Los Repartidores de Agua

10 de diciembre de 2009 Documentación



LOS REPARTIDORES DE AGUA

Por Juan Dávila-García




En aquellos años de bonanza donde la existencia de agua
era muy abundante, los aguatenientes tenían que delegar en una serie de
personas para que las representasen y en algunos casos eran ellos mismos
los que asistían a las juntas o asambleas donde se hablaba y se trataban
todos los entresijos derivados del este rico elemento de vital necesidad.
La pujanza de la agricultura era tan notoria que cualquier persona que
estuviese en posesión de una fanegada de plataneras (1 fanegada 5.475
metros y 1000 matas plantadas) era considerado un hombre rico. Toda esta
parafernalia tenía como fundamento primordial la riqueza hídrica de la
zona donde destacaban las galerías y los pozos artesanos diseminados por
toda la geografía guíense y lugares limítrofes, recordar entre estas/os la
existencia de muchas/as que tenían su propia denominación, así las
galerías del Calabozo y Paso, Ingenio Blanco, los pozos de la Felicidad,
la Realidad, el del Cañón propiedad de doña Ramona García que durante
muchos años abasteció a toda la municipalidad guíense para su uso
domestico, los manantiales del agua de Fontanales que pasando por Guía
perfectamente canalizados –ejercían como fuerza motriz en los diferentes
molinos existentes tales como el de Florencio Galván, el de Luisito, Paco
Roque, Lola Tovar, el de Orihuela y el de Bartolito Molina ya en tierra
galdenses-, y que se perdía perfectamente aprovechada en las tierras de
labranza ya en Gáldar después de haber transportado una cantidad ingente
de azadas de agua.

A estos mercaderes y profesionales se les llamaban
–repartidores de agua- (en el sur de la isla eran conocidos como
"rancheros") ya que comercializaban con ella dándole a la misma la
importancia que en gran medida tenia. Se reunían en el hall del Banco de
Bilbao cuando este estaba situado en la plaza, y si las condiciones
meteorológicas lo permitían en la plaza grande o en las graditas de la
iglesia. En las asambleas diarias que celebraban estos profesionales –unos
diez o doce-, podíamos contemplar a; Eugenio Padrón, Valentín Castellanos
conocido por Tintín, Manuel Rodríguez, Juan el "pelú", Felipe Miranda al
cual llamábamos el de Calixto, Panchito Padrón, Eusebio García, Benigno
Rodríguez, Cuco Sarmiento y otros. La conformación de este grupo de
personas no constituía ningún tipo de institución oficial, sin embargo los
acuerdos que tomaban eran respetados por todos los agricultores y
compradores de agua los cuales aceptaban sin ambages cuanto en sus
reuniones se acordaban.

En estas reuniones o asambleas, se tomaban las medidas
que se consideraban de interés para el reparto equitativo del agua, tales
como precios –por hora- que en algunos casos alcanzaban unas cotas
desmesuradas especialmente en las épocas de sequía, aceptando la
desvalorización de la misma propiciado por las fuertes lluvias tan
propensas en aquellos tiempos sin ningún tipo de problema. Se concedían
las "dulas" y las concesiones de horas de riego a los diferentes
agricultores que a ellos recurrían, al efecto cada repartidor llevaba su
"libretita" donde anotaban los compromisos que adquirían con todos estos
regantes.

Siendo yo bastante joven arribo a Guía un señor de Las
Palmas conocido por Martín Vera dispuesto a construir pozos artesanos y
galerías en diferentes lugares de las zonas altas y medianías de nuestra
municipalidad, que entablando relaciones con diferentes agricultores
inicio con ellos una especie de consorcio para realizar lo que denomino
una encomiable labor en pos de conseguir más agua para toda la comarca –y
eso que la había en abundancia-, el citado señor engañando a sus socios
algunos de los cuales habían aportado en la inversión propuesta bastante
dinero, se dedico a "salar" la mayor parte de las perforaciones que hizo
para hacerles creer que había agua en abundancia para ello recurría al
truco del salado, que consistía en mojar de manera abundante el seno del
pozo o fondo de la galería –cuando tenían 20 o 30 metros perforados-, lo
que generaba en los miembros del consorcio una alegría infinita al ver el
éxito del proyecto. Una vez obtenido por parte de los agricultores
"engañados" más dinero para seguir con los trabajos iniciados según el,
desaparecía llevándose todos los fondos reunidos. Fue una praxis muy común
en aquellos tiempos los "salados" de los pozos y galerías. Habían muchos
desaprensivos que la ejercitaban, pero por encima de todos ellos estaba la
actuación mafiosa del citado señor como así se acredito en Guía. La
practica de salar minas –en este caso- se llevo a cabo en los EE.UU,
especialmente en California en el año 1877 cuando la fiebre del oro hizo
emigrar a mucha gente hacía este estado en busca de eldorado, que
consistía en sembrar a la entrada de la mismas trozos de cuarzo con
ribetes aureos, lo que hacía creer a los mineros de la existencia en las
mismas del tan apetecible metal.

Aunque por lógica he tenido que hacer un repaso
histórico de la efervescencia del agua -y otras comparaciones-, en nuestro
pueblo cuya abundancia brillaba con esplendor, no me olvidado de los
repartidores, gente honorable que desde muy tempranito se acercaban a Guía
a vocear y discutir los entresijos de la misma ya expuestos y a coordinar
los repartos y las necesidades de cada regante durante los días venideros.
Esta junta de repartidores las cuales se llevaban a cabo entre las 8 y las
12 horas constituían un acto más en la preponderancia de mi pueblo que por
aquellos tiempos lucía con gran esplendor.

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Juan Dávila-García

jocdavila@yahoo.es

Febrero de 2007.

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 10/12/2009.


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