cuartillo de la entonces Villa de Guía valía 0,995 litros. (DALMAU, 1926: 22-23).
